Disclaimer: Que digo yo: ¿No se podría haber resuelto la prueba del dragón más fácilmente? ¿Una especie de... Accio huevo de oro o algo así? ¿Por qué complicar tanto las cosas?
A/N: Bueno, aquí estoy una vez más. Ahora voy a ir un poco más rápido, que ya está bien de perder el tiempo. Comprendo que he ido demasiado lento en esta cuarta parte y es hora de pisar el acelerador. De todas formas, no os preocupéis, queridos/as lectores/as, que no voy a pasar de 120 por autopista.
Sigo aceptando críticas constructivas, son muy interesantes y me ayudan a mejorar mi estilo. Lo digo una vez tras otra, aun pecando de redundante, pero es la pura verdad. Sin críticos no hay buenas historias. Y menos mal que tengo un editor (por decirlo así), que si no la mayoría habría abandonado el fic hace mucho tiempo.
En fin, a lo que iba. Voy a dejar de concentrarme en los detalles, al menos en esta cuarta parte, al ser toda lineal. A decir verdad, poco puedo hacer para desviarme del guión original en todo el torneo, al ser sota, caballo y rey. Aun así, trataré de que no sea algo que ya hayáis leído en otra parte, sea el original u otro fic cualquiera.
Por cierto, se admiten propuestas acerca de la segunda prueba. Desde que me cargué a todos los seres vivos del lago en la segunda parte (léase Smoke on the water como recordatorio), estoy dándole vueltas a qué podría hacer. Se me han ocurrido algunas cosas, pero a cual más disparatada, y temo que luego no quede bien con lo siguiente. Os preparo una o dos sorpresas en la tercera prueba, así que la segunda debe ser genial para que las sorpresas de la tercera sean espectaculares. Cuento tanto con mi propio ingenio como con el vuestro, queridos/as lectores/as.
R&R, please xD.
CAPÍTULO 21
¡PÁNICO! LA PRIMERA PRUEBA
El tema estaba definitivamente zanjado. En función de las caras de los profesores, jueces y demás, nadie se preocuparía más por el asunto de que Hogwarts tenía dos campeones, uno de ellos obligado a participar. Dumbledore mandó callar a todo el mundo antes de preparar otro de sus aburridos discursitos.
—Atención todo el mundo —comenzó—. Tras la deliberación, todo queda del siguiente modo: habrá cuatro campeones, dos de ellos de Hogwarts, aunque yo mismo abriré una investigación exhaustiva del porqué de la participación del señor Potter. Aun así, dado que las normas así lo estipulan, está obligado a participar. La primera prueba será el 24 de noviembre. Ahora sugeriría a todo el mundo que se fuera a dormir, que mañana será otro día. Muy buenas noches a todos.
—Buenas noches, y un cuerno —gruñó Harry, en voz baja—. Que va a investigar, dice. Y voy yo y me lo creo. Se quedará tranquilito en su despacho, repanchigado en su sillón, y allá me las den todas.
Yo opinaba igual que él. Continuó murmurando por lo bajinis hasta que llegó a la habitación, se metió en la cama y cerró las cortinas del dosel con más fuerza de la debida, rompiendo algunas anillas. Se oyó a Hermione llamar a la puerta.
—Hoy no, Hermione, mañana hablamos —dijo Harry, tratando de no ser demasiado brusco, aunque fracasó, todo sea dicho. Suspiró y se levantó para disculparse con ella—. Lo siento, Hermione, es que estoy algo cabreado —añadió, abriendo la puerta y dejándole entrar.
—¿Cabreado? Yo estaría aterrada —dijo ella, pasando a la habitación y cerrando tras de sí—. ¿Quién te ha metido en el torneo? ¿Lo sabe alguien?
—Qué va —gruñó Harry, volviendo a tumbarse en la cama. Hermione se sentó a su lado—. Y no parece que quieran averiguarlo, por mucho que digan que van a investigar. La mayoría estaban discutiendo porque decían que he hecho trampas. Como si quisiera participar, vamos. No tengo otra cosa mejor que hacer que suicidarme metiéndome en ese estúpido torneo. A la mierda con ellos.
—¿Entonces es verdad que estás obligado a participar? —preguntó Hermione, y Harry asintió—. Ya veo. Entonces haremos todo lo posible para que sobrevivas. Tienes los libros de tu admiradora y seguro que, si te aprendes todos los hechizos que vienen, serás capaz de lidiar con lo que sea.
—Es verdad, la trilogía —dijo Harry, más animado—. No había pensado en ello. Me empollaré los tres libros de pe a pa, incluyendo ahora los hechizos marcados como muy peligrosos. Si domino esos hechizos, seré imparable —se levantó y fue a buscarlos—. Me voy a poner ahora mismo, no hay tiempo que perder —añadió, revolviendo el baúl.
—Y yo te ayudaré en lo que sea —prometió ella, yendo a revolver también.
Entre los dos dejaron el baúl patas arriba, pero encontraron los libros y se sentaron en la cama para leerlos. Lejos de amilanarse, Harry había encontrado un nuevo reto, uno quizá demasiado duro para él, a pesar de todo, pero que le dio la energía necesaria para superarse. Mientras siguiera con ese espíritu positivo, haría un buen papel en el torneo. No se dejaría matar tan fácilmente.
El día siguiente habría sido horrible de no ser porque Harry y Hermione parecían tener la mente en otro sitio, en los hechizos de los libros. Todo el mundo daba de lado a Harry, incluso algunos del grupo como los gemelos, Lily o incluso Neville. Por suerte, a Neville le duró poco la tontería y pronto comprendió que Harry no había entrado voluntariamente al torneo. Parecía que lo había pensado mejor y había visto que era absurdo. Luna, sin embargo, aprovechó la confusión para acercarse al grupo e incluirse en él definitivamente.
Ninguno de ellos se dio cuenta de la nueva moda de Hogwarts, una muy ofensiva y que me habría gustado erradicar a mi modo.
«¿Chapas que ponen "Potter apesta"?», pensé, al ver una mientras me miraba un libro de pociones curativas. «Como pille al capullo que ha extendido esto, le va a doler el cuerpo como nunca le ha dolido».
