Rose sentía como alguien o algo acariciaba su cabeza sin mucho cariño. Abrió un ojo intentando descubir quien estaba jugando con su pelo de esa manera. Rose se asustó cuando al no reconocer el cuarto en el que se encontraba. Se levantó rápidamente y al mirar a su derecha se dio cuenta de que estaba en el cuarto de Scorpius.
Antares era quien había estado jugueteando con sus rizos. Rose buscó a Nyx por todo el cuarto. El gato blanco estaba sentado sobre el pecho desnudo de Scorpius, quien aún parecía que estaba dormido.
Ella misma había sido la que anoche se había colado en el cuarto del rubio después de haber declinado su invitación cuando estaban en el salón. Rose se mordió el labio inferior. Se sentía extraña en esa cama, como si no debiera estar ocupando la otra mitad del colchón. Sin embargo, se sentía cómoda al mismo tiempo. Se sentía descansada. Parecía que la presencia de Scorpius le hacía bien a su sueño.
En la oscuridad, Rose se fijó en la figura masculina que aún descansaba. A pesar de estar en penumbra, Rose pudo notar el semblante de paz del chico y como su pecho se elevaba lentamente con su respiración. Resultaba casi hipnotizante.
¿Qué se suponía que iban a hacer ahora? Rose sintió miedo. La última vez que se había permitido sentirse de la misma manera que ahora, las cosas habían acabado terriblemente mal para ella. Y con la tontería de la cita, no habían hablado de eso. Posó sus pies sobre la alfombra gris que el chico tenía a cada lado de la cama.
Rose sintió como Antares la arañaba, parecía que el pequeño animal no quería que se fuera del cuarto de Scorpius.
—Antares, no seas malo, por favor. No quiero que Scorpius se despierte.
El gato mordió levemente sus dedos haciéndole daño. Rose le dio un manotazo suave y apartó la mano. Sin embargo, no llegó a levantarse. Volvió a sentir una presión agarrándola. Scorpius la había tomado de la muñeca, evitando que pudiera levantarse.
—No huyas, no de esta manera.
La voz de Scorpius sonó ronca rompiendo el silencio.
—Quiero irme.
—Ambos sabemos que no, sino, no hubieras venido aquí anoche.
Rose se giró entonces enfretándose cara a car al chico rubio que se había incorporado ligeramente sobre la cama. Scorpius tenía la melena revuelta y a Rose le gustó verle así, sin ese halo de perfección alrededor. Scorpius relajó su agarre y se quedó mirándola. Él ya llevaba un rato despierto observando a la chica dormir antes de que ella se despertara. Sabía que podía parecer un poco extraño, pero nunca había estado tan cerca de la chica y quería guardar en la memoria ese recuerdo también.
—Rose, no te vayas. Tenemos una conversación pendiente, recuérdalo.
Rose bajó la cabeza. Claro que lo recordaba. Sin decirle nada más, volvió a meterse dentro de la cama. Scorpius puso una mano en su cintura acercándola hacia él. Rose agradecía el hecho de que estuvieran a oscuras para que él no pudiera ver la turbación en su cara al sentir la mano del chico acariciando su piel.
—Sé que tienes miedo. Aunque no me creas, yo también lo tengo, Rose.
Rose acomodó su cabeza en una de las almohadas que el chico tenía. Rose dejó que el perfume natural de Scorpius, masculino a la par que elegante, impregnara sus fosas nasales. Scorpius apartó uno de sus rizos de su cara acariciando su perfil. Rose cerró los ojos dejándose llevar por las sensaciones que la caricia despertaba en ella.
—No sé exactamente lo que siento por ti, pero hacía mucho que no me pasaba esto. Supongo que te haces una idea desde cuando.
Rose se mantuvo en silencio. Sin embargo, para hacerle notar que sí le había escuchado, enredó sus pies con los de él.
—Sé que lo que siento por ti es bueno, has conseguido que me preocupe por alguien más que no sea yo. Has conseguido que avance, que saliera de ese pozo en el que me había metido.
Rose continuó callada de nuevo. Scorpius había sido una presencia igual de positiva para ella durante los últimos meses. El rubio le había devuelto esa confianza en sí misma que había perdido y siempre se sentía feliz a su lado.
—¿Vas a dejar que lo diga yo todo?
