Capítulo 21) Una última vez.

Qué extraño era pensar que estas serían de las últimas veces que caminaría por estos pasillos, la última vez que bajaría a las criptas, que paseara por los muros de la fortaleza y que vería los rostros de mi familia.

Estos últimos días me preguntaba si el sacrifico de perder a mi familia por no comprometerme con Robert era sincero, cambiar mi vida por alguien que odiaba y perderlo todo, era complicado.

Me mentalice en la opción de esperar al último momento para decidirlo, siempre podía escapar cabalgando en todo caso, aunque en este momento solo una magnifica situación me podría hacer cambiar de opinión.

Había llegado el día de partir, había guardado algunos de mis vestidos en uno de los cofres, para hacerle pensar a todos que realmente permanecería en el cuello todos esos días. Sin embargo había llenado una pequeña alforja con pertenecías más preciadas y útiles para mi pequeña escapada, y cuando menos me percaté, era hora de partir.

Los horribles pasos apresurados de Septa se me escucharon desde metros atrás y para cuando llegó yo llevaba la corona de rosas en las manos, con gran habilidad la guardé en la alforja.

-Los hombres están listos Lyanna- Dijo Septa desde la puerta.

-Ya bajo- Respondí con gentileza –Dame un minuto a solas, por favor-

El rostro de Septa lo dijo todo, era extraño escucharme decir eso. Una vez que salió de la habitación me quedé admirando cada rincón de mis aposentos que tantos años habían conservado mis secretos y ahora era posible que fuera el último secreto que guardaran estos muros. Las páginas de los libros que recientemente había decidido leer, posiblemente nunca más volverían a abrirse y quedarían en el olvido sobre la mesa a un lado de la ventana. Todos mis vestidos eran hermosos y aunque prefería no usarlos, eran hermosos. Podía sentir la tristeza de la habitación y la nostalgia de los recuerdos, pero decidí así hacerlo.

Salí después de un suspiro y cerré la puerta y comencé a caminar hacía el patío, y con cada paso uno y otro recuerdo pasaban por mis ojos. Aquellos momentos con mis hermanos, corriendo, riendo, haciendo alguna travesura, todos aquellos se desvanecían conforme avanzaba, no pude evitar derramar una o dos lágrimas. Todos esos momentos con Benjen huyendo, todas las veces que Brandon estaba demasiado ebrio para lograr subir las escaleras solo, aquella vez que de pequeña caí y sangre de una de mis rodillas, no quería que nadie se enterar y Brandon fue quien me ayudó, todas y cada una de las enseñanzas de Ned antes de partir, todos esos momentos pasaron frente a mis ojos como una vieja historia que se va con el viento. Limpié mi rostro con mi manga, tomé aire y salí al patio donde todos me esperaban.

Para todos era un simple viaje más, algo corto y espontaneo, pero para mí significaba mucho más. Por desgracia, nunca pensé lo difícil que sería despedirme sin decir "Hasta siempre", aunque fuera el caso.

-¿Lista mi cielo?- Preguntó Padre con un pequeño esbozo de sonrisa a un lado de mi caballo ya listo.

-Sí- Respondí sonriendo, o lo mejor que pude.

-Bien, es la hora- Dijo tomando mi mano y colocando un dulce beso sobre mi mejilla –Te veré pronto-

Esas tres palabras resonaron fuerte dentro de mí, ¿Qué era pronto, sino un sinfín de días? Pero eso él no lo sabía. Sin pensarlo abracé fuertemente a Padre sin intención de soltarlo, y no fue hasta que Madre habló.

-¿No hay nada para tu Madre?- Preguntó con lágrimas en los ojos.

-Siempre lo habrá- Dije acercándome a abrazarla en un cálido abrazo.

Sí no fuera complicado ya, Madre habló:

-Me alegra que vayas con la guardia- Susurró a mi oído –Nunca me perdonaría que algo te sucediera y perderte-

Al escuchar eso, tuve que cerrar mis ojos con fuerza para evitar llorar y mis labios para evitar hablar.

