—¡Ve a buscar a alguien, maldición! — decía el chico mientras tomaba al castaño tirado en el piso, incluso para alguien acostumbrado a los ambientes así, el estado del chico se veía bastante mal.

Mabel había comenzado a llorar y a gritar desesperadamente sin atreverse a tocar a su hermano que se veía demasiado frágil, demasiado débil, tan sólo... demasiado muerto. La desesperación se la estaba comiendo viva, sentía todo como una pesadilla y el chico que apretaba con la misma chaqueta del castaño los profundos cortes de forma vertical en su muñeca no sabía que hacer, le gritaba a la niña para que reaccionara pero no lo hacía, la gente comenzaba a asomarse curiosa de lo que se estaba armando en ese lugar. Miró al pálido chico inconsciente en sus brazos, verificó que aún respiraba y su latir demasiado agresivo, rápido levantó sus párpados y vio sus pupilas temblar ya casi completamente dilatadas... si no lo sacaban de ahí es niño posiblemente...

—¡He, Robbie! — gritó fuerte — ¡Robbie! — exclamó aún más fuerte para hacerse oír entre todo el barullo de la música.

Un chico pelinegro se asomó corriendo y empujando a la gente. Vio de inmediato la escena y a su amigo tirado en el piso afirmando a Dipper.

—¡Llama a una ambulancia! — el otro asintió de inmediato saliendo de aquel lugar y marcando rápido.

Mabel seguía llorando en pánico cuando su móvil comenzó a vibrar insistentemente. Lo tomó histérica y con las manos terriblemente temblorosas.

—¡BILL! ¡BILL POR FAVOR! V-VEN — Decía de forma incomprensible entre hipidos y la rota voz — VEN POR FAVOR, SÓLO VEN.

—Pásame eso — le arrebató el celular.

¿Mabel? ¿Mabel en dónde mierda estás? ¿Me estas escuchando? seguimos en el primer p-...

—Hermano, estoy con ella, sube al baño del segundo de inmediato, está como loca. — dijo rápido colgando dejando al rubio con la palabra en la boca.

Bill quedó mirando el móvil, ¿quién demonios era ese tipo? ¿Por qué Mabel estaba histérica?

Y lo peor pasó por su mente.

—Busca a Tom y suban al segundo, al baño — le dijo a Marco antes de irse empujando a la gente nuevamente.

Cada paso se sentía igual o más pesado que el anterior, muchos olores y sobre todo a cannabis hacían el ambiente pesado. A cada momento una escena peor que la anterior sobre Dipper le estaba volviendo loco. Cada latido desesperado le decía que eso no estaba bien, que nada estaba bien, que no, que no, que no, no, no, no, no. "Sólo un poco más" se dijo pasando entre la gente hasta dar con el baño. El corazón lo tenía en la mano y al entrar fue todo demasiado frenético.

—Córrete, quítate maldición — mascullaba entre la aglomeración de gente.

Los sollozos de Mabel le abofetearon y se detuvo en seco cuando... Dipper yacía en los brazos de un chico desconocido igual de asustado que la castaña, su frágil brazo estaba siendo aprisionado fuertemente por la tela de la chaqueta que ya estaba completamente bañada en sangre con un pequeño charco de ella en el suelo. Pero los diversos vasos y botellas vacíos de alcohol tirados por todo el lugar le hicieron reaccionar a tiempo.

Se acercó rápido y se lo arrebató de los brazos. Un escalofrío recorrió desde su espalda baja hasta su nuca, Dipper no pesaba casi nada y por un momento temió haber sido muy brusco con él como si pudiera romperlo. Ahogó un nudo en su garganta y evitó llorar con todas sus fuerzas.

Aquella persona tan preciosa entre sus manos... ¿Cómo se atrevía el mundo a dañarla?

—¿Lo hiciste vomitar? ¿Vomitó? — preguntó desesperado al contrario.

—N-no, sólo sé que está drogado y... — mierda, mierda, mierda, mierda.

Bill volteó rápido pero con la debida delicadeza al chico.

—No le sueltes la muñeca — le avisó al otro abriendo el grifo de una de las duchas.

Sin ningún esfuerzo abrió su mandíbula y sin pudor alguno introdujo dos dedos hasta el final. Repitió la acción unas tres veces más pero el estímulo parecía no surtir efecto.

—Vamos Dipper... no puedes hacernos esto — mascullaba frustrado.

Rogaba internamente que aún no hubiera sigerido lo que sea que se hubiera tomado cuando la primera sacudida de Dipper vino, seguida de una arcada y el primer síntoma de reacción que tuvo. Vomitó un poco pero Bill sabía que había más, lo hizo una segunda vez y entonces el chico vomitó la mayoría de pastillas de un color extrañamente turquesa y otras amarillas. Unas tantas aún conservaban la cápsula pero la gran mayoría no, lo que logró asustar al rubio.

