Zerathos estaba furioso, realmente furioso, mientras Hatake permanecía tranquilo, con una sonrisa en el rostro…

–Huyeron…–Musitó mientras apretaba los puños.

–Lo más seguro es que supieran que iba por la tablilla.– Sonrió.

–Canalla…– Musitó nuevamente mientras veía por la ventana del rascacielos donde se alojaba. –¿Cómo lo hizo tan rápido?–

Año 201X

–Uno, dos, tres, uno, dos tres.– Decía mientras veía a su alumno concentrarse.

– ¿Ya puedo parar?– Preguntó, recibiendo como respuesta, un zape.

–No.– Respondió a secas. –Las flores no crecen si no las riegas, los animales salvajes no comen si no cazan, las aves no vuelan si no aprenden a volar, así de simple.–

–¿Y ahora?– Preguntó nuevamente.

–Te dije que no.– Respondió dándole otro zape.

–¡Pero esto de la concentración es un asco!– Gritó desesperado.

–Así es, ¿Por qué es necesario hacer esto?– Preguntó una hitodama apareciendo al lado de Hana.

–Tienes que aprender cómo ser un cazador, me lo pidió tu madre y lo voy a cumplir.– Respondió.

–¡Tamao nunca dijo eso!– Gritó ganándose otro zape.

–¡No hablo de Tamao, hablo de Anna-okami!– Respondió, con otro zape.

–¡Deja de hacer eso, me vas a dejar sin cerebro!– Reclamó de inmediato.

–¿Desde cuándo tienes uno?– Preguntó, dándole otro zape.

–¡Hana-dono, tú puedes!– Gritó la hitodama.

–Como cazador, debes ser rápido, si es necesario pelear, saber cómo hacerlo, si hay que huir, también, si no te concentras, tus moléculas no se dividirán, y no podrás utilizar tu entorno como camuflaje.– Le dijo mientras se cruzaba de brazos.

–Ah, esa cosa que haces de volverte hojas e irte para que mamá Tamao no te pegue.– Respondió como si nada, ganándose… otro zape.

–¡CONCENTRATEEEEE!– Le gritó.

–¡AHHHHHHH!–

El presente.

–Menudo rollo el que tenías con tu sensei, lo recuerdo bien.– Rió Gakko.

–Pudimos huir sí, pero lo que me preocupa son los chicos, si tan sólo pudiera hablarle a mi sensei un rato...– Dijo mientras estaba pensativo.

–A tus padres, y a los guerreros elementales no los podemos invocar si los sellos no están rotos, pero a él sí, sería beneficioso si pudiéramos contactar con él, con Ryu, con Tamao y a mi madre.– Dijo Men mientras se cruzaba de brazos.

–Tal vez si usáramos el cristal de Aomori…– Propuso Yohane.

–Pero perdió todo su poder.– Respondió Namaha.

–¿Y si hacemos lo mismo que Zerathos?– Preguntó Alumi.

–¿Un modo prohibido? Jamás, sería muy arriesgado.– Respondió Hana.

–¿Por qué?– Dijo Gakko. –Tu tío Hao te metió como mil monstruos adentro y tú ni un año tenías.– Rió.

–Gakko te recuerdo… ¡Que ya estaba muerto!– Le gritó.

–Bueno eso sí…– Dijo con una gotita de sudor en la sien.

–Pero no perdemos nada con intentarlo.– Habló Yohane.

–Bueno, esperamos a que lleguen Garak y Sanae, entonces lo intentamos.– Dijo Alumi.

–De acuerdo.– Respondió Hana. –Por ahora sólo podemos confiar en que los chicos rompan el primer sello, no podremos esconder las tablillas de Zerathos… por mucho tiempo…– Dijo mientras veía el lugar donde se encontraban.

Castillo de hielo.

–Kita es el guardián del norte, es él el que cuida de ese orbe, ¿Y ahora no lo tenemos enfrente?– Preguntó Len mientras lo veía.

–Bueno, pues ni modo, no está, tomémoslo y ya.– Dijo Arale poniendo sus manos sobre él.

Sin embargo al levantarlo, este desprendió una fuerte luz azul, de repente vieron como el castillo se iluminaba por una fuerte luz azul que cubrió sus cuerpos totalmente, finalmente todo se alumbró de nuevo, esta vez el hielo resplandecía potentemente, y no había rastro de una salida.