-Estaré bien- Respondí alejándome.

Por desgracia y fortuna, de los tres hijos de Stark, solo había uno, Benjen, mi pequeño y querido hermano. Lo mire a un lado, sonriendo.

-Buena suerte Lyanna- Dijo al cruzar miradas.

Me acerqué a él con la misma sonrisa que tenía.

-Nos veremos pronto- Dijo tendiendo su mano, pero yo no quería su mano, y me abalancé a abrazarlo y a su oído susurré.

-Se un guardia nocturno Ben, hazlo- Dije con alegría –Nada me daría más orgullo que ello-

Nos separamos y con una sonrisa fui hasta mi caballo, subí y miré una última vez, todo aquello que dejaba atrás, con una pregunta en mente ¿Vale la pena?

-Los extrañaré- Dije simulando antes de partir.

-Nosotros a ti mi cielo- Respondió Padre –Hasta que nos volvamos a ver-

No tenía más palabras para engañarlos y simplemente partí con la escolta.

No quería que fuera la última vez, aunque algo dentro de mí, me decía lo contrario.

-¿Falta mucho?-Preguntó Myles completamente recostado sobre su caballo –Llevamos años, ¡AÑOS! cabalgando-

-Deja de ser una niñita quejándote- Dijo Arthur pasando a su lado y golpeando el corcel de Myles el cual salió disparado a todo galope.

-¡Te odio Dayne!-Gritaba Myles mientras los demás morían a carcajadas.

-¿Ustedes quieren que todo el puto reino se entere que estamos aquí?- Pregunto con molestia Jon Connington que cabalgaba junto a Rhaegar.

-Vamos Jon, debes divertirte un poco- Dijo Richard Lonmouth desde su caballo con una espiga de paja en su boca.-Tenemos todo el mundo de libertad para nosotros-

Pero sorprendentemente y dando un giro en el momento, aquel que llevaba un largo tiempo en silencio, pronunció palabra ¿Y quién lo iba a contradecir, si todos estaban ahí por él?

-Jon tiene razón- Dijo Rhaegar tranquilamente, pero a la vez con severidad –No debemos abusar de nuestra libertad y mucho menos levantar sospechas-

-Vamos no creo que 6 caballeros levanten sospechas, eso pasa todos los días-Dijo Richard con tranquilidad, lo cual forzó a los demás a verlo con molestia.

-Claro que sí Richard eso pasa todos los días- Respondió sarcástico Arthur –Y todos los días vamos misiones secretas que posiblemente terminaran el reino-

-¿Sabes lo molesto que eres?- Respondió Richard con desagrado.

-No tanto como tú y tus brillantes ideas- Respondió con astucia Arthur.

-Eso lo veremos- Dijo molesto Richard.

-Solo si logras alcanzarme- Para cuando Richard lo notó, Arthur había comenzado a cabalgar y sin perder un segundo, Richard salió corriendo detrás de él.

-¿Qué acabo de decirles?- Dijo Rhaegar un poco arrepentido de estar donde estaba.

-Tranquilo estamos a punto de llegar- Dijo Jon sin dejar el lado de su fiel amigo, pero aun así, tenía un presentimiento de que algo estaba mal con el – Permíteme expresar que te noto algo preocupado amigo, ¿Va todo bien?-

-Estoy bien- Respondió el príncipe tranquilo, pero Jon no se iba dejar engañar por ese rostro –Gracias-

-Creo que puedo presumir de conocerte, por el hecho de estar aquí, no puedes engañarme diciendo que todo va bien, ¿Qué pasa?-Preguntó firme Jon.

-¡Ay Jon! ¿Qué te digo?- Respondió Rhaegar con una pequeña sonrisa, en el fondo se alegraba de estar hablando – Nunca había estado tan preocupado, como lo estoy ahora, ¿Qué pasa si no logra encontrarnos?, ¿Qué pasa si no logra llegar y algo le pasa? No me lo perdonaría- Era claro que la pena y el temor lo inundaban por dentro.

