EL BEBÉ DE HELGA
Original: Helga's baby
Por: KatherineHowardRose
Traducción: Tsubasaglz
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Nota traductora: Un excelente fanfic que su idioma original se encuentra en inglés. La autora KatherineHowardRose me dio el permiso para poder traducir su trabajo, y espero poder hacer una buena traducción de sus Fics. Hey Arnold no me pertenece ni mucho menos y el Fic original (Helga's Baby) es de la autora KatherineHowardRose. Yo solo estoy haciendo labor de traducción =D Espero lo disfruten.
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Notas de la autora original: Me disculpo por el retrazo. Tuve que escribir algunas prácticas de capítulos antes de decidir hacia donde quería que fuera este capitulo. ¡Es difícil sacarlos de fiesta cuando Helga no puede beber! De cualquier forma, también he estado ocupada luchando con un dibujo que había querido hacer, pero no puedo hacerlo bien. Como sea, ¡Aquí esta el nuevo capitulo! Gracias a todos por su maravilloso apoyo, ¡es realmente increíble leer todos sus comentarios! Muchos de ustedes piden actualizaciones más rapidas y dicen que no puedo abandonar la historia, esos son los mejores cumplidos. ¡Gracias!
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CAPITULO 21
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Helga corrió hacia el armario y comenzó a buscar ropa. Arnold quitó la charola de en medio antes de que la derramara.
"¿Es esto necesario?" suspiró mientras ella continuaba desechando ropa y tirándola al piso.
"¡Sí!" se quejó Helga. "¡Este closet esta tan lleno que casi no puedo ver lo que estoy eligiendo!"
Arnold rodó los ojos. "¿Por qué no solo te vas como estas vestida?"
Ella se detuvo y se giró a verlo, tenía un suéter rosa en la mano. "¡Porque moriré sofocada con esto!" Hizo un gesto hacia su playera de manga larga morada y sus jeans. Helga regresó a buscar en el armario. "¡Aquí esta!"
Sus ojos se abrieron cuando vio que ella sostenía una minifalda rosa plateada. Se mordió el labio, por un lado, era Diciembre y estaba preocupado que ella se congelara, por el otro lado, se dijo a si mismo que se callara y espero porque ella se la pusiera de todas formas.
"¡Oooo Si!" gritó Helga cuando encontró el top que ella quería. Se quitó la ropa y se puso la falda con una camiseta sin mangas negra y rosa. Se miró en el espejo, levantando la ceja. "No… ¡esto se ve ridículo!"
Arnold tragó saliva y sus mejillas se calentaron cuando Helga se quitó la ropa interior verde que tenía puesta y la tiró al cesto de la ropa sucia. Fue hacia el armario, la falda no cubría mucho, él podía ver la parte baja de su trasero.
Ella levantó la mirada. "¿Qué estás haciendo allí parado? ¿Por qué no te estas cambiando?"
"Uh…." La miró. "p-porque ¿ya estoy vestido?"
Helga rodó los ojos y continuó buscando en su cajón de ropa interior. "Yo sé que tienes ropa para salir, ¡ve y póntela!"
"Uh, ¡Si, Helga!" Le dijo y fue hacia el destruido armario. Pretendió ver hacia el espacio oscuro, pero observó cómo Helga sacaba una tanga rosa y se la ponía. Bajó la falda un poco para que pudiera cubrir un poco más, pero el pequeño triangulo en la espada se asomó por arriba de la falda.
"¡Muévete, cabeza de balón!" lo quitó del camino. "Caramba, si no te ayudo ¡Estarás allí hasta navidad!"
Ella le aventó un par de jeans negros y lo ataco cuando encontró una camiseta sin mangas negra. Helga se la paso. "¡Ponte esto!"
Arnold se encogió. "¿En serio?"
"¿Tartamudee?" gruñó.
"Está bien…" suspiró. Helga comenzó a peinar su cabello en dos colitas esponjadas mientras lo veía a través del espejo. Luego se alejó un poco para maquillarse en el espejo.
"¿Estas segura de esto?" se quejó Arnold.
Helga se giró, cerrando su bolsa de maquillaje. Cuando lo vio con esa camisa ceñida mostrando su torso atlético, dejo caer la bolsa de maquillaje y sintió que las rodillas le fallaban. Sonrió. "¡Oh, Arnold!"
Él paso una mano por su cabello. No podía entender porque ella había querido que vistiera una camiseta de fondo sin nada arriba, se sentía extraño. "Y…. Uh… ¿Estamos listos?"
"Aja." Asintió, aun mirándolo. Arnold tomó su sudadera negra y se la puso. El rostro de Helga se mostraba decepcionado.