—¡Bill! — Tom y Marco miraban horrorizados lo que estaba pasando. El otro castaño había logrado calmar un poco a la melliza que ahora sollozaba oculta en su hombro con sacudidas tenues y prolongadas.

Dipper comenzó a toser y su débil cuerpo había comenzado a temblar. Su cabeza se tambaleaba y parecía querer levantarla sin éxito hasta que finalmente se fue en banda otra vez cerrando los ojos. Aquello sólo logró frustrar más a Bill, que no empezaba a caer en la cordura cuando notó que el latir del menor iba disminuyendo y su respiración se volvía más pausada y casi débil.

—¡La ambulancia! — Gritó Tom — ¡Maldita sea, quítense de aquí! — dio unas putadas más para que la gente se corriera y los paramédicos lograran llegar al castaño.

...

...

..

—No hagas eso — Reía mientras el rubio le besaba el cuello. Estaba abajo de él en la cama retorcido de manera incómoda. De a ratos volteaban a ver que Eider no les estuviera viendo desde la puerta abierta, la niña aún pensaba que ellos sólo eran "amigos muy cercanos que se besan" y Dipper su "mami". — Bi-Bill, ah, hahahhah NOOOoooo — intentaba controlar sus carcajadas ahogándolas con sus manos, pero el rubio juguetón no paraba de hacer estragos en su cuello. — q-quiero ver la televisión, ¡Bill!

—No la has estado viendo en ningún momento — le miró rodando los ojos, socarrón — desde que llegaste sólo jugaste con Eider, a mí ni me diste bola — los besos y cosquillas dieron tregua con suaves cariños para el menor en sus mejillas sonrojadas por el esfuerzo y la risa. Bill pareció un niño celoso lo que revolvió el estómago de Dipper.

"Estúpidas mariposas, son como un maldito zoológico" pensó.

—Eider se comporta mejor que tú — le sacó la lengua sonriendo — quizá en un futuro me case con ella. — dijo eso último volteando rápido de boca a las sábanas, ocultando su sonrisa para irritar al rubio... y claro que lo había conseguido.

—N-no te voy a dar a mi hija — dijo entre celoso de la niña y celoso por dar a su hija, pero más porque Dipper la prefiriera a ella — oye, ¿me estás escuchando? — intentaba voltearlo pero el chico le evitaba — Préstame atencióóóóóóón — reclamaba como si de un animal falto de cariño hostigosamente le reclamara.

De pronto, cambiando la focalización de su atención, cayó en cuenta que tenía la figura de Dipper bajo él; sus caderas casi femeninas, aquel trasero moldeado, la cintura tenue pero delgada que se le hizo agua la boca por probar. Apoyó su cabeza al lado de su cuello, específicamente al lado de su oído el cual sopló sólo para provocarle recibiendo gustosamente el efecto esperado; Dipper se erizó e inclinó su cabeza contra su hombro.

—Hey, Dipper — susurró para el deleite del menor con una voz grave y varonil que más le puso los pelos de punta.

Sintió las manos del rubio colarse bajo su sudadera despacio, el primer instinto que tuvo fue quitárselas pero cuando el chico atrapó el lóbulo de su oreja con sus labios se derritió por completo.

—Mmh — reclamó y gimió bajito, sintiendo la suave risa de Bill y sintiendo dentro de él vergüenza por ser tan sensible a su tacto.

Las manos subieron delicadamente delineando con tiempo y paciencia su cadera hasta su cintura, la cual recalcaba con sus dedos como si quisiera mantener el recuerdo por siempre en su memoria, tan fresca como en ese momento. La lengua del rubio jugó con el blando y suave lóbulo del chico, haciéndolo suspirar y apretar las sábanas de a poco.

—B-Bill, ya... — reclamaba, pero para sus adentros más egoístas aquello sólo era sinónimo de "Bill, no te detengas".

—No te vayas hoy — ronroneó a su oído — puedes quedarte aquí, Eider y yo no tenemos problemas y les llevaré el desayuno mañana temprano a la cama.

Bill a veces podía llegar a querer mimar demasiado a ese par, tanto, que Dipper sentía que se derretiría por tanta atención. Se dio vuelta y a pesar de casi morir por la ternura que le provocaba la expresión de cachorro de Bill, dijo:

—No puedo — cruzó sus manos por el cuello del rubio tímidamente. Vio la cara de decepción del mayor — Tengo trabajo pendiente en física — soltó una risita intentando disimular que aquella noche saldría de putas por ahí.

Bill estrechó la mirada, riendo burlón y tirándose finalmente a su lado. Soltándose de él.

