Disclaimer: Crepúsculo no me pertenece. Me atribuyo la trama solamente; este capitulo en especial va dedicado a tres personitas en especial : Kiara Ortiz de Zarate, Steph y a ti, abue :)

Edades:

Emmett:16

Edward&Alice&Rosalie:15

Jasper&Bella:14


Capitulo 21: Sustos.

Un ruido peculiar perturbó el profundo sueño de Bella. Repasó mentalmente cada objeto en su habitación y el resultado fue negativo: ninguno emitía una vibración tan molestamente palpable. Un recoveco de su cabeza registro que era el sonido de un móvil, pero recordaba haber apagado el suyo la noche anterior.

Se removió incómoda en la cama. Estaba recostada de lado, pero se sentía el nerviosismo recorrerla. Abrió su ojo izquierdo y no dejó pasar que la puerta estaba abierta.

Inusual.

Siempre cerraba la puerta antes de ir a dormir. Especialmente la noche anterior, recordaba haberla cerrado después de lavarse los dientes. La única que entraría a su habitación a esa hora sería Charlotte. Sin embargo, ella se caracterizaba por su sigilo y sus silenciosos pasos; y nunca hubiera dejado la puerta abierta.

Ignoró su paranoia dejándose vencer por la somnolencia; era sábado y sus vacaciones estaban a una semana de tener fin y estaba dispuesta a disfrutar cada segundo. Se dio la vuelta con la clara intención de continuar con su sueño pero había algo que no esperaba ver; no esperaba sentir, mucho menos escuchar.

—Buenos días, Bella —murmuró suavemente.

Bella se desgañitó la garganta profiriendo un grito tan agudo que no había una sola persona en toda la calle que no la hubiera escuchado. Esos ojos verdísimos brillaban de diversión. Bella rodó para quedar viendo al techo. Su respiración era agitada, su corazón se había acelerado. Pero ¿Qué demonios hacía Alice ahí? ¿No estaba en Chicago?

—Mary Alice, no vuelvas a hacer eso —murmuró poniéndose una mano en el corazón.

—Exageras—se burló.

— ¿Cómo diablos quieres que no me asuste si despierto y en mi cama está una persona que debería estar en el otro lado del país?

—Estaba en Chicago, no en Nueva York —contradijo.

—Cállate, Alice.

Puso un brazo sobre su cara, cubriendo sus ojos, tratando de calmarse. Realmente la había asustado. Aunque ya debería estar acostumbrada, cada vez que Alice iba a visitar a su abuela regresaba antes de lo planeado. Su corazón palpitaba con fuerza contra su pecho, espantado.

Alice enterró sus rodillas en el suave colchón retirando el brazo de Bella dulcemente.

— ¿Estás muy enojada? —preguntó, con un deje falso de arrepentimiento. Bella cerró los ojos inmediatamente, sabiendo que si la veía iba a caer en su juego.

—Sí, mucho.

Alice tiró de sus párpados, en un intento de que ella abriera los ojos y le otorgara su perdón absoluto. Bella rió con ganas, zafándose de su agarre.

— De acuerdo, para —ordenó con voz estricta. — ¿Qué demonios haces aquí?

—¡Qué amorosa! —exclamó con el sarcasmo fluyendo en su voz. No se movió de su posición en la cama, aparentemente comodísima. — ¿No te parece que hay algo distinto?

—No —contestó Bella con simplicidad.

Su amiga bufó. Sonrió más, ahora mostrando su dentadura. Bella le encontró un gran parecido con el gato rizón. La observó unos minutos, Alice empezaba a desesperarse.

— ¡Oh! ¡Te han quitado los frenillos!

La sonrisa radiante se había quedado congelada en su rostro, sin posibilidad alguna de que ésta fuera a moverse ni un ápice. Su dentadura blanca era perfecta. Brillaba levemente bajo la ligera luz matutina.

—Impresionante —alabó.

Y es que Alice estaba traumatizada con sus frenillos pues Bella no los había necesitado por más que un par de meses. «La belleza cuesta» le recordaba constantemente, como una pequeña venganza por haber convencido a Renée de que una visita al dentista sería lo más adecuado; había portado un pedazo de metal en la boca por largos meses únicamente por su causa. Internamente se compadecía por su sufrimiento. Después recordaba cuánto había odiado llevarlos y se retractaba.

—Vamos, Hojalata —la instó —. ¿Quieres desayunar?

—Sí, Biblioteca Móvil —le respondió de la misma forma.

—¿Cuándo has llegado? —preguntó casualmente, mientras bajaban las escaleras con una lentitud, casi parsimoniosa.

—Lo que quieres decir es «¿cuándo hemos llegado?» Sólo venimos mama y yo; mis hermanos llegarán después.

—Cállate, Hojalata —ordenó molesta, comprendiendo el trasfondo de su declaración. —Charlotte, ¿por qué dejaste entrar a este demonio? Podría incendiar la casa.

—Creí que te alegraría —puntualizó la mujer. —Además, vino con tu madre.

