Capítulo 21 Otra linda tarde en el Mauretania.

El gran trasatlántico más veloz de principios del siglo 20 continuaba su trayectoria abriéndose paso por el Océano Atlántico, los rayos del sol golpeaban los ventanales y cada rincón donde pudiera entrar la luz del astro rey. A tan solo 24 nudos el Mauretania seguía para arribar a Londres el 7 de Enero.

El Lusitania su barco gemelo originalmente iba a arribar a Londres el 10 de enero, pero dada las circunstancias acelero su travesía a 26 nudos y cada vez más se acercaba al Mauretania y si las cosas seguían como lo planeado para Año Nuevo estarían a la par.

Terraza del Restaurant del Mauretania.

Eran ya las 3:30 de la tarde el Clan Canderry, el rubio con sonrisa de príncipe, la mano derecha del tío abuelo Andley y una mofeta, ya se encontraba esperando a la tímida, la pequeña, la pecosa, al caballero inglés y a un lindo coatí para poder tomar juntos sus sagrados alimentos.

-Honestamente Martha, si por mi fuera huiría a África, me encanta la libertad y ayudar a los demás – contestaba Albert la centésima pregunta de Martha O´Brien, pues el rubio tenía encantada a la sexagenaria mujer con todas las anécdotas que este les conto sobre su vida de viajero.

-En ese caso Albert yo me voy contigo. Los viajes por Europa ya me aburren prefiero hacer algo para ayudar a las personas y que mejor que África y con un joven tan apuesto como tu – confesó Martha entusiasmada.

-Martha por Dios no seas coqueta, deja de acaparar al pobre del sr. Brower – dijo Magda refiriéndose a Albert quien adopto el apellido de su sobrino Anthony para no levantar sospechas.

-No soy coqueta, solo me gustan las aventuras, ya que mis Padres me prohibían todo, después me case y mi amado Stewart era igual de sobreprotector. Así que ahora quiero aprovechar mi tiempo libre y que mejor que ayudando a los demás y acompañada de este joven buen mozo -se defendió Martha.

-¡Ay Martha! Si no te conociera de años pensaría que de verdad solo quieres ir por Albert – decía Madeline con una ligera sonrisa.

-No es mi culpa que Albert sea tan guapo. Es más, propongo que a la par de clan Canderry estemos las Albertanas.

-¿Qué dices?- exclamo sorprendida Gabrielle.

-Perdón Martha ¿cómo dices? – preguntaba Albert también sorprendido.

-Si Albert un club de admiradoras para ti – contesto desinhibida Martha lo que ocasiono que Albert se pusiera rojo como tomate y el serio George casi soltara la carcajada al igual que Madeleine y Magda. Lo contrario a Gabrielle que se indignó.

-¡Eso sería traición Martha! O eres fan de Terry o de Albert no se pueden los dos -sentenció Gabrielle.

-¿Y por qué no? ambos son lindos, si bien es cierto tienen un carácter y edad diferente, pero ambos unos caballeros buen mozos- se defendió la sexagenaria de cabello blanco.

-Te equivocas, Terry no solo es un caballero es DUQUE… bueno será Duque- corrigió Gabrielle poniéndose de pie.

-Y los Duques son mejores -murmuró Madeleine con cierta picardía.

-En ese caso Albert es Príncipe, tu misma lo dijiste Gabrielle, él tiene sonrisa de príncipe por ende es PRINCIPE – continuó Martha poniéndose de pie. Comenzando así la guerra, perdón, el debate entre una terryfan y una albertana.

Las dos mujeres comenzaron a defender a su caballero, refutando con adjetivos, piropos y cuanta cualidad aseguraban tenían tanto el castaño como el rubio. En ocasiones Madeline y Magda intervenían para opinar o incluso apoyar los argumentos en favor, ya fuera del futuro Duque o del Príncipe de la Colina. Mientras que George y Albert no podían creer semejante debate entre las damas, no sabían si retirarse o seguir siendo testigos de la guerra para defender a su favorito.

-¿En serio soy todo eso George? – preguntaba por debajo Albert.

-Pues por lo que dicen eres hasta un príncipe. -contestó también por debajo George dando un trago a su cognac.

-Con los escalofríos que me da que me llamen príncipe. Pero bueno fue idea de Gabrielle y a ella le perdono TODO- termino diciendo el rubio dando un suspiro.

-Albert … -regaño George al rubio.

-Ya sé ya sé, es casada pero eso no le quita que es… hermosa.

-Ya lo dije Gabrielle no puedes sacarme del clan Canderry solo porque quiero hacer mi clan de Albertanas -renegaba Martha O´Brien.

-Bueno ya basta señoras, que van a pensar los caballeros, están apenando al pobre de Albert. Así que Gabrielle, deja a Martha hacer su club, además tú también le has puesto puntos buenos a Albert incluso tú fuiste quien empezó a llamarlo PRINCIPE, por lo que tú también tienes cierto grado de albertana- sentenció Madeleine para ya terminar la discusión que parecía no tenía fin.

Gabrielle se cruzó de brazos pensativa y mirando desafiante a Martha dio un largo suspiro para finalmente decir- Están bien, mientras no te dé por querer casar a Albert con Candy supongo que si puedes hacer tu nuevo Clan.

Albert casi se le sale el whisky por la nariz al escuchar semejante idea y para evitar más ideas como esa decidió opinar.

