Draco estaba nervioso, había llegado antes al dormitorio que ambos compartían, llevaban demasiado tiempo besándose hasta no sentir los labios, acariciándose sin llegar a nada. Harry parecía más inclinado en que dejaran de lado el sexo, y aunque él mismo había creído que eso estaría bien, había llegado a un punto donde sentía que iba a reventar
Si hacía un año le hubieran preguntado sobre ello, hubiera sido tan diferente.
El año anterior por esas mismas fechas, toda su experiencia habían sido un par de besos. Era virgen, creía que el mundo era suyo, y lo que menos hubiera imaginado era estar deseando a Harry Potter con cada poro de su ser.
Pero habían pasado muchas cosas desde el año anterior a este, había sido roto de un modo que difícilmente sabría explicar, aunque sentía que poco a poco iba levantándose a pequeños trozos. Pero esos pedazos estaban conformando una nueva versión de sí mismo, igual pero diferente.
En ese tiempo había usado el sexo para mantenerse vivo, había usado el sexo para conseguir lo que quería. Había usado el sexo para todo menos para algo tan básico como era el placer y la muestra de amor hacia otra persona.
Y lo sentía, Merlín, que sí sentía todo eso. Cuando Harry le acariciaba dejaba de ver, cuando sentía sus labios por el cuello, ronroneaba como un gato. Y solo de este modo se había dado cuenta de cuán diferentes habían sido las ocasiones anteriores. Era como si hubiera llevado un guión y él fuera un mero actor representándolo todo.
No iba a mentir diciendo que no hubiera sentido placer entre las manos de Harry, sí, lo había sentido, pero no perdía el punto de estar representando algo.
Ahora estaba representado otra cosa, el papel de alguien que fije que no necesita sexo cuando se muere por él, y la verdad es que se le estaba dando francamente mal.
Había intentado escribir la redacción de Historia de la Magia, pero cuando tuvo que corregir cuatro veces la misma frase se dio por vencido. No tenía concentración para nada más que pensar "¿dónde estas, Harry?"
No tuvo que esperar mucho más cuando el cuadro que le daba acceso a la habitación desde Gryffindor se abrió.
Sintió que su corazón volvía a latir como loco, más cuando una amplia sonrisa se formó en el rostro del moreno.
Se levantó y fue hasta él, agarrándole con fuerza mientras le besaba.
—Buenas noches a ti también—le saludó Harry.
No tenía ganas de charlas, sinceramente.
—Espera, Draco, espera—se apartó Harry cuando el beso comenzó a subir de intensidad.
Draco bufó frustrado.
Se giró y se fue hacia la chimenea, no es que el calor le fuera a ayudar, pero al menos no tendría que verle.
—¿Qué pasa?—No tenía que verle, pero Harry le estaba abrazando por la espalda, colocando sus manos sobre su abultado vientre.
—¿Ya no me deseas?—se atrevió a decir, aunque él mismo notaba como Harry se excitaba con él, le afloraron las inseguridades.
—Con todo mi ser—le dijo demasiado cerca de su oído, eso no ayudaba para nada.
—Odio esa restricción tuya, te prefería menos puritano.
Se dio cuenta tarde de su error, porque Harry se tensó y se separó.
—Odio lo que hice, Draco.
—No me refería a eso.
Pero Harry ya estaba lejos, no solo físicamente. Cada uno tenía sus propios demonios contra los que luchar, y el de Harry, o al menos uno de ellos, le repetía una escena una y otra vez.
No habían vuelto a tener sexo desde aquella noche en Navidades, y podía ver claramente que era esa la que el moreno repetía en su mente. Pero si él podía superarlo, Harry también debería hacerlo.
Sentado en una silla cabizbajo, Draco fue hacia él y acarició su cabello. Masajeó las gruesas hebras enterrando sus dedos en ellas hasta que sintió cómo iba relajándose poco a poco.
Finalmente le miró, aún se maravillaba de la intensidad de su mirada verde, le quitó las gafas para poder contemplarlo mejor.
Se inclinó por un beso que deseaba dar, y que obtuvo la respuesta adecuada.
—Olvidemos hoy esa noche y hagámoslo, por favor.—No quería rogar, odiaba hacerlo, siempre lo había odiado, pero se iba dando cuenta que con Harry podía llegar a ser diferente.
—Yo...
—Ven.—Le tomó la mano levantándolo de la silla y llevándolo con él a la cama.
No había guión, ahora solo era él sintiendo, y se sentía más difícil pero también más intenso. Era verdad y la verdad a veces asusta.
Al borde de la cama, volvió a besarlo, y Harry correspondió la caricia agarrándose a él con fuerza. No esquivó su cuerpo, no evitó la fricción natural entre ambos.
—Ahora es diferente—susurró Draco sobre sus labios.
—Para mí también.—Estaban muy cerca, tanto que casi no podían mirarse sin bizquear pero no quería separarse.
—Asusta—confesó Draco.
—Mucho.
—Pero lo quiero.
—Yo también.—Harry se sentó en la cama llevándose a Draco con él y sentándolo sobre sus piernas.
A horcajadas Draco le miraba expectante, sabía perfectamente como hacerlo. Ambos lo sabían, aún así parecían mucho más tímidos que nunca.
Los dedos de Harry le acariciaban la mejilla, y Draco dejó caer todo su peso en esa mano que le sostenía.
La caricia descendió por su cuello parándose donde podía sentir su pulso. Su sangre corría veloz y su corazón bombeaba con fuerza.
Descendió hasta la unión de sus clavículas, pero la ropa estorbaba. Así que Harry comenzó a desabrochar los botones de su camisa. Uno a uno, exponiendo la piel oculta.
Su respiración se agitó cuando Harry acarició uno de sus pezones con la lengua.
Se forzó a mirar como la rosada lengua delineaba toda la piel sobre la que iba pasando, atendiendo su otro pezón.
Estaba tan absorto en eso que no se percató cuando sus manos comenzaron a abrