Autora: Mariel Nightstalker
Please Say Something
N/T: Mil perdones por la demora.
Capitulo veintiuno
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Los Cullen tenían una perdida. Esto nunca había pasado antes, y ahora no sabían que hacer acerca de las repercusiones o de su propia vulnerabilidad. Un vampiro fue sacrificado en terreno enemigo, pero no por un enemigo que cualquiera de ellos distinguirían. Su familia era en extremo cautelosamente civil a todos los vampiros y fenómenos que conocían sobre su especie en orden de evadir situaciones pegajosas como en la que estaban embrollados.
Carlisle fugo la vista de Edgar, sin querer ver su inevitable pináculo de tormento. Hubo casi un sonido húmedo de él abriendo su boca para decir algo, pero la cerró sin hablar. Carlisle se atrevió a echarle un vistazo, justo a tiempo para ver su cara colapsar como un terremoto. Su cuerpo entero se resquebró como una ampliada muñeca desplomada, se deslizó del sillón hacia el piso, donde permanecía todavía.
Estaba tranquilo, y nadie se movió. El único sonido provenía de las oscilantes paletas de un ventilador de mano sostenido en el puño de un turista vagabundeando a través del bosque media milla lejos, y algo húmedo en la garganta de Edgar.
Una delgada oleada de fluido surgió de su boca, y formó una piscina alrededor de su cabeza. Carlisle dio un gran salto hacia adelante, arrodillándose a su lado y con gentileza lo volteó en su espalda para ver lo que sucedía. Los ojos de Edgar estaban vidriosos y las pupilas no estaban, dejando sólo lo blanco. El fluido negro emanaba de su nariz ahora, y podía sentirlo cayendo de sus oídos hacia su mano donde mantenía su cabeza.
-Mierda…- Emmett murmuró, luciendo tan atónito como el resto. No estaban seguros de lo que pasaba, pero los curiosos estremecimientos de los tobillos y muñecas de Edgar no eran una vista consoladora. Las sacudidas se movieron de sus extremidades hacia lo largo de su cuerpo, y muy pronto estaba golpeándose.
Carlisle no sabía qué hacer. Nunca había visto que esto le pasara a ninguno, vampiro o humano.
El líquido comenzó a burbujear de su garganta, de repente su cuello chasqueó hacia un lado y vomitó el fluido sobre Carlisle y Esme, quien estaba arrodillada a su lado en el piso. Se echó para atrás por puro instinto, y Edgar se enroscó en una bolita.
Estaba inmóvil, y olieron algo raro. La parte trasera de sus pantalones estaba oscura, y lucia como sangre, como si hubiera vaciado sus entrañas.
Se miraron unos a otros, no estando al corriente qué hacer. ¿Estaba muerto?
Alice se movió alrededor de su esposa y con gentileza le dio una palmadita a Rosalie en el hombro para que ella le diera lugar. Se inclinó y puso su mano sobre el pecho de él, sobre su corazón. La mantuvo ahí por unos minutos, y luego la removió.
-Él ya no está aquí. Carlisle, creo que de verdad está muerto.
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Había una asamblea para animar al equipo de la escuela el jueves, y algo como una post-fiesta que se iba a mantener por ahí, de la cual los maestros pretendían no tener interés. Todos los estudiantes se apresuraron hacia al cine en la Push para festejar viendo alguna película de estreno, dejando papelitos picados y carteles que recubrían por completa la escuela. Los espumantes vasos de limonada que ellos servían estaban todavía desperdiciándose en el diminuto auditorio escolar como solitarios copos de nieve en la oscuridad de la tarde noche. Con todos fuera en la película o en casa para olvidarse de sus alumnos, esto dejaba a dos buenudos y a Velma para limpiar el gigantesco desastre en la escuela.
