La vista desde el árbol era hermosa, el cielo estaba pintado por colores cálidos y fríos, azul, violeta, rosa, naranja cubrían el cielo del atardecer.

Lía se veía a tono con aquel lugar, de colores fuertes y llamativos, el color rojo de un intenso color de rosa roja, los ojos tan azules como el mar y eléctricos como un rayo.

Desde que la había conocido a Mikey siempre le había parecido que Lía era fuerte por ella misma, no solo para sus amigos y su familia. Mikey sabía- de algún modo- que ella era fuerte por ella, no por nadie más. Aun con sus diferencias él había comparado a Lía con Leo.

Ahora sabía que ella era mucho más noble y protectora que Leo, en aquel silencio de naturaleza e instinto Mikey vio que Lía no era como Leo que se pasaba largas horas meditando sino que ella prefería el silencio para calmarse y encontrar la salida rápida para un poco de dolor.

-Te preguntaría como me encontraste pero creo saber la respuesta-dijo sonriéndole de manera descarada.

-Solo seguí lo que me dictaba el destrozado corazón que ambos compartimos- replicó.

Lía lo miró y luego miró al árbol. Parecía...Mayor.

-Supongo que los que somos nada más que un puñado de pedazos rotos podemos encontrarnos entre nosotros- opinó- Este árbol…Me ayuda a pensar y me recuerda a que poseo libertad, me recuerda lo que soy.

Mikey supo a lo que se refería y no pudo estar en desacuerdo. Había palabras más allá del entendimiento.

Además Mikey no podía decir que él fuera mejor, sus hermanos…lo habían roto de una manera aún más dolorosa que Destructor.

-Quizás- dijo pensando sus palabras de corazón- En algún punto todos necesitamos un pequeño respiro.

-Si quieres respirar ahora puedes hacerlo aquí- replicó Lía- Solo nosotros.

-Un puñado de pedazos- remcarcó Mikey.

Ambos rieron.

-Gracias- agradeció Mikey- Y si quieres puedes respirar conmigo.

Lía sonrió, una sonrisa quebrada, una sonrisa que demostraba todo el daño que había recibido. Mikey le dio una sonrisa igual de rota.

-No lo haría con nadie más.


Lía escuchó con atención a Mikey, vestía con el atuendo de la manada. Ahora solo tenía un suéter de color azul que iba a tono con sus ojos. Que se perdieron en la lejanía cuando comenzó a hablar.

-Todo comenzó con un hombre que volvía a su casa con cuatro tortugas y por razones del destino siguió a un hombre sospechoso.

Aquel hombre sospechoso tenía refuerzos y como resultado de una pelea el hombre con las tortugas terminó empapado de una sustancia extraña que lo convirtió en rata y a las tortugas en humanoides.

Respiró hondo.

Aquel hombre las cuidó y crio como sus hijos. Los nombró como los artistas del renacimiento. Luego se nombró Splinter, porque era todo lo que quedaba de su antiguo él, una astilla. Mi padre nos educó y nos enseñó el arte del ninjitsu, ser uno con las sombras y cuando vi que esas sombras amenazaban con tragar todo lo que era mi familia tomé la decisión de ser yo quien la alejara.

Respiró hondo ante el recuerdo, Lía podía sentir su poder debajo de la piel y supo lo que Mikey sentía.

Con todo mi padre venía de Japón y había perdido a su mujer y su hija allí pero se trajo a su enemigo que había llamado alguna vez hermano, se llama Oroku Saki pero lo llaman Destructor.

Una noche los perros falderos de Destructor me atraparon y me torturaron, pasaron días hasta que mis hermanos me rescataran.

Sus manos se retorcían y el miedo lejano ardía en sus ojos celestes.

Por algún motivo Karai, la hija de Destructor, habló con mis hermanos y días después el pie atacó nuestro hogar. Yo…..Estaba demasiado asustado para hacer algo y luego…

Dolor.