—Es que no sé que decirte. Estoy confusa porque no sé lo que siento por ti. Creo que nos estamos precipitando con todo esto. No creo que empezar algo juntos sea lo más inteligente que podamos hacer. Con toda la historia que llevamos a nuestras espaldas...
—Podemos comenzar por conocernos, más aún. Yo solo sé que has conseguido que me vuelva a sentir feliz y eso me gusta. Me parece un buen punto de partida. Y por la historia que llevamos a nuestras espaldas, tú ya no eres esa chica. ¿Cómo puedo dejártelo claro de una vez?
—Tengo miedo de volver a hacerte daño.
Scorpius vio como la chica escondía su cara contra la almohada. El rubio se acercó hasta ella besando suavemente la parte de su cuello que se había quedado descubierta. Con su mano trazó la línea de su hombro bajando por su brazo hasta llegar a su mano, donde se dedicó a trazar líneas imaginarias en la palma de su mano.
Scorpius sabía que Rose no volvería a hacerle daño, esa Rose se había ido hacía tiempo. Al igual que aquel Scorpius que dejaba que la vida le golpeara una y otra vez.
—Sé que no serás capaz de ello. Créeme, tengo la lección aprendida.
Rose levantó su cabeza al sentir la voz del chico tan cerca de su oído. Sus ojos pasearon por el rostro del chico que la estaba volviendo loca posándose en esos labios que había sido el detonante de toda esta situación. Rose se acercó más a él, juntando sus labios con los de él levemente.
Scorpius subió su mano hasta su cadera. Sus labios se volvieron a buscar en la oscuridad, todavía no tenían porque salir de su cuarto, nadie les esperaba.
—Pero, ay...¿Cómo se te ha ocurrido? Ay...¡me alegro tanto!
—Desde hacía casi un año quería proponerle matrimonio. Y después de lo que pasó en Año Nuevo, pues se me ocurrió que era el momento apropiado.
Rose se sentía feliz. Theo se había atrevido a lanzarse a la piscina y pedirle matrimonio a Lily.
—Y la idea de que fuera en mi boda se me ocurrió a mí después de verlo en un vídeo de Youtube. Sé que es mi día y todo ese rollo, pero nada me haría más ilusión que el hecho de que la escéptica de Lily se comprometa el día de mi boda.
Rose se había sorprendido al recibir la llamada de Theo aquella mañana, pero más lo había hecho al ver a su prima mayor allí reunida con él en aquella cafetería de París. La rubia había venido para ultimar los detalles de su vestido y hacerse una prueba en el atelier de Pansy.
La pelirroja no cabía en sí de gozo. Se pasaron el resto de la tarde hablando un poco de todo. De los planes que Victoire tenía para la boda, de las flores. Le gustaba que Theo participase en esas cosas ahora que estaba bastante cerca de convertirse en parte de su numerosa familia.
Rose abrió la puerta lentamente. Todavía sentía la emoción de haber visto a su prima y de la buena noticia que Theo le había dado. Esperaba que Lily no fuera tonta y le dijera que sí en un día tan especial como lo iba a ser para toda la familia.
Dejó las llaves sobre la cajonera que había en la entrada, se descalzó y dejó su abrigo en el perchero. Fue hasta el salón pero Scorpius no estaba, solo Nyx dormitando cerca de las cortinas.
—¿Scorpius?
Nadie contestó. Sin embargo, la puerta no estaba cerrada con llave, por lo que el chico estaba dentro. Rose había estado pensando todo el día en los besos que había compartido con Scorpius y en lo que no habían sido besos. Se sonrrojó, Rose no podía creerse que estuviera comportándose casi como una adolescente por culpa del chico que le gustaba.
Sólo que con Scorpius, a pesar de no saber exactamente qué sentía por él, era más que un simple sentimiento de amor adolescente.
Rose subió las escaleras en dirección a la biblioteca. La puerta estaba entreabierta, se asomó y dentro se encontró a Scorpius bailando solo con los cascos puestos. Le recordó en cierta manera a su tío Neville y sonrió.
Sin pensarlo, tomó su móvil y le grabó como él había hecho con ella la noche anterior. El chico parecía que había mejorado, pero aún le faltaba mucho para llegar a bailar bien. Scorpius tropezó con sus propios pies y Rose no pudo evitar reírse. Scorpius fue entonces cuando reparó en su presencia.
—Tú, ¡no has venido a la clase de baile!
