Han pasado más de cuatro meses desde mi última actualización, pido una disculpa pero entre cosas de la escuela y cosas personales me han impedido poder escribir más regularmente. Quienes me siguen por face saben todo eso pero las que no, pues siempre pongo el porqué aquí. Sin más que decir, disfruten éste hermoso capítulo que me hizo fangirlear todo el día.
Disclaimer: InuYasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes.
Advertencias: OoC (posible). Faltas de ortografía que se me hayan pasado.
Viaje al pasado
Despedida agridulce
Kagome no tuvo cabeza para preocuparse por su impulsivo "beso" ya que de pronto se vio asediada tanto por los niños como los adultos, se sintió un poco intimidada pero su sonrisa no desaparecía; saludaba y hablaba hasta que la voz de una de las gemelas llamó su atención.
—Kagome-sama —exigió su atención—, ¿puedo invitarla a comer con mi familia?
Todos callaron sin poder evitar la curiosidad por la respuesta aún no dada, todos los ojos se posaron en la morena, quien se agachó para quedar a la altura de la kitsune, sonrió mientras pasaba las yemas de sus dedos por la mejilla tersa y sonrojada por la pregunta.
—Por supuesto, será un placer —contestó.
Las gemelas festejaron, tomaron las manos de Kagome para jalarla y guiarla a donde vivían; la mayor de las gemelas se volteó para decir:
—La invitación es para ustedes igual, Rin-sama, Sayumi-sama y… —dudó, a pesar de que Kagome les dijera que Sesshōmaru no era tan malo como pensaban aún resultaba intimidante, mucho más para ella que sólo podían apreciarlo de lejos y la imagen que daba era de un guerrero sin miedo a la muerte, bastante aterrador.
La morena vio la dificultad de la niña al querer decir el nombre del Inu, su rostro se dulcificó era tan adorable ese miedo porque ella lo experimentó alguna vez por lo que verlo en alguien más le causaba cierto grado de gracia y cariño.
—¿Sesshōmaru? —llamó ella con una nota de diversión, su mente aún no le hacía recordar su acción anterior por lo que no se encontraba ni un poco apenada.
Él la analizó no parecía en nada alterada, era la humana de ojos brillantes y sonrisa radiante, cosa que desde que llegó y se instaló en la vida de los kitsunes había recuperado, no se parecía en nada a la humana de ojos vacíos y sonrisa sin ánimos, unos segundos le llevó pasar sus ojos en toda su anatomía y por otros segundos pensó que la encontraba aceptable, cosa que desechó rápidamente antes de encaminarse hacia ella, quien abrió sus parpados a toda capacidad al verlo acercarse, ¿no era lo qué quería?
Las gemelas soltaron a la morena en el acto, si su señor venía, iría junto a su señora.
Sayumi y Rin se adelantaron junto a las gemelas, dejando intencionalmente a Kagome detrás, para cuando la morena se percató Sesshōmaru ya se hallaba a su lado, le miró con una suave sonrisa en sus labios pero al momento en que sus ojos hicieron contacto recordó lo que hizo; los colores subieron a su rostro, desvió rápidamente la vista se sentía muy, pero muy avergonzada, ¿cómo se le ocurre hacer tal cosa?, ¿por qué? Bueno, sabía por qué pero no debió hacerlo… por lo menos no tan pronto, ¡Dios!, ¿por qué nadie la detuvo? Aunque pensándolo objetivamente, nadie la detuvo puesto que se supone son pareja…
—Quiero esconderme bajo una piedra —pensaba mientras seguía caminando sin ser consciente de la mirada fija de Sesshōmaru en ella.
Él seguía todos sus movimientos; le resultó curioso el color que tomó su rostro al verlo directamente a la cara, antes le vio sonrojada pero nunca a ese extremo, una parte de él, una muy oculta le gusto saber que podía hacerla sonrojar de tal manera y hacerla temblar sólo por estar cerca, ¿cómo reaccionaría si llegará a tocarla?
Apartó esos pensamientos al ver el rumbo que llevaban, últimamente ese tipo de pensamientos le rondaban, desgraciadamente muy seguido para ser normal, algo ya comenzaba a saberle mal… ¿podría ser qué?
Sus ojos buscaron rápidamente a Sayumi, al parecer todo seguía igual pero a él no se le escapa nada y la vio más viva, como si a un dibujo en blanco y negro le pusieran color, sólo así podía describirlo; Sayumi se fortalecía y sólo una cosa podía hacerlo.
Su concepción.
Kagome tomando todo el coraje que pudo dirigió sus ojos a él, se sorprendió al verlo tan centrado en Sayumi, ¿algo pasaba con la niña? Pero por más que buscaba algo anormal no encontraba nada, se veía feliz, muy feliz y eso puso una sonrisa en sus labios pero la duda seguía en ella.
—Sesshōmaru —llamó suavemente como un suspiro—, ¿pasa algo con Sayumi?
Él volvió a centrarse en ella, le parecía increíble que pudiera percatarse de eso, vio su sonrisa e igual la preocupación en sus ojos, tuvo el impulso de pasar sus dedos por su mejilla, el día que limpió sus lágrimas descubrió lo suave que era su piel, pero supo manejarlo y contrajo sus dedos.
—¿Sesshōmaru? —Ahora si estaba preocupada y él lo notó, su falta de respuesta parecía haberla asustado.
—Ella está bien.
—Pero-
—Deberías preocuparte más por ti —interrumpió.
—¿Qué-?
Pero antes de poder formular una pregunta completa, se tropezó con una irregularidad del suelo pudo caer de bruces sino hubiera sido por él, quien giró medio cuerpo para atraparla. El calor de los dedos de Sesshōmaru en su cadera le ruborizaba y quemaba, ¿cómo podía ser tan torpe?
—Tal parece que siempre termino por caerme —suspiró mientras se reincorporaba con una suave tono rosado en sus mejillas—, gracias por atraparme siempre.
Sesshōmaru no respondió nada, sutilmente le ayudo a ponerse de pie.
Kagome una vez recuperada de su metedura de pata, literal, se acomodó sus ropas al dirigir su mirada al frente notó que las niñas les llevaban una gran ventaja, no queriendo quedarse atrás tomó la manga del traje de él para apresurarlo, quienes vieron tal acción sólo sonrieron, hacían una muy bonita pareja.
