ACLARACIONES: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
ADVERTENCIAS: Posible lenguaje soez.
Capitulo 21: Cartas.
La pequeña niña observo con adoración a la mujer que estaba sentada a su lado izquierdo, ambas situadas sobre una pequeña banca de concreto que estaba en el centro del grande y frondoso jardín de la mansión Hyuga.
El cabello de la mujer se ondeaba suavemente ante la leve brisa que soplaba esa preciosa tarde.
El cabello de la mujer fue lo que llamo poderosamente la atención de la pequeña que estaba aun lado. La pequeña miro con admiración el largo y grueso cabello que su madre portaba. Era tan hermoso, en el clan no había ninguna cabellera tan preciosa como la de su madre y eso lo podía jurar.
De repente una incógnita paso por la mente de la pequeña niña.
Ladeo la cabeza y miro a su madre con una ceja alzada.
La mujer al ver ese gesto, sonrió hacia la pequeña y la miro interrogante. — ¿Pasa algo cariño? — pregunto con su suave y cantarina voz.
— ¿Por qué nuestro cabello es diferente al de los demás Hyuga? — pregunto con curiosidad al ser que tanto el cabello de su madre como el suyo, eran de un color azulado, mientras el cabello de su demás familia era castaño.
—Oh, bueno — su madre ladeo la cabeza y miro el frondoso árbol que tenían en frente, ese era el árbol mas viejo y grande de todo el recinto Hyuga — eso es por que nadie nace siendo igual a otra persona, Hinata.
—Pe-pero, tu y yo nos parecemos mucho okaa-chan — dijo sin entender lo que su madre estaba diciendo. Según ella y muchas mas personas, su madre y ella eran idénticas.
Hikari sonrió comprensiva. — El hecho de que nos parezcamos físicamente no significa que seamos idénticas Hinata-chan.
—No comprendo lo que tratas de decir.
—Lo que trato de decir es que jamás vas a ser idéntica a alguien. Eres única al igual que yo o cualquier otra persona. Tu tienes algo que te diferencia a los demás al igual que yo tengo algo que me diferencia.
La pequeña pestañeo repetidas veces mientras que su mente procesaba lo que su madre estaba explicándole. Sonrió ampliamente una vez que entendió lo que su madre quiso decirle.
—Entonces, ¿soy única?
—Por supuesto que lo eres.
—Y ¿Qué es lo que me hace diferente a los demás? — pregunto curiosa y emocionada, mirando a su madre con los ojos brillosos y con expectación.
Hikari ladeo la cabeza y observo atentamente a Hinata, le sonrió maternalmente y después acaricio su mejilla con suavidad. — Todo lo que hay en ti te hace diferente al resto, Hina-chan.
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Soltó un pequeño quejido al mismo tiempo que se incorporaba por completo. Su respiración se había tornado muy agitada, su piel se sentía húmeda y sus ojos estaban picando. Llevo sus temblorosas manos hacia su frente, secando la delgada capa de sudor que se había formado en ella.
Se sobre salto cuando sintió un fuerte brazo sujetarla de la cintura con firmeza. De inmediato llevo su perlada mirada hacia su costado, econtrandose con el hombre de su vida completamente dormido. Trago saliva cuando recordó lo que había pasado con el.
Habían tenido sex...sexo.
Sintió como sus orejas se calentaban y ese calor recorría hasta sus mejillas y cuello.
Tan solo recordar como la había tocado, como la había besado y como le había susurrado palabras excitantes... eso solo hacia que quisiera repetir todo lo que habian hecho esa noche. Eso solo hacia que quisiera repetirlo mil veces mas hasta que su cuerpo le gritara que ya era suficiente.
Se tapo los ojos al descubrirse así misma pensando en eso. — Soy u-una pervertida...— musito avergonzada.
Justo cuando iba a seguir llamándose pervertida así misma, sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo. En ese momento deparo en algo, estaba desnuda, completamente desnuda y Sasuke se hallaba igual.
Ahora si podía llamarse un gran tomate andante con el color que se había pintado su rostro.
Intento no chillar ante su descubrimiento, llevo sus brazos con rapidez hacia sus senos y cruzo sus piernas.
Empezó a sentir un gran bochorno recorrer su cuerpo y se pregunto, ¿Cómo es que había echo todo eso con Sasuke sin desmayarse en el intento? No lo sabia, solo sabia que el poder de la excitación y un hombre tan apuesto como Sasuke podían lograrlo.
Trago saliva cuando inconscientemente sus ojos fueron en dirección a Sasuke, quien se encontraba boca abajo, durmiendo profundamente.
Los ojos de Hinata recorrieron su bien definida espalda, hasta llegar a un lugar que no había visto cuando lo miro desnudarse delante de ella.
Podía jurar que ese hombre tenia mas nalgas que ella misma.
Tuvo que llevar sus manos hacia su nariz, tratando de que la sangre no comenzara a salir a chorros de esta.
Una vez que miro todo muy bien mientras se repetía en su mente lo pervertida que era, decidió que ya era suficiente y que tenia que recuperar la seriedad de el asunto.
Al ser consiente de ello, solo suspiro largamente mientras sus ojos se abnegaban de lagrimas. No quería irse y dejarlo así. Quería quedarse, quería quedarse para siempre con el. Quería que el la amara de verdad, que el en realidad nunca hubiera jugado con ella. Quería olvidar a su estúpido clan y al estúpido sellado. Por primera vez en su vida deseo ser alguien como los Hyuga, por primera vez deseo ser como Hanabi o como su padre.
Bajo la cabeza y apretó con sus puños las sabanas blancas que estaban situadas bajo ella.
Se sentía tan débil e inservible. ¿Cómo era posible que no luchara por lo que quería? ¿Qué rayos estaba haciendo? ¿Por que se rendía?
Por que... estaba harta de tantos problemas. Simplemente había decidido la salida mas fácil para todo el mundo, ya que estaba cansada de luchar contra lo que era inevitable. En ese momento estaba aceptando que si había un destino, y que el suyo era morir ese mismo día.
Sin querer alargar mas ese momento, quito con delicadeza el brazo que la rodeaba y lo puso con sutileza sobre la acolchonada cama. Recogió del suelo sus ropas y puso cada una en su lugar, quedando completamente vestida.
