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La magia de tu ser.
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Disclaimer: Los personajes de esta historia son propiedad de Stephenie Meyer y probablemente alguien más. El resto pertenecen a J. K. Rowling. El título del fic está inspirado en mi libro favorito de Johanna Lindsay, que tiene este mismo nombre. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.
Sumario:Harry ha tenido suficiente del Mundo Mágico. Después de pedir un favor, logra trasladarse a una pequeña oficina de Aurores en Port Ángeles, USA. Con veintitrés años, un hijo de cinco y su ahijado de siete, Harry cree que tendrá la vida pacífica que tanto esperaba. Sin embargo, un Quileute llamado Sam Uley demostrará lo contrario.
**Twilight x Harry Potter**
Parejas: Sam Uley/Harry Potter. Jacob Black/Edward Cullen. Paul/George Weasley. Charlie Weasley/Draco Malfoy. No sé si voy a mantener a los vampiros Cullen juntos, sépanlo. Más para el futuro.
Advertencias: MPreg. OOC. Universo Alternativo. Spoilers de los 7 libros de Harry Potter, pero no tengo en cuenta el epílogo. Probablemente spoilers de los 3 primeros libros de la Saga de Twilight, por ahora. Harry como uke.
Aclaraciones de lectura:
-Letra normal: dialogo, relato.
-Letra en cursiva: pensamientos de los personajes.
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Capítulo 20: La unión.
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—Sirius, bebé, deja mi oreja en paz, por favor –pidió Sam, haciendo una mueca de dolor.
El bebé dejó el accesorio que le llamaba tanto la atención y miró a su padre. Sam sonrió. Los ojos verdes y grandes de su hijo eran aún más impresionantes, ahora que estaba crecido. La estructura de su cara era mucho más parecida a la de él y Sirius era un bebé grande. No en el sentido de ser gordito, él era bastante delgado, sino que era largo. A sus ocho meses de edad, Sirius ya lucía como un niño de un año. Su padre, Joshua, le había dicho que esos genes eran de los Quileutes, de los lobos. Es decir, era muy probable que su hijo heredara la capacidad de transformarse en uno en el futuro.
Harry y él decidieron no trastornarse por la posibilidad. Si sucedía, que lo haga. Porque, después de todo, los Cullen eran familia ahora, y no porque no querían que su hijo se convirtiera en lobo iban a impedir que tengan contacto con él. Eso sin contar que con la velocidad que crecía Lucas, ahora ya parecía que tenía la misma edad física que Sirius. Por lo cual, los niños eran compañeritos de juego.
— ¡¿Qué?! ¡¿Por qué no?! ¡Yo también quiero jugar en el acantilado!
La voz enojada de Teddy lo trajo de sus reflexiones, así que se acercó a la ventana, para ver lo que sucedía. Seth estaba afuera, con Colin y Brady un poco más lejos, que lucían divertidos, mientras Teddy hacía su rabieta. Tommy estaba un poco más allá, en su escoba de entrenamiento, así que no les prestaba atención.
—Pe-Pero no puedes, es peligroso –farfulló Seth, frunciendo el ceño.
—Oh, vamos. Por favor, por favor, por favor. ¿Sí~? –Teddy le dio sus mejores ojos de cachorro perdido y agarró una mano de Seth, la cual comenzó a acariciar con un dedo.
Sam pudo ver como el adolescente se derretía prácticamente en la entrada de su casa. Rodó sus ojos. Cuando ellos le habían explicado de la imprimación a Teddy, comprensiblemente, él no había entendido muy bien el concepto; sólo que de ahora en más, Seth iba a querer jugar más con él que antes. Sin embargo, siendo el niño inteligente que él era, Teddy podía detectar que tenía cierto poder sobre el Quileute que nadie más tenía. Así pues, no era la primera vez que el niño usaba ese gimoteo, o el puchero, inclusive hasta los ojos de cachorro perdido, porque intuía que si se trataba de Seth, al hacer esto, él no le podría negar nada.
Tan pequeño y ya sabe del arte de la manipulación. Creo que Teddy no es tan "Gryffindor" como mi Harry quiere pensar. Pensó entre divertido y exasperado.