Lo que más sorprendió a Jon no era el hecho de ver preocupado a su amado amigo, era el hecho de verlo preocupado por alguien más sin importarle cuanto estaban arriesgando y aunque le doliera, no podía más que tratar de consolarlo.

-Ella estará bien- Respondió Jon con una agradable sonrisa.

-¿Cómo puedes garantizarlo?- Pregunto Rhaegar con gran preocupación.

-Por favor- Dijo ofendido Jon –Si es la mitad de hábil que lo que presumes, estará bien- Jon debía mantener la sonrisa, aunque le doliera –Alégrate, estamos a punto de llegar-

-Ella estará bien- Dijo Rhaegar recordando que ella era realmente hábil, mientras a lo lejos comenzaban a verse las altas torres de Harrenhal, pero aun había camino que recorrer.

Desde que tengo memoria, recuerdo estar detrás de la ventana viendo el rio hasta perderlo de vista, sobre todo cuando mi Padre se iba, odiaba pensar que tal vez nunca regresaría.

-Catelyn- Me llamaba mi hermana, por lo que escuchaba, estaba corriendo por los pasillos -¡Cat! Tienes que bajar ahora, ya están por llegar-

Antes de que ella lograra verme, esbocé una sonrisa, debía admitirlo, pensar en él me hacía sentir más que emociones de felicidad que nada.

-¿Dónde diablos te has metido Cat?- Preguntó justo antes de entrar a la habitación –Ahí estas, ¿Estas lista? Hoy es un gran día, déjame ayudarte con eso- Dijo con una sonrisa en el rostro, mientras arreglaba el collar que yo llevaba.

-Lo sé- Respondí mientras veía mi reflejo –Estoy nerviosa- Dije sinceramente.

-No debes estarlo, no hay motivo para hacerlo- Confiada mi hermana respondió.

-¿Qué pasa si…El ya perdió el interés?- Pregunté preocupada.

-¿Por qué dices eso?- Preguntó Lysa con extrañes en el rostro.

-Las cocineras hablan de Harrenhal y…- Explicaba mi temor, pero Lysa no dejó que continuara.

-Las cocineras son una ratas mentirosas y solo inventan chismes para salir de su patética vida, no debes creer en falsos rumores- La molestia de Lysa se notaba en toda la habitación –Además, ¿Crees que si él hubiera perdido el interés, había venido hasta aquí solo para terminar el compromiso arriesgándose a la guerra?- Las palabras de Lysa eran más que ciertas y me hicieron dejar mi temores a un lado –Vamos, están a punto de llegar-

Bajamos al patio donde todo el mundo estaba, soldados, sirvientes, incluso Petyr estaba observando, este era sin duda el evento más importante que había pasado por aquí.

Dudo que existiera una persona más nerviosa en este patio que yo, pero debía conservar la calma, debía ser una dama, pero entonces solo los cascos de los caballos sobre el puente se escucharon y encabezando la caballería estaba el hombre más gallardo que haya visto en mi vida, Brandon.

Sé que debía ser una dama, pero verlo bajar de su caballo con ese porte me hacia temblar las piernas sin parar. Pero al escuchar su voz, estuve a punto de morir ahí mismo.

-Mi Lord- Dijo Brandon Stark con gran respeto, haciendo una reverencia –Agradezco su invitación, es un honor para mí estar aquí-

-El honor es nuestro- Respondió mi Padre estrechando su mano –Seguro que recuerdas a mi Hijo Edmure-

-Por supuesto- Respondió Brandon.

-A mi hija Lysa- Dijo Padre saltándome, pero seguro tenía una buena idea, Brandon se limitó a darle una sonrisa a mi hermana.

-Y obviamente no habrás olvidado a Catelyn- Dijo Padre tomando mi mano y entregándola a Brandon que colocó un suave beso sobre ella.

-Ni un solo día mi Lady- Respondió Brandon con una sonrisa encantadora que podría hacer derretir el muro entero.