Rose entró en la biblioteca con la sonrisa aún bailando en sus labios. Se acercó al chico y le saludó con un beso en la comisura de los finos labios de Scorpius.
—¿Pero empezábamos ya hoy? Pensé que era la semana que viene.
—Técnicamente tú empiezas la semana que viene, pero pensé que vendrías hoy y que le darías esquinazo a Theo.
Scorpius rozó su nariz con la de ella, continuando el juego que habían dejado sin terminar por la mañana. Rose le miró y el rubio pudo notar como su respiración se ralentizaba.
—Y...¿has aprendido mucho?
Rose se elevó en sus puntillas queriendo llegar a esos labios que le hacían sentir tantas sensaciones contradictorias. Scorpius sonrió casi hechizándola. ¿Cuándo se había vuelto tan seductor el rubio?
—Me han enseñado que debo tomarte así cada vez que bailemos.
Scorpius colocó una mano en su espalda rodeando su cintura, pegando su cuerpo contra el de ella. Empezó a mecerse como si estuviera bailando al ritmo de una canción que sólo él oía. Su otra mano subió acarciando su silueta desde sus caderas hasta llegar a tomar su mano derecha.
El chico comenzó a dar giros sin sentido por toda la biblioteca consiguiendo que Rose riera aún más. Como era previsible, Scorpius tropezó, quedando ambos muy cerca el uno del otro. Sus ojos se encontraron. El rubio aprovechó la cercanía y la besó como había hecho en la mañana. Rose sintió como el calor, que no se había ido de su lado en toda la tarde, volvía con fuerza consiguiendo que su estómago ardiera.
Scorpius parecía querer devorarla y si no se controlaba, probablemente eso es lo haría. Por la mañana habían estado tan cerca de hacerlo que el rubio aún se sonrojaba ligeramente al recordar en que estado le había dejado la pelirroja antes de que se fuera con Theo a hablar no sé que tema de la boda.
Rose gimió en el beso y Scorpius se dejó llevar más por su entrepierna que por su razocinio.
—¿Y si continuamos en mi cuarto?
La voz de Scorpius volvió a sonar ronca, esta vez de placer. Rose asintió, intentando recuperar el aliento. Nadie le hubiera dicho que el rubio pudiera llegar a ser tan pasional, y si esto hubiera ocurrido, no se lo hubiera creído. Sentía como el calor poco a poco se apoderaba de su cuerpo con cada caricia del rubio sobre su ropa.
Salieron de la biblioteca sin separarse. Rose sentía las elegantes pero fuertes manos de Scorpius acariciando uno de sus pechos con delicadeza mientras que la otra acariciaba su cadera. Rose se giró, volviéndole a besar.
Los besos de Scorpius conseguían hacerla sentir como si estuviera fuera de su cuerpo. Era una sensación nueva para la pelirroja y no se iba a quejar. Rose mordió levemente el labio inferior de Scorpius, el chico únicamente gruñó en respuesta mirándola peligrosamente.
—Lo siento, es que me gusta mucho morder...
—Lo he notado.
Scorpius desabrochó los dos primeros botones de su camisa mostrando una gran marca amoratada. El rubio sonrió, de una manera diferente que Rose aún no sabía identificar, y volvió a besarla. Ambos cuerpos dieron contra la puerta del cuarto del chico. Scorpius dejó sus labios por un momento para apartar un mechón de su melena.
—Pero tampoco me importa.
Rose sonrió pícaramente, continuando con lo que Scorpius había comenzado a hacer, desabrochando el resto de botones acariciando cada centímetro de piel que quedaba liberado. Scorpius quería controlarse, pero con la pelirroja le estaba costando horrores, más cuando la chica le estaba acariciando sin dejar de sonreír.
Se sentía nervioso, hacía demasiado tiempo desde que había estado con otra mujer en una situación similar. Aunque sabía que Rose era plenamente consciente de ese hecho, si es que esto seguía por donde iba a seguir, no quería defraudarla. Por otro lado, con Rose todo estaba saliendo de manera natural, sin presiones ni dobles intenciones. Sus manos decidieron viajar por dentro del vestido de la chica, atrapando sus caderas llegando hasta el borde de sus medias.
Rose le besó mientras sentía como las manos de Scorpius acariciaban su piel directamente. Como pudo, abrió la puerta sobre la que se habían apoyado entrando de espaldas al cuarto del chico. Fueron caminando hasta que la pelirroja tropezó con la parte de atrás de las rodillas contra la cama quedando sentada.
