Capítulo 9: Absolución y líneas borrosas
Parte 1. ¿Qué más hay que perder si ya lo has perdido todo?
Hermione miraba fijamente.
No a nada en particular, estaba sentada en el sillón de su patio y estaba observando el lago. Supuestamente hacía frío, pero Hermione no podía sentirlo. No sentía nada, nada en absoluto.
El viento soplaba cosa que movía su pelo desordenado hacia su cara, ella con calma lo devolvía detrás de las orejas. Sus ojos se fijaron en una bandada de pájaros y su mente empezó a vagar. Se preguntó cómo sería la vida para un pájaro, pero inmediatamente dejó de pensarlo. En su vida había recuerdos agradables, recuerdos que no cambiaría por nada en el mundo, recuerdos a los que se aferraba mientras miraba fijamente al horizonte.
Le revolvió el pelo rebelde marrón, pasando suavemente sus dedos a través de éste. Su cabello siempre se sentía tan suave como parecía y aunque él se movió ligeramente, ella no podía dejar de tocarlo por última vez antes de levantarse de la pequeña cama.
Antes de irse de la habitación, sus labios se curvaron, sonriendo al niño dormido en la cama.
Había sido un largo día para los dos, pero había valido la pena el dolor que habían soportado durante tanto tiempo. La guerra finalmente se había terminado y habían ganado. No se lo podía creer. Habían ganado.
Ahora ya podía respirar.
Hermione cerró los ojos y escuchó.
Se sentó con los ojos cerrados y los oídos abiertos, escuchando al mundo que la rodeaba. Podía oír el aullido del viento, pájaros graznando y el crepitar de las ramas. Hermione también podía oír los sonidos del agua cuando los pájaros la tocaban para conquistar a su comida. Incluso podía escuchar su propio latido de corazón.
Pero más que nada lo que escuchaba era la voz de Ron la noche de su pelea… la noche en que lo dejó.
"¿No ves lo que me estás haciendo?" La voz de Ron se rompió.
"Lo siento," sus hombros temblaban mientras sollozaba entrecortadamente, "espero que algún día me perdones. Espero que algún día entiendas que mi intención no era hacerte daña… nunca he querido hacerte daño."
Y entonces utilizó el resto de su fuerza para aparecerse de la habitación.
Destino, determinación, deliberación.
A veces, Hermione deseaba estar sorda. Así, no podría escuchar los rumores que rodeaban su nombre, ni las cosas que otras personas susurraban cuando pensaban que ella no estaba escuchando.
Si fuera sorda, no hubiera escuchado la agonía en su voz.
"Pero, yo te amo, Hermione," su voz sonaba con pánico, lágrimas de angustia le llenaban los ojos.
"Lo siento."
"¿Qué quieres decir? Después de todo lo que hemos pasado, no puedes decir sólo eso, Hermione."
"Puedo y lo acabo de hacer. Siento mucho haberte de hacer daño."
Y Hermione anhelaba.
Se sentó en su silla, con los ojos abiertos y los oídos bien cerrados. Echaba de menos la comodidad; que alguien lo pusiera los brazos alrededor y le dijera: "Todo va a estar bien, Hermione," y lo echaba realmente de menos. No importaba cuantas veces lo dijera en su cabeza, no se creía sus propias palabras. Anhelaba la paz, un hombro en donde apoyarse, una mano para sostener. No le importaba de donde venía o qué estipulaciones, en ese momento realmente pagaría por tener compañía.
Hermione anhelaba algo mejor. Por ese día en que todo finalmente se solucionara y que respirar no doliera tanto.
La puesta de sol ya estaba terminada cuando llegó con un ramo de flores y un corazón pesado y roto.
El servicio privado se llevó a cabo ese mismo día y ella no se atrevía a llorar frente a las otras tres personas que estaban a su lado, vestidas completamente de negro.
Contuvo las lágrimas mientras se levantaba sobre el ataúd y miró hacia abajo, él no parecía muerto, sólo parecía dormido. Ella mantuvo el control sobre su voz cuando dio el elogio a la pequeña audiencia, cuando la niñera pidió hablar, Hermione amablemente se negó. Nadie lo conocía como ella. Nadie.
Hermione se sentó en silencio durante el trayecto hasta el cementerio, mirando por la ventada y luchando contra el impulso de no hechizar al conductor muggle que intentaba animarla. Su vida había terminado, su orgullo y alegría de los últimos cuatro años estaba muerto, y él quería contar chistes de mierda. Era todo lo que podía hacer para no romperse.