Puede escuchar como todas las cocineras chismeaban a mis espaldas, pero decidía obedecer el consejo de mi hermana, solo eran unas ratas chismosas.

No podía apartar la vista de él y el de mí, podía sentir como estábamos hechos el uno para el otro.

-Brandon, si me permites hay algo que quisiera mostrarte- Dijo mi Padre rompiendo este hermoso momento.

-Por supuesto Mi Lord- Respondió Brandon siguiéndolo.

-Vamos, ya habrá más tiempo para que los dos se conozcan- Dijo con una sonrisa llevándolo dentro de la fortaleza.

Rara vez Padre sonreía eso tal vez indicaba algo bueno. Brandon es todo lo que siempre he querido, todo lo que siempre querré.

Tengo que admitir que los pantanosos prados del cuello eran en extremo difíciles de transitar, tanto así que tuvimos que bajar de los caballos y caminar entre el lodo y charcos.

Por mucho que Padre les dejara claro a los guardias que yo era una indefensa niñita, los hombres se habían dado cuenta que eso era falso, no temía ensuciarme, no temía buscar el camino adecuado entre la yerba, sin embargo teníamos un par de renegados a dejarme ser quien realmente soy.

-Pronto llegaremos, no puede estar muy lejos- Dijo el jefe de la guardia, según padre presumió su mejor explorador, para mí era un inútil –No tiene de que preocuparse Lady Lyanna- Giró su cabeza para encontrarme -¿Lady Lyanna?- Preguntó preocupado al no encontrarme sobre mi caballo donde me había dejado –Búsquenla rápido- Ordenó a los hombres.

-No es necesario- Dije de mala gana apareciendo detrás de él, un tanto fastidiada -¿Esta seguro que es el mejor explorador de la guardia?- Comenté con tonó de desagrado y con el lodo hasta las rodillas.

-Lady Lyanna, por favor no baje de su caballo ha arruinado su vestido- Dijo asustada Jyana, mi nueva dama que Madre había insistido que viniera.

-La dama tiene razón mi Lady, por favor regrese a su caballo- Dijo el jefe de la guardia –Estaremos en la atalaya en unos momentos- Sonrió, pero en el fondo estaba segura que no tenía ni idea de donde estábamos.

-Bien, ¿Hacia dónde señor?- Pregunté molesta.

-Caminaremos al sur….- Dijo el jefe levantando su mano derecha apuntando hacia el sur.

Fastidiada por estar con el tiempo encima y cansada de dar vueltas en círculos, corrí, pero no al sur, si no al este porque su camino no nos llevaría a ningún lado, mientras corría con un silbido llame a mi caballo que no dudó en seguirme a todo galope.

-Lady Lyanna… ¡Espere!- Gritó con coraje el jefe –Vayan por ella- Ordenó.

Pero a mí no me importaba, yo necesitaba llegar y si debía correr hasta el ocaso para encontrar la dichosa atalaya de aguas grises lo haría porque justo lo que me faltaba era tiempo. Corría esquivando ramas pisando charcos y llenando mi vestido de lodo pero debía encontrarla, dolía a veces pero no me detendría porque Rhaegar no lo haría.

Escuchaba el galope de mi caballo y los gritos de los guardias detrás pero no me detuve hasta que los frondosos árboles terminaron en un profundo lago que por suerte no caí, pero no fueron rostros amigables los que me recibieron.

Diez o más barcas flotaban sobre la laguna, cada una de ellas con tres o más hombres con hojas sobre sus ropas para confundirse con el paisaje, pero lo que si podía ver eran sus rostros de pocos amigos. Trague saliva y me quede estática hasta que:

-¡Lyanna!- Un grito a lo lejos me hizo buscar su origen, pero no lograba hacerlo -¡Lyanna, estoy aquí!- Dijo una nueva vez, era un voz muy conocida, pero no veía a su generador, finalmente -¡Lyanna!- Gritó más fuerte pero esta vez moviendo uno de los remos de su barca y con un gran sonrisa estaba Howland Reed.

