Ocaso de un Amor

CAPITULO XXI

ULTIMA NOTA

No tardó mucho en llegar, aún vestía su camisón y encima una chamarra de Haruka, Jessica estaba sentada en la banqueta observando el concreto, vestía short de mezclilla y una blusita amarilla muy juvenil, se veía muy perturbada así que Michiru solamente se sentó a su lado
- Christa tiene un no se qué en la cabeza... cayo en coma y tal vez muera... tal vez muera
- ¿Quieres explicarme lo que sucede?
- No – negó con la cabeza – solo abrázame... solo – y las lágrimas se le escaparon – yo no lo pedí, no se como escapar
- Tal vez ese es tu error no se trata de escapar a la responsabilidad sino de enfrentar...
- Tengo mucho miedo – lloró y esa fue la última frase que escuchó de Jessica por aquella nohe.

Volvió a gemir tan fuerte como pudo para que la escucharan los vecinos y vinieran a su rescate. Se hubiera sacado pero Michiru le sostenía con mucha fuerza y ella se sentía demasiado aturdida como para prestar resistencia. La herida parecía no dejar de sangrar. Michiru apretó la gasa con fuerza y esperó unos segundos mientras Jessica apretaba con fuerza los ojos
- Con eso tendrás para sanar pronto
Jessica se dejó caer en la cama cansada, agotada del llanto derramado, de la lucha que sostenía desde hacía meses con la verdad y hasta porqué no decirlo con la vida misma.
El sueño se volvió un letargo que duró toda la mañana y gran parte de la tarde, abrió los ojos a eso de las seis de la tarde permaneció ausente y con la vista extraviada esa no era la Jessica que Michiru conocía: pálida, demacrada y con el alma deshecha. Varias veces se sentó a su lado prodigándola de caricias maternales sin que la joven saliera de su estado catatónico.

El primer departamento que encontró lo tomó, sin preguntar nada, sin siquiera entrar a verlo, nada solo pagó la primera renta el depósito y de su moto descargó su equipaje. Ya no quería saber nada, ya no quería oír a todos decirle que su problema estaba en su perturbada mente. Se sentó en el suelo recargando el cuerpo en la desnuda pared. Tenía frío y algo de hambre, su estómago le imploraba por alimento. Se frotó el cabello sumergida en sus pensamientos. ¡Tenia miedo de correr auto! ¡Sí y qué! Su vida se acabó, su carrera se terminó, ya nada le restaba, ya ni siquiera podía parase segura frente a las outer como su líder, solo le restaba morir, morir en ese departamento de paredes rígidas y colores opacos. Sin saber cómo el llanto se vertió un llanto que había retenido por años, de las inalcanzables luchas fracasadas, de los sueños no realizados, de las injusticias de las que se poblaba la tierra y ahora solo lloraba como una niña pequeña. No supo exactamente a qué hora se quedó dormida, solo supo que llamaban con ligereza a la puerta, el sonido era relativamente bajo así que le tomó segundos saber si tocaban a su puerta o se trataba de sonidos de otros departamentos.
- ¿Quién? – masculló con la voz entrecortad por el llanto. No hubo respuesta pero sí otra vez ese suave toquido – ¡Quién! – gritó ahora algo molesta
- Io – oyó la dulce voz tan conocida para ella de su pequeña Chista
Al abrir la puerta ahí estaba la nada, no sonidos, no voces. Se rascó la cabeza e iba a cerrar la puerta cuando vio a Sydney acercarse.
- ¿Tu tocabas?
- No, acabo de subir quería verte
- Vas a explicarme lo que sucede
- No
- Entonces vete – y se dispuso a cerrar la puerta pero Sydney colocó su pie evitándolo
- Chris está en urgencias, perdió el conocimiento y ha caído en coma
La noticia sacudió a Haruka, si acaba de verla apenas unos días antes sana y deseosa de entrar al coro infantil. Trató de rehacerse de su aplomo y lo único que logró fue balbucear monosílabos
- Si quieres irla a ver está en el hospital cama 405...
Y Sydney se marchó sin esperar nada de Haruka

Las citas a ciegas no entraban en su lista de citas 'convenientes' no le era atractivo el suspenso ni mucho menos la persona que accedía en un loco y desesperado afán por compañía a estas citas. Entonces ¿Por qué ella había aceptado? Se trataba de la petición de su mejor amiga, del maravilloso relato de un hombre sí, porque tenía dieciocho años y podía considerarlo como tal...y también porqué no? de que estaba aburrida, con deseos locos de que alguien la sacara de ese mundo de la perpetua aburrición en la que se había convertido su casa. Se contemplaba en el espejo había adherido al marco los datos del supuesto galán. Observó entonces que Michiru le veía fijamente como si en su reflejo observara más que su rostro
- No te apures volveré temprano
- Si está bien... pienso que ya eres lo suficientemente madura como para decidir si sales con un espécimen desconocido
- No digas eso Michiru, es solo que no me pude negar... acabando la cita si el chico es tal como lo describe mi amiga tenlo por seguro que lo llevaré a tu concierto
- Con o sin chico espero, por tu bien Hotaru, verte en el concierto
- No te apures no me perdería tu concierto ni por una cita con el mismísimo Tom Cruice
Michiru sonrió vagamente, sus pensamientos estaban en Jessica, realmente ella tenía razón no había un motivo real para que estuviese molesta con ella... solo las infundadas sospechas de Haruka Tenou sobre la relación que ella pudiera tener con los extraños ataques ocurridos en los últimos meses.

Entró en la habitación donde Jessica aún seguía durmiendo y ahí la dejaría hasta verla mejor cerró la ventana de al habitación y se aseguró del bienestar de su protegida. Temía que en aquel estado Jessica fuera a cometer alguna tontería así que cerró lo más silenciosamente que pudo la puerta con llave; era mejor así, tenía miedo... no podría vivir sabiendo que ella pudo evitar que se lastimara. Antes de ir al concierto pasaría a visitar a Christa, tenía la ligera impresión que ya no volvería a verla brincotear de un lado a otro jamás.
- ¿Encerrada? ¿Quieres que le pida alguna de las chicas que la vigile? Podría venir Rei, estarse un rato y cerciorarse de que está bien
- ¿Lo harías?
- Claro con tal que todos los que me rodean quiten esa cara de duraznos pasados voy hasta el fin del mundo
- Gracias Hotaru

El área infantil estaba en la parte trasera del hospital de especialidades, Amy le acompañó hasta la pequeña camita donde permanecía lívida e inmóvil Christa, parecía que dormía, sus mejillas habían perdido color y tenía conectado varios tubos al cuerpo como nodos al cerebro registrando toda su actividad mental. Amy hojeó el expediente, tenía algo de experiencia en traumatismo craneal pero no había mucha lógica en lo que le había sucedido a Christa
- Puede tratarse de un hematoma o un tumor... el diagnóstico es incierto
Michiru tomó entre sus manos las manitas de la niña, acarició suavemente su cabecita cuidado cada cable que tenía conectado al cerebro
- Hoy tocaré en tu honor... solo descansa y ya verás como yo estaré aquí para cuidarte
Las lágrimas se le escaparon se desplomó llena de rabia por no poder hacer nada por ella, la desesperación el ganó terreno y se aferró a la frágil manita de la niña. Quería que abriera los ojos, que volviera decirle ick en lugar de ich, que jugara y por más que intentara no pudiera a hacerla decir otra cosa que 'es mi má'. Ya no había nada que hacer eso lo sabía no necesitaba Amy darle falsas esperanza, ahora entendía la desazón de Jessica, la misma angustia que en el pecho le estaba oprimiendo a ella. Amy le tomó del hombro y trató de apaciguar ese torbellino de pensamientos que le sacudían la cabeza
- Vamos Michiru debes ser fuerte
Toda su vida le habían repetido lo mismo... toda la vida. Ser fuerte para soportar que Haurka tomara un camino lejos de ella... se fuerte para sobrevivir al dolor ajeno y al propio... No, si perdía Christa moriría seguramente, en esos instantes unos brazos conocidos la estrecharon fuertemente contra un pecho en el que antes le había servido de dicha y consuelo: Haruka
- Saldrá bien
- ¿Por qué? No es justo solo tiene tres años... y pasado mañana cumple cuatro
Si pero la muerte no respetaba ni sexo, edad o condición.
- Tranquila... vamos a fuera
Un café para destensar una charla basada en nada para olvidar y un hombro donde llorar. Ambas sentían demasiado lo que estaba sucediendo
Y de las mentiras creadas hoy se forjaban aquellas paredes de incredulidad, de las verdades a media hoy nacía la incertidumbre. Mentira, traición, manipulación, chantaje, omnipotencia, soberbia... son juntadas para llegar a ese final inequívoco, su propio devenir. Dentro de aquel manto de mentiras existían verdades cuestionables y poco palpables. Un solo sonido el llanto de un niño, su propio llanto... y ahora en un último movimiento de batuta el ejecutor dispuesto a terminar con el suplicio de su vida no sin antes terminar con su alma. ¿Valía la penas entonces vivir? Cuando debía cargar con un pasado oscuro del cual poco recordaba, valía la pena luchar por el perdón de un crimen que no cometió... un crimen que su propio yo, en un cuerpo distinto y hasta de otro sexo ejecutó. Y la respuesta era NO.

