Capítulo 21
Las últimas semanas no han sido de lo mejor en McKinley. Han pasado tres meses desde que ganamos las Nacionales y yo he estado implorando a los cielos que el fin de curso llegue ya pero parece que el tiempo ha pasado más lento todavía. Es una lástima que no cuento con el poder de viajar en el tiempo porque si lo hiciera seguramente ya estaría en esa parte de las vacaciones en la que voy a buscar un trabajo para sobrevivir el próximo año. No, aún no les he dicho nada a mis padres sobre mi decisión porque han estado de viaje y porque no sé cómo debería empezar para evitar algún problema, pero sé que muy pronto se enterarán.
Lo que sí he hecho en este tiempo es distanciarme un poco de todo, o mejor dicho de todos. Tina es la que ha permanecido a mi lado a pesar de mis silencios y creo que le debo mucho porque es la única que me ha apoyado sin cuestionar mis actitudes. Ya sé que no estoy portándome de la mejor forma con mis amigos, sé que Sam no merece que evite a toda costa encontrarme con él y mucho menos Britt, pero… Debo reconocer que me ha sido difícil aprender a lidiar con esto que siento y digamos que el verlos juntos no me ayuda en mucho. Vamos, si ni siquiera he aceptado del todo que ellos sean pareja, ¿cómo podría volver a tratarlos como antes? Simplemente no creo poder hacerlo.
Por fortuna hoy es el último día de clases y después de esto creo que seré libre. Lo último que quiero es cortar todo tipo de comunicación con Britt y Sam pero estoy seguro que sólo necesito un poco más de tiempo, un poco más de espacio para lograr asimilar la situación y continuar con mi vida. A ciencia cierta no sé qué haré con mi vida pero sé que volveremos a ser amigos, tarde o temprano…
– ¡Hola Blaine! – es la voz de mi mejor amiga la que me hace abandonar mis pensamientos y recordar que estoy en la cafetería.
– Hola Britt…
– Es bueno verte, hace tiempo que no lo hacía… – la escucho decir mientras se forma detrás de mí.
– Lo sé, tal vez porque ambos estábamos ocupados con los trabajos de fin de curso y esas cosas… – respondo intentando sonar convincente y ella sonríe.
– Sí, lo bueno es que ya no tenemos pretexto… – comenta divertida y yo no sé cómo tomar lo que ha dicho.
– Supongo que no… – digo finalmente y ambos avanzamos en la fila rápidamente.
– ¿Comemos juntos? – me pregunta en cuanto terminan de servirnos a ambos y yo suspiro.
– Claro… – contesto sin más y veo que su sonrisa se hace más amplia.
– Vamos afuera, ¿sí? – me sugiere.
– Pero sólo tenemos 15 minutos antes de la clase… – le recuerdo y la veo rodar los ojos.
– ¿Y? No creerás que nos perderemos de gran cosa en nuestra última clase de historia, ¿o sí? – me responde con cierto sarcasmo en su voz y yo no sé cómo responder a eso.
– Eh…
– Vamos Blaine, extraño a mi mejor amigo… – me dice casi suplicante y siento una punzada en mi pecho.
– Yo también te extraño Britt… – termino diciendo y ella toma mi mano.
– En ese caso, vamos afuera… – es lo último que dice antes de guiarme hacia la puerta y yo la sigo.
Al principio creo que vamos a comer en una de las mesas que se encuentran afuera de la escuela pero ella me lleva hasta las canchas y una vez ahí me hace subir a las gradas. A esta hora no hay nadie en el campo por lo que es imposible que alguien nos interrumpa y eso hace que mi corazón lata un poco más rápido. Sé que seguimos siendo mejores amigos, sé que ella me ha extrañado porque me quiere y, aunque sé que la quiero un poco más que ella, no me molesta para nada estar junto a ella un rato como en los viejos tiempos. Después de todo, creo que soy lo suficientemente bueno como para no demostrar del todo mis sentimientos en una ocasión como ésta.
– ¿Cómo has estado Blaine? – me pregunta mi amiga después un rato.
– Mejor, ¿y tú? – respondo como si nada.
– Mejor, también.
– ¿Por qué? – digo extrañado al comprender su respuesta.
– Creo que hay algunas cosas que no te he contado… – comenta algo apenada y yo la miro a los ojos.
– ¿De qué se trata? – pregunto antes de verla suspirar.
– Sam y yo ya no somos novios… – suelta con un poco de esfuerzo y yo suelto el tenedor con el que estaba a punto de tomar mi ensalada.