–¿Dónde… estoy…?– Preguntó una voz, mientras los demás se levantaban, vieron cómo Arale ya no tenía el orbe en las manos, sino lo tenía aquél joven hombre, de cabellos blancos totalmente, y ojos del mismo color, como si estuviese ciego, tenía varias marcas en sus brazos, todas ellas, parecían hechas con hielo.

–¿¡Qui-quién eres!?– Gritó Zelda mientras lo veía.

–Soy Kita, y protejo el castillo de hielo a órdenes de…–

–Sí, a órdenes de Horokeu Usui.– Dijo Yohken. –Verás…– Pero fue interrumpido por una lanza de hielo que rozó su rostro.

–A las órdenes de Zerathos-sama.– Respondió a secas.

Todos estaban en shock, ¿¡A órdenes de Zerathos!?Eso era imposible, Kita, el guardián del norte estaba preso de las garras de Zerathos, la única explicación que tenían…

–El sello.– Susurró Miki mientras lo veía.

–¿¡Dices que Kita actúa así por el sello de Zerathos!?– Gritó Jun.

–Es lo más lógico.– Respondió. –Pero si el sello está en el orbe, y el orbe es el corazón de Kita…–

–Debemos matar al guardián.–Dijo Len.

–Yohken.–Habló Hakuto.

–¿Eh, Hakuto?– Preguntó.

–Ten cuidado, Yohken-kun.– Dijo Naktsune. –Él tiene el control sobre el hielo.–

–Lo mejor es que no toquen el suelo.– Fue la voz de Horek. –Al fondo sólo habrá muerte.–

–¡Ustedes intrusos, aléjense de aquí!– Gritó mientras desenvainaba sus lanzas de hielo. –¡O deberé matarlos!–

–No nos queda otra más que pelear.– Dijo Arale, viendo a Yohken.

–Sí, peleemos.– Asintió. –¡Vamos!–

De repente, varios pilares de hielo se alzaron, en medio de la habitación había una estatua de un hombre encapuchado, en la mano izquierda tenía una tabla de snowboard y en la derecha un ikupasuy…

–Esa estatua es… – Dijo Miki, mientras volteaba a ver a Arale junto con los demás.

–Sí… ese es mi padre, Horo Horo.– Respondió.

–El lobo de hielo no se compara en nada con el poder de mi nuevo amo.–Respondió Kita.

–¡¿Osas a traicionar a tu maestro?!– Gritó Len. –¡Eres un canalla!–

Gritó de nuevo, y sin pensarlo dos veces atacó a Kita rápidamente, que lo evadió, y luego se cubrió con un manto de hielo, al tocarlo, el arma de Len comenzó a congelarse, así que tuvo que apartarse.

Yohken y Arale lo atacaron juntos, mientras una ráfaga feroz de furyoku que ellos mismo provocaron desenvainó un feroz viento.

–No puedo controlar mi furyoku…– Dijo Yohken.

–¡Yohken, esta posesión en muy débil, necesito un over soul verdadero!– Gritó la voz de Hakuto.

–Lo sé, pero es muy difícil.– Respondió.

–¡Rayos Yohken, ¿Qué haces?!– Pensó Miki mientras corría hacia el enemigo mientras chocaban sus armas, Kita lo lanzó lejos con facilidad. –¿¡Cómo!?– Preguntó.

–Ten en cuenta que yo no soy el espíritu acompañante al que estás acostumbrado.– Y esa fue la voz de Naktsune.

–¡Pero…!– Miki pensó mientras aterrizaba en uno de los pilares lejanos, y veía a los demás pelear con torpeza. –Papá pudo utilizar el alma de Hakuto a la primera…–

–Hana-san estuvo entrenando desde antes.– Respondió el espíritu.

–¿¡Qué!? ¡Imposible!–Reclamó Miki, mientras estaba perplejo.

–El entrenamiento no sólo debe ser físico, Mikihisa, tiene que ser psicológico, podemos decir que su entrenamiento comenzó desde antes de que tuviera una memoria a largo plazo.– Respondió.

–Pero si mi padre sabía eso… ¿Por qué enviarlos con nosotros ahora?– Dijo mientras veía su arma.

–No es necesario entrenar desde siempre, sino tener la concentración necesaria para lograr tu objetivo.– Respondió.

