Inuyasha por un instante se desesperó, pensando que Aome no se acordaba del. La miro extrañado, nadie decía nada y Aome los miraba a todos confundida, pero un dolor punzante la desvío de todo eso. Inuyasha no dudo en ir en su ayuda, pero si ella ya no lo recordaba, era mejor no acercarse.

Aome recordó de inmediato lo que había pasado, tal vez el shock la hizo perderse un poco. Inuyasha lucho contra sí mismo y se agacho a ayudarla. Para su sorpresa Aome no lo rechazo, se sujetó fuerte del, dándole una esperanza. Como no sabía que le ocurría, donde le dolía, se atrevió a preguntarle. — ¿Dónde te duele?—Pregunto.

—En el… vientre—Dijo, con algo de dificultad.

—Debe de ser su herida—Dijo Sango, luego Inuyasha se apartó y dejo que la revisara, mirando antes a Miroku. —Va a estar bien, solo tengo que cambiar su vendaje, por favor salgan—Dicho eso, Inuyasha parecía no querer eso.

— ¡Inuyasha!—Le grito Aome, luego le dio otra punzada. Miroku salió, Inuyasha a regaña dientes, estando impaciente afuera, queriendo entrar.

Luego de un rato Sango salió y le dijo a Inuyasha que Aome estaba bien y quería verlo. El entro y estaba solo con Aome, quien al parecer si sabía quién era. Se sentó a su lado, trataba de no mirarla, ya que había algo que le preocupaba y era que tenía el aroma de la sangre de Aome en sus manos aun, no sabía porque, además no recordaba mucho lo sucedido. —Discúlpame por preocuparte—Le dijo Aome, tratando se levantarse, pero él no se lo permitió.

—No te levantes, tonta—Le dijo y ella obedeció.

—Acércate, Inuyasha—Le pidió ella y él lo hizo, pero no tan cerca. —Mas…—Continuo y él lo hizo quedando muy cerca de ella. Aome lo beso, Inuyasha no dudo en corresponderle, después de todo, amaba besarla. Luego Aome se abrazó a Inuyasha, sintió algo de dolor por sus heridas, él lo noto, pero Aome no quería parar el beso, ella también disfrutaba besarlo, amaba hacerlo. La aparto delicadamente, cortando el dulce beso.

—Pero… Inu… yasha. —Aome se quejó e intento levantarse, pero el delicadamente, sin causarle dolor la freno nuevamente.

—Sera mejor que descanses… Aome—Le dijo, cubriéndola con la frazada del futon.

— ¿A dónde vas?

—Estaré cerca, tú descansa—Le afirmo él y salió de la cabaña, luego Sango y Miroku lo vieron salir a lo lejos y fueron a ver a Aome.

Cuando entraron, Aome permanecía tapada hasta la cabeza, ella los miro y quiso preguntar. Ella tenía la duda de si Inuyasha sabía lo que hizo, ya que parte de sus heridas fueron hechas por Inuyasha, pero no estaba segura si él lo recordaba o no quería hablar de eso ya que se sentía avergonzado. Pero no podía preguntar ahora, ya que seguro Inuyasha escucharía. Aunque podía preguntar si él se fue, para preguntar lo que realmente quería saber.

— ¿Inuyasha se fue, Miroku?—Pregunto, pero luego recordó a Sango, ya que no sabía quién era.

—Si—afirmo Miroku.

—Está bien. Por cierto, Hola—saludo a Sango regalándole un sonrisa.

—Ella apareció de la anda y nos ayudó señorita Aome—Dijo Miroku.

—Te lo agradezco.

—Se lo dije señorita sango, Inuyasha no es malo, pero no se sabe que le paso al pobre muchacho.

—Eso parece, pero ¿Por qué estaba de esa manera?—Se preguntó con curiosidad Sango, quien no entendía todo.

—No lo sabemos, pero fue cuando la señorita Aome estaba en peligro, eso habrá tenido que ver. Al parecer tampoco recuerda nada, sería mejor no decirle. —Propuso Miroku.

—Es lo mejor, Miroku, Inuyasha no tiene que saberlo, sino se pondrá mal y no quiero que se valla—dijo triste.—Y será mejor que luego de que sanen mis heridas, estemos un tiempo sin buscar los fragmentos, no deseo verlo así de esa forma otra vez—Dijo Aome.

— ¿Buscan los fragmentos?—Sango pregunto.

—Si, por mi culpa se rompió la perla.

—Ya veo, pero es algo muy arriesgado y si Inuyasha es capaz de transformase de esa manera tan feroz, cada vez que usted peligre, lo es aún más—Dijo Sango.

— ¿Por qué no vienes con nosotros, Sango?—Le propuso Aome.

—Sería de gran ayuda—le dijo Miroku.