Harry estaba en su aula, organizando los papeles para su gran prueba sorpresa que iba a arrojar a sus alumnos el lunes. Dado a que la escuela no tenía cámaras de seguridad y oyó el gruñido del auto del director dejando la escuela hace hora y media, buscó en su cartera su primer suministro de emergencia de whisky. El whisky era muy áspero de tragar, pero se dio vuelta con esto el último fin de semana mientras Hermione estaba comprando una botella de gin y muchas otras más pequeñas de tonic. Ella tenía un gusto ridículo por el gin y tonic, asi que la compensó cuando ella demandó para que consiguieran algo para la casa.
El primer trago ardió, como siempre, pero ya se sentía mejor. Sabía que había aún unos pocos estudiantes en el edificio por ahí, así que mantuvo la botella (que solía ser una muestra de mostaza, pero que él había limpiado) en el piso bajo su escritorio por seguridad. Trató de serenarse, dado a que todavía tenía que caminar a casa y terminar su trabajo antes de eso, pero ,hoy fue especialmente duro y encontró que su autocontrol no estaba en óptimas condiciones. La asamblea hacia los alumnos excitables y propensos a charlas bobas, susurros en clase y gritos en los pasillos. Su cabeza estaba palpitando, y comenzó a tener un tic hace unas pocas horas.
La botella estaba vacía antes de que se diera cuenta, pero tuvo la suficiente energía y empezó a escribir preguntas como loco. Es mejor que esos chicos hayan leído 1984 en profundidad si tienen esperanza de aprobar mañana.
En otro lado de la escuela, Jacob caminaba por ahí con una bolsa de basura en la mano y una mirada disgustada en su cara. Técnicamente su escuela tenía un conserje de limpieza quien se suponía tenía que limpiar el desastre, pero le daban a los chicos con detención la adorable labor de fregar la escuela. Si nadie obtenía detención entonces el conserje limpiaba. Hoy, Embry obtuvo una detención por llegar tarde a tres de sus clases y tenía que estar supuestamente aquí en este momento.
La cosa era que, justo cuando estaba sacando sus cosas de su casillero para ir a ver la película, Embry se deslizo hacia él y se quejó acerca de que su única oportunidad de sentarse al lado de Karen (de quien estaba obsesionado desde 8° grado) estaba arruinada. Fue patético, y Jacob estaba harto de oírle hablar de Karen, por lo que se rindió y se ofreció para cubrirlo, esto quería decir que Embry podía ir al cine, atrapar el próximo asiento a ella, y posiblemente congraciarse consigo mismo de alguna manera.
Esto también quería decir que Jacob pasaría el viernes a la noche fregando la mierda de la escuela.
Sabía que había un maestro en algún lado, pero no estaba al corriente quién era. Si lo supiera, sabría si flojear o no. Si era Ferguson, entonces la jodia no importaba que hiciera. Nigel Ferguson odiaba a todos en la escuela, y todos lo odiaban. Rayos, la entera Reserva lo odiaba. Sus vecinos de seguro lo odiaban también, en esos departamentos de mierda en el que vivía.
Jacob masticó su labio y contempló por última vez el auditorio. No podía ver ningún vaso que había pasado por alto, y todos los papelitos picados no estaban.
Trabajo terminado, cerró la parte superior de su mochila y se dirigió al pasillo hacia la parte posterior de la escuela, donde estaban los contenedores de basura. Ahí fue donde pasó por encima de Vince y la zorra de Klosterman de Forks hace dos años, así que siempre hace un montón de ruido cuando abre la puerta para dar a cualquiera de ahí, tiempo para colocarse la ropa. Contrario a las normas hormonales habituales de la secundaria, él no tenía ningún deseo de ver a sus compañeros desnudos.
Los contendores estaban abandonados, pero se encontró con un par de calzoncillos detrás de un arbusto. Sé encogió de hombros y volvió a entrar, pensando en lo que haría para cenar. Su papá estaría sorprendido de verlo en casa, dado a que pensó que iba a ir con los otros chicos en son de ser solidario con la escuela, por lo que tenía que pensar en una excusa. ¿Quizás podría decir que la película parecía estúpida? Y si se derramaba agua sobre sus pantalones, puede que… no. Eso era tan humillante. Conociendo a su papá les contaría a sus amigotes.