Pero alguien que los veía, no podía dejar de hacerlo.
—Kitzuna-sama aquí están las hierbas.
Ella tomó el canasto que uno de los pequeños le tendía mientras le agradecía aunque su mente no se centraba bien, sino que aún se mantenía en la pareja que se retiraba, definitivamente se veían muy bien juntos.
—Sef tenía razón.
—Casi siempre la tengo, Kitzuna, ¿ahora qué fue en lo que acerté?
Kitzuna bufó divertida al oír su voz tan cerca, él siempre era cauteloso y silencioso, ladeó un poco su rostro para encontrar el contrario que le miraba con diversión.
—Sobre ellos —señaló con la cabeza a la pareja que se alejaba—, Sesshōmaru si la quiere… de una forma extraña y distante, tal vez, pero la quiere.
Sef sonrió antes de que sujetar el canasto con las hierbas medicinales para cárgalo y dejar las manos de Kitzuna libres, quien le miró con molestia al ver el canasto fuera de su alcance, él le guiñó un ojo.
—Te lo dije —murmuró mientras le indicaba que le siguiera, en una dirección completamente diferente a la de la pareja, la kitsune se situó a su lado esperando que continuará—. Sesshōmaru gira en torno a ella y viceversa… es como los girasoles, una vez encuentran el sol no lo dejan hasta que éste deja de brillar y creo que Kagome nunca dejará de brillar.
Kitzuna rió suavemente dejando que Sef acariciara su muñeca con delicadeza.
—Ven, vamos a comer, Renard y Kitto ya se adelantaron. Creo que oí por ahí que está algo ido por un beso de broma de la princesita.
La de ojos carmesíes soltó una carcajada de alegría pura, en su mente pasaban las imágenes de lo que pudo haber sucedido, de antemano sabía que Renard era tímido y que esa simple acción lo debió dejar del color de sus ojos. Rojo. Un rojo de vergüenza y felicidad.
—Debe querer ocultarse y nunca salir, es tan lindo.
Sef ocultó una sonrisa que dejó salir segundos después, adoraba a Kitzuna con toda su alma.
—Intenta no mencionarlo frente a él, creo que algunos de los maestros de Sayumi le burlaron… un poco.
La risa siguió brotando de los labios femeninos.
—¿Ellos te lo informaron?
Él asintió.
—Era el informe diario de Sayumi para Sesshōmaru-sama, pero estaba algo ocupado con Kagome-sama así que lo pasaron a mí para que se lo comunique más tarde.
Ella dio su aprobación a la acción del guerrero, si por ella fuera habría hecho exactamente lo mismo, nunca podría romper tal hermosa escena, fue simplemente… perfecta.
Kagome cayendo y Sesshōmaru sujetándola, sí, perfecta.
—¿Kitzuna? —No recibió respuesta alguna pues tal parecer que su mente volaba lejos de su alcance, negó sutilmente, cuando ella se perdía entre sus ensoñaciones era difícil hacerla volver pero era una de las cosas que amaba de ella.
Siguieron su camino en silencio, con las manos entrelazadas.
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El día se encontraba bastante avanzado cuando Sango pudo reincorporarse sin temer que volviera a desplomarse en el suelo, sus manos aún temblaban por haber sido la causante de que Shippō se encontrará herido e inconsciente.
Miroku alzó la vista al oír el murmullo de ropas, él intentó levantar a Shippō para curar sus heridas que la castaña se lo prohibió tajantemente y como no quería hacerla enojar más accedió, por lo que se sentó de tal forma que se proyectara su sombra directamente en Shippō aunque eso significase que el sol cayera fuertemente contra su espalda; la miró atentamente.
La mujer se volteó para ver a Miroku que no le quitaba la vista en ningún momento, se sintió apenada, al reflexionar sobre su actitud supo que pudo haber exagerado, su prometido sólo quiso hacerle ver la realidad.
Shippō acabaría herido.
Y ella no iba a poder intervenir, no porque no quisiera… sino porque no debía hacerlo.
Maldito orgullo de hombre y guerrero.
—¿Sango? —Tanteó al ver que no se movía, tan sólo lo miraba y comenzaba a incomodarse.
—Sigo pensando que eres un idiota pero te entiendo.
Miroku sonrió, se levantó y le tendió la mano aunque ella dudó un poco al principio acabó por cruzar los metros que le separaban, al momento en que sus dedos se tocaron se sintieron felices, sabían que estaban hechos para vivir juntos como si estuviera escrito desde tiempo atrás.
—¿Qué harás ahora? —preguntó apretando suavemente sus dedos, no queriendo dejarlos ir.
—Lavaré sus heridas, pueden curarse rápido pero la sangre no se desvanece por magia —murmuró mientras se soltaba suavemente—. Tráelo, por favor.
Miroku acató la petición con una suave sonrisa, Sango se dirigió al río. Las manos toscas del monje tomaron con delicadeza el pequeño cuerpo para poder trasladarlo hasta el agua, al llegar a la orilla y detenerse para pasárselo, se congeló, literalmente hablando.
Muchos podría decir que al ser Miroku era imposible que se sonrojara al ver a Sango con la falda y las mangas remangadas, no cuando siempre demostraba lo contrario.
Sango encaró una ceja al ver la tensión del cuerpo masculino, ¿acaso se estaba sonrojando? Se preguntó al verlo desviar su mirada, evitando seguir observándola.
Logró conservar la carcajada dentro de su boca, es simplemente incoherente y divertido, ¿cómo el mayor pervertido no podía ver sus piernas? Irónico. Completamente irónico.
—¿Sucede algo, Miroku? —picó con picardía.
Él tragó un poco de salivar sin dignarse a mirarla.
—Nada.
Ella ahora si rió, no podía creerlo, era simplemente imposible, Miroku no podía verla por tener descubiertas sus piernas, ¿quién se lo hubiese imaginado? Le hizo una seña para que le pasara al niño.
El hombre inhaló antes de estirar sus brazos y entregarlo, él no era ningún santo, eso era muy claro pero tratándose de Sango, la cosa cambiaba. No dudaba que todos, hasta la misma Sango, creyera que le gustara tocar su trasero o verla desnuda por simple deseo o por pervertido. Al principio quizás fuese cierto pero desde que se volvió su prometida, cambió, él ya no podía verla simplemente como una mujer, ella era su mujer. Ese simple hecho lo hacía más vulnerable hacia ella, tal vez por eso le costara un poco más verla aunque no significara que hubiese dejado de molestarla.
