Aquí yo de nuevo abusando del internet de mi móvil xD para traer la última entrega de este three-short,

no me entretengo mucho para no gastarlo.

Besos & Abrazos.


Ciclo zafiro.

Abril.

Yamazaki Sousuke/Nanase Haruka.

Cuando Makoto encontró por fin a Haru este estaba en la habitación que compartían secándose la cabeza con una toalla de las que usaba para nadar. Lo miró, el reproche brillando en los hermosos ojos verdes.

- Tenía que hacerlo – respondió, a la pregunta silenciosa de Makoto.

- ¿Y qué pasa contigo entonces?

- Bueno – miró hacia la ventana.- He ganado – dijo, refiriéndose a la pequeña competición que había tenido con Sousuke.

Conocía el sentimiento de resignación que la voz de Makoto dejaba traslucir, había intentado convencerlo en numerables ocasiones de que no te dejara ir, de que te enamorara, pero si no sabía cómo lo había hecho la primera vez… ¿cómo iba a hacerlo ahora? ¿Cómo iba siquiera a pensar en la opción que te causaría más sufrimiento? No podía, te lo debía: te debía buscar tu felicidad por aquellos años en los que abandonó lo que más amabais los dos.

- Me conformo con no perderla, Makoto – dijo, dando por zanjada la discusión.

- ¿A dónde vas? – preguntó de nuevo cuando lo vio salir de la habitación.

- Tengo que encontrarla.

Ni siquiera estabas segura de en cuál de los numerosos jardines del hostal habías ido a parar, pero en realidad no importaba porque te gustaba el ambiente: la agradable brisa que movía los pétalos de cerezo que luchaban por llegar al suelo.

Odiabas llorar por encima de todas las cosas. Te hacía sentir débil, indefensa, como si volvieras a ser aquella niñita llorona que siempre se tropezaba intentando correr detrás de Haru y Rin.

Haru…

Rin.

Sousuke…

Un sonido lastimero parecido a un gemido ahogado salió de tu garganta.

- No me gusta verte llorar.

Su voz no te sobresaltó. Daba igual dónde te escondieras o a dónde trataras de huir de él cuando estabas enfadada, cuando estabas dolida. Haru siempre te encontraba. Siempre había sido así y por lo visto las cosas no habían cambiado tanto desde la infancia, al menos no tanto como tú pensabas. Haru era Haru. Tú eras tú. Y a pesar de las dificultades que estabas teniendo para entenderte a ti misma… entre vosotros todo estaba como siempre, claro y nítido, transparente.

- Go-gomen ne, Haru – sorbiste, intentando por todos los medios que las lágrimas pararan de salir de tus ojos, pero no podías, de alguna manera tenías que sacar todo ese dolor. De alguna manera.

No emitió ningún sonido cuando se sentó a tu lado.

- Le quieres.

- ¿Qué? - de nuevo consiguió que las lágrimas pararan del golpe.

- A Yamazaki. No te molestes en negarlo, no puedes mentirme – inflaste los mofletes casi indignada. Bueno, sí, era verdad, pero no tenía por qué recordártelo todo el tiempo.- (T/N) – te llamó, tú no lo miraste, no querías, no podías.- Tienes que dejarme ir.

Tales palabras causaron más impresión que las anteriores, por lo que ni siquiera pudiste reaccionar de forma brusca o sobresaltada. Te había dejado, literalmente, en blanco, sin palabras y el nudo que se formó de repente en tu garganta solo te dejaba soltar sollozos entrecortados.

- No… n-no quiero… no quiero dejar ir a Haru – lloraste, de nuevo, aún más.- No quiero alejarme de Haru – respondiste, como si estuvieras hablando con otra persona.

- Me has malinterpretado – suspiró, intranquilo, tu estado solo empeoraba aunque él estaba tratando de tranquilizarte, de decirte que no pasaba nada porque volvieras a amar.- Deja en el pasado lo que sentías por mí – cogió las manos que tapaban tu rostro, sus ojos azules como la profundidad del mar se encontraron con los tuyos.

- Te quise mucho, Haru.

- Lo sé – besó tu frente.- Pero ahora quieres a otra persona que se lo merece tanto o más que yo, (T/N), no luches contra lo que eres. Mírame – alzaste los ojos hasta él.- Eres una de las pocas personas en este mundo que vale la pena amar. Deja que Sousuke te ame, déjalo intentarlo – te sonrojaste, ¿Haru lo había llamado por su nombre? ¿Te habías perdido algo?

- Pe-pero… é-él y tú…

- Me da igual lo que piense sobre mí – dijo, sincero, no tenía que ser él quien te dijera que habían llegado a una especie de tregua por ti.- Si te hace daño… con un poco de suerte será alérgico a la caballa – no, al parecer no te habías perdido la reconciliación del siglo.

Y, por primera vez desde que la situación se había complicado, Haru escuchó tu risa y fue entonces cuando sintió que todo había valido la pena. Incluso dejarte ir.

- ¿Estás mejor? – asentiste.- Deberías ir a comer algo. ¿Quieres que te acompañe? – negaste suavemente, te acercaste a él y le diste un casto beso en los labios.

- Hasta nunca, Haru-chan.