La ropa aun se encontraba húmeda pero poco le importo, ya no debía preocuparse sobre pescar algún resfriado.
Viro sus ojos hacia un lado y encontró su mochila, supo que era hora de entregarle a Sasuke lo que ella había escrito solo para el.
Tomo su mochila y la abrió para meter su mano en ella y sacar la carta. La miro unos segundos, aun estando doblada, después la dejo sobre donde ella hacia unos segundos había estado acostada.
Sonrió tristemente, se acerco con lentitud hacia el rostro de Sasuke y beso suavemente su mejilla. Puso por un momento su frente contra la suya, aprovechando el momento para susurrar una palabra. —Te amo Sasuke.
Una pequeña lagrima escurrió por su mejilla. La limpio con rapidez, después llevo su otra mano hacia el rostro de Sasuke y lo acaricio suavemente antes de desaparecer de la habitación, dejando atrás una pequeña nube de humo.
—¡Ahhh! — estiro sus brazos hacia el cielo aun oscuro y dio un pequeño bostezo —, aun tengo mucho sueño.
—Yo igual — dijo un adormilado Konohamaru, rascando la parte de atrás de su oreja.
Apenas eran las cuatro de la madrugada y ellos ya estaban fuera de la aldea, apunto de cumplir una misión de rastreo y rescate. Obviamente los jóvenes lo que mas querían en ese momento era dormir y dormir en una suave cama, pero el deber como ninja estaba primero que cualquier cosa, así que ahí se encontraban, parados y medios dormidos bajo las estrellas.
Hanabi llevo sus brazos hacia su nuca y miro el estrellado cielo, estando parada en medio de el gran bosque.
—Oie, ¿no deberíamos seguir en vez de armar una fogata? —pregunto Moegi, quien estaba sentada bajo un gran árbol.
Hanabi negó sin dejar de mirar el cielo. —Necesitamos repasar el pergamino e idear un buen plan para no fallar en la misión — recordó, caminando hacia ella para sentarse a su lado mientras tomaba su mochila y la situaba en sus piernas —. Ademas Udon ya fue por leña.
Moegi solo alzo los hombros y miro a Konohamaru, quien solo asintió con un bostezo.
— Oye Hanabi —llamo el chico mientras se estiraba gatunamente —, ¿puedo tomar una siesta mientras Udon vuelve con la leña? Es que enserio no he dormido muy bien últimamente por culpa de Naruto-nii...— no termino de decir lo que estaba contando pues cuando volteo pudo ver algo que lo dejo confundido.
Hanabi tenia sus ojos completamente abiertos, mientras sus manos temblorosas sostenían una carta que al parecer había sacado de su mochila.
Moegi miro con preocupación a Hanabi. Estiro su brazo y tomo con delicadeza el hombro de Hanabi, sintiendo al instante como este temblaba.
— Hanabi-chan, ¿Qué pasa? —
La castaña no respondió, ella solo estaba con su mirada fija en la carta, releyendo y releyendo cada línea que estaba escrita en ella, sin aun creer lo que estaba captando en ella.
"Hanabi, lamento informarte que no soy la hermana que crees que soy. No soy fuerte y mucho menos valiente. En cambio, tu si lo eres y mucho. Eso es lo que te hace sobre salir ante cualquier cosa, tu valentía es gigantesca así que hazle un favor a tu hermana y se valiente. Jamás dejes que nadie te dañe, se fuerte. Quiero que seas consiente de que ahora ya no estaré contigo, ya no podre protegerte. Seré sellada por mi carácter débil y mi falta de fuerza. Lo único bueno de todo esto es que tu serás una mejor líder, una mucho mejor que yo, hermana. Gracias por ser mi hermana pequeña Hanabi, gracias por tu admiración aun que esta nunca la hubiese merecido, gracias por ser paciente, gracias por tu cariño y gracias por ser lo que yo siempre quise ser. Me diste fuerzas un tiempo Hanabi-chan, pero ahora que veo que eres lo suficientemente fuerte como para cuidarte tu sola, es hora de que yo acepte mi destino. Recuerda, se fuerte y no dejes que el consejo te haga daño. Se fuerte por las dos.
Te amo Hanabi, adiós."
Las lagrimas comenzaron a acumularse en los perlados ojos de Hanabi, su corazón comenzó a tamborear alocado, sintiendo un temor profundo y terrible al saber que su hermana se iría para siempre de su vida.
Tapo con fuerza su boca, tratando que los sollozos no se escucharan mas de lo que ya se escuchaban aun con su mano sobre sus labios. Cerro con fuerza los ojos, deseando que eso solo hubiese sido un mal sueño.
—¡Hanabi-chan! ¿Qué te pasa? ¡¿Por que lloras?! —exclamo Konohamaru, mirando con preocupación a su compañera.
Desgraciadamente, eso no era un sueño.
Moegi, llevo su mano hacia el suelo para tomar la carta que al parecer era la causante del estado de Hanabi. Sin importarle mucho que Hanabi se llegara a molestar por haberla tomado, la desdoblo nuevamente y leyó con detenimiento el contenido de esta.
Una vez acabada la carta, la expresión de Moegi fue de preocupación y tristeza.
— Hinata-san...— susurro apretando su puño. Dejo la carta en el suelo y miro a Hanabi con determinación — ¡Deja de llorar! — ordeno en un grito, impresionando a Konohamaru y a Hanabi, quien dejo de llorar para verla con los ojos llorosos —. Deja de llorar...— susurro esta vez, mirando a Hanabi con el ceño fruncido —, deja de llorar y vamos a salvar a Hinata-san.
—¿Salvar a Hinata-san? — se escucho la voz de Udon, quien iba hacia ellos con los pedazos de madera sobre sus brazos.
— ¿Hinata-san esta en peligro? — pregunto esta vez Konohamaru, quien miraba con impresión a Moegi.
Moegi se mantenía en silencio, solo observando a Hanabi, sin importarle que sus amigos estuvieran como locos mientras preguntaban sobre Hinata.
Hanabi miraba sus manos con los ojos bien abiertos, aun tratando de procesar la información. Después de unos segundos de estar pensando, trago saliva y miro a la peli naranja con una mirada decidida.