-Si me lo permiten hermosas damas, para mí es un alago escuchar las cualidades que dicen que tengo. Incluso me siento mucho más alagado que usted Martha sea la presidenta de mi club de admiradoras. Pero no creo necesario tener uno, con usted como mi admiradora y defensora tengo más que suficiente – terminó diciendo Albert dándole un beso en la mano a Martha O´Brien.

-Está bien Albert como digas, ya no haré ningún clan, mejor, así no tendré que compartirte -acepto risueña la abuela.

-Oh miren, ahí vienen las niñas y Terry. Que bueno que se acabó este debate entre ustedes – dijo Magda.

-Hola mamá, buenas tardes a todos – saludo Annie que llegaba a la mesa llevando de la mano a la pequeña Susie quien también saludo con un "hola".

-Hola Buen día a todos- saludo Candy sonriente como de costumbre.

-Buenas tardes caballeros, hermosas damas – ahora saludaba el caballero inglés haciendo una pequeña reverencia.

-Siéntense por favor hay lugar para todos – pidió Martha. A lo que los jóvenes obedecieron.

-Albert si no te molesta me gustaría sentarme junto a Gabrielle y Candy - pidió Terry.

-Terry por favor, no empieces con tus celos - regaño Madeleine al castaño.

-No es lo que cree Duquesa, me interesa que Gabrielle y Candy se conozcan ya que ayer hubo un pequeño mal entendido – aclaró el caballero inglés y futuro Duque.

-Terry tiene razón ayer no pudimos presentarnos correctamente Candy, y me gustaría conocer a la chica que ha conquistado a mi engreído ahijado- intervino Gabrielle que se levantó de su silla y acercándose a la pecosa para darle un efusivo abrazo.

-Un placer señora… -apenas murmuró Candy que se sentía algo incomoda por tan efusiva presentación.

-Soy Gabrielle Montecarlo. Ven siéntate junto a mí. – decía la madrina del castaño tomando de la mano a Candy y sentándola junto a ella. Quedando sentados en la gran mesa redonda de la siguiente manera Madeline, Martha, Magda, Annie, Susie, George, Albert, Terry, Candy y Gabrielle. Mientras que Clin y Puppet los sentaron a un costado sobre un tapete.

-Si claro… será un placer conocerla mejor Madame Montecarlo- contesto Candy aun algo incomoda.

-Llámame Gabrielle con toda confianza de alguna manera eres ya casi mi ahijada, aunque mi marido es Lord Hamilton, pero cuando nos casamos le pedí a mi esposo me permitiera mantener mi apellido de soltera, me gusta que me reconozcan por mis méritos y no por con quien estoy casada. Soy algo sufragista – explicaba sonriente la pelirroja.

-Cuando le conviene -comento burlón Terry.

-¡Terry!... -regaño la pelirroja a su ahijado y después continuo - Como te decía Candy, mi marido acepto sin problema él es abogado y arreglo para que yo pudiera mantener mi apellido.

-Honestamente a mi también me hubiera gustado mantener mi apellido de soltera, pero porque me case tantas veces que ya nadie sabía cómo llamarme -comentó Madeleine soltando a reír haciendo que el resto de sus acompañantes también rieran.

-¡Que interesante! no sabía que una vez casada se podía mantener el apellido de soltera. ¿Yo podría hacer eso entonces? -preguntaba Candy entusiasmada.

-No, no podrías. Ni se te ocurra sugerirlo pecosa – contestó el castaño mirando fijamente a su pecosa.

-Terry no impongas a Candy tus decisiones. – intervino Martha – Un buen caballero debe respetar las decisiones de su dama.

-No es imposición, solo digo que el nombre de Candy se escucharía mejor con otro apellido.

-¿Tú crees? – preguntaba Albert alzando las cejas y mirando fijamente al castaño.

-Por supuesto, conozco uno mejor que Andley - contestaba orgulloso Terry.

-¿Ah si? ¿cómo cuál? -ahora preguntaba George con esa sonrisa fingida especial para Terry.

-Obvio…Grandchester -contestó engreído Terry, también con esa sonrisa especial para George.

-El engreído ya se habia tardado – dijo Annie.

-¡Annie! ¿Que modales son esos?

-Lo siento mamá – se disculpó la Tímida hundiéndose de hombros.

-Pues a mí me gusta mucho Andley. Y estoy orgullosa de portarlo- decía orgullosa y sonriente la rubia.

-Esa es mi pequeña – pensó Albert formándosele una sonrisa como un padre orgulloso de su hija.

-Si me permiten opinar para mí Andley es un apellido muy lindo y con clase, como de un Principado. Y miren que yo soy de Mónaco y sé muy bien de eso. – opinó Gabrielle.

-Por eso la amo, con gusto te daba mi apellido Gabrielle – pensó el rubio – Dios ¿que estoy pensando? Albert compórtate y piensa como si la Tía Elroy leyera tus pensamientos. ¿Por qué la pelirroja más bella del Mauretania tenía que ser casada? - se seguía diciendo a si mismo Albert

-Llegando el día ya decidiré si debo hacerlo, le debo mucho al tío abuelo y si lo hace feliz que aun después de casada lo lleve lo haré, aunque también me gustó mucho el tuyo Terry, pero porque es tuyo no me interesan esas cosas de estatus y abolengos.

-Eso es el amor desinteresado, yo estoy orgullosa de llevar el Britter por mi Marido y eso no me hace menos independiente. Llegado el día ya decidirás Candy.

