Estoy de vuelta después de tanto tiempo!

Perdonen la espera, sigo teniendo problemas para escribir, especialmente porque quiero también dibujar y tengo muchas ideas en la cabeza que no puedo centrarme en una sola cosa a la vez (no soy multitarea xD); afortunadamente ya tengo iniciado el capitulo 33 y tengo la idea principal de lo que tratara, solo que no hallo el modo adecuado para el siguiente capitulo y como conectarlo a lo que sigue, pero lo resolveré, solo sean pacientes.

También estoy con MCU y ha vuelto mi entusiasmo por HTTYD, así que tengo bastantes cosas que quiero abarcar e Internet me distrae xD.

La ironía.

Bueno, a partir de este capitulo iré explicando algunas cosas que no se resolvieron o que fueron resueltas sin mucha coherencia, por lo que las arregle de modo de que tuvieran algo de lógica; espero no aburrirlos (porque estoy capítulos son algo lentos) y que les agrade mi modo de resolverlo.

Nos leemos más abajo.

Publico esta historia sin fines de lucro, lo hago por pura diversión. Transformers no me pertenece, solo Cordelia y su familia (que saldrán más adelante); amo a Optimus, Lennox acelera mi corazon y quiero vengarme del Capitan America.


Capitulo 21

Estaba deslizándome por montañas hechas de helado de diferentes sabores cuando sentí que algo me sacudió con violencia. Abrí los parpados de golpe, asustada, no registrando del todo lo que veía. Había una chica de piel bronceada, cabello oscuro y rasgos ligeramente latinos mirándome fijamente. Poco a poco mi cerebro comenzó a funcionar correctamente, reparando en el hecho que estaba recostada de lado, con una almohada entre las piernas, los brazos en ángulos extraños y mechones de pelo pegados a mi cara. Me llevo otro momento poder mover mi cuerpo; me recosté completamente de espaldas y me estire, sintiendo mis músculos adoloridos relajarse. Retire el cabello de mi cara con las manos, notando que ya no tenía la gasa en la frente. Se me habría caído o me la quitaron mientras dormía. Moví la cabeza para mirar a la chica, quien estaba parada frente a las camas unidas, con una sonrisa divertida en los labios.

-Buenos días- mi voz era ronca.

-Buenos días- Mikaela rio en respuesta-. Anda, hay que levantarse; Ratchet está esperando.

A la mención del nombre del Autobot, a mi mente regresaron los sucesos de los últimos dos días, especialmente los de la noche anterior. Mi estomago se convirtió en un nudo doloroso por la angustia. El deseo de ignorar a todos y dormir por siempre me invadió, pero solo prolongaría la incertidumbre y sufriría mucho más. Además, pudiera ser que los resultados no fueran tan drásticos. Me arme de valor, levantándome de la cama; me senté al borde, con las piernas colgando y balanceándolas. Mikaela me miro y note que traía una caja de zapatos.

-¿Me consiguieron zapatos?- le pregunte.

-Sí, una de las enfermeras tenía un par ocultos en su dormitorio- rodo los ojos antes de reír-. Son nuevos, nunca los uso porque esperaba una ocasión especial.

-¿Y porque me los dan?

-Porque eran los únicos de tu talla que encontramos sin tener que viajar varias horas hasta cualquier ciudad- explico mientras me tendía la caja.

La caja estaba hecha de cartón negro con un grabado en relieve dorado de una rosa, delgada y rectangular. Retire la tapa después de agarrar la caja, observando que en el interior había un par de zapatos ballerinas. De suela completamente plana, de satén negro con un ligero estampado de rosas en negro brillante. Aunque no eran el tipo de calzado que usaba, no podía negar que eran muy bonitos. Deje la caja sobre la cama, aun lado mío, tome ambos zapatos y me los calce. Baje de la cama, moviendo los pies para probar los zapatos.

-¿Qué tal están?- pregunto mi amiga.

Pensé por algunos segundos.

-No son tan duros como esperaba, considerando que son nuevos- mire a Mikaela-. ¿Segura que no los ha usado antes?

-Ni siquiera para ablandarlos- se burlo.

-Espero poder devolvérselos- me sentí un poco culpable.