Lía sabía lo que se avecinaba

Mis hermanos me culparon de aquello y me acusaron de traidor. Me dieron la espalda y yo permití que se desahogaran, pensé que podría pero mi alma seguía rota por Destructor y un día simplemente no distinguí entre la oscuridad de mi habitación y la celda de Destructor y simplemente….Salí corriendo.

-Central Park es bastante lindo ¿No crees? Siempre me había encantado por lo que corrí hasta que las piernas no dieron más y todo quedó atrás, corrí hasta un lago. Para luego encontrarme con una chica descarada descalza con el cabello rojo y ojos lobunos color azul eléctrico.

Lía sonrió.

Durante semanas hablábamos y nos encontrábamos en el mismo lugar de siempre. Ninguno de mis familiares se dio cuenta de esas salidas y yo nunca dije nada al respecto. Era mi único secreto que no estaba dispuesto a dar a conocer.

Y entonces comencé a cambiar, comencé a creer de nuevo. A pensar que no era el malo de la historia como creía. Evitaba a mis dos hermanos que no me creían y apenas quería hablar con mi hermano mayor, mi padre creyó que me alejaba por ellos pero en realidad era por mí.

Inspiró hondo, Lía sabía que le estaba costando hablar.

Una noche que salimos de patrullaje, Rafael y Donatello comenzaron a hablar sobre lo sucedido. Me llamaron traidor y yo me sentía un poco mareado. Unas palabras de mi hermano Donatello y envié todo al diablo. Les grité y me largué. No podía soportarlo más, fue como si todo simplemente…Se desvaneciera, como si hubiese sido Destructor quien hablaba pero… era mucho peor.

Me alejé y uno de los perros de Destructor me encontró. Yo me sentía muy extraño como para defenderme…El resto ya lo sabes.

Silencio, Lía lo entendía. Sabía el dolor que acarreaba las palabras de Mikey y le dio el silencio que él necesitaba para recordar donde estaba.

Cuando el brillo del recuerdo se fue de sus ojos Lía habló.

-Tengo que decir dos cosas- anunció mirando el cielo- La primera es que tus hermanos solamente son idiotas. No. Más que eso son descerebrados idiotas, cualquiera que haya oído siquiera las palabras de su enemigo no es más que un peón.

-Yo solo sé que después de esa conversación mi familia me dio la espalda.

-Quien escucha a su enemigo es como el genio que va a tocar el fuego porque es brillante- sentenció Lía- Cualquier guerrero sabe que eso es para manipular, hacerlos títeres de diversión. Mientras que la verdadera razón por la que los encontraron estaba más dentro, solo te usaron como señuelo.

Mikey la miró.

-¿Y la segunda?

-Que si algún día los vuelves a ver quiero que me lleves para ver sus caras caer ante lo que eres ahora y que espero que ese Destructor tenga seguro porque si nos encuentra lo necesitará.

Mikey la miró y luego rio, rio como si fuera la primera vez que lo hiciera.

-¿Quieres respirar?- preguntó luego de un rato.

-No sé si pueda- reconoció- Quizás mañana, tengo que pensarlo. Mi…historia es mucho más salvaje que la tuya, tengo que pensarlo.

La asustaba, recordar aquello, era horrible, pero era aquel respiro lo que necesitaba pero….no hoy. No luego de lo que Mikey había dicho. No cuando la noche estaba comenzando a reinar. Y menos cuando sabía que Salia estaría en el Clan.

-Mañana ven conmigo y te contaré lo que no le he dicho a nadie. Ni siquiera a mi abuelo.

Mikey asintió y Lía no pudo estar más agradecida. Él se levantó y la ayudó a levantarse.

-Sabes este árbol parece cuidarnos bajo él- dijo Mikey mientras iban hacia los caballos.

-¿Y por qué crees que me hace sentir segura?- bromeo Lía.

-Supongo porque te sientes en familia. Roca perezosa.

-¿Roca perezosa?- inquirió Lía riendo.

-Sabes a qué me refiero- replicó Mikey y le sonrió- No lo nieges.