-Si Terry, deja de menospreciar el apellido del Tío. ¿Que pensara el Tío abuelo cuando sepa que no te gusta su apellido? – comentó Martha.

-No lo estoy menospreciando. Cuando este con el Tío abuelo con mucho gusto le hare saber porque Candy seria la mujer más afortunada llevando el apellido Grandchester. Es más Albert, te invito a que me acompañes ese día.

Albert no pudo evitar soltar una pequeña carcajada para terminar diciendo – Con gusto Terry, te aseguro que estaré presente, en PRIMERA FILA.

-Bueno ya no discutan, esta mesa ya parece que es de debates, primero las Albertanas vs Terryfan y ahora los Grandchester vs Andley mejor pidamos ya de comer – comento Madga.

-Magda tiene razón - apoyó Madeleine – Además siendo razonables y aunque de todo corazón deseo que ustedes dos se casen, aún están muy jóvenes para hacerlo mínimo deben terminar la escuela y ya después hablaran de matrimonio. Cuando ese día llegue, Candy decidirá si quiere seguir siendo Andley, o Grandchester o... Richardson – dijo asustada el último apellido con los ojos abiertos de par en par como si hubiera visto el avistamiento del apocalipsis.

-Madeleine no es gracioso – regaño Martha a su amiga. A lo que Madeleine solo se limitó a señalar en la dirección donde TODOS pudieron notar que se aproximaban el Capitán Niven y el Primer Oficial.

Las mujeres se miraban unas a otras asustadas, George y Albert no perdían de vista los movimientos del castaño. Pues temían otro altercado. Mientras que la pecosa tomo la mano de su caballero preparándose para detenerlo en caso de que este explotara.

-Terry por favor no te pelees otra vez. – pidió la pecosa de forma amenazante, pero en el fondo se sentía asustada.

-Candy tiene razón, por favor Terry compórtate – apoyo Albert en forma muy seria.

-Me comportare si él no se acerca a MI PECOSA – murmuró entre dientes el castaño.

-Muy buenas tardes damas, caballeros. Esperamos no interrumpir – Saludaban el Capitán Niven. seguido de su Primer Oficial que solo se limitó a decir "Buenas Tardes"

-Para nada Capitán es un placer verlo por aquí– saludaba George poniéndose de pie al igual que Albert, Terry intento hacer lo mismo, pero fue detenido por el rubio que puso su mano sobre el hombro del castaño- Justo vamos a comer, les gustaría unírsenos.

-Gracias Sr. Villers, pero a decir verdad no queremos quitarles su tiempo. Solo quisiera hablar unos minutos con el Joven Grandchester. Claro solo si él acepta acompañarnos – dijo el Capitán.

Terry quiso contestar sarcástico pero la mirada de Gabrielle fue muy amenazante por lo que se limitó a decir- Por su puesto Capitán los acompaño.

-Gracias, por aquí por favor – agradeció el Capitán dirigiéndose a la oficina del restaurant. Comenzaron a caminar el Capitán iba adelante mientras que pelirrojo y el castaño caminaban a la par mirándose de reojo de una forma que si las miradas mataran ese par ya estaría 2 metros bajo tierra, o en este caso en el fondo del mar.

-Albert por favor ve con él - Suplico Candy que al igual que el resto de las damas ya tenía los dedos de las manos hinchados de tanto que se los apretó.

-No te preocupes pequeña lo haré – dijo Albert dirigiéndose a alcanzar a los tres caballeros.

-Señoras si les parece llamare al mesero para ordenar, no creo que demoren mucho – se ofreció George para calmar a las mujeres

-Ay si con el susto casi se me va el apetito y ya tengo mucha hambre – dijo Martha mientras se abanicaba con sus manos.

-No se preocupe Martha están con el capitán y con Albert, estarán bien ya vera. Seguro el Capitán solo quiere que hagan las pases – menciono George.

-Tiene razón George, no debemos preocuparnos. Ordenemos entonces. Y tú ya no esté nerviosa Candy no es tu culpa que dos hombres se peleen por ti– dijo Madeleine a lo que Candy solo se limitó a asentir con la cabeza.

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Oficina del restaurant

El Capitán Niven entro a la oficina del restaurant dónde se encontraba el jefe de cocina estresado mirando varios papeles sobre la mesa.

-Harry, disculpa la interrupción ¿me permites utilizar tu oficina por unos minutos? no tardaré solo necesito tener una conversación privada con los caballeros que están allá afuera.

-Por supuesto Capitán, solo permítame recoger este desastre de papeles -contestó apresurado el hombre.

-¿Estas teniendo inventario tan pronto?

-Ah Capitán me temo que si, por una extraña razón faltan cajas, pero no se preocupe lo solucionare. Con permiso -contestó el jefe recogiendo sus papeles y saliendo de prisa de la oficina.

-Caballeros por favor sean tan amables de pasar y tomar asiento – pidió el Capitán que se colocó de pie frente a la sala de estar.

-Gracias Capitán, Terry siéntate junto a mí -dijo Albert haciendo que el castaño quedara sentado junto a él en el love seat. Mientras que Brian se quedó de pie junto al Capitán. El pelirrojo y el castaño se seguían mirando con ojos desafiantes, en cualquier momento iban a estallar.

-Bueno joven Grandchester supongo que adivina a que se debe esta reunión -comenzó el Capitán.

