Holaa, perdón por la tardanza, pero ya estoy aquí.

Hubieron inconvenientes, así que disculpen los errores de dedo.

Me alegró mucho leer todos sus comentarios, son súper lindos.


—Ya no sé cómo lidiar con esto, Kristoff —se lamentaba la pecosa.

Había decidido salir con su amigo ese día para distraerse de cualquier cosa que involucrara a Elsa o a Rapunzel, la situación comenzaba a desesperarla, ambas parecían buscarla con fervor y cada vez que se encontraban, Anna juraba que querían ahorcarse mutuamente. No decían nada frente a ella, pero cargaban el ambiente de tensión haciéndola sentir incómoda.

El chico estaba tratando de pasarse la hamburguesa antes de responder y también pensaba qué respuesta darle que sonara inteligente para tratar de tranquilizarla. Era consciente de que estas peleas la alteraban, y ni él podía explicarse el porqué del comportamiento de ambas chicas.

—Las dos te quieren mucho, Anna. Al parecer son muy posesivas, eso es todo.

—Yo no soy un objeto —se quejó—. No les pertenezco y no es justo que peleen así para ver quién se queda con mi atención cada día.

—Lo sé, pero eso debes aclararlo con ellas. —Se rascó la barbilla—. Es extraño que Elsa se comporte de esa manera. Ella no suele ser así.

—También me extraña, pero últimamente está bastante… —Se quedó pensando que palabra podía usar—. Atenta.

Él tomó un sorbo de su bebida antes de contestar.

—Tal vez quiera pasar tiempo contigo antes de irse.

— ¿Eh? —Eso la sorprendió y sin darse cuenta su corazón comenzó a latir más deprisa presa del pánico—. ¿Irse a dónde?

—Tranquila, todavía falta tiempo, pero Elsa comentó que estaba pensando postular a una universidad en el extranjero, así que tal vez quiera pasar ese tiempo que le queda aquí, contigo.

— ¿Por qué no me dijo nada de eso? ¿Acaso no confía en mí?

—Es probable que no quisiera preocuparte o provocar que te pusieras triste.

Anna hizo una mueca y bajo la mirada a su bebida. Tal vez Kristoff tuviera razón y la platinada no quiso hacerla sentir mal con su decisión, pero ahora comenzaba a darse cuenta de muchas cosas. Dentro de seis meses tanto Elsa como Kristoff y Rapunzel, saldrían del bachillerato y entrarían a la universidad. Sabía que su amigo quería quedarse ahí y estudiar una carrera en ingeniería. Rapunzel deseaba estudiar botánica, pero no tenía ni idea de lo que Elsa quería y eso que era su hermana. ¿Es que acaso no prestaba la atención suficiente? ¿En algún momento habría expresado sus deseos en voz alta y ella, deliberadamente, los habría ignorado? No, por lo que recordaba, rara vez solía hablar de un futuro en concreto, siempre que hacía alusión a eso decía cosas tales como "salir adelante", "conseguir el título", "lo que se espera de mí". Por lo que la pecosa sabía, Elsa estaba interesada en hacerse cargo del hospital de su padre, pero, ¿cómo planeaba hacerlo? Era evidente que ya tenía un plan y no lo había querido compartir con ella.

—No le des tantas vueltas —insistió el rubio—. Elsa te lo dirá en algún momento.

No, ella no se lo diría, ambos lo sabían, pero Anna agradecía la buena intención de su amigo por tratar de hacerla sentir mejor.

—Sí, supongo que tienes razón —dijo.

Kristoff notó la tristeza de la pecosa, al parecer su conversación no estaba yendo por buen camino y lo único que conseguía era hacerla sentir peor. No tenía sentido el comportamiento de Elsa, no es que la conociera a la perfección, a pesar de su reciente acercamiento, lo cierto es que apenas y sabía cosas muy superficiales acerca de ella, quizá el chico pelirrojo con el que solía pasar tanto tiempo la conociera mejor que él, de todos modos, tener una guerra abierta con alguien no era el estilo de Elsa.

— ¿Por qué te preocupa tanto? Siempre podrás estar en contacto con ella.