"¿Qué? ¡Hace frio afuera!" exclamó.
Helga hizo un puchero. "No te escucho decirme que me ponga un abrigo…"
Arnold se sonrojó y rodo los ojos. Agarro la hoodie negra de Helga y se la extendió. "Vamos, ponte tu abrigo…" murmuró.
"¿Esta mal que quiera verte sexy y que por eso posiblemente pases frio de vez en cuando?" Bromeó Helga mientras tomaba el suéter de las manos de él. "Vámonos."
Él la siguió hasta las escaleras del techo, con el trasero a su plena vista. Se sonrojó. Supongo que no me mataría… Después de todo, ella se viste para mí a veces…
Cuando llegaron al techo, Helga comenzó a temblar. El viento soplaba con nieve, haciéndolo aún más frio. Sus manos estaban rojas después de bajar por las escaleras de incendio, el frio metal les congeló las manos ya que ninguno llevaba guantes. Arnold abrazo a Helga para ayudarla a mantenerse caliente mientras caminaban hacia el autobús. Se mantuvieron parados por que la banca estaba cubierta con nieve. Después de unos cuantos minutos de temblar juntos, vieron a Gerald.
"¡Hey, chicos!" Los saludó. "¿Están listos?"
"Y, Geraldo," los dientes de Helga tiritearon. "¿C-como supiste de e-esto?"
Él se encogió de hombros. "Iggy es el infiltrado en esto."
El camión comenzó a avanzar y pagaron sus pasajes. Helga se acurrucó con Arnold, aún tenía frio.
"¿Quién más viene?" Arnold vio a Gerald sacar su teléfono y comenzar a mensajear.
"No mucha gente que conozcamos. La mayoría son chicos de universidad. Pero Sid estará allí y algunos de los compañeros. "Gerald sonrió a su teléfono. "No se preocupen, ese tipo de fiestas están por 'debajo" de chicas como Rhonda."
Se detuvieron cerca de la parte industrial de la ciudad. Helga se quedó cerca de los muchachos cuando un indigente se le quedó viendo desde un callejón. Las fabricas apestaban, estaban haciendo que sintiera nauseas.
"Nada de que preocuparse," sonrió Gerald. "Es por aquí…"
Él los guió hacia una vieja planta y tocó la puerta. Se abrió un poco y fuerte música los envolvió. Gerald guió el camino hacia unas destartaladas escaleras de metal. Arnold sostuvo fuertemente a Helga, asustado de que pudiera resbalar y lastimarse. Cuando alcanzaron el piso, pudieron ver una gran multitud de gente bailando. El DJ tenía una gran instalación, podían sentir el piso vibrar cuando se unieron a la multitud.
La música estaba demasiado fuerte para que pudieran platicar, pero le gustó a Helga. Agarró el ritmo y comenzó a bailar con Arnold. Todos estaban en su pequeño mundo, nadie hablaba, la gente se emparejaba y se separaba mientras el bajo corría arriba y abajo. Una chica con dulces se acercó, llevando paletas. Helga estiró el brazo para tomar una cuando Arnold la sostuvo de la mano. Él despachó a la chica lejos de ellos, sacó su celular y escribió. –Todos los dulces son LSD- y se lo mostró.
Los ojos de Helga se abrieron sorprendidos. Miró a su alrededor hacia los bailarines. Algunos sostenían botellas extrañas de píldoras cubiertas con estampas. Algunos otros tenían paletas en la boca, otros colocaban pedazos de papel o píldoras blancas en las bocas de otros. Volvió la vista hacia Arnold y él se encogió de hombros.
Estaba comenzando a hacer calor con todos los cuerpos saltando arriba y abajo, así que se quitaron las hoodies y se las amarraron a la cintura. Arnold comenzó a bailar de nuevo y Helga se le unió. No podía decir si su corazón palpitaba tan rápido por la música que la golpeaba o porque los músculos de Arnold brillaban por el sudor. De cualquier manera, se dejó llevar. Se olvidó de la escuela, de Lila, de su embarazo, solo quería seguir bailando. La adrenalina la sorprendió, poniendole la piel de gallina en una manera complaciente.
Arnold estaba mirando a Helga volverse loca, nunca la había visto abandonar su exterior rudo en público. Tenía gozo puro en el rostro mientras saltaba. Quería besarla, pero no quería arruinar el momento. Justo cuando la canción iba a llegar al momento cúspide, se cortó y la estática surcó el aire. Fue como si todos despertaran de su trance hacia una pesadilla. La gente comenzó a correr y gritar.
"¡Helga!" Arnold la tomó de la mano y la jaló cerca de él contra la estampida de bailarines.