Si tuvieras una oportunidad, una único tiempo para jugarte tu destino entero, una oportunidad para cambiar tu destino y así rescribir la historia como debió ser, demostrar a aquellos que te enjuician y condenan que un ángel se puede volver demonio por las circunstancias adversas, que tu naturaleza no cambia... y la existencia de un mal o un bien es solamente relativa. Una sola oportunidad... sin embargo en ella podrías perderlo todo ¿Jugarías?

La orquesta tocaba, sin perder ritmo y a la marcha de una sonata, poco sabía de música a pesar de los años vividos al lado de Michiru pero sabía que era de ritmo rápido y parpadeó un par de veces tratando de aclarar la mente, Sydney la vería en aquel lugar para explicarle la situación en la que pendían las guerreras y devolverle su pluma transformadora. Había tenido, noche a tras, un sueño más claro sobre la relación que ella, la propia Michiru y Jessica habían sostenido. El sueño comenzaba con una acelerada pieza de baile que hacía reír a los jóvenes invitados al banquete y hacía cuchichear a los mayores por tratarse de lo que se llamaba "rebeldía" Había comenzado suave y en menos de dos segundas el piano y violín le habían impregnado un ritmo que solo se veía en lugares no muy nobles. Observaba a las princesas de los planetas interiores sonriendo y hasta parecían sortearse el privilegio de bailar con uno de los tantos guapos príncipes que rondaban en esa noche. Después por un instinto que no podía explicar había apretado con fuerza la muñeca de su acompañante para murmurarle algo que ella se negó a ceder, lo supo por el movimiento de su cabeza. Después al otro extremo del salón observó llegar a Michiru, imponente como una diosa, con su vestido largo de telas exóticas de color blanco que con las pequeñas lentejuelas del pecho resaltaban sus atributos. Sus miradas cruzaron y ella se limitó a asentir con la cabeza, para observar a otra dama mucho mayor que vestía con el uniforme de sailor, usando un cinturón con el emblema de Urano, el mismo que estaba grabado en su espada, la misma dama que había visto en su primer sueño. Ahora veía cómo miraba con recelo a Michiru. Terminaba con su ponche y algo inquieta caminaba entre la gente hasta salir a los pasillos de palacio.
- ¿Me amas? – pronunciaba una sensual voz detrás de ella
Ahora la música del salón sonaba más rápida en una forma un cuanto desorganizada. Sintió sobre su hombro la cálida mano de Michiru que se había deshecho de sus guantes. Aquella mano recorrió lentamente su espalda, hasta hacerla girara, esos ojos azules le hicieron perder el control besándola con inmensa pasión; sí no podía no dejaría aquellos labios carmines, la besó en todas las formas que conocía e inventó otras tantas tratando de matar la pasión produciendo en ella el efecto inverso. Había tenido muchos sueños eróticos, pero este se llevaba el premio hasta creía que había gritado