—Vamos a salvar a mi hermana.
Moegi sonrió y asintió, parándose del suelo mientras era imitada por Hanabi.
—Yo aun no entiendo nada — lloriqueo Konohamaru con una gota tras su cabeza.
—Yo tampoco —le secundo Udon, quien rascaba su nuca mientras se ajustaba los anteojos.
El pequeño observo con curiosidad la pulsera que portaba la muñeca de su madre. Dicha pulsera tenia un colgante con el símbolo del clan Uchiha, mientras que la manilla era de color dorado.
Lo que llamaba poderosamente su atención era que todas las mujeres de su clan, las cuales estaban casadas o comprometidas, tenia dicha pulsera. El no entendía muy bien aquello, así que como todo niño curioso, miro a su madre quien se mantenía haciendo la cena y la llamo para hacerle la pregunta que tanto rondaba por su mente.
—Okaa-chan —la madre del pequeño dejo de partir las verduras para mirarlo atentamente. El estaba sentado en el comedor —¿Puedo hacerte una pregunta?
Mikoto soltó una risilla —Ya la hiciste cariño —volteo para darle la cara a Sasuke y limpio sus manos sobre el delantal rosa —. Dime Sasuke-kun ¿Qué es lo que quieres saber?
Sasuke miro fijamente la pulsera y después miro a su madre, quien esperaba pacientemente la pregunta que estaba apunto de hacerle su pequeño hijo.
—Esa pulsera...¿Que significa y por que nunca te la quitas?
Mikoto pestañeo impresionada por la pregunta, nunca pensó que su hijo preguntaría eso. Sabia que era muy curioso, pero nunca imagino que fuera a fijarse en ese detalle. Aun así sonrió maternalmente y llevo su muñeca hacia el frente.
— En el clan Uchiha es una tradición que cuando te comprometes tienes que darle a la mujer una pulsera como signo de tu amor y compromiso con esa persona. A las mujeres se les da una linda pulsera, hay de muchos tipos, mientras que a los hombres se les da una cadena con el dije que el emblema Uchiha — explico siempre con una sonrisa, mientras Sasuke la miraba aun con una ceja alzada — . De hecho, tu padre ya tiene una pulsera para el momento en el que te quieras comprometer con una chica — Mikoto le guiño el ojo a su hijo.
Al escuchar eso, Sasuke saco la lengua e hizo un sonido de repulsión. —¡Jamás me casare okaa-chan!
—Ou, es lo mismo que yo decía cuando tenia tu edad Sasu-chan —miro a su hijo con ternura mientras el aun sacaba la lengua y negaba con la cabeza —. Un día conocerás a la chica indicada y te enamoraras tanto que recordaras que una vez tu madre te dijo esto —sentencio, segura de sus palabras.
—Las chicas son escandalosas, locas y nunca me dejan en paz. Obviamente jamas me casare —contesto renuente, convencido de que jamas en toda su vida el daría esa pulsera a alguien.
—Eso dices ahora cariño —canturreo la mujer, para después seguir cortando los vegetales mientras tarareaba una canción.
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—Mira, ella es la chica mas rara de todo el salón.
—Que cosas dices, ella es la mas rara de toda la aldea.
Carcajadas se escucharon después de que esos niños dijeran eso mientras veían de reojo a la pequeña pelinegra que estaba sentada al fondo del salón.
Sasuke alzo una ceja con curiosidad y llevo su mirada sobre su hombro para ver hacia donde todos los chicos veían aun sin dejar de reír y de decir cosas desagradables.
En dicho lugar se hallaba una niña de no mas de ocho años de edad, quien se encontraba con la vista gacha mientras sus hombros temblaban ligeramente, signo de que estaba tratando de no llorar ante los comentarios de sus compañeros de clases.
Sintió pena por ella, pues de todas las chicas de había en el aula, ella siempre era la mas calmada y silenciosa de todas. Para el eso no era mas que una gran virtud, ya que ahí todas las niñas eran lo contrario a lo que era ella. En lo personal, prefería mil veces que las chicas se comportaran así como ella a que siguieran siendo escandalosas e insoportables.
De repente observo como la chica levantaba la mirada y la ponía justo en el pizarron. Sus ojos estaban irritados e hinchados. Cuando miro sus ojos, de nuevo sintió esa sensación rara en su pecho como cada vez que los miraba por accidente. Era tan raro verlos y que estos le producieran un cosquilleo en el vientre y que provocaran que su corazón latiera un poco mas rápido de lo normal.
Desvió su atención de ella para mirar a los chicos que habían hablado nuevamente, haciendo que esta vez frunciera el ceño estando harto de los comentarios y los insultos que soltaban.
—Y sus ojos, son tan raros — dijo uno, mirándolos como si le dieran repelús —. Dan miedo ¿neh?
—Vaya que si.
Escucho un pequeño sollozo, proviniendo de los labios de la peli azul.
Fue tan pequeño e inaudible, que estaba seguro de que el fue el único que lo había escuchado.
Sintiéndose raramente molesto por escuchar la tristeza de la chica, estuvo apunto de levantarse para callar a esos niños con un buen puñetazo en la cara, pero antes de que el pudiera hacer algo, alguien mas ya lo había hecho.
Apretó los puños, sintiendo sin saber por que, aun mas coraje al ver de quien se trataba.
—¡Oigan! ¡Déjenla en paz, dattebayo!
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Lentamente fue abriendo los ojos, sintiendo como los rayos del sol entraban por su ventana, dándole de lleno en sus azabaches ojos.
Pestañeo un par de veces y se estiro un poco aun recostado sobre la cama, dio un pequeño bostezo y cerro los ojos tratando que la morriña desapareciera de el.
De repente, todos los recuerdos sobre la madrugada hicieron que una pequeña y casi invisible sonrisa se implantara en su rostro. Llevo su brazo hacia su costado y palpo la cama con delicadeza. Grande fue su decepción al sentir que ese lugar estaba vació y solitario. Seguro ella ya se había ido pues no sentía ningún chakra en la casa.
Suspiro y dejo caer su brazo sobre el lugar en donde anteriormente había estado la Hyuga.