Sin ser capaces de dejar de besarse, Rose se tumbó quedando Scorpius sobre ella. Estaba nerviosa, intentaba controlar el temblor de sus manos cada vez que acariciaba el pecho de Scorpius. Hacía años que no estaba en una situación así y sentía como cada fibra de su piel estaba sobreestimulada. Rose se deshizo de la camisa de Scorpius dejándola tirada en una esquina del cuarto.
Acarició los fuertes hombros del chico mientras que Scorpius besaba su cuello. Rose gimió levemente.
—Scorpius...
El rubio continuó besando su cuello mirándola. Sentía como su pantalón cada vez le quedaba más estrecho y oír su nombre en los labios de la chica no había ayudado. Rose alzó sus caderas contra las de él, parecía que la pelirroja no podía controlarse.
Scorpius cerró los ojos. Las caderas de Rose contra las suyas le estaban volviendo loco a pesar de estar vestidos. Ya habían estado cerca de seguir con aquello por la mañana de no ser por la llamada que Theo había hecho. Scorpius sabía que si lo hacían, tendrían muchas más cosas que aclarar pero joder, Rose se movía bajo su cuerpo como una salamandra.
Quería estar seguro de que la chica quería seguir con aquello. Dejó besarla, poniendo su cabeza a la misma altura que la de la chica.
—Rose...¿estás segura de esto?
Rose le miró apoyándose sobre sus codos. La pelirroja tenía los labios hinchados por los besos y sus ojos brillaban. ¿Qué sí estaba segura? Claro que no, pero sentía que tenía que hacerlo. Que Scorpius era la persona correcta para este momento y que lo deseaba.
Rose le tomó por el cuello y le dio un beso largo, tranquilo. Distinto a todos los que habían compartido. Esperaba que Scorpius la entendiera. Se separaron y juntaron sus frentes mirándose intensamente. El rubio sonrió.
—Me tomaré eso como un sí.
Scorpius acarició sus cuerpo hasta llegar al final del vestido, del cual esta vez si se deshizo. La chica no llevaba sujetador lo que provocó que su ya evidente erección se moviera involuntariamente. Los pechos de Rose eran bonitos sin llegar a ser voluptuosos.
Rose se sentía intimidada al sentir la mirada gris del chico sobre su cuerpo. Y le asustaba el hecho de sentirse así. Rose bajó su cabeza sintiendo como sus mejillas se coloreaban de rojo. Scorpius sonrió sin que ella lo viera. Volvió a acercarse a esos labios que desde los quince años le habían vuelto loco y la besó lentamente. Descendió con su besos hasta llegar a uno de los pezones de la chica, el cual succionó suavemente mientras colocaba una de sus manos en la cadera de la chica.
Rose no se lo podía creer que estuviera haciendo esto con Scorpius. Su espalda se arqueaba con cada beso del rubio y cuando este se deshizo de sus medias y de su ropa interior, sintió como la vergüenza volvía a ella.
—Joder...Scorpius...
La vergüenza fue sustituída rápidamente por el placer al sentir la lengua de Scorpius jugando con su intimidad. Scorpius no parecía el tipo de chico experto en ese tipo de prácticas y Rose se encontraba gratamente sorprendida. La lengua del rubio se movía experta sobre su clítoris lo que provocó que Rose enredara sus manos en su melena rubia.
Eso envalentonó a Scorpius, quien introdujo su lengua dentro de la chica disfrutando de su dulce sabor. Los gemidos de Rose era lo único que oía y le servían de combustible para continuar con su tarea. Quería que ella disfrutara, que supiera que estaban haciendo lo correcto.
Volvió a lamer lentamente, ejerciendo presión sobre el clítoris de la chica. La chica dijo algo intelegible y Scorpius continuó, cada vez con un ritmo más intenso. Su boca estaba inundada del sabor dulce de la chica y se estaba volviendo loco.
Sus pantalones le sobraban también y su ropa interior por lo que, como pudo sin dejar de darle placer a Rose, se deshizo de su ropa, quedando ambos desnudos. Introdujo dos de sus dedos dentro de la chica, lo que provocó un gemido bastante fuerte.
La visión de Rose con los ojos entrecerrados la boca abierta lo excitó aún más, aumentando los movimientos de su lengua. Sintió como los dedos de Rose apretaban su cabeza más contra ella y como su espalda se arqueaba.
