Toda la historia peretenece a la increíble Jennifer L. Armentrout. Nombres de los personajes a la maravillosa Sthepenie Meyer.
Capítulo 21
Bella PDV
Recién duchada y lo bastante descansada para que los dolores de mi batalla real con Alice se hubieran desvanecido, me uní a todos en la sala. Antes de haberme ido para quitarme la sangre y la suciedad, y tomar una siesta, habíamos arreglado la sala de estar y el estudio de nuevo.
Excepto por la puerta faltante, ventanas rotas, muebles estrellados y macetas de plantas destrozadas —ah, y por supuesto, el agujero en la pared.
Me sentía muy mal por todo esto. Quil era agradable. Su casa había sido agradable. En realidad, él era muy agradable, considerando que no nos gritó ni intentó comernos después de descubrir lo que le pasó a su casa.
Me empezaba a agradar el Arum.
Bueno, al menos estos dos Arum. El resto de ellos, especialmente Ephraim, todavía me asustaban.
Alice ya se había disculpado un millón de veces, desde el momento en que terminamos de hablar sobre Aro hasta el momento en que dejé la ducha y tomé una poderosa siesta. Así que no me sorprendió cuando giró inmediatamente esos grandes ojos verdes hacia mí cuando entré a la sala.
—Bella —comenzó, empezando a levantarse, y sabía lo que pasaría a continuación. Ella iba a empezar a llorar y luego se disculparía.
Me acerqué a donde se encontraba sentada en el único mueble no destrozado —un taburete— y la abracé. —Todo está bien —le susurré al oído—. Todo está bien entre nosotras.
Y lo decía en serio.
La vida era demasiado corta y retorcida para guardar rencores, sobre todo por algo que ella realmente no podía controlar. Me apretó el brazo y susurró—: Gracias. Ahora no te golpearé por no decirme que te casaste con mi hermano. —La sonrisa de Alice se extendió, transformando su belleza en algo verdaderamente fuera de este mundo, y Dios, como había extrañado esa cálida sonrisa.
—Recién hablábamos sobre nuestro plan. —Edward caminó hacia mí y acarició mi mejilla por un segundo antes de levantar la cabeza—. Vamos a regresar, lo cual nos deja a menos a un día por delante de cuando Ephraim dijo que tendría su ejército Arum.
Eché un vistazo alrededor de la habitación, esperando más de un plan.
—¿Bien?
—Pero eso no es todo. —Jasper se cruzó de brazos.
—Es simple —respondió Edward, deslizando la mano de mi hombro y enredándola en mi cabello húmedo—. Nos vamos a casa… y ellos vendrán a nosotros.
Arqueé una ceja.
—Eso es un poco demasiado simple.
—Él está siendo vago en sus descripciones —respondió Sam.
—O totalmente distraído —comentó Quil.
Me sonrojé de nuevo, porque cuando sus dedos encontraron la manera de salir de mi pelo y luego los pasó por mi columna, en serio creí que estaba distraído.
—Vamos a tener que fingir que somos uno de ellos. —Alice se giró hacia donde nos encontrábamos—. Sé que probablemente apesta escucharlo, pero podemos hacer esto. Podemos hacerlos creer.
Oh, no me gustó cómo sonaba eso, y trataba de no prestar atención a la mano en mi espalda.
Alice se humedeció los labios.
—Ellos no saben que me he ido sin permiso o que los otros… bueno, que ya no están por ahí.
—¿Cómo?
—Se le dijo a Alice que no se registrara hasta que se hiciera cargo del problema con Edward, ya fuera acabando con él o llevándolo al redil —explicó Jasper y por la forma en que Alice destrozó la casa, no creía que le hubiese interesado llevarla a alguna parte excepto al más allá—. Estarán esperando escuchar de ella pronto, pero hay una malditamente buena oportunidad de que todavía no sepan lo que pasó.
—¿Una buena oportunidad? —repetí estúpidamente.
La mano de Edward se hallaba al sur de la banda trasera de mis pantalones.
—La mejor oportunidad que tenemos, nena.
—¿Así que vamos a ir a casa, fingir que todos son malvados y luego esperar lo mejor?
—Llegaremos a Aro usando a Alice y Edward. Tenemos que llegar a él antes que se presenten los militares o los Arum —dijo Jasper, sus ojos de amatista letales—. Antes de que pueda huir.
Entendí esa parte, pero esto… esto era un plan arriesgado y poco fiable… unido con cinta adhesiva, una lamedura y un montón de deseos pidiendo suerte. La parte buena de todo era el hecho de que nos íbamos a casa y vería a mi mamá. Si ella se encontraba allí.