—Bueno… tal vez…
Viendo que la voluntad se aflojaba, el padre responsable decidió intervenir.
—Nada de acantilados para niños menores de quince años –dijo Sam, abriendo la ventana de donde estuvo observando el drama—. Seth, ya te dije que los niños no pueden ir allá.
—Pe-Pero…
—Pero nada. Y tú, Teddy –Miró al niño— ya te dijimos que no te aproveches de Seth. El acantilado está prohibido y ya.
—Tsk, no eres para nada divertido, Sam –se enfurruñó Teddy, antes de darse vuelta y caminar con pacitos enojados hacia donde estaba su escoba desechada.
Seth fulminó a Sam con la mirada, antes de ir tras su imprimado. Asustado de que pudiera estar trastornado por su culpa. El alfa volvió a rodar sus ojos y miró a su bebé. Sirius había encontrado un botón flojo de su camisa y ahora lo estaba tocando con sus deditos chiquitos y rechonchos, intentando sacarlo del todo.
—Espero que tú nunca seas un lobo tan blando como Seth, ¿por favor? No creo estar preparado para verte actuar como un perrito domesticado.
Sirius no le hizo caso (obviamente) sólo siguió con su tarea de poder agarrar el botón.
Sam sonrió y besó la cabeza de su niño, al mismo tiempo que las llamas verdes de la chimenea se prendían, antes de que su amor saliera por ella, cargando diferentes bolsas y luciendo muy cansado. Tan cansado, que no bien se estabilizó después de usar el flú, caminó hasta el sofá más cercano y se derrumbó en él.
— ¿Día agitado? –preguntó, caminando hacia el mago.
Harry le dio una mirada irritada.
—Claro que sí, no sabía que organizar una boda podría ser tan complicado.
—Sí, bien. Pero velo de esto forma, esta es la única vez que tendrás que organizarla. Porque nosotros no vamos a divorciarnos nunca.
Su amor resopló.
—Podrías ayudarme en algo, igualmente.
—Hey, alguien tiene que cuidar de los niños.
Potter rodó los ojos y se levantó del sillón, estirad los brazos hacia su bebé. Sirius lo había visto y ahora exigía la atención de su "madre". El lobo sonrió y rodeó sus brazos fuertes por la cintura de su amor, antes de darle un beso en la mejilla, puesto que los deditos de Sirius habían decidido explorar la boca de su papá.
— ¿Y cómo va todo?
Harry suspiró.
—Todo está casi listo, en esos bolsos están nuestros trajes, tanto de magos como muggle. Hogwarts ya está todo preparado y se decidió que todos los invitados Muggles que irán desde aquí duerman en la Casa de Gryffindor.
Sam sonrió, besando otra vez la mejilla de su amor.
—Así pues, dentro de una semana seremos marido y… ¿marido?
—Supongo que también podría ser marido y esposo –rió Harry.
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Harry se miró fijamente en su espejo, haciendo una retrospectiva de lo que fue su vida hasta ahora. De ser aquel niño de anteojos rotos, ropa de dos veces su tamaño, que vivía debajo de las escaleras en un armario minúsculo, pasó a ser un chico famoso debido a un evento que ni siquiera recordaba (aún peor, sucedió el día que asesinaron a sus padres) una celebridad a la cual se le impusieron miles de retos, los cuales tuvo que vencerlos todos, hasta que finalmente acabó con el asesino de sus padres y quien le arruinó la vida en un principio; y ahora era padre de tres niños, tenía un trabajo estable y hoy era el día de su boda, con un hombre. Un hombre que había imprimado en él, porque era un hombre lobo, no, mejor dicho un cambiador de forma.
Sólo a ti te pasan estas cosas, Harry, pensó con una sonrisa, mientras alisaba algunos pliegues de su túnica blanca de mago.
