Capítulo 21: Explicaciones

Ciel

No pensé que el lugar donde murieron mis padres me traería tanta paz. Sin embargo cuando llegamos no pude evitar caminar lo mas rápido que pude, considerando mi lastimado cuerpo, hasta entrar en mi lugar seguro.

Mis sirvientes me esperaban adentro, saltando de inmediato de alegría y haciendo un círculo alrededor de mí hablando al mismo tiempo de lo emocionados que se encontraban por tenerme devuelta.

-Yo también los extrañe –lo que dije dejo a todos impresionados en la habitación, incluyéndome.

Es por el veneno que aun se encuentra en mí, seguramente.

-Sebastian, a mi despacho.

Camine rápidamente, casi corrí, hasta la seguridad de mi despacho sin voltear a ver a nadie, con Sebastian pisándome los talones. Abrí la puerta y llegue hasta mi sillón, hundiéndome en él y disfrutando su comodidad.

-Joven Amo…

-¡No creí que fueses tan emotivo! –entró Alois con Claude pisándole los talones interrumpiendo lo que diría Sebastian- ¡Eres adorable!

-Ese no fui yo, es el veneno. Y si quieres mantener tu cabeza sobre tus hombros te recomiendo cerrar la boca y acatar ordenes.

Alois abrió su boca en protesta pero un golpe de Ángela por detrás de su cabeza lo calló.

-Dejaras tu rebeldía de lado a partir de ahora –regaño a su hermano fulminándolo con la mirada, a pesar de que no pudiera verlo, luego su mirada se suavizo al ver su ceño fruncido-, al menos en lo que respecta con nosotros. Y no es el veneno el que te hace ser así –dijo esta vez en mi dirección.

Fruncí el ceño al no saber a que se refería. Ella avanzo hasta sentarse en el sillón que tengo al frente, con el ángel justo detrás de ella.

-Tengo que explicarles muchas cosas. Muchas –termino enfatizando la última palabra.

Asentí.

-Antes, creo que debería curar al Joven Amo –hablo Sebastian con seriedad.

Ángela sonrió y se levanto rápidamente.

-Yo lo hare –dijo poniendo sus manos en mi cara y transmitiendo tranquilidad a través de su toque, la cual se extendió por todo mi cuerpo sin dejar ningún rincón-. Teniendo a un ángel como mayordomo tengo muchos privilegios.

-¿Entre ellos estar ciega? –pregunto Alois mordazmente.

-No Jim, esto es un castigo –dijo caminando hacia él y realizando el mismo procedimiento que hizo conmigo.

-¿Jim? –pregunte dejándome llevar por la curiosidad.

Ángela volvió a su sillón y sonrió.

-No ibas a creer que nosotros siendo gemelos e íbamos a tener diferentes apellidos ¿no?

-Eso igual no importa –intervino Alois rápidamente-. Mi nombre es Alois Trancy y es el único que tendré.

-Como digas –le dijo Ángela tranquilizándolo-, Jim –termino con una sonrisa divertida.

-¡¿Qué no…?!

-Déjala –le interrumpí-, una vez que te pone un apodo no podrás hacerla cambiar de opinión.

Alois intercambio la mirada entre nosotros dos y luego pareció resignarse sentándose en otro sillón mirando atentamente a Ángela.

-Dijiste que tenias mucho que explicar –esta vez le hable a ella mirándole con seriedad.

Ella asintió y se acomodó en el sillón, mirando en mi dirección sin realmente hacerlo. Me estremecí ante su mirada inconscientemente.

-Es un poco raro, ¿no? –pregunto ella a lo que alce una ceja dejándole saber que no comprendía su pregunta. Sebastian aclaró su garganta llamando mi atención, por lo que al verlo negó con su cabeza y después abrió grandemente los ojos. Rápidamente mis orejas se calentaron al darme cuenta que no podía ver, así que vería mis gestos.

-¡Oh! Yo…

-No te preocupes –dijo soltado una risa-. Puedo verte.