-Si se refiere a los daños que provoque ayer no se preocupe pagaré TODO, no quisiera afectar el salario de su Primer Oficial – dijo Terry con sarcasmo y regalándole una sonrisa a Brian.

-Que amable eres Grandchester, pero no te preocupes por mí, puedo pagar mi parte y MAS. Así que solo preocúpate por pagar tu parte, o mejor dicho que tu Padre pague pues supongo que es quien paga tus deudas – dijo también sonriente Brian haciendo que el castaño casi se pusiera de pie, pero de nuevo fue detenido por Albert quien de un jalón lo sentó.

-Por favor caballeros, creo que debemos dejar terminar de hablar al Capitán – decía Albert mientras seguía sujetando del brazo al castaño.

-Gracias ¿Sr?

-Disculpe Capitán por las prisas no me presente debidamente mi nombre es Albert Brower amigo de Terry y la familia Andley. Puede llamarme Albert.

-Un placer Albert. Bueno caballeros en realidad no pensaba cobrarles ningún destrozo, ya que el Mauretania cuenta con un muy buen seguro, pero dado que ambos aseguran tener para pagar les cobrare hasta el más mínimo rasguño a los DOS- sentencio enérgico el Capitán.

-Sin problema – contestó desinteresado el castaño sin quitarle la vista a Brian.

-Como ordene Capitán – acepto el pelirrojo que tampoco le quitaba la vista a Terry.

El castaño y el pelirrojo no dejaban de mirarse con ojos desafiantes, pareciera que para ellos Albert y el Capitán Niven no existieran en ese momento.

-En fin, en realidad, quise esta reunión para pedirles se comporten como hombres maduros por favor y arreglen sus diferencias de una vez – decía el capitán mirando a los dos jóvenes que efectivamente no dejaban de mirarse pareciera que sus miradas estaban pegadas.

-No tengo problema con eso Capitán, pero dudo que un ADOLECENTE pueda ser maduro.

-Brian ¿Qué te pasa? Quedamos que… -murmuro el Capitán que no podía creer que su Primer Oficial otra vez se peleara con un chico de 15 años

-Puedo ser mucho más ecuánime y maduro que tu duendecito.

-Si claro, poniéndole sobrenombres a las personas, ya te dije que me llamo Brian Richardson. -reclamo Brian acercándose a Terry.

-¡Mucho gusto hijo de San Patricio!.

Albert se dio por vencido pues ya le dolía la mano de tanto intentar detener al castaño así que lo soltó dejando que este se pusiera de pie. Y se puso cómodo en el sillón pues definitivamente la reunión iba para largo.

-¡Brian basta! sabes perfectamente la situación en que estamos y no tengo tiempo para más peleas así que a lo que venimos. Por favor arregla tus diferencias con el joven – ordenó desafiante el Capitán.

-Está bien- dijo Brian apretando los puños y tomando mucho aire para hacer a un lado su orgullo comenzó a disculparse.

-Te escucho caballero irlandés – dijo Terry cruzando se de brazos y sí las miradas desafiantes entre ese par seguían sin desconectarse.

-Verá caballero inglés, el día de ayer Usted y yo efectivamente tuvimos un altercado que no debió suceder por lo que me… disculpo por haberme dejado llevar por mis impulsos, pero comprenderá que no es fácil lidiar… ¡con mocosos engreídos como tú! Así que espero acepte mis mas NO SINCERAS DISCULPAS.

-Que amable de su parte venir por órdenes de su capitán a darme sus disculpas, pero supongo que es normal, los duendecitos solo siguen órdenes – dijo Terry con sarcasmo.

-Capitán mejor siéntese déjelos arreglarse a su manera. Tenga coma una manzana para la bilis- le propuso Albert al Capitán quien le daba la razón al rubio y decidió tomar asiento y la manzana del frutero.

-Deja de llamarme duende ya te dije que me llamo BRIAN RICHARDSON.

-Y yo soy TERRUCE GRANDCHESTER y ya te dije que solo Candy MI NOVIA puede llamarme mocoso engreído.

-Perdone usted Márquez de Grandchester y bisnieto de Merlín.

-Pues por lo menos Merlín es mago no un duendecito buscador de ollas de oro.

-Tú lo has dicho, buscadores de ollas no un mago sirviente de un rey.

-Pues al menos Inglaterra tiene un rey propio.

-Irlanda también.

-Te equivocas su rey es MI REY y es INGLÉS.

-Dios santo el Acta de paz de 1800 se ira al diablo por este par de niños -murmuró el Capitán al Albert dando una mordida a su manzana.

-Y yo que creí que entre ingleses e irlandeses ya no habia diferencias – agregó Albert.

-Mira Grandchester si por mi fuera te daba otros golpes para quitarte lo engreído.

-Estaré recibiéndote con otros Richardson.

-Yo digo que ya comience la pelea para que terminen rápido y ya irnos a comer – intervino Albert que ya se habia terminado su manzana.

-¿Que dices Albert? -exclamó sorprendido Terry que por primera vez dejo de mirar a Brian y ahora volteaba a ver a su amigo.

-Lo que oyes. ¿Cuál fue el problema para que se pelearan? Terry no puedes pelearte con todos los hombres que se fijan en Candy, y usted Primer oficial apuesto que ya le quedo claro que Candy solo quiere a este mocoso engreído.

-Oye, solo Candy puede llamarme…

-Jóvenes el sr. Brower tiene razón, ya solo están discutiendo tonterías, por Dios podrían ser los mejores amigos, y sino al menos tenga una tregua de aquí a Londres. Brian eres el mayor de los dos demuestra tu madurez y tu Grandchester dices también ser maduro pese a tu edad pues entonces demuéstrenme los dos que así es haciendo a un lado sus diferencias y haciendo las pases.

-Tiene razón Capitán me disculpo. Grandchester honestamente Candy me gusta y mucho, pero me queda claro que Candy te ama y respetaré su decisión como buen caballero que soy. Así que me disculpo por lo de ayer, pero insisto no ayudaste mucho con tu soberbia.

-¿Terry? -dijo Albert al ver que el caballero inglés no contestaba.

-Está bien acepto tus disculpas Richardson y reconozco que explote. No acostumbro pelear, lo de ayer fue solo para dejarte en claro cuanto amo a Candy y no permitiré que nadie se interponga entre nosotros. Pero ahora que aseguras que no te entrometerás supongo que tengo tu palabra.

-Por supuesto que la tienes. Candy es una linda chica merece estar con alguien que la ame y he de reconocer que como la defendiste ayer se nota que darías todo por ella.

-Créeme hasta mi vida.

-Bien pues más te vale que la cuides y no la lastimes o cumpliré mi promesa de llevármela a Irlanda.

-Ni en tus sueños dejare que te la lleves.

-Bueno muchachos antes de que vuelvan a discutir porque no se dan la mano – pidió el Capitán. A lo que Terry y Brian aceptaron y se dieron la mano ahora mirándose ahora más serios y sin rencores.

-Gracias jóvenes, eso me da más tranquilidad, saber que podrán toparse en los pasillos y no darse de golpes – dijo con alivio el Capitán Niven.

-Supongo que puedo ser amigo de un caballero inglés de camino a Londres – dijo Brian con una ligera sonrisa.

-Créeme será un honor para ti tenerme como amigo – respondió Terry también con una pequeña sonrisa.

-Genial, vamos entonces. Caballeros hago extensa la invitación del sr. VIllers que les parece si nos acompañan a comer – decía Albert poniéndose de pie.

-Gracias Albert, pero tenemos mucho trabajo que hacer. Debemos regresar a la cabina – se disculpó el Capitán.

-SI hay muchas cosas que hacer, gracias por la invitación tal vez otro día con mucho gusto – agregó Brian.

-Si otro día, ahora si nos disculpan nos retiramos - Con permiso y buen provecho se despidió el Capitán.

-Hasta luego Sr. Brower, Grandchester- ahora se despedía Brian siguiendo al capitán que ya salía de la oficina.

-Hasta luego Richardson – contestó Terry viendo alejarse a Brian y con un suspiro continuó– Me agradaba más decirle duendecito.

Lo que hizo que Albert riera - Me alegra que hicieran las pases Terry igual se vuelvan amigos y vuelvan a decirse hijo de San Patricio y Bisnieto de Merlín.

-Tal vez… ¿que pasa Albert te pusiste serio? – preguntaba Terry al ver que Albert no quitaba la mirada de algunas hojas que estaban en el escritorio de la oficina.

-Nada me llamaron la atención estos faltantes y además el Capitán se fue preocupado… en un inicio le dijo a Brian algo sobre una "situación"

-Si también lo escuche, supongo que no es bueno que los dos hombres de mayor rango estén preocupados. ¿Que será eso que era tan urgente arreglar?

-Por si las dudas mantengamos los ojos abiertos Terry, he escuchado de espías en los barcos y trenes, tal vez por eso su preocupación.

-Sí, escuche hablar al Duque que las cosas en Europa del Este cada vez están peor ¿crees que atenten contra el Mauretania?

-No lo creo, Inglaterra no está en la guerra, por si las dudas cuidemos a Candy y a las demás, tal vez solo estén preocupados por otra cosa.

-Hablando de preocupación deben estar esperándonos expectativas.

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Terraza del Restaurant

En la gran mesa ya esperaban las damas que apenas y tomaban bocado por la preocupación, excepto Susie que no dejaba de jugar con su comida y beber jugo de zanahoria pues la señora Britter le aseguro que sus mejillas lucirían más hermosas. Y el pobre de George ya no encontraba de que tema hablar para tranquilizarlas.

-Ahí vienen, que alivio Terry no se ve desalineado ni con sangre como ayer – exclamo Gabrielle aliviada.

-Se los dije si hubiera pasado algo lo hubiéramos escuchado – dijo Madeleine.

-¿y bien? – pregunto la Pecosa a los dos caballeros que llegaban y se sentaban en sus sillas.

-Terry y el Primer oficial ya arreglaron sus diferencias, hasta se hicieron los mejores amigos – contesto sonriente Albert.

-¿En serio Terry? -pregunto entusiasmada Candy.

-No somos los mejores amigos, pero nos soportaremos de aquí a Londres pecosa.

-Me alegro Terry. No hay como tratar de ser amigos antes que enemigos -continuó diciendo feliz y sonriente Candy.

-Bueno, pidan su comida, nosotras nos adelantamos no sabíamos cuánto tardarían – propuso Martha.