– ¡¿Qué?! – casi grito.
– Lo que oíste… – contesta tranquilamente.
– Pero se veían muy felices… – digo en voz alta.
– Y lo seguimos siendo, pero sólo somos amigos… – me dice con una sonrisa y yo no sé qué se hace en estos casos.
– Oh…
– No pongas esa cara, él es realmente lindo y atento… – la escucho decir.
– Pero… – la invito a continuar.
– Era como si estuviera besando a mi hermano… – me comenta antes de cubrirse la cara con sus manos y yo intento reprimir una carcajada.
– Bueno, al menos quedaron como amigos otra vez… – digo finalmente y ella me mira otra vez.
– ¡Claro! No perdería a alguien tan valioso como él o como tú.
– Gracias… – tengo que decir ante el cumplido y tomo mi tenedor para continuar con mi comida.
– ¿Y qué hay de ti? Escuché por ahí lo de Sebastian… – comenta mi amiga un tanto divertida y yo niego con la cabeza.
– Tampoco funcionó... – le comento restándole importancia.
– Ni siquiera lo intentaste… – dice ella terminantemente y me mira con los ojos entrecerrados. – ¿Acaso hay alguien más en tu corazón Blaine-warbler? – me pregunta divertida y mi corazón se agita antes de que yo dé mi respuesta.
– Quizá… – digo sin pensar y ella abre mucho los ojos.
– ¡¿Qué?! ¿Y quién es? ¿Por qué no nos has dicho nada? – se queja.
– No me gusta hablar de eso… – respondo antes de meterme un trozo de lechuga a la boca.
– ¡Blaine! Tienes qué decirnos quién es el chico de tus sueños… – insiste mi amiga y yo río para mis adentros.
– No puedo, ese chico del que hablas no es el de mis sueños… – le informo después de un rato.
– ¿Entonces es una chica? – me pregunta ella con toda la seriedad del mundo y yo siento que el piso se mueve de pronto.
– ¿Q-qué dijiste? – balbuceo nervioso y ella suelta una carcajada.
– ¡Es una broma Blaine! – dice entre risas. – Debiste ver tu reacción… – se burla sin saber que ha dado en el clavo.
– Sí, claro…
– Bueno, no sé por qué tanto misterio pero sé que tarde o temprano me lo dirás, ¿cierto? ¿Todavía somos mejores amigos? – dice finalmente y yo sonrío antes de tomar su mano.
– Si Britt, siempre… – le aseguro desde lo más profundo de mi corazón y ella me devuelve la sonrisa antes de que ambos continuemos con nuestra comida.
Por supuesto que nuestra charla no termina ahí, durante un largo rato más seguimos en las gradas contemplando el paisaje y poniéndonos al corriente sobre todo lo que nos hemos perdido en estos meses. No creí que la echaría tanto de menos pero creo que simplemente no quería reconocerlo. Tan es así que en cuanto me sugiere que vayamos a su casa a pasar la tarde yo accedo inmediatamente ya que mis padres están de viaje, sin embargo al llegar a nuestro destino me encuentro con una grata sorpresa.
– ¿Mamá? – digo incrédulo al reconocer su voz y escucho sus pasos en la cocina.
– ¿Blaine? ¡Oh, Blaine! ¡Qué alegría verte! – grita en cuanto me ve y yo sigo en shock.
– ¿Qué haces aquí? – pregunto sorprendido.
– Vine a saludar a Whitney y a su familia… – me explica divertida.
– ¿Cuándo llegaron?
– Hoy en la mañana, queríamos verte antes de clases pero había un poco de tráfico… – me explica dulcemente y Britt se nos une.
– Hola señora Anderson… – la saluda.
– ¡Oh, Britt! Dime Pam, ¿sí? – casi le ordena mi madre.
– Está bien Pam... – responde mi amiga con una sonrisa.
– Aquí la verdadera pregunta es… – comienza a decir una voz que me parece familiar pero no logro reconocer a quién pertenece. – ¿Qué hacen ustedes en casa tan temprano? – termina preguntando la tía de Britt apareciendo frente a nosotros.
– ¡Tía Susan! – grita mi mejor amiga emocionada.
– Hola hija, ¿cómo estás?
– Bien y mejor ahora que te veo, ¿recuerdas a Blaine? – responde Britt.
– ¿Y cómo olvidarlo? Es uno de los mejores cantantes que he escuchado… – la escucho decir y siento el calor llegar a mis mejillas.