-¡Howland!- Grité con emoción viendo a la barca más grande, brincando de la emoción por, finalmente, haber llegado.

-Bienvenida al cuello- Dijo Howland riendo remando hacia mi posición.

-Gracias, pero eso era hace varios kilómetros de lodo- Contesté viendo mis ropas.

Nunca hubiera imaginado lo rápidas que eran esas barcas si no las veía, aunque fueran del tamaño de un establo, se movían con gran velocidad y Howland solo tardó un par de segundos en llegar a mi lado.

-Lamento lo de tus ropas, pero podrás tomar un baño en la atalaya- Dijo Sonriendo –Sube- Extendió su mano para ayudarme a subir.

Justo en ese momento mi guardia llegó con la respiración agitada. Los lacustres ayudaron a subir a la guardia y mi caballo porque insistí en hacerlo, y así navegamos por la turbia laguna. A decir verdad en el momento en que Howland me rescató, las caras de los demás lacustres cambiaron y ahora eran amigables.

-¿Fue un viaje muy largo?- Pregunto Howland mientras remaba.

-No- Respondí maravillada por esa hazaña, ya que yo nunca había subido a una barca de este tipo y mucho menos había remado una –Poco menos de un día de viaje- Dije sin dejar de ver cómo es que remaba –Howland… ¿Crees que pueda?-Pregunté apuntando al remo.

-¿Remar?- Preguntó Confundido –Tu Lord Padre me mataría si lo permito-

-Sí, pero él no está aquí, dame eso- Caminé hacia el borde tomando el remo -¿Qué debo hacer?-

-Bien, tómalo con las dos manos- Indicaba Howland preocupado –Y ahora da un suave barrido al agua-

De suave no tuvo nada, era tan difícil que estuve a punto de caer de la barca, de no ser por el remo de otro de los lacustre yo estaría en la laguna.

-Mejor se lo dejo a los experimentados- Dije regresando a mi lugar.

-Es cuestión de práctica, además estamos a punto de llegar- Dijo con ánimos Howland.

-¿Qué?- Pregunté confundida al no ver más que maleza alrededor sin encontrar la dichosa atalaya de aguas grises –Yo no veo nada-

-Presta más atención- Dijo Howland apuntando al frente ligeramente a la derecha –Observa bien-

Enfoqué mi vista hacia donde su mano indicaba pero no vi nada más que maleza, hasta que…Esto era impresionante y al igual que las ropas de los lacustres su atalaya estaba oculta con el paisaje, un alto torreón alargado estaba frente a nosotros pero tan oculto que sobreviviría un ataque del ejército más grande de todo Westeros.

Anclamos en la orilla y finalmente estábamos en la atalaya.

-Es impresionante, nunca la hubiera encontrado sin tu ayuda- Dije maravillada mientras caminábamos al interior y los guardias llevaban mis cosas dentro.

-Te dije que debías venir una vez al menos, aunque debes disculpar el aspecto y falta de pulcritud que tenemos en la torre- Dijo Howland avergonzado.

-Howland eso es irrelevante, no puedo creer como es que una construcción tan grande desaparezca a simple vista, estoy maravillada con este sitio- Respondí viendo cada uno de los detalles.

Howland y uno de los lacustres le indicaban a los guardias donde llevar mis pertenencias y Jyana ayudaba mientras yo observaba el punto en que el sol caía, pensando donde el estaría.

-Lyanna- Llamó mi atención Howland.

-¿Sí?- Respondí atendiendo.

-¿Por qué no subes a tus aposentos?, he ordenado que te preparen agua para un baño, supongo que querrás asearte antes de la cena- Dijo Howland nervioso.

-No tengo tanta tierra- Dije estirando los brazos observando como mi vestido estaba más rígido que una pared –Creo que tienes razón- Dije con una sonrisa apretada.

-Vamos te indicaré en donde dormirás- Rió Howland caminando hacia una gran escalera.