—¿Dónde está el pervertido que siempre pone la mano donde no debe?
Él sonrió cuando la vio guiñarle un ojo, así que clavó su báculo en la tierra para hacer lo mismo que su prometida, arremangarse las mangas y la parte baja de su ropa; mientras él hacía eso, Sango desvistió a Shippō dejando las ropas en la orilla.
—Está esperando a que su prometida no intenté matarlo cada vez que lo hace —replicó divertido.
Se acercó para ayudar a Sango a limpiar al pequeño, los moretones y rasguños ya no se notaban, sólo les tocaba quitar la sangre seca de su cuerpo a penas terminaron le sintieron removerse, se despertaba.
La castaña se apresuró a volver a la orilla para sentarse y ponerlo en su regazo, Miroku se posicionó a su lado para pasarle las prendas de Shippō, cuando estaban por terminar él abrió por fin sus parpados, algo aturdido y desorientado.
—¿Sango? —preguntó alzando su brazo.
Pero no fue la mano de la nombrada quien tomó la contraria sino la de Miroku.
—Hola, campeón, ¿te sientes bien?
—¿Miroku? —sus ojos se enfocaron en la cara del hombre para luego pasara a la de Sango, cerró los ojos unos momentos para poder recordar que había pasado.
—¿Shippō? —Está vez fue Sango.
—Estoy bien —murmuró antes de volver abrir sus ojos—, creo que fue mala idea entrenar.
El azabache negó para soltar su mano y seguidamente acariciar sus cabellos.
—No fue mala idea, sólo que no deberías empezar de manera tan brusca y —le lanzó una mirada a su prometida que intuía lo que iba a decir bajó la cabeza—, Sango debió habértelo dicho.
Antes de que la castaña pudiese defenderse, Shippō intervino.
—No —dijo atrayendo la atención de ambos adultos—, Sango no tiene culpa alguna, sólo hizo lo que le pedí.
Los ojos de ambos adultos se encontraron y al mismo tiempo embozaron una sonrisa.
—Si es así —siguió el monje—, ¿aún quieres seguir o es todo por hoy?
Shippō estuvo a punto de decir que continuaba pero al intentar moverse todos sus músculos se contrajeron de dolor, sus heridas pudieran curarse pero el dolor del golpe seguía intacto, se dejó caer completamente en la castaña, quien le sostuvo con cariño.
—Creo que mañana suena más bonito —replicó acomodándose en los brazos contrarios que le proporcionaban calidez.
—Me parece una decisión correcta —alabó Miroku antes de levantarse y ayudar a la mujer para que no se moviera tanto—. Mañana ya te habrá recuperado y si no, pues te servirá de recordatorio.
Sango le lanzó una patada su pantorrilla y al estar con la guardia baja logró desestabilizarlo, esa era la razón por la que en esos momentos Miroku se encontrará en el suelo arrodillado.
—Sí, servirá de recordatorio —se burló al pasar por su lado—. Trae mi boomerang.
El monje se quedó unos momentos de esa forma hasta que un leve tirón en su ropa le obligó a bajar la vista y encontrarse a Kirara, quien le incitaba a apresurarse.
—¿Tu amiga es algo agresiva, sabes?
Si Miroku pudiera entender al mononoke apostaría a que el sonido que hizo era una risa, dando su apoyo a lo recién dicho. Se levantó para tomar el arma y estiró el brazo para que la yōkai pudiera subir a su hombro.
—Vamos, Kirara, o Sango nos gritará.
Mientras seguían a la mujer que hablaba con el pequeño sobre algunas técnicas, ninguno se percató de la presencia que se escondía en uno de los árboles cercanos al río.
InuYasha tenía la espalda completamente pegada a la corteza rugosa del árbol, no se movía sólo estaba ahí, llegó al mismo tiempo que Miroku, se sorprendió al ver al pequeño Shippō intentar batallar contra Sango, al momento supo que quedaría mal herido. Era pequeño, sin preparación guerrera, sólo la voluntad contra la experiencia. Lo que le dolió a InuYasha no fue ver al yōkai inconsciente después del golpe sino el hecho que le llevó a la decisión de querer entrenar.
Y lo peor, él ya no participaba en la vida de Shippō. Era un cero a la izquierda. Ya no era una figura en el grupo.
Apretó sus dientes, no quería aceptarlo. Antes hubiera estado bien, era solitario y borde, no necesitaba amigos ni aliados, el podía solo pero… no ahora, no cuando descubrió lo que la palabra amigo significaba, no cuando ya experimentó la sinceridad de un palmada en el hombro, la calidez de una abrazo y la alegría de acampar al anochecer.
No.
No.
No.
Él los necesitaba. Necesitaba a sus amigos. Y para hacerlo necesitaba comenzar con dejar atrás el pasado.
De un salto ágil bajó del árbol, sus pies le guiaron el aroma de Kikyō, no estaba lejos.
Kikyō se detuvo al sentir la presencia de InuYasha acercándose, era extraño, normalmente siempre la observaba de lejos, ¿qué habría pasado?
—Kikyō. —Llegó y ella volteó.
—¿Qué sucede? —preguntó, no quería entretenerse mucho debía alimentarse o en poco tiempo su cuerpo dejaría de moverse.
—Me he equivocado.
Los ojos de la mujer brillaron con recelo, algo en su tono de voz la puso en guardia, ¿quería decirle que se fuera? No lo permitiría; pero antes de poder decir algo, él se le adelanto.
—Me aferre a ti todo el tiempo, aun cuando conocí a Kagome —miró directamente a Kikyō, quien se sobresaltó ligeramente—. Intenté seguir cuando Kaede me informó de tu muerte, pude haber tomado la mano de Kagome pero no lo hice, tuve miedo… entonces esa bruja te trajo de vuelta y preferí ir por ti. Creo que no soy tan valiente como creí, no quise intentar algo con Kagome porque significaría volver a empezar de cero pero contigo el camino ya se hallaba hecho y-
—Por eso me buscaste —completó la sacerdotisa, ella sabía, siempre lo supo; tal vez no al principio pero era buena observadora por lo que no le costó nada enterarse de los sentimientos del hanyō.