Scorpius sonrió orgulloso. Sabía que había hecho un buen trabajo. Volvió de nuevo a besar a Rose, esta vez con el sabor de ella en sus labios. Comenzó a rozar levemente su pene contra la entrada de la chica, que aún gemía con los ojos cerrados.
—Scorpius...más por favor...
Fue entonces cuando el rubio cayó en la cuenta de algo. Scorpius rio en el hueco de su cuello, lo que confundió a Rose sacándola de su felicidad post orgasmo.
—¿Qué ocurre, Scorpius?
El rubio la miró y sonrió de manera chulesca. Rose había podido notar que el chico se transformaba completamente en otra persona a la hora de hacer el amor.
—Hay algo en lo que no hemos pensado antes de hacer esto.
Rose sintió la erección de Scorpius en la entrada de su sexo. Rose quería sentirle dentro, después del orgasmo que le había provocado con su lengua, no quería parar aquello. Esperaba que el chico no se echase atrás ahora.
—¿En qué no hemos pensado?
—No sé tú, pero yo no tengo condones. Y si hay alguno en esa cómoda, será prehistórico.
Rose rio, sonido que encantó a Scorpius.
—Bueno...podemos hacerlo sin...por una vez, no tiene porque pasar nada.
—¿Estás segura?
—Sí.
La decisión en la afirmación de Rose le sirvió a Scorpius para comenzar a jugar en la entrada de la chica. Quería que estuviera al borde, que gozara de estar con él. Rose buscó el contacto pero él la rehuyó. Scorpius sonrió al ver la cara de fastidio de la pelirroja y de una estocada, se clavó en ella.
—Ahhh...
Sintió como la chica aceptaba su intromisión adaptándose a su tamaño. Lentamente, Scorpius comenzó a mover sus caderas contra las de ella. Rose se sentía casi como rozando el cielo. Scorpius tenía el tamaño perfecto y se sentía conectada a él, no solamente a nivel físico. Podía sentir cada uno de sus músculos flexionándose. Rose se incorporó para besarle quedando sentada sobre los musculosos muslos del rubio. Scorpius gruñó, lo que provocó una ola de placer en Rose.
—Rose...
La pelirroja se movió aún más rápido sobre él. Scorpius sentía que se iba a correr en seguida, hacía demasiado tiempo que no estaba en una situación así y sabía que iba a pasarle. Rose rebajó el ritmo al sentir su orgasmo cerca, quería alargar el momento al máximo.
Buscó con la mirada los ojos de Scorpius, ahora completamente negros y no dejó de mirarle. Continuaron un rato así, besándose y acariciándose como dos amantes que se descubren por primera vez.
—Eres preciosa, Rose.
El tono de voz y la sinceridad en los ojos de Scorpius consiguió que se corriera. Scorpius no dejó de moverse, alargando esa placentera tortura que hacía que sus pezones se endurecieran de nuevo. Scorpius sentía que iba a correrse ya, pero quería disfrutar de la visión de la chica. Quería disfrutar de esa placentera mueca de la que él era artícife. Sintiendo que iba a correrse, se salió de la chica derramándose sobre su vientre.
Rose cayó como un peso muerto sobre la cama, con una sonrisa de oreja a oreja. Scorpius se tumbó a su lado, observándola. La visión de Rose sobre su cama le era extrañamente placentera y no se iba a quejar por ello. Entonces el rubio acarició la mejilla de Rose. Ni siquiera en sus mejores sueños habría pensado que este momento entre ambos pudiera haber sido más perfecto.
—¿En qué piensas, Rose?
Rose se giró hacia él, buscando refugio en su pecho.
—Pienso en que si alguien me hubiera llegado a decir que acabaría en la cama del rubio rarito de la biblioteca sonriendo como una boba, hubiera dicho que esa persona estaba loca.
—Uhm...¿qué hay de malo en eso? Si alguien me hubiera llegado a decir que acabaría con la animadora pelirroja más fiera del instituto enredada en mis sábanas, probablemente hubiera dicho lo mismo.
—Quizás los locos seamos nosotros por haber hecho esto.
—Muy probablemente, pero al contrario que muchas otras cosas que he hecho en mi vida, de esto no me arrepiento.
Scorpius la atrajo hacia así después de aquellas palabras. Ambos se quedaron en silencio, repartiéndose caricias hasta que se quedaron dormidos.