«Memorándum: Mamá no es de confianza.»

—Alice, ¿que no tienes casa? —le dijo en un tono sincero y sin ninguna intención de ofenderla.

—Es una larga y aburrida historia —suspiró. — ¿Qué tienes para alimentar a esta pobre chica, Charlotte? —preguntó, cambiando de tema radicalmente.

—Robas a mi madre, después robas a mi nana… —murmuró por lo bajo. —¿Qué sigue?

—Tú robas a mi hermano, así que cierra la boca —contraatacó con ironía. Se sentó, graciosa, sobre una encimera de la cocina, doblando sus piernas y descansando sus codos sobre sus rodillas.

Bella no dijo nada. No tenía nada que replicar. Alice monopolizaba la conversación, su vocecilla hacía eco en cada rincón de la casa, como si las campanillas recorrieran la habitación, danzando de arriba abajo.

Pasó horas en aquella casa, que era su segundo hogar. Había tanto de qué hablar, de qué opinar; los temas de conversación parecían interminables: uno originaba otro y éste otro más. Alice hablaba con fluidez, al contrario de Bella, que pensaba dos veces lo que iba a decir. Ellas eran una perfecta antítesis, diseñada para estar juntas.

Caía la tarde y con ella el sol. Las montañas ya eran rojizas; el verano había terminado y ahora la envoltura verde del pueblo empezaba a secarse y a caer al suelo poco a poco, aunque la mitad de las especies resistían el invierno, tan verdes como durante el apogeo de la primavera. Bella reconoció el tintineante sonido que emergía del bolsillo de Alice.

—¡Eso fue lo que me despertó!

—Es Rosalie —la ignoró. —Está aquí. Viene con Jasper —agregó con una sonrisilla tonta.

Rosalie no había perdido una sola oportunidad de decirles que ella tenía la edad legal para conducir. Su BMW rojo era la clase de cosas que no podías evitar dedicarle una mirada de admiración. Incluso en aquella pequeña foto que completaba su permiso, en la que debías mirar al frente, sin sonreír, ella lucía perfecta.

Rosalie tocó el timbre. Detrás de ella, estaba Jasper. Perseguía a su hermana con paciencia, rodando los ojos cada vez que ella hacía algo que, a su criterio era innecesario. Estaba aburrido. Estar con su hermana por dos semanas continuas sin alguien más cerca era, en definitiva, un castigo divino. Sin duda, su semblante mejoró cuando Alice apareció en su campo de visión. Era como si hubiera prendido una lámpara después de una noche oscurísima, en la que creía no volvería a ver la luz. Alice iluminaba cada rincón.

Bella, frente a la puerta, se dio cuenta del pequeño momento íntimo que compartían y se forzó a retirar la mirada, avergonzada por inmiscuirse. No hubo grandes abrazos ni besos desesperados, solamente dos pares de ojos, diciéndose todo lo que sus labios no sería capaces de decir. Era suficiente para que ambos supieran que todo iba bien.

Para ellas, era demasiado común esa situación. Pero Jasper se encogió incómodo, rodeado de chicas, sin posibilidad de escapar. La habitación de su amiga nunca le había parecido tan pequeña. Interrogó a Alice en voz baja, pero ella respondió entre risas, notando su ánimo, que Emmett y Edward deberían estar en un avión aún. Por un segundo, olvidaron que tenían un pequeño y selecto público, mirándolos intercambiar pequeños besos en sus labios.

—Oigan, chicos, no es por arruinarles el momento ni nada, pero he comido suficiente azúcar por hoy —interrumpió abruptamente Rosalie.

La pareja le miró enfadada.

—No le hagas caso —susurró suavemente Jasper en el oído de Alice. —Está celosa. ¿Sabes? Cada vez que se van, Rosalie se pone insoportable. Creo que extraña a Emmett, pero no le digas que te dije.

—Te odiará si te escucha —le advirtió Alice.

—Lo sé, es bastante inmadura.

eres demasiado maduro, hermano —remarcó con un deje de resentimiento. —No pienses que siempre llevas la razón; eres el favorito de mamá, eso es todo. Así que, cierra la boca si no quieres que le cuente a Alice...

—Acabas de terminar con nuestro trato, Rosalie —dijo mordazmente Jasper. Trató de sonar serio pero su intento se vio arruinado cuando se le fue la voz.

Rose rió a carcajadas.

— ¡Jasper ya es un hombre! —rió de nuevo. —Ese es mi hermano —fingió una voz grave.

Bella hacía su mejor esfuerzo para no reír. La voz de Jasper era demasiado pasiva, reflexiva y tranquilizadora, aunque de vez en cuando se veía interrumpida por notas altas.

—Chico grande, dije que no le diría sobre qué no que no lo mencionaría—puntualizó complacida.

—¿Deberíamos hablar? —dijo Alice en voz baja, con cariño.

—Sí, creo que sí—contestó ininteligiblemente.

Asió la mano de Alice y la hizo seguirle camino hacia la puerta. Secretamente, además de desear hablar con Alice, necesitaba salir de esa habitación tan pronto como pudiera.