Esta vez Mikaela se rio con muchas ganas.

-Ya no los quiso- se seco una lágrima falsa-. Hizo todo un drama para no entregarlos, hasta que Mike le recordó el reglamento de este lugar y dejaba claro que no era permitido.

-De acuerdo- dije con extrañeza. Luego incline la cabeza para ver mi cuerpo-. Tengo la sensación de que parece que voy a una cita o algo así.

-Yo creo que te vez muy bien- me sonrió-, incluso mejor que tu ropa usual.

-Mi ropa usual no es para verme bien, es porque me gusta.

-Cómo sea- le resto importancia-. Déjame arreglar un poco tu cabello, ¿sí?

Me encogí de hombros y le di la espalda. Tomo mi cabello y lo dividió en tres partes, comenzando a trenzarlo. Note como lo iba ladeando, de modo que la trenza se posara en mi hombro derecho y cayera por enfrente. Con mi propio cabello anudo la trenza para que no se soltara. Ya peinada, me gire para quedar de frente a Mikaela, quien tenía una gran sonrisa. Me sentí enrojecer un poco.

-Deberías arreglarte así más seguido- comento.

-Disfrútalo, porque no me veras vestida así de nuevo.

Arqueo una ceja, en señal de reto. Entrecerré los ojos en respuesta.

-Ya veremos.- replico.

Su tono me pareció sospechoso.

-Estás haciendo esto a propósito, ¿verdad?- pregunte.

Su rostro se volvió demasiado inocente.

-No sé de que hablas- y dio media vuelta-. Vámonos, nos esperan.

Me limite a seguirla, no iba a tratar de discutir. Ambas salimos de la habitación y de los dormitorios. Caminamos por el túnel por el cual Mike nos había traído la noche anterior. Durante todo el camino permanecimos calladas, nerviosas por cómo iban a transcurrir las cosas en adelante. Nos llevo algún tiempo llegar finalmente a la cámara donde se alojaban los Autobots. BumbleBee y Jazz seguían sentados en el suelo, al parecer demasiado heridos para moverse, con Ratchet de pie cerca de los dos. Optimus e Ironhide estaban en sus formas vehículo en una parte despejada del lugar. Aparte de los Autobots, había una mujer en un traje medico de color verde menta, quien estaba sentada en una silla frente a una mesa de metal. Fuera de ellos, todo era solitario y silencioso. Me dio curiosidad por los demás trabajadores. Nuestras pisadas resonaron por toda la cámara, lo que alerto nuestra presencia. BumbleBee fue el primero en notarnos, alzando un brazo para saludarnos.

-Buenos días, chicas- uso su voz real, en un alegre tono británico profundo.

Me reí, ya que su voz no concordaba del todo con la idea que tenia sobre BumbleBee; me había imaginado que si alguna vez recuperaba de nuevo su voz, seria juvenil, acorde a su aspecto. BumbleBee era un buen luchador, no iba a negarlo, solo que no esperaba la voz profunda unida a su aspecto joven, en comparación con los demás Autobots. Su saludo llamo la atención de Jazz, Ratchet y la mujer.

-Hola- salude tímidamente.

-Buenos días- Mikaela también saludo-. Aquí esta Cordelia, Ratchet.

-Buenos días a ambas- saludo Ratchet, luego se dirigió a Mikaela-. Gracias por traerla.

Jazz me miraba con la misma expresión de la noche anterior, haciéndome sonrojar.

-Mi pequeña salvadora- me hablo Jazz con gratitud-, es bueno verte de nuevo.

-También me da gusto verte, Jazz.

Ratchet se giro en mi dirección.

-Cordelia, solicite la asistencia de una enfermera humana para hacer la extracción de sangre-explico-. Considere que sería menos abrumador el procedimiento si un humano certificado lo realizaba.

Mi pecho se sintió cálido ante el gesto de consideración de Ratchet. Realmente toco una fibra sensible al hacer todo lo posible para que me sienta cómoda y relajada.

-Gracias- le dije.