Volví a levantar mi ceja y noté que Alois repetía mi gesto.

-Empezare por eso. Él se llama Ash –señaló al ángel que se encontraba detrás de ella- y como suponen es un ángel –ninguna sorpresa se expresaba en nuestros rostros, con solo su vestimenta ya se evidenciaba quien era-. Según lo que sé mi padre hizo un contrato con él para protegerme, ¿de qué? No sé y él no lo quiere revelar.

-Pues ordénaselo –dijo Alois con toda la altanería que pudo reunir.

-Nosotros los ángeles no somos iguales que sus perros demonios –dijo el ángel de Ángela con repugnancia.

-Exactamente, nosotros si hacemos bien nuestro trabajo –le rebatió Claude.

-¡Ja! ¿Su trabajo? Pensé que era el mendigar las sobras. ¡Oh! Espera, lo siento. Ellos son sobras –dijo con burla viéndonos a Alois y a mi.

Mi ceja se alzaba peligrosamente mientras que en Alois una vena saltaba en su frente.

-¡Ya basta! –Grito Ángela- Te comportas o te mando con Pluto –volteo su "mirada" hacia él y después de un minuto su cara se descompuso-. Ash, si he estado con ese aspecto durante toda la noche te matare.

Sebastian llevo una mano a su boca y miro hacia la ventana, por su parte Claude tapaba su cara acomodándose los lentes. Alois y yo nos vimos sin saber que pasaba.

-Has pasado un día horrible, casi mueres y…

-¿Qué casi muere? ¿Qué clase de ángel de la guarda eres tú? –dije mirándolo acusadoramente.

-¿Preocupado Phantomhive? –preguntó con diversión. Al parecer tenemos delante de nosotros el ángel burlón- Además tu estuviste a punto de morir tres veces hoy.

-Eso no importa –interrumpió Ángela-, iré a asearme y después continuaremos con la explicación.

Alois se levanto e intento detenerla pero ella lo esquivo fácilmente, así que él intento hablarle.

-Espera, acabas de empezar con tu relato, no nos puedes dejar con la duda.

-Y yo no puedo estar con este aspecto –le rebatió ella saliendo rápidamente del despacho.

Me hundí aún más en mi sillón mirando al techo.

-Las mujeres si que son complicadas –dije pensando en como podía dejar una conversación tan importante para irse a arreglar.

-Y se supone que es mi gemela –dejo salir Alois con amargura.

-¿No deberías alegrarte que al menos tienes familia?

Antes de que contestara Ángela llamo a su ángel que se había quedado en la habitación con nosotros. Él dio una breve inclinación y se dispuso a salir.

-Espera –le llame-, ¿para qué te llamo?

-Para bañarla obviamente –respondió volteando los ojos y encaminándose otra vez a la puerta.

Alois abrió muy grande los ojos y señalando al ángel emitió su orden.

-¡Detenlo!

-Yes, your highness

Claude se movió rápidamente derribando al piso a Ash. Sebastian esta vez dejo salir una carcajada.

-¿Qué crees que haces? Quítame tus sucias manos de encima –se retorcía en el suelo tratando de liberarse.

-No lo hará hasta que se lo ordene –dijo Alois parándose a su lado y mirándolo con el ceño fruncido y los brazos en jarras -¿Quién sabe que le has hecho a mi indefensa hermana?

Ahora fue mi turno de dejar escapar una carcajada. Ángela podía ser una damisela cuando quería, pero si había algo que nunca sería es estar indefensa ante un hombre.

-¡Yo no soy un lujurioso! Ella ahora necesita mi ayuda, solo ve a través de mis ojos.

Alois frunció el ceño ante este dato.

-Entonces quítaselo hasta que se termine de bañar.

-Oblígame –dijo con una sonrisa de superioridad.

-Claude, ya sabes que hacer –dijo cruzando los brazos y sonriendo satisfecho.

Antes de que Claude hiciera algo para mayores de edad intervine.

-Sebastian, busca a Maylene y dile que ayude a bañar a Ángela.

-Yes, my Lord.