—Suéltalo ya —exigió Bella desde su cama, haciéndose a un lado para que Rosalie se acomodara junto a ella.

—La verdad es que no lo sé —declaró. Soltaron una carcajada limpia, sonora. —Sólo le dije «sé lo que dirás y si no haces lo que yo te pido lo diré antes». Estaba completamente aterrorizado, pobrecillo. Pero nunca tuve la menor idea sobre qué quería hablar.

—¿Y si quiere terminar con Alice? —aventuró a decir, consternada. —Eso mataría a Alice. Mataré a tu hermano si le hace daño, Rosalie.

—No lo creo —se apresuró a responder. —No tienes idea de la forma en que la extraño. ¡No se despegaba del teléfono!

Su andar no eran esos pasos firmes, seguros y lentos que le caracterizaban. Alice podía jurar que lo había visto tambalearse más de una vez. Ella solamente lo observaba y reafirmaba el agarre de sus manos. No estaba segura si su repentina inseguridad nacía de ella, o era la que Jasper transmitía, emitía por cada uno de sus poros. Había un pequeño miedo dentro de ella, por la incertidumbre. Su única fuente de confianza eran los dedos temblorosos de Jasper entrelazando los suyos.

—¿Quieres un helado? —dijo él, rompiendo el silencio denso.

—Jasper, hace frío —contestó ella con una cariñosa ironía.

—Eh, sí. Olvídalo.

—¿Qué ocurre? —preguntó, comenzando a desesperarse. Su paciencia no era tan grande como de él, y Jasper había rebasado los límites cuando salieron de la casa.

—¿Me quieres? —inquirió repentinamente, haciéndole creer por un segundo que había escuchado mal.

La acera parecía interminable, casi tanto como su sorpresa. Miró al suelo, sin tener idea de cuál sería la respuesta adecuada.

—Más de lo que crees —aseguró ella. —¿Cuál es el punto?

—Curiosidad—afirmó dudoso. Se permitió besar su nariz, haciéndola reír. —Te quiero también Alice. Quisiera que lo supieras.

—Lo sé. Esperaba que tú también lo hicieras.

—Créeme que sí —suspiró. —Discutí con Rosalie, hace unos días. Estaba irritada por la forma en que te extrañaba —.Alice se acurrucó entre sus brazos, para protegerse de la brisa helada que recorría su cuerpo. —Rose puede decir cosas sin pensar y herir a los demás. Ella dijo que si realmente te mereciera no te lastimaría y no estaría usando. No comprendía lo que decía, porque en verdad eres todo. «Ni siquiera son pareja». Y la verdad es que soy un idiota.

Sus dedos trémulos recorrían los largos cabellos negros de Alice, sujetos en una coleta de lado. No se atrevió a decir nada más en un par de segundos; cada instante era trascendente y podría instalar una gran diferencia en su vida.

—No lo eres —desmintió con cariño.

—Lo soy —insistió. —Ha pasado demasiado tiempo desde que te dije por primera vez que te quiero. Pero te lo dije sólo a ti. Por favor, confía en mí, nunca quise herirte. Si nunca te pedí algo más fue porque lo di por sentado; nunca pensé que debería pedirte que fueras mi novia. Era obvio.

—Para mí no es obvio —respondió con un deje de dolor. Se desasió de sus brazos y dio unos pasos atrás. Jasper recorrió de una zancada la distancia que ella se había alejado.

—Es obvio cuando se trata de la única persona que has amado, Alice —dijo cautelosamente, moviendo sus labios despacio. La contemplaba, inseguro de proseguir.

Alice se sorprendió. Él nunca había dicho que la amara, siempre decía que la quería, pero amar era diferente. Su estómago se estremeció y una repentina euforia la invadió. Su corazón había dado un vuelco y ahora latía más rápido de lo que nunca había latido. Trató de controlarse a sí misma, pero la euforia era desmedida.

—¿Estás hablando en serio? —preguntó incrédula.

—¿No confías en mí?

—No. No, sí lo hago. Me parece ilógico pero lo hago.

—Alice, eres la persona más asombrosa que existe —puso un mechón tras su oreja. Ella se ruborizó un poco; y él sonrió. —Por eso me enamoré de ti —aseguró. —Mary Alice Cullen, ¿Quieres ser mi novia?

Alice se quedo muda por larguísimos momentos que se podían malinterpretar. Su mirada estaba perdida en los ojos azulísimos de Jasper, que brillaban con anticipación.

—Eso es un «no»

—No —dijo ella sonriendo, mostrando, sus ahora libres, dientes. —Eso es un «por supuesto» silencioso.

La rodeó con sus brazos torpemente, sin terminar de comprender.

— ¿Qué clase de novio eres? —dijo ella acercando su rostro al de é. Él la miraba confundido —aquí es cuando se supone que debes besarme—aclaró.

Jasper dibujó una sonrisa.