y gemido del placer, era una suerte que ahora viviera sola. El silencio se apoderaba de ellas y cuando el ritmo de sus cuerpos comenzaba de nuevo a debatirse en la sincronía de los actos de ambas, pensamientos y sensaciones los cristales que rodeaban los pasillos explotaban de forma devastadora, lanzando a grandes metros de distancia pedazos de vidrio. Ella en un acto involuntario se aferró a su amante sin dar cabida a lo que sucedía, pequeños vidrios se incrustaron en su espalda desnuda haciéndola sangrar. De nuevo paz, se volvió para averiguar lo que sucedía y observó el rostro ensangrentado de su amante que apenas si pudo ponerse en pie
- ¿Qué sucede? – preguntaba acomodándose el vestido y los guantes
- Parece una explosión – Tras decir esto un intenso griterío se desató en el salón
Corría apresuradamente y antes de llegar a la puerta se encontraba con esa extraña mujer vestida de sailor. Se paraba en seco aturdida y hasta asustada
- ¿Qué hacéis?
- ¿Qué sucede?
- ¿Dónde está la Princesa Jesseine? – le gritaba tan sulfurada
- En el salón
En su sueño se veía atravesar un nuevo pasillo cubierto con cristales que a su paso iban explotando. Oía a Michiru gritar y en ese momento se veía en el salón, en medio del disturbio. Ahí estaba Jessica amparada por una guerrero vestido con el uniforme de Neptuno, parecía ser comandante de la guardia real de Neptuno, en tal caso entendió a su presencia en el lugar, sujetaba a Jessica de la mano y la mantenía tras su espalda mientras intercambiaba insultos y amenazas. Aquella figura siniestra que era tan vaga en su sueño desenvainaba su espada lanzándose sobre la guerrera, al momento tres sombras, más se introducían al salón. Una nueva explosión y entre los restos de piedras que volaban por los aires observaba cómo aquella figura siniestra introducía la espada en la guerrera. Un grito, un llanto y confusión. Finalmente despertaba.

La orquesta acaba de terminar su primer número, en esos momentos se habría el telón dando paso a una imagen conmovedora el coro de niños cantores de la catedral de Nuestra Señora de los Dolores, todos los niños con sus monos esmóquines, y las niñas con su pequeño corbatín y sus faldas de pasteloncitos hasta arriba de la rodia rematando con unas lindas boinas. Entonces pensó en Christa, en cuánto deseaba pertenecer a aquel coro, se lo había dicho cuando empezaron las audiciones, ciertamente era muy pequeña, también dudaba mucho que su fuerte fuera el canto y sin embargo hoy solo un triste recuerdo quedaba de aquel sueño. Permanecía en el hospital con la incertidumbre de saber si volvería a abrir los ojos, si podría volverla a oír cantar... tal vez el próximo año le vería paradita en medio de aquellos niños y si la suerte y unas clases de solfeo lo permitían la oiría cantar un solo... Tal vez...
- Haruka – susurró en su oído Sydney sacándola de sus cavilaciones
- Vamos a fuera

