Hola a todas chicas, antes que nada mil disculpas por la demora. Espero que de a poco pueda actualizar más rápido.
No las entretengo mucho y las dejo disfrutar del capítulo.
Miles de besos, nos leemos pronto!
Revelaciones
Capítulo BETEADO por Flor Carrizo, beta de Élite fanfiction: www. facebook grupos / élite. fanfiction /
.
Edward y Emmett consolaron a una Bella que se encontraba totalmente devastada. Su corazón se había roto en pedazos, necesitaba del apoyo de su familia, de los que siempre estuvieron para ella, para poder enfrentarse al moustro de Félix.
—Bells, amor, por favor tranquilízate —dijo suavemente Emmett.
—Iré a preguntarle a mi papá si logró contactar con algún abogado para que de inmediato nos pongamos en contacto y solucionemos el tema de Kate —explicó Edward.
Carlisle lo recibió con la buena noticia de que tenían un muy buen abogado a su disposición. Quedó en llamarlo de inmediato para que cuanto antes actuaran con la ley de su lado.
—Edward, ¿qué sucedió? —preguntó Alice.
—Félix, el padre de Kate, no deja que Bella la vea y al parecer no trata bien a la pequeña —dijo completamente enfurecido.
—Tranquilo, seguro algo se podrá hacer.
—Eso espero. ¿Los niños?
—Están con tu madre y Anne.
Edward fue a ver a sus pequeños.
—¡Papi! —gritó Seth.
—¡Paaaa! —lo llamó Lottie.
—Hola, mis pequeños. ¿Están jugando con la abuela?
—Ti, bela Meme y An. —Señaló a la pequeña niña.
—¿Y tú, bela Meme, cómo estás? —preguntó a su madre entre risas.
—La verdad es que bien, feliz de tenerlos entre nosotros. Nunca pensé que podría vivir esto, la casa llena de niños y mis dos hijos juntos. —Acarició la cabeza de la bebé—. Además de que gané una hija más con Isabella.
—Sí, la verdad le hará mucha falta el apoyo de todos.
—¿Sus padres no aceptaron la relación que mantienen?
—No, la repudiaron y le dijeron cosas horribles. Encima, habló con Kate y la pequeña la está pasando muy mal.
—Pobre niña, espero que todo se mejore. ¿Emmett está con ella?
—Sí, él está intentando consolarla. Igual lo mejor será llevarle a estos pequeños para que le logren sacar unas sonrisas y la tranquilicen.
—Ve, hijo, cualquier cosa me avisas. Yo iré a preparar algo para cenar.
—Gracias —le respondió de manera sincera—. Son los mejores padres que pudiera tener.
—No tienes que agradecerme nada, hijo.
Él sólo le dio una sonrisa como respuesta.
—Lottie, Seth, ¿vamos con mami y papi?
Los niños corrieron a tomar las manos de su padre y juntos fueron al estudio donde Emmett y Bella estaban.
Pasaron un largo rato jugando con los niños y lograron que Bella mejorara un poco el estado de ánimo con las ocurrencias de los pequeños.
Luego de un rato Carlisle llamó a la puerta del despacho.
—Permiso, hijos, el doctor Jasper Hale ha llegado, él es el abogado que conseguí para el caso de la pequeña Kate.
—Ya vamos —dijeron los tres mientras se ponían de pie.
—Niños, ¿quieren que cuidemos de la pequeña Anne? —preguntó Carlisle.
—No.
Bella se puso a su altura.
—Amores, necesito que vayan con el abuelo, yo luego iré con ustedes.
—Meno, mami —respondió Seth mientras tomaba la manito de Charlotte y la de su abuelo.
Cuando los niños, junto a Carlisle, se marcharon, ellos salieron a recibir al abogado.
Se presentaron y comentaron su caso.
—Les seré sincero, va a ser un proceso complicado. Si bien él no puede alejarte de la niña, el juzgado dará la tenencia a quien considere más apto, lamentablemente el modo de vida que ustedes eligieron no es el socialmente más aceptado… Sin embargo, no dejaremos de pelear por la custodia.
—¿Es decir que ser un trío nos juega en contra? —preguntó Emmett.
