¡Siento mucho el retraso, pero aquí tenéis un nuevo cap! Disfrutadlo!

Capítulo 21: Adiós a todo

Misao llevaba un rato sentada en su cama, sin moverse, sin pensar, con la mirada perdida. Aún recordaba la conversación que había mantenido con su madre aquella misma mañana.

- ¿Qué dices?- se despejó Misao, al momento, nada más escuchar la locura que acababa de decirle su madre- ¡¿Cómo vamos a marcharnos de Tokio?!

- Cálmate, Misao- contestó Tokio, más tranquila que su hija. Sin embargo, aquella frialdad tan impropia de su mirada le indicaba que algo andaba mal.

- Es que no sé por qué dices eso, de repente.

- He estado pensando- repuso la madre- Y creo que es mejor que nos vayamos. Sobre todo para ti.

- No lo entiendo- confesó la chica.

Entonces, Tokio empezó a acariciarle el pelo a su pequeña, sonriéndole. Hacía mucho tiempo que no estaba tan cerca de ella, así que casi no se había dado cuenta de lo mucho que había cambiado. Estaba mucho más guapa y mayor y, no había duda, mucho más feliz. Sin embargo, por su bien, la mujer tenía que acabar con ese cuento de hadas en el que vivía su hija. Así pues, Tokio tragó saliva, hizo de tripas corazón y prosiguió.

- Lo sé todo, Misao. Todo. Y no puedo dejar que sigas viviendo en la misma casa que Aoshi. ¿Lo entiendes ahora?- dijo finalmente.

Misao abrió los ojos de par en par y se quedó paralizada. Acto seguido, bajó la vista, muerta de vergüenza. ¿Por qué no mentía? ¿Por qué no decía que era mentira, que lo que estaba insinuando no era cierto? Seguramente porque era su madre, la conocía mejor que nadie y le resultaba imposible mentir a una de las personas más importantes de su vida. Por ello, la pequeña sólo pudo bajar la vista y callar, mientras su madre seguía acariciándole el pelo.

- No te preocupes. En realidad, creo que tengo parte de culpa, por no decir toda- bromeó su madre, tratando de eliminar los nervios que sentía- Si lo hubiese visto antes... si se me hubiese pasado por la cabeza tal vez podríamos haber hecho algo. Pero ahora ya...

- Pero... pero...- consiguió balbucear Misao, aunque sin encontrar las palabras adecuadas.

- Tranquila, Misao. En cuanto estemos de vuelta a Kyoto todo pasará. Volveremos a nuestras vidas normales. Además, tú querías eso, ¿no?

- Antes... pero ahora ya no- la chica encaró a su madre- Quiero quedarme aquí, mamá.

- Sabes que no puede ser.

- ¿Por qué no? ¡No he hecho nada malo!

- ¡Basta, Misao!- cortó la madre, levantándose- He dicho que nos vamos a ir y eso será lo que haremos.

- ¡Pero bueno, ¿es que no puedo decidirlo yo también?!- chilló la hija.

- ¡Claro que no! ¡Por supuesto que no!- repuso Tokio, conteniendo las lágrimas y los nervios.

- Mamá...

- ¡¿Es que no te das cuenta de lo que has hecho?!- preguntó, agarrándole de los brazos- ¡Sois hermanos, Misao! ¡Hermanos!

- No hemos hecho nada malo. Además... no somos hermanos de sangre.

Acto seguido, Misao recibió una bofetada. La segunda que había recibido de su madre, dedujo la joven, mientras recordaba la primera cena que tuvieron todos, en familia. Aquella cena en la que había visto a Aoshi por primera vez, sin saber lo que les depararía el futuro. No obstante, en aquel momento su futuro como pareja parecía bastante oscuro.

Tokio no supo por qué la golpeó. Instinto, tal vez. O tal vez fuera porque aquellas últimas palabras de su hija sonaron como una completa confesión y, por mucho que hubiera deducido lo que estaba pasando, no se esperaba escucharlo de boca de su pequeña, arrancándole el corazón que le quedaba.

- Nos iremos en menos de una semana, así que ya puedes empezar a despedirte- zanjó Tokio la conversación, antes de marcharse.

Instintivamente, Misao se llevó la mano a la mejilla al recordar lo sucedido y, depsués de mucho aguantarse, se echó a llorar de rabia y dolor.