Mientras subíamos Howland preguntaba cómo estaban los chicos, mi padre a lo que yo contestaba con pequeñas frases ya que no podía quitarme de la mente como pedirle su ayuda.

Finalmente, llegamos a donde dormiría y el agua me esperaba.

-Si necesitas algo, no dudes en pedirlo- Dijo Howland dejándome sola en la habitación.

-Te lo agradezco- Dije observado mi habitación, pero mi recuerdo llegó a mi mente -¡Howland!- Dije llamándolo, el giró de inmediato atendiendo.

Con nerviosismo me acerqué a él, tomé sus manos y dije con una voz muy tranquila y suave.

-¿Crees que después de la cena podamos hablar en privado?- Mi mirada estaba completamente enfocada en la suya, e incluso vi cómo se ruborizaba.

-Por supuesto, así lo haremos- Dijo sonriendo antes de salir y cerrar la puerta.

Una vez que me aseguré de estar sola, me retiré las ropas y entré al agua, tomaría un profundo y largo baño tenía mucho que pensar.

Estaba tan nervioso que todo saliera bien frente a Lyanna que apenas pude terminar mi comida, aunque a simple vista ella se veía tan feliz de estar aquí como yo de tenerla. Ella reía en la cena entre cada bocado bromeando con los demás y yo apreciaba cada una de sus palabras, incluso en un momento realizó un brindis en mi nombre, en sus palabras "Por ser un anfitrión ejemplar" así que desde mi perspectiva, mi objetivo se había logrado. Sin embargo una pena me aniquilaba y era su petición de una charla en privado y eso realmente me preocupaba.

Después de la cena fuimos a despedir a su guardia, según me enteré regresarían a Winterfell y regresarían unos días después a aquí, una pena, nada me costaba tenerlos aquí, solo permaneció una pequeña dama que acompañaba a Lyanna, es difícil de admitir, pero es hermosa.

Mientras subíamos hacia los aposentos, Jyana, la pequeña dama quiso acompañar a Lyanna a sus aposentos por el necesitaba algo más, acto por el cual Lyanna se negó insistiendo en que Jyana debía descansar. Con una sonrisa cerró la puerta y entro a dormir.

-Bien, espero que puedas cumplir mi petición de esta tarde Howland- Dijo Lyanna delante de su puerta.

-Así es Lyanna, pero me temo que ya es tarde- Respondí calmado, haciéndola extrañar, gesto que pintó en su cara de inmediato.

Pero eso solo era para despistar a aquellos oídos en las paredes, ya que con un leve movimiento de cabeza le indiqué que siguiera subiendo y en cuanto lo entendió así lo hizo.

Llegamos al final de la torre y con una llave grande abrí la puerta de madera que estaba delante de nosotros, estaba completamente oscuro y la brisa entraba por la ventana que estaba abierta, bastante fría a mi gusto, pero esa ventisca dejaba escapar más el olor a libros viejos.

De inmediato me acerqué a la chimenea, la encendí y una vez que la habitación estuvo iluminada le ofrecí asiento a Lyanna, en una elegante silla roja, las únicas de la habitación y del torreón.

El silenció permaneció unos segundos y solo las betas de la madera crujían al quemarse, hasta que pude armarme de valor y pronunciar palabra alguna.

-¿Algún motivo en particular para tener esta charla?- Pregunté con un tono agradable, sin embargo Lyanna no podía levantar su mirada del suelo, era, suena ilógico viniendo de ella pero parecía estar avergonzada, hasta que con una leve sonrisa levantó la mirada.

-Existen todos los motivos Howland y todas las razones para no hacerlo- Dije antes de soltar un profundo suspiro –Perdóname Howland, perdóname por lo que vas a escuchar, cambiará todo lo que crees de mí-

Me preocupé por un segundo, pero nunca pensé la gravedad de la situación.

-Varios meses atrás- Suspiró –Me hiciste una promesa, dijiste que siempre estarías dispuesto a ayudarme- No podía controlar su nerviosismo, movía sus dedos entre sus manos–Pues bien, creo que el momento ha llegado- Un diminuta sonrisa se pintó en sus labios.