Atrapó una esencia familiar y sus hombros se tensaron. Ahí, al final del pasillo, un vislumbro de una larga y negra pollera desaparecía por el pasillo que conducía a las puertas traseras. Se detuvo, indeciso, por un segundo entero antes de salir disparatado los más silenciosamente posible detrás de ella. Ella estaba caminando hacia las puertas del frente, lento, zigzagueando.
Frunció el ceño. ¿Estaría bien? Ella rengueaba ahora por algún tipo de lesión en la pierna, y él sabía que ella tenía amoratados sus hombros o espalda en algún punto porque se sentaba en una posición rígida a veces. Esperaba que no se hubiera caído y golpeado la cabeza. Y si ella tenía una contusión y fuera a casa y durmiera y no despertara y muriera o estuviera en coma o…
Sus pensamientos continuaron batallando hasta que de un resbalón se detuvieron, en el momento en el que ella se apoyó contra la pared y alcanzó su pollera. Su sangre golpeteaba en sus oídos, y él mantuvo el aliento. Él no podía pensar, y la idea de que quizás no debería estar mirando esto ni se le cruzó por la cabeza.
La mano reapareció agarrando una petaca de color bronce. Le dio un trago profundo, vaciándola. Después de un segundo, cuando ella estuvo allí con su frente contra la pared, levantó su pollera de nuevo y la reemplazo. Ella se rió un poco.
Aire llenó sus pulmones, y lo absorbió con desesperación. Su cuerpo no estaba muy feliz de que no él no respirara.
Ella caminó por un rato más y luego se fue hacia el baño de hombres.
Jake dudó antes de enmendar su mente. Entró al baño y la vio lavándose las manos y luego usar la humedad en ellas para alizar su flequillo, el cual estaba torcido en sus ojos. Se quitó los lentes.
Él desplazó su peso, y ella se dio vuelta deprisa.
-¿Qué estás haciendo en el baño de damas?- Ella preguntó en un áspero, desconcertado tono. Él sin querer estaba excitado y cruzó sus manos en frente de su entrepierna para ocultarlo. Tosió.
-Eh, este no es el baño de damas.- Servicialmente indicó los orinales, y Miss Hall parpadeó.
-Oh… Que vergüenza.
Ella no hizo ningún movimiento para decir algo, así que él se ofreció en acompañarla hacia el estacionamiento. Ella zigzagueaba incluso peor mientras iban, y tropezó en los escalones en tanto descendían al cemento. Él concluyó que ella estaba demasiado borracha para ir a casa a salvo por su propia cuenta.
Ella ni siquiera se dio cuenta cuando él la guió hacia el auto de él, y sumisamente le dejó que la tironeara para entrar. Rodeó el auto, y sintió una extraña sensación de déjà vu mientras ponía el auto en marcha y comenzaba a encabezar el camino hacia su casa. En tanto conducía, la miró por encima, abriendo su boca para fijarse si ella se sentía con nauseas. Ella le gustaba, un montón, pero no la quería vomitando en su auto. Ella estaba cabeceando, su cabeza metida en su pecho. Él mordió su labio, y tentativamente llegó a más. Sus dedos rozaron su mejilla, y ella murmuró dormida.
Cuando llegaron, él la cargó/ sostuvo hacia las escaleras. Al llegar a la parte superior, ella se apoyó en su pecho, suspiró, y entonces se disparó sin advertencias abriendo el seguro de su puerta. Con desesperación Jacob quiso seguirla hacia dentro, pero sabía que eso sería estúpido y una traición a su confianza. Era impensable para él, el imponerse a ella, especialmente ahora cuando estaba vulnerable.
Ella tropezó contra su sofá y se cayó, murmurando.-Ay…
Entró, y cerró la puerta detrás de él. Ayudándola ponerla encima del sofá, caminó hasta su cocina mirando por una taza en la que poner agua.