–Pero… papá…– Musitó. –Él realmente era talentoso.–

–No, desde que fue revivido por el Rey Shaman, estuvo en entrenamiento sin saberlo, no era talentoso, sólo fue entrenado de la mejor manera.–

–Dame una respuesta, ¿Qué hacemos?– Le preguntó, mientras lo veía, los demás estaban siendo atacados por Kita, quién parecía tener la ventaja.

Yohken y Len fueron lanzados por Kita hacia unos péndulos de hielo que comenzaron a caer de inmediato, Zelda y Jun los rompieron para evitar que Yohken y Len fuesen heridos, Arale lo atacó por delante, sin embargo Kita fue más hábil y la evadió mientras la golpeaba en la espalda, a lo que salió hasta golpearse con uno de los enormes cristales de hielo que habían por el lugar, mientras Yohken se levantó y dio una cuchillada que cortó algunos péndulos encima de Kita, al momento de casi tocarlo, estos se sostuvieron sobre sí mismos, y de esa manera Kita los dirigió hacia ellos.

–No uses sólo a Harusame, también usa la Katana que te dio tu padre.– Le dijo la hitodama a Miki, este la sacó de su pequeña funda atada a su cintura baja, inmediatamente esta se extendió.

–¿Esta es tu arma?– Preguntó mientras la veía.

–De mi antiguo maestro.– Respondió. –Ahora forma tu over soul.– Sonrió.

Len estaba siendo ahorcado por la lanza de Kita, mientras este la presionaba contra su cuello al momento de dirigirlo hacia el piso, lugar donde daría un fuerte impacto, justo en los picos de hielo sólido que había al fondo del castillo.

Zelda se levantó y lanzó un péndulo de cristal en un tipo de arma que tenía en el brazo, el péndulo salió volando a gran velocidad mientras trataba de alcanzar a Len, quién estaba cerca de llegar al fondo impulsado por Kita, Yohken saltó hacia adentro junto con Arale, de manera que tratarían de alcanzar a Kita por un lado, y por el otro de salvar a Len, mientras Jun ayudaba a Zelda mientras esta era atacada por varios picos de hielo que trataban de herirla.

Kita se dio la vuelta ligeramente, sin dejar a Len, y lanzó una tremenda avalancha de nieve.

–¡Avalancha especial de Horo Horo!– Gritó.

Yohken y Arale estaban a punto de ser tocados por la nieve que los congelaría en segundos, sin embargo un feroz corte la destruyó.

–¿¡Qué!?– Preguntó Yohken mientras seguían cayendo.

–¡Yohken, hay que usar las armas que nos dio papá!– Gritó mientras desviaba la avalancha.

–¿¡Qué!? ¡Pero si no podemos controlar el over soul!– Respondió Arale.

–¡No, nuestras armas no pueden controlar el poder de los onis, pero las de sus antiguos amos sí!–

–¡Bien, hay que intentarlo, ¡Hakuto, posesiona las garras y a la espada Futsunomitama!–

–¡Rikuto, posesiona las chuchillas y el ikupasuy!–

Inmediatamente los dos espíritus obedecieron ante las órdenes de los shamanes y posesionaron los objetos, de tal manera que ambos brillaron mientras su nuevo over soul se formaba rápidamente.

El de Yohken tenían forma de una armadura, totalmente negra, que poseía garras en los pies como soporte, y una enorme ala de plumas azules, como si fuesen de hielo, que rodeaba su cadera como si fuese un cinturón, en las manos, en la derecha poseía un estilo de guante de lucha del cual salían cuatro fuertes garras blancas, y en la izquierda estaba la cola de Hakuto, en forma de una filosa flecha, que servía como un veloz látigo.

Arale por su parte, tenía dos protectores de armadura, de color celeste, tenía en la espalda lo que parecían ser las alas de un jet, pero sin ser desplegadas, ella tenía en la mano derecha este el ikupasuy, sin embargo este se veía diferente, ya que la madera parecía un potente acero café, con varias espinas como un bastón, y una punta fina y delgada, capaz de atravesar cualquier cosa, en la izquierda, tenía las dos cuchillas, estas eran más grandes y se veía como la garra de un oso polar.