Esos ojos miel que lo observaban con burla y resentimiento le hicieron sentir escalofríos. Como si para él fuera un libro abierto y como si fuera lo más predecible del mundo.

Entonces aquel trizado chico de 22 años tuvo que admitirlo:

Le temía a ese hombre. Le temía porque era como si viviera en su consciencia, aquella tan dolorosa y pesada.

Le temía porque era como si viera a través de él... y eso le ponía los pelos de punta. Su interior era sucio y no quería que nadie lo presenciara.

Y justamente como si sus marrones ojos fueran pillados infraganti corroídos por la incertidumbre, Bill soltó con todo el veneno del mundo:

Mentiroso.

Mentiroso, mentiroso... Dipper, ¿por qué mientes tan descaradamente?

La palabra comenzó a repetirse en su mente hasta que de un parpadeo a otro la sonrisa amarga plasmada en los labios de Bill comenzó a temblar.

No le tomó el peso cuando se volteó y todo el alrededor se formó negro. Le tomó el peso cuando se puso de pie rápidamente y al voltear Bill ya no estaba ahí. Un mareo terrible le hizo caer sentado al piso, se agarró la cabeza y al levantarla sintió dolor en su estómago, como si se revolviera cuando te atiborras de comida.

En el aturdimiento que no tenía sentido, se sentía como una noche más. Una triste, sin embargo. De a poco comenzó a ver luz, cada vez más brillante y cegadora, incómoda y que te daban ganas de volver a cerrar los ojos.

Reconoció la sensación enseguida. Estaba ido.

Mentiroso.

El llanto de alguien a lo lejos le hizo levantar nuevamente la cabeza en medio de esa oscuridad en la cual reconoció a su hermana. Miró la nada unos segundos sintiendo las ganas de llorar al oír el desgarrador dolor de la chica diciendo su nombre, ¿qué podía hacer ella por él? Nada. Sintiendo esa culpa por dentro, por sentir que no podía ser ayudado, dejó que las lágrimas cayeran despacio y sin ninguna prisa ni nada que las detuviera.

¿Qué había pasado? una voz que no reconoció se hizo lugar en ese lugar seguida de otra y otra. Todas comenzando a distorsionarse, alejándose de él y abandonándole. Pero a eso no le tomó temor... sino que el no sentir nada fue justamente el estímulo para sentirse irónicamente aterrado. Y como pudo, se puso de pie examinando la oscuridad que lo rodeaba... pero no había mucho que hacer.

De pronto sin aguantarlo más, la primera arcada le dio vuelta el mundo. Sentía una presión en su muñeca que le impedía moverla y otra en su pecho. Meneó la cabeza intentando regularse, intentando despertar. Pero de vuelta no pudo y más arcadas le hicieron soltar el nudo que en su estómago hacía estragos con él.

Mentiroso.

—Mentiroso, mentiroso — rodó los ojos, harto de toda esa mierda. Tapó su boca tragando lo que su estómago le dictaba botar con lágrimas en los ojos y con evidente asco, pero dolor que al fin y al cabo drenaba la nada que sentía. — ¿por qué mientes tan descaradamente? — Y cerró sus ojos abrazándose a sí mismo.

..

...

...

Bip... bip... bip... bip... bip...

El sonido incesante de un pitido se hizo presente. Sintió su boca seca e inconscientemente tragó nada más que aire. Volteó primero el rostro sintiendo hasta su cabeza pesada y abrió despacio los ojos hacia una ventana. Se quedó ensimismado con los ojos entreabiertos y acostumbrándose a la molesta luz del lugar, cuando pudo tragar algo de saliva entonces cerró los ojos fuerte y los abrió del todo.

Y entonces se dio cuenta. No lo había logrado.

Seguía ahí.

Un dolor en su pecho comenzó a hacerse presente, miró a su lado pero no había nadie.

Como esperaba que no sucediera: ... para su desdicha estaba en una sala de hospital.

La impotencia lo hizo volver a cerrar los ojos y mirar hacia arriba más que enojado, triste, hecho pedazos, adolorido y quebrado. Sintió la vista picarle y se mordió el labio poco a poco hasta que terminó en un fuerte agarre entre sus dientes y la piel demostrando cuán frustrado se encontraba ahora. Se reincorporó despacio sintiendo el vacío en su estómago incluso al punto de llegar a dolerle, intuyó lo que habían hecho con él. Su cabeza mareada hizo que su vista se agitara un poco antes de establecerse... esa asquerosa sensación... esa asquerosa sensación de estar respirando de nuevo.

Miró su brazo lleno de pinchazos y marcas moradas. Una aguja traspasaba el suero y otra la sangre. Su otro brazo estaba completamente vendado hasta por si las dudas, los cortes le ardían a mil y ese fue el punto que rebalsó el vaso.