De repente su mano se topo con la carta que Hinata había dejado sobre su cama.
Al sentir eso, abrió los ojos lentamente y tomo la carta para verla con extrañeza.
El sobre no decía absolutamente nada, así que rápidamente abrió dicho sobre para saber de una ves por todas sobre que se trataba el contenido.
Extendió la hoja de papel y empezó a leer el contenido con los ojos entrecerrados, los cuales se hacían cada vez mas y mas grandes conforme iba pasando de renglón a renglón.
"Jamas pensé que Sasuke Uchiha llegara a mi vida de esta forma, así como jamas pensé que terminaría enamorándome de una persona que solo jugo conmigo por un largo tiempo. Estúpidamente y por un momento pensé que tu si sentías algo por mi, pensé que al fin era correspondida y hasta agradecí a dios que Naruto jamas me hubiera correspondido, por que de no ser así entonces yo nunca me hubiera enamorado de ti. Si, estoy consiente de que tu no me amas pero la verdad es que no me importa, no importa si tu no me amas pues yo si lo hago y nada va a cambiar esto que siento por ti, Sasuke. No me arrepiento de nada, ni de ser tu guardiana ni de decirte que lamentablemente tu y yo jamas podremos estar juntos, pues tu así no lo quieres y sinceramente yo tampoco. Lamento tanto que esto se termine así pero no hay opción. De verdad hubiese querido que tu me quisieras como yo te quiero a ti, de verdad me hubiera gustado poder quedarme mas tiempo pero no puedo. Debo irme Sasuke y jamás podremos vernos de nuevo. Es algo complicado de explicar así que tu solo dame por muerta, yo ya no existo para ti y ti tampoco para mi. Duele como los mil demonios pero, no hay otra cosa que pueda hacer por nosotros. Se que no me amas y yo estoy bien con eso, aprendí a vivir con ese sentimiento de rechazo y dolor por mucho tiempo con Naruto. Lo único diferente a esa situación contigo es que tu rechazo duele mucho mas que cualquier otra cosa que haya sentido antes en toda mi vida. Enserio te amo de verdad, puedo jurarlo por lo que mas quiero. Gracias por todas las experiencias que me regalaste Sasuke, de verdad que este tiempo contigo fue el mejor de toda mi vida, a pesar de tu mal humor y de tus comentarios hirientes. Gracias a ti llegue a ver la vida de otra forma, y esa forma me gusto mas que nada.
Adiós, Sasuke."
Adiós, Sasuke.
Adiós, Sasuke.
Adiós Sasuke.
Apretó la carta que tenia entre manos y miro el suelo.
Estaba completamente jodido.
Entro casi de puntillas por los largos y aun tranquilos pasillos de la mansión Hyuga. Eran las cinco de la mañana y su padre, y los demás Hyuga seguro debían de estar alistándose para un nuevo día de quehaceres en la mansión. Hubiese sido un día normal y corriente, de no haber sido por el hecho de que ese mismo día se llevaría acabo su sellamiento.
Toda la rama secundaria estaba indignada y muy triste por la noticia. Para ellos, Hinata era la única persona que podía hacer un cambio, la única que podría traer a sus vidas un balance y justicia sobre su familia. Además, ella era tan buena con ellos, sin importar que perteneciera a la rama primaria y que ademas ella habia sido la próxima líder del clan. Aun no podían creer que esa barbaridad estuviese apunto de ocurrir, no podían creer que Hiashi Hyuga fuese tan cruel como para dejar que el consejo matara a su primogénita.
Mientras tanto, los pensamientos de Hinata eran totalmente distintos a los de su familia. Ella estaba completamente resignada y se decía así misma que no había otra salida, que eso era lo mejor para todo el mundo; que ella ya no respirara mas.
Hanabi seria una gran líder, de eso estaba completamente segura. Su hermana tenia la fuerza, el carácter, la valentía y el liderazgo que a ella le faltaba. Sabia que ella jamas dejaría que el consejo hiciera algo contra ella, sabia que tarde o temprano, quien le pondría un alto a esos viejos no seria nadie mas que ella, pues ella era valiente.
Solo esperaba que su padre no la traicionara como lo había hecho con ella. Deseaba con toda su alma que un día, Hiashi Hyuga cambiara de parecer, que su corazón cambiara y que un día estuviera dispuesto a todo con tal de ver a salvo a Hanabi. Esperaba con todo su corazón que un día, su padre reaccionara y que despertara de una maldita vez.
Frunció el ceño y negó con la cabeza, sintiéndose una estúpida. Era mas que obvio que Hiashi no cambiaría nunca. Que a Hanabi le tocaría defenderse sin la ayuda de su padre, y que hasta probablemente, un día ella tendría que protegerse de Hiashi.
Con mirada decaida, siguió caminando por los pasillos, hasta que para su desgracia, se encontró con Kumo, quien detuvo su andar a pesar de que por un momento lo paso de largo y con la mirada en alto.
— Hinata — llamo el hombre, haciendo que los pasos de Hinata se detuvieran. El viejo sonrió de medio lado al ver que Hinata le daba la espalda —siento interrumpir cualquier cosa sin importancia que estés haciendo, es que necesito informarte sobre algo.
Hinata se mantuvo en la misma posición, esperando la gilipollez que Kumo tuviera que decir.
—Veras, el consejo y yo estuvimos hablando sobre tu caso y... concordamos en que tenemos que matarte lo antes posible, ya sabes, para que dejes de estorbar —Kumo soltó una pequeña carcajada —. Será a las doce del día.
Las manos de Hinata se hicieron puños, sus puños comenzaron a temblar mientras sentía como un dolor en el estomago se implantaba. Sentía miedo, pero no dejaría que el lo viera. Eso jamas, asi que dispuesta a demostrarle que ella ya no les temía, tomo valor y contesto.
— Acaso, ¿Kumo-sama me tiene miedo?
La sonrisa de Kumo se borro lentamente al escuchar esas palabras, y su ceño se fruncio.
— ¿Disculpa? —pregunto con sorna —¿Miedo? ¿A ti? — tiro una risa nasal, asquerosa al oído de la Hyuga —. Esa es la cosa mas estúpida que alguna vez pudo soltar tu sucia boca.