Su contacto era único, especial, ninguno de los dos podría encontrar a alguien mejor. No era la clase de pareja excesivamente cariñosa, era suficiente la presencia del otro, no necesitaban un profundo beso para demostrarse que se querían. Pero este beso era especial, era diferente. Como la consumación de un pacto, el sello del tratado. Un hito sin precedentes.

Dejó sus labios para depositar un beso en su nariz. Había un extraño color rosa en su rostro que, paradójicamente, reía.

Una sutil gota de agua cayó sobre la frente de Jasper y una más sobre la mejilla de Alice. Como si se hubieran sincronizado, alzaron la vista al cielo Las gotas ligeras caían con gracias sobre el suelo y de vez en cuando golpeaba sus caras. Cada segundo se multiplicaba haciendo que pronto una cortina de agua cayera sobre ellos.

Jasper entrelazó sus dedos pero, en lugar de correr hacia alguna parte para guarecerse de la imparable y reciente lluvia, estampó sus labios con los de ella de nuevo.

—Un beso bajo la lluvia —le había respondido semanas atrás después de preguntarle qué era lo que más le gustaría intentar hacer por vez primera.

—Te volviste loco. —Se alejó de él apenas un palmo, ahora con las manos entrelazadas en la nuca de él. —Muy loco.

Jasper no tomó en cuenta su comentario. El cabello de Alice comenzaba mojarse y, aunque después estaría enfadada, no le importó. La lluvia crecía rápidamente, como si alguien hubiera abierto el grifo de pronto. Tomó su brazo y la hizo correr calle abajo, de vuelta a casa de Bella. Las gotas golpeaban su cara con fuerza al igual que sus hombros. Su camisa comenzaba a pegarse a su cuerpo de una forma incómoda, hasta quedar casi traslucida. El tenue rubor de Alice se había acentuada debido al ejercicio. Respiraba pesadamente aunque son cierto ritmo que resultaba eufónico. Sus zapatos se deslizaban por el pavimento empapado, disfrutando de la sensación de la humedad rodearla y teniendo cuidado de no resbalar mientras daba piruetas.

Los rubios cabellos de Jasper, antes ligeramente rizados, se pegaban a su rostro completamente lacios. Había una expresión jubilosa y un tanto zalamera esbozada en sus finos rasgos.

Saltaban sobre los charcos profundos mientras corrían, salpicándose a sí mismos de agua. Sus zapatos, sus calcetines e incluso la mitad inferior de sus pantalones estaban mojados.

—Querida, ¿se divirtieron jugando en el fango? —inquirió Rosalie con sarcasmo cuando se hubieron ubicado dentro de la casa. Jasper disimulaba temblores, a diferencia de Alces, que tiritaba sin cesar, abrazándose a sí misma, aunque no dejaba de sonreír.

—Creo que no los había visto así desde que tenían siete —dijo Charlotte con desaprobación maternal. Rió por lo bajo cuando ellos se disculparon avergonzados. —No quiero imaginar qué es lo que Emmett hubiera hecho. ¡Tendría que limpiar toda la casa! Cámbiense, báñense o lo que sea, pero por el amor de Dios, no se queden ahí.

Jasper y Alice se movían en una especia de coreografía graciosa. Él asentía mientras ella encabezaba hacia la otra habitación y Jasper la seguía.

—¿Adónde creen que van? —volvió a decir Charlotte, ocultando su sonrisa.

—Pero tú…—protestó Alice, tontamente. —Tú dijiste que…

—No, no —dio con firmeza. —Fuera zapatos. Ahora —agregó en un tono amable aunque imposible de desobedecer. Ellos no vacilaron en hacer lo que la mujer decía. —Esos son mi chicos —felicitó, regodeándose del respeto que le demostraban. —Jasper, lavaré tu ropa; anda, niño, muévete.

Rosalie peinaba su cabello suavemente con el cepillo de Bella. Lucía más oscuro de lo normal, debido a la humedad almacenada después de una ducha. Las irregulares ondas se formaban por sí solas, aunque ellas las peinara hacia abajo, tratando de estirarlas. Bella se había acomodado en su mecedora y retomado el libro que había empezado el día anterior. El sonido del agua golpear las baldosas del baño era una especie de música de fondo relajante. Bella esperaba que Alice se tomara su tiempo ahí dentro.

La habitación parecía haber sido volteada al revés; contrario al usual acomodo, había objetos sembrados en cada parte del suelo, al igual que en el mobiliario. Ninguno de éstos pertenecía a Bella.

Junto a ella, en la mesita de noche, estaba un pequeño aparato: el móvil de Alice. Inesperadamente vibró y una pieza alegre llenó la habitación con sus acordes.

— ¿Qué esperas? —le dijo Rosalie, mirándola por el espejo, —Contesta.

Bella, vacilante, tomó el móvil. «Mamá» rezaba la pantalla en pequeñas y estilizadas letras.

— ¿Esme? —murmuró contra el teléfono, una vez que se decidió a tomar la llamada.

— ¿Hola, Bella? —contestó una voz muy diferente a la de Esme, aunque familiar.