—Sí y no. Todo depende de quién sea el magistrado que lleve su caso, pero será un punto que sin duda causará controversia. Sin embargo, por lo que me dices, la pequeña no recibe la atención requerida y puede que esté sometida a maltratos psicológicos. Eso nos daría un punto a nosotros —explicó—. Lo primero que haremos en este momento es presentar una demanda para que se permitan de inmediato las visitas, con suerte antes del fin de semana podrás verla. La custodia será más difícil de obtener, pero lucharemos por ello.
—Gracias, Jasper, la verdad que este tiempo sin mi hija ha sido una tortura. No hay día en que no me arrepienta de haber ido a ese viaje, aunque si no lo hubiese hecho no los hubiese conocido a ellos y no tendría a mis pequeños isleños.
—Tienes que estar tranquila y, sobre todo, ser fuerte y permanecer unidos para afrontar todo el proceso.
—¡Hermanito, Bella!, disculpa que los moleste pero esta pequeña necesita de su mamá y papá —dijo Alice trayendo a Charlotte en brazos.
—¡Papi! —Lloró la niña mientras se lanzaba a los brazos de Emmett.
—¿Qué pasa, cariño? —preguntó Bella acomodando el cabello de la niña.
—Papi, mami —dijo ella entre lágrimas.
—Creo que está agotada, ha vivido muchos cambios en esta última semana. Lo mejor será que les demos de comer y luego un baño y a la cama —sugirió Bella.
—Será lo mejor.
—Jasper, ella es Alice, la hermana de Emmett. Alice, él es el doctor Jasper Hale —los presentó Edward.
—Doctor Hale, un gusto conocerlo —saludó Alice.
—El gusto es mío, señorita —respondió Jasper, tomó la mano de Alice y la besó suavemente.
Alice y el doctor Hale se quedaron unos momentos más conversando, mientras que Bella junto a sus hombres llevó a la pequeña hasta la cocina donde Esme intentaba que Seth comiera un poco de carne y puré, pero al niño no le agradaba.
—¿Cómo estás, cariño? —le preguntó Esme a Bella.
Ella sólo se encogió de hombros y suspiró.
—Como puedo —susurró.
—Tranquila, ya verás que todo se solucionará y podremos tener a Kate con nosotros en poco tiempo.
—Gracias, Esme —respondió Bella intentando contener las lágrimas que querían escaparse.
—No tienes nada que agradecerme —dijo mientras se acercaba y le daba un abrazo maternal.
Luego de eso los chicos se encargaron de darle de comer a los niños muchas frutas y pescado, que era lo que más les gustaba. Y, finalmente, los llevaron a la habitación, los bañaron e hicieron dormir.
—Bella, cariño, ¿quieres que te prepara un baño de espuma? —preguntó Emmett.
—No lo sé.
—Vamos, deja que Emm te consienta, yo te traeré algo para cenar. Llevas toda la tarde sin comer nada y eso no es bueno.
Ella simplemente rodó los ojos y dejó que sus hombres tomaran el control de la situación.
Luego del relajante baño, Edward le llevó la cena a la cama y prácticamente entre los dos la obligaron a comerse todo. Luego se durmió plácidamente.
Dos días más tarde, el doctor Hale les dio la buena noticia de que había conseguido una orden para que Kate los visitara el día sábado y pasara todo el día con ellos.
Isabella estaba completamente feliz con la noticia. Anhelaba volver a tener en sus brazos a su hija, volver a sentir sus bracitos sujetando su cuello mientras le decía Mami, te amo, quería a su pequeña de nuevo en su vida y para siempre.
El sábado desde muy temprano Bella estuvo levantada, hizo el pastel preferido de Kate, horneó galletas y una y otra vez acomodó la habitación que Alice había acondicionado para la niña.
—Cariño, en cinco minutos nos vamos —anunció Edward luego de verla mirar por décima vez el reloj en menos de diez minutos.
Habían acordado que Edward iría con Bella a buscar a Kate y Emmett los esperaría en la casa junto a Seth y Lottie.
Una vez en el auto, los nervios de Bella ascendieron a niveles inesperados.
—Cariño, por favor, tranquilízate. Verás que todo saldrá bien —dijo Edward de manera reconfortante.
—Lo sé, amor, y te juro que estoy intentando mantenerme tranquila, pero tengo tanto miedo de que esté sufriendo, que me guarde rencor o me culpe por todo lo que sucedió.