—Pero, ¿qué pasa con Victoria? —preguntó Edward.
Alice miró alrededor de la habitación.
—¿Qué pasa con ella?
—Huyó —informé a su hermana—. Nadie sabe dónde está, pero dudo que ella se dirija a buscarnos. Eso no tiene ningún sentido, por lo que creo que es el último lugar a donde iría.
Edward tiró de la banda de mis pantalones, pero no respondió.
—Tiene razón. Estan buscándola, pero es remota la probabilidad de su partida a San Petersburgo. Estaré en contacto con Seth, informándole qué pasa y que el Luxen detrás de esto se refugió en San Petersburgo, junto a Aro —continuó Jasper—. Y luego nos pondremos en contacto con Ephraim, diciéndole dónde los necesitamos primero.
Eso tenía sentido. Si la información que Alice tenía era correcta, necesitábamos llegar a ellos y eliminar la colonia, pero aun así teníamos a muchos Orígenes con los que lidiar después.
Hice una mueca.
Eliminar. Lidiar. Empezaba a sonar como un mafioso.
O Seth.
—Bueno, entonces —dije finalmente—, es un plan.
Edward palmeó mi espalda.
—Van a necesitar algunas cosas —dijo Sam y luego miró a Emily—. Este es el final del camino para nosotros.
Asentí. Nos vendría bien su ayuda, toda la ayuda que pudiéramos conseguir, en realidad, pero llegar a la ciudad con dos Arum probablemente revelaría nuestra carta bajo la manga.
—No nos malinterpretes —dijo Emily, sus ojos buscando los nuestros—. Queremos hacer más, pero…
—Pero como dije antes, tengo un montón de enemigos en el gobierno. Aunque el Daedalus podría haber desaparecido, no confío en nadie asociado a ello —El brazo de Sam alrededor de Emily se tensó—. Y no voy a ponerla en la mira de nuevo.
—Totalmente comprensible —anunció Edward, sorprendiéndome, ya que no dio su respuesta sabelotodo.
Quil se levantó y caminó hacia el armario que aún tenía una puerta.
Cuando lo abrió, conseguí un vistazo de un mini-arsenal. Pistolas unidas a ganchos en las paredes interiores. Rifles apoyados contra la pared desde lo más alto hasta abajo. Había otro tipo de armas que no reconocí fijadas a la pared, armas que parecían pistolas... pero no lo eran.
—Vaya —murmuré.
—Probablemente debí haberles dicho que esto estaba aquí —dijo, metiendo una mano—. He recolectado todo un alijo en los últimos años. — Sacó un arma, entregándosela a Jasper—. Lo que todos parecen olvidar es que los Luxen, e incluso nosotros, son susceptibles a ciertas heridas.
—Una bala en la cabeza o al corazón es catastrófica, sin importar la especie. —Sam sonrió y fue un poco espeluznante—. El problema es que nuestras especies son bastante rápidas, así que golpearlos en la cabeza o el corazón es un poco difícil.
—Ahora no. —Quil también sonreía de la misma manera espeluznante.
—Mierda —murmuró Jasper mientras manejaba el arma de aspecto extraño—. ¿Cómo conseguiste una de estas?
Quil sonrió.
—Tengo mis métodos.
Jasper negó con la cabeza.
—Diablos, estas cosas nunca fueron aprobados para su uso generalizado. El Daedalus los tenía, pero nunca pensé que vería una en el exterior.
La mano de Edward me dejó.
—¿Qué tiene de especial el arma?
—Está especialmente diseñada para Luxen. En realidad, no es un arma de energía. —Ahora Jasper también sonreía de manera casi espeluznante—. El arma está modificada para manejar balas comunes con una carga de energía. No es un arma de MI.
—¿MI? —preguntó Alice.
—Muerte instantánea —explicó—. Pero si le disparas a Luxen, híbridos, u Orígenes en cualquier lugar, caen. Es sobre todo fatal, especialmente si la bala no sale del cuerpo o no puedes sacarla rápidamente. Mata más lentamente, esa fue la razón de que las armas nunca fueran aprobadas.
—Porque eso sería torturar a alguien. —Me sentí enferma.
—Sí, pero no tienes que tener muy buena puntería con esto. Aun necesitas ser rápido, pero en vez de reunir la energía y convocar a la Fuente, esto será muy útil. —Jasper parecía un niño al que le acababan de entregar un pastel de cumpleaños de su sabor favorito—. Muy útil.
—Cada uno conseguirá una —dijo Quil—. Así que nunca digan que no les di nada. Y este año espero una tarjeta de Navidad.
Sonriendo ligeramente, tomé mi arma —mi arma más peligrosa de lo normal— y traté de acostumbrarme al peso y la sensación del frío plástico y metal.