—Edward —suspiró. No dejó pasar la sonrisa que bailó en los labios de Rosalie. — ¿Está todo bien?

—Sí, sí, muy bien; gracias por preguntar —trastabilló con nerviosismo. No estaba preparado para escuchar su voz. No era como si no desear verle o hablar con ella, por el contrario, había anhelado escucharla toda la semana.

«Hola, Bella. Sólo llamé para decirte que te extraño y deseaba oír el sonido de tu voz»

No sonaba como la frase más inteligente que pudiera decir en algún momento de su vida; no era ni siquiera una opción lógica.

¿Qué le diría? "Hola, Bella, te extraño muchísimo y sólo llamaba para oir tu voz". No, no era una opción viable.

El silencio hizo acto de presencia. Ninguno de los dos sabía que decir.

—Eh, ¿estás con mi hermana?

—Ella está algo ocupada —respondió mirando fijamente la puerta del baño. Un pequeño hueco de decepción se formó en su corazón pues él no quería hablare a ella. Era una tontería pues, si quisiera hablarle, hubiera llamado a su casa o a su móvil, no al de su hermana.

—Ah.

La incomodidad era casi palpable al igual que los irrefrenables deseos de decir tantas cosas que la llamada nunca terminara, sólo por el placer de oír la voz del otro.

—Saluda a tu abuela por mí —pidió Bella cortésmente.

—Bueno, quizá lo haga el siguiente año que volvamos a Chicago.

—¿Están aquí, han llegado? —dijo, alzando su voz un par de octavas, sin reprimir esa alegría inexorable que la invadía.

—Esme tiene trabajo que hacer; una familia irá a vivir a Forks y adelantaron la mudanza. Tiene mucho que hacer así que volvimos antes. Por ello quiero hablar con Alice. Estamos en Seattle pero hay una tormenta eléctrica y no hay vuelos.

—Aquí está lloviendo —declaró. No pensó en otra cosa más inteligente que decir.

—Bella, ten cuidado. No salgas de tu casa.

—Suenas como mi padre —resopló mientras hacía rodar sus ojos.

La risa que soltó era el sonido más armónico y musical que hubiera oído en mucho tiempo. Quizá en una semana.

—Sólo quiero que estés bien —dijo con seguridad, sintiéndolo más profundamente de lo que ella imaginaba. —Mi madre estaba preocupada por ustedes.

—Estamos bien, no tienen porque angustiarse —tranquilizó con tanta dulzura que era difícil no creerle.

— ¡Muy bien…! —gritó Rosalie para que su voz llegara hasta la bocina.

— ¿Esa es Rosalie? —inquirió.

—Sí, vino con Jasper —confirmó Bella, dubitativamente. Tal y como pensaba, Edward soltó un resoplido de desaprobación.

—Tranquilo, yo los vigilaré por ti —bromeó. —Si tú quisieras a alguien como Jasper a tu hermana lo comprenderías.—le regañó. —Deberías estar feliz de que tú hermana está enamorada de alguien como Jasper.

—Pero…

—Nada de peros. Dale gracias a Dios que no recibe constantes acosos por idiotas—soltó una bocanada de aire, totalmente resignada.

— ¿Quién discute con Bella por mi móvil? —quiso saber Alice cuando terminó su larga ducha. Cerró la puerta del baño en silencio, mientras pasaba sus manos por su cabello, tratando de peinarlo burdamente.

Rose se puso el dedo frente a sus labios, indicándole que guardara silencio.

—Es Edward —susurró.

— ¿Te acosa un idiota? —Edward se sentía aludido, se sonrojó un poco y se alegró de que Bella no pudiera verlo.

— ¿Alguna palabra más adecuada para definir a Tyler Crowley?

Edward suspiró aliviado.

—No, creo que esa está bien —. Bella lo notó nervioso. — ¿Le puedes decir a Alice que llegaremos mañana por favor? Tengo que irme.

—Oh, está bien. Adiós.

—Adiós. Te quiero.

—Y yo —dijo poco antes de que cortara la llamada.

—Más de lo que imaginas —susurró al teléfono de su madre, aunque ella no podría escucharlo. La llamada había terminado y se encontraba a, por lo menos, trescientos kilómetros de distancia de la chica, su mejor amiga, que le había robado el corazón.

Bella se tiró en sus almohadas sonriendo. Lo que no sabía era que Edward tendría la misma sonrisa. «Si supieras que es verdad, que te quiero pero más de lo convencional entre amigos». Su mente gritaba cosas similares haciendo que su corazón se acelerara.

— ¿Qué te dijo? —dijeron sus amigas acercándose rápidamente.

—Nada que les incumba —respondió Bella. —Dijo que mañana regresa, Esme tuvo que adelantar un trabajo. Una familia que se va a mudar adelantó su llegada.

— ¡¿De verdad?

— ¿Qué tiene de especial? —inquirió Rosalie.

—Esa familia tiene un hijo de nuestra edad. Bueno, de la edad de Bella y la mía. Así que, Bella…—levantó su ceja derecha, sugestiva.