—Lo sé, no es eso lo que me preocupa.

— ¿Entonces?

—Es el hecho de que no confía en mí lo suficiente, Kristoff.

—Podrías preguntarle, tal vez podrías empezar la conversación de forma casual —sugirió.

—Quizá, pero será en otro momento. —Recargó la cabeza en sus brazos y poco se le entendió cuando volvió a hablar sin moverse—. ¿Por qué son tan complicadas?

El rubio se rio. Toda esa desesperación de su amiga, la entendía.

—Así son las mujeres, Anna. Lamento decirte que es con eso con lo que lidiamos siempre los hombres.

Levantó la cabeza dando un suspiro. Ya que estaba ahí quizá fuera buena idea contarle de una vez sobre su relación, no quería mantenerlo oculta por más tiempo.

—Oye Kristoff, tengo que contarte algo.

Él la miró con curiosidad y tragó el último trozo de hamburguesa que todavía tenía en la boca, dio un largo trago a su bebida, se limpió las manos y le dedicó toda su atención.

—Te escucho.

—Bueno, verás… Sabes que últimamente he estado muy cercana a Rapunzel.

—Sí, lo sé, ¿qué con eso?

—Quería explicarte porque es así.

—A mí no tienes que darme explicaciones —dijo recargándose en el respaldo de la silla—. Deberías hablar de ello con Elsa, se nota que a ella sí le molesta eso.

—No puedo decírselo —respondió recordando la confesión de su hermanastra sobre su homofobia.

—No entiendo tu actitud.

—Es que... Kristoff, Rapunzel y yo… —Él alzó una ceja, instándola a continuar—. Estamos saliendo.

—Ah. —Se removió un poco en la silla visiblemente incómodo—. Saliendo como… ¿En pareja?

—Sí.

Kristoff parecía procesar lo dicho y no respondió, se quedó viendo su bebida como por medio minuto hasta que Anna fue incapaz de soportar más el silencio.

— ¿Esto te molesta?

Levantó la vista, parecía sorprendido y un tanto avergonzado.

—No, en lo absoluto. Sólo fue un poco… Desconcertante —carraspeó—. Quiero decir, te conozco desde que eras una niña y jamás diste muestras de… Bueno, supongo que esas cosas pasan. Me refiero a que, quizá no me parezca lo más normal del mundo, pero no voy a juzgarte por eso, ella me cae bien y creo que ahora entiendo muchas cosas.

— ¿No estás enojado conmigo?

—Por supuesto que no, Anna. Eres mi mejor amiga, y eso incluye si te gustan las mujeres o los hombres o los dinosaurios. Seguirás siendo la misma para mí. —Sonrió—. Viéndole el lado bueno, hasta podría hablar de chicas contigo.

Ella rio, aliviada de que Kristoff se tomara de ese modo la noticia, por un segundo había entrado en pánico creyendo que la rechazaría por su orientación.

—Lo siento, pero sólo tengo ojos para mi novia.

—Agh, no seas cursi, Anna, la vida no tiene sentido si no te diviertes. ¿De verdad no hay alguien más que te parezca atractiva?

¿Alguien más? La imagen de Elsa saliendo del agua en sus prácticas, o con la ropa que usaba para andar en casa, vinieron de pronto a su mente. Se sintió avergonzada, no sólo por lo sugerente que resultaban los recuerdos de momentos tan inocentes, sino por pensar precisamente en su hermana, aunque claro, era muy atractiva y eso no podía negarlo ni ella ni nadie, pero por supuesto, era evidente que Kristoff no se refería a cualquier persona que fuera guapa, preguntaba más bien por alguien que le causara conflicto, y en esa categoría no entraba la platinada.

¿Y toda esa agitación cuando están juntas? Le recriminó su mente, pero no quiso escucharla.

—No, no la hay.

— ¿De verdad? Porque tienes el rostro rojo, podría jurar que has pensado en alguien.

—No es así, ya cállate.

Eso lo hizo reír.


—Estás en una guerra con esa chica, ¿acaso eres una niña? —la regañó su amigo—. No puedes estar haciendo estas tonterías por más que te saque de quicio. Es ridículo, Els.