Me dio un asentimiento con la cabeza, luego movió la cabeza para mirara a la enfermera y le indico que empezara. La enfermera se levanto de la silla, indicándome sentarme en ella. Hice tal como me dijo, estirando el brazo izquierdo sobre la mesa. Ahí fue cuando note los instrumentos necesarios para la extracción de sangre. Me quede observando en silencio cómo la enfermera me sacaba algo de sangre, no lo suficiente para que me afectara en gran medida y solo necesite un solo intento. También era una suerte que no le tuviera pavor a las agujas y la idea de sacarme sangre.

No le tomo mucho tiempo en terminar. Mi sangre fue almacenada en un pequeño tubo de ensayo, que sellaron. Me dio una bola de algodón humedecida en alcohol para colocarme sobre la zona de extracción, indicándome que doblara el brazo para mantenerlo en su lugar. Observe como la enfermera guardaba todos los instrumentos, excepto el tubo de ensayo con mi sangre, se despedía de todos y se marchaba. La observamos irse hasta que desapareció por un túnel diferente.

Este lugar tenía demasiados túneles para mi comodidad.

Ya solos, me gire hacia Ratchet, quien había tomado con delicadeza el tubo de ensayo entre dos de sus dedos y lo observaba con detenimiento.

-¿Qué sigue?- le pregunte.

-Es todo por ahora- respondió sin mirarme. Un momento después sus ojos azules se posaron en mí-. Pueden irse para alimentarse, pero necesito que vuelvas al terminar; voy a hacerte otros exámenes que la tecnología humana aun está muy lejos de alcanzar.

Sentí un escalofrió. Aunque no temía a las inyecciones, no era muy entusiasta a cierto tipo de exámenes, especialmente los invasivos. Ratchet debió notar mi malestar, ya que movió sus ojos en mi dirección.

-No hay nada de qué preocuparse, los procedimientos que realizare no te afectaran de ningún modo.

-Eso es un alivio- suspire-. Bueno, será mejor ir a desayunar si quiero rendir durante el día.

Me levante de la silla y camine hasta Mikaela, que estaba conversando con BumbleBee y Jazz sobre algo de mecánica que no entendía.

-Mikaela- la llame.

Interrumpió la conversación al escucharme llamarla; se giro a verme, notándose en su rostro una expresión alegre.

-¿Listo?- pregunto.

Asentí.

-Listo, solo que Ratchet me pidió volver después de comer.

-De acuerdo- luego se volvió a los dos Autobots con quienes conversaba-. ¿Podrían intentar convencerlo? Creo que puedo ser de utilidad.

-Trataremos, pero no prometemos nada- dijo Jazz-. Suele ser muy territorial con respecto a nuestro bienestar.

-Con que traten está bien para mí.

Concluyo la charla, caminando hasta llegar a mi lado y ambas andamos hasta el túnel que nos llevaría a al comedor. Tener que estar recorriendo una interminable cantidad de pasillos, puertas y túneles comenzaba a aburrirme. Apenas dejáramos la presa, me escaparía un par de días a la casa de mis abuelos; necesitaba aire fresco.

-Estoy empezando a cansarme de ver tantos pasillos, túneles y puertas- me queje.

-No eres la única.

-¿De qué hablabas con BumbleBee y Jazz?- quise saber.

-Me ofrecí para ayudar a repararlos.

Parpadee.

-¿Qué?- pregunte con curiosidad-. ¿Por qué?

-Creo que mis habilidades serian de utilidad- se encogió de hombros-; además de que tenia curiosidad el cómo funcionan.

Mi mente se quedo en blanco, sin saber que responder. Abrí y cerré la boca varias veces, hasta que mejor no dije nada. Al que tenía que convencer era a Ratchet. Después de un buen rato, llegamos a las puertas del comedor. Al entrar notamos que seguía mayormente vacio, a excepción de Sam, Lennox y sus hombres sentados en una mesa; habían agarrado más sillas para acomodarse en una sola mesa. Nos dirigimos a ellos.

-Sam- Mikaela lo llamo en voz alta.

Sam alzo la cabeza por encima de los soldados que nos daban la espalda al escuchar su nombre; al vernos, levanto una mano y nos hizo un gesto para unirnos.

-Mikaela. Cordelia- saludo.