Desvió lentamente sus ojos de los contrarios dorados que tenían una expresión de dolor pero llenos de determinación abrazadora, tenía una idea de lo que sucedería a continuación, estrechó levemente sus parpados, no le sorprendía iba a pasar, ella llevaba esperando ese momento desde hace mucho pero llegaba en el momento menos indicado.
—Kikyō es momento de dejarte ir de mi presente. No puedo decirte que te marches del grupo pues nos estás ayudando a recuperar los fragmentos para poder traer a Kagome de vuelta, pero una vez ella vuelva le entregaré por completo mi corazón.
Pasaron unos segundos sin respuesta por parte de la sacerdotisa que tenía su mirada perdida en el vasto cielo, hasta que de un suave movimiento volvió a juntas sus ojos, InuYasha se estremeció inconscientemente al ver lo vacío que lucían sus ojos pero apretó los dientes, no iba a dar marcha atrás su decisión, Kikyō debía aprender a entenderla.
Pero los pensamientos que rondaban a ésta no eran cercanos a los que él pensaba, a ella sí le dolía, no lo negaría pero lo que preocupaba e inquietaba era que Kagome ya tenía su corazón completamente lleno de alguien que no era InuYasha… él se rompería.
—Y —InuYasha prestó atención al ver que quería responderle—… ¿y sí Kagome ya no quiere tu corazón?
—Sé que no confiará en mí fácilmente —reconoció—, pero yo haré que su amor por mí vuelva a renacer. Así que a partir de ahora, Kikyō, mi mente sólo se concentrará en reunir los fragmentos que faltan —con eso daba finalizado su conversación, dio media vuelta pero se detuvo unos momentos, debatiéndose entre decirlo o no, al final prefirió decirlo se volteó levemente, Kikyō no se había movido ni un milímetro—. Gracias por tu amor, realmente quise ser un humano por ti y compartir mi vida junto a la tuya.
Una lágrima bajó por el rostro de barro, pero fino y suave al tacto, una lágrima de angustia y dolor que no fue visto por el contrario que ya seguía su camino.
—Creo… que es demasiado tarde.
Y comenzó a caminar, sin rumbo, ya no se acordaba que necesitaba alimentarse.
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—Kaede-sama.
Una niña exigió la atención de la amable anciana que se encontraba sentada al pie de las escaleras que llevaban a la tumba de su hermana, desde hace algunos días la sensación de que algo ocurriría no se iba de su pecho y además de que un constante dolor punzante le aquejaba la mayor parte del tiempo en su corazón.
—¿Qué pasa? —preguntó sonriéndole.
—Últimamente suspira mucho —reprochó la pequeña—, mi mamá dice que no es bueno suspirar mucho, roba la alegría.
Una sonrisa brotó naturalmente al oír las palabras de la menor, era tan inocente pero intuitiva, niños así eran una luz y esperanza en el mañana.
—Entonces será mejor que ya no lo haga —aceptó Kaede.
La niña asintió con energía hasta que recordó porque había ido a ver a la sacerdotisa.
—Kaede-sama, Kaede-sama, ¿cuándo volverá Kagome-sama? —preguntó con un puchero—. Hace tiempo que no nos enseña esas cosas raras que trae de su mundo.
Y esa misma pregunta es la que aquejaba a la anciana, ya eran mucho tiempo desde que partieron, nunca había tardado tanto en volver, sobretodo Kagome. Ella se mantenía muy pendiente de su familia y que ahora no volviera se le hacía muy raro; y todo lo que podía imaginar para que no volvieran no le gustaba nada.
—Pronto —replicó sin estar segura de su respuesta—. Muy pronto.
Un grito de felicidad salió de la pequeña boca imperativa pero al dar un saltó por la emoción pisó mal, se resbaló; Kaede al intentar atajarla se levantó con rapidez y bruscamente pero tuvo que detenerse al mitad del camino cuando ese punzante dolor se convirtió en uno agudo y contundente, se apretó la parte donde le dolía, justo en el corazón, su vista se volvió errática.
—¡KAEDE-SAMA!
Ese grito alertó a los aldeanos que se encontraban a los alrededores, acudieron en el acto llevando algunas armas u objetos que pudieran hacer daño pero en vez de encontrarse algún monstruo lo que obtuvieron en su lugar fue a su sacerdotisa en el suelo gimiendo de dolor.
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Kagome y Sesshōmaru junto a las niñas regresaban a la cueva principal, Sef y Kitzuna les habían ido a buscar porque la noche comenzaba a caer.
—Niñas tengan cuidado —Kagome intentaba detener a las infantes que corrían para ver quien llegaba antes—. Sayumi ve que Rin no se lastime —tuvo que ceder al ver que no le hacían caso.
Sesshōmaru caminaba con lentitud, observando que la morena seguía su paso, ni más atrás ni más adelante, exactamente a su lado era curioso, antes no lo hacía o más bien siempre rondaba a las niñas, cuidándolas. Ahora no.
—No tienes que caminar a mi lado, ve con ellas.
Kagome se sobresaltó, sus ojos miraron los dorados sonrojándose en el proceso y apartando suavemente la mirada, como una muchacha en su primera cita.
—No. Me gusta caminar junto a ti —reconoció avergonzada, sentía un cosquilleo en sus labios al decir esas palabras, no es que le diera pena, es decir, era una persona alegre y que gustaba de hacer felices a las personas y nunca le costaba decir las cosas; el problema era a quien se las decía, a Sesshōmaru—. A menos que te incomode mi presencia.
Él apartó la vista de Kagome para estar pendiente del camino, no le respondió pero a pesar de eso ella sonrió, entendiendo, ahora entendía sus silencios y era feliz.
"No me molesta".
Siguieron su camino con Sef y Kitzuna cerrando la comitiva, ambos iban sin prisas, la yōkai ya se había despedido de Renard y Kitto.
La kitsune por cada minuto que pasaba se tensaba, a pesar de las tranquilizantes palabras de su pareja en la mañana, ahora, acercándose el momento el temor iba mellando su ser.
—Kitzuna —ella se estremeció al sentir el aliento de Sef en su oreja—, calma; sé que es intimidante, hasta a mí me hace temblar pero tienes una misión, no te salgas de eso, concéntrate en ella. Además eres buena amiga de Kagome-sama, si algo te pasará se pondría triste y lo que menos quiere Sesshōmaru-sama es herirla de alguna manera. Así que ánimo, amor.