—He estado pensando en algo estos días ¿sabes? —comento, ignorando las palabras despectivas del viejo — ¿Por qué mandaron a hombres a matarme, si ustedes se creen los hombres todo poderosos y fuertes de todo el clan?
Kumo solo observo con ojos redondos la espalda de la Hyuga. Sus ojos se ampliaron mas al escuchar como soltaba una risilla, la cual era todo menos tierna como las que comúnmente soltaba.
—Me tienen miedo y por eso quieren matarme — miro sobre su hombro, observando el rostro incrédulo del viejo — ¿Cómo te quedaste al ver los cuerpos de tus subordinados, Kumo? ¿Tienes miedo? —pregunto con voz inocente y pura, todo evidentemente fingido.
Queriendo divertirse un poco ante las expresiones de asombro e incredulidad de Kumo, se dio la media vuelta y le soltó de repente un gran "Bu".
Se mordió la mejilla para no carcajear cuando miro que Kumo se sobresalto sobre su lugar, aun mirándola.
—Lo sabía — se dio la vuelta, dándole la espalda nuevamente —. Puede que me vayan a matar, puede que lo hagan antes de la hora acordada y puede que ustedes estén felices por al fin poder deshacerse de mi, pero escucha bien Kumo. Tal vez no hoy, ni mañana, tal vez en unos años más, pero tarde o temprano van a recibir todo lo que se merecen e Irán do rectamente al infierno — sentenció para retomar sus pasos hasta dar vuelta por uno de los pasillos, dejando al incrédulo viejo con la mirada fija por donde ella había desaparecido.
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Tomo fuertemente aire mientras trataba de calmar su alocado corazón. Llevo su temblorosa mano hasta la altura de su pecho, sintiendo los potentes latidos. Sonrió de medio lado y por primera vez en mucho tiempo se sintió orgullosa de si misma. Por primera vez, ella no había acabado humillada, sino, que ella había humillado.
Sabia que ese sentimiento de placer que recorría su cuerpo estaba mal, pero poco le importaba. Además, pocas horas le quedaban de vida así que no se arrepentía de nada de lo que había hecho.
Siguió caminando por los pasillos de la mansión, ahora si topándose con algunos Hyuga de la rama secundaria, los cuales le daban una pequeña reverencia con la cabeza mientras decían "Buen día Hinata-sama". Todo eso sin ignorar el hecho de que sus miradas la observaban con pena, tristeza e impotencia.
Ella sólo respondía con una suave reverencia y una sincera y dulce sonrisa.
Cuando llegó a la que era la habitación de su padre, paro en seco y recordó que para el también había escrito una carta.
Suspiró, tomó su mochila y hurgo en ella para sacar la dichosa carta. Una vez la tuvo en sus manos, se quedo observándola por unos segundos mientras se preguntaba si realmente Hiashi se merecía dicha carta.
No, no la merecía. Pero, era su padre y ella lo amaba a pesar de todo. No podía odiarlo, por más que quisiera no podía.
Sin querer pensar más sobre el tema, se puso en cuclillas y cuidadosamente deslizó la hoja de papel por debajo de la puerta.
Una vez cumplido su cometido, reanudó sus pasos hasta ir a su habitación. Se daría un baño rápido y después saldría a visitar la tumba de Neji, a dejarle el último ramo de girasoles.
Frunció el ceño cuando los rayos de sol golpearon sus expuestos ojos castaños. Con torpeza, dirigió su brazo hasta la mesa de noche y tomó de ella sus lentes oscuros. Los puso rápidamente sobre sus ojos y se incorporó sobre la cama, dejando ver su torso sin camisa.
Suspiró y se estiró para tratar de despejar la morriña.
Movió su brazo nuevamente para abrir uno de sus cajones y para tomar una camisa color blanca.
Viro sus ojos castaños hasta su reloj digital, el cual se hallaba en la mesa, dándose cuenta de que eran las siete de la mañana. Alzó una ceja cuando sus ojos se toparon con un sobre blanco, el cual no traía escrito nada por afuera.
Con sigilo y cuidado, tomó dicho sobre de papel, y una vez que comprobó que no era traía consigo ninguna amenaza, pudo abrirlo tranquilamente.
"Shino-kun, sólo quería darte las gracias por tu amistad. En un principio, cuando apenas se había armado el equipo ocho, pensé por un momento que jamás nos considerarías a Kiba y a mi como tus amigos. Eras tan reservado y callado, además de no mostrar interés sobre tener una amistad con nosotros. Me sentí desanimada por un tiempo, pero después pude ver que tu sólo tenías miedo. Miedo a fracasar al intentar ser nuestro amigo.
Shino-kun, eres un miedoso. Recuerda que no eres perfecto, nadie lo es y por más que intentes serlo jamás lo vas a lograr. Deja de ser tan rígido y se feliz, has lo que quieras hacer y no te detengas por el que dirán de mi. Todos sabemos que eres el chico más sensato de toda la aldea, pero, a veces esto no suele ser una virtud.
Bueno, sólo quería recordarte lo que ya sabías y decirte que esto es una carta de despedida. Hoy me sellaran y se que es imposible que salga viva de esta.
Gracias por tu amistad Shino-kun, te quiero. "
Los ojos de Shino estaban completamente abiertos mientras que aún sostenía la carta pero con las manos temblorosas.
Soltó la carta y reaccionó de inmediato.
Saltó se la cama, tomó sus sandalias ninja y las se las calzo con rapidez sorprendente.
Tenía que avisarle a Kiba, tenían que hacer algo al respecto.
Tenían que salvar la vida de Hinata.
—Sai —murmuró entre sueños la rubia, abrazando con fuerza a quien creía en ese momento que se trataba de Sai —, me gustas mucho Sai-kun —balbuceo un par de cosas inentendibles y después soltó una risilla —. Cásate conmigo, tengamos muchos hijos y seamos felices por siempre — Restregó su mejilla por lo que debería de ser el rostro pálido y suave de Sai. Lentamente, sus orbes azules se abrieron somnolientos. Boqueo un par de veces y llevo su mano hacia la comisura de sus labios para secar la saliva que había salido.
—Ino —
La Yamanaka río cantarinamente.