En la gran mesa redonda, el grupo de pasajeros más feliz del Mauretania comenzó a comer. Mientras lo hacían, estuvieron conversando de cuanto tema se les venía a la mente, de como el clima durante el viaje pese a ser invierno las tardes eran bañadas con prolongadas tardes de sol. También Annie y Candy expresaron sus expectativas y temores por su estancia en el San Pablo pues era la primera vez que estarían internadas. Por supuesto no podía faltar la charla que alegro a todos, el año nuevo, los deseos y propósitos de cada uno.

La plática era tan amena y alegre que se podía observar la felicidad de todos los que estaban en esa mesa. La estaban pasando tan bien que pareciera que se conocían de años atrás, hablaban sin filtros se contaban todo y se confesaban casi todo, pareciera que deseaban aprovechar esa linda tarde de invierno como si fuera la última.

-Dios estuvo delicioso mi platillo – exclamó la Duquesa.

-Gusta duquesa que ordene un postre para Usted -se ofreció el buen George.

-Oh no muchas gracias Sr. Villers, ya no debo comer más o no entraré en mi vestido para la fiesta de año nuevo.

-Sí, ya es pasado mañana, es mi primera vez en barco y recibir el año nuevo en medio del Atlántico es increíble - dijo emocionada Candy

-Me alegro mucho por ti Candy. Entre todos haremos que la fiesta de año nuevo sea muy agradable para ti -comento Martha

-¿Habrá pasteles? -pregunto la pequeña Susie

-Me temo que las fiestas de alta sociedad son muy aburridas en cuanto a postres. Pero nada perdemos con sugerirle al Chef que se esmere con los pasteles.

-Papi dice que debo pasar el año nuevo con él y mis hermanos.

-Me temo que tu papá tiene razón Susie, es de buena suerte recibir el año nuevo con la familia. Aunque estoy segura que la fiesta que darán en tu área será más divertida que no querrás subir con nosotros – menciono Gabrielle

-Así es Susie cualquier fiesta es más divertida que la de los aristócratas y ricos -apoyo Terry

-Bueno señoras, caballeros, me la pase muy agradable en su compañía, pero me temo que tengo una reunión con el Sr Mackenzie. Debo retirarme.

-¿Necesitas que te acompañe George? -se ofreció Albert

-No Albert puedes quedarte, seguro aun no cerraremos ningún trato supongo que solo querrá darme a conocer sus empresas.

Candy se extrañó de las palabras de George, pues por qué Albert debía acompañar a George a una reunión de negocios, de hecho, ahora que lo pensaba ¿por qué se conocían George y Albert y de dónde? Un hombre de negocios y un viajero.

-Antes de que se vaya sr George brindemos por esta gran comida y porque tengamos muchas mas el próximo año.

-Sera un placer.

-Salud por muchas tardes como esta donde podamos estar reunidos como los grandes amigos que ya somos – decreto Albert.

-¡Salud! -respondieron todos al unísono y chocando sus copas.

-Bueno me retiro entonces, espero verlas más tarde hasta luego – se despido el Sr. Viller.

-No te lo habia dicho Susie pero que bonita muñeca, sin duda Candy y Terry supieron escoger – dijo la señora Britter.

-Si es muy hermosa, y su vestido parece de princesa – comentó Gabrielle.

-Si me gusta mucho se parece a mi mamá, y le puse Tendy por Tely y Candy

-Que inteligente igual que Canderry. Que hermoso. – dijo sonriente Madeleine.

-¿Can… que? -murmuro Terry.

-Todo mundo me dice que es una muñeca muy linda, pero a Tely no le gusta. No quiso dormir anoche con mi muñeca.

-Bueno Susie es normal que a los hombres no quieran dormir con muñecas de plástico – dijo burlona Madeleine.

-Pero a Tely si le gusta dormir con muñecas – aseguró inocentemente Susie.

-¿A mí? -dijo extrañado el castaño para después comerse un par de uvas..

-Sí, tu dijiste que prefieres dormir con muñecas rubias y con pecas.

-¡Susie! -gritó Candy y Terry comenzó a ahogarse con las uvas. Mientras el resto de las mujeres comenzaron a reír.

-¿En serio Terry? Déjame ayudarte te vas ahogar – dijo Albert dándole tremenda palmada en la espalda.

-Gracias Albert pero no era necesario, casi me sacas los pulmones.

-¿Y que más te dice Terry?– pregunto burlona Madeleine.

-No le des cuerda -dijo Terry tratando de mantener sus pulmones adentro.

-Nada, él no juega conmigo. Pero aun así lo quiero es como un príncipe

-No, para príncipe Albert que tiene una hermosa sonrisa - opinó Gabrielle.

-¿No me digas Gabrielle Hamilton? – pregunto celoso Terry.

-Pero Terry un héroe. Salvó a Aniie de…

-Susie no quieres mas postre, mira te doy mi fresa -intervino Annie dándole un fresa a la pequeña.

-¿De que te salvo Terry Annie? -pregunto intrigada Magda por la actitud de su hija.

-Nada mamí… es solo un juego de…

-Las escondidas, estábamos jugando a las escondidas y Annie.,.. -intento decir Candy pero fue interrumpida por Susie

-Se escondió con Tely en el cuarto de servicio con Annie.

-No me ayudes Susie – murmuro el castaño escondiendose de las miradas de todos.

-No paso nada mamá lo juro.

-¿que hacías tu sola con Terry en el cuarto de servicio. Anna Elizabeth Britter? -pregunto enojada Magda.