"¿Qué está pasando?" gritó Helga sobre el ruido.
Gerald corrió hacia ellos. "¡Corran! ¡Policías! ¡Corran!" y les señaló hacia la puerta trasera.
Cortaron camino entre la multitud, Arnold tomaba la mano de Helga tan fuerte que los dedos de ella estaban rojos. Antes de que pudiera sacarla del camino, un chico vestido todo de morado y rosa tacleó a Helga, tirándola al piso. Él tipo no se detuvo, siguió corriendo hacia la salida.
"¡Helga!" gritó Arnold. No podía verla, había muchísimas personas. Los policías entraron por el frente, destellos de luz de sus linternas cortaron la oscuridad. Los gritos parecían una película frenética. Arnold sintió su corazón hundirse, pensando que Helga había sido pisoteada hasta la muerte, Gerald golpeó a otro bailarín hacia el piso mientras se hacía camino. Helga estaba en sus brazos.
"¡Vamos!" le gritó Gerald a Arnold. Los chicos corrieron y Arnold mantuvo la puerta abierta. Había chicos corriendo por todas partes y policías tratando de alcanzar a algunos. "¡Por aquí!" lo llamó Gerald sobre el hombro, guiándolos fuera de la locura.
"¿Helga está bien?" jadeó Arnold mientras corrían por el malecón.
Gerald apretó los dientes. "¡Preocupaciones… después!" le dolía el pecho de correr mientras cargaba el peso muerto de Helga.
Cuando alcanzaron la parada de autobús cercana al antiguo comedor, se recargaron en la banca cubierta de nieve. Los policías se darían por vencidos antes de llegar al final del malecón. Jadearon, el sudor evaporándose en el aire nocturno.
Gerald le entregó a Helga a Arnold. Se había desmayado. Le levantó la playera para revisarla del estómago por alguna señal de pisadas. Arnold la sostuvo contra sí. ¡Soy un estúpido! ¿Cómo pude dejar que esto pasara? ¿En que estaba pensando trayéndonos a una fiesta ilegal?
Cuando el autobús llegó, Gerald pagó por el pasaje de los tres, ya que las manos de Arnold estaban llenas. Se sentaron en unos espacios vacíos. Frente a ellos un par de tipos se pasaban entre ellos un fuerte alcohol en una bolsa de papel. Helga abrió los ojos y gimió.
"¡Helga!" Arnold la apretó, estaba tan feliz. La mano de Helga voló hacia su boca. Arnold relajó el abrazo. "Oh… lo siento."
Helga tragó saliva y respiró profundamente varias veces, el olor a whiskey barato y el palpitar de su cabeza estaban haciendo que se sintiera mareada.
Arnold la deslizó hacia el asiento de autobús al lado del de él, en medió de él y de Gerald. La miró a los ojos, no se veían vidriosos. "Helga, ¿estás bien?"
"¿Dónde estamos?" se sobó la cabeza.
"Estamos en el autobús, camino a casa." Arnold observó su rostro, esperando no hubiera ningún moretón. "¿Te sientes confundida?" ¡Oh Dios! ¡Espero que ella no tenga amnesia de nuevo! "¿Sabes quién soy yo?"
Helga frunció el ceño. "Eres el padre de mi hijo ¡y no te atrevas a olvidarlo!" le soltó.
Arnold rió. "¡Oh bien!" suspiró. "No quiero tener que explicarte el concepto del embarazo."
"¿De que estas hablando?" Helga se cruzó de brazos.
Gerald le dio un ligero codazo. "Chocaste contra un chico de los dulces y te pegaste en la cabeza contra el piso de concreto." Le sonrió. "Pero no te preocupes, Yo te salve antes de que cualquiera pudiera haberte convertido en pudin de sangre."
Arnold lo miró. Aún estaba lleno de adrenalina por temer por la vida de Helga y correr lejos de la policía. "¡Yo traté de salvarla! ¡No es mi culpa que no pudiera alcanzarla!" Tanto Gerald como Helga miraron sorprendidos a Arnold. Estaba temblando y las manos cerradas formando puños.
Gerald levantó sus manos a la defensiva. "L-lo sé, hombre… está bien… ¿para qué son los amigos?"
Helga saltó cuando Arnold la tomó y la volvió a sentar en sus piernas. "¡Ella es mi chica! ¡Tú tienes la tuya!"
"Uh… ajá…" Gerald asintió, nunca había visto a Arnold tan afectado. "Pienso que debes de calmarte, hermano…"
"¡Estoy calmado!" gritó Arnold.