—Eso lo sabremos sólo cuando hablemos con ella, pero no creo que sea así, amor, es tu niña y para un niño no hay nada que pueda sacar de esa idealización que tiene sobre su madre. Y tú… —Tocó la punta de la nariz de Bella—, eres una excelente madre.
Logró obtener una sonrisa de los labios de Isabella, luego sólo siguieron el camino tomados de la mano.
Cuando llegaron a la dirección, no pudieron dejar de asombrarse por el lujo que tenía la imponente mansión en que vivía su hija.
Luego de atravesar el portón de rejas, el auto se detuvo frente a la puerta. De inmediato bajaron del automóvil y Bella corrió a tocar la puerta. Una mujer gorda y muy seria le abrió.
—Buenos días —saludó de mala manera.
—Buenos días, soy Isabella Swan, vengo por Kate.
—La señorita Katherine está en su habitación. Primero debe pasar a hablar con el señor Félix.
Bella sólo asintió con su cabeza, mientras que Edward le tomó la mano para infundirle valor.
—Esperen aquí, ya llamo al señor —informó la mujer antes de retirarse.
Edward abrazó a Isabella y le dio un beso en la sien.
—Tranquila, todo saldrá bien.
—Eso espero —fue la respuesta de ella.
Unos instantes después unos pasos se escucharon.
—¡Aquí está la mujer que volvió de entre los muertos! —dijo Félix con desdén—. Un gusto volver a verte.
—Hola, Félix, siento no decir lo mismo.
—¿A caso vivir como una salvaje te ha quitado los modales? ¿No me presentas a tu acompañante?
—Doctor Edward Cullen, su novio —fue el saludo que le dio Edward en un tono duro y conteniendo su ira hacia el desagradable hombre.
—Así que no perdiste el tiempo, Isabella, ya te conseguiste otro tipo a quien embaucar. Cuidado, amigo, que no te sorprenda si se embaraza pronto —dijo entre risas.
Bella tuvo que contenerse para no matarlo ahí mismo, lo principal era lograr la custodia de Kate, el resto no importaba. Sin embargo, Edward no se pudo mantener callado.
—En realidad, no desearía otra cosa que agrandar nuestra familia. Me haría muy feliz que Bells estuviese embarazada, creo que siete es un buen número, a lo mejor tenemos suerte y otra vez vienen dos juntos.
—¿Ya tienen hijos? —preguntó Félix, enojado por no haber logrado su propósito de sembrar la duda en él.
—Sí, tenemos un par de mellizos hermosos, que por cierto quieren conocer a su hermana mayor. ¿Serías tan amable de poder traernos a Kate, para que la podamos llevar? —pidió Edward, intentando ocultar la sonrisa de satisfacción al ver que el maldito no lograba enojarlos.
—Señora Jackson —llamó de un grito.
—Sí, señor, ¿qué necesita? —preguntó.
—Busca a Katherine.
—Ya mismo la traigo, señor.
Cuando se quedaron juntos, Isabella no dudó en preguntarle.
—Félix, ¿por qué tienes a Kate aquí? Tú nunca quisiste hacerte cargo de ella.
—Mis razones a ti no te incumben, yo sé muy bien lo que me llevó a hacerme cargo de esa niña. Y recuerda muy bien lo que te voy a decir, de ninguna manera, bajo ninguna circunstancia, te voy a dejar su custodia.
—Voy a pelear por mi hija, nunca me daré por vencida. No descansaré hasta tenerla de nuevo conmigo. Soy su madre y quien la ha tenido siempre. Quien estuvo en cada momento de su vida. Tú sólo eres el donante de esperma que le permitió venir al mundo. Nada más que eso.
—¡Mami! ¡Mami, viniste por mí! —gritó la pequeña que venía bajando por las escaleras.
Bella corrió con los brazos abiertos a recibir a su hija, ambas se abrazaron y lloraron juntas.
—Te amo, te amo, pequeña. Eres todo para mí —repetía Bella en el oído de Kate.
—Te extrañé, mami, no sabes cuanta falta me hiciste.
—Katherine, no quiero que nunca más vuelvas a correr por las escaleras. Ya sabes que lo tienes permanentemente prohibido —reprendió Félix a la niña y ella se estremeció entre los brazos de su madre—. ¿Acaso estás buscando que te castigue?