— ¿Yo? Rosalie es más linda, a mí déjame en paz.

—No digas tonterías. Tengo un presentimiento y no se trata de Rosalie.

—Alice, la vidente —susurraron Rosalie y Bella.

— ¿Has considerado llevarla a un circo? —le dijo Rose.

—Podríamos cobrar porque les dijera el futuro ahorraríamos bastante para la universidad —contestó Bella. —La llamaríamos «Alice, la vidente con más estilo».

Ambas se carcajearon tan fuerte como pudieron, sobando sus estómagos que dolían después de reír por varios minutos continuos.

— ¡No hablen de mí como si no estuviera aquí!

—Espera, Hojalata, estamos haciendo negocios —se mofó Rosalie.

—Ustedes dos… —amenazó apuntándolas con el dedo. —Pagarán.

—Estamos aprovechando tu único y maravilloso «don» para mejorar nuestra economía—explicó Bella, mirándola zalamera. —Es por el bien de todos.

—No importa—. Alice se encogió de hombros. —Deberás lucir espectacular el primer día de clases. ¡Necesitarás tantas cosas! Te verás maravillosa —le aseguró, armando un plan en su mente sin tomar en cuenta su opinión.

—No quiero verme maravillosa; no quiero tener nada con ese chico, ¡ni siquiera quiero conocerlo!

— ¿Lo harías por mí? —dijo suplicante esbozando una sonrisa alentadora.

—¿Una vez más? —inquirió hastiada.

—Bien, hazlo por Rosalie —cedió, soltando un suspiro.

—Mantengo mi respuesta.

—¿Qué tal por Edward? —sugirió maléficamente.

—Edward no entra en el juego—resopló con desdén. —¿Por qué debería hacerlo por él?

—Porque te gusta —respondieron ambas chicas al unísono.

—Me refiero a que no comprendo el beneficio que tendríamos él o yo —explicó, intercalando miradas entre la rubia y la morena. Ambas permanecieron con una perfecta cara de póker, por lo que agregó: —Y no me gusta.

—Estás completa e irrevocablemente enamorada —aceptó Rosalie.

Bella perforaba con su mirada a las jóvenes frente a ella, decidiendo la mejor forma de asesinarlas.

—Sólo queremos que te note —insistió.

—Podría teñirme el cabello de azul y él no lo notaría —arguyó, rodando sus ojos. Hacía ademanes con sus manos para resaltar la obviedad.

—Por Dios, pasa todo el día mirándote —dijo Rosalie, cansada de la misma conversación.

—Si eso es verdad —sonrió, triunfante —no necesito hacer nada para que me note.

Su risa ligera inundó la habitación, observando la incredulidad de Rosalie y la desorientación de Alice.

—Demonios —dijo Alice por lo bajo. —Lo harás y entonces no le diremos a mi hermano cualquier estupidez sobre ti. Sabes que lo haré.

— ¡Eso no es justo! —exclamó, tensándose de pies a cabeza.

—Por las buenas o por las malas —le dio a escoger Rosalie. —Decide.

—Sólo tengo una duda —dijo después de tomar una gran bocanada de aire. — ¿Es por Edward o por el chico?

El resonar de unos nudillos contra la madera interrumpió su conversación vana. Bella quiso besar los pies de quienquiera que fuera.

—Eso no importa —articuló Rosalie a Bella mientras Alice abría la puerta.

Jasper se introdujo en la habitación vacilante. Bella lo instó a que tomara asiento a su lado en la cama, infundiéndole confianza.

—Tu madre llamó—le informó con cautela. —Está con mi madre y no volverá hasta que la lluvia pare. Dijo que te quería y que, por favor, no salgas de casa bajo ninguna circunstancia.

Ella asintió, con cierto fastidio. ¿Por qué todos pensaban que era idiota? No podía abrir la puerta de su casa sin que un mar se abriera paso hasta la alfombra de la sala, y todos creían que en sus planes estaba ir a dar un paseo.

Había múltiples actividades acogedoras en las que podrían pasar una tarde excelente, pero todas ellas se vieron arruinadas cuando, después de que un rayo atronador cayera sobre el pequeño pueblo, la energía eléctrica se hubiera cortado.

El sol estaba escondido entre las nube, temeroso de mostrar uno sólo de sus rayos. La oscuridad era abrumadora y densa. Lo único que les hacía conscientes de la presencia de otros en la habitación era su respiración y los ocasionales sonidos de sus movimientos. Automáticamente, Alice asió la mano de Jasper.

Bella dio un fuerte suspiro. Podía envejecer años y años pero las noches de tormentas seguían aterrorizándole. La lluvia torrencial parecía no tener intenciones de parar en ningún momento. Recordaba la última tormenta, hacía años, la única que podía compararse con la intensidad de esta.