Luego me fijé en que había otras chapas que ponían "Por el verdadero campeón de Hogwarts", pero ese mensaje no tenía demasiada importancia. Si Harry continuaba en su dinámica de aprender todo el contenido de mis libros, se vería quién era de verdad el mejor, porque verdaderos eran los dos.
Sin embargo, parecía que Cedric Diggory no estaba al corriente de nada de aquello. Ninguno de sus amigos tenía dichas chapas y, cuando no estaba con ellos, estaba practicando hechizos, o eso decía Luna al menos. Ella se enteraba de todo, así que la creí. De todas formas, también podía ser que Diggory fuera un actor estupendo. No descartaba que fuera él quien inició todo el asunto de las chapas.
Ese mismo día hubo otro acontecimiento, por llamarlo de alguna manera, que hizo que Snape se cabreara aún más. Eso era normalmente divertido, y esta vez no era una excepción, pero era perjudicial para la ya destrozada reputación de Harry: había sesión de fotos, y coincidía con casi toda la clase de Snape, de ahí su cabreo. Desde luego, ahí Snape tenía un conflicto de intereses. Por un lado, su instinto de cabronazo le impedía dejar escapar su fuente de inspiración, por así decirlo. Si no se metía con él, ¿con quién lo haría? Neville ya estaba muy machacado, según pude enterarme con sus conversaciones, y por fin estaba aprendiendo a mantener la cabeza fría ante la presión. Sin embargo, por otro lado, a Snape le satisfacía enormemente la idea de deshacerse de Harry, más que nada para no verlo, y eso chocaba con lo anterior, por tanto estaba furioso. Pero había otro problema más, al menos para Harry, y era que le dio el mensaje uno de sus fanáticos, un tal Creepy o algo así, y Harry tuvo que apelar a su autocontrol, ya bastante carcomido por el estrés del torneo, para no atizarle allí mismo, estoy segura. Estaba de un pesado subido con sus preguntas tontas que no había quien lo aguantara.
«Hala, y ahora una sesión de fotos, lo que le faltaba», pensé, mientras volaba hacia un lugar más discreto, donde no estorbara en dicha sesión de fotos en las que, evidentemente, yo no estaba invitada. «Ahora sí que le van a tachar de advenedizo».
Luego, afortunadamente, vi que no, que esa sesión de fotos no era sólo para él, sino para cada campeón. De hecho, tendrían que posar juntos, y también con los directores de sus colegios y los jueces. Como Harry no era precisamente un jugador de baloncesto, podría pasar desapercibido perfectamente ocultándose entre Krum y Maxime, por ejemplo. Lástima que le pillaran haciendo eso y lo pusieran en la primera fila, con Fleur y Krum (otro que curiosamente no quería estar delante), para mezclar la fama y la belleza (palabras textuales de la periodista). Menos mal que ni a ellos ni a ella les hizo ninguna gracia.
Por otro lado, también les dio por comprobar las varitas de los participantes, y para ello invitaron al tipo que nos las vendió, un tal… ¿Ollivander o algo así?… en fin, da igual. El caso es que citó las características de cada varita, las examinó vete a saber cómo (hablar de ellas no me parece suficiente, pero no soy una experta, así que él sabrá) y sacó un hechizo de prueba de cada una. Ahí, aparte de descubrir que la varita de Fleur estaba hecha de pelo de una de sus abuelas, una veela, no hubo nada interesante. La verdad, me pareció una pérdida de tiempo.
Luego cogió la periodista y, con la excusa de hacerles una entrevista personal a los campeones, se llevó a Harry primero, pero éste no se dejó tomar el pelo y, tras una frase o dos, la dejó tirada.
—La verdad, tengo cosas mejores que hacer que atraer más fans, sobre todo con chorradas que se vaya inventando sobre la marcha —dijo, yéndose, y yo volví a colocarme encima de su hombro, entendiendo que, al menos para él, todo aquello había terminado. Eso no le hizo ninguna gracia a la periodista, que lo miró con el ceño fruncido. ¿La razón de todo esto? Fácil, él decía una cosa y ella apuntaba otra con su pluma mágica. Cuando él se dio cuenta, pasó de seguir con esa farsa y se largó.
—Escribir que aún lloro la pérdida de mis padres, cuando ni siquiera me estaba preguntando eso… —refunfuñó Harry, subiendo a su habitación—. Me da igual lo que ponga luego en El Profeta. Paso de seguir con esta mierda.
El caso es que no sé si entrevistó a alguien más después de eso, y tampoco me importó, pero por cómo lo miró, parecía que quería vengarse. Otro problema más a sumar a los que ya teníamos.
Al día siguiente, todo eran mofas y befas acerca de Harry. Parecía que la periodista se había vengado a base de bien del plantón y se satisfizo a sí misma con un artículo que sólo hablaba de él, pero en el que le llamaba de todo menos guapo. Desde luego, entre que estaba en el torneo sin quererlo, además de casi quedarse sin grupo por lo mismo y ahora esto, el pobre estaba terriblemente estresado, así que no me extrañó que reaccionara como reaccionó.
—Bella, ¿tienes un momento? —me preguntó en la enfermería. Fue con la excusa de que se había vuelto a hacer daño, aunque ya no sabía cómo colaba eso aún.
Yo asentí y él empezó a contarme lo que estaba pasando con El Profeta. Pomfrey puso el oído, pero al no oír nada interesante para ella, lo dejó estar y continuó con sus quehaceres, fueran los que fueran.
—…así que he decidido que ya estoy harto de que todo el mundo esté en contra mía sin motivo —concluyó, sin duda muy enfadado—. Quiero que esa perra lo pase mal, lo suficientemente mal como para que se le quiten las ganas de escribir falsedades. Así tendrá un motivo de peso para estar contra mí.
—Y por eso acudes a mí, para darle un escarmiento —dije, pensativa, y pronto se me ocurrieron un par de ideas que iban a ser divertidas, estaba segura. Lástima que Pomfrey me aguara la fiesta.
—No estarás pensando en matarla o torturarla, ¿verdad? —preguntó. Yo negué con la cabeza, aunque no coló—. Venga, que no nací ayer. Sé cómo resuelves las cosas, Bella, y no pienso dejarte. Luego hay que curarla y no me interesa, muchas gracias.
—Supongo que siente la obligación profesional de curar a todo aquél que esté herido, ¿verdad? —murmuró Harry—. Pero siempre se puede evitar dejar marcas y…
—No es eso —interrumpió Pomfrey—. Es que la tortura no suele ser un buen modo de castigar a alguien.
—¿No? Pues siempre me ha funcionado —argüí—. Suele ser acojonante.
—Que no te digo que no, pero luego hay que quitar evidencias y eso es peor —Pomfrey a veces me sorprendía, en serio—. Lo mejor es buscarle los trapos sucios que tenga y restregárselos en la cara con una bonita primicia, igual que hace ella, a ver qué tal le sienta. Se podría titular "La verdadera Rita Skeeter" o algo así.
—Entiendo, hacer que caiga desde lo más alto —dijo Harry, ilusionado ante esa nueva forma de vengarse. La verdad, a mí tampoco se me habría ocurrido algo tan sutil y, al mismo tiempo, tan hecho a mala idea—. ¿Pero eso no es un método sutil de tortura? Usted dijo…
—Dije que no suele ser un buen método de castigar a alguien —interrumpió Pomfrey—, pero lo dije para evitar que Bella hiciese las cosas a su modo. Esto es más limpio y, a la larga, más divertido, y además te permitirá desconectar de tus problemas.
—Vaya, es interesante —opiné, traviesa—. Un método limpio y a la vez estimulante de vengarse de alguien. Creo que voy a tener que pensar en ese tipo de soluciones más a menudo.
—Yo también —añadió Harry, más animado—. Gracias por el consejo, señora Pomfrey, y gracias a ti también, Bella. Hablaré con Hermione para ver qué se le ocurre.
Y se fue corriendo al castillo. Pomfrey, mientras tanto, parecía preocupada por algo que yo no acababa de discernir.
—No me esperaba que Harry Potter aprobara mi idea —dijo—. Lo normal habría sido que no se viera capaz de hacer eso o algo así, pero bueno, supongo que da igual. Ya es hora de que vaya dejando la niñez y se vaya convirtiendo en una persona a la que se respete. Pero tiene que aprender aún mucho. Tu deber como mentora debe ser enseñarle todo lo que sepas, pero sin que le dé por unirse a los mortífagos como te pasó a ti. Que controle más su ánimo para el futuro y su magia para el torneo y, por qué no, para el futuro también. Si dices que está practicando él solo, llegará lejos, pero no lo suficiente. Ocúpate de que aprenda en condiciones o no durará ni un asalto.
—De acuerdo —acepté.
—Pero no te lo lleves al bosque ni nada parecido —añadió Pomfrey—. Ya es bastante con que haya un Terror del Bosque Prohibido. Menos mal que ahora vas menos por ahí. Hagrid daba demasiado la lata el año pasado con lo de que no había forma de calmar a los animales. Incluso planeó cazarte.
—Ya, pues que no me trate de cazar, no vaya a ir a por lana y salir trasquilado —gruñí. Le tenía ganas a ese idiota por mirarme con cara de hambre y tenía que buscarme las vueltas para vengarme. Quizá algo sutil como le dijo Pomfrey a Harry me ayudaría más que mis métodos convencionales. Tendría que trabajar en ello.
—Ya estamos con tus bravuconerías —amonestó Pomfrey—. ¿Es que no ves que ya no engañas a nadie con eso? Desde que estás colada por Harry ya no le harías daño ni a una mosca.
—Díselo a Pettigrew, a ver qué te cuenta —indiqué, con una sonrisa siniestra—. Y ahora que hablo de él, ¿dónde está? ¿Sabes algo de todo ese asunto de Pettigrew y Sirius?
—Ni idea, y eso que hablo con Dumbledore a menudo —dijo, y yo la miré con recelo—. ¡No me mires así! Sabes bien que se las apaña para enterarse de todo. Sé que finges estar de buenas con él para no llamar la atención, así que no me recrimines que yo haga lo mismo. ¿Crees que me gusta cómo actúa? Claro que no. Y no sabes ni la mitad de lo que sé yo de él.
»Pero no estábamos hablando de Dumbledore ni del asunto de Sirius, sino de Harry —continuó, cambiando de tema—. No me esperaba que le metieran aposta en el torneo y, la verdad, no sé cómo lo han hecho. Lo que sí sé es que quien lo ha hecho es alguien tan especializado en magia oscura como tú misma, así que ándate con mucho ojo. Tratas con profesionales. No te dejes ver y no hagas cosas raras, como ir a visitar a Harry por las noches si la gente aún no sabe que estás con él. Si vas a enseñarle a controlar su magia, hazlo sutilmente. La sutileza es muy importante.
—Bien, pero tengo una duda —dije—. ¿Por qué no le ayudan los profesores? Es su trabajo, ¿no? Que lo consideren como clases particulares o algo así.
—No, imposible. Una de las normas dice que los campeones tienen que sacarse ellos solos las castañas del fuego. No pueden pedir ayuda a los profesores.
—Pero si ni siquiera saben qué clase de pruebas les aguardan. ¿Cómo van a prepararse solos algo que ni siquiera saben qué va a ser?
—Ah, para eso existen las trampas —dijo ella, guiñando un ojo con malicia. Me encantaba cuando hacía eso—. Es parecido a lo que hicimos cuando no teníamos pacientes, ¿te acuerdas? Los conseguimos a base de trampas… —hizo una pausa—. Claro que ahí me pasé un poquito, podría haber hecho daño severo al chaval ese, pero… —suspiró—. Bueno, da igual, sabes por dónde voy, ¿verdad? Pues esto es igual. ¿No sabes lo que tienes que hacer? Busca, haz de espía. Las trampas son divertidas.
—Vale —dije, ilusionada—, usaré el giratiempo para poder mirar en más sitios en menos tiempo y así…
—…y así aumentar las posibilidades de que haya una paradoja temporal, ¿verdad? —interrumpió Pomfrey—. La verdad, te creí más lista, pero de haberlo sido no te habrías metido a mortífaga, claro…
—¿Qué tiene de malo?
—Veamos… ¿Qué tal, por ejemplo, que vean a la becaria en distintos sitios a la vez? ¿O que te vean doblar una esquina y, un segundo después, volver a doblarla? Cosas así pasarían fácilmente. Si eso se investiga, sabrán que alguien tiene un giratiempo. Si quieres te digo lo que pasaría después.
Suspiré. No hacía mucha falta, la verdad. Ya me lo imaginaba.
Ya parecía que cada día iba a salir un nuevo "artículo" de la tal Rita Skeeter (según la llamó Pomfrey), el cual leíamos y tirábamos el periódico a la chimenea de la sala común para acabar antes, tan vomitivo era. Y lo peor era que parecía difícil encontrar algo lo suficientemente sólido como para poder devolverle los golpes a su modo. Harry y Hermione se esforzaban bastante, pero no había forma. Era lista de verdad, a pesar de todo.
—Al menos, ese periódico quema bien —dijo Luna.
—Y no huele demasiado mal, a pesar de toda la mierda que hay escrita —añadió Cho Chang, buscadora de Ravenclaw y amiga de Luna, que no mía.
—Y eso es curioso, tendría que oler peor, ¿no? —terció Marietta, amiga de Cho, que no de Luna y mucho menos mía—. Pero no, se ve que el fuego es su elemento. Resulta más útil haciendo de combustible que informando.
—Deberías empezar a sacar tu Quisquilloso, Luna —comenté—. Ahí vienen cosas algo más interesantes.
—A veces, sí —confirmó Marietta.
—¿Cómo que a veces? —se molestó Luna. Al ser el periódico que editaba su padre, para ella era bueno por fuerza—. Al menos cuenta toda la verdad, no como la basura que estamos quemando ahora.
—Bueno, no empecemos de nuevo —atajó Cho—. Tengo una idea mejor. ¿Qué tal si montamos un club de fans para Harry? Para contrarrestar lo de las chapitas y los "reportajes" de Puta Skeeter —«un apelativo muy propio, sin duda», pensé—. El pobre últimamente está muy solo. Como la gente cree que es un campeón apócrifo…
Nos liamos a improperios con ella por la idea, sus amigas en broma y yo más en serio, aunque no se notó, y al final se desechó. Bastante tenía ya con lo que tenía, como para encima añadirle un club de fans de Ravenclaw.
Ya por la noche, y para pensar en otra cosa que no fuera la medimagia o tratar de impedir que Cho fundara el club de fans de Harry, me transformé en lechuza y volé un rato por ahí, sin rumbo fijo, tan sólo para despejarme. En ese momento me encontré con mi otro yo y nos saludamos con un ala antes de irnos cada cual por su lado, y menos mal que no había nadie mirando, porque eso no lo hacen las lechuzas. Sin embargo, en un momento del vuelo vi algo que casi me hizo caer.
«¡Madre mía, son dragones!», pensé, al ver a cuatro mostrencos metidos en jaulas, mientras un montón de cuidadores de dragones trataban de calmarlos. También vi, curiosamente, a Hagrid y Maxime, agarraditos, y oí un ruido de pisadas detrás de ellos dirigirse al Bosque Prohibido. Al principio pasé del ruido, pero al notar que lo oía pero no lo veía y además eran pisadas regulares de un bípedo, me escamé y bajé, transformándome en humana de nuevo. Era obvio que era Harry, metido en su capa de invisibilidad.
—Eh, Harry —susurré, y el ruido de pisadas cesó, sustituido por un grito ahogado.
—¿Bella? —preguntó, mirándome (creo, porque seguía metido en su capa), y yo asentí tanto con la cabeza como con palabras—. Corre, métete dentro. Tengo que contarte algo terrible.
—Tu primera prueba consiste en pegarte con un dragón —dije, al mismo tiempo que me arrebujaba con él.
—¿Cómo lo sabes?
—Los vi mientras volaba por ahí —expliqué—. ¿Y tú? Seguro que te invitó el bestiajo de Hagrid para no sentirse solo mientras buscaba a su francesita particular.
—Tú también lo has notado, ¿verdad? —dijo Harry—. Me trajo para que viera que hay dragones, pero también invitó a la directora esa. Para mí que están liados.
—Patético —reí.
—¿Por qué?
—Porque va hecho un adefesio y cree que va bien, me he fijado. Seguro que trata de pronunciar bien por una vez en su vida, para que no se largue de su lado o algo así. Como si los gañanes pudieran dejar de serlo en cinco minutos.
—Qué mala eres —rió Harry.
—Qué va, aún no me has visto hacer maldades —dije.
—Entonces vamos a hacer alguna —susurró él—. Divirtámonos, ahora que somos invisibles.
Acepté, por supuesto, aunque no fueron realmente maldades, sino putadillas sin importancia, dirigidas a la enorme pareja de tortolitos, como tirarles piedrecitas para fastidiar o cosas así, cosas muy suaves, para que Harry se fuera soltando. No parecía que tener que enfrentarse a un dragón le hubiera hecho mucha mella.
Luego, cuando subimos a la torre de Gryffindor, noté que me equivocaba, al ver que dejaba la capa de invisibilidad en el sillón sin mucho cuidado, cuando normalmente era muy tiquismiquis con ella. Y es que estaba muy preocupado, más bien aterrado, ante la idea de tener que enfrentarse a un dragón. Si antes tuvo la idea de hacer putadas a Hagrid y Maxime seguramente era para aliviar tensiones, pero se ve que no coló. Me miró con el terror alojado en sus ojos, en busca de protección, y fue cuando comprendí.
—Tranquilo, te ayudaré a vencer el miedo —susurré en su oído mientras lo abrazaba, consoladora—. Eso es lo único que necesitas realmente, porque conoces los hechizos necesarios para derrotarlo. Sólo tienes que evitar obcecarte, así harás que salga a la luz tu imaginación. Con eso y lo que ya sabes te aseguro que pasarás la prueba fácilmente.
—Es que… —balbució Harry—. Dragones, nada menos, y parecían muy furiosos…
—¿Qué pasa con los dragones, Harry? —era Hermione, que apareció de repente a lo alto de las escaleras que llevaban a las habitaciones de las chicas, pero al vernos se quedó helada—. Ups, lo siento, veo que estorbo…
—No, Hermione, quédate —imploró Harry. Sí, imploró, lo noté en su voz—. Ahora te necesito a mi lado, créeme.
—Harry, ¿qué te pasa? —preguntó Hermione, preocupada, al notar ella también su terror—. Estás pálido.
—Por eso estoy aquí —dije—. Ha sufrido un shock y necesitaba un hombro. Supongo que es mejor el de su hermana que el de la enfermera en prácticas, así que…
—No, Bella, quédate tú también —pidió Harry, cogiéndome de una manga para evitar que me fuera—. Os necesito a las dos.
—¿Pero qué te pasa? —insistió Hermione—. Parece que has visto un fantasma.
—Que va, con un fantasma no me pongo así —dijo Harry, ahora más animado, al estar con nosotras—. Verás, es que ya sé de qué va mi primera prueba. Tengo que enfrentarme nada menos que a un dragón.
—¿Es que están locos? —exclamó Hermione, sin preocuparse de que su voz fuera demasiado alta—. ¿Cómo esperan que puedas con un dragón? ¡Bueno, tú y cualquiera!
—Baja la voz —la insté, tras chistarla—. No conviene que nos oigan. Se supone que no sabemos nada.
—Entonces vayamos a un sitio más seguro, donde podamos hablar normalmente —sugirió Hermione.
—¿A la una de la mañana? —pregunté—. Como nos pillen fuera a estas horas perderemos puntos. Conmigo también cuela eso, a pesar de no dar clases normales.
Tenía que aparentar ir de buena chica, claro, pero se ve que no coló.
—¿Y dices eso tú, que estabas dispuesta a dejar a Fred y George Weasley con la barba blanca? —preguntó Hermione, socarrona.
—Vale, ¿dónde sugerís? —me rendí.
—En el bosque, cerca del lago —dijo ella.
—Ya, más o menos donde están los dragones, genial —me burlé—. ¿Sólo se te ocurre ese sitio? Venid, sé de otro mejor.
Y los llevé a otro lado del bosque, donde torturé a Pettigrew. Estaba lo suficientemente lejos del castillo como para poder gritar a pleno pulmón sin que nos oyera nadie, al menos en condiciones normales de ruido. Ahora que estaba todo silencioso, no gritaríamos, no haría falta, pero sí podríamos hablar con normalidad. También era el sitio que eligió Snape para tratar de sacarle a Quirrell información tres años atrás, creo recordar. Un sitio muy socorrido, cerca del campo de Quidditch.
—Bueno, aquí podemos discutir lo que queráis —dije, finalmente, cuando llegamos—. Ahora estábamos con cómo derrotar a un dragón, ¿verdad?
—Aún no, pero es una buena pregunta —dijo Hermione, preocupada—. ¿Cómo derrotar a un dragón? Son muy resistentes a la magia y también demasiado listos. Harry no está a la altura.
—Según he visto, hay varios cuidadores para cada dragón —dijo Harry—. Si esos tíos, que son expertos, necesitan ser varios para dominar a un solo bicho de esos, imaginaos yo, que tengo que estar solo contra él. ¿Qué puedo hacer?
—¿Y cómo sabes que son dragones? —preguntó Hermione—. ¿Los has visto por casualidad?
—Por casualidad precisamente no. Hagrid me citó a medianoche para ver "algo muy interesante" —explicó él—. Lo que no me dijo es que también invitó a la directora de Beauxbatons. Seguro que se lo dice a la veela en cuanto la vea.
—¿Qué veela? —preguntó Hermione.
—Creo que se refiere a la tal Delacour —dije, y Harry asintió.
—¿Esa tipeja? —preguntó Hermione, ceñuda—. Pues sí que se lo tiene creído esa pija francesa. Ahora dice que es una veela. Anda ya. No para de echarse flores porque es la campeona de Beauxbatons y demás. Si hubiera sido algo más normalita y no tan "perfecta", igual hasta sería buena gente.
—Se te ve celosilla —me burlé.
—¿Celosa? ¿De esa narcisista? —gruñó Hermione, con desdén—. ¡Venga ya!
—Bueno, dejadlo —interrumpió Harry—. Necesito ideas para lidiar con el dragón. Me he acojonado nada más verlos —se sentó al pie de un árbol—. T-tengo miedo…
—Claro que tienes miedo —dije, sentándome a su lado, quizá demasiado cerca, teniendo en cuenta que estaba Hermione también, pero en ese momento no pensé en eso—. Estarías loco si no lo tuvieras.
—¿Qué relación tenéis vosotros dos exactamente? —preguntó Hermione, anonadada de repente—. Esto no es normal entre una enfermera y un paciente.
—Bueno, vale, creo que mereces saberlo —dijo Harry, y yo lo miré de reojo. ¿Qué le iba a contar ahora?—. Verás, Bella es mi admiradora secreta.
—¿Eh? —preguntamos Hermione y yo al mismo tiempo, pero nuestros motivos eran bien distintos.
—¡Harry! ¿Qué haces? —voceé, temiéndome lo peor. Hermione no dijo nada más, pues estaba atónita e ilusionada al mismo tiempo.
—Y aún hay más —continuó él, haciendo caso omiso a mi grito—. Esconde un gran secreto.
—¡Vale, Harry! —aullé, tratando de pararlo.
—¡Cuéntalo, cuéntalo! —exclamó Hermione, dando saltitos de emoción. ¿Es que se habían olvidado del asunto de cómo lidiar con un dragón o qué?
—¡No! —exclamé.
—Debe saberlo —insistió Harry—. Verás, Hermione, no quería decirte nada porque creo que es aún pronto para contarlo… —suspiró—, pero Bella y yo estamos algo así como enrollados… sabes lo que quiero decir, ¿no?
—¿Enrollados? —preguntó Hermione, anonadada. Yo suspiré de alivio. Por un momento creí que me iba a delatar—. ¿Pero… cómo…?
—Sí, es que he estado visitando la enfermería bastantes veces últimamente —dijo Harry. Era una verdad a medias, pero bueno—. Mientras tú estás en la biblioteca, yo estoy practicando para el torneo y, claro, muchos hechizos me salen mal y…
—Ya… —balbució Hermione. No parecía tener palabras.
—Así, entre unas cosas y otras, hemos empezado a hablar y eso… —continuó Harry, rojo como un tomate. Estaba mintiendo descaradamente, pero de un modo tan convincente que parecía verdad—. Una cosa llevó a la otra y… pero claro, como empezamos ayer mismo…
—Oye, pues me alegro mucho, chicos —dijo Hermione al final, sonriendo abiertamente—. ¿Y lo sabe alguien más?
—La jefa —dije, siguiéndole el juego a Harry. Eso era verdad, pero no era la única que lo sabía. Luna siempre se enteraba de todo—. Supongo que nos vio o algo así, o se lo figura, vete a saber, pero siempre que nos ve juntos dice no sé qué de las hormonas.
Hermione rió y nos agarró por los hombros. Parecía complacida. Sin embargo…
—Otra parejita más en el grupo, eso está bien —dijo, y luego me susurró algo al oído, algo que me sorprendió—. Eso sí, como le rompas el corazón a mi hermano, ya puedes esconderte bajo tierra, estás sobre aviso.
Sabía que iba en serio, pero no por eso iba a intimidarme tan fácilmente. No sabía ni la mitad sobre mí, por eso me dio ese "aviso". De haber sabido quién soy en realidad…
El tiempo pasó y se acercaba el día de la prueba. Harry y yo ya teníamos una excusa razonable para juntarnos, sobre todo desde que Hermione le contó a Luna algo que mi compañera ya sabía. Poco después se enteró Neville, aunque pareció darle igual, y unos días después, pareció que Draco y Lily también estaban enterados de algo, por cómo se burlaban. Seguramente Hermione se lo contó a Draco y éste a Lily; fuera como fuera, lo sabían. Fue gracias a eso, sin embargo, que Lily le volvió a dirigir la palabra a Harry. A veces es curioso cómo se pierden o se ganan amistades.
Pero Harry aún tenía algo pendiente, esta vez con Cedric Diggory. No era, sin embargo, una venganza, ni mucho menos, y eso quedó demostrado sin duda alguna cuando, al verlo en un pasillo con sus amigos, le rompió la cartera con un hechizo tan sólo para dejarlo solo y decirle que debía enfrentarse a un dragón. Esto fue lo que, según me dijo Harry esa misma noche, hablaron:
—¿Estás seguro? —le preguntó, lívido al parecer, y Harry asintió. Obviamente fue el último en enterarse, en función de cómo me dijo Harry que le quedó la cara—. Están locos. ¿Cómo piensan que podremos con un dragón? —masculló—. ¿Y cómo te has enterado de eso?
—Tengo mis fuentes —dijo Harry lacónicamente—. Pero Fleur y Krum también lo saben, así que no estamos haciendo trampas.
—¿Y por qué me lo cuentas? Somos rivales.
—Ya sólo faltaría que se comentara que no soy solidario con el "verdadero" campeón de Hogwarts —gruñó Harry—. Dado que todos los demás lo sabemos, no es justo que te quedes tú solo a verlas venir. Prepárate como puedas. Al menos, es lo que estoy haciendo yo.
—Ya veo —dijo Diggory—. Desde luego, no eres como dicen. Eres un buen tío. No vas por ahí buscando fama. Seguramente no entraste voluntariamente al torneo. ¿Sabes quién lo hizo? —Harry negó—. Bueno, eso da igual ahora. Trataré de evitar que la gente se siga metiendo contigo, al menos los que no te dan de lado directamente, pero no puedo prometerte nada. Hablaré con ellos. No es justo cómo te están tratando.
—Da igual, Cedric, eso me resbala —dijo Harry—. Yo estoy a lo mío. Si nadie me habla, mejor para mí, así podré concentrarme. Bueno, mejor será que nos vayamos a clase, no vaya a ser que nos quiten puntos.
—Vale, nos vemos —se despidió Cedric, cogiendo todos los bártulos esparcidos por ahí—. Dichosa mochila, pues no va y se rompe… —masculló.
Harry se dio la vuelta y se dirigió a clase, pero una mano nudosa se lo impidió, la mano de Moody. Parecía que los problemas no acababan de acecharlo.
—Tenemos que hablar, Potter —dijo, y se lo llevó a su despacho.
Según le pude entender a Harry, al parecer Moody lo felicitó por revelarle a Diggory el objetivo de la prueba, considerándolo un acto de honor, y le ofreció ayuda, pero Harry la rechazó. Quería valerse solo. Seguramente pensaría que con los aurores, cuanto más lejos estuviera de ellos, mejor.
Por fin llegó el día de la prueba. Todo el mundo iba hacia el estadio entre risas, gritos y bromas, haciendo apuestas o preguntándose en qué consistía la prueba. Por otro lado, en la tienda de los campeones los ánimos no eran tan halagüeños. Efectivamente, todos sabían lo que les esperaba, así que más de uno tenía las cagaleras de la muerte. Uno de ellos era Harry, que no las veía todas consigo. Por suerte, estaba Hermione con él, aunque no hubiera sido invitada.
—Tranquilo, Harry —le dijo, masajeándole los hombros para ver si así se calmaba—. Estás preparado, así que no te preocupes.
—Claro, tú lo ves así porque estarás entre el público —dijo Harry, pálido como una tiza—. Ahora mismo tengo la mente en blanco, no sé qué hacer.
—Bueno, eso es porque estás nervioso —dijo Hermione—. Tú tómatelo como un partido de Quidditch, uno algo menos peligroso.
Harry suspiró. Por mucho que se lo dijera, no podía hacerlo, no era un partido de Quidditch.
En ese momento, entró Bagman, seguido de Puta Skeeter, como la llamábamos en el grupo últimamente, y nada más ver a Hermione masajear a Harry, se hicieron una idea equivocada sobre ellos. Enseguida Skeeter empezó a sacar fotos y Bagman hizo mención acerca del posible noviazgo. Estuve a punto de tirarme a sus ojos, pero Harry y Hermione lo impidieron. Lástima.
—Bueno, eso ahora da igual —dijo Bagman, ya para todos—. Ahora os pasaré una bolsa —mostró un saquito— de la cual sacaréis un modelo a escala de… a lo que tendréis que enfrentaros. Las damas primero.
Fleur sacó un dragón en miniatura de la bolsa, que tenía un lazo con un número colgado al cuello, sin duda para establecer los turnos. Ahí se pudo saber con total certeza que sabía lo que se le venía encima, porque suspiró, tratando de asumirlo. Incluso esa prepotente francesa estaba cagada de miedo.
A Fleur le siguieron Krum (se pudo ver que también sabía lo que tocaba), Cedric y, por fin, Harry.
—Vaya, qué mono —murmuró, al sacar el dragoncito de la bolsa, marcado con el número 4—. Encima soy el último —gruñó, fastidiado—. ¿Y tengo que matar a su versión real? No me hace gracia.
—¿Matarlo? Claro que no —dijo Bagman, dicharachero—. Tendréis que burlarlo y coger un huevo de oro, oculto entre los de verdad, para pasar la primera prueba. El huevo de oro es la clave para la segunda prueba.
—'Pego' ¿qué pasa con los 'dgagones'? —preguntó Fleur, lívida—. ¡'Tgatagán' de 'matagnos'!
—Sí, por supuesto que lo intentarán —dijo Bagman, tan pancho—. Si no podéis burlarlos, los cuidadores se encargarán de detenerlos, aunque eso os restaría puntos, claro, pero no os preocupéis. Se han tomado muchas precauciones para evitar que ningún campeón muera… aunque a veces ocurren accidentes…
Tras eso, se fue, dejando a los campeones aún peor que antes. Pero un segundo después volvió a aparecer.
—Harry, ¿puedes salir un momento, por favor? —preguntó.
Harry apenas podía andar de los nervios, las piernas no dejaban de temblarle, pero hizo un esfuerzo para acudir de todas formas.
—¿Qué pasa? —preguntó Harry—. ¿Es porque Hedwig está en mi hombro o por lo de que Hermione estaba conmigo…?
—¿Qué? ¡No, no! —Bagman sonrió—. Verás, como eres el menos preparado de los cuatro, he pensado que quizá necesitarías algo de ayuda. Te puedo aconsejar.
—No, gracias, tengo un plan —dijo Harry—. De hecho, tengo varios.
—Me alegro. No es por tener favoritismos ni nada parecido, es que me he visto en la necesidad de igualar las cosas, pero si dices que lo tienes todo controlado, perfecto. Nada más entonces. Suerte.
Y se fue. Harry suspiró y se metió de nuevo en la tienda. Se oyó un aviso para que saliera el primer campeón y así lo hizo, quedando los otros tres. Nadie hablaba, nadie se movía, tal era la tensión, normal por otra parte. Cuando le tocó por fin a Harry, salió de la tienda dando traspiés. Ululé suavemente para animarlo, pero no pareció servir de mucho.
Llegó al campo de batalla, pues eso era ya tras pasar los otros tres campeones, con un temblor de cuerpo tal que me movía a mí y todo. Apreté un poco con las garras para que se espabilara y, al sentir el dolor, me miró con reproche, pero supo que lo hice para que supiera que yo estaba también. La verdad es que yo no servía de nada ahora, pero el hecho de estar ahí era suficiente para él. Suspiró y se mostró con decisión al público. El dragón no parecía estar, curiosamente.
—Bueno, si el dragón no está, cojo el huevo y en paz —se dijo Harry.
Nada más ir a por el huevo, se oyó un rugido tremendo detrás de nosotros. Harry se volvió y vimos por fin al dragón.
—¡Coño, qué bicho más tocho! —exclamó. Curiosamente, no parecía ahora tener miedo, por cómo lo dijo. Yo, en cambio, estaba tan cagada que, realmente, saqué una bien líquida. En una reacción instintiva, puse las alas delante, con ululato de pánico incluido, y luego señalé con un ala para que Harry se diera vida—. ¿Qué quieres que haga? ¡Yo también estoy impresionado y…! ¡Cuidado!
El dragón no perdió el tiempo y trató de pisarnos, pero Harry estuvo más rápido y lo esquivó por los pelos.
—¡Ahora verás, bicho! —exclamó—. ¡Hedwig, Ataque Hiperrayo!
Yo lo miré, indignada, con las alas en jarras y ululato a juego. ¿Es que creía que era un Pikachu o qué? Incluso le pregunté con un gesto si estaba loco o qué.
—Anda, es verdad, que no sabes hacer eso —dijo, sonriendo tímidamente. Curiosamente, el dragón no atacaba ahora, quizá sorprendido por ver a una lechuza discutir con su mago, o quizá porque ahora puse las alas cruzadas, en gesto claro de molestia—. Eso quiere decir que la hemos cagao a base de bien, ¿no? —continuó, y yo asentí con la cabeza tras suspirar—. ¿Tú qué harías en esta situación si fueras humana?
Ante eso, cogí y me largué volando. ¿No quería saber lo que haría? Pues eso.
—Serás zorra… —masculló, antes de volverse a por el dragón.
A partir de entonces, curiosamente, empecé a oír más cosas de mi entorno, como si el hecho de estar ahora más a salvo hubiera sido determinante para que mis sentidos se agudizaran.
—Vaya, parece que la curiosa lechuza de Harry le ha dejado tirado —oí retransmitir a Bagman, su voz amplificada con magia—. ¿Qué hará ahora?
En ese momento Harry me sorprendió, y no fui yo la única sorprendida, porque hizo algo de lo más inverosímil… por no decir más.
—¡Accio Ronald Weasley! —conjuró.
En ese momento, Ronald Weasley salió volando de dondequiera que estuviera para aterrizar al lado de Harry. Por qué hizo eso es algo que no me cabía en la cabeza ahora, pero que pronto vi su lógica. Bagman, atónito, empezó a retransmitir con tal tono que casi parecía estar comentando un partido en vez de un Torneo de los Tres Magos.
—¡Iiiinnnncreíbleeeeee! —vociferó, tan animado que parecía estarlo viviendo como el que más—. ¡Qué extraordinario lance de acontecimientos, damas y caballeros! ¡En un alarde de imaginación y sangre fría sin precedentes, el campeón ha escogido a alguien de entre el público! ¡Qué movimiento más inesperado! ¿Qué querrá de él? ¡Estemos atentos, puede idear cualquier otra jugada maestra!
—¿Qué haces, Potter? ¿Es que estás loco? —bramó Weasley.
—Siempre quieres ser el protagonista, ¿verdad? —dijo Harry—. Ahora tienes la oportunidad. ¡Cárgate al dragón mientras yo cojo el huevo! ¡Si lo haces, serás un héroe!
—¡Vaya, ahora Harry nos sorprende con una forma… poco ortodoxa… de distraer al dragón, pero parece que funciona, damas y caballeros! —señaló Bagman—. ¡Ha utilizado una variante del modo que empleó Cedric Diggory, tirarle un ser vivo insignificante a la cara del dragón para distraer su atención!
—¡Eh! ¿Cómo que un ser vivo insignificante? —se molestó Weasley, aunque no por mucho tiempo, porque el dragón enseguida se fijó en él—. ¡Eh, no me comas, no soy una zanahoria!
Pero para el dragón sí lo era, o eso o incluso ese bicho encontraba a Weasley detestable, porque ahora tenía una idea fija: deshacerse de él. Mientras, Bagman comentaba con cada vez más entusiasmo.
—¡Vaya, ha sido extraordinario! —aulló, jubiloso—. ¡El campeón más joven del torneo nos está impresionando con una genialidad tras otra! ¡Aprovechando que el dragón está tratando de cazar a su nueva presa, Harry Potter acaba de coger el huevo de oro, mejorando el récord de tiempo de Cedric Diggory! ¡Ahora, mientras esperamos a que los jueces decidan la puntuación y a que los cuidadores calmen al dragón…! ¡Oh, extraordinaria finta! ¡Se va por la banda, dribla a dos piedras, hace un quiebro al dragón, evita un pisotón y una dentellada y…! ¡Gooooooolllllllll…pazo en la rodilla con la tercera piedra, qué daño…! ¡Au, ay, qué dolor! ¡Eso me ha dolido hasta a mí, y eso que estoy aquí, a salvo, lejos del peligro! ¡Qué salvajada, por Dios! ¡Pobre dragón, no volverá a ser el mismo desde este momento!
Cuando Bagman dijo eso, no pude evitar partirme la caja torácica de la risa, dejando plumas por todas partes. El dragón acababa de morder a Weasley en un brazo, de hecho acababa de escupir el brazo tras un curioso gesto de asco, e inmediatamente después le llovieron hechizos para atontarlo y poder reducirlo. El quejica de Weasley gritaba de dolor, pero tan mal no podía estar si salía por su propio pie, aunque sujetando el brazo con la otra mano.
—Bella, encárgate —me ordenó Pomfrey.
—¿Qué? ¿Yo? —protesté.
—¡Claro, yo tengo pacientes más graves, como el señor Diggory! —gruñó Pomfrey—. ¡Una quemadura de primer grado en el dedo gordo del pie no se cura sola!
—¿Y qué hago? ¿Le grapo el brazo? —mascullé, pero no me sirvió de nada. Tenía de paciente a Weasley y tenía que afrontar eso—. A ver, Weasley, qué te pica.
—¡Ese maldito dragón me ha mordido el brazo! —aulló Weasley—. ¡Quería comerme! ¡Tienes que curarme como sea! ¡No puedo escribir así!
—¿Y para qué quieres tú el brazo? —bromeé, pero al final tuve que ceder, qué remedio, porque Pomfrey me miró con cara de vinagre—. Bueno, vale, te lo pongo de nuevo y en paz. La verdad, no sé por qué chillas tanto. Sólo es un brazo amputado. Tienes el otro, ¿no?
Mis argumentos no le convencieron, así que tuve que ponerle el brazo. Un poco de esparadrapo valió… al menos hasta que se levantó.
—Vaya, el esparadrapo ya no es lo que era —dije.
—Quita, anda, que no tienes ni idea —gruñó Pomfrey, apartándome con un empellón—. El brazo no se sujeta tan fácilmente. Atiende.
—¿Tú… crees que es la mejor solución? —pregunté, mientras Weasley chillaba cuando Pomfrey le clavó el brazo con clavos. No sé por qué chillaba, a fin de cuentas, los clavos no estaban oxidados ni nada parecido.
—Funciona, ¿no? —dijo Pomfrey—. Ya no se cae.
—¡Pero está al revés! —aulló Weasley.
—¡Calla, niño! —espetó Pomfrey—. ¿Es que crees que sabes más que yo sobre anatomía? ¿Quién es el médico aquí?
Weasley no dijo nada más, sólo chilló un poco. Al final, entre las dos pudimos colocarle el brazo en su sitio, pero se lo tuvimos que quitar otra vez porque vimos que se rascaba demasiado fácilmente la espalda. Igual tenía razón el tío y todo al decir que estaba al revés, así que se lo pusimos al contrario y ahí ya pareció algo más contento.
—Vaya, era más difícil de lo que parecía, pero hemos acabado por fin —dije al final, cuando todo acabó—. ¿Ves como no ha sido para tanto? Mira que eres gruñón, Weasley.
—La gente de ahora es muy quejica —añadió Pomfrey—. Les mordisqueas un poquito un brazo y se quejan. Y luego somos nosotras las que sufrimos sus quejas. Vivir para ver.
—El… el brazo se mueve mal… —protestó Weasley.
—¿Ves lo que digo? —gruñó Pomfrey—. Si se mueve mal, no lo muevas. ¿Es que tengo que estar en todo? Bastante tengo con curar las heridas de los campeones por culpa de los organizadores del torneo. Se traen dragones como si fueran lagartijas, los tíos. ¿Qué se traerán luego, a Cthulhu?
—No lo digas muy alto por si acaso —dije.