Sus ojos verdes se posaron en su imagen reflejada y no pudo evitar que algunas lágrimas traicioneras se reunieran en los costados. Hace años, cuando estaba debajo de las escaleras, lo único que pensaba era en que viniera alguien y lo rescatara de esa vida, y la magia hizo eso por él. Le trajo alegrías y amarguras, claro está, pero ahora que lo pensaba, a la larga resultaron ser más alegrías. Sin la magia nunca hubiera conocido a sus mejores amigos, su padrino, ni habría podido él mismo gestar a sus hijos. Y la magia también lo reunió con Sam, porque a pesar de que él no era un mago de lleno, ese cambio en lobo tenía un cierto tipo de magia, que lo llevó a imprimar en él.
—Así pues, la magia me cambió la vida –murmuró, recibiendo un cabeceo de asentimiento de su reflexión en el espejo mágico.
— ¿Harry? –Alguien abrió la puerta y metió su cabeza. Era Ron. — ¿Estás listo, compañero? Ya todos están en el Gran Comedor.
—Sí, estoy casi listo, sólo tengo que poner mi varita en mi traje –masculló, agarrando el instrumento de madera que estaba en una mesa al costado derecho de su cuerpo.
—Er… —Ron lo miró angostando los ojos. — ¿Estuviste llorando?
— ¡Oh! –Se pasó una mano con vergüenza por los ojos. –Creo que sólo estaba pensando en cosas que me emocionaron. Nada grave, Ron.
—Si tú lo dices. –Se encogió de hombros. –Entonces, ¿vamos? Hermione me ha estado fastidiando con porque quiere que todo se lleve a cabo a horario.
—Sí, vamos –sonrió.
Al ser un huérfano (porque los Dursley nunca pisarían dispuestos un lugar mágico), él no tenía con quien llegar al altar. Había decidido que al ser ya un adulto, podía caminar solo, pero Hermione no iba a tener nada de eso, a pesar de ser una boda mágica, ella quería seguir la tradición muggle de que la "novia" sea escoltada hasta el novio. A pesar del grito de horror y fastidio de Harry, de que él no era ninguna novia, al final se dejó convencer con ella. Su mejor opción, por supuesto, fue su mejor amigo, Ronald Weasley. Así pues, del brazo con su mejor amigo, esperó a que las puertas del gran comedor se abrieran.
Una vez más, quedó impresionado por la gran decoración que había en el lugar. El techo reflejaba una noche estrellada y hermosa, las velas flotantes estaban por todos lados, junto a ellas había telas blancas y doradas, que le daban un toque más glamoroso al techo del salón. Abajo, las mesas largas se había cambiado por unas más pequeñas y redondas (como las que tuvieron en el baile de Navidad en su cuarto año) y cada una estaba adornada con los mejores manteles blancos, la más costosa vajilla y como centro de mesa había dos figuras hechas de cristal que brillaba de diferentes colores según su antojo. Uno era un lobo y el otro un león. Sorprendentemente, esta idea fue de Luna, quien pensó que lo mejor sería que el centro de mesa representara los animales que los caracterizaban.
Sí, ella y Hermione fueron las que lo ayudaron a armar su boda mágica. Porque la única otra mujer a la que conocía bien como para pedirle tal cosa era Ginny… pero eso habría sido demasiado extraño.
Así pues, del brazo con su amigo, Harry caminó hacia su amor. Teddy estaba al frente, tirando pétalos de flores y detrás estaba Tommy, llevando los anillos. Más allá estaba quien pronto sería su esposo, acompañado de su padre. Él lucía imponente, por supuesto. Esa túnica negra con toques es dorado le quedaba espléndida a su piel chocolate. Draco fue quien eligió los atuendos para ambos, y si bien Harry tuvo sus dudas en un principio (todavía recordaba la túnica horrorosa parecida a la de un sacerdote del cuarto año), el resultado lo sorprendió. La de Sam era negra con bordes en dorado, mientras la suya era blanca con bordes en verde esmeralda. Él había protestado por el color, porque él ya no era "puro" como para ir de blanco, pero Draco no le hizo caso, aunque accedió en ponerle otro color a la túnica que de otro modo habría sido solamente blanca, sin los detalles en verde.
Entonces, una vez que estuvo al lado de Sam, Ron lo entregó como habían ensayado, dándole un ceño fruncido de advertencia al Quileute. Ellos se sonrieron y luego dieron vuelta para mirar a Kingsley Shacklebolt, el mismísimo Ministro de Magia era quien iba a casarlos.