Miki, por su parte, tenía en la mano derecha un guante de batalla, con lo que parecía ser la punta de la Katana, que al momento de atacar se alargaría enormemente, y cortaría cualquier cosa, en la espalda estaban dos alas blancas como las de un ave, y en la mano izquierda tenía un guante que le cubría hasta el hombro con lo que parecían ser colmillos, lo cuales también se alargaban, tenía en los un cobertor en cada uno de los fémures, u lo que parecían ser cinchos con una punta que se clavaba en al suelo al alargarse en la parte trasera de la pierna.

–¡Funciona, los podemos controlar!– Dijo Arale mientras las alas en su espalda se desplegaban permitiéndole volar.

–Estos over soul, nos permiten volar.– Dijo Yohken con una sonrisa.

–¡Vamos!– Gritó Miki mientras terminaba de disolver la avalancha.

–¿Pero qué ¡Han logrado formar sus over soul!?– Dijo Kita mientras se mostraba sorprendido.

–¡S-suéltame!– Dijo Len.

–¡Muere, bastardo!– Gritó mientras lo dejaba caer, e inmediatamente fue hacia arriba, gracias a que su over soul lo mantenía sobre una pequeña ola de nieve, y así atacó a Miki rápidamente.

–¡Miki, cuidado!– Gritó Yohken.

Los cristales de hielo que se dirigían rápidamente hacia Miki azotaron, mientras explotaban con el paralizante hielo, Yohken pudo ver cómo Miki salía de entre esa nube congelada sin un rasguño, mientras se cubría con sus alas.

–¿No le di?– Preguntó Kita mientras se enfurecía.

–¡Miki!– Dijo Yohken, su hermano quitó las alas de su rostro.

–¡Arale, Yohken, vayan por Len, el castillo puede parecer infinito pero él está en peligro!– Gritó.

–¡Sí!– Respondieron ambos al unísono mientras bajaban.

–¡Canallas, no se escaparán!–Gritó Kita al momento de bajar, sin embargo fue subido inmediatamente por otra persona.

Eran Zelda y Jun, que habían formado sus over soul.

El de Zelda tenía cuatro alas, como las de un hada, sólo que estas eran largas plumas finas cubiertas por los bordados con un precioso metal plateado, era una armadura, que le cubría el pecho y de las caderas para abajo, que tenía varias púas plateadas, en la mano izquierda tenía el péndulo, y en la derecha sostenía el disco, que tenía varias plumas capaces de cortar hasta el metal más fuerte que haya existido.

El de Jun poseía dos alas verde esmeralda, tenía el arco sujeto a la espalda, sin flechas, de manera que estas se generaban por sí solas, y las manos las tenía libres, tenía guantes con espinas saliendo de ellos en los nudillos, y poseía botas que también tenían esas plumas en las rodillas, para atacar.

–¡Lamentamos llegar tarde, Miki!– Dijo Zelda.

–¡¿Dónde están los demás?!– Preguntó Jun.

–¡Yohken y Arale fueron por Len, nosotros acabemos con Kita!– Respondió mientras Kita los comenzaba a atacar con más púas de hielo.

Yohken y Arale llegaron al final del castillo, sin embargo se sorprendieron de dos cosas, una, que no había sangre en las espinas de hielo, y dos, que Len no estaba ahí, hasta que vieron una sombra que los sobrevolaba.

–¡Len!– Dijo Yohken con una sonrisa.

–Hola chicos.–Sonrió.

Len tenía formado su over soul, que consistía en dos alas negras como las de un dragón, tenía en la mano derecha una oz del mismo color, filosa, con el bastón dorado, mientras que en la izquierda poseía lo que parecía la cabeza de un dragón chino, se manera que este parecía un escudo y una cuchilla, como los demás over soul, poseía protectores en los fémures, estos eran negros con adornos dorados, como el resto de su over soul.

–Vamos por ese canalla.– Dijo mientras comenzaba a volar.

–¡Sí!– Respondieron los dos siguiéndolo.

Kita batallaba con Miki, Zelda y Jun que lo atacaban rápidamente, mientras utilizaba el hielo para tratar de congelarlos.

–¡Avalancha destructora de Horo Horo!– Gritó haciendo que la nieve cubriera el lugar, siendo evadida por poco por los demás.

–¿¡Cómo puedes usar esa técnica!?– Gritó Miki mientras lo atacaba.

–Soy el guardián que escogió Horokeu Usui, es lógico.– Respondió mientras se escurría hasta quedar un poco lejos.

–¡Eh, no se diviertan sin nosotros!– Gritó Len mientras rompía el péndulo donde estaba Kita.