-¿Estas bien Lyanna?- Pregunté al ver su gesto.

-No- Respondió Moviendo su cabeza consternada –Tu nos viste Howland, tú lo sabes, sabes ese peligroso secreto que podría romper familias, reinos y almas y ya no puedo más no puedo guardarlo un segundo más- Colocó sus manos en los posa brazos – ¿Haz sentido como todo tu mundo parece estar en orden con solo la presencia de una persona, aunque todo se esté yendo al infierno?- Su mirada estaba perdida en el fuego de la chimenea, pero giró buscando una respuesta de mí.

-Mentiría si respondiera que sí- Dije seriamente.

-Tienes suerte, te trae muchos problemas a la larga, problemas que no sé si pueda enfrentar o tomar el camino del cobarde- Una vez más su mirada estaba tan concentrada en el fuego que incluso sus ojos brillaban como llamas.

-No te estoy comprendido Lyanna, ¿Qué es lo que está pasando?- Preguntó confundido.

Lyanna me vio con una sonrisa y pena en la mirada.

-Howland, sonará horrible pero no he venido hasta aquí para visitarte- Su mirada decía más pena que lastima, ella odiaba estar diciendo eso, pero debía hacerlo –Necesito verlo una vez más y responder esa incógnita que desde el torneo ronda en mi mente-

No estaba completamente seguro, pero tenía idea de a quien se refería hablando de esa forma y más si llevaba el contexto al torneo, pero no entendía a que incógnita se refería.

-¿Cuál incógnita?- Pregunté con temor.

-…- Ella dudó por un par de segundos si continuar podía verlo en su mirada –Si esto es más que una locura, si esto es más que el capricho de un príncipe y la soledad de una doncella, debo descubrir si es…- Una vez más de detuvo y con coraje y firmeza respondió –Debo saber si es amor y no todo lo demás- Sus ojos por un segundo se volvieron cristalinos –Necesito tu ayuda Howland- Se estiró para poder sujetar mi mano –Desde el torneo Rhaegar y yo hemos estado hablando a través de cartas, sé que es una locura, pero es lo poco que me ha mantenido con ánimos ya que- Su rostro cambió de completa felicidad a seriedad –Como sabrás, mi compromiso se acerca el tiempo se acaba y una vez que esté en el sur, no podré verlo nunca más, me volveré esposa de un hombre al cual aborrezco, pero eso no importará y aun así podrá un hijo dentro de mí una y otra vez, madre de hijos cuyo padre tiene más de 20 hijos y cada día hasta mi muerte recordaré el momento en que vi aquellos ojos violetas una noche en Harrenhal y me arrepentiré de no volver a verlos, no quiero ser la mujer que se arrepienta de eso-

Lyanna me había dejado sin palabras, todos teníamos el derecho de amar pero esta situación sobrepasaba todo.

-Perdóname Lyanna, pero aun no comprendo que es lo que quieres de mí-

-Una vez más, solo necesito tu silencio Howland- Sus brillantes ojos grises se posaron sobre mí, con firmeza en la mirada –Él está en Harrenhal esperándome, él tiene fe de que iré y sí rompo esa fe, no quedará nada de su esencia y esos recuerdos se convertirán en anécdotas simplemente, anécdotas que no pueden ser contadas y al final se irán al olvido, ayúdame a llegar a él sin que nadie lo sepa-

-Lyanna, lo que me estas pidiendo es…Una locura- Dije confundido, no podía comprender como era todo esto posible, como después de tanto tiempo aquel momento que interrumpí en el bosque permanecía con vida –Podré guardar el secreto, pero me estas pidiendo que traicione la confianza de tu Padre e incluso de la corona misma-

-Tu silencio es lo único que pido y tu apoyo- Dijo tomando mis dos manos entre las de ella –Yo llegaré sola a Harrenhal, podría escapar sin dejar huella, pero lo que menos quiero es el caos, confió en ti y sé que podrás mantener el papel en mi ausencia, te pido tres días-

-Lyanna yo…- No lograba controlar mis nervios y era yo ahora el que moría –Tu Padre, Tus hermanos, el reino…No está bien Lyanna, no es correcto, es más que complicado, la simple idea es una locura, la ejecución…- Me levanté nervioso de la silla.