Sostenía una pistola en mi mano. Otra vez.
Y de verdad me sentía como un mafioso.
Estábamos de vuelta en el pórtico, con las posiciones ligeramente cambiadas. Edward se encontraba sentado en el escalón más alto y sus piernas se extendían a los lados. Yo me encontraba entre ellas, un poco girada para poder ver su rostro a la luz del sol.
Al principio, no dijo mucho. Jugaba con mi pelo, girando la longitud alrededor de sus dedos y rozando los extremos contra mi mejilla. No tenía idea de lo que pasaba con Edward y el uso de las cosas —mi pelo, plumas, lápices, lo que fuera— para tocarme, pero no me importó. Había algo relajante en ello cuando solía estar ridículamente molesta. Me apoyé contra su pierna izquierda, dejándolo hacer lo que sea que hacía.
Tendríamos que irnos pronto para poder llegar en algún momento de la mañana.
Jasper le dio una pista a Seth sobre el cambio de planes, y él le iba a transmitir la información a los poderes existentes. Había ramas de clausura militar en San Petersburgo, sobre todo al norte de Virginia, pero por lo que pudimos captar de la conversación de Jasper, no seríamos capaces de confiar en ellos porque no podían permitirse dejar D.C. Tendríamos que esperar en otras ramas separadas por los Estados Unidos, la mayoría refugiadas en Montana —una buena media hora en auto más o menos, dejándonos en Petersburgo alrededor de la misma hora en que el Arum debería llegar. Jasper se pondría en contacto con Ephraim, es decir, si Ephraim no nos jodía y aparecía de verdad.
Así que, básicamente, si las cosas iban al sur, estábamos jodidos por todos lados. Pero yo estaría en casa en San Petersburgo, donde debería estar mi madre…
Puse los frenos en esos pensamientos. Mamá estaría bien. Tenía que estar ahí esperándome, porque ella nunca renunciaría a mí, sin importar cuánto tiempo me hubiese ido o lo que pasaba en el mundo.
Pero no podía permitirme pensar en mamá en estos momentos. Tenía que concentrarme en lo que estábamos a punto de hacer.
—¿Pensamientos?
—Este es un plan muy malo —admití después de unos segundos, mirándolo.
—Así es.
Lo miré fijamente a los ojos.
—Eso no es tranquilizador.
Un lado de sus labios se curvó.
—¿Tienes una idea mejor?
Pensé en eso por un par de minutos y luego suspiré.
—No, en realidad no. Siempre y cuando no sepan que Alice y el equipo se ha descarriado, entonces van a estar esperándonos para matarnos felizmente a todos.
Bajó la cabeza, rozando sus labios sobre los míos.
—Estás preocupada.
—Uh, obviamente.
—Sabes que voy a cuidar de ti.
—Eso no es lo que me preocupa.
—¿No? —Antes de que pudiera responder, me besó suavemente, haciendo que mí respiración se atascara—. Entonces, ¿qué te preocupa?—preguntó.
—Tú. Alice. Jasper. Emmett y Rosalie, a pesar de que están a salvo por ahora. Incluso estoy preocupada por Seth. —Hice una pausa, frunciendo el ceño—. A pesar de que Seth es probablemente la última persona por la que debería preocuparme porque es Seth, pero tengo miedo por él e incluso Sam y Quil y Emily. Me preocupa que…
Edward me besó profundamente, cortando mis palabras y llevó ese beso a una nueva estratósfera.
—Tienes un gran corazón, gatita. —Sus labios recorrían los míos mientras hablaba—. Eso es lo que más amo de ti. Bueno, eso y que soy un gran fan de tu cuerpo dulce, ¿pero tu corazón? Sí, eso completa todo el paquete, envuelto con un pequeño y bonito lazo. Te hace perfecta para mí.
—A veces… —Lo miré, parpadeando la humedad—. A veces dices las cosas más increíbles.
—Y también amo la vista de mis manos en tu trasero.
Solté una carcajada.
—Oh, mi Dios, y entonces dices cosas como esa.
—Tengo que ser yo mismo. —Me besó de nuevo—. Gatita, está bien estar preocupada por todos, pero podemos cuidar de nosotros mismos. —Descansó su frente contra la mía—. Y también sé que no importa que tan mala sea esta idea, o cuán peligrosa, vamos a salir de esto juntos. Todos nosotros. Me aseguraré de ello.
—¿Lo prometes? —susurré.
—Lo prometo. —Levantó su barbilla y besó el puente de mi nariz—. Y nunca te he roto una promesa, ¿verdad?
—No. No lo has hecho.