*Horas más tarde*
—Una hecha, falta otra –comentó Sam, mientras bailaba abrazado a su ahora esposo mágico.
Harry sonrió de lado.
—Si hubiese sabido que una boda es así de pomposo y estresante, hubiese hecho algo más pequeño aquí y apostaba todo a la muggle, que no creo que sea tan estresante como una mágica, sobre todo porque tenemos menos invitados.
—Supongo –rió—. Pero en serio, ¿conoces a la mitad de la gente que está aquí? –preguntó el hombre, mirando de reojo a las cientos de personas que bailaban como ellos.
—Aunque no lo creas, sí. Ser una "celebridad" en mis años de colegio me llevó a conocer a mucha gente, sobre todo durante y después de mi quinto año. Y bueno, ahora cada uno tiene su pareja e hijos, así que creo que la lista se multiplicó.
—Hablando de hijos, ¿has visto eso? –Cabeceó en dirección del este, así que Harry tuvo que darse casi toda la vuelta para ver.
Su ceño se frunció enseguida, al ver a Teddy bailando con Seth, el más pequeño sobre los pies del adolescente, para poder estar más alto y seguirle el paso. Ambos reían y se divertían como locos.
—No puedo creer que tenga que acostumbrarme a esta escena como repetitiva en el futuro –masculló—. No creo que un padre esté adaptado para saber quién será la pareja de su hijo cuando éste sólo tiene ocho años. No en estos tiempo, al menos.
—Ni creo que un hijo se siente cómodo viendo a su padre ligar con otra mujer –agregó Sam, cabeceando hacia otro lugar.
A su derecha, Joshua bailaba galantemente con Andrómeda, ambos con una sonrisa pequeña y charlando animadamente mientras se movían por la pista.
—Andy es una buena mujer.
—Uh, sí, supongo, pero todavía es extraño.
—Si yo debo hacerme a la idea de que pronto Seth tendrá pensamientos pecaminosos sobre mi hijo, tú puedes hacerte a la idea de que su padre quiere llevar a Andy a la cama.
—Ew, ¿tienes que ser tan explícito? –se quejó el lobo.
—Tratamiento de shock, mi amor.
Sam rió, antes de atraer a su esposo para compartir un beso.
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La boda muggle tuvo que ser llevaba a cabo en un lugar donde se permitieran las bodas gay. Así que decidieron trasladarse definitivamente a Canadá para la boda, alquilando una linda mansión, donde se alojarían los invitados. Ni Sam ni Harry quisieron pensar en todo el dinero que se gastaban en estas dos bodas, uno porque apenas y si tenía dinero para pagarse su propio traje y el otro porque el dinero nunca le llamó mucho la atención, además, tenía tanto que no le quitaba el sueño.
Así pues, la boda muggle fue un acontecimiento casi tan mágico como el que se llevó a cabo en Hogwarts, puesto que como Alice Cullen se había ofrecido voluntariamente a organizarlo (mucho al desdén de Sam), Harry aceptó, más que feliz por relegar algunas de las responsabilidades a la vampiresa hiperactiva.
Como era de esperarse, esta vez los invitados fueron menos, porque no había muchos magos que tuvieran gusto de codearse con Muggles, así que sólo los amigos más cercanos a Harry fueron los invitados a este evento. Entre ellos estuvieron la mitad de los Weasley, algunos mitad sangres de la Orden y el ED, y, mucho a su sorpresa, Dudley. A él sólo le había mandado la invitación por cortesía y fue agradable saber que su primo aceptó venir. A pesar que era muy lejos y encima a una boda gay, que estaba seguro que era algo que sus tíos desaprobarían sobre manera.
—"Ya no dejo que ellos controlen mi vida" –había respondido Dudley, cuando le preguntó. –"Te debo mi vida, Harry, lo menos que puedo hacer es estar aquí en el día más importante de tu vida. Aunque sea con un hombre…"
Él le sonrió y cabeceó agradecido.