El calendario había avanzado seis años. Parecía muy lejano aquel diciembre y, con él, el recital de ballet. Bella dormía plácidamente acomodada en su bolsa de dormir en medio de la estancia cuando un ensordecedor trueno hizo eco en las paredes y la despertó. Se estremeció cuando otro trueno sacudió los cristales de las ventanas. Con un suspiro derrotado, se dio cuenta de que no podría volver a dormir.

Tratando de ponerse cómoda, giró su cuerpo hacia el otro lado. Justo frente a ella, estaba Edward en su propia bolsa de dormir. Se sobresaltó cuando vio que él la contemplaba silenciosamente. Le sonrió cálidamente.

—Hola —masculló bajo su aliento.

Bella soltó una risilla ligera.

—Hola —respondió —. ¿Insomnio?

—Algo así—susurró, arrastrando su cuerpo para quedar más cerca de ella. — Vi cuando despertaste. ¿Aún le temes a las noches de tormenta?

Ella movió su cabeza en una negación sutil, con las mejillas ruborizadas. Estaba mintiendo, era evidente. Pero ella no iba a admitirlo. Edward torció su sonrisa. Ella era absolutamente adorable.

—Pienso que sí —rió entre dientes. Estaba lo suficientemente cerca para estirar su brazo y acariciar su mejilla. —Duérmete. Nada te pasará —aseguró con vehemencia. Ella quiso creerle pero no pudo. Era parte de ella y no podía cambiarla.

—Tengo miedo —dijo en voz baja.

—¿De qué? —averiguó, interesado.

—No lo sé —miró a la oscuridad a su alrededor y agregó —: Pero estoy asustada.

»Ahora mismo —prosiguió —extraño a mi abuela. Ella solía pasar sus dedos por mi cabello y cantarme canciones para que durmiera. Dejaba que durmiera a su lado, en su cama. Decía que sólo compartiría ese lugar, el del abuelo, conmigo. Debía que yo era su nieta favorita. La verdad es que yo era su única nieta, pero me hacía sentir querida.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, cristalizando el hermoso marrón de éstos. Sintió con más fuerza de lo que había sentido en meses el agujero que se le formaba en el pecho.

—Lo siento tanto, Bella —consoló. —Ella está bien y no hubiera querido que estuvieras asustada. —Se acercó un poco más y tomó entre sus manos su pequeño rostro ligeramente mojado. —Y yo tampoco quiero.

Como había sucedido antes, sentía su aliento demasiado cerca. Había una clara intención por parte de ambos, una voluntad irrefutable, pero había un miedo que se interponía. Ninguno de los dos podía imaginar que el otro deseaba tocar sus labios con los propios de la misma forma que ellos querían. No creerían nunca que ambos sentían la misma atracción. Bella rompió el contacto visual y cerró sus ojos. Estaba avergonzada de lo que estaba a punto de hacer; de lo que quería hacer.

Sus pequeños labios rosados estaban entreabiertos. Había un palmo de distancia únicamente. Su nariz rozó la punta de la de él y después, sus labios. Un pequeño roce los conectó, haciendo que un extraño sentimiento de gozo se expandiera por sus venas. Había sido el roce más divino que había sentido, pero al final, era sólo un roce.

Antes de que tuvieran oportunidad de aplastar sus labios y moverlos ligeramente, cayó un rayo que sobresaltó a Bella. Por un segundo había olvidado sus miedos. Ese precioso segundo en que él había besado sus labios. Pero, ahora que se encontraban lejos, volvían a abrazarla con fuerza.

Edward la envolvió con sus brazos. Estaba ligeramente asustado de lo que Bella pudiera pensar de su acercamiento, pero lo dejó pasar. Era más cómodo tratar de hacerla sentir bien. Poco a poco, ella se sumió en un profundo sueño una vez más.

Esa había sido la última noche que Bella tuvo las agallas de dormir en la misma habitación que él. A cada sugerencia al respecto, ella evadía la situación. Recordaba su acercamiento y decidía evitar que se repitiera.

Ella en verdad desearía que volviera a ocurrir, pero tenía miedo de destruir su amistad por un enamoramiento pasajero. Ninguno de los dos lo mencionó jamás, como si fuera un tabú. Aunque, secretamente, ambos quería una segunda oportunidad.

Esta vez no era de noche exactamente, pero las nubes grises cubrían cualquier iluminación natural. Era la combinación perfecta para aterrarla. Y Edward no estaba ahí para protegerla. No estaba ahí para besarla. Se corrigió mentalmente, pues lo que había compartido no había sido un beso, sino un acercamiento. Pero había amado ese acercamiento.

Le entristecía pensar que Edward no lo hubiera sacado al tema jamás. Le alegraba por un lado pues no había tenido que dar explicaciones y su amistad nunca hubo corrido peligro; pero por otro, le dolía. No podía significar otra cosa que para él no había sido nada.

No había sido lo que fue para ella. Aunque la realidad era que no lo fue; quizá para Edward hubo significado mucho más.

Bella tembló. Rosalie soltó un lamento: odiaba la oscuridad casi tanto como Bella. Alice se acurrucó al lado de Jasper, aunque no estaba asustada Pero había encontrado una excusa para hacerlo.