—No me regañe, señor, prometo que no lo volveré a hacer —dijo la niña asustada.
—Bella, cariño, será mejor que nos vayamos —sugirió Edward.
—Sí, eso será la mejor. Vamos, cariño —aceptó Bella mientras tomaba en brazos a la niña y la cargaba hasta el auto.
—Adiós, Félix —saludó Edward tratando de guardar las apariencias la mayor cantidad de tiempo posible.
—Adiós y dile a Bella que a las nueve quiero a la niña aquí de regreso. Ni un minuto más tarde.
—Así será.
Cuando Edward se acercó al auto respiró profundo varias veces antes de hablar con las dos damas que lo esperaban en el asiento trasero.
—Buenos días, Kate, soy Edward, es un gusto al fin conocerte.
—Hola, Edward —dijo tímidamente la pequeña.
—Hija, él es el padre de tus hermanitos, cuando lleguemos a casa conocerás a Emmett —explicó la castaña—. También estarán Seth y Charlotte, tus hermanitos.
—¿Todos son buenos, mami? —preguntó en secreto.
—Claro que sí, cariño. Ya verás que son muy buenos —dijo pensativa. Con cada actitud de la pequeña se daba cuenta de que a la niña algo muy malo le había pasado mientras estaba con Félix, quería matar con sus propias manos al maldito que dañó a su pequeña.
Un rato después estaban en casa, Emmett adentro los esperaba con dos impacientes niños.
Junto a Esme y Alice habían hecho un cartel de bienvenida a la niña y también habían colgado globos.
Edward y Bella llegaron con Kate en brazos, en cuanto abrieron la puerta toda la familia gritó Bienvenida y saludaron a la pequeña que lucía asombrada tras ese amistoso recibimiento.
Esme, Carlisle, Alice y Anne decidieron salir de paseo y dejar a la familia reunirse por primera vez.
—Cariño, él es Emmett, el otro papá de tus hermanitos y ellos son Seth y Lottie —dijo tomando las manitos de los pequeños.
—Hola —saludó tímidamente la niña.
—Hoa —fue el saludo de Seth.
Lottie sólo se limitó a abrazarla.
—Vengan aquí los tres, los quiero a todos juntos.
Y así, desde lejos, Edward y Emmett pudieron ver a Bella completamente feliz de abrazar a sus tres niños.
—Nunca la había visto tan feliz —comentó Emmett.
—Siempre le hizo falta su niña. Sólo espero que podamos obtener la custodia, porque ese hijo de puta está tratando muy mal a la pequeña.
—¿De qué estás hablando, Edward? —preguntó Emmett.
—No sabes el terror que le tiene Kate al maldito. No sé si la maltratara psicológicamente o recibirá maltratos físicos, pero estoy seguro de lo que hablo. Cuando bajó para venir aquí, Félix la regañó por correr en las escaleras y ella le imploró que no la castigara. Te juro que aún no sé cómo hice para contenerme y no matarlo a golpes ahí mismo.
—Menos mal que no estaba allí porque no me hubiese contenido.
—Lo sé. Creo que lo mejor será plantearle a Jasper esta posibilidad, quizás ahí tengamos más a favor para lograr la custodia.
Durante la mañana se la pasaron jugando juntos, luego para la hora del almuerzo a pedido de la niña, Bella cocinó. Fue en ese momento en que Emmett aprovechó para acercarse a Kate.
—Hola, Kate, ¿cómo estás?
—Hola, Emmett, bien —dijo un poco temerosa.
—¿Estás contenta de estar con tu mamá? —preguntó él.
—Sí, estoy muy contenta. Aunque me gustaría estar con ella todo el tiempo y no sólo un ratito —confesó.
—A nosotros también nos gustaría tenerte todo el tiempo aquí con nosotros. Es más, ya hasta hay una habitación lista para que la uses —dijo Emmett.
—¿En serio?
—Sí, princesa, ¿quieres verla?
—¡Sí! —dijo la niña contenta.
—Ven, vamos. —Tomó la manito de la pequeña y la llevó arriba donde estaba la habitación. En el camino Lottie quiso ir con él por lo que la tomó entre sus brazos para subir las escaleras.
—¿Ella compartirá la habitación conmigo? —preguntó Kate.