Ella rió antes de ladear su rostro y depositar un beso en el pómulo contrario con dulzura.
—Las palabras exactas en el momento exacto —murmuró al pasear ligeramente sus labios en la piel de él—. Tramposo.
El sonrió con suavidad al rodear su cintura y apresarla con su cuerpo.
—Lo sé. Ahora, vamos.
Sef la dejó ir sin embargo no completamente pues uno de sus brazos quedó sobre su cadera, en un gesto de ánimo y por qué no, de posesividad.
Un grito alerto a los adultos, Kagome se adelantó enseguida al captar a Rin en el suelo pero antes de alcanzarla, Sayumi ya le ayudaba a levantarse, las risas lograron detener a la morena y que el ceño fruncido se fuera para dar paso a una sonrisa. Traviesas, es lo que pasó por su mente.
Kagome al verse ya adelantada optó por seguir el camino y no retroceder.
—Mujer.
Se detuvo enseguida, sabiendo quien le llamaba; Sef y Kitzuna se apresuraron a retirarse del lugar, el kitsune tenía la impresión de que su señor no los quería en ese momento, se alejarían lo suficiente para no oír la conversación pero lo suficientemente cerca para cuando diera la señal de que era el momento de dejar ir a Kitzuna.
—Kagome, Sesshōmaru —dijo mientras se volteaba con una sonrisa—. Es Kagome.
—Ven.
Un estremecimiento le recorrió completa, acentuándose en su estómago y piernas, pero antes de que su cabeza pensara en ir, sus pies ya se encontraban yendo a su encuentro, se sorprendió el poder caminar sin que sus piernas le fallasen. Se detuvo a un metro, no teniendo el valor suficiente para acercarse más.
—¿Paso algo? —preguntó con ojos atentos y mejillas ruborizadas.
—Me marcho.
En esos ojos atentos una sombra se cruzó, ¿se marchaba?, ¿era por ella?, ¿acaso Kikyō tenía razón? Su amor estaba destinado a fracasar. El dolor inundó sus pupilas y sentimientos pero tragándose la amargura de su boca, habló:
—¿Te vas?, ¿por qué? —preguntó.
¿Acaso es por mí? Pero esa pregunta sólo resonó en su turbia mente. Nunca se atrevería a pronunciarla, mordió sus labios pues no tenía esperanza de que le contestara, nunca le daba explicaciones.
Sesshōmaru no tenía porque responderle, no tenía la obligación de hacerlo.
—Debo atender unos asuntos, volveré en unos días, no pasará de una semana —aclaró.
—¿Puedo ir contigo? —Su voz pendía de un hilo, parecía que en cualquier momento se rompería.
Él notó su estado, parecía que se quebraría, ¿tanto le afectaba que se marchara? Las palabras de ese cadáver andante, ¿eran verdad? La humana se… ¿encontraba enamorada de él?
—No —replicó.
Kagome bajó la mirada, tal vez, era momento de marcharse.
—Claro —murmuró algo dolida, dio unos pasos para atrás—, entonces ten un buen viaje, yo-
—Te quiero aquí —le interrumpió sin dudar—, necesito que cuides a las niñas mientras estoy fuera, ¿puedes hacerlo?
Asintió sin confiar en su voz, por unos momentos su corazón se detuvo al oír las palabras "te quiero", fue un pequeño shock y era la primera vez que le confiaba a las niñas, su mayor tesoro
—Te las encargó.
Sesshōmaru cerró toda conversación al darse la vuelta, Kagome tuvo sentimientos encontrados, sabía que era necesario que se fuera, porque debía atender sus asuntos pero sentía que al irse algo se cerraría, no sabía que sólo lo sentía… no podía dejarlo marchar así, si Kikyō tenía razón y su amor no va hacer correspondido no quería no intentarlo.
Dio un paso.
—Sesshōmaru.
Él ladeó el rostro pero al instante giró todo su cuerpo al percatarse de la morena yendo hacia su persona, su cuerpo reaccionó al movimiento de ella era ya algo natural.
Kagome no iba a detenerse ahora, ya no, no al verlo girarse de nuevo para ella esa era su señal; atravesó los metros que él hizo para tomar las mangas de su traje a la altura del brazo, ya no había vuelta atrás así que jalando la tela para abajo y alzándose de puntas logró su objetivo, depositó un beso en la mejilla de él.
—Ten mucho cuidado —murmuró al separarse, deshaciendo el agarre de su mano derecha para subirla y posarla en su mejilla—, te —se mordió el labio antes de seguir—… estaré esperando.
Sesshōmaru apartó la mano que temblaba junto a su pómulo, temía a su reacción pero eso no le impidió hacer lo que hizo, al rozar las yemas de sus dedos para apartar la mano impetuosa, le sintió estremecerse, por eso no hizo algo brusco sino que la jaló hacia abajo, obteniendo una caricia suave sin proponérselo.
Kagome le miró buscando algún signo de rechazó pero no halló nada, sólo unos ojos dorados que le devolvían la mirada con su acostumbrada seriedad y su mano aún siendo apresada por una más grande y fuerte, ¿podría guardad la esperanza de que sus sentimientos fueran correspondidos?
No hubo más palabras antes de que él se volteara, lo que sí, fue que antes de soltarla completamente sintió un apretón y no evitó la sonrisa que invadió su boca.
Oyó los pasos acercarse, Kitzuna apareció en su rango de vista antes de sonreírle y abrazarla, susurrándole con delicadeza: Cuídate. Luego se perdió en el mismo camino que Sesshōmaru, por un momento se encontró confundida hasta que una voz profunda y varonil respondió sus cuestiones como si hubiera leído su mente.
—Kitzuna sabe lo que busca, Sesshōmaru-sama, le guiará en el camino.
Sef tenía una sonrisa en su boca para transmitirle ánimos.
—Ya veo —musitó.
Al enterarse no se sintió intranquila, sabía perfectamente lo que su amiga profesaba a Sef, le amaba con la fuerza e ímpetu del fuego, así que sólo deseó que no tuvieran dificultades que les retrasara.
—Estarán bien, Kagome-sama.
Ella rió.