Comenzó a sollozar encolerizado, se quitó o prácticamente arrancó las agujas de su brazo sin ningún cuidado alguno con la vista borrosa por las lágrimas y la garganta dolida por estar inflamada y seca. Tiró lejos las sábanas sobre él e intentó ponerse de pie pero cayó de inmediato al piso estrepitosamente. Comenzó a sollozar más fuerte llegando a los gritos mientras trémulo se ponía de pie y tiraba los medicamentos que en la mesa de al lado se encontraba. Se sentó en el piso sintiendo el frío mientras rasgaba torpemente y desesperado las vendas de su brazo para sacarlas en el arrebato.

Un doctor entró alarmado por el ruido y los gritos que el castaño soltaba cegado por las lágrimas, otras dos enfermeras entraron corriendo mientras lo agarraban con firmeza sin querer dañarlo mientras Dipper sólo forcejeaba para que lo dejaran en paz.

En una orden rápida del doctor, que se encontraba a cargo de él, una enfermera salió corriendo por los pasillos y llegando a los pocos segundos con una jeringa que rápidamente y con precisión fue inyectada en el brazo "sano" del castaño.

—¡Noooo! ¡Déjame, déjame! — gritaba sin poder controlar la pena.

—Hijo, es por tu bien, cálmate, por favor, cálmate — le decía el hombre. La enfermera mantenía abrazado su otro brazo sin llegar a herirlo para que no intentara forcejear más mientras que la otra afirmaba sus piernas con una mueca de preocupación y tristeza por el chico que se rompía la garganta llorando.

El cansancio arremetió sobre él nuevamente y las enfermeras lo subieron a la cama arropándolo mientras buscaban más vendas para curar otra vez aquel destrozado brazo. Con la mayor delicadeza del mundo conectaron las agujas otra vez y cuando se retiraron el primer visitante entró despacio. El castaño dirigió la vista media perdida hacia la recién llegada.

Mabel jugaba con sus manos, mordía su labio inferior hasta que finalmente llegó al lado de su hermano. No quería romper a llorar, enserio no quería otra vez, así que reuniendo todo el coraje del mundo se tragó cualquier rastro de lástima al ver a su hermano en un estado tan deplorable y se sentó en la banquita a su lado. Vio que levemente Dipper le fruncía el ceño así que bajó la mirada sintiéndose inútil, inútil por no saber qué decir y por no saber cómo ayudar a su hermano, la persona que más adoraba en ese mundo.

—Q-Qué tal... estás. — la respuesta era muy obvia y se sintió idiota cuando el silencio de su hermano no dejaba al aire más que una mirada molesta y dolida — Ah, que tonta... es que, y-yo — la voz le había temblado y entonces supo que no podría aguantar más — m-me siento muy feliz de que estés bien. Y-yo estaba t-tan asustada que, pensé que jamás te volvería a ver — sonrió mientras las primeras lágrimas salían y las limpiaba rápido. Tomó la pálida y delgada mano de su hermano con sutileza, temiendo ser rechazada — lo siento mucho Dipper, lo siento, lo siento, lo siento, aah, lo siento — lloraba mientras acariciaba la mano del castaño. — me siento tan inútil que, haría lo que fuera si es por ti — entonces débilmente Dipper correspondió el agarre de su hermana. La chica lo miró esperanzada, sonrió mientras se secaba las lágrimas, Dipper sonrió despacio.

—Estoy cansado — dijo con voz ronca, por primera vez. Las primeras palabras

—¿Quieres dormir, algo? ¿Tienes hambre? Si quieres puedo-...

—Déjame morir, por favor. — Las primeras palabras al infierno.


Holaaa

JAMÁS, PERO JAMÁS DE LOS JAMASES ME CREAN DEL TODO CUANDO DIGO/ADMITO/ETCETC ALGO XDDD sobre todo si se trata de esta historia. Pues, como dije anteriormente sobre de que a este fic le quedan poquitos capítulos y eso ¡WEÓN, NO ME CREAN JAMÁÁÁÁÁÁÁÁÁS! Jksjdhkfsd es que el final que tenía planeado no lo haré y pienso alargar esta historia un rato más así que tendremos BillDip para un buen rato más.

*Aviso.- Comenzaré con los exámenes y trabajos finales del semestre, por lo que estaré ocupada hasta julio yo creo :c así que puede que actualice muy poco si es que nada :c

Dato curioso: ¿Saben que estaba borracha cuando pensé en comenzar esta historia? XDDD recuerdo que estaba muerta de risa porque estaban contando cosas tristes pero que a mí me hacían gracia. Y nació Reflejo Adolescente, ah! y también, sí, éramos solamente adolescentes en esa ocasión (yo, mi hermano, mis primos y algunos amigos). Sí, todo muy loco y de la nada.

Gracias por leer!