-Ahora si me llevo el tren. Me van a casar con Annie -pensó preocupado el castaño

-Calma Magda. Terry es un caballero supongo que tiene una explicación no es así Annie. -intervino Madeleine tratando de calmar la situación.

-Si, solo cometi el error de salir en pijama para llevar a Puppet con el sr Albert y bueno en el camino me topé con Terry…

-Fue mi culpa Magda, yo le pedí a Terry que la llevara de regreso al camarote de Candy – defendió la Duquesa a Annie.

-Y yo debí insistir en ser yo en llevarla y no dejar que se regresaran solos y así evitar malos entendidos – comento el rubio.

-Y Terry me cubrió el rostro para que nadie me reconociera.

-Annie fue muy tonto de tu parte salir en pijama que hubiera pasado si en lugar de Terry te topas con algún hombre de dudosa procedencia. He escuchado que hay polizontes rondadno por todos lados.

-Lo siento mamá.

-No hagan cosas buenas que parescan malas. SI no fuera por la ocurrencia de Terry de cubrirte el rostro ahora estaríamos planeando una boda.

-Con Archie supongo – dijo Terry.

-No, contigo Terry – comento Gabrielle.

-Dios me libre.

-Ya quisieras.

-Annie tus modales

-Lo siento mamá. Pero es difícil no contestarle a Terry.

-Basta, seamos sensatos y efectivamente niños no hagan cosas buenas que parezcan malas – apoyo Martha.

-¿Ya podemos ir a la alberca?

-Si ya llévensela antes de que siga hablando de más -murmuró el caballero ingles haciendo que Candy le diera un pellizco en el brazo – ah pecosa

-No Susie acabas de comer espera a que te haga la digestión y te llevamos, mejor vamos a caminar eso ayudara.

-Mesero por favor la cuenta agréguela a mi camarote -pido Albert al mesero.

Candy de nuevo se sorprendió ¿Albert pagando la cuenta en un restaurant de primera clase? Si cuando lo conoció ni siquiera tenía casa y en Londres solo sería cuidador en un zoológico.

-Candy, ¿pueden ir tú y Terry por las cosas de Susie a la Boutique? ahí debe venir su traje de baño, en lo que yo voy por los nuestros a mi camarote me llevaré a Clin para que me acompañe - dijo Annie sacando de sus pensamientos a la pecosa.

-Seguro Annie, vamos Terry recuerda que debes firmar.

-Lo dicho sufragistas solo cuando les conviene – menciono Terry que seguía a Candy quien lo llevaba de la mano.

-Ven Susie, tu irás con nosotras – decía Martha mientras tomaba de la mano a Susie.

Así el resto del grupo salió a caminar por la cubierta del barco. Adelante Martha y la pequeña Susie seguidas de Magda y Madeleine y al final Gabrielle y Albert quien llevaba a Puppet en el hombre.

-Son adorables estos jóvenes y jovencitas de hoy. Susie se ve tan linda. Yo nunca tuve hijos preferí no hacerlo me case tantas veces además preferí viajar -comentó Madeleine

-Yo no me arrepiento de haber adoptado a Annie, aunque al principio tenía miedo, como le dije a Martha no es fácil después de haber perdido a mi hija, pero hice aun lado mis miedos y ahora soy muy feliz con Annie.

-¿Pasa algo Gabrielle? -pregunto Albert al notar como de repente la pelirroja dejo de sonreír.

-No, no me siento bien, si me disculpan volveré a mi camarote. Adiós.

-Gabrielle espera.

-Déjela Albert, necesita estar sola, ella también perdió a su única hija y nunca quiso volver a tener hijos, no lo ha podido superar, prefirió sanar su dolor dedicándose a cuidar a Terry- dijo Madeleine.

-Lo lamento tanto no debí decir nada entonces.

-No te preocupes Magda tu no lo sabias.

-Disculpen no puedo dejarla irse así, iré a alcanzarla con permiso – dijo Albert encaminándose a buscar a Gabrielle.

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Boutique del Mauretania.

-Gracias caballero fue un placer atenderlo.

-Si claro después de 1500 libras – murmuro sarcástico Terry.

-Terry ya lo habíamos hablado además el Duque paga – menciono burlona la pecosa.

-Como sea ya vámonos que ya quiero llegar a la alberca – decía Terry tomando las bolsas y encaminándose a la salida.

-Ni creas que vas a entrar a la alberca aún se te nota la gripa – sentencio imperativa Candy ya saliendo de la tienda y caminando por el pasillo.

-No lo decía por eso. Dime ¿tienes traje de baño? Si no podemos comprarte uno, será un placer ayudarte a escoger uno a la última moda francesa– dijo el castaño dándole un guiño a su rubia con pecas.

-No es necesario caballero Annie me prestara uno de los suyos.

-No es cierto, por favor no te pongas algo de ella.

-¿que tiene de malo?

-Ya me imagino, estilo victoriano que deja mucho a la imaginación.

-Terry no digas esas cosas. ¿Terry que haces? – preguntaba Candy mientras era jalada por Terry al cuarto de servicio. Ya una vez adentro Terry la acorralo contra la pared.

-Hoy hable con el primer oficial del Mauretania y me recordó lo afortunado que soy.

-¿ah si? ¿Por qué?

-Porque de solo imaginar que estuvieras con él y no conmigo, ya te hubiera robado y llevado a cualquier parte del mundo.

-Eres un ocurrente. Me alegra que hicieras las paces con Brian –Ahora Candy se abrazaba al cuello de su castaño mientras este la tomaba de la cintura.