Elsa se cubrió el rostro con el cojín, arrebatos así sólo se los permitía en presencia de Hans. Él la buscó después de clase y prácticamente la arrastró a su casa, ahora se encontraban ambos sentados en el sillón, ella recargada y con las piernas sobre el reposabrazos, se abrazaba al cojín que minutos antes usó para contener su berrinche. Hans se limitaba a juzgarla desde el asiento individual mientras mantenía una botella de cerveza en su mano derecha. Le ofreció una a Elsa también, pero la declinó.

— ¡Ella empezó!

—No me vengas con boberías infantiles, se supone que eres la persona más adulta y responsable de todo el bachillerato.

Ella suspiró, Hans tenía razón, no podía rebajarse a ese nivel y todo por su hermana menor, ¿qué le estaba pasando? ¿Desde cuándo le importaba tanto? ¿Le importaba ella realmente o sólo era su ego que no quería perder contra Rapunzel? No estaba muy segura, pero tampoco le daban ganas de averiguarlo.

—Lo lamento. No sé qué me pasa cuando se trata de ella, me despierta un odio enorme e irracional.

—Lo he notado, pastelito.

Elsa lo miró con una ceja alzada y una expresión de desprecio.

—No me llames así, suena horrible viniendo de ti.

Escuchó a su madre diciéndole así una vez y ahora no dejaba de fastidiarla con ello. Él fingió sentirse ofendido por su comentario antes de dar un gran trago a su bebida y soltarse a reír, considerando que era su quinta botella es probable que a estas alturas el alcohol ya hubiera hecho mella en su cuerpo.

—Bien, entonces cuéntame, ¿por qué te importa tanto lo que haga tu hermanita?

— ¡Agh! Cambiemos de tema, no vine aquí para que me hicieras pensar en cosas que no quiero.

Él se volvió a reír por su reacción, pero decidió ser compasivo y preguntar por otros temas.

— ¿Ya decidiste a qué universidad vas a ir?

Soltó una especie de quejido y hundió de nuevo el rostro en el cojín dejándose caer boca abajo en el sillón. A Hans parecía divertirle mucho la situación, aunque tal vez fuera la cerveza, quién sabe. El caso es que, entre más incómoda estaba ella, más alegre se mostraba él, pero cómo no, era estimulante ver a la siempre racional y perfecta Elsa Dagger sin saber cómo controlar todo a su alrededor. Tan raro como ver a un unicornio nacer. Y cada vez se volvía más normal verla perdida, aunque eso no le causaba tanta gracia, era su amiga después de todo.

—Todavía no tengo idea —respondió —. No quiero dejar a papá solo, ni tampoco alejarme mucho de mamá, ni siquiera de Anna, pero la universidad de Carolina del Norte, es la que más me convence hasta ahora.

—No deberías sentirte mal por todo esto. Es tu decisión, Els, quiero decir, tu futuro depende de la decisión que tomes, ¿realmente vas a arriesgarte a quedarte en esta ciudad cuando bien sabes que tu progreso está en otra parte?

—No me lo estás poniendo más fácil, Hans.

—No era la idea —dijo encogiéndose de hombros y bebiendo de nuevo hasta dejar vacía la botella. Habló mientras destapaba la sexta—. Tienes que darte cuenta de todo lo que está en juego, y no tratar de darle gusto a otros.

Ella volvió a sentarse correctamente y miró el techo pensando en las palabras de su amigo. Sabía que el día estaba cerca, pero no quería pensar en ello ahora, lo haría después, lo mejor era separar las opciones con pros y contras, eso ayudaría.

— ¿Podemos cambiar de tema?

—De acuerdo, ¿aceptarás la propuesta de tu madre?

—No. Al menos de eso estoy completamente segura.

No era que no quisiera pasar más tiempo con ella, pero no veía necesario mudarse, estaba a gusto en su casa, con su papá, con Gerda, con Kai, incluso con las noches en las que Anna se quedaba en su habitación, no necesitaba cambiar eso por una rutina incierta, podía pasar a ver a su mamá todos los días y sería como vivir juntas, después de todo, últimamente su padre pasaba tanto tiempo en el trabajo que rara vez se le veía en casa. Se estaba sobre esforzando de nuevo, pero, ¿acaso podía pararlo? Ya era un adulto y no podía darle órdenes.