—Si, ¿Sai?
—¡Suelta mi pie y deja de llamarlo Sai!
Ino dio un grito, agitó sus brazos de arriba hacia abajo e inevitablemente cayó de lleno al duro y frío suelo.
—Auch —se sobo la rubia cabellera, sintiendo como a poco un bulto empezaba a crecer sobre su cabeza —, dolió mucho. —se quejó lloriqueando comicamente.
Tenten, quien aún se encontraba feliz mente sobre la cama, sólo la miro con gracia. —Llamabas Sai a mi pie. Pensé que Sai no te gustaba.
El rostro de Ino se sonrojo hasta el punto de parecer un tomate. Balbuceo un rato antes de mirarla con el ceño fruncido, totalmente avergonzada.
—¡Sa-sa-sai no me gusta! —grito cruzándose de brazos.
—Eso dicelo a mi pie babeado.
Ino rodó los ojos y a duras penas se levantó del suelo, estiró sus brazos al cielo y miro a Tenten con los ojos entre cerrados.
—Nos quedamos dormidas revisando los pergaminos —apuntó con la mirada los rollos extendidos sobre el suelo —. Dejamos un desastre, ni siquiera recuerdo la hora en la que nos rendimos.
—Tampoco lo recuerdo — rasco su cabeza —. Oye, ¿tu nos echaste las mantas?
—No —respondido al instante sin recordar haber hecho eso —. Tal vez mamá fue.
Tenten asintió y lentamente se incorporó sobre la cama. Cuando recargo su mano sobre la cama, sintió y escucho algo raro que al parecer había aplastado con esa mano. Parpadeo confundida y viro su castaña mirada hacia abajo. —Uh — era un sobre blanco, en el cual no venía nada escrito por fuera —. Mira.
—Acá también hay otra —contestó Ino, inclinándose y tomando el sobre que estaba en el suelo.
Se miraron de reojo, y ambas con lo mismo en mente abrieron los sobres y sacaron el contenido.
"Ino-chan, muchas gracias por todo.
Aún no puedo creer que nuestra amistad hubiera iniciado tan tristemente, cuando tu padre y Neji-niisan murieron y tuvimos que apoyarnos la una a la otra. Compartiendo el dolor de perder a un ser amado. Gracias por tus consejos raros, por tus chistes subidos de tono, por preocuparte por mi. Gracias por ser mi amiga. Trata de no darle problemas a Tenten y deberías de decirle a Sai-san lo que sientes antes de que cualquier otra cosa pase.
Gracias por ser mi mejor amiga Ino.
Si digo todo esto es por que hoy me sellan y lo mas probable es que no sobreviva a esto.
Adiós Ino-chan."
—No —susurro con voz temblorosa, mientras sus manos sostenían el papel con fuerza, arrugándolo en el proceso.
"Tenten trago saliva, tratando de que el nudo en su garganta desapareciera. Fue inútil.
Tenten-chan, lamentó la muerte de Neji-niisan. Se que tu lo amabas y que te dolió tanto como a mi su pérdida. Lamentó haber sido la causante de tu dolor, si yo no hubiese sido tan débil entonces el jamás hubiese muerto y aún estuviera aquí, con ustedes. Las cosas ya están hechas, así que sigue adelante. Ve más halla de lo que tienes a un lado y date cuenta de quien te está buscando con desesperación. Si, me refiero a Lee-san. Te quiere y deberías de darle una oportunidad. Date la oportunidad de ser feliz."
Gracias por ser mi amiga, a pesar de que yo fui quien te arrebató la felicidad que tanto anhelabas.
Gracias por todo Tenten-chan.
Adiós. "
—No entiendo —musito Tenten con los ojos abnegados de lágrimas —, ¿Por qué me dice adiós? No estoy entendiendo… — miro a Ino con desesperación, a lo que la rubia bajo la mirada y apretó la carta.
—Hoy la sellan — dijo extranguladamente —, le pondrán el sello del pájaro enjaulado y ella asegura que no saldrá viva de esto.
—¿Qué? —pregunto en voz baja, mientras sentía como su corazón dejaba de latir lo una milésima de segundo.
Ino soltó un sollozo y se inclinó hacia el frente tapando sus labios con ambas manos.
Tenten sólo se quedo ahí, con la mirada perdida y un sinfín de sentimientos arremolinando su interior. Finalmente dio rienda suelta al llanto, sabiendo que era casi imposible poder salvar a su mejor amiga.
Esa noche no había pegado el ojo en ningún momento, aún que bueno, no era como si lo hubiera hecho en esa semana. Su mente y las pesadillas no lo dejaban consolidar el sueño, ocasionando que unas evidentes ojeras se implantaran bajo sus ojos. Lo tenía muy merecido, así que tampoco era como si se quejará mucho de su situación.
Sabia que era un maldito bastardo y que merecía más. Merecía un castigo peor que noches de insomnio y pesadillas que parecían ser la realidad. Merecía todo eso y mucho más.
No podía parar de pensar en ella, en Hinata.
¿Qué estaría pensando de el? ¿Que sentiría? ¿Lo odiaría?
Seguro estaría pensando lo peor de el. Que era el por ir padre de toda la faz de la tierra, que era un insensible, un monstruo vil y sin sentimientos. Seguro estaba sintiendo asco y abandono, seguro estaba sintiendo que el no la quería.
Seguro lo odiaba y ese odio lo tenía bien merecido.
Con los ojos rojos y cansados, dirigió su mirada hacia el espejo que tenía frente a su cama y se oteo lentamente.
Se veía tan viejo, tan cansado, tan despreciable, tan hijo de puta.
Llevo sus manos hacia su cabeza y recargo sus codos en sus rodillas.
Ese era el día en que mataban a su propia hija y el sólo se quedaba con los brazos cruzados sin hacer nada. De verdad que era un maldito bastardo. Tenía que hacer algo, tenía que salvarla, tenía que decirle que realmente si la amaba y que su comportamiento sólo era por cómo el consejo le había dicho que tenía que ser…
Pero no. No podía dejar en mal al Consejo delante de la rama secundaria.