«Genial. Estoy encerrado en una casa, a oscuras, con mi novia, mi hermana y mi mejor amiga. ¿Podría algo más estar mal?»

Pero Jasper no sabía que estaba muy equivocado.


Nota original

Una vez más me quiero disculpar, ¡lo siento! Es que el finde que debí actualizar (tonta Lizeth¬¬) tenía examen de mate y el siguiente de inglés, y aqui su servidora no es buena en el colegio. En fin no tengo palabras para disculparme. Ustedes son geniales casi llegamos a los 400, nos flatan 4! Wow, estoy impresionada. Alguien me pidió que le dedicara este cap, disuclpe pero no recuerco quien es. Simplemente no puedo recordarlo, perdón.

Como leyeron arriba, este cap va dedicado a tres personitas mega importantes, primero que nada, a Kiara ORtiz de Zarate, Clara, linda, feliz cumpleaños (retrasado, fue el 3 de diciembre) por eso te lo dedico u.u. También a Steph, mi niña linda ya crecio! Tambienn cumplió años, el 17 de Diciembre. Les desepo que cumplan muchos más preciosas.

Y la tercera persona es mi abuela. Abu, ojalá donde quiera que estes puedas leer esto, o ver cuando lo estoy escribiendo. El recuerdo de Bella, la parte donde comenta que extraña a su abuela, la hice pensando en ti, abu. ¿Pero sabes qué? Bella cree que su abuela es la mejor abuela del mundo, piensa eso porque no te conoció.

Maldita sea, ¿saben lo que duele tener "una cena navideña familiar" y voltear y ver que en la mesa sobra un lugar? ¿que ese lugar jamás será llenado de nuevio? ¿que nunca vas a ver a esa persona potra vez? Pues duele mucho. Es que, Dios, mio, ¿por que se tuvo que ir?

Ahora, en Navidad, sentí el vacío golpearme más que nunca. Era "a punch on my chest". Duele, y mucho. Es parte por lo que no me habia animado a escribir, cada vez que creía tener inspiración, giraba la cabeza y me topaba con esa foto. Tengo una foto de mi abuela y yo cuando yo era más pequeña, ya saben cuando te faltan dientes y usas ese flequillo ridiculo que te preguntas como es posible que te hayas dejado manipular así por tu abrazaba y ella tenía esa sonrisa que no tuvo en los últimos... ¿que? seis meses?

¿Saben qué chicas? (y creo que hay una chico... andrew?) No saben el dolor que el cancer causa. Mi abuela tenía cancer. Tenia años enferma, pero eso fue lo que la mató. Lo que su cuerpo no resistió. Y no saben el resentimiento que crece en ti hacia esa enfermedad, hacia esa falta de cuidado, y no puedes evitar pensar "y si yo hubiera heccho esto" " y si no hubiera pasado esot?" Y si, y si, y si. Pero el "y si" y el hubiera no existe.

Les agradezco a todas su apoyo con lo de mi amiga, definitivamente este año no fue bueno. Hace rato mi mama me pregunto, ¿que te dejo este año? y no le respondí, pero me dejo dolor y vacío. Pero también me dejo vida, vida que hay qprovechar al máximo porque nunca sabes cuando será tu ultimo día. Y me dejo esto: fanfiction . net

Donde encontré lo que me gusta hacer, escribir. Donde encontre a unas amigas esplendidas. Steph, Angie, Lizzie, Clara... entre otras, qeu no las voy a mencionar a todas porqe temo olvidar a alguna, suelo ser ovidadiza. Pero sobre todo a Steph y mi Pato, Fathy.

Así que doy gracias a Dios por poner esta pagina en mi camino y por ponerlas a ustedes en mi camino. ¡vivan la vida como si hoy fuera el ultimo dia!Porqe puede ser verdad.

En otros asuntos menos fatídicos, les digo que... ESTOY DE VACACIONES. Tengo como dos semanas solamente pero podré escribir más. Prometo actualizar pronto, igual y puedo actualizar varias veces por semana (con varia me refiero a más de dos :D) y dejar escritos algunos caps para no defraudarlas. Espero que pueda.

En fin, en Aclaraciones y Dudas les digo: SI, ALICE TIENE EL CABELLO cambiará después, pero recuerden que tiene 14 años, qe chica de 14 años no tiene el cabello largo? Y ¿Quien será el chico nuevo? diganme quien creen! necesito sabberlo a tra ves de sus rr!

por favor *ojitos bonitos* ¿Quien será? Logrará conquistar a Bella? será guapo? será sexy? será mejor que Edward? (eso se puede?) pondrá celosito a nuestro vampiro favorito? Bella caerá en sus redes? descubranlo en el siguiente capitulo: El chico nuevo. Por cierto, en el sigueinte cap, para las seguidoras de Emmett y Rosalie , les tengo una sorpresa! wajajjaa

bueno ya alargué demasiado esto,

las adoro!

Besitos!


Editado. 18.06.11

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LizBrandon