– Lo sé, imagina ahora que vaya a Nueva York Susan, será de los mejores en la clase… – le sigue mi madre y yo no sé cómo detenerla.
– Seguro Pam, tendrás que apartarnos lugares preferenciales en los conciertos cuando tu pequeño sea el gran Blaine Anderson.
– Lo haré, créeme. ¡Será el orgullo familiar! – dice emocionada mi madre y las palabras "orgullo familiar" retumban en mis oídos.
– Eh… Bueno, nosotros iremos a mi habitación unos minutos… – comenta mi amiga al darse cuenta que me estoy poniendo pálido y el tema parece olvidado.
– Adelante chicos, los llamo en cuanto esté lista la comida… – interviene una voz más que pertenece a la mamá de mi amiga y ambos nos dirigimos hacia las escaleras.
– ¿Estás bien? – me pregunta Britt en cuanto llegamos a su recámara.
– No del todo.
– ¿No les has dicho? – la escucho preguntar.
– No, y no sé cómo hacerlo… – termino confesándole y ella se sienta a mi lado.
– ¿Quieres que te ayude con eso?
– No quiero involucrarte Britt. Ellos te aman pero es algo de debo hacer yo sólo… – le respondo honestamente y ella coloca una mano sobre mi hombro.
– También te aman a ti, ya verás que te apoyarán… – intenta animarme y yo suspiro.
– Ojalá… – es lo último que digo antes de cambiar el tema porque no he venido a lamentarme justo en este momento.
Por el contrario, el estar con Britt toda la tarde me hace sentir como hacía tiempo no me sentía. Había olvidado lo genial que es pasar el tiempo en compañía de tus amigos y más aún si una de ellas es tu mejor amiga, ahora es cuando me doy cuenta que perdí un poco el tiempo estos meses pero me alegra mucho que a pesar de todo las cosas no hayan cambiado. De hecho, pareciera que somos como familia porque mis padres y los suyos se llevan muy bien desde hace años pero yo soy el más feliz porque no lo somos.
Sobra decir que comemos en su casa e incluso nos quedamos hasta la cena porque papá está muy entretenido con el señor Pierce y Susan tiene bastante ocupadas a nuestras madres. Una parte de mí se siente culpable de decirlo pero no importa, ¡es uno de los mejores días de mi vida! Bien, sé que debo controlarme un poco más y también sé que soy muy capaz así que eso hago en cuanto mis padres comienzan a despedirse de todos. El día ha terminado y es hora de regresar a casa, casa donde tengo algo importante que decirles a mis padres.
– ¿Y ya tienes el traje para la graduación hijo? – me pregunta mi mamá en cuanto subimos a la camioneta.
– Ya mamá, usaré el que me regaló Cooper el año pasado… – le respondo inmediatamente y mi papá sonríe.
– Me parece perfecto… – lo escucho decir y sé que lo dice porque él ayudó a mi hermano a elegirlo.
– Y a mí increíble, nuestro pequeño se nos va a la universidad… – continúa diciendo mi mamá y veo que una lágrima rueda por su mejilla.
– Prométele a tu madre que vendrás a visitarla pronto… – interviene mi padre.
– ¡No! Mejor vamos nosotros a visitarlo… – casi grita mi mamá y yo tengo un nudo en la garganta.
– Eh…
– Ni se te ocurra decir que no Blaine, Nueva York es una gran ciudad como para evitar conocerla contigo… – insiste mi madre.
– Pero mamá… – intento decir yo pero las palabras no terminan de salir y se hace el silencio durante un rato.
– ¿Qué pasa hijo? – me pregunta mi papá en cuanto nos estacionamos afuera de nuestra casa.
– Papá, tengo algo importante que decirles… – digo sin titubear y él abre la puerta de la camioneta para salir mientras nosotros lo seguimos hasta llegar a la sala.
– Habla… – dice finalmente en cuanto nos sentamos en el sofá y yo tomo aire antes de comenzar a hablar.
– Yo… Y-yo no postulé para la universidad de Nueva York… – digo nervioso y mi mamá ríe.
– Eso lo sabemos hijo, tú querías NYADA, ¿no?
– Quiero decir que no postulé para ninguna universidad de Nueva York mamá… – le explico y ambos abren mucho los ojos.
– ¡¿Qué?! ¿Y por qué no lo dijiste antes? – casi grita mi padre.
– Porque no sabía cómo hacerlo… – le confieso.