—Lo lamento tanto hija —musito con voz temblorosa, apretando sus largos cabellos. Justo cuando iba a comenzar a sollozar en la soledad de su habitación, su mirada inconscientemente se fue hacia el suelo, cerca de la puerta de la habitación. Al ver lo que había ahí, de inmediato se levantó y se agachó para levantar lo que parecía ser una carta.
Sin esperar demasiado la abrió, quedando más destrozado aún cuando leyó as crudas palabras que tenía escritas.
"Ya no se si llamarte Hiashi o si seguir llamándose padre. Bueno, eso ya no tiene importancia supongo. Tu ya decidiste lo que quieres hacer y esta bien, no puedo obligarte a que ayudes a tu hija. No puedo obligar a que la ayudes para que no la asesinen. Para ti, el clan siempre estará primero y esta bien, te criaron para ello. Lo único que me da mucho miedo es dejarte a Hanabi. Eso es lo que me aterra. Espero que a ella no le des la espalda con a mi, padre. Más te vale cuidarla y alejarla del Consejo. Aún que, no dudo que ella los hará pagar a todos por las injusticias que están cometiendo. Ojalá y un día recapacites.
Gracias por tu falta de afecto, gracias por tus palabras hoscas, gracias por tu desprecio. Gracias a todo eso, pude estar de pie hasta el final.
Adiós Hiashi. "
Hiashi apretó la hoja y tenso la mandíbula. No sabía que sentir, no sabia que pensar. Por primera vez en mucho tiempo sólo quiso gritar y maldecir a los cuatro vientos. Quizo correr muy lejos y huir.
No.
Ya no huiría.
A la mierda.
—A la mierda el consejo y el clan —dobló cuidadosamente la carta y la metió en el bolsillo de su Yukata —. Voy a hacer lo correcto, Hikari. Voy a salvar a nuestras hijas.
Estiró sus brazos hacia el cielo y dio un gran bostezo. Rasco la parte trasera de su oreja, casi ronroneando ante lo delicioso que se sentía.
Con flojera llevo su mirada perezosa hacia la taza de café que tenía a un lado, llevo su mano hacia ella y la llevo hacia sus labios. Dio un pequeño sorbo, tratando de no quemar su lengua y después dio un suspiro.
—Nada como una taza de café en una mañana de lunes… veintisiete —susurro lo último al recordar de sopetón lo que se avecinaba ese día de lunes por la tarde.
Ese día sellaban a Hyuga Hinata.
Bajo la mirada y no pudo sentir más que impotencia. De verdad que ti ayudarla, quería que fuese fácil y que no hubiera ningún problema de por medio. Deseaba no ser Hokage para que las reglas sólo significaran una mierda para el. Desgraciadamente nada de eso era así.
Su atención fue desviada hacia la puerta de su oficina, la cual se abrió dejando ver a Shizune con un pergamino en la mano.
—Hokage-sama, buenos días —Shizune sonrió amablemente, dando una pequeña reverencia con la cabeza y pasando de largo la voz cansada de Kakashi la cual le decía que dejará de llamarlo Hokage-sama. Extendió el pergamino hacia el peli plateado —Hinata ha venido hace rato y me dejo este pergamino para que se lo diera —se rasco la cabeza —, me dijo que se lo diera después de las seis de la tarde. Quise decirle que yo no estaría en esas horas y que se me haría imposible dárselo a las seis, así que decidí dárselo de una vez.
Kakashi tomó con rapidez el pergamino, estando dispuesto a abrirlo de una vez pero la mano de Shizune le dio un manotazo, haciendo que el pergamino callera sobre su escritorio.
—Auch —sus ojos azabache miraron con duda a Shizune —¿Por qué rayos me golpeaste?
—Hinata me dijo que se lo diera a las seis de la tarde, ella seguro tuvo sus motivos para pedirme que se lo diera a esas horas. Ábralo a esa hora Hokage-sama — suspiro y se enderezo sobre el lugar —. Yo me retiró. Tengo que ir al país del te a hacer los encargos que me hizo —aviso antes de hacer una escueta reverencia para después salir por la puerta del despacho.
Kakashi frunció el ceño y su visita se plantó en el rollo que estaba encima de su escritorio. ¿Por qué Hinata quería que lo abriera a las seis de la tarde? ¿Qué contendría el rollo? Y lo más importante, ¿haría caso a la petición de la Hyuga?
No, obviamente no. Y menos cuando esta estaba apunto de morir.
Decidió mandar todo al carajo, sin importarle que si Shizune se enteraba esta le haría firmar más de doscientos pergaminos en un mismo días, tomó el pergamino y lo abrió completamente para leer el contenido.
"Reporte verdadero de la misión de rescate.
Escrito por Hinata Hyuga.
Los encargados de mi secuestro fue el consejo Hyuga. Reclutaron a ninjas renegados y les prometieron una fuerte cantidad de dinero si lograban torturarme por varios meses hasta hacer que poco a poco perdiera la noción de mi propia existencia. Pude sacarle toda la información a un ninja débil de mente antes de matarlo.
Hokage-sama, ruego que se encargue de ellos una vez que me hayan asesinado. Saque la información a uno de los subordinados que el equipo pudo capturar. Tenga cuidado, tienen un sello que les impide revelar lo que saben. Estoy segura de que se las idearan para sacarle la información.
Por cierto, gracias por tratar de salvarme, por tratar de ayudar a mi abuelo.
Gracias por todo, Kakashi-sensei."
—Estas loca, Hinata — negó con la cabeza, tiró el pergamino al suelo y se levantó de su asiento para correr con rapidez hacia el edificio de inteligencia.
Sakura miro con nerviosismo la puerta, dudo unos segundos antes de tocar un par de veces con su puño cerrado. Al esperar unos segundos sin residir respuesta, tocó de nuevo pero esa vez con más fuerza, tratando de que se escuchará más el ruido de su puño chocando con la madera.
Bufo cuando aún ni así atendían a su llamado.
¿A quien trataba de engañar? Era obvio que Uchiha Sasuke no le abriría la puerta. Seguro el ya sabía quien era la que se encontraba llamando, así que era obvio que no abriría.
Dispuesta a no irse sin decirle nada, abrió de una patada la puerta, sin importar que después el Uchiha le reclamará por su falta de respeto a las cosas que eran ajenas a ella.