---- Cuatro hermanos ----

Llevaba todo el día dándole vueltas. Aún no había hablado con Misao, pero poco le importaba lo que le dijera; Aoshi había decidido que esa misma noche hablaría con Tokio.

No lo soportaba más. No aguantaba tenerla tan cerca y no poder tratarla como su novia, como lo que era, y más desde el viaje a Kyoto. Además, después de haber dado ese paso en su relación y comprobado que no había vuelta atrás, deseaba formalizar del todo las cosas con ella.

Naturalmente, el mayo de los Shinomori sentía miedo. Pánico. ¿Y si no lo aceptaban? ¿Y si le obligaban a separarse de ella? La posibilidad era bastante cercana, pero él prefería no pensar en ella. De hecho le daba igual; por mucho que sus padres se opusieran no la dejaría. La amaba. La quería desesperadamente, mucho más de lo que podría haberse imaginado. Después de la muerte de Sayo, Aoshi creyó que jamás volvería a enamorarse de nadie o que, de hacerlo, no llegaría al nivel de amor que sintió por su difunta novia. Hasta que ella apareció. Hasta que ella le aportó cosas que nadie en su vida le había aportado. Jamás se lo hubiera imaginado, pero Aoshi realmente sentía devoción por Misao y estaba dispuesto a llegar donde nadie se imaginara con tal de quedarse junto a ella.

Al menos, eso creía.

---- Cuatro hermanos ----

Misao estaba desesperada. No sabía qué hacer. Sin embargo ahí estaba, parada delante de la puerta del apartamento, sin atreverse a llamar. Tal vez no fuera la persona más indicada para hablar, pero no sabía a quién más acudir. Sólo tenía que tocar el timbre. Pero, ¿por qué no se atrevía?

- Ahora vuelvo- se despidió una voz femenina, abriendo la puerta. Entonces, la mujer se giró y se encontró con la pequeña esperando en el marco de la puerta- Hola, Misao.

- Hola, señorita Takani.

- Llámame Megumi, por favor- sonrió la mujer.

- De acuerdo, Megumi- repuso Misao- Esto... eh... ¿está Sanosuke?

- Pues sí, está dentro- aclaró la mujer. No hacía falta preguntar nada; después de pasar tanto tiempo rodeada de jóvenes, sabía perfectamente cuándo se encontraban mal- Adelante, pasa.

La chica obedeció sin decir nada. Estaba pálida, temblando.

- Sanosuke, tienes visita- anunció Megumi. Acto seguido, el chico apareció en el salón.

- ¡Hola, Misao! ¿Qué tal estás? ¡Qué raro verte por aquí!- se sorprendió el joven, sonriendo sinceramente a la pequeña.

- Bueno, yo me voy a hacer unos recados. Luego volveré- se despidió Megumi, sabiendo de antemano que Misao prefería estar a solas con Sanosuke, fuera lo que fuese lo que tuviera que contarle.

Ya a solas, Sanosuke aprovechó para ofrecerle algo de té, pero Misao se negó. Entonces, el hermano se fijó en ella atentamente y supo que las cosas no iban bien.

- Misao, ¿estás bien?- se preocupó- ¿Qué te pasa?

- Es que... Es que...- contestó ella, sin poder contener las lágrimas y el nudo en su garganta por más tiempo.

Justo en ese momento, la pequeña se lanzó a los brazos del moreno y se echó a llorar sobre su pecho, dejándolo de piedra. Después de pasar unos instantes paralizada, Sanosuke reaccionó y la abrazó, transformando totalmente su amistosa expresión en una más seria. No necesitaba palabras. No necesitaba que Misao le contara nada, porque su casi siempre infalible intuición le decía que había pasado justamente lo que más se temía.

---- Cuatro hermanos ----

El despacho estaba lleno de humo, como resultaba habitual. Los papeles estaban esparcidos por toda la mesa, mientras que el cenicero estaba a rebosar de colillas, como era normal. De pronto sonó el teléfono, cosa también normal. Sin embargo, la llamada resultó totalmente extraña.

- Hola. Soy yo.

- Qué raro que me llames al trabajo- contestó Saito.

- Lo sé- respondió Tokio, al otro lado de la línea- Sólo quería preguntarte si podríamos cenar esta noche. A solas.

Normalmente, Sato se hubiese alegrado al escuchar semejante proposición, pero había algo en el tono de voz de la mujer que le dejó preocupado.

- Está bien. Cuando tenga la reserva te llamaré.