Se quedó allí mientras el sacerdote pronunciaba las famosas líneas, "Cenizas a las cenizas, polvo al polvo…" Ella besó al ataúd caoba con suavidad después de depositar una rosa en la parte superior, murmurando, "Ya te extraño, Matthew."
Y, ella mantuvo la compostura mientras se alejaba.
Pero, estaba de vuelta. Menos de siete horas más tarde, estaba de vuelta y sentada en su lápida. Sus dedos trazaban las líneas de la lápida. Matthew Granger. La tierra aún estaba suelta y si cerraba los ojos lo suficiente, ella todavía lo podía oír, sentirlo, pero esa sensación no aliviaba el dolor que sentía.
Nada podía aliviarlo.
Más que nada, ella los quería a todos de nuevo: a sus padres y a su hijo. Quería que todo volviera a la normalidad y quería saber que no estaba sola. Quería saber que la muerte no era el final y que había algo más por ahí. Quería saber si todos sabían cuanto lo sentía y quería saber si sus almas estaban en paz. Quería saber si tenía una razón para vivir más allá de esa hora, ese minuto, ese segundo. Quería saber si su corazón jamás iba a volver a doler tanto como lo hizo en ese momento.
Pero el momento de imaginación y deseo había ido y venido, dejando a su paso oscuridad.
Los únicos sonidos que se oían en el cementerio eran, mientras el sol se hundía en el horizonte, los sollozos de una mujer desesperada que había perdido su camino y su todo.
Y ese recuerdo le dolió a Hermione.
Le dolía tanto que la cabeza le daba vueltas. Le dolía porque sabía la verdad. Le dolía porque había perdido mucho en su corta vida. Había perdido a sus padres, sus amigos, su identidad, su casa y su hijo. Todo eso era una carga demasiado grande para llevarla sola.
Se sentía como si estuviera destinada a ser odiada por todas las mentiras que había dicho. Se sentía como si estuviera destinada a ser digna de lástima. Como si estuviera destinada a estar sola y vacía. Y cada acción violenta y cada mirada condescendiente era un corte a través de ella, otra herioda en la que esconderse detrás de su silencio. Cada recuerdo, cada punzada de culpa, cada momento de cada día devastaba su espíritu. Era duro. Se estaba haciendo cada vez más difícil ocultar ese tipo de dolor ante todo el mundo, ahora que estaba de vuelta a Londres.
"¿Estás bien?" Preguntó Pansy, una vez se sentaron a la mesa.
Hermione la miró miserablemente, aun estando horriblemente avergonzada, "todo lo bien que espero estar."
"No dejes que te afecte Potter, Hermione. Él no lo sabe… ninguno de ellos sabe nada."
"Y no es culpa de nadie, excepto mía."
Ella comenzó a gritar, en silencio.
Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras la cabeza le daba vueltas. Gritó internamente para que alguien la oyera, pero nadie lo hizo. Hermione había estado gritando tan fuerte por tanto tiempo que no creía que pudiera hacerlo más. Quería ser escuchada, necesitaba saber que alguien la estaba escuchando y que alguien se preocupaba. Sí, estaba pidiendo ayuda, gritando por ella, pero estaba gritando en silencio porque sabía que no debía hacerlo en voz alta.
"Si te quedas así, Hermione, vas a perder la razón."
Se quedó mirando la pared en blanco, sin parpadear, mirando fijamente, y agarrando el marco de la imagen en su pecho como si fuera el tesoro más importante que tenía. Y así era. "¿Perder la razón? ¿Crees que me importa?"
Su voz era suplicante. "Her–"
"Pansy, dime," miró al a bruja con los ojos llorosos, "¿Qué más se puede perder si ya lo has perdido todo?"
Los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas y empezó a llorar.
Sollozó porque sabía que nadie la oía, porque el dolor que sentía era tan intenso que a veces le daba ganas de caer muerta. El dolor que sentía, no había palabras para poder expresarlo. Había desperdiciado tantas lágrimas; tantos sollozos tan suaves como fuertes. Era su catarsis imperfecta, su liberación, y la única cosa que la destrozaba. Hermione necesitaba llorar. Era la única prueba que tenía de que eso era real, la única manera de saber que aún era Hermione.
"Has sido un muerto viviente durante días, mi terapeuta–"
"No me importa tu terapeuta," le espetó con amargura.
"Hermione," suspiró.
"Pansy," dijo Hermione en tono burlón, pero había un vacío en su voz.