— ¿De verdad estás segura de eso?

—No necesito que metas dudas en mi cabeza de esto también.

—No me refería a eso. —Sonrió—. Sólo quería saber si realmente es una decisión definitiva.

—Claro que lo es. Incluso quedé de verla hoy y pienso hacerle saber mi decisión.

— ¿A qué hora vas a verla? —preguntó arrastrando las palabras.

—A las seis.

Él revisó la hora en su reloj de muñeca tirando parte del contenido de su botella en el suelo.

—Son las seis.

El rostro de Elsa se ensombreció.

— ¿Qué dices? No puede ser si hace apenas un rato que estoy aquí.

Se había levantado del sillón donde estaba con algo de miedo.

— ¿De verdad no me vas a creer? —preguntó él con una sonrisita sabionda.

— ¡Ay no! —exclamó al ver la hora en su teléfono —. Llegaré tardísimo, debo avisar a mi madre.

—Claro, adelante.

Hans siguió bebiendo mientras la platinada hacía una llamada tratando de explicarse con su mamá. Al parecer la señora estaba preocupada porque escuchó a Elsa disculparse varias veces y tratar de hacerle entender porque todavía no salía siquiera, aunque claro, no le contó nada importante, sólo mencionó algo sobre haber perdido el tiempo sin darse cuenta.

—De acuerdo, aquí te espero —terminó diciendo.

El pelirrojo alzó una ceja ante eso último.

—Le tuve que dar tu dirección a mamá, insistió en venir por mí —dijo.

La verdad es que se lo imaginó al escucharla decirla por teléfono, así que sólo asintió. No le molestaba que los padres de su amiga conocieran su casa, sin embargo, era probable que no le diera muy buena impresión si lo veían con la camisa a medio cerrar, sin fajar, con el cabello revuelto y con una cerveza en la mano, sin contar el hecho de que ya comenzaba a sentir cómo arrastraba las palabras.

—Tal vez sea mejor que yo no salga —comentó parándose del sillón mientras Elsa acomodaba todas sus cosas—. Estás en tu casa.

Lo vio entrar a su habitación y supo que no saldría de ahí. Ese tiempo a solas le dio oportunidad para pensar en todo lo que hablaron, ¿por qué seguía en esta absurda guerra con Rapunzel? Ella no lo necesitaba, después de todo, Anna era su hermana y lo seguiría siendo, ya sólo por eso evidentemente estarían juntas, aunque fuera sólo a la hora de dormir o de comer. Debía admitir que desde que comenzaron con esto, la pecosa le presta más atención, y cómo no, si no ha parado de buscarla y hacerle escenas.

Se tomó el rostro y dio un largo suspiro, todavía no tenía todas las respuestas a sus preguntas y eso nunca le había gustado, por primera vez debía improvisar sus acciones, tratar de encajar en el mundo de alguien más, y eso no lo sentía ni siquiera con Hans que era su mejor amigo.

Poco después llegó su madre y dejó sus pensamientos atrás para subir al coche con ella. Se saludaron con un beso en la mejilla y ninguna dijo nada en todo el camino, probablemente Iduna supiera de antemano cuál sería su decisión y eso le incomodaba, ¿cómo negarse ante alguien que ya sabe que vas a negarte? ¿Cómo decirle que no a su madre?

No tardaron mucho en estar sentadas en la sala de su casa viendo una película en la televisión, Hammer se encontraba aún en el trabajo, de modo que estaban solas y Elsa sentía crecer cada vez más la presión.

—Mamá.

La señora Lunde la miró y le sonrió con dulzura acariciando su rostro con la mano para tranquilizarla pues vio la turbación en su mirada. Supo sin necesidad de palabras lo que hija planeaba decirle.

—Tranquila mi amor, te dije que no pensaba presionarte y que no me enfadaría si al final rechazabas vivir conmigo, no tienes que agobiarte tanto por eso.

Elsa sonrió relajando su expresión. Su madre era asombrosa.