– ¡Pero ya habíamos arreglado un departamento para ti en esa ciudad!
– ¿Qué? – le digo incrédulo y mi mamá toma su mano para que intente tranquilizarse.
– Era tu sorpresa de graduación hijo pero quizá podríamos hablar con el vendedor y… – comienza a decir ella y yo creo no haber escuchado bien.
– ¿Co-compraron un departamento? – balbuceo incrédulo.
– Sí pero no te preocupes hijo. Mejor dinos, ¿entonces dónde estudiarás? – dice mi madre tranquilamente y yo tomo otra bocanada de aire antes de confesar todo de una vez.
– En realidad… En realidad no postulé para ninguna universidad este año…
– ¿Qué dijiste? – me pregunta mi papá.
– Que yo…
– ¡No! ¡No lo repitas! – me advierte mi madre y yo me detengo inmediatamente.
– ¿A qué estás jugando hijo? – escucho decir a mi padre y nuestras miradas se encuentran.
– A nada papá, es sólo que yo no me siento listo para ir a la universidad y decidí que quiero tomarme un año para pensar bien las cosas… – termino de explicar y él cubre su cara con las manos.
– ¿Un año? – repite sin ánimo.
– Sí… – respondo sin más y él suspira.
– ¿Y qué piensas hacer en ese año jovencito? – me pregunta esta vez mi mamá.
– Trabajar… – le digo firmemente y ella sonríe con tristeza.
– Ay Blaine…
– No les voy a pedir nada mamá, yo lucharé por mantenerme y me iré a L.A. con Cooper para no molestarlos… – les aclaro a ambos y los dos me miran repentinamente.
– ¿Tu hermano sabe de esto? – quiere saber mi padre.
– Eh…
– ¡Dinos la verdad Blaine! – insiste mi mamá.
– Sí… – confieso finalmente y un silencio de al menos cinco minutos reina en la habitación.
– Ay hijo… Lamento que tus planes no hayan salido como querías… – comenta mi mamá finalmente y me pregunto a qué se está refiriendo exactamente.
– Yo no voy a decir que no me pesa el que vayas a perder el año hijo… – dice mi padre lentamente. – Pero después de todo sé que por algo tomaste esa decisión, ¿y sabes qué? No voy a juzgarte… – lo escucho decir y no puedo creer lo que escucho.
– ¿Hablas en serio papá? – tengo que preguntar.
– Sí Blaine, pero no esperes que te mantenga hasta que decidas dónde estudiarás el año entrante, ¿entendido?
– Sí, gracias papá… – le digo antes de abrazarlo y él ríe.
– Te amamos Blaine y si necesitas algo puedes decirme, yo a diferencia de tu padre tengo una cuenta de ahorros totalmente disponible para mi pequeño… – me asegura mi mamá antes de unirse al abrazo y esta vez soy yo el que ríe.
– No será necesario mamá, gracias.
– Entonces, dejando todo este drama atrás. ¿Podemos hablar de la graduación? – comenta mi padre en cuanto deshacemos el abrazo y todos reímos antes de hacerle caso a su petición.
No cabe duda que el tiempo pasa volando y el gran día llega de la nada. Mi familia está completa porque Cooper ha llegado desde temprano y afortunadamente esta vez estamos todos juntos, y eso incluye a Sam, a Britt, a Tina y a mí. Por supuesto que los demás chicos que se graduarán están con nosotros pero mis mejores amigos son especiales y ésta también es una ocasión especial, una ocasión especial que no pretendo olvidar con facilidad. – ¡Estoy dentro! ¡Entré a la Universidad de Columbia! – escucho gritar a Sam en cuanto entro al auditorio y corro a la fila de abrazos.
– ¿De verdad? ¡Estaremos juntos Sam! – le dice Tina emocionada.
– Al menos dos de nosotros podrán verse con más frecuencia que los demás… – tengo que decir al verlos tan felices y Britt llega detrás de mí.
– Tú tendrás tiempo así que estás obligado a visitarnos a todos… – la escucho decir y río.
– Lo haré, lo prometo.
– Conste, todos somos testigos de esta promesa… – me advierte Tina y todos reímos hasta que mi hermano nos sorprende a los cuatro.
– ¿Y bien? ¿No están ni un poquito nerviosos? – nos pregunta divertido.
– ¡Sí! – decimos al mismo tiempo y él ríe.
– Deja de mencionarlo Coop, no es posible que sea nuestro último día aquí… – le digo antes de fulminarlo con la mirada y siento una mano sobre mi hombro.