Viajaron en el autobús en silencio. Helga estaba incomoda, se le estaba durmiendo la pierna. Arnold miraba directamente al frente y Gerald miraba deliberadamente por la ventana. Cuando llegaron a la parada, se bajaron del autobús y Arnold bajo finalmente a Helga. Ella golpeó su pierna, tratando de que la sangre fluyera.
Arnold pateó una pila de nieve. "Yo… Yo lo siento… eso no fue genial…"
Gerald lo golpeó con el puño en el hombro. "No, eres un gran idiota." Sonrió. "Pero fue divertido verte actuar como un hombre por una vez."
Arnold rodó los ojos. Hicieron su saludo de manos y comenzaron a caminar, con Helga cojeando. Arnold notó su extraño comportamiento y se sobó el brazo. "¿Estas bien, Helga?"
"¡Estoy bien!" dijo. "¡Solo estoy ocupada pretendiendo ser una lisiada!"
Él se arrodillo. "Súbete."
Ella subió a su espalda y él la cargó. Helga rió y luego le agarró el cabello como cuando fingió estar ciega. "¡Arre!"
"¡Auch! ¡Helga!" Arnold se encogió mientras ella se divertía a su costa. "En serio, pensé que estabas ya grande para este tipo de cosas…"
"¿Pataki actuando como un adulto?" Se burló Gerald. "Ese será EL día."
"¿Por qué no hacemos esto más seguido?" Dijo riendo Helga.
Arnold rodó los ojos mientras se esforzaba por aferrarse ya que Helga lo estaba pateando con las piernas. "¡Helga, por favor! ¡No soy un poni!"
Gerald se rió. Helga fingió un puchero. "Pero… tu eres mi poni…"
Él suspiró y trató de ignorar a los otros dos. Gerald se dirigió hacia su casa. Arnold caminó hacia la Casa de Huéspedes. Eran cerca de la una de la mañana, así que probablemente no se encontrarían con nadie en el pasillo.
"Vas a hacer que te cargue hasta la cama, ¿verdad?" Dijo mientras se las arreglaba para abrir la puerta sin dejarla caer.
"¿Puedes?" le respondió con una patada.
"Si, solo por favor deja de patear." Dijo con una mueca.
Helga se quedó quieta mientras la llevaba cargando por las escaleras hasta su recamara. La depositó en la cama y se sentó en la silla de la computadora para estirar la espalda.
"¿Realmente te duele mucho?" La emoción había desaparecido de su voz, sintiéndose mal por haberse aprovechado de él.
El negó con la cabeza. "Estaré bien."
Helga se levantó de la cama y fue hasta él. Él se estaba quitando los zapatos, cuando se sentó de nuevo, ella le puso las manos sobre los hombros, forzándolo a mantenerse sentado. Le besó la cabeza y comenzó a masajearle los hombros, había leído sobre los puntos de presión que ayudaban a aliviar el estrés cuando aún vivía en casa. Arnold se sintió como mantequilla en sus manos mientras ella quitaba la tensión de su espalda.
"¿Dónde aprendiste a hacer eso?" la voz de Arnold sonaba despacio y somnolienta, tenía una sonrisa enorme en el rostro.
Helga se encogió de hombros y se sentó de nuevo en la cama. Arnold se sentó junto a ella mientras ella aventaba sus zapatos.
"Estaba tan asustado cuando te desmayaste." Le murmuró.
Ella asintió. "Está bien… no te sientas mal." Puso su mano en la pierna de él.
Arnold negó con la cabeza. "¡Me siento tan estúpido!"
Helga puso los brazos a su alrededor. "No, solo entraste en pánico. Estoy en una sola pieza y no estoy lastimada. Eso es lo que cuenta." Lo besó en la mejilla.
Él asintió. "Solo me siento estúpido por no ser más cuidadoso." Se giró a mirarla. "Ahora tengo mucho que perder."
Sonrieron y se besaron. Arnold le hizo el fleco hacia atrás y le besó la frente.
"Vamos a dormir un poco." Se levantó y se quitó la playera. "Estoy seguro que Osito de goma está cansado por tanta emoción."
Helga rió tontamente. "Probablemente, ¡Sé que yo lo estoy!"
Arnold vio a Helga hurgar en su ropero por alguna de sus camisetas. Se quitó su ropa y se puso la camiseta. Él suspiro. Tengo mucho que perder ahora…
Helga lo vio de manera graciosa. "¿Qué?"
Él sonrió mientras se metía en la cama y le daba unas palmadas para que se le uniera. "Nada. Solo pensaba en ti."
Ella subió a la cama y se acurrucó junto a él. "Bueno, soy realmente genial."
Arnold la abrazó. "Si, si lo eres."