"No se puede vivir la vida de esta manera. No se puede vivir la vida aferrándote en todo. Ni una sola vez has llorado, Hermione. Ni una sola vez. Yo lloro por la gente que he perdido todo el tiempo, hace que –"
Hermione desconectó.
Por la noche, Hermione rezó.
No estaba muy segura de cómo hacerlo, pero abrió la boca y rezó para que alguien finalmente le diera la mano y la sacara de todo el infierno que estaba viviendo.
Era la única cosa por la que rezó cuando sus ojos se cerraron firmemente y las lágrimas se empezaron a derramar.
Hermione quería que alguien la enseñara a sentir de nuevo. Quería la redención y el perdón para que pudiera perdonarse a sí misma y liberar parte de la culpa en la que se había aferrado durante tanto tiempo. Quería dormir decentemente por la noche. Quería compasión y comprensión, quería sonreír a su pasado y no llorar por él, quería ser honesta con todos, incluyéndose a ella misma, y quería sentir todas las cosas y emociones que había olvidado en el camino.
Sí, entonces ella estaría bien.
Entonces podría mirar hacia atrás en su pasado y no ser perseguida.
Podría tener finalmente la paz que tanto anhelaba.
Sola la idea de tener esa paz la llenó y la hizo sentir más esperanzada de lo que se había sentido en semanas.
"Me pregunto dónde se habrá escapado ese pequeño y lindo Matthew," Hermione preguntó a la habitación "vacía" en voz bastante alta, mientras colocaba las manos en sus caderas. Sabía que a él le encantaba que ella pusiera dramatismo y se dio cuenta que a ella también le encantaba. Después de su desayuno de panqueques con chipas de chocolate – una delicia para las mañanas de los sábados – le dijo que habían de vestirse para ir al médico para su tratamiento. Como siempre, era un poco reticente.
Hermione se había girado de espaldas y cuando se dio la vuelta, él se había ido y ella sabía exactamente dónde estaba.
Jugar, pensó, era el modo con el que Matthew conseguía liberar su ansiedad antes de su visita al médico. Era mejor eso que las rabietas que había tenido el año pasado.
Hubo un pequeño chillido debajo de las sábanas de la cama sin hacer.
Inocentemente, le habló a la habitación, "¿Estará en el armario?" Echó un vistazo al armario. "No, no lo está. Me pregunto dónde estará," dijo ella con voz cantarina.
Otro chillido.
Sonriendo, ella se deslizó a través de la habitación hacia la cama, "¿Está debajo de la cama?" Hermione se puso de rodillas y miró debajo de la cama, "No, él no está allí. Oh, ¿Dónde está?" suspiró dramáticamente.
Hermione trató de no reírse del niño de tres años de edad, que soltaba una risita ahogada mientras se balanceaba bajo las sábanas. Era horrible con todo lo que implicaba la clandestinidad. Él era un manojo de energía constante, tanto era así que casi no podía permanecer quieto y en silencio durante demasiado tiempo. Bueno, excepto por los primeros tres días después de su tratamiento, pero después estaba de regreso a la normalidad.
Ella sacudió la cabeza, tratando con todas sus fuerzas de reírse de su intento de permanecer quieto.
"¿Estará en el cajón?", no tuvo que llegar a mirarlo porque el niño en cuestión salió de debajo las sábanas, con los ojos chispeantes, su pijama de superhéroes, el pelo desordenado, los dedos pegajosos.
"¡Aquí, mamá, aquí!" y saltó a sus brazos abiertos.
Riendo, Hermione lo abrazó, enterrando sus dedos en su cabello mientras se aferraba a ella con fuerza. Ella estaba familiarizada con sus duros apretones. Siempre odiaba ver cuando se iba por las mañanas y como se excitaba de alegría cuando ella regresaba por la noche, con sus asfixiantes abrazos y besos pegajosos que ella tanto adoraba. Él era su corazón, su alma, su orgullo, su alegría y la razón por la que vivía cada día.
Matthew Caleb Granger lo era todo.
Con un sobresalto, se levantó a si misma de la silla, sintiéndose mejor de que lo había hecho en meses y miró a su reloj.
24.45
Hermione corrió hacia el interior para vestirse.
No iba a sentarse en un día como ese.
Ya era hora de cambiar.
Disclaimer: Nada me pertenece, ni la historia de Harry Potter ni la historia de Broken, ésta última es propiedad de inadaze22, y Harry Potter de Rowling, sin duda.
¡Gracias por seguir leyendo a pesar de mi inconstancia!
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