La puerta cayó de lleno al suelo, haciendo que una ligera capa de polvo volará a su alrededor. Paso sobre la puerta, miro con determinación las escaleras que llevaban directamente a la planta alta y después se dispuso a subirlas con rapidez, sin cuidado alguno.
Llegó al pasillo y con los nervios de punta abrió la puerta que llevaba dentro a la habitación del último Uchiha.
Se imagino verlo de cualquier otra manera, de todas menos de esa.
Se encontraba recostado sobe la cama, boca arriba, con el torso desnudo y de la cintura para abajo sólo cubierto con una delgada sabana blanca. Su rostro se veía inexpresivo mientras sus ojos se mantenían plantados en el techo de la habitación.
Sakura no pudo evitar sonrojarse al verlo en casi plena desnudez. Bloqueo un poco al olvidar por un momento a que había ido hasta la casa del Uchiha.
—¿Qué quieres? — la voz monótona y carente de emoción de Sasuke fue la que la sacó de su ensoñación.
Trago saliva, tomó valor y se paró firmemente.
—Tenemos que hablar de algo.
—No estoy para tus estupideces Sakura.
—¡Esta vez no es una estupidez! —exclamó enfadada —. Esto es enserio.
—Tanto que te molestaste en patear la puerta de mi casa.
Sakura se mostró impresionada un momento, preguntándose el como había sabido de eso. Después recordó que Sasuke tenía el Sharingan y era capaz de ver todo. Bueno, no todo, pues al parecer aún no veía el aprieto en el que estaba metida Hinata.
—Si, tanto que partí tu puerta en dos. — contestó, mirándolo con el ceño fruncido.
—No creo que tus sentimientos hayan valido más que mi puerta.
Ese fue un golpe muy bajo para Sakura, tanto que sus ojos se cristalizaron.
Tenso la mandíbula y no se permitió bajar la mirada. Apretó sus puños y miro a Sasuke ahora con enojo.
Se le quitaron todas las ganas de ser buena lo Sasuke, de ser buena y decirle que Hinata moriría pronto… pero no se le habían quitado las ganas de ser buena con Hinata. Ella nunca le había hecho nada malo. Ni siquiera la podía odiar por haberle quitado el amor de Sasuke. Bueno, eso era por que ella nunca lo había tenido.
—Eres un idiota… —escupió con furia —. Debería de largarme y no decirte nada pero… —las lágrimas comenzaron a escurrir por sus redondas mejillas —Hinata no se merece esto.
Inmediatamente la mirada de Sasuke fue hacia el rostro de Sakura, quien se hallaba hipando mienta apretaba con fuerza sus ojos.
—Habla de una vez entonces — ordenó sintiendo como su corazón latía de manera acelerada.
Sakura sorbió su nariz, llevo ambas manos hacia su pecho y miro a Sasuke con el rostro congestionado. —Escuche su charla el día que la sacamos de la cueva.
—¿Por qué mierda hiciste eso? —pregunto enojado. Se incorporó en la cama, sin importarle si desnudez y miro a Sakura con el ceño fruncido —¿Qué escuchaste?
—¡Lo suficiente para saber que la amas! —exclamó con dolor implantado en su grito. Soltó un sollozo — pero eso no es todo, yo escuche una conversación entre ella y su abuelo…
—Se te está haciendo la fea costumbre de meterte en pláticas ajenas.
—Las dos ocasiones fueron accidente —mascullo con las manos hechas puños, sintiendo irritación —. Para no hacer el cuento largo, Hinata le estaba diciendo a su abuelo que aceptaba morir y que sólo había resistido al secuestro para despedirse.
Sasuke miro con incredulidad a la pelirosa, negó con la cabeza y soltó una risa. —No te creo.
—Por favor Sasuke, debes de creerme —suplico con la mirada —. Es verdad, lo juro.
—Seguro es otra de tus jugarretas para tratar de tener algo conmigo — negó con la cabeza y río nuevamente — lárgate Sakura. Lárgate y recuerda que jamás seremos algo.
Los labios de Sakura comenzaron a temblar, miro a Sasuke con súplica, le rogaba con la mirada que le creyera. Este sólo la miro con desdén y furia.
—¡Lárgate! —grito enfurecido, sorprendiendo grandemente a la pelirosa.
Sakura sólo negó con la cabeza, mordiendo su labio para no soltar un sollozo. Finalmente soltó un quejido, se dio la media vuelta y corrió fuera de la habitación, dando un fuerte portazo que retumbo la habitación del Uchiha.
Había sido demasiado para ella. No podía soportar toda la crueldad que el Uchiha soltaba. Lo peor de todo es que sabía que así eran las cosa. El y ella jamás serían algo.
Sasuke soltó una blasfemia y se tumbó de nuevo en la cama.
¿Qué había sido todo eso? ¿Tan grande era la obsesión de Sakura con el como para hacer ese tipo de mala broma?
No se había levantado desde que leyó la carta, sin importarle que ya eran las nueve de la mañana. No quería levantarse. Sólo quería dormir, dormir y dormir. No quería seguir recordándole lo estúpido que era, lo estúpido que era por enamorarse y por pensar que ella le haría caso. Por pensar que ella iba a estar a su lado por siempre.
Maldita sea la hora en que conoció a Hinata Hyuga y maldita sea la hora en la que se enamoró estúpidamente de ella.
Desgraciadamente para el, por más que trataba de odiarla no podía. Simplemente no podía odiar a la mujer que hacia que su vida hubiese tomado un color más bonito que el gris.
Continuará…
Notas del autor: Espero que este capítulo haya sido de su agrado y que me perdonen por demorar en actualizar la historia. Les aviso que este es el penúltimo capítulo. El siguiente será el final de esta historia.
Agradecimientos: Uchiha Hyuga Hinata, Tatty, GilCa, nelli kinomot, patohf, Viviana Miu, Nana, Maaka-chan, , Mikashimota Z, Dcedma, Guest, momoko1516, Tsuki-shin, Jakie M. V, shikina, Hinata Uchiha. H, Shiro5580, Nora, Suishoka 69, miey-chan, BC, Hatake-Seikatsu, wolf-enzeru
Disculpen cualquier error ortográfico.