Sebastian salió del despacho con una sonrisa mientras que las otras tres personas restantes en la habitación me fulminaban con la mirada.

-¿No podías haber hecho eso desde un principio? –me preguntó Alois.

-Quizás, pero no hubiese sido tan divertido.

Alois hizo un puchero y se volvió a sentar con los brazos cruzados. Claude soltó al ángel y de inmediato los dos se levantaron, haciendo gestos de repugnancia mientras que hacían como si se limpiaran de algo asqueroso en su ropa.

-¿Qué planeas hacer conmigo? –preguntó un malhumorado Alois.

-En realidad no se –ante su cara de incredulidad me propuse a explicarle-. Planeaba hacerte limpiar toda la Mansión solo con tus manos, tenerte de tapete, plantar el jardín todos los días, cocinar el desayuno, almuerzo y cena, entre otros muchos quehaceres. Sin embargo justo ahora estoy tranquilo. De hecho no se porque te estoy contando todo esto, debería dejarte en la expectativa y hacer que sufras un poco.

-Se debe a Ángela –dijo el ángel desde la ventana donde se encontraba apoyado mirando al exterior.

-¿A qué te refieres? –pregunte desconcertado.

-Ella tiene una habilidad, no se si nació con ella o la tomo de mi, pero puede hacer que hasta el mismo diablo sea un cachorrito obediente a sus pies. Por esa razón, su hermano se calmó apenas apareció y tú estas tranquilo. Lo mismo sucedió cuando te conoció, por eso la aceptaste tan rápido en tu vida.

Mi mente daba vueltas tratando de digerir la información, no quería creer que todo fuera un engaño.

-Eso no es cierto, yo le hice un interrogatorio y la puse a prueba.

Ash volteo los ojos y se acercó a mí.

-¿De verdad hiciste un interrogatorio serio? ¿Por qué no dejaste que fuese Sebastian que lo hiciera? ¿Por qué la alojaste en tu Mansión al solo haberla visto unos minutos? ¿Por qué en tu mente es incluso más importante que tu prometida?

-¡Ya basta! –rugió Sebastian empujando a Ash- Si vuelve a acercarse a mi Joven Amo le arrancare las alas y las usare para limpiar los baños.

-Solo hacia tu trabajo –le sonrió Ash hasta que lentamente su sonrisa fue desapareciendo-. ¿Por qué no lo has hecho?

Sebastian enderezo su postura y puso su cara de indiferencia.

-¿Hacer que? –se hizo el desentendido, aunque yo también empezaba a tener mis dudas.

-Abrirle los ojos a tu Amo, debiste sentir que su presencia no era normal, que había algo angelical en ella –empezó a hablar rápidamente mientras caminaba de un lado a otro-. Tu eres un demonio de alto rango, hasta los mas débiles pueden sentir la bendición de un ángel. A no ser que… -se quedo quieto en su sitio y lo vio con ojos desorbitados- ¿La quieres para ti?

Una carcajada salió de mí quitándole la seriedad al ambiente.

-¿Qué es tan gracioso? –pregunto malhumorado el ángel.

-¿Lo preguntas en serio? A Sebastian no le agradan las chicas, ¿cierto? –mire a Sebastian, sin embargo deseé no haberlo hecho. Su cara mostraba completa seriedad y seguía mirando al ángel.

-Como a todos los demonios –interrumpió Alois el momento incomodo que se había formado-, ¿no es así Claude?

Pero Claude mantuvo una expresión seria en su rostro. Alois y yo nos vimos inseguros ante la posibilidad de no conocerlos bien, ¿y si todo hasta ahora era un engaño? ¿Y si todo lo que aprendimos de ellos no era cierto?

La puerta se abrió estrepitosamente y por ella entró Ángela recién salida del baño, acabando con la tensión en el ambiente. Su cabello rubio largo hasta su cintura brillaba, lo traía peinado a los lados de su cara enmarcándola pequeños mechones. Su piel era mucho más blanca de la que recordaba y sus ojos eran grises claros. Traía puesto su vestido de guardiana, apretado en los brazos y pechos y suelto desde la cintura hasta las rodillas.