—No, tú tienes tu propia habitación. Lottie duerme con Seth, porque estaban acostumbrados a dormir juntos en la isla. ¿A ti te gustaría dormir con ella?
—Sí, me gustaría cuidar de mi hermanita.
—Bueno, entonces podremos pensar la forma de acomodar las habitaciones para que estén juntas. Pero me parece que lo mejor será que lo hablemos con tu mami en el almuerzo —contestó Emmett inseguro.
—Gracias. Mis hermanitos tienen suerte, tienen unos papis muy buenos, no como yo.
—¿Por qué dices eso?
—Ustedes no castigan a los niños y les dan mucho amor, como lo hace mi mami conmigo. Pero Félix nunca hace eso —confesó con los ojitos vidriosos—. Él es muy malo conmigo.
—Cuando quieras contarme qué pasa con él, no dudes en confiar en mí. Con Edward te queremos mucho y nos encantaría ser tus papis —le dijo a la niña—. Serás tan afortunada como tu hermanitos.
—Gracias —dijo la pequeña y lo abrazó.
Emmett respondió el abrazo y luego le dio un beso en la mejilla.
—¿Vamos a conocer tu cuarto?
—¡Sí! —respondió ella con entusiasmo y levantando sus manitos. Lottie, aún en brazos de su padre imitó a su hermana mayor y todos rieron.
—¡Chachan! —dijo Emmett tras abrir la puerta de la habitación.
—¡Es hermosa! —gritó la niña al observar la recámara que parecía sacada de un cuento de hadas.
La pared que estaba frente a la puerta tenía una cama grande, llena de almohadones y con un hermoso dosel fucsia que la hacía lucir como la cama de una princesa. A la derecha había una mesita de luz con un hermoso velador en forma de candelabro. A la izquierda una pequeña biblioteca de color rosa acompañada de un confortable sillón donde sentarse a leer. Un pequeño tocador con un gran espejo presidía la otra pared y muchos cuadros de princesas y bailarinas acompañaban el lugar. La gran ventana estaba cubierta por espesas cortinas rosas y blancas y el piso tenía una gran alfombra con un castillo enorme.
—¿Te gusta, Kate?
—Es muy linda, muchas gracias.
—No tienes por que agradecernos pequeña, eres parte de la familia y queremos darte lo mejor.
—Emmett, Kate, Lottie… —llamó Bella.
—¿Vamos a darle una sorpresa a mamá? —preguntó Emmett a las niñas—. ¿Quieren que nos quedemos muy calladitos aquí hasta que venga y le gritemos sorpresa?
—Sí —dijo Kate recordando cuando hacía eso con su mamá.
—Kate, ¿dónde estás, cariño? —llamó nuevamente Bella—. ¿Lottie?
—Mamá, ven —gritó la pequeña.
—Ya nos delató, Lottie —dijo con un hermoso puchero Kate.
—No te preocupes luego lo haremos sin una pequeña soplona de por medio —afirmó Emmett mientras chocaba los cinco con ella.
—¡Al fin los encuentro! —confesó Bella angustiada—. Pensé que les había sucedido algo.
—Sólo queríamos darte una sorpresa, pero Lottie no nos dejó.
—Tranquila, cariño, luego me darán todas las sorpresas que quieras. ¿Te gustó tu cuarto?
—Sí, mami, es muy hermoso.
—Ya está la comida, vamos a la mesa.
—Vamos que tengo muchas ganas de comer esa lasagña —dijo Emmett.
—Tú siempre tan glotón, amor.
—Pero te gusto así, mi vida —afirmó mientras dejaba un suave beso en los labios de su mujer.
El almuerzo transcurrió muy tranquilo, divirtiéndose los seis de las ocurrencias de los niños. Luego de comer, lo que era una hazaña para los bebés ya que aún les costaba acostumbrarse a los diferentes sabores de los alimentos, los pequeños se durmieron y las chicas salieron a dar un paseo por el hermoso jardín que la casa poseía.
En ese momento, Emmett y Edward llamaron al abogado.
—Hola, chicos, ¿cómo están?
—Hola, Jasper, bien aquí aprovechando para hablarte ya que Bella y Kate salieron de paseo.
—¿Qué sucede que no quieren hablar con ella presente?
—Mira, Jasper, creo que Kate está siendo sometida a maltratos, no podría decirte con seguridad si sólo psicológicos o además también físicos —relató Edward dándole toda la información que tenía y comentando los indicios y señales que había mostrado la pequeña.