—¿Eres adivino?, ¿cómo puedes saber qué es lo que pienso cuando no he dicho palabra alguna? —replicó más calmada.
—No soy adivino, sólo sé que es difícil ver a quien amas irse lejos sin poder acompañarla, así que nuestra línea de pensamiento debe ser igual. Tememos que puedan enfrentar algún peligro pero no debe preocuparse —extendió su mano para posarla en el hombro femenino—, Sesshōmaru-sama es un excelente guerrero al igual que mi Kitzuna, saldrán victoriosos de cualquier enfrentamiento, además sé que él querrá retornar pronto.
—¿Sesshōmaru? —preguntó incrédula—. ¿Por qué?
—Porque no puede estar tanto tiempo alejado de ti, pequeña.
—¿Eh? —Sus mejillas se tiñeron de rojo ante las palabras del líder que parecía seguro de lo que decía—. Cr-creo que te equivocas, él-
—Él es un guerrero —interrumpió—, como tal, nunca mostrara sus emociones fácilmente. Debes ver más allá.
Ella entrecerró los ojos, pensando.
—Pero tú igual eres un guerrero y… bueno, eres bastante expresivo —reprochó al pensar que se burlaba de ella.
—Porque he encontrado mi corazón en Kitzuna, no hay nada que cambié más a un ser como el amor, mi señora. Y usted es el perfecto corazón para nuestro señor, alguien tan… especial como él necesitará el amor incondicional y la alegría de su ser. —Kagome tembló ante todo lo que oía, era tan irreal pero bello que quería creerlo—. No tema —dijo adivinando sus pensamientos—, sólo persista y aunque lo dude, no le es indiferente a Sesshōmaru-sama.
—No bromees con eso, por favor.
—¿Bromear?, ¿quién bromea?, ¿sabes que él me pidió en persona que te protegiera, que no dejara entrar a nadie al territorio para incordiarte? No sé tú, pero eso no lo hace alguien que no esté interesado, ¿o sí, lady Kagome?
Era oficial, Sef quería comprobar hasta qué punto podía sonrojarse, escondió su rostro caliente entre su cabello, él lo encontró completamente adorable, en definitiva ella era la mujer perfecta para Sesshōmaru.
—Bueno es hora de ir a descansar, seguro las niñas esperan impaciente su regreso, deberá decirles sobre la partida de Sesshōmaru-sama.
Aún así, al ponerse en camino la morena no levantó su rostro por nada del mundo.
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Llegaron a la frontera, se detuvieron para que Sesshōmaru diera las últimas ordenes a los kitsunes que vigilaban el perímetro, sólo en ese momento se permitió voltear y dirigir su vista hacia Sef, aún lejos podía sentirlo, desde hace décadas que no se separaba de él, era extraño y le hacía sentir ansiosa pero tenía una misión, no podría defraudarlo.
—Volveré pronto, Sef. Espérame.
Sin notarlo Sesshōmaru se posiciono a unos pasos de ella por lo que fue capaz de oír sus palabras con claridad, sin esperárselo su mente se dirigió enseguida a Kagome y sus palabras.
Ten mucho cuidado, te… estaré esperando.
Ese cadáver no mentía, la humana se hallaba enamorada de él y una parte de su subconsciente le gusto comprobarlo, podría reclamarla como suya pero no podía pensar así, en ese momento tenía que resolver el asunto del sellado, ya luego vería que hacía con ella y sus sentimientos.
—Regresaré —murmuró en respuesta a las últimas palabras de Kagome.
Kitzuna lo escuchó y no pudo evitar sonreír, definitivamente Sef tenía razón, Sesshōmaru acabaría cediendo mucho más de lo que hace ahora, tal vez en lo notara, pero complacía a la morena en todo.
Estaban hechos para encajar.
—Cuando guste, Sesshōmaru-sama.
Kitzuna le habló para sacarlo de sus pensamientos, no quería hacerlo pero sus ansias por salir y regresar eran más. Sin palabras el yōkai se volteó para alejarse de sus tierras, sólo serían unos días.
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Kagura había estado vigilando la frontera pero no hizo el intento de cruzarla, todo el lugar se encontraba severamente vigilado y los rostros que portaban los vigilantes eran, sin exagerar, mortales. No dudaba que al intentar forzar su entrada se encontraría en problemas al instante, porque a pesar de ser una experta luchadora aérea los kitsunes tenían más ventajas pues los árboles les daría una ventaja monstruosa y sus órdenes eran conseguir información sobre esa cachorra, no intentar suicidarse en una pelea.
Comenzaba a aburrirse cuando se percató de la presencia que salía de los límites, una sonrisa se manifestó al instante, Sesshōmaru se alejaba de la frontera y sólo debía esperar unos cuantos minutos para que pudiera bajar a hablar con él sin que se percataran de ella pero todos su pensamientos fueron interrumpidos al ver otra figura que lo seguía de cerca.
Una figura femenina.
Una yōkai.
Una kitsune.
Algo se removió en su interior, la sangre le ardía y en sus manos ya estaba su abanico abierto, en cualquier momento podría atacar, sí, ella podría asesinar a esa… mujer, más tuvo que tragarse la amargura y esperar, no iba a comenzar una pelea sola y menos cerca de la maldita frontera, esperaría y convocaría a unos monstruos, sí, eso haría.
Su sed por la sangre de la yōkai kitsune era mucha.
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—Naraku —llamó Kanna mientras se arrodillaba como siempre a su lado—, Kagura pretende utilizar un ejército demoniaco.
—… Que haga lo que crear conveniente, siempre y cuando me traiga la información que le ordené.
Kanna asintió sin más preámbulos para alejarse sin prisas de su creador, podría mandarle los monstruos que Kagura necesitase.
Naraku ni una vez volteó a ver a la albina, sus ojos se hallaban fijos en algún punto fuera de la ventana pero no veía, sus pensamientos giraban rápidamente sin detenerse ni un segundo, intentaba entender como esa mocosa podría parecerse tanto a Sesshōmaru cuando la primera vez era diferente… humana, ahora yōkai. Algo se le escapaba, pero, ¿qué?
—¿Tendrá sangre de kitsune? —se preguntó mientras cavilaba opciones y las barajeaba.