-Howland, no te estoy pidiendo Valyria- Dijo seriamente –Solo permíteme verlo una última vez antes de confinarme en un castillo en el sur- Una vez más la severidad en su mirada salía a flote –Te lo ruego con el derecho de haber salvado tu vida y por la promesa que me hiciste-

Sin duda, si había algo que admiraba de Lyanna era su carácter, ese carácter fuerte que la definía y entendía que ella no quiso llegar a este punto de reclamar el derecho de mi vida, pero se había quedado sin nada más a que recurrir y por lo mucho que el honor me llamara para evitar ese encuentro, ahora debía saldar mi deuda.

-En ese caso, no me has dejado opción- Dije viéndola fijamente –Diré que has ido a cabalgar y conocer la región, con varios lacustres, te daré el tiempo que requieras, ¿Cuánto haz dicho?-

-Tres días- Respondió sin poder verme a los ojos.

-Bien- Dije de mala gana –Me veo obligado a decir que no lo considero correcto, pero no puedo ser el culpable de tu tristeza, no otra vez- Sonreí y rápidamente ella se levantó y me abrazó de golpe.

-Te lo agradezco Howland, hoy y siempre- Dijo sin separarse de mí.

-Me alegro por ti-

Después de dejar claro el plan, ella partió hacia su habitación y yo me quedé pensando, ¿Cómo podía decirle que no, si tanto la admiro, si tanto le debo, si tanto la quiero? Pero aun así me daba vueltas la pregunta de ¿Qué haría si no es amor?

Apenas pude conciliar el sueño después de mi plática con Howland y en menos de lo que creí dos toques hubo sobre mi puerta y esta era la señal para partir.

Llevaría pocas cosas en una alforja, solo lo necesario. Aún estaba oscuro, pero si quería salir sin levantar sospechas, este era el momento, bajamos en silencio el torreón hasta un lugar que no conocía y con ayuda de Howland mi caballo estaba listo para partir.

Era el momento de partir, estaba nerviosa, pero impaciente por llegar.

-¿Ves la estrella más grande, la que tintinea?- Preguntó Howland apuntando al cielo.

-Sí- Respondí de golpe susurrando.

-Debes cabalgar en esa dirección hasta encontrar el camino real, te llevará directo a Harrenhal- Dijo con confianza Howland –No te recomiendo que vayas sobre el camino real, pero si cerca de él, suele haber bandidos en los caminos, pero estoy seguro que podrás defenderte- Sonaba como Padre –Cuídate mucho Lyanna-

-Lo haré Howland- Respondí tranquila - Gracias- Lo menos que podía hacer es colocar un beso sobre su mejilla, sonrojándolo.

-Debes irte ahora, pronto amanecerá y perderás la estrella- Sonrió.

Una última mirada a Howland y partí cabalgando en la dirección que me indicó a todo galope y si tenía suerte antes de terminar el día estaría a su lado, todo gracias a Howland Reed y su silencio.

Nota: ¿Están listos para el rencuentro? Yo en lo personal estoy emocionada, tengo que asegurarles que ya es en el siguiente capítulo y sería interesante que me contaran como creen que será.

Como pudieron leer, por primera vez tenemos una perspectiva de Catelyn, fue corta pero debía darle algo.

¿Y qué decir de nuestro pequeño lacustre? Siempre ayudando a nuestra dama en peligro. Como recomendación, si no recuerdan la promesa, lean el capítulo 10 "El pequeño lacustre"

Bien sin más que decir que espero romper sus expectativas, nos estaremos leyendo en el siguiente capítulo. Un beso.

-Lilo Ny.