También, entre estos invitados estaban sus compañeros de trabajo. Mucho a la sorpresa de Bella, con los compañeros de trabajo de su patrón, llegó Ángela. Sí, ella era hija de unos de los hombres que trabajaban en la oficina de Port Ángeles. Ella era, por supuesto, una bruja. Sólo que al estar tan lejos cualquier escuela para brujas, ella eligió tener educación muggle y su madre y padre le enseñaban a controlar la magia en casa, con clases particulares.
Ese día, fue la primera vez que conoció a Harry. Sus ojos estaban esmaltados y le daba la misma mirada que Ginny le dio cuando eran niños.
—Ella ha sido tu fan desde niña, Harry –rió el señor Webber, cuando Harry se retorció incómodo por la mirada de la muchacha—. Me hizo comprar todos los libros donde se hablaba de tu historia y se moría por conocerte.
— ¡Padre! –jadeó Ángela, mortificada—. Lo siento, señor Potter. Yo…
—Está bien –sonrió—. Estoy acostumbrado a que la gente me admire –agregó, para no desconcertarla más de lo que estaba.
—Entonces… ¿puede darme su autógrafo?
Potter sonrió torpemente.
Y así, la boda muggle vino y se fue, así que tanto Harry y Sam al fin fueron considerados marido y marido por todos sus conocidos. Sam se trasladó definitivamente a la casa de Harry, aunque quedaron en que en el futuro se mandarían a hacer una casa que estuviera dentro de la reserva, ya que Sam no quería dejar su tierra, ni siquiera aunque la casa de su amor estuviera en la frontera. Joshua se quedaría en su casa, pero siempre tenía una habitación disponible en la de su hijo, para poder visitar y quedarse a dormir si es que no quería hacer el corto viaje a la casa Uley.
También, con el paso del tiempo, se cumplió el año en que Aro juró en venir por su paga gracias a su "generosidad" de no iniciar una matanza en Forks, por el embarazo de Edward. Tal como lo había dicho, el asunto se tendría que hacer bajo las reglas de Harry. ¿Qué conllevaba esto? Bien, para empezar, era la magia de Harry, así que a pesar de que estuviera en el cuerpo de Aro, el mago todavía tenía control sobre ella, así que le sería imposible al vampiro hacer algo dañino con ella. Es decir que Harry podía sentir si es que su magia era utilizada para fines oscuros que dañaran a magos o Muggles. Aro no fue feliz por ello, pero no lo dejó notar, además, su curiosidad por la magia era tanto, que no podría decir no al trato.
Con ese asunto arreglado, todo volvió a una relativa calma en Forks y La Push. Sin embargo, se acercaba el momento en que los Cullen tuvieran que irse nuevamente, antes que la gente comenzara a notar que ellos no envejecían. Este fue otro momento de angustia para los lobos de la reserva, porque con la ida de los Cullen, era evidente que Jacob también debería irse. Y si bien los vampiros aceptaron quedarse hasta que el lobo terminara sus estudios secundarios, aún así se terminaría yendo irremediablemente. Fue por eso que Harry pensó en algo.
—Puedo ofrecerles mi casa en Inglaterra –ofreció una vez, cuando estaba todos reunidos celebrando el primer añito de Sirius—. Londres tiene casi el mismo clima que Forks, así que no creo que haya problemas con el brillo por el sol. Y estando en mi casa en Grimmauld Place, Billy, Sam o los otros podrían siempre usar la conexión por flú para comunicarse con ustedes o ir de visita.
— ¿Lo dice en serio? –preguntó Jacob, emocionado por la idea.
—Claro que sí –sonrió—. No tengo pensado vender nunca esa casa, ya que es una herencia que estimo, así que creo que le vendría bien tener alguien viviendo dentro, así no se arruina tanto por el desuso.
Jacob y Edward intercambiaron una mirada y luego buscaron la de Carlisle. El vampiro mayor suspiró.
—No quisiéramos imponer ni nada…
—O no, claro que no, si se las estoy ofreciendo de buena fe. Sé que la separación será dura para Jake y si puedo ayudar a que sea lo menos dolorosa posible, bienvenido sea.
—Entonces aceptamos –dijo Jacob, antes que cualquiera pueda responder—. Me gustará vivir en Inglaterra por un tiempo.