Me obligue a dejar de observarla, no estaba bien detallarla tanto.

-Mírate, ahora pareces humana –se burlo Alois.

-Muy gracioso, tu aun pareces un vagabundo –le contesto caminando al sillón donde antes estaba sentada-. ¿Por donde íbamos?

Me dije que tenía que actuar normal, aunque no fue tan difícil relajarme en su presencia.

-¿Por qué no le puedes ordenar nada a él si tienes un contrato? –pregunto Alois.

Me lleve una mano a la frente. Este chico no sabe nada de sutilezas. En cambio a Ángela le pareció gracioso.

-Porque mi contrato no es de la misma naturaleza que el de ustedes. Un ángel solo servirá a una persona si esta tiene una determinada cantidad de pureza. Solo ellos tienen el poder de ver esas cosas y así fue como Ash decidió servir a mi padre. Sus contratos siempre se hacen a la par que un demonio hace un contrato con otro humano cercano.

Veo los rostros de Sebastian y Claude, ambos expresaban molestia, al parecer su guerra siempre iba a estar presente.

-Es por esto que yo no puedo ordenarle a hacer algo que él no quiera y no esta en mi naturaleza pedírselo.

-O simplemente él no te obedecerá –comento Sebastian-, ya que tu le has dado ordenes egoístas, ¿eso no debió bajar tu "pureza"?

-Ciertamente si –dijo Ángela removiéndose incomoda-, por esa razón estoy castigada, Ash tomo mi sentido de la vista hasta que considere que ya estoy recuperada.

-Eso suena totalmente absurdo –dijo Alois cruzándose de brazos-, ¿no te puedes liberar de él?

-Aun si pudiera no lo haría –su respuesta nos extrañó, ¿Quién en su sano juicio querría cumplir con un castigo cuando puedes liberarte de el?-. Nuestro padre lo dejo encargado de mi protección y aun no se el por qué.

-¿Nuestro? –pregunto burlonamente.

-Si Jim, nuestro –respondió con tal firmeza que hasta su ángel retrocedió-. El que tú fueras separado de mí tiene que decirte algo. Creímos haberte perdido en aquel incendio –ante esta mención Alois bajo la cabeza y apretó los puños-, yo creí haberte perdido para siempre, hasta que comprendidos que era obra de alguien mas. Y esto me lleva a otro asunto importante –su mirada se enfoco en mi, aunque dudaba que pudiera verme suponía que aun podía sentirme-, cuando eras niño ¿no recuerdas jugar con una niña rubia?

Mi ceño se arrugo tratando de recordar. Solo recordaba a Elizabeth, pero debido a la pregunta debía ser algo más. No tenía muchos recuerdos de mi infancia, unos pocos quedaron después de la tragedia, yo mismo bloquee los recuerdos.

¿O no?

Esa voz en mi cabeza no era mía. Levante mí vista hasta Sebastian quien también tenía los ojos abiertos.

-¿Hablaste en mi cabeza? –le pregunte casi gritando.

Sebastian negó y se arrodillo a mi lado.

-No se mueva, entrare en su mente.

Trague hondo preparándome para la invasión de mi mente.

-¡No! ¡Espera! –grito Ángela- A eso quiero llegar, alguien se metió en tu mente y la modifico justo después de aquella noche. Meterse en su mente podría ser contraproducente.

Sebastian se levanto y se acerco peligrosamente, impidiéndole el paso Ash que se puso delante de ella como escudo.

-¿Cómo puedes saberlo? –gruño por lo bajo.

-Yo te conocía –me dijo Ángela-, en el pasado nuestras familias se juntaban y algo más importante que eso: estábamos comprometidos.

Mis ojos se abrieron de par en par mientras sentía que la habitación se volvía fría de repente. Trate de buscar entre mis recuerdos pero nada acudía, no la recordaba. ¿Cómo era posible que la olvidara? Y no solo yo, ¿Qué hay de mis tías? O ellas estaban detrás de esto. ¿Y el Sr. Tanaka?