- De acuerdo.

Tal vez fuera gracias a su intuición, que sus hijos habían heredado, o tal vez a su instinto de policía, pero, fuera por lo que fuese, Saito supo, nada más colgar el teléfono, que aquella noche recibiría una mala noticia.

---- Cuatro hermanos ----

- Hola, Sanosuke- contestó Aoshi al teléfono.

- Hola, Aoshi- dijo su interlocutor- Necesito que vengas a mi casa ahora.

- No puedo, estoy muy ocupa...

- Misao está aquí. Ven ya, es importante- ordenó el pequeño. El simple hecho de que estuviera an serio y su voz sonara tan grave fue suficiente para alarmar a su hermano.

- Voy para allá- contestó Aoshi, adoptando la misma actitud que Sanosuke.

- Viene ya- comentó Sanosuke, colgando el teléfono, y dirigiendo la mirada a su hermana adoptiva, que seguía llorando- Cálmate, Misao, por favor.

- No puedo- consiguió contestar ella- No puedo...

Sanosuke decidió dejar de insistir, pues sabía perfectamente por lo que estaba pasando la pequeña. Después de todo, él había pasado por lo mismo hacía relativamente poco tiempo.

- No sé cómo ha podido enterarse...- continuó la chica, dejando correr las lágrimas- No hemos hecho nada para... No lo entiendo. No lo entiendo, Sanosuke...

- Porque es tu madre y te conoce. Por eso lo sabe.

- Tu padre ni se imaginaba que estuvieras saliendo con una profesora- matizó Misao, mirándolo.

- Porque no vivíamos juntos. Si no, se hubiera enterado al segundo día- bromeó el chico.

- No quiero marcharme. No quiero irme de aquí. No quiero separarme de él.

Misao no había soportado más la presión y, después de mucho dudarlo, decidió acudir a quien mejor podía conocerla después de Aoshi. Naturalmente, Sanosuke obvió que ya conocía su secreto casi desde el mismo instante en que naciera.

Los minutos parecían horas y Misao creyó que Aoshi tardaría una eternidad en llegar, aunque, en cierto modo, lo deseaba. ¿Qué podía decirle? ¿Cómo podían explicar a Tokio algo que se negaría en rotundo a aceptar? Tantos planes, tanto tiempo, tantas excusas para nada. No había manera de hacerla entrar en razón, por mucho que ambos se lo hubieran propuesto.

Justo en ese momento, alguien llamó a la puerta.

- Está abierta- aclaró Sanosuke, levantándose y poniéndose en pie- Hola, Aoshi.

- ¿Qué ha pasado?- preguntó Aoshi, más serio de lo normal, alternando la mirada entre su hermano y su novia.

- Os dejo a solas. Tengo que ir a buscar a Megumi- se despidió Sanosuke, echando una significativa mirada al mayor.

Nada más salir por la puerta, Aoshi se acercó a Misao cn calma. La chica había dejado de llorar, pero tenía los brillantes ojos verdes aún enrojecidos y húmedos y, a juzgar por la expresión que tenía, el llanto no tardaría en volver.

- ¿Qué ha pasado, Misao?- preguntó él, completamente preocupado. La pequeña no contestó, sino que se quedó mirando a la nada, sin decir palabra- Misao, ¿qué ha pasado?- al no obtener ninguna respuesta de nuevo, Aoshi la agarró por los hombros, la obligó a mirarlo y la zarandeó- ¿Qué ha pasado?- repitió, perdiendo la calma.

Entonces, los ojos de Misao se llenaron de nuevo de lágrimas.

- Lo sabe. Mi madre lo ha descubierto... y quiere que nos volvamos a Kyoto.

Era extraño. Hacía tiempo que Aoshi no se sentía así al recibir una noticia. Nada más escuchar aquellas palabras, el joven sintió que su corazón se comprimía cada vez más, hasta hacerse añicos. La última vez que sintió algo parecido fue cuando le anunciaron la muerte de su madre, aunque no recordaba que el dolor fuese tan intenso.

Estaba paralizado. No veía, ni oía nada; sólo sentía la cabeza de Misao contra su pecho, con la respiración alborotada a causa de las lágrimas y las manos apretándole la espalda fuertemente. Era como si el mundo se hubiese paralizado. Pero no podía permitírselo; no podía quedarse sin hacer nada. Tenía que despertarse.