-¿Brian? querrás decir Primer Oficial del Mauretania.

-No seas celosos Márquez de Grandchester.

-Los títulos no me gustan señorita Candice White Andley futura esposa MIA – comento orgulloso Terry después con tono de preocupación continuó – Candy, aun si no fuera Grandchester y no sé tal vez… Graham ¿aceptarías casarte conmigo? ¿y vivir lejos de Inglaterra?

-Terry que cosas dices, ya te lo dije tu apellido no importa solo me casare contigo por ti no importa si seré la Señora Grandchester o Graham. Te amo tanto Terry, aunque seas un mocoso engreído.

-Y yo te amo pese a que eres un Tarzán con pecas.

-Pero te gustan mis pecas

-No, te dije que las adoro, al igual que esa nariz chata y esos ojos color esmeralda.

-Y a mí me gustan tus ojos color mar, ¿no es curioso Terry?, te conocí en un barco, hemos convivido en altamar. Ahora cada vez que vea tus ojos color mar será como volver a este viaje.

-Vez, todo apunta a que soy tu chico ideal.

-Y eso me hace muy feliz -exclamo sonriente Candy para después besar por catorceava vez los labios de su caballero inglés. Fue un beso tierno y lleno de amor.

-Pensé que no podría besarte hasta hablar con el tío abuelo – dijo sorprendido Terry por la iniciativa de su amada con pecas.

-Bueno en teoría no me besaste sino yo a ti, y no sé tú, pero yo soy muy feliz hoy.

-¿Solo hoy?

-Bueno siempre que estoy contigo, no sientes como si debemos aprovechar cada minuto juntos como si fuera el ultimo.

-A decir verdad, si, en fin, mejor vámonos deben estar esperándonos y recuerda NO HAGAN COSAS BUENAS QUE PARESCAN MALAS.

-No te burles en parte tienen razón.

-Yo te haría solo cosas muy buenas créeme -menciono con picardía Terry.

-Terry deja de insinuar cosas. Vámonos - Dijo Candy sonrojada soltándose del abrazo de su casi novio y saliendo del cuarto de servicio cuidando de no ser vistos.

Candy y Terry los dos rebeldes enamorados del Mauretania se dirigieron a la alberca dónde ya los esperaban el resto del grupo. En la oficina del Capitán ya se encontraban Clark, David y Charlie entregando las pruebas al Capitán para solicitar el arresto del Conde Fegurson. George en el salón de caballeros escuchaba atento la propuesta del Sr. Mackenzie. Y Albert en la proa trataba de reconfortar a Gabrielle por la muerte de su única hija.

Sin duda la tarde en el Mauretania trascurría con diferentes eventos, una tarde más tranquila y apacible esperando la puesta del sol para dar paso a una noche apacible y con un cielo estrellado.

Continuará…

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Bueno mi gira artística ya termino gracias por sus buenos deseos al respecto. Así que aprovecharé para organizar mi tiempo y terminar esta historia que han alagado tanto. Porque aunque me duele debo decirlo ya llegamos a la recta final :¨)

Honestamente no sé cuántos capítulos me lleve, porque según yo solo serían 20 y ya vamos en el 21 :) y eso es gracias a sus deseos, pero como no quiero aburrirlas con rellenos seguiré el guion como lo planee en un inicio.

Gracias mil y mil más por tomarse su tiempo para hacerme saber sus opiniones, deseos, quejas y buenas vibras, Sandy Sanchez, Hakuouki, Miriam 7, Lydia Grandchester, Nally Graham, Eli, Skarllet Northman, CCG, Gladys, Blanca G y todos los guest.

Y a los que me leen sin dejar comentario también gracias, el capítulo anterior llego a las 937 lecturas en menos de 24hrs, no sé si sea mucho ya que es mi primer fic pero es halagador.

A quienes me agregaron a sus favs, follows y autor favorito Candy Grandchester, , CamenMo22 muchas gracias. Y bienvenidos a quienes comienzan a leer la historia.

Respondiendo a sus comentarios:

-Sí, el Duque y Eleonor se volverán a encontrar. Así que preparen pañuelos.

-Terry no le ha avisado al Duque sobre su relación con Candy, porque como saben su relación con él no es muy buena actualmente, además tiene la incertidumbre de cómo lo reciba su padre, pues se fue sin su permiso a ver a su madre y como Candy es adoptada teme que el Duque la rechace por eso. Así que prefiere hacerlo ya que llegue a Londres.

-Y como dijo Lord Hamilton, el Duque ama a Terry no solo porque es su hijo sino porque es lo único que lo une a su amada Eleonor, por eso es capaz de castigar con creces a todo aquel que ponga en peligro a nuestro adorado caballero inglés.

-¿Quién desea hundir el barco?, alguien lleno de rencor y frustración. Y tienes toda la razón Eli, no va a bordo del Mauretania.

-Lydia Grandchester. Sobre el fic entre los Cornwell y Grandchester la verdad ya lo habia planeado, ya que Mizuki todo dejo a medias hasta el nombre de ANOHITO, pero no sé cuando vuelva a escribir algo después de este fic, la verdad si te lleva tiempo escribir una historia ahora entiendo porque algunas escritoras tardan tanto en actualizar (aunque a veces exageran). Pero sin duda lo haré :)

Les mando un fuerte abrazo a todas las Canderrys del mundo mundial.