—No estoy segura… tendría que hablarlo con mi padre—Aunque estoy segura que le me dejara—Pensó. —De acuerdo, además luego debo de contarles algo sobre la perla, será de gran ayuda—Afirmo Sango, luego se acercó a Aome para revisar sus vendas. —Umm… parece que ya no sangras, eso es buena señal, pero tienes que seguir descansando.—Sango entonces tapo nuevamente a Aome y tanto como ella y Miroku se fueron. No habían notado la presencia de Inuyasha, quien escucho todo, pero no entendía nada ¿Cómo que la había lastimado?

Inuyasha no sabía sin entrar a la cabaña y preguntarle a Aome o ir y preguntarle a Miroku, quien seguro seria fiel a Aome y no le diría. El necesitaba saber si fue capaz de lastimarla, no recordaba todo con claridad, pero tenía el aroma de la sangre de Aome en sus manos. Brusco como siempre entro de golpe a la cabaña, Aome no se asustó y solo miro. El también la mira y luego se acercó a ella, mirándola dolido, quería abrazarla, lo precisaba, pero la podría lastimar más y no quería eso. —Lo siento Aome, no quise lastimarte, discúlpame—Le dijo, no había duda ya para él, la había lastimado, el aroma de su sangre lo confirmaba.

—Inu… ya… sha. Pero… tú me salvaste de esos youkais—Le animo ella, quien trato de levantarse, pero prefirió seguir hablando—Ya no importa lo que paso, estoy bien—Le dijo, luego acerco la cara de Inuyasha y lo beso suave, demostrándole su amor.

— ¿Cómo fue?—Pregunto Inuyasha, luego del beso.

—Te transformaste… solo quisiste cuidarme y te paso eso, pero no podías controlarte al parecer, pero eso ya no importa—Le afirmo ella, el intento irse, pero Aome no se lo permitió.

—Me convertí en un monstruo para salvarte y termine lastimándote… Aome ¿Cómo que no importa? Podría volver a pasar y no quiero lastimarte. —Le dijo, apartándose finalmente de Aome.

—Espera Inuyasha, no te vayas. —Inuyasha no pudo irse, quería estar al lado de Aome, no quería dejarla sola, pero tampoco lastimarla. Se acercó de nuevo a Aome para besarla. —Te amo y no quiero que me dejes—Le dijo entre el beso Aome.

—Yo también te amo… Aome—Le dijo y la beso con más pasión.

Luego de unos días, fueron sanando las heridas de Aome, Inuyasha no se alejó de ella en ningún momento, estaban juntos casi todo el tiempo. Era lo que ambos querían estar juntos, no importaba que pasase, querían estar disfrutando de la compañía del otro.

—Parece que ahora no se separan más—Dijo Miroku, mientras él y Shippo los miraban a lo lejos en un pequeño campo, ya que Aome fue por hierbas medicinales junto con Inuyasha. Pero ellos no eran los únicos que estaban hablando, sine escucharlos, Aome e Inuyasha también lo hacían.

—Ha, tenías que haberte quedado… yo podía llevarlas para ti—Le dijo, mientras intentaba ayudarla, algo raro en él, pero por Aome hacia todo.

—Pero tú nos aves cuales son, Inuyasha. Aparte no creías que me quedaría toda la vida acostada—Le dijo ella, mientras arrancaba algunas.

—Feh, si se cuales son… si yo siempre…

—Huh, tu siempre ¿Qué?

—Nada, tu solo termina rápido así te llevo de regreso. —Le dijo el, quien estaba a punto de meter la pata. Que iba a decirle, que siempre la observo antes de secuestrarla, no. Luego de que Aome terminara volvieron a la aldea, Miroku y Shippo llegaron un poco antes que Inuyasha y Aome, ya que él iba despacio por ella. Al llegar entraron a la cabaña, pero ellos solos.

Aome acomodo todo lo recogido, ante la mirada constante de Inuyasha, quien se había sentado en su típica pose india. Cuando Aome termino se acercó a Inuyasha y se sentó en sus pierna, a él no le molesto, le gustaba tenerla de esa manera, luego ella se abrazó a él y pregunto— ¿Siempre estarás a mi lado?

—Que tonterías preguntas, claro que estaré a tu lado… Aome—Le dijo y sin previo aviso la beso, bajando luego al cuello de Aome, hasta empezar a bajarla la parte de arriba del kimono de Aome y besar su piel desnuda. Subió nuevamente, arreglando su ropa y el beso en la boca.

— ¿¡Por qué paras!?—Aome se había enojado, quería que Inuyasha siga, pero él se detuvo.

—No te enojes… no estás en condiciones—Le dijo el, no agradándole que estuviera enojada.

—Entonces vete—Le dijo, se levantó quedando de espaldas y fue sorprendida por Inuyasha.

—No puedo irme… prometí que siempre estaría a tu lado… tonta—Le dijo y abrazándola sin fuerza y ella se dio vuelta abrazándolo también.