—Gracias, mamá. No quiero que pienses que no quiero estar contigo, yo pienso estar aquí todos los días de ser posible, aunque sea sólo un rato.

Su madre hizo un gesto con la mano para restarle importancia y devolvió la vista al televisor.

—No tienes que hacerlo, pastelito.

Hizo una mueca al acordarse de las burlas de Hans por culpa de ese apodo.

— ¿Qué pasa? —preguntó al notarlo.

—Mi amigo te escuchó decirme así y ahora no para de molestarme con eso.

La señora se rio contagiando a su hija en el proceso. Había conocido al chico hace tiempo y le agradaba, por alguna razón era como si el hecho de que él estuviera cerca de Elsa le sirviera para desenvolverse con mayor fluidez ante el mundo, y la manera en la que se trataban, bueno, le daba la impresión de que ese muchacho era un gran amigo, aunque no fuera precisamente una buena influencia.

Cenó con su madre y Hammer, dejando de lado por el momento todo el asunto con Anna, no necesitaba estarse atormentando con eso todo el día, aunque planeaba seriamente dejar esta absurda guerra con Rapunzel. Hans tenía razón en una cosa: estaba teniendo un comportamiento bastante infantil.

Llegando a casa se topó con quien le hubiera gustado evitar. Su madre la había dejado en la puerta y se marchó por lo que ahora no tenía a dónde huir. La rubia amiga de su hermanita se encontraba de pie frente a la puerta y estaba claro que la pilló justo antes de tocar. Las dos hicieron una mueca de fastidio y Elsa, muy a su pesar, se acercó puesto que no planeaba quedarse toda la noche fuera.

— ¿Vas a pasar o qué?

La chica lo hizo de mala gana. Tampoco planeaba irse sin haber visto a su novia, en especial ahora que sabía que Elsa estaba en casa. Últimamente Anna no se quedaba mucho tiempo con ella y eso comenzaba a desesperarla al verla alejarse sin poder hacer nada al respecto. Ni siquiera sospechaba que la verdadera razón de la pecosa para no estar a su lado no era otra cosa que evitar tales tensiones.

Se quedaron las dos en la sala sin decir palabra. Su nana al parecer no se dio cuenta de que entró alguien o quizás estaba muy ocupada como para salir a darle la bienvenida, y no la culpaba por no querer hacer esfuerzos innecesarios, ya era una anciana y se cansaba con facilidad.

— ¿Está Anna o no? —preguntó por fin cansándose de soportar ese silencio a su lado.

— ¿Acaso no viste que acabo de llegar yo también? ¿Cómo se supone que lo sepa? —respondió de mala gana rodando los ojos.

Eso puso de peor humor a Rapunzel.

— ¿Por qué te molesta tanto que esté con Anna, Elsa? —cuestionó con suspicacia—. No entiendo porque te entrometes.

—Siendo sincera, no me pareces una buena influencia para ella —dijo desafiante—. Prefiero tenerla cerca de mí a que vayas a influenciarla en algo raro.

Le fue imposible a la rubia contener la risa y una sonrisa maliciosa apareció en su rostro.

— Te voy a explicar lo "mala" influencia que soy —comentó de forma casual, haciendo comillas con los dedos—. Anna es m...

El sonido de la puerta las interrumpió y no era otra que la persona por la que estaban discutiendo. Las vio ahí y suspiró sabiendo que tendría que soportar de nuevo la tensión entre las dos, no se explicaba porque estaban ahí.

— ¿Qué pasa aquí?

—Rapunzel estaba a punto de decirme algo importante, ¿no es así?

Anna la miró y vio en sus ojos la intención. Ni siquiera tuvo que preguntarle para comprender qué planeaba decirle a Elsa.

— ¡Rapunzel! —le gritó—. ¡Qué diablos!

—Anna, no me parece justo que siga ignorándolo. —Sonrió.

—Largo, Rapunzel.

Ambas la miraron sorprendidas.

— ¿Ah?

— ¡Dije que te vayas! No quiero verte por ahora, ¿de acuerdo? Estoy realmente decepcionada de ti. —Miró a su hermana esta vez, todavía bastante enojada—. Contigo no tengo opción, pero tampoco te quiero cerca.