Edward rodó los ojos, pero por dentro estaba feliz, porque le había preocupado que su amante se pusiera depresivo cuando tuvieran que irse. Una vez más, había odiado su condición de vampiro la primera vez que le dijo a Jake que ellos no podían quedarse en Forks por siempre. Así que le agradeció profundamente a Harry el que le pueda dar esta oportunidad de hacer las cosas más livianas para su amor.
Con el paso del tiempo, también se le tuvo que decir hasta luego a otro miembro de la manada, mucho antes de que Jake se vaya, por supuesto. Porque no bien Paul terminó la secundaria, armó sus valijas, se despidió de todos y voló hacia los brazos de George. La madre de Paul no fue muy feliz de que su hijo abandonara todo y no estudiara algo para ser alguien en la vida. Pero George, siendo todo un caballero y el adulto en la relación, habló con ella y le aseguró que iba a proveerle una buena vida a su hijo y también para ella, si es que lo necesitaba. La otra tienda de los Sortilegios Weasley ya estaba inaugurada y Paul se haría cargo de ella, junto con él mismo, así que esto le traería el suficiente dinero para mantenerse. Ella no entendía nada del asunto de los magos, pero aceptó que su hijo se vaya, siempre y cuando prometiera venir a visitarla de seguido.
Así pues, después de perder a su gemelo en aquella trágica batalla, George se permitió por primera vez tener a alguien vivir bajo su mismo techo. Porque desde que Fred murió, George había dejado su departamento encima de la tienda en el Callejón y alquilado otro en el Londres muggle. Sin embargo, no había aceptado que nadie viviera con él o siquiera se quedara a dormir desde la tragedia. Fue un paso enrome que le abriera las puertas al lobo. Así que a pesar de lo extraño de la situación (muchos todavía no podían entender el asunto de la imprimación) todos los Weasley estaban extremadamente agradecidos con Paul, por lograr este cambio en George.
En cuanto a Bella, con muchas lágrimas y gimoteos, ella pudo desprenderse de los tres niños a los cuales ayudó a criar y se fue a Seattle, a una universidad donde estudiaría algo que estuviera muy lejos de la sangre, puesto que ella se ponía débil cuando la veía. Por su parte, como su novia estaba bastante lejos, Quil se buscó un trabajo, para tener dinero con el cual comprar un choche y gasolina, para ir a visitarla todos los fines de semana. Claro, siempre podría ir en su forma que lobo (que sería más rápido y menos costoso), pero era demasiado arriesgado, así que optó hacer el recorrido por medios "humanos".
En cuanto a los otros, Jared encontró a su imprimada en una compañera de colegio, Embry en una niña y el resto de la mana todavía estaba a la espera.
Y así, en un abrir y cerrar de ojos, pasaron cuatro años desde que Harry y su familia pusieron un pie en Forks.
—Estoy en casa~ —anunció Sam, dejando su chaqueta en los colgantes que estaba al lado de la puerta de entrada y suspirando con cansancio.
Sonrió al escuchar un risita y luego unos pasitos, lo siguiente que supo es que algo se estrellaba contra su pierna derecha y se aferraba con fuerza a sus pantalones. Miró para abajo y su sonrisa se ensanchó al encontrarse con un par de ojos verdes esmeraldas y un cabello negro alborotado.
—Hey allí, hermoso –gruñó, agarrando a su hijo por las axilas, para subirlo hasta que quedaran cara a cara—. ¿Te has estado portando bien?
— ¡Sí! –chilló con ganas—. Simpe me poto bien, papi.
Sam enarcó una ceja al ver la mueca de su hijo. Estimado Dios, ¿cómo podría una criatura con tal cara de ángel tener esa mueca malvada? ¿Esta era la "herencia de Merodeador" que tanto hablaba su amor? O al menos, cada vez que Teddy o Tommy hacían de las suyas, Harry lo achacaba a su sangre merodeadora.
—Mmmhhh –masculló dudoso—. Eso espero, porque si me entero que te has portado mal… —dijo con tono de amenaza, antes de comenzar a cosquillearlo.