El soplar del viento lentamente movió sus cabellos, desde afuera escuchaba los cantos de los niños, ahora entonaban el himno de la alegría. Se recargó en el auto y atenta esperó una sensata explicación por parte de Sydney
- Yo no sé mucho... ella debe de estar aquí dispuesta a cumplir su tan fabulosa venganza... de verdad que no lo entiendo, ciertamente Jessica no se puede catalogar como una buena persona... no cuando no la conoces a fondo, ama demasiado, se apasiona mucho más de lo que puedas imaginar y lo último que deseaba creo, era ocasionar estos problemas
- Regrésame mi pluma transformadora
- Yo no puedo... No lo haré, hasta que no me digas qué piensas, Jessica no es mala... no somos el enemigo ni pretendemos serlo... quiero por un lado termine esto y por otro... eso significaría perder a las personas que más amo. Victoriosas o no tú, Jessica, Christa se irán de mi lado...¿Soy acaso egoísta? la soledad duele, aprecio la soledad pero necesito amar y quien me ame, necesito sentir que vivo y existo...
- Syd, de no regresarme esa pluma por las buenas lo haremos por las malas, ya bastante tiempo me han tomado el pelo y no permitiré que siga sucediendo
- Jamás pretendimos aprovecharnos de tu nobleza... Solo dime si crees en que Jessica es inocente
- Jamás enjuiciaré a Jessica
- Lo harás... – meneó la cabeza y comprendió que esta ya no era su batalla, sacó de su bolsa la pluma y la depositó encima de la cajuela del auto – solo te pido no claudiques y llegado el momento acepta ser juez y verdugo... entonces piensa que no todos nos movemos bajo el mismo modo de vida, nos toca recorrer caminos distintos que a veces nos llevan a tomar decisiones poco acertada y que a veces son la única salida... Te amo y eso no cambiará nunca, pero defenderé aquello en lo que creo
- Yo no pienso seguir en esta estupidez – golpeó con la punta del zapato el suelo y se subió al auto antes de arrancarlo Sydney le extendió la mano
- No se que signifique pero estaba entre los juguetes de Chris y dado que no es letra de nadie que yo conozca...
- Es letra de Setsuna 'Con la última nota saldrá el amanecer que se pintará de rojo con la sangre de la perversión... la misma sangre lleva grabada el olor al mar'– levantó la vista y sin entender una palabra de aquello emprendió el regreso a su departamento.

Pensamientos vagos, recuerdos perdidos y un sentimiento frío que se apodera de su corazón, Setsuna con su nombre escrito en sangre y su duelo terminado antes de comenzar ahora se quedaba recargada en lo que fueran las puertas del tiempo. Ella lo sabía la guerra estaba por desatarse, el atardecer claudicaba ante la imponente luna, era algo necesario, algo que la naturaleza estaba obligada a determinar y así como el sol claudicaba cada tarde así debía hoy terminar con aquello que hacía centurias quedó pendiente.

Sopló en su mano al polvo divino que le abrió las puertas del futuro, ahora podía ver su destino y el destino deparado para sus amigas de antaño, en esos momentos sintió la fría presencia de ese ser a cuyas órdenes había quedado: Sherin Nepturion, la prima de Neptium, la que ahora exigía derechos sobre la vida de la Princesa Jesseine
- Sherin – murmuró con miedo, era un nombre que no debía ser pronunciado
- Hoy es el día, por fin tendré a Jesseine entre mis manos para repetir la historia...
No se trataba de repetir la historia, no para ella, se trataba de liberarse de las ataduras de la puerta del tiempo, de volver a ser humano y poder complementarse... poder amar con esa capacidad con que lo hacían Haruka y Michiru dejar de ser la inexpresiva Setsuna para convertirse en la humana Setsuan, solo eran sueños, solo ilusiones que se quedaban dibujadas en el aire. Y tan grande era el engaño que quería gritar que era verdad para convencerse a sí misma.

Sherin lucía su uniforme de guerrera de los planetas exteriores, había por azares del destino encontrado la forma de moverse entre las puertas del tiempo, ahora a su merced estaba la propia Sailor Plut no quedaba mucho tiempo para volver a obtener la victoria. Sherin era muy guapa y eso tenía vislumbrada a Plut, tenía una larga cabellera dorada y unos ojos verdes muy parecidos a los de Michiru, era esbelta y con condición física, Plut se enamoraba de ella en secreto de esa forma de caminar , de su forma de gobernar y hasta de eso hoyuelos que en su rostro se dibujaban. Simplemente no podía quitarle los ojos de encima

FIN DEL VIGÉSIMO PRIMER CAPÍTULO... CONTINUARÁ