Una mano hizo que apoyara mi espalda en el sillón. Era Alois.

-Yo si te recuerdo –me dijo en voz baja-, aunque no muy bien debo admitir. Solo sé que te odiaba porque me ibas a quitar a mi hermana. Quizás por eso busque matarte ahora.

Sebastian puso un té en mis manos, las cuales no había notado que estaban temblando, tome un sorbo relajándome inmediatamente y despejando mi cabeza.

-¿Qué tiene esto? –le pregunte a Sebastian.

-Drogas –ante su respuesta escupí el sorbo que tenia en mi boca.

-¡Oh! ¡De lujo! Yo quiero –dijo Alois repentinamente animado.

-¡No! –respondieron al unísono Claude y Ángela. El primero lo tomó de los hombros y lo sentó, quedándose sus manos en sus hombros.

-Ok –le di la taza a Sebastian y me incline hacia delante dispuesto a ordenar los hechos-. Tu padre sabía que algo malo pasaba y decidió contratar un ángel para tu protección. Me imagino que tú y yo estábamos comprometidos antes de que eso sucediera.

-Podría ser –contesto ella-, no se exactamente cuando mi padre lo contrato, incluso pudo ser después de que nos hicieran creer que Jim estaba muerto.

-¿Por qué no lo quieres decir? –le pregunte directamente.

-No es el momento de revelarlo, Douglas me dijo el momento exacto en el que debía decirlo –intervino el ángel aun de pie delante de Ángela.

-Bien, que importa –dije restándole importancia con una mano-. Entonces lo que tu padre temía se hizo realidad. Mi familia fue asesinada y me borraron los recuerdos y tú… ¿Qué sucedió verdaderamente contigo?

-Mi madre me vendió a un hombre y este iba a pagarle cada mes por mí. Lo que nunca supo fue que Ash me rescató de ese hombre y que es él el que le ha enviado dinero mientras me entrenaba.

-Pero tu venganza…

-Yo también creía que me habían obligado a estar con alguien que no quería, pero ahora que recupere mis recuerdos se que no fue así.

-Así es –tomó la palabra el ángel-, para que ella pudiera entrar en tu vida sin que nadie alrededor sospechara de inmediato modifique los recuerdos de algunas personas, incluyendo los de ella –señaló a Ángela-, de esa manera cuando Sebastian quisiera comprobar si Ángela era de confianza encontraría la historia que yo creé: una niña desamparada y humillada por su familia en busca de venganza, hasta cambie su apariencia por si acaso la recordabas. Aunque tus recuerdos están muy bien sellados.

-¿Estas segura que son tus verdaderos recuerdos? –le pregunto Sebastian a Ángela.

La habitación quedó en completo silencio, la tensión se podía palpar. Nos observábamos los unos a otros con una gran pregunta: ¿En qué podemos confiar?

Al menos yo tengo a Sebastian, pero ¿y ellos? Aunque Sebastian también me ha estado ocultando cosas.

-Lo bueno es que tenemos días libres para resolver esta situación –sentencie tratando de traer un poco de calma.

-Yo no diría eso –dijo Sebastian caminando hasta mi escritorio y revolviendo los papeles-, recuerde la misión que le encomendó la Reina.

-¡La Reina! –saltó Alois en su asiento- Claude tenemos que cumplir su mandado. Que por cierto, ¿qué era?

-Investigar el Circo del Arca de Noé –respondieron Sebastian y Claude al unísono, provocando que se miraran con asombro.

-¿Ustedes son el Perro Guardián de la Reina? –pregunto Claude.

-¿Ustedes son la Araña de la Reina? –pregunto Sebastian.

Mierda

-Oigan –dijo Ángela llamando la atención de todos-, ¿Por qué se encontraban en la Mansión Trancy?

Alois y yo nos vimos con ojos abiertos, nos habíamos olvidado por completo.

-¡Elizabeth!

Doble Mierda