—Anna... — trató de explicarse, dolida.

— ¡Nada de Anna! Estoy cansada de soportar estas discusiones. Esta vez cruzaste la línea, Rapunzel y tú, Elsa, eres quien menos esperaría que se comportara de este modo.

Abrió la puerta obligando a la rubia a salir sin darle tiempo ni de despedirse y Elsa la miró confundida, era la primera vez que actuaba de ese modo y se preguntaba si realmente era tan grave lo que Rapunzel quería decirle como para que la corriera de la casa.

— ¿Qué es lo que no quieres que sepa, Anna?

Ella se tensó, pero no contestó su pregunta.

—Ese no es asunto tuyo, Elsa. Sólo olvídalo.

—Pero...

— ¡Que lo olvides! —gritó antes de subir corriendo las escaleras.

Gerda apareció por la puerta de la cocina, atraída por el ruido y levantó una ceja en un claro gesto de interrogación, pero ella no podía responderle, para empezar porque no tenía idea qué estaba pasando.

— ¿La hiciste enojar?

—Yo no... Tengo que hablar con ella.

Subió las escaleras y fue directo a la puerta de Anna la cual había quedado entreabierta cuando entró con tanta prisa. Elsa sólo tuvo que tocar con los nudillos para que ésta se abriera por completo dejando ver a una pecosa sentada en la cama con los brazos cruzados y mordiéndose con fuerza el labio producto del enojo.

—Te dije que tampoco quería verte a ti —replicó en cuanto la vio sentarse en su cama.

—Anna, no me importa lo que Rapunzel quería decirme, si tú no quieres que lo sepa estoy bien con eso y tienes razón, todo este tiempo me he comportado de pésimo modo contigo y con tu amiga. Ya no lo haré más, pero... Perdóname.

Anna la miró largo rato hasta que suspiró y una vacilante sonrisa se posó en su rostro. Dio unas palmaditas al lado de ella y Elsa se acomodó ahí sin decir nada.

— ¿Estás segura de que no volverás a preguntar sobre el tema? ¿No te importa saber que te estoy escondiendo algo?

—No digo que no me importe, pero no voy a presionarte.

Eso la hizo vacilar.

— ¿Por qué viniste a mi cuarto?

—Te lo acabo de decir, quería disculparme contigo.

— ¿A pesar de lo que te dije?

Elsa sonrió dándole un beso en la mejilla que la tomó completamente por sorpresa.

—No me vas a alejar de ti tan fácil, necesitarás algo muy extraordinario.

Sonrió desarmándola por completo.


Respuestas a los reviews.

miguel-puentedejesus: Me alegra que te gustara, espero que siga así :3

missmarvel2000: Bueno, si todo se irá al caño o no, lo puedes averiguar en el siguiente capítulo ;3 ¡Ow! Una Elsa en miniatura, creo que hubiera sido lindo hacer un flashback para verla porque a mí también me suena como una escena encantadora.

Runcatrun: Entonces es una lastima que yo ame las tormentas. Ya el siguiente es el capítulo prometido donde todo "comienza" por así decirlo, aunque la mayor participación de Hans será quizá en el capítulo 25 y en el 28, lo amarás después de eso. Tu pregunta sobre la propuesta de Iduna, ya viste que ella la rechazó, pero yo prefiero no responder xD Nos leemos pronto.

Lizz: ¡Oh! Elsa también es mi crush, me alegra que mi historia te enamorara, me siento halagada y tu Elsanna llegará muy pronto, lo prometo ;3

Chat'de'Lune: Esto era algo que sí quería responder. Hay que tomar en cuenta que Elsa cumplió la mayoría de edad y es, por decirlo de algún modo, el comienzo de sus responsabilidades como adulto. No es favoritismo uwu Uy, las cosas se van a descontrolar en el próximo capítulo mucho más de lo que ya están, aunque la guerra ya terminó aquí, más o menos.

Rapunzel, bueno, quién sabe, tal vez lo ha observado como dices, o tal vez sí es idiota, ambas opciones son factibles.

¡Un enorme abrazo! Y espero seguirte viendo por aquí :3