- Misao...- comenzó a decir, recuperando la consciencia, aunque la chica no contestara- Misao... ¡Misao!- gritó, sujetándole la cara con las manos y obligándola a mirarle a los ojos- Misao, escúchame. ¿Cuándo ha pasado eso?

- Es... Esta mañana- tartamudeó la chica- Me ha dicho que... que ya lo sabía y que quería que nos volviéramos. Pero... pero yo no quiero irme, Aoshi. No quiero...

Él tampoco quería. Ni lo iba a permitir.

- Venga, nos vamos.

- ¿Qué?- se sorprendió la pequeña- ¿A dónde?

- A casa- contestó él- Vamos a hablar con nuestros padres y a explicarles lo que ha pasado.

- Pero... ¡¿pero qué estás diciendo?! ¡Mi madre se ha puesto como una loca, es imposible que...!

- Si vamos los dos no tendrán más remedio que escucharnos.

- Aoshi, no creo que...

- ¿Me quieres?- preguntó él, sorprendiendo aún más a la chica.

- Pu... Pues claro que sí.

- Yo también a ti, por eso no nos queda más remedio que hablar con ellos. Vamos- le tendió la mano- Tranquila, no pasará nada. No pienso dejarte.

Después de mirarlo atentamente con una expresión de confusión, aunque habiéndose tranquilizado, Misao le agarró la mano con fuerza y la pareja salió de la casa, esperando y deseando que todo saliera bien.

---- Cuatro hermanos ----

La cena transcurrió con tranquilidad, aunque había cierta tensión en el ambiente; la pareja mantenía conversaciones banales y Saito pudo notar que ella estaba preocupada. Había algo que quería decirle y no tardaría en hacerlo.

- Bueno, ¿vas a decirme de una vez lo que te pasa por la cabeza?- soltó Saito, al final de la cena, sin poder contenerse por más tiempo.

- Directo al grano, ¿eh? Como siempre- bromeó Tokio- Aunque seguramente sea mejor ser tan directo...- la mujer se puso seria- Verás, Saito... he estado pensando y... la verdad es que no sé cómo decirte esto, pero... creo que voy a volver a Kyoto con Misao.

Saito cerró los ojos y, sin esperar más, sacó un cigarrillo del paquete. Sabía que estaba en la zona de no fumadores del restaurante, pero le daba exactamente igual; necesitaba calmarse. Necesitaba algo que le relajara después de escuchar a la mujer de su vida diciéndole que quería acabar su relación con él.

- ¿Y puedo saber cómo se llama el otro?

- ¿Qué otro?- preguntó Tokio, sorprendida.

- El gilipollas al que te estás tirando- escupió Saito. Estaba herido e insultar era su forma de demostrarlo, pues sabía perfectamente que no le engañaba.

- Imbécil. No estoy con nadie más y lo sabes.

- Entonces explícame por qué coño te ha dado ahora por volverte a Kyoto, porque no lo entiendo.

- No estoy a gusto- mintió ella- y Misao tampoco. Pensaba que este cambio nos sentaría bien, pero me equivocaba. Esto no era como me lo había imaginado. Lo siento.

Aunque resultara casi imperceptible a la vista, Tokio notó que las manos de Saito temblaban, lo que le dificultaba aún más las cosas. Jamás había hecho algo tan difícil como lo que estaba haciendo, ni siquiera mudarse de ciudad y no sabía si aguantaría el temblor de su voz durante mucho más tiempo.

- ¿Y cuándo te marchas?- preguntó Saito. No sabía qué decirle; deseaba gritarle todo lo que pensaba realmente de ella, decirle que lo estaba destrozando, pero el orgullo Shinomori se lo impidió. En su lugar, formuló aquella estúpida pregunta.

- En menos de una semana- confesó ella, sin levantar la vista.

- Lo tienes todo pensado, ¿eh? Muy bien.

- Disculpe, señor- se acercó el camarero, educadamente- no se puede fumar en esta zona.

- Nos marchamos ya, no se preocupe- contestó Saito, apagando el cigarro y levantándose, sin mirar a su mujer a los ojos.

Ella le obedeció, sin media palabra, mientras caminaba hacia el coche. ¿Por qué estaba haciendo aquello? ¿Por qué estaba destruyendo algo que tanto le había costado crear y que tanto amaba? Por su hija. Ni más ni menos que por ella y, precisamente por eso, no quería contarle a Saito el verdadero motivo de su marcha. Ése sería su regalo de despedida.