Los demás se giraron a vernos al ver a Sam saludarnos. Sentí de nuevo las miradas interrogativas del resto de los soldados que no estaban presentes por la noche. Camine un poco detrás de Mikaela para esconderme. Al llegar a la mesa, Sam nos señalo dos sillas que reservó para nosotras. El problema es que ambas sillas estaban entre Sam y Lennox. Antes de que me diera cuenta, Mikaela había tomado la silla del lado de Sam, dejándome sentarme junto a Lennox. Me senté, tratando de mantener un semblante tranquilo; no lograba del todo por las miradas de los soldados. Sabía que lucía diferente, pero no era para tanto. Lennox se dio cuenta de mi inquietud, porque mis mejillas enrojecían y mantenía la vista sobre la mesa. Se dirigió a sus hombres.

-Se acabo la función- su voz reflejaba molestia pero era firme-. Sigan comiendo.

Y acataron su orden, apartando la mirada; aunque creí escuchar un par de risitas de algunos soldados.

-No puedes culparlos- le dijo Epps, una de las comisuras de su boca temblaba-. La chica se ve más joven de lo que aparentaba con el maquillaje- el temblor se convirtió en una sonrisa burlona.

Algo en el tono de Epps debió de molestar a Lennox, porque le dio una mirada mordaz; pero en lugar de intimidarlo solo lo hizo reír. Deje pasar el momento y me centre en la mesa.

La mesa estaba llena de bandejas con diferentes alimentos típicos de desayunos y en grandes cantidades: huevo revueltos, panqueques, tocino, pan francés, pan tostado y bollos; además de mantequilla, miel, mermelada de fresa, jarras de jugo de naranja y café. Mi estomago rugió de hambre. Utilice ambos brazos para servirme lo que se encontrara a mi alcance. En mi plato tenía algo de huevos, tocino, panqueques y un par de bollos. Intente alcanzar la jarra de jugo sin tener que levantarme mucho de mi lugar. Al no poder agarrarlo, Lennox, notando mi aprieto, lo agarro por mí, sirviéndome en un vaso y me lo dio, con una pequeña sonrisa ladeada en sus labios delgados. Le sonreí de regreso, algo tímida, y tome el vaso; luego comencé a comer. Pasaron algunos minutos donde el único ruido era el de los cubiertos y la comida siendo masticada. Entonces Sam intento iniciar una conversación.

-Emmm…- dudo unos momentos, no sabiendo cómo empezar-. ¿Qué planes tienen una vez que todo esto termine?

Todos nos giramos a verlo. Los soldados analizaron sus palabras, no estando seguros de responder o que decir. Epps fue quien decidió aportar algo.

-Después de todo esto- Epps hizo un gesto desdeñoso con el tenedor en su mano-, regresare a casa a pasar una temporada con mi esposa y mis hijos.

Y el resto de los soldados comenzaron a aportar sus planes. Muchos planeaban volver a sus casas a descansar, comentando que era el plan original antes del ataque en su base. La conversación se fue moviendo cada vez más lejos hacia el futuro, si es que iban a ser enviados a otras bases o se retirarían. Durante toda la conversación, Lennox permaneció sin decir nada, pensativo. Epps se dio cuenta del silencio de su capitán e hizo callar a sus compañeros.

-Hey, capitán- lo llamo, sacándolo de su estado pensativo-. ¿Por qué tan pensativo?

Miro a Epps por algunos segundos.

-No es nada.

-Bueno, si no es nada, ¿no te importaría contarnos tus planes?- le pregunto-. ¿Hay alguien en casa esperándote?

Inconscientemente me tense por la pregunta de Epps, luego me reprendí mentalmente por reaccionar de ese modo. No me interesaba Lennox; era mucho mayor que yo, quizás diez años o más, las probabilidades de verlo en un futuro eran casi nulas y que apenas lo conocía por dos días. Todo era culpa de Mikaela y su vena romántica.

-Probablemente visite un par de días a mis padres- luego le dio un empujón con el puño-, relajarme en la soledad de mi casa- hizo una pausa para pensar un poco-; podría ser buena idea adoptar un perro.

Uno de los solados lo miro con burla.

-Claro, un perro es la solución para tu eterna soltería.