– Siempre serán bienvenidos en McKinley, no lo olviden chicos.
– Gracias Mr. Shue… – decimos todos al unísono y él sonríe.
– En unos minutos más deberán tomar sus lugares chicos, vayan preparándose… – nos recuerda divertido mientras observa a Cooper y mi hermano rueda los ojos.
– Sí ya entendí, yo no voy aquí… – dice con tono cansado y yo intento tomarlo por los hombros.
– Te acompaño Coop… – le digo divertido pero la voz de mi mejor amiga me detiene.
– ¡No Blaine! Espera…
– ¿Qué pasa Britt? – le pregunto confundido y ella toma mi mano notando que tengo un brazalete.
– ¿Estás usando el dije que te regalé? – me dice con una sonrisa y yo asiento.
– Sí, creí que el brazalete sería de buena suerte.
– Quizá lo fue… – me dice
– ¿Por qué lo dices? – tengo que preguntar.
– Mi tía Susan acaba de entregarme mi regalo de graduación… – comienza a decir.
– Aha…
– Pero no podría disfrutarlo yo sola, necesito de alguien más… – sigue diciendo.
– ¿Y? – pregunto sin entender la sonrisa que decora su rostro.
– Blaine, ¿viajarías conmigo estas vacaciones? – dice finalmente y yo abro mucho los ojos.
– ¿Qué? Yo…
– ¡No puedes decir que no! Tú no tienes trámites que realizar ni nada por el estilo, es sólo un mes, ¿sí? – la escucho decir y yo siento como si mi corazón fuera del tamaño de mi cuerpo.
– Pero yo… Yo no tengo dinero para cubrir un viaje a… Espera, ¿a dónde es el viaje? – digo sin pensar y ella ríe.
– ¡Eso es lo de menos! Mi tía me regaló dos boletos con todo pagado, no tienes que preocuparte por esos gastos… – me explica Britt.
– Y yo tengo unos ahorros que puedo cederte para que disfrutes tus vacaciones… – interviene mi hermano con una sonrisa burlona en el rostro.
– ¡Cooper! – lo reprendo y él intenta contener la carcajada que está a punto de soltar.
– ¿Qué? – dice inocentemente.
– Por favor Blaine, viaja conmigo, ¿sí? – insiste mi amiga y yo no puedo decir nada todavía.
– No creo que nuestros padres se opongan enano, acepta… – la apoya mi hermano y yo pienso dos segundos antes de tomar aire y hablar por fin.
– Está bien, viajaré contigo… – le aseguro a Britt y ella sonríe indudablemente.
– ¡Sí, sí, sí, sí! ¡Te va a encantar Europa Blaine! – la escucho decir mientras da pequeños saltitos a mi alrededor y mi hermano ríe ante mi expresión.
– ¡¿EUROPA?! – casi grito.
– Sí, ¿no lo dije antes? – pregunta mi amiga.
– No… – le respondo confundido.
– Lo siento. Los boletos son para ir a Italia y de verdad te va a encantar Blaine, lo prometo… – dice apenada y Cooper me jala entre sus brazos.
– No te preocupes linda, le va a encantar. Enseguida te lo devuelvo… – le dice a mi amiga con una sonrisa y ella asiente mientras siento cómo se forma un hueco en mi estómago.
– Santo Dios…
– Confía en ella hermanito, por algo es tu mejor amiga, ¿no? – me recuerda Coop y lo único que sé es que mi corazón late a mil por hora.
Si recapitulo en cámara lenta los últimos cinco minutos seguro que me aviento del último piso del McKinley. No sólo he aceptado viajar con mi mejor amiga con la que tengo una especie de enamoramiento entre moderado y medio intenso. No, no sólo hice eso sino que aparte de viajar con ella acepté ir al OTRO lado del mundo sin siquiera conocer un poco del idioma que hablan en el lugar. ¿De qué rayos me van a servir mis clases de francés en Italia? Parece que me dejé llevar por el momento y por el "apoyo" de mi adorado hermano, el mismo hermano que sabe que me gusta Britt y el mismo que está disfrutando de mi confusión en este momento. Muy inteligente Blaine, muy inteligente.
¡Hola! ¿A dónde va a viajar Blaine? (¡Sorpresa!) Lamento que hayan pasado tantas semanas para que al fin sepan de mí pero mi último año está siendo más complicado de lo que esperaba. De igual forma, gracias por esperar, leer y comentar. ¡Un abrazo a todos! ;)