Sirius chilló de nuevo y se retorció en los brazos de su padre, pidiendo que parara, pero Sam siguió con su ataque, hasta que se dio cuenta que su hijo se estaba quedando sin respiración. Rió antes de darle un beso en la mejilla y dejarlo en el piso.
— ¿Dónde está tu abuelo, uh? Se supone que como tu niñero, debería estar detrás de ti todo el tiempo.
—Lelo no vino –dijo Sirius, agarrando el muñeco que había tirado cuando su papá comenzó a cosquillearlo—. Mami me cuidó esta mañana.
— ¿Mami? –Frunció el ceño. — ¿Quieres decir que no fue a trabajar?
Sirius le dio una mirada confundida y levantó sus bracitos, pidiendo ser alzado. Sam lo levantó y llamó el nombre de su esposo, pero al no escuchar respuesta, comenzó a buscarlo y lo encontró en la habitación, un poco pálido y saliendo del baño.
—Hey –llamó con tono preocupado—. ¿Te encuentras bien?
Harry suspiró y corrió las mantas de la cama, para volver a acostarse, que era lo que estaba haciendo antes de entrar al baño. En la cama había otros juguetes de Sirius, así que Sam dedujo que Harry no había salido de la cama, desde que él se fue a trabajar.
— ¿Harry? –preguntó un tanto ansioso, al no recibir respuesta.
—No, no estoy muy bien –suspiró, dándole una mirada cansada—. ¿Cómo va todo en la construcción?
—Va perfectamente –anunció, caminando hasta sentarse en la cama, luego colocó a Sirius en esta y lo dejó seguir jugando con sus juguetes—. Con la fuerza y rapidez que los chicos trabajan, tendremos nuestra nueva casa hecha en cuestión de semanas y no de meses como previmos. Pero olvida eso, ¿Qué es lo que te sucede?
—Mmmhhh. –Frunció el ceño, frotándose el estómago. –He estado teniendo nauseas todo el día y esta es ya la segunda vez que vomito –gruñó, dándole una mirada enojada a su esposo.
Sam levantó sus cejas, mientras que una lenta sonrisa se formaba en su rostro.
— ¿Es lo que pienso que es?
—Probablemente –refunfuñó, todavía fregando su estómago—, a no ser que el pescado que comimos anoche haya estado feo. Cosa que no creo.
—Claro que no, yo mismo lo refrigeré, luego de que lo pescáramos. –Sonrió más abiertamente, antes de acercarse a su marido y abrazarlo por la cintura torpemente, porque Harry estaba acostado y Sirius estaba jugando en la cama. — ¿Quieres que me comunique con el doctor Cullen?
—No, así está bien, ahora sólo quiero descansar hasta que estas malditas náuseas se me vayan. –Lo miró a los ojos. — ¿Está bien, amor? ¿No es demasiado pronto? –Sus ojos se desviaron a Sirius. –Nuestro niño apenas tiene dos años.
—Seré feliz con todos los niños que me des, Harry. Ya sea demasiado pronto o demasiado lento –aseguró.
Su esposo le dio una sonrisa, antes de atraerlo para compartir un beso.
Otro bebé venía en camino…
… esperaba que esta vez fuera una niña.
¡¡¡Fin!!!
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-.-Importante: fíjate que te molestó en mi fic y que te agradó. Dímelo. Pero trata de mantener la cortesía y hazlo de una manera que pueda entender.-.-
Notas finales: ¡¡¡Hola!!!
Esto empezó con una idea MUY loca de un Sam/Harry, la verdad es que no tenía muchas esperanzas, porque admitámoslo, es una pareja demasiado inusual, ¿inclusive para mí?
Bueno, eso ya no lo creo, he hecho otras cosas más raras XD
Pero como siempre, mis fieles lectoras me han acompañado desde principio a fin. A pesar que muchas (igual que yo!) no le tienen mucho aprecio a la Saga de Twilight ¬¬ Incluso algunas no lo conocían. Pero llegamos aquí y sólo nos falta un pequeño epílogo para que nos despidamos del todo.
Nos vemos en el fin del fin ;.;
¡¡¡Gracias a Cherry Moon por betear este capítulo!!!
Atte: Uko-chan.