---- Cuatro hermanos ----

Aoshi y Misao llevaban un tiempo en el salón, esperando. Irónicamente, el único día en el que habían tenido verdaderos deseos de hablar con sus padres, ellos llegaban tarde. Ni siquiera Kaoru había llegado a casa aún y la espera se les estaba haciendo eterna.

- ¿Qué crees que dirán?- consiguió decir Misao, después de haber tardado horas en tranquilizarse.

- No lo sé. Ni siquiera sé si quiero saberlo.

- No me dejarás, ¿verdad? Pase lo que pase seguiremos juntos, ¿no?- soltó la chica, clavando su preciosa y temblorosa mirada esmeralda sobre él. Aoshi tragó saliva; ¿desde cuándo era tan guapa? Siempre le había llamado la atención físicamente, pero la pequeña parecía haber embellecido aún más y él no se había dado cuenta.

- Ya te he dicho que te quiero- la tranquilizó él. No sabía si aquella confesión le serviría, pero era cuanto podía decir en aquel momento.

Nada más acabar aquella frase, la puerta se abrió y los corazones de los hermanos dieron un vuelco. Al ver a sus padres, la pareja se puso en pie, temblando, aunque ninguno de los cuatro fue capaz de saludar primero. Sin embargo, la madre de Misao parecía estar mucho más nerviosa que los demás.

- Vete a tu habitación, Misao- ordenó Tokio, mirando a todos lados menos a los ojos de su hija.

- No, mamá. Tenemos que hablar con vosotros- contestó su hija, consiguiendo que su madre la mirara, enfurecida. Sin embargo, la pequeña no iba a achantarse; estaba dispuesta a llegar a donde hiciera falta y quería que su madre lo supiera.

- ¿Por qué no?- intervino Saito, empeorando las cosas- Tengamos una última conversación familiar antes de que os marchéis.

- De eso precisamente queríamos hablaros- añadió Aoshi. Entonces, armándose de todo el valor que tenía, el mayor de los Shinomori agarró a su novia firmemente por el hombro y continuó con su explicación- Quiero formalizar mi relación con Misao.

Durante unos instantes que parecieron horas, los progenitores reaccionaron de manera diferente; mientras que Tokio ahogaba un grito, tapándose la mano con la boca y entrecerrando los ojos, Saito se quedó perplejo, mirando a su hijo, sin cambiar la expresión.

- ¿Qué has dicho?

- Lo que has oído- respondió Aoshi- Misao y yo tenemos una relación y queremos formalizarla. Simplemente eso.

Los acontecimientos sucedieron en cuestión de segundos. Casi sin pensarlo, Saito apartó a Misao de golpe y arremetió contra su hijo y le asestó un puñetazo en la cara, tirándolo al suelo y consiguiendo que su labio sangrara. Lo había entendido. Por fin las piezas del rompecabezas casaban unas con otras. Le había parecido raro que fuese a Aoshi el primero en socorrer a Misao, le había extrañado que su hijo, el alumno perfecto y amante estricto de las reglas, pasara la Nochebuena con su hermana, en vez de estudiar. Y, finalmente, le había sorprendido que Aoshi decidiera por su propio pie ir a un viaje, sin más compañía que Misao. No obstante, por mucho que le hubiera extrañado todo aquello, jamás se hubiera imaginado que Aoshi hubiera podido llegar hasta ese punto. O, mejor dicho, no había querido creérselo.

- ¡Vale ya, Saito!- gritó Tokio, alejándolo de Aoshi y obligándole a mirarla a los ojos.

- Tokio...

- Ahora lo entiendes, ¿no? Pues ya está, no podemos hacer otra cosa- confesó Tokio, haciéndole entender su postura al policía.

- Ya veo... Bien, lo entiendo- contestó él, bastante tranquilo, subiendo las escaleras. Entonces se dirigió a su hijo, sin mirarlo- Mañana te quiero fuera de esta casa. Para siempre.

Fin del capítulo 21

¡Hola! Una vez más, perdonadme el retraso! Pero estaba muy falta de inspiración y, la verdad, esta última parte me está costando un montón! Además tenía un montón de ideas en la cabeza y no sabía cuáles coger y cuáles no... pero bueno, al final me he decantado por la estructura que mñas cuadraba con las personalidades de los personajes, así que espero que os haya gustado el resultado. Y bien, qué os ha parecido? Vaya genio que gasta Saito! Aunque hay que entenderlo; no tiene que ser fácil digerir que su hijo mayor, el más estable de la familia, esté saliendo con su hijastra que, además, es menor de edad. Supongo que tampoco habrá querido decir en serio lo que ha dicho o hecho, pero se ha dejado llevar. Y en cuanto a Tokio, supongo que su reacción también es comprensible; no tiene que ser fácil llevar una situación así.

