Prompt: T. An obscure AU.
Fandom: Final Fantasy VI (Square-Enix)
Personajes: Kefka Palazzo, Cid de Norte Marquez, Emperor Gestahl
+ Metamorfosis +
No me gustó ver como cada uno de mis mechones rubios cayendo al suelo igual que hojas amontonados junto a mis pies por lo que no podía evitar hacer pucheros apretando mis labios mientras mis ojos descendían.
Ya crecerá me repetieron mientras oía el metal de la tijera separar tajante cada pieza de pelo y yo me limitaba a escuchar cabizbajo convencido de lo contrario pues había poco que yo pudiese hacer.
Formaba parte de las medidas preventivas que el sujeto (yo) debía mantener durante esa fase del proyecto.
Luego me vería obligado a cambiar de ropa por otras prendas anchas y aburridas que atar por la espalda, demasiado grandes para mi cuerpo. Por fortuna tuvieron la decencia de encontrar unos calcetines y así no tuve que caminar descalzo por el frío suelo.
A cada paso atravesando los pasillos, me sentí más y más decepcionado.
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A causa de la intensa luminosidad encima solía ser costoso, notando las lagrimas acumulándose entre las pestañas de abajo, pero conseguía diferenciar algunos de los botones de las maquinas que me rodeaban y los gruesos tubos conectados antes de cerrar por completo mis ojos. Cada uno con una finalidad pensaba tragando saliva antes de que la reconocible voz de Cid me distrajera, acaparando toda la atención de los presentes en la sala.
El día por el que tanto habían trabajado había llegado creía entender.
Cada musculo de mi cuerpo se tensó el instante que la aguja perforó mi pálida y fría piel, facilitando la transfusión de algún tipo de liquido pues inmediatamente sentí como un cosquilleo bajo la piel inquietante. Mi corazón se aceleró lo que afectó a mi respiración, a cada bocanada de aire antes de desmayarme. Múltiples voces insistiendo que me relajase y respirase distorsionándose.
Y sin embargo, despertar fue horriblemente abrupto. Los individuos a mi alrededor figuras irreconocibles tras sus mascarillas y las cabezas cubiertas por capuchas de un color que dañaba mis ojos tanto o más que la luz que los envolvía. La voz apenas audible rasgada en cada alarido ahogado desde una garganta oprimida por lo que había sido un tubo. Nada comparado por los otros que a cada impulso de la sofisticada maquinaria habían insuflado una sustancia densa a mi debilitado cuerpo que además añadían un punzante dolor si me movía, por poco que fuese.
Traspasado por el dolor, cerré los ojos fuertemente mientras varias manos se colocaban por mi costado descubierto evitando que me moviese más. Todavía faltaba un poco para acabar con ese horror.
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Los días transcurrieron en la cama, nunca me había sentido así de débil, todo lo que hacía era dormir y ni siquiera eso me hacía sentir mejor o enérgico de nuevo. Al revés, era como si cuanto más tiempo estaba ahí tumbado entre las almohadas y las mantas, menos capaz era de realizar actos tan sencillos como incorporarme y salir dejándolas a un lado.
La comida que tragaba, forzosamente si pasaban muchas horas sin alimento en el cuerpo, no sabía como antes de la intervención. Las cucharadas se habían vuelto lentas si era yo quien se ocupaba de hacerlas o demasiado rápidas para mi inestable estomago si las realizaba la persona a mi cargo. Ni conteniendo ingredientes que solían agradar a mi paladar lo que provocó un vistoso descenso de peso.
Peor era el dolor a cada cambio de los apósitos y revisión de lo que había quedado tras las punciones quirúrgicas hechas durante la intervención con el fin principal de conectar los tubos a mi cuerpo. Era importante que la carne intentando cubrir los agujeros no los cerrase por completo.
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Me sentí igual que en un mal sueño, forzado a repetir mis pasos por la zona cuyos pasillos conducían hacía la sala usada para la intervención que me habían realizado hacía un tiempo. Mi avance enlentecido a cada trémulo paso, el frescor del suelo siendo el recordatorio de que aquello era real más que el eco de los pasos apresurados de los científicos por delante, deteniéndose de cuando en cuando, girando sus cabezas y alentándome a darme más prisa.
Una vez dentro, en la lisa superficie que correspondía a la mesa de operaciones en la que sería colocado, me percaté de en la agregación de unas cintas largas y elásticas que una vez estuviese en la posición adecuada me rodearían y serían fijadas evitando así cualquier movimiento brusco que yo pudiese hacer, voluntario o involuntario. Sólo en caso de que la cantidad de anestésico no fuese suficiente les oía justificarse como si eso fuese a mejorar la ya desfavorable situación para mí. Respiré profundamente varias veces como una voz femenina me sugirió aunque me tensé al instante de notar sus dedos enguantados queriendo ofrecer mayor apoyo antes de cerrar inevitablemente los ojos, rindiéndome a lo que tocaba.
