Historia paralela: La Adivina
-Revisemos nuestros mapas, conozco una ruta más corta para salir del desierto -Naima extendió un viejo pergamino sobre la mesa. Zelda hizo lo mismo, ambas mujeres conversando animadísimas sobre caminos más expeditoas y cómo esto puede beneficiar a la economía.
La anciana observaba a su hija, sus ojos luego desviándose hacia el joven de verde al lado de la Reina de Hyrule. Ella lo había observado lo suficiente como para darse cuenta de que estaba luchando para esconder sus afectos hacia la soberana.
Ella lo siguió discretamente, después de que él saliera del salón sin razón alguna.
-Joven, lo veo acongojado -le dijo para llamar su atención-. Lo he estado observando, como verá.
Se quedó sorprendido, volteando para hacer contacto visual con ella.
-No, no es nada, Señora Nabooru -dijo nervioso.
-Muchacho, está bien si no me quieres decir -le aseguró-. Te iba a hacer un pequeño ofrecimiento.
Esa frase le picó la curiosidad.
-¿Y con respecto a qué sería?
-Me gustaría leerte la suerte, hijo -la anciana explicó-, o por lo menos, eso es lo que quiero que le digas a tu amada Reina.
-¿Qué quiere decir con eso? -le preguntó, sintiéndose casi al descubierto.
-Los Gerudo no tenemos esas prácticas -afirmó-, y tú estás enamorado de la Reina Zelda.
Link se quedó más congelado que la cima de Pico Nevado, incluso en el desierto.
La anciana se rió al ver su rostro aterrado.
-Para una vieja con experiencia como yo, es evidentemente obvio. Sin embargo, tu Reina no tiene idea de nada.
Link suspiró, aliviadísimo.
-Vamos a mi jardín -sugirió la sabe que mejor es estar lejos de los oídos de Naima… ¡es una cotilla de aquellas!
Llegaron a una pequeña pérgola con palmeras y suculentas de coloridas formas y con flores. Se sentaron en silencio en una banca.
-No quiero que ella sepa -Link confesó tras un momento-. Lo más probable es que ella me rechaze… solamente me ve como un amigo…
-¡Qué manera de subestimarte jovencito! ¡Eres un héroe legendario! -declaró vehementemente-. ¡Apuesto todas mis canas a que hay más gente atraída a ti que granos de arena en este desierto!
Link rió nervioso.
-No lo creo, señora -respondió, sacudiéndo su cabeza en negación-, aparte de mis soldados, claro está.
-Tus compañeros de armas claramente no cuentan.
Él se rió tras esas palabras.
-Te daré un consejo con toda honestidad, joven Link -dijo mirando al horizonte-. Apenas te conozco, pero creo que no debes sufrir tanto.
-¿Qué quiere decir con eso señora?
-Creo firmemente que tu Reina reciprocará tus sentimientos tarde o temprano -le explicó con una sonrisa-. Si eres lo suficientemente paciente, recibirás la recompensa cuando menos lo esperes. No soy ciega, como ves. Tal como vi tus sentimientos hacia ella, pude ver los de ella hacia ti. Una mujer tan racional como ella puede tener más dificultades entendiendo las materias del corazón.
El rostro de Link se iluminó tras sus palabras.
-Hay esperanza para mí entonces…
-Pero no desesperes, porque eso sólo te llevará a tomar malas decisiones -le aseguró-. Los rumores dicen que te volviste un lobo cuando el rey de los demonios atacó Hyrule.
-Por extraño que parezca, es cierto, señora -afirmó-. Todo fue obra de la magia de los Twilis.
-Bien, los lobos son cazadores inteligentes. Esperan el momento indicado antes de saltar sobre su presa -sonrió con picardía-. Si lo haces bien, ella estará más que deleitada si terminas abalanzándote sobre ella, si entiendes a lo que me refiero…
Link primero pareció perplejo, pero luego se dio cuenta de lo que realmente la anciana quiso decir, y su rostro se tornó de un rojo brillante.
-¡El amor de juventud es tan encantador! -rió Nabooru mientras se levantaba de su asiento-. Volvamos mejor con tu Reina, ¡no vaya a terminar pensando que te estoy tratando de convencer que te quedes aquí para que te cases con cualquiera de mis otras hijas!
Link siguió a la señora, tratando de borrar de su mente las imágenes no tan inocentes que le trajo a la mente su comentario anterior.