—En ese caso tenemos más a favor para lograr la tenencia. Necesitaría pedir al juzgado que solicite una evaluación de una psicóloga con Kate y luego de allí veremos qué es lo que sucede. Ya mismo trabajaré en esa hipótesis para que cuanto antes se realice la pericia y si se confirma tu teoría, más rápido se la devuelvan a Bella.
—Eso sería genial. ¿Cuándo será la próxima visita? —consultó Emmett.
—Trataré de gestionarla para mitad de semana, pero si no el fin de semana próximo seguro. Intentaré que pueda quedarse todo el fin de semana con ustedes.
—Gracias, Jasper, ahora tenemos que dejarte porque nuestros pequeños ya se despertaron. Nos estamos hablando. —Los chicos colgaron el teléfono y subieron a la habitación de los niños para buscarlos.
Jugaron en los juegos de jardín que habían en la casa en lo que restaba de la tarde y sobre las siete Bella decidió darle un baño a Kate y vestirla con la ropa que habían comprado con Alice.
La pequeña estaba feliz de que su mamá la ayudara a vestirse y la peinara, pero a medida que oscurecía, sabía que debía volver con Félix y eso la asustaba.
—Cariño, ya tengo que ir a dejarte en casa de tu papá —explicó Bella—. Prometo que pronto nos veremos de nuevo e intentaré que sea durante más tiempo.
—Pero yo no quiero irme, mami. Quiero vivir contigo y con mis hermanos y mis papis —dijo la pequeña entre lágrimas.
—¿Tus papis? —preguntó asombrada la castaña.
—Emmett dijo que él y Edward podían ser mis papis, que me querían tanto como a mis hermanitos. Yo también los quiero. Quiero quedarme en esta familia —lloró la pequeña.
—Mi amor, no llores. Verás que todo saldrá bien. Sólo hay que tener un poquito de paciencia para que los seis podamos estar todos juntos y ser una hermosa familia. —Secó sus lágrimas—. Ya no llores, mi niña.
Abrazadas se dirigieron al auto, antes la pequeña se despidió de Emmett y sus hermanitos y luego se marcharon junto a Edward.
A las nueve en punto Bella tocó la puerta de la gran casa donde vivía Félix junto a su hija.
—Muy bien, Bella, has llegado puntual.
—Sí, Félix. Tal como lo dijiste aquí está Kate.
—Katherine, sube a tu cuarto —indicó él sin siquiera dirigirle la mirada a la pequeña.
—No quiero, no quiero vivir contigo Félix, quiero vivir con mi mamá y mis papás —gritó la pequeña.
—Katherine, aquí nadie te pidió tu opinión. Tienes prohibido dirigirte a mí de esa manera. Sube a tu cuarto y no te quiero volver a ver.
—¡Félix! —gritó Isabella—. No te permito que trates así a Kate.
—Tú no tienes que permitirme nada, yo soy quien tiene la custodia de la niña y haré lo que se me venga en gana con ella.
—Te equivocas, no puedes hacerle nada a mi hija.
—Tú te equivocas, Bella, haré lo que se me dé la gana. Ahora te invito a que te retires de mi propiedad.
—Más te vale no hacerle nada a mi hija —amenazó Isabella.
Félix simplemente cerró en las narices de Bella la puerta y se marchó a su despacho en busca de una bebida fuerte.
Edward recogió a Bella de enfrente de la puerta donde golpeaba desesperada.
—Cielo, volvamos a casa y llamemos Jasper. No podemos hacer otra cosa.
—Edward, él está maltratando a mi hija.
—Aún no podemos hacer nada sin poner en riesgo el pedido de custodia. Por favor, amor, sé que es difícil y créeme que quiero entrar, partirle la cara y buscar a Kate, pero sé que eso sólo será peor y no quiero entorpecer todo. —Besó su cabeza—. Mejor nos vamos y hablamos con Jasper para que de inmediato envíe a alguien para verificar que la niña esté bien.
A regañadientes Isabella se dejó llevar por su novio, mientras que en cuanto Félix escuchó el auto marcharse subió al cuarto de Katherine, quien lloraba desconsolada y se sobresaltó al escuchar su nombre luego de que él abriera la puerta en forma violenta.