Eso era lo más seguro, explicaría perfectamente porque en su primer encuentro habían dos kitsunes protegiéndola, su protección a la tribu pero lo único que no calzaba era que había estado como humana, ¿por qué? Nada parecía tener sentido al poner el hecho junto a lo demás.
—Necesito más información —murmuró—. Más le vale a Kagura no fallar.
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—Kagome —Sayumi le saltó encima a penas traspasó la entra del lugar, la morena le sostuvo con cariño de la cintura—, tardaste.
—Disculpa —respondió mientras la baja y acariciaba sus cabellos—, tuve que arreglar unas cosas.
Sef sonrió antes de pasar de largo para encontrarse con su hermano menor que sólo tenía ojos para la heredera del Oeste; y con Kitto, quién ya dormitaba en un rincón, esperando a que Sayumi y Rin fueran a buscarle para dormir junto a él.
—Kagome-sama, ¿dónde está Sesshōmaru-sama? —Rin se había acercado recibiendo igual el cariño tan innato de Kagome.
La sacerdotisa entrecerró sus parpados.
—Él tuvo que salir con Kitzuna para resolver unos asuntos, dijo que no tardaría así que hay que portarnos bien, ¿sí? —les guiñó un ojo con travesura, las niñas rieron mientras le abrazaba y le aseguraban que se portarían bien—. Esas son mis niñas. Ahora a dormir, es un poco temprano pero deben estar agotadas por tanto jaleo del día.
Rin se apresuró a darle un beso en la mejilla de la mayor antes de alejarse e ir a refugiarse en el calor de Kitto, adoraba dormir con él, era suave y cálido. Sayumi repitió la acción de la otra sólo que con más lentitud, algo en el comportamiento de su madre no acababa por convencerle, al estar yendo en camino al kitsune menor le vio salir de la cueva así que desando sus pasos para seguirle.
La encontró mirando la luna, blanca y cautivadora, verla así le causo cierto anhelo puesto que ésta hacía eso cada noche cuando estaban juntas en el futuro. Se sentaban, Sayumi en su regazo y Kagome cantándole su nana.
Una hermosa vida que podría acabar.
—Kagome.
La morena se sobresaltó tan absorta mirando el astro nocturno porque le hacía sentirse cerca de Sesshōmaru que no se percató de que Sayumi le siguió.
—¿No fuiste a dormir?, ¿pasa algo?
Típico de su madre. Prefiere preocuparse por lo demás antes que a ella misma.
—Estoy bien… ¿tú estás bien? Pareces algo… preocupada.
Kagome sonrió con dulzura, ¿cómo podían darse cuenta de su sentir? Primer Sef, ahora Sayumi, ¿era tan obvia? Al no recibir respuesta, Sayumi supo que algo iba mal, con cuidado tomó la mano de su madre entre las suyas.
—¿Sesshōmaru-sama le dijo algo que te lastimo?
—No —respondió en el acto, era verdad, sólo no sabía cómo se desarrollaría su relación cuando volviera o si habría una, pero sobre todo le preocupaba la reacción de Sayumi, ¿podría aceptarla como una madre?, ¿alguien digna de poder decir la palabra hija? Tenía miedo. Ella amaba mucho a Sayumi, como suya.
—¿Entonces?
—Sayumi, ¿qué pensarías de que yo… estuviera con Sesshōmaru?
La menor le miró con confusión, ¿había oído bien?, ¿Kagome quería estar con Sesshōmaru?, ¿su madre quería estar con su padre?, ¿le quería?, ¿se había enamorado de él?, ¿cómo, cuándo?
Ella se había resignado a desaparecer, por eso disfrutaba cada momento que podía en compañía de todos pero la esperanza volvía más fuerte que nunca.
—¿Quieres a Sesshōmaru-sama? —preguntó intentando mantener a raya la emoción que le embargaba pero que de pronto, se desvaneció. El recuerdo de su madre tendida en un charco de su propia sangre, a pesar del tiempo pasado la imagen seguía apareciendo—. Pero… ¿e InuYasha?
Esa nombre sólo provoco melancolía en Kagome, ya no había cavidad para él, no en una forma romántica, fue su primer amor y eso nadie lo borraría pero comprendió que ese amor le lastimaba más que hacerla feliz.
—¿Lo dices por esa vez, no? Realmente me arrepiento de lo que paso, bueno, no del todo, que InuYasha haya roto por fin mis esperanzas eso no lo cambiaría, sino no hubiera sido capaz de viaja con ustedes, lo único que me pesa es haberme dejado vencer, ofrecer mi vida como sino valiera nada. No pensé en el daño que podía provocar esa acción, tanto en mi dignidad como persona y a las personas que me aprecian. Desearía poder borrar esa escena de tu mente.
Los ojos de la pequeña se empañaron.
—¿Nunca volverás hacerlo, verdad? Yo… te he amado como a una madre, para mi eres mi madre. Tú eres mi madre.
Algo removió sus entrañas, esas palabras causaron estragos, no pudo con la emoción de que Sayumi le quisiera como a una madre, la atrajo contra su pecho, abrazándola, besando sus cabellos, queriéndola.
—Nunca lo volveré hacer. Nunca. Gracias por aceptarme como tu madre.
Sayumi negó.
Ella ya no podía aguantarlo, tenía que hacérselo comprender que ella era en verdad su madre. Su madre en un futuro no muy lejano.
Sí, iba a decírselo.
Ella… ella…
—Kagome…
—¿Sayumi?
Kagome apartó rápidamente a la niña de su cuerpo al escuchar un grito de dolor salir de su infantil boca, se horrorizo al ver como se encogía y apretaba su pecho.
No.
No otra vez.
—¡Sayumi!
Y la Inu fue arrastrada en un remolino de incertidumbre y miedo.
Continuará.
Detrás de cámaras
—Luego por qué una te regaña.
Lili hizo tintinear sus pulsos al alcanzarle una carpeta de color azul oscuro. La escritora vio con sospecha dicha cosa.
—No recuerdo haber hecho nada… hoy.
—Entonces, ¿qué es esto?
Fira rendida tomó lo se le tendía con mano temblorosa como si estuviera agarrando una bomba. Cuando abrió el folder no pudo evitar atragantarse con su propia saliva, en su mente miles de palabras altisonantes hicieron eco.
—¿Y bien?
—¿Sabes que te quiero?