Jamás había experimentado algo así, el dolor que debía sentir y que en la anterior intervención me había arrancado de mi sueño parecía entumecido como si por dentro también todo tejido estuviese impregnado del frio que me envolvía. Los científicos tampoco dieron crédito al fenómeno, la fina y delicada aguja introducida por la sección adecuada con el instrumento que la uniría al tubo hundiéndose también a lo que había quedado de la punción anterior pero ni un grito desgarrado proveniente de mi boca. Sólo esa sensación de algo no ir bien del todo se confirmó al poco tiempo de que el liquido que era insuflado continuase entrando en mí al emitirse un continuado pitido en una de las maquinas que se aseguraban de medir mis constantes vitales.
Me moría...
No dejando mucho espacio de acción a los individuos a mi alrededor hasta que el liquido no fuese vaciado. Al traerme a la vida, quizás de sus labios no salió palabra pero las expresiones en sus rostros ya los delataba. Por supuesto, nadie dijo nada, quedando así sólo entre los científicos y el sujeto. (yo)
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El mismísimo Gestahl tuvo la gentileza de visitarme. Ese hecho, inusual en un hombre de su cargo y carácter, alarmó a Cid que se tomó muchas molestias en prepararlo todo para la visita del Lord Mariscal.
Teniendo la fortuna de adelantarse, el hombre de poca estatura y cabello de un rojizo que palidecía a cada año vivido bien peinado hacía atrás avanzó por la pequeña habitación para sentarse a mi lado ocupando una parte de la amplia cama, luciendo su habitual uniforme y bata, convertida nuevamente en todo mi mundo. Esa vez con aumentada cantidad de mantas con las que cubrirme para paliar los efectos de un frio que persistía. Exhibiendo una sonrisa bajo su notable mostacho, empezó a hablarme pero algo en su voz me indicaba que no como haría en otras circunstancias.
-Kefka. -Abrí mis ojos aún sintiéndolos pesados y le miré. -Ya sabes que hoy tendrás una visita muy importante ¿verdad? -Asentí al ser preguntado pestañeando. -Bien, seguramente Gestahl quiera hablar contigo de algunos asuntos, me gustaría que le dijeses que todo va bien ¿eh? Como estaba acordado. -Hizo gran hincapie al igual que con sus ayudantes y compañeros. Inspirando por la nariz y cerrando los ojos, asentí de nuevo moviendo la cabeza lo que provocó el aumento de su alegría. -Muy bien, Kefka, ahora descansa. -Fueron sus últimas palabras, asegurándose de que estaba bien tapado.
Tampoco es que pareciese un hombre muy hablador a diferencia del Dr. Cid y yo me sentía pesado y cansado, medio despierto a causa de temblores de cuando en cuando o percibiendo al hombre moverse.
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Aunque mi estado mejoró, ya no poseyendo una piel pálida, no sentía el efecto del frio suelo ni el del espacio recorriendo forzosamente los pasillos hacía la ya familiar e inconfundible sala, sin embargo si sentía la sensación de los pelillos de la nuca erizarse igual que cuando alguien sopla sobre tu nuca.
Teniéndome, agité mi cabeza mientras el escalofrío descendía por mi columna vertebral. Levanté la cabeza al darme cuenta que había quedado en ese momento sólo en mitad del corredor, mi boca se abrió lentamente y al instante siguiente se cerró a medida que se formaba la fugaz y atrevida idea de huir. Girándome con un sencillo giro antes de que mis pies echasen a andar veloces, como poseído por algo inexplicable.
Desafortunadamente, el choque de suelas contra el mismo suelo avanzando velozmente me sacaron del embrujo, sin embargo parando en mitad de ninguna parte pude notar a mi corazón latiendo todavía rápido hasta que el número de pulsaciones retomó su ritmo habitual.
Al colocar sus manos sobre mis hombros, ellos notaron la piel de sus palmas helarse causando que se devolviesen miradas de extrañeza. Un nombre brotando de sus labios en voz baja.
Shiva
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A la siguiente intervención se dio el efecto contrario.
Sentí un calor como nunca antes lo había experimentado ni siquiera junto a las maquinas más potentes. Seguramente mi piel impregnándose de un desagradable sudor a la vez que se enrojecía, saliendo de mi sueño al notar el inmediato fuego y el efecto de su caricia. El ahogo se mezcló con el dolor, oyendo a lo lejos la estridente voz de Cid dirigiéndose a sus compañeros con la principal necesidad de disminuir el fuego que yo sentía extenderse sin piedad por piernas y brazos. Mis lagrimas pegándose a la abrasada piel ofreciendo poco confort igual de calientes que el propio fuego.
Si eso fuese poco, el material del tubo que contenía la sustancia debilitándose lo que originaría el dificultoso pase de éste.
Si alguien podía ayudarme en semejante momento, debía de ser ella, la señora del elemento contrario. Con los ojos apretados doblemente, traté de imaginar un lugar muy frío buscando de algún modo despertar el hielo como había ocurrido recorriendo el pasillo anteriormente pero mis esfuerzos no parecían valer para nada, el único alivio para mí y mi cuerpo calcinado fue el agua helada cayendo por encima. Incluso tras eso, mi cuerpo cuyas piezas de la prenda quedaron adheridas a la sensitiva carne repleta de ampollas requeriría más que pomadas sino también cirugía.
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Mi recuperamiento fue extremadamente lento y me sumí en una gran tristeza, presintiendo que jamás volvería a poseer el cuerpo que conocía como mío...
Por supuesto eso no detuvo a los científicos hasta que la última intervención fuese realizada...