–¡Chicos, acabemos esto ahora, Kita tiene el orbe en el cuello!– Gritó Yohken.

–¡Sí!– Respondieron todos.

–¡Adelante entonces!– Gritó Yohken, mientras él y los demás concentraban su furyoku en sus ataques.

–¡VAMOOOOS!– Gritaron mientras los lanzaban directo a Kita, que sostenía firmemente su lanza de hielo al mismo tiempo que los apuntaba.

–¡NO LO PERMITIRÉÉÉÉÉ!–Respondió mientras acumulaba su furyoku en la lanza. –¡AVALANCHA BAJO CEROOOOOO!–

Lo último que se pudo ver era la nieve y la luz de los ataques chocando mientras impedían ver todo el lugar con tal choque de ambos ataques…

–¡AHHHHHH!– Gritó nuevamente mientras estaba recostado en el sofá en el que se encontraba, sudaba bastante, mientras de nuevo el hombre de gafas le ponía un paño húmedo en la frente.

–¡Hana-san ¿Estás bien?!– Preguntó preocupado, los demás también estaban ahí.

–¡¿CREES QUE SI ESTARÍA BIEN ESTARÍA GRITANDO YOHANE?!– Respondió mientras volvía a caer sobre el sofá.

–Lo lograron, ¿No?– Intuyó Men mientras se cruzaba de brazos, viendo los rayos del sol por la ventana.

–Hmp…– Hana rió levemente. –No lo dudaría ni dos veces.–

–¿Eh, lograr qué?– Preguntó Gakko mostrándose muy confundido.

–Romper el sello, de lo contrario no dolería tanto…– Dijo Hana con una sonrisa. –¡AHHHHH!–

–¿¡Osea que puedes pelear de nuevo, Hana-san!?– Preguntó Yohane.

–No… me temo que eso no sucederá hasta que se rompan todos los sellos, u orbes, como quieras llamarlos.– Respondió mostrándose sumiso.

–Yohken, Miki, lo lograron…– Sonrió Alumi mientras veía el amanecer por la ventana.

–Nosotros para mientras permaneceremos escondidos aquí, donde Zerathos menos se lo imagina.– Dijo Namaha mientras sonreía.

–Neo-York, el lugar dónde él se encuentra ahora mismo… – Habló Men mientras veía el imponente rascacielos que se veía desde lo más lejano.

–Luego de lo ocurrido en la F.O.M, Nueva York, Tokio Dubái formaron una alianza para reconstruir todo lo que nosotros habíamos provocado, así se formaron Neo-York, Neo-Tokio y Neo-Dubái…–Dijo Alumi mientras cerraba los ojos y suspiraba.

–La tecnología dominó prácticamente el mundo, y así fue cómo los shamanes de nuevo quedamos en las sombras…– Suspiró Gakko.

–Sí, y todo eso debido a la empresa Oyamada, cuyo jefe es Nagato Oyamada.– Dijo Yohane.

–El sobrino de Manta Oyamada, ese joven tiene la misma edad que Arale, Zelda, Jun, y Aarón, pero es muy inteligente, y muy rico… – Habló Men.

–Y es el aliado principal de Zerathos…– Alumi bajó la mirada.

Torre de Neo-York.

–La torre de cristal fue destruida… hmp… es una minoría, nada que no se pueda arreglar con más dinero…– Suspiró con una sonrisa en los labios. –Después de todo, las tres grandes potencias me pertenecen, Neo-York, Neo-Tokio y Neo-Dubái.–Sonrió.

–Pero los cuerpos que fueron destruidos no, Nagato.–Respondió el otro mientras bebía el vino de la copa fina en el que se lo habían servido.

–Es una pérdida menor.– Respondió.

–Quiero presentarte a mi padre, su nombre es Hatake Kurayami.–Le dijo mientras el encapuchado aparecía frente al joven de estatura normal.

–¡Bienvenido, señor Death Cannon!– Sonrió mientras le extendía la mano, este no respondió. –Es un honor tenerlo con nosotros…– Sonrió mientras se devolvía la mano. –El resultado del cuerpo es, espléndido.–

–Tengo algo que pedirte.– Le dijo mientras sonreía maliciosamente.

–¿Y qué es, dime?– Preguntó Oyamada con una sonrisa.

