EL RESURGIMIENTO

Sus ojos recorrieron cada espacio buscando sangre, a paso lento se acercaba justo a donde quería mientras hacía bailar la espada negra sujeta por su mano derecha buscando el momento perfecto para destruir a esos ingenuos niños elegidos; tuvo que admitir acerca de su valentía pues nadie sería tan obstinado en pelar contra él sabiendo la gran diferencia de poderes, incluso muchos prefirieron el suicidio como medida general y es que en estos casi veinte días que estuvo dentro del digimundo, ninguno pudo serle rival digno, nadie salvo el último y tercer guardián de las tres puertas, aquel digimon gigante en con forma de oso polar dotado de una armadura casi inquebrantable, la única rareza consistía en que ese era quien sabe el único ser vivo con la capacidad de visualizar un futuro cercano, recordó como justo en el instante que aquel individuo se hizo estallar con la torpe idea de pensar en vencerlo con eso, le mencionó acerca del destructivo final de ese mundo pero con una posible derrota suya…eso era lo que le mantenía tan confiado pues incluso alguien como ese ser se limitó a decir la palabra "posible", eso significaba que nada podría vencerle. Sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos fuera, vio al enorme dragón alado desmantelar sus filas como si fueran hechas de simples juguetes plásticos, era conocedor cuan fuerte era ese monstruo así que iba a ser su primera presa, deseaba medirse aunque no debería demorar en darle muerte por su puesto.

Dio un salto de casi diez metros sin esfuerzo alguno, comenzaba a saborear el asesinato más cruel posible, la hoja debería ir directamente hacia el cuello; ya tenía todo planeado, iba a incrustarle la hoja primero y luego haría girarla dentro para decapitarlo sin piedad. –Imperialdramon, cuidado- Ken logró observar la mirada tenebrosa del Tai oscuro aproximándose tórridamente para destruir al valiente dragón, el muchacho tan solo cerró los ojos mientras seguía bajo la cobertura del gigantesco Shokkukmon, -nooooooooo- Davis gritó tan fuerte como pudo, el dragón quiso reaccionar pero recibió de lleno el ataque aunque no tan cruel como lo planificado. La versión negra de Tai llamado Hirax sintió esa oleada de placer tan satisfactoria cada vez que asesinaba a sangre fría aunque por alguna extraña razón su mente le decía que no estaba completamente satisfecho y para comprobar sus sospechas pudo ver que ninguno de los valerosos combatientes se sentía trágico por la caída del poderoso digimon. –Qué extraño-

Como si fuera un simple niño ingenuo no supo cómo pudo haberse dejado engañar tan fácilmente por una maniobra tan singular; si bien y al cabo era mucho más veloz y fuerte, su exceso de confianza le hizo pagar. Parpadeó para darse cuenta del espejismo creado por el digimon de nombre Saberleomon, el digimon capaz de alterar los sentidos pudo engañarle fehacientemente, ahora la figura del señor Ochikawa fusionada con la del poderosísimo Blackwarpgryemon envistió a todo poder el cuerpo del oscuro Tai, fue una suerte, un evento fortuito el que esas filosas garras no le hubiera atravesado por completo, tan solo hicieron una penetración superficial pero que dejó caer grandes cantidades de sangre a través de la herida abierta, el fusionado ser recordó que pudo haberle derrotado mientras no estaba liberado del todo, ahora la diferencia entre ambos era más que abismal mas aun así quiso enfrentarlo cuerpo a cuerpo.

-Muy astutos niños, muy astutos….disfrutaré aniquilándolos- sujetó esa espada tan negra como la noche sin estrellas, esta vez no se dejaría distraer; sin embargo no contaba con la estrategia recreada hace apenas diez minutos antes por Izzy y la que fue establecida entre todos en ese lapso temporal. Quiso salir con dirección hacia cualquiera siendo conocedor que el gran ejército estorbaría a esos niños y a sus digimon, tenía que cortar a alguien para sentirse mejor pero fue rápidamente contrarrestado, estaba completamente inmóvil ahora, ni un músculo capaz de mover, ni siquiera sentía el aire entrando a sus pulmones. –Detección temporal- con voz metálica retumbante unas congelantes palabras le permitieron ver al ser quien dirigió ese ataque tan especial; Ultraandromon tenía dicha capacidad para detener el espacio temporal unos cuantos segundos, tiempo que sería muy bien aprovechado.

-Ahooooraaaaaa-

Matt dio el son de ataque, tan solo Shokkukmon y Shilphymon quedaron para controlar mediante fuerza y velocidad respectivamente al enorme ejército airado, esos dos pudieron contenerlos mientras los desesperados miembros optaban por querer salvar a su líder sabiendo que sin él ninguno tendría un futuro; ambas fusiones lograron lanzar poderosos ataques que separaron al Tai oscuro del resto, el primero golpeó con todas sus fuerzas el suelo para producir un gran cráter justo a pocos metros del inmovilizado dejando muy poco probable acudir a por su ayuda, el segundo utilizó su mejor arma, su velocidad, para lograr establecer un marco de fuego entre ese sujeto y los demás, -Adelante amigos, no se preocupen por nosotros- Los cuatro jóvenes acompañantes de las dos fusiones insistieron en el ataque, todos iban a dar el máximo para evitar una catástrofe definitiva.

Fuego, trueno, misiles de hielo, flechas incandescentes, grandes rocas lanzadas, todo se juntó para darle fin a ese sujeto despreciable, no importaba si tenía o no la forma de ese tan preciado amigo, no valía la pena pensar en un mal teniéndose ante ellos al responsable de destruir al digimundo una vez (o al menos es lo que supieron por medio de Gennai, quien dicho sea de paso se hallaba ausente por un motivo especial), -Aléjense todos- Joe dio la orden precisa justo cuando el mezclado ataque estuvo a tan solo centímetros del cuerpo aparentemente humano; una veloz Lilimon pudo poner a salvo a los muchachos usando un vuelo audaz, la explosión fue perfecta, un verdadero ataque; para ponerle broche de oro Imperialdramon esperó hasta el último instante para soltar su arsenal desde al cañón, -Tu puedes amigo- Davis alzó el pulgar en señal de pre victoria esperando que ese majestuoso plan diese resultado, no podía creer que su emblema sería quien diese muerte a quien sabe su mejor amigo, estaba dudando y eso le podría restar poder al ataque, -Vamos amigo concéntrate- sintió la voz de Sora susurrándole a lo lejos, volteó para verla y en efecto ella le miraba con ojos llorosos esperando que hiciese lo correcto, luego volvió a mirar su emblema, era cierto, brillaba no tan intensamente como el de Ken; dejó salir un par de lágrimas pues su decisión sería siempre complicada, -perdóname Tai- bastó ese acto para volver la intensidad luminosa de su dispositivo, el dragón pudo sentir los sentimientos puros del muchacho, la esfera de poder aun en el cañón cargándose pudo completarse al máximo, fue soltada justo en donde su objetivo debería estar, la destrucción se incrementó a nivel exponencial dejando incluso a más de la mitad del oscuro ejército completamente fuera de combate. –Adiós hermano- Kari miro con ojos llenos de lágrimas la escena, estaba siendo trasportada por la fusión entre su compañera con la de Yolei mientras esta otra jovencita era transportada en la otra extremidad; sintió nauseas de saber que aunque no directamente pero fue partícipe de la muerte de su tan querido hermano mayor.

Tras diez segundos llenos de temblores y mientras las ondas expansivas productos de tremenda aniquilación se dejaba a la vista una inmensa depresión de casi veinte metros de profundidad con aun descargas adornando dicho sitio. Los sobrevivientes miraron totalmente asombrados mientras esa imagen degenerativa terminaba por dejar la polvareda persistente, no había rastro de vida alguna dentro del agujero. Los niños elegidos gritaron, no se supo si por alegría o pena, pero lo hicieron, habían sufrido tanto para este momento, nunca pensaron haberlo conseguido.

-Siguen ustedes cretinos- Sora no dejaba la rabia tras el último acto, tras oír eso, empezaron a huir despavoridos mientras los otros digimon tan solo miraban con facies de festejo, se sentían vencedores al fin.

-Niños elegidos- la voz les heló el cuerpo a todos, nada podría sobrevivir a todo eso, imaginaron lo peor pero los ánimos se calmaron al ver a Gennai parado mirándoles en forma pensativa y dubitativamente con algo de congoja entre sus ancianos ojos. Todos fueron hasta donde este octogenario para contarles todo, entre muchos la angustia era evidente por sentirse frustrados tras darle muerte al amigo querido, era evidente no tener ganas para continuar. –Ya todo acabó viejo, es hora de irnos- con semblante derrotado el rubio insistió en que sería mejor idea para cada uno volver al mundo humano.

-Mis niños, ya han hecho demasiado, váyanse por favor, destruyan todo computador que puedan- misteriosamente el viejo les dio ese pedido mientras miraba a todos de manera muy abrupta, sus viejas manos sostenían una daga dorada en forma clásica muy original como las pertenecientes a la majestuosa cultura inca, eran llamados Tumis. Izzy no puedo evitar contener su curiosidad y preguntó acerca del artefacto a través de mímicas pues se quedó impresionado con dicho objeto que tan solo pudo señalarlo con el dedo índice.

-Es una antigua daga ceremonial, hoy será mi mejor amiga; deben irse ahora y hacer lo que les pido. Ni bien salgan comuníquense con todos los elegidos que puedan, es nuestra única esperanza- ahora sonreía enmascarando pena absoluta, había tomado una decisión desde su arribo o mejor dicho, desde que supo de la muerte de su compañero en el mundo humano.

-A qué te refieres, tú debes estar….- como por acto reflejo Sora sintió una cefalea que le aproximaba a un evento negativo aproximarse.

-Incluso juntándose todos no podrían vencerle, tan solo lo han enfurecido más; hagan lo que les pido mis niños, me siento orgulloso de haberles conocido- señaló con desdén ese cráter mientras dejaba a la vista la total decepción; era esa versión malévola de Tai sonreía plácidamente con mínimos daños en su persona. –Me tienen sorprendidos, ¿realmente iban a matarme?, tú Kari, mi hermana, vi tu rostro lleno de odio hacia mí; Matt, amigo, siempre pensé que serías tu quien deseaba verme muerto; Davis, tuviste la deshonra de atacar a quien porta el mismo emblema que tu- la voz cambio por completo, ya no era ese timbre siniestro con nostalgia, era esa voz tan típicamente propia del Tai que todos conocían; luego clavó esos ojos color café sobre su compañero de batallas mirándole tan tristemente como si le doliera o tuviese sentimientos hacia ellos, -Warpgryemon, mi gran amigo, no puedo creerlo, tantos momentos juntos y pude sentir todo tu odio, ¿acaso ya no me aprecias?- el valiente digimon cayó de rodillas sujetándose la cabeza con fuerza mientras se negaba a ver el rostro de Tai, se sentía culpable por haber impedido que Ochikawa le diese fin antes que revelase su identidad, tal vez así hubiera seguido creyendo que ese amigo falleció en un accidente y que habrían vencido al enemigo sin saber quién era realmente; dejó esa poderosa transformación mega para volver a su forma basal, la fusión humano-digimon intentó volverle la evolución sujetando el digivice pero nada servía, Agumon se reusaba a pelear. –Ya basta, no eres Tai, déjalo en paz cretino-

-Vaya, miren quien me habla. No sé si debería mirarte si quiera, nunca lo imaginé de ti Sora. ¿Acaso no me reconoces?, soy quien te regaló ese sombrero azul que dejaste de usar hace tanto tiempo, fui yo quien te compró el sujetador que usas ahora mismo, fui yo quien te acompañó al tonto baile escolar cuando nadie más quiso invitarte; solo yo sé que le temes a los truenos, solo yo sé que los chocolates te dan alergia y o que duermes al revés…entonces dime niña, ¿cómo crees que no soy yo?-

-Cállate, cállate, idiota, qué le hiciste, muerte- la joven no podía creerlo, nadie sabía todo eso salvo su más grande mejor amigo, le conocía desde pequeño, nada era mentira.

-Ellos no pueden pelear contigo hoy Tai, yo seré tu oponente- tan calmado incluso mencionando ese nombre, sereno demostrando que los años dan experiencia suficiente como para afrontar las mejores o peores situaciones; Gennai se puso al frente, -tu ejército te ha abandonado amigo mío, seremos solo los dos en una lucha épica…imagino que eso deseas- le miró directamente mientras sostenía ese Tumi ceremonial, esas palabras calaron bien, tal vez podría dejar marcharse a los jóvenes.

-¿Mi ejército?, es cierto, esos infelices se marcharon- alzó una mano, la que sostenía la espada negra, una gran ráfaga de aire se instauró e inmediatamente como si fuera el centro de una gran vórtice, empezó a formarse un pequeño huracán que en breves segundos comenzaba a tragar a todos quienes huyeron para tragárselos sin piedad, bastó treinta segundos para que todos ellos fueran absorbidos dejando la oscura hoja más negra que antes. –Bien, ahora sí seremos solo tú y yo, sin trampas, pero…..- volvió a levantar la extremidad, pero en esta ocasión se soltaron una que otra energía para destruir los pocos ordenadores cercanos. –No te sorprendas viejo, una vez que acabe contigo, seguirán ellos- todos vieron con desesperación que la tenues esperanza para escapar al mundo real se había esfumado.

-Huyan a dónde puedan, escóndanse bien niños elegidos, yo le contendré-

-Te ves muy confiado-

No sabían si hacerle caso o no, se quedaron helados, lo peor era que arrastraron a dos inocentes en esta trágica aventura, ni Alondra ni Michael debieron haber pasado todo esto, tan solo fueron testigos cómo Gennai en un acto impresionante blandía el cuchillo contra Tai en una lucha digna de ser recordada por siempre, -Huyan insensatos, huuuyaaaannn- escucharon los gritos de Gennai a través del viento en ecos, Matt supo que era tal vez no lo correcto pero sí lo más apropiado, sujetó del brazo a Joe y a Sora, como los mayores deberían iniciar por más que deseasen no hacerlo, bastó las miradas e insistencias para el inicio de una retirada; incluso Ochikawa les acompaño, su deber era acompañar al Agumon para que este pudiese seguir evolucionando gracias al dominio sobre el digivice del valor, dio unos cuantos pasos hacia adelante cuando cayó de rodillas con una gran cantidad de sangre saliendo desde el estómago. –No, no, no, tú morirás acá- ninguno supo cómo, pero Tai yacía en frente de ellos con su negra espada manchada con la sangre del humano-digimon, sonreía plácidamente, luego fue interceptado por Gennai quien insistió en que continuaran la retirada sin darle importancia a este sangriento suceso.

De un fuerte puñete sobre el estómago vieron la figura del anciano caer violentamente hacia el suelo, era una verdadera masacre; pero este se puso de pie para continuar la lucha la cual en pocos minutos de haberse instaurado ya dejaba estragos en el anciano amigo.

Empezaron a correr para darse tiempo, se sentían vacíos, como simples cascarones corriendo sobre verdes campos mientras oían las carcajadas del oscuro Tai haciéndole daño al veterano.

-Deténgalo por favor- miraron sorprendidos de donde venía esa voz, algo captó sus atenciones, algo se hizo presente, algo tan familiar. Dos siluetas familiares se acercaron acompañados de un cachorro de león con pelaje rojo, ellos iban justo en dirección donde se libraba la batalla. -¿Sebastiano?, ¿Padre Itsuki?- Kari pudo reconocerles, era imposible que ese clérigo estuviera en este lugar a no ser que fuese como ellos, cosa realmente poco probable. –Deténgalo- la voz provenía del extraño digimon quien miraba hacia los cielos, como por acto reflejo Sora alzó la vista pues algo le decía que debía hacerlo, era eso tan familiar que pudo sentir hace unos momentos; la figura que sobrevolaba los cielos terminó por descender y posicionarse dando la espalda a todos.

-Imposible- Izzy quedo boquiabierto al verle.

-Pe….pe…..pero, si…..- no podía describir lo que sentía, por una parte se sentía feliz de volver a verlo pero por otra, confusión extrema.

-Hermano, hermano, sabía que tú…hermano- salió directamente para abrazarlo, ya habría tiempo para contarle a sus padres que pudo escapar de morir, que estaba vivo hasta ahora; quiso sujetarle con sus brazos completamente abiertos pero fue rechazada dejando a todos algo extrañados, -¿Ustedes quiénes son?-

-Maldito idiota, no hay tiempo para bromear, me da gusto verte otra v….-

-No te conozco, ustedes, retírense ahora- les dirigió una mirada fría sin sentimientos, sujetaba una espada color media naranja con la mano derecha, había perdido esos ojos expresivos dejando el nuevo ser que veían en frente. –Tú, portador del valor, no peles, podemos hallar otra solución, por favor no debes enfrentarlo- Kuwamon le increpó poniéndose muy cerca suyo, pero le bastó una mirada para hacerle retroceder lejos. -¿son enemigos?- les dijo mirándoles mientras Gennai caía con violencia contra el suelo por decimocuarta vez.

-Tai a qué rayos estás jugando Tai- Mimi le preguntó furiosa, ya era demasiado verle primero como el culpable y ahora tenía que soportar verle renacido prácticamente haciéndose como si no les conociera.

-¿Tai?, ¿así me llamo?, ¿cómo lo sabes niña?-

-Tai, qué sucede contigo, dinos por favor- Sora se puso cerca, comprobó los ojos, cabellera, físico, era exactamente él, incluso la sensación que siempre sentía al tenerle cerca.

-Váyanse, si descubro que son enemigos no dudaré en aniquilarlos- le volvieron a mirar confusos.

-Tai, Tai, ¿por qué actúas así?, déjame ayudarte- Agumon se sentía tan renovado, tan feliz, le miro con ternura esperando que su mejor y más grande amigo pudiera luchar nuevamente junto a él.

-Noooooo, miserable, ¿cómo es que sigues con vida?- la otra versión de Tai tenía cargado a Gennai, este parecía no estar respirando, la hoja negra cubierta con sangre así lo demostraba. -¿Eres tú el responsable de todo, verdad?- se acercó mirando desafiante.

-Esta vez me aseguraré que mueras por completo- ambos eran tan idénticos, chocaron a velocidades inéditas sus espadas una con la otra, gruesas ráfagas irrumpieron en el lugar haciendo que los otros seres tuvieran que tirarse al suelo por la violencia de la lucha recientemente entablada, tan solo podían oír los gritos de Kuwamon suplicando que se detengan; Sora se envalentonó en abrir los ojos, se asustó al ver como con cada impacto entre esos dos, producían estragos sobre la naturaleza circundante, árboles cayendo, fuego a por doquier, temblores instaurándose; una verdadera guerra, de hecho fue una suerte que esos dos empezaran a pelear entre los cielos mas aun así lo estruendoso de los impactos producía destrucción constante.

-Debemos detenerlos, van a destruir el digimundo- Kuwamon miraba desesperado, sabía que si no los detenían, esos dos acabarían produciendo lo que una vez logró ese sujeto antes de ser sellado. –Huyamos de acá, primero salgamos y luego pensaremos en un plan, ustedes también vendrán- Matt alistó al grupo, les dirigió con voz determinante, señaló un punto lejano pues todo era caos entre esos dos, sugirió pronunciar los planes en sitios más seguros, todos estuvieron de acuerdo.

-Hey, Sora, vámonos- Davis pudo verla, estaba ahí parada mirándolo todo, tanta crueldad en una persona tan idéntica a él y por si fuera poco, el Tai quien siempre recordaba parecía no saber quién era ella. El muchacho la sujetó con fuerza, esta tan solo giró para verle, -no creas que solo te afectó a ti- le gritó pues la destrucción hacía estruendos que hablar con calma era imposible, señaló a Matt pues este cargaba entre brazos a una desmayada Kari, todo había sido demasiado para esa jovencita.

-Tiene razón Sora, debemos prepararnos primero- el padre Itsuki tuvo que cargarla pues esta mujer estaba en un trance completo. -Eres sabio hijo, vámonos- se dirigió a Davis, salieron en marcha a cualquier sitio considerado regularmente seguro.

Más y más caos, cada choque de espadas producía resquebraduras en la tierra, las aguas se tornaban inestables, las nubes comenzaron a cargarse amenazando en llamar a una gran tormenta, todo iba a repetirse una vez más.