Todo el set puro jurar que oyeron la voz de su quería directora suplicar por su vida.
Kagome se acercó a un corregidor de guión que negaba con una sonrisa.
—¿Qué fue lo que paso, ahora?
—No mucho, las locuras impulsivas de Fira, pidió que le trajeran al set una maquina de helados pero al parecer Lili descubrió el documento de compra y ya sabes cómo es la directora con los gastos.
La morena no pudo evitar reír, aunque pensándolo bien, tal vez una máquina de helados no estaría mal. A su novio le encanta el helado.
Quiero un helado como se habrán dado cuenta pero siempre me descubren, pero bueno, espero les haya gustado el capítulo y les haya hecho gritar con la escena entre Sesshōmaru y Kagome al despedirse, yo estuve gritando mientras lo escribía.
Ahora los reviews, aquí podré los del capítulo anterior, TODOS, eso incluye a los que tienen cuenta, para que no reciban doble respuesta en su correo:
Damalunaely: Pues ya puedes seguir leyendo, disculpa la tardanza.
Linda20: Bueno, pues tarde un… ¿poquito? Disculpa, espero te guste el capítulo.
Alice-Vampiirithap-Cullen: Que bueno que te gusto.
Riovi: Jajajaja. Gracias por el comentario y fíjate que el comentario de las kitsunes recolectoras fue uno que hice a conciencia, queriendo que se fijaran el él. Pero Lili no me deja hacer las cosas que quiero, es una dictadora.
Lady susi: Gracias por el comentario, preciosa. Qué bueno que te haya gustado tanto ese capítulo.
Mikori: Jajaja. Amo a esa aún no pareja oficial ;)
DanLRadclifeeW: Pues aquí tienes más y más capítulos.
Faby-sama: Bueno sí, sufre pero no te preocupes poco a poco se irán acomodando las cosas en su lugar. Me encantaría poder escribir todo el día.
Sasunaka doki: Pues ya veremos si Kaede puede romper el sello o no, sí, amo poner a Kagome rodeada de niños, siempre he pensado que eso la hace completamente pura y sin maldad. Y todos me odian por hacerle la vida imposible a Shippō.
Veruto Kaname: Hola, chicas, una pena no poder haber leído su anterior review, estoy segura que me hubiera matado de la risa :D y amé sus preguntas, enserio. Jajajaja. Un beso.
Hekate ama (2 reviews): Gracias por ambos reviews, sabes que adoro leerlos. Pues ya veras, no puedo contestar tus preguntas o no tendría sentido lo que viene ahora, pero te adelanto que la cosa subirá de intensidad, las cosas se pondrán muy pesadas.
Alguien: Pues intentaré seguir el Dramione, y me da gusto saber que he mejorado con el tiempo.
Ana Asakura: Jajaja. Es su trabajo de actores, si tienen que trabajar pues trabajan, para eso les pegamos. Me da gusto que te encante en fanfic.
Nany Hatake: Hola, querida, es un gusto verte de nuevo por aquí, pensaba que me habías abandonado :C jajaja. Sobre los kitsunes, tienen muchos años, pero no los tratan como a guerreros sino hasta determinada edad por lo que disfrutan su "infancia" por un largo tiempo, sino ve a Shippō, tendrá unos 50 años mínimo y sigue actuando tan infantil (bueno, no es mi fic :C). Jajaja ya sabremos como reaccionara Kagome si se entera. Nadie quiere a InuYasha. Bueno un beso. Todo se irá aclarando como el agua al amanecer.
Candy: Jajaja. Me iré a esconder. Espero sigas disfrutando la historias.
Natita morrison (7 reviews): Adoré que dejaran un review por cada capítulo que no habías leído, así podía compartir tu sentir (?). Espero que sigas disfrutando la historia y no comas ansias las respuestas llegaran poco a poco.
Reviews del capítulo 20 sólo los que no tienen cuenta, los que son con cuentas los responderé como normalmente lo hago así que les llegara a su correo:
Riovi: Jajaja. Todas amaron ese beso indirecto, no quiero ni pensar que pasará cuando por fin haga que se besen directamente. Bueno aquí está tu capítulo más largo que he escrito hasta ahora, espero que lo hayas disfrutado.
Sexsseshomaru: Aquí ya llega la continuación, disculpa la tardanza.
Naty: Pues ya tienes la continuación. Besos.
Bitterchocolate: Ya sabes, ese es el deber de una escritora (?). Qué bueno que te guste tanto. Besos.
Natita morrison: Jajaja. El beso indirecta realmente no estaba planeado, sólo paso, pero qué bueno que les gusto tanto. Sí, Shippō poco a poco va formando su carácter. Rayos, tendré que decirle a Lili que aumente la seguridad. Besos.
Sai: Pues sí, ya ves los capítulos aparecen por arte de magia (¿?) Espero que sigas la historia y que siga gustándote.
Maria: Hola, Maria, es bueno conocer nuevas personas, un placer poder escribir para que la disfrutes tanto, espero que al hacer otro especial nos dejes tus preguntas. Besos.
MAYY: Pues ya está la continuación.
Veruto Kaname: Hola, chicas, ¿cómo va todo? Me alegra verles y saben que me hacen reír mucho. Un placer ver que les gusto el beso indirecto, ya veremos cuando se dan uno directo. Jajaja. Pues Shippō ya no será tan chillón. Besos para ustedes, preciosas.
Kirasu Minato: Hola, y no, a mi me encanta leer los comentarios porque si ustedes lo disfrutan yo me animo cada vez más, espero que éste capítulo no te deje sin dormir. Besos.
Fernanda: Lo siento, ya actualice, es por cosas de fuerza mayor que no puedo actualizar constantemente.
Taisho678: Pues no quiero morir así aquí está la continuación.
Anonymous: Ya está listo.
Shane: Ya tienes la continuación.
Scailermoon29: Los terminaré, no te preocupes.
Sai: Pues sí, estoy bien y viva. Siento la tardanza, espero que el capítulo valga esos días de espera.
Kagome18: Por supuesto.
Sofy3: Jajaja. Bueno, no diré que no pero por ahora no habrá mucha demostración de sentimientos habrá que esperar.
Con eso terminamos los reviews, espero que éste capítulo haya valido todos los días que se tardo para terminarse, un beso, nos vemos… espero, pronto.
FiraLili.