Castillo de hielo…

Todo el hielo emanaba un humo helado muy hermoso, brillaba con los cristales ahí presentes, el orbe dejó escapar un potente brillo azul, del que salió un hombre con los ojos y el cabello de color blanco, era largo, fino y sedoso aquél cabello que se movía con el viento, sin embargo…. No había viento… tenía la lanza de hielo…

Mi nombre es Kita… soy el guardián del norte…– Dijo mientras sonreía gentilmente ante los chicos.

–¿Tú… eres Kita, el verdadero Kita?– Preguntó Yohken mientras lo veía asombrado.

Sí, soy yo… el sello de Zerathos me cegó… y me convertí en uno de sus esclavos… gracias… gracias por liberarme…– Dijo mientras extendía su mano, con un pequeño fragmento de zafiro en ella, este tenía forma de un copo de nieve.

–¿Esto… para qué sirve?– Preguntó Miki mientras veía cómo Yohken lo recibía.

El Zafiro de hielo es una de las llaves para liberar el sello de Argak y Garak, sólo así los Grandes Espíritus también serán liberados… pero cuidado… Zerathos es muy fuerte…– Dijo cambiando su semblante a uno muy serio.

–¿A qué te refieres?– Preguntó Jun.

Zerathos tiene en su poder a los demás guardianes… pero no sólo eso, él planea traer e otro cazador…– Dijo mientras fruncía el ceño.

–¿¡Otro cazador!?– Preguntó Len.

Así es… el sensei de Asakura-San… aquél que vosotros invocaron en las profundidades del Monte Aomori… si lo logra… no sólo habrá un cazador… serán dos… recordad que como el sensei de Asakura-san, le enseñó todo lo que sabe, no pueden permitir que vuelva como un arma de Zerathos… sería muy peligroso…– Dijo mientras cerraba los ojos.

–¡No puede ser, debemos detenerlo, Kita-san ¿Dónde está Zerathos?!– Dijo Yohken.

Allá en el norte… cerca del polo, y cerca del mar, Zerathos se encuentra en una de las ciudades más grandes y poderosas del mundo, Neo-York, en el rascacielos más alto del mundo, tengan cuidado… él tiene un cuerpo, y si consigue el alma… todo estará perdido… vayan a Neo-York y destruyan el cuerpo… eso les dará tiempo para romper los demás sellos… y liberar a mis hermanos…– Dijo mientras lágrimas que al caer se convertían en hielo salían de sus ojos.

–¡Espera!– Gritó Arale, mientras bajaba la mirada. –¿Qué hay de mi padre?– Preguntó mientras veía la estatua de Horokeu.

Liberen los sellos… sólo así obtendrán las respuestas que desean… confío en ustedes, shamanes… suerte… suerte… suerte…– Dijo mientras se disipaba en el aire, al momento de desaparecer completamente…

Salieron al lado del sol, que comenzaba a salir por el horizonte, sus rayos llegaron hasta sus ojos y el viento con un poco de nieve comenzó a soplar, era un nuevo día…

–¡Bien, ya escucharon, debemos detener al demente de Zerathos antes de que reviva al sensei de papá!– Dijo Yohken alzando su puño derecho al aire.

–Había escuchado que Neo-York era igual de imponente que Neo-Tokio, sólo que más grande…– Dijo Miki con una sonrisa mientras se mostraba pensativo.

–Sólo así obtendremos las respuestas que buscamos…– Dijo Arale. –¡Entonces hagámoslo!–

–Bueno, para empezar, ¿Cómo salimos de aquí?– Dijo Len mientras veía que no había nada ni nadie a kilómetros de distancia.

–Bueno…– Hakuto apareció al lado de Yohken. –Pueden invocar a cualquiera de nosotros.– Dijo con una sonrisa.

–¿Eh, eso se puede?– Preguntó Jun.

–Sí, es como una posesión muy grande, pero en lugar de utilizar su furyoku, usan el de nosotros como onis que somos.– Respondió Atzune.

–¡Bien, entonces… ¿A quién invocamos?!– Preguntó Zelda.

–Hmm…– Yohken pensó por unos minutos. –¿Por qué no a Naktsune?– Propuso, ganándose la mirada de Miki.

–¿Eh, y por qué a él?– Cuestionó confundido.

–Bueno, papá dijo que podía rastrear a cualquier persona no importa cuán lejos estuviese, ¿No? entonces… ¿Por qué no rastreamos a Zerathos?– Dijo con una sonrisa.