-Deberías conseguirte una novia- agrego otro.

Lennox arranco un pedazo de pan tostado y se lo lanzo, diciéndole que se calle. El soldado también le lanzo un pedazo de pan y en poco tiempo se convirtió en una pequeña batalla de comida entre los soldados. La pelea se detuvo cuando a Mikaela le cayó en el cabello un pedazo de tocino y, furiosa, los mando a controlarse. Ya tranquilos, los soldados se centraron en nosotros tres.

-¿Y ustedes?- nos pregunto Lennox.

Sam, Mikaela y yo nos miramos, para luego responder al mismo tiempo.

-Escuela.

-Eso es un asco- comento uno de los soldados.

El cometario provoca la risa de todos, incluyéndome.

-No es tan malo- hable suavemente, sintiéndome un poco más cómoda en su presencia.

-Dilo por ti- me señalo Sam con un tenedor-, no tuviste que rogarle al profesor de historia para conseguir una A.

-Oh- alargue la expresión, divertida-, ¿fue así como lo conseguiste? Usaste tus habilidades de persuasión para obtener la calificación.

-Use el encanto Witwiky- se jacto.

-Le diré a tu padre-advertí sin real intención.

Sam estaba agarrando un poco de huevo revuelto de su plato, con claras intensiones de lanzarme, hasta que Mikaela lo tomo de la muñeca para detenerlo y lo miro aterradoramente. Me reí de Sam.

-No- simplemente dijo.

Sam asintió, un poco asustado. Escuche una débil risa salir de Lennox, uniéndose a la del resto de los soldados. Mikaela también los escucho, ya que dirigió su mirada aterradora hacia ellos, quienes callaron. No estaban asustados, pero si fueron cautelosos. Las mujeres eran de temer cuando se enfadaban. Recordé con vergüenza mi arrebato. Retomamos la conversación, tratando de conocernos entre nosotros. No aportaba mucho, solo si me preguntaban directamente. La comida estaba por desaparecer por completo de la mesa, cuando repare de nuevo en que Lennox guardaba silencio. Sus cejas estaban ligeramente fruncidas, la comisura de su boca estaba inclinada hacia abajo y comía pausadamente. Comencé a sentirme un poco preocupada por su actitud tan callada; discretamente mire a los demás. Todos estaban concentrados en sus conversaciones, así que me arme de valor para preguntarle que le sucedía. Me moví ligeramente en su dirección, inclinando la cabeza para que el flequillo cubriera un poco más mi rostro y con mi mano apreté suavemente su brazo. Sentí la dureza de sus músculos magros. Lennox salió de su trance al sentir apretarle el brazo y giro su cabeza hacia mí. Me miro con sus ojos castaños claros, haciendo que mi estomago se retorciera.

-¿Sucede algo?- le pregunte en voz baja-. Has estado muy pensativo.

Me siguió mirando, con una mezcla de emociones pasar por sus ojos a pesar de mantener el rostro tranquilo. Me pregunte si estaba considerando la idea si decirme o no lo que le preocupaba. Luego sus ojos viajaron hasta donde mi mano seguía sujetando su brazo. Me ruborice ligeramente por ello y aparte la mano. Odiaba esta mezcla de timidez y valentía que experimentaba desde el sábado por la noche; comenzaba a cansarme. Después de unos momentos de reflexión, Lennox volvió a mirarme y me confesó lo que le aquejaba.

-Me ofrecieron unirme a Sector Siete.


Terminado.

Tiempo de vinculación con los soldados. Disculpen si algún personaje me salio un poco fuera de carácter, especialmente Lennox, estaba en modo fangirl y solo podía pensar en un modo de acercarlos sin caer en el "romance de tres días". Cordelia es una adolescente de 16 años impresionable, así que tiene un flechazo con Lennox. No teman, no pondré nada cuestionable... eso sera para cuando Cordelia sea mayor de edad xD.

No me pasare de la clasificación, lo prometo (al menos que alguien quiera, lo puedo considerar)

Espero poder actualizar más seguido y en menos tiempo.

PD: Ya vieron el trailer de Infinity War? Estoy segura que moriremos todos.

*insertar aquí rugido de Tiranosaurio Rex.