Un escalofrío recorrió la espina dorsal del muchacho, hacia muchísimos años que tú no lo llamabas así. Entendió pues que aquella era la despedida, que por fin dejabas ir el amor que alguna vez llegaste a sentir por él.

- Nos vemos en el entrenamiento de la tarde.

Otra risa por tu parte y entraste al hostal en busca del que sentías que era el amor de tu vida para esta vez no dejarlo ir, nunca.

Haru dejó caer la cabeza entre sus manos cuando sintió la presencia de Makoto a su derecha, silenciosa, reconfortante, se acercó al cuerpo del espaldista buscando el conocido consuelo que ahora mismo necesitaba.

- Le dices que no te mienta y tú eres el primero en mentirle a ella.

- Hace mucho tiempo que su corazón lo escogió a él – se encogió levemente de hombros y dejó que su cabeza reposara en el hombro de capitán de Iwatobi, estaba agotado.- Makoto, no te enfades. Te saldrán arrugas.

- Ella ni siquiera sabía que podía elegir, que tenía más de una opción, Haru-chan.

- Cualquier opción que significara su sufrimiento quedó descartada desde el principio – su respiración comenzaba a ser tranquila, estaba tan cansado.- Y, por favor, ahora mismo… no me llames así.

Makoto alzó una ceja sin entender, pero no preguntó.

Sousuke se había recorrido el hostal más veces de las que ya era capaz de contar, seguramente tantas como las que se había perdido. ¿Quién diablos había diseñado aquel espantoso lugar? No estabas en el comedor, ni en las habitaciones, ni en los pocos jardines que fue capaz de localizar… ¿dónde? ¿Dónde? ¡Por Kami-sama, quería verte! ¡Ansiaba verte! Ni siquiera Rin sabía dónde estabas, Haru no respondía al móvil y… pero una pequeña exclamación de sorpresa al doblar la esquina y una mano que se aferró a su chaqueta para no caer capturó completamente su atención. Y, de repente, allí estabas, en sus brazos.

Tuvo que reprimir los instintos animales que le asaltaron para que cediera al impulso de lanzarse encima de ti, devorarte y no dejarte ir. Jamás.

- Lo siento mucho…

Alzaste la mirada que se encontró con la suya y sintió cómo intentaste huir, pero con una delicadeza y con un cuidado extraños en él sus brazos se aferraron más a tu figura y te dieron un cálido abrazo. No aflojó el agarre ni cuando estuvo seguro de que no ibas a escapar porque pasaste tus delgados brazos por su cuello, para estar más cerca de él, de su cuerpo, para sentirlo más.

Desesperado una vez que recibió tu aprobación a su cercanía, a su invasión, buscó tus labios. Y te besó de nuevo. Y tú pensaste que había sido una verdadera locura alejarlo de ti, no dejar que te besara más y más en la piscina. Acariciaste su sedoso cabello azabache, sintiéndote completa por primera vez en muchísimo tiempo.

En algún momento, te rendiste a los sentimientos que abrumaban tus sentidos, al placer que entorpecía tus pensamientos y dejaste que Sousuke te condujera por ese sendero. En algún momento, aunque no lo recordarías después, dieron con la habitación de él. En algún momento, tu ropa dejó de cubrir tu cuerpo. En algún momento, te dejó como viniste al mundo y cubrió tu erizada piel de besos, de caricias, de suspiros y de pequeños mordiscos. En algún momento, o más bien en varios, los gemidos escaparon de tu garganta sin permiso. En algún momento, él paró y buscó tus ojos y te obligó a mirarlo porque quería que le prestaras atención.

- Te quiero, (T/N), te quiero.

En algún momento, las lágrimas de felicidad empezaron a caer mientras él las secaba a besos o con su lengua, contacto que te hacía reír. En algún momento, hubo algo de dolor. En algún momento, el placer inundó cada poro de tu cuerpo. En algún momento, de lucidez, te diste cuenta que aquello era como nadar, e incluso mejor. En algún momento, te diste cuenta que en sus brazos, sintiendo su piel contra la tuya, sus manos abarcando tus partes íntimas… eras más libre que nunca.

- Te quiero, Sousuke – dijiste, en algún momento, o en varios, con cada beso, con cada embiste, con cada caricia llena de amor.

En algún momento, despertaste porque, en algún momento, Sousuke se había despertado y había comenzado a acariciar tu espalda.

- Lo siento – dijo, de repente.

- Creo que eso ya lo he escuchado antes – susurraste, tratando en vano de hacer memoria, había cosas más interesantes que recordar.

- No quise hacerte daño, yo… - calló porque colocaste un dedo sobre sus labios, suspiraste de placer cuando él lo besó.

- Te quiero, Sousuke, lo anterior a eso no importa.

Él sonrió, sincero, con aquella sonrisa que tan bonita te había parecido el día que lo conociste y te acunó entre sus brazos para descansar un poco más, pero un pequeño y tímido ruido sonó en la habitación.

- Ne, Sousuke… tengo ganas de comer.

Definitivamente, eras la chica de la que se había enamorado hasta las trancas.


¡Se acabó!

El siguiente es Mikoshiba Momotarou (había escrito Momoshiro... WTF?! Se me va, es el calor. Gracias a la persona que avisó xD).

^^ Espero que este les haya gustado.

Buenos días & Buenas tardes & Buenas noches.