–Pero no tenemos su sangre…– Dijo Len.

–Pero el zafiro que tenía Kita tiene la esencia de su furyoku.– Apareció la hitodama al lado de Miki.

–¡Bien, entonces sí se puede, adelante, llévanos a Neo-York!– Dijo Yohken.

–¡INVOCACIÓN!– Gritó Miki mientras hacía también una posesión de objetos sobre su Katana.

El oni apareció, era enorme, tenía dos largos cuernos en el mentón de su rostro, y orejas como las de un lobo, tenía dos largos y filosos colmillos, así como sus garras, y unas enormes alas al lado de su cabello, que era de tonalidades calidad, como rojo, amarillo y naranja…

–¡Eh, Miki, ¿Qué te pasó?!– Preguntó Yohken aterrado viendo a su hermano.

–¿Eh, qué ocurre?– Preguntó viendo confundido a los demás.

–¡T-tienes dos cosas saliendo de tu boca!– Respondió.

–¿Eh..? ¡Ahhhhh!– Gritó viéndose los colmillos que salían de su boca.

–Son, reales.– Dijo Zelda viendo que venían directamente de sus encías.

–¿¡Desde cuándo puedes hace eso!?– Le gritó Len.

–Yo… no sé.– Dijo mientras se los tocaba.

–Sólo vuélvelos a meter.– Habló la voz del oni que estaba con ellos.

–¡A sí, eso es tan fácil!– Respondió Miki de mala gana.

–Anda ya, tranquilo mocoso, sólo haz lo que te digo, es como si estuvieses jalando la glucosa nasal cuando estás enfermo.–Respondió a secas.

–¿Quieres decir… como jalar mocos?– Preguntó Arale.

–Sí.–

–Bueno… si no lo intento será peor…– Dijo Miki mientras lo intentaba, y como dijo Naktsune, se volvieron pequeños, del mismo tamaño que los demás dientes, sólo que estos seguían siendo colmillos.

–Al menos ya no se ven…– Dijo Yohken mientras suspiraba.

–Bueno, pero para rastrear a Zerathos tienes que sacarlos, inténtalo.– Dijo mientras Miki los dejaba salir nuevamente.

–¿Y ahora qué?– Preguntó.

–Sólo síguelo.–

–Esto no está sirviendo de nada…– Dijo Jun cruzándose de brazos.

–Espera… puedo hacerlo, ¡Veo, veo un rastro!– Dijo mientras veía el lugar.

–¿Funciona?– Preguntó Yohken.

–Es como… si fuese un topo o una serpiente, puedo sentir su esencia, y su sangre… puedo olerla…–Dijo mientras sonreía. –¡Vamos!–

–¡Sí, rápido, todos arriba de Naktsune, Miki nos guía!– Dijo Arale con una sonrisa.

–¿Volverá a la normalidad?– Preguntó Yohken mientras el oni comenzaba a volar.

–Cuando yo desaparezca, no te preocupes, lo hará.–

–Qué bueno… no me imagino qué diría mamá de todo esto…– Suspiró, mientras se alejaban por el horizonte.

Neo-York.

–¡ERES UN IDIOTA!– Le gritó mientras él corría tratando de evitar todo lo que le lanzara, mientras los demás veían esa escena con una sonrisa torcida.

–¿¡Y cómo lo iban a encontrar entonces!?– Gritó Hana mientras se escondía detrás de un sofá.

–¡Ah sí, y poner la esencia del alma de Zerathos en el zafiro para que vinieran era buena idea!– Reclamó lanzándole una maceta que él esquivó apenas.

–¡Eh, tranquila, los interceptaremos antes de que lleguen al rascacielos!–Respondió mientras reía.

–Espera… ¿No me digas que Miki tiene esos estúpidos colmillos?– Preguntó totalmente enfadada.

–Eh… sí.– Respondió sonriendo mientras comenzaba a sudar.

–Hana-san…– Dijo Yohane.

–Hay personas que con el tiempo no cambian.– Dijo Men cerrando los ojos.

–¿¡Y luego qué!?– Preguntó delante de él, que sudaba frío.

–Ehm… Jejeje… enfrentarse a Zerathos.– Musitó.

–¡HANAAAAAA!–

–¡AHHHHHHHH!–

CONTINUARÁ…