Y espero que os haya gustado cómo han actuado nuestros Romeo y Julieta particulares. Tenía pensado hacer que rompieran, pero sería darle la misma vuelta de tuerca a la relación y ya era hora de que hicieran frente a la situación, aunque, por ahora, el remedio sea peor que la enfermedad. En cualquier caso, esperemos que Kaory y Sanosuke echen una mano. Un beso!

Por cierto, es probable que revise el cap 20, así que no os asustéis si un día lo releéis y lo encontráis cambiado XD!

yuki Ironhand: hola! Jajaja, pues sí, sí que han vuelto; aunque claro, también han vuelto los problemas! XD. Espero que te haya gustado «el calentón»; la verdad es que me parecía ya el momento propicio para la escena, sobre todo teniendo en cuenta lo que ha pasado en este capítulo. Bueno, al parecer Misao se ha comportado con madurez. La verdad es que tenía bastantes ganas de poner el cambio de Misao, que ya está mucho más cerca de ser una adulta que una niña, así que pensé que la reacción sería la oportuna. Bueno, ya me dirás qué te ha parecido el cap. Un beso!

HANNIA: hola! Bueno, al parecer sí que he tardado en subir el capítulo, pero espero que el contenido haya compensado! XD. Ya me dirás qué te ha parecido el capítulo, porque ha estado intenso. Un beso!

gabyhyatt: hola! Bueno, espero tener la oportunidad de volver a poner a un Aoshi apasionado en otro momento XD. Y en cuanto a Misao y Tokio... la verdad es que por ahora las cosas no pintan muy bien; pero bueno, ya sabemos que el amor lo puede todo. Un beso!

Verito-Makimashi: hola! Feliz Año a ti también! Sí, desde el incidente con Shishio estaba claro que Okina algo se olía y, después de todo, quiere a Misao, así que es normal que acepte al chico que ella ha elegido. Aunque por otro lado está la postura de Tokio, que es bastante comprensible, teniendo en cuenta que es su madre y que Misao y Aoshi viven puerta con puerta. Esperemos que la pareja les haga comprender pronto que se quieren de verdad y que Kaoru lo acepte también, porque ta tienen bastantes problemas sólo con los padres! XD. Espero no tardar mucho en subir el próximo cap. Un beso!

shi no hime: hola! Jajaja, no me imaginaba que sorprendiera tanto que lo hicieran.. bueno, un poco sí XD. Pero bueno, creí que era el momento más adecuado, más que nada porque quería que dieran ese paso antes de enfrentarse a sus padres. Así, la relación está más completa. Muchas gracias por el review y un beso!

Misari: hola! Feliz Año a ti también! Muchas gracias por el apoyo y sí, ahora que Misao ha encontrado buenas razones para quedarse, Tokio decide marcharse... pero bueno, está visto que Misao no se lo va a poner nada fácil. Un beso!

mayi: hola! La verdad es que cuando vi tus reviews me puse las pilas para escribir, pero estaba súper bloqueada! Lo siento! Pero bueno, espero que este capítulo haya compensado toda la espera y también espero no tardar con el siguiente, a ver si no se me va la inspiración XD. Muchas gracias por el review y un beso!

kaoruchan17: hola! Vaya, qué ilusión que hayas vuelto a fanfiction y que te haya gustado la historia! Bueno, me he retrasado bastante en subir el cap 21, pero espero que lo hayas disfrutado igual que los otros veinte. Un beso!

Yuna Lockheart: hola! Gracias por el review! Sí, al principio no sabía a quién poner como padre de los tres, pero supongo que del grupo Saito es el que parece más «mayor», así que lo elegí a él XD. Aunque claro, había olvidado por completo que, en el manga original, Kenshin tiene 30 años y Sanosuke 17... en fin, qué bien se conservan! Mmm, ahora que lo veo la escena de Kaoru y Kenshin está más elaborada, así que a lo mejor reviso la de Aoshi y Misao. Muchas gracias por comentar y espero que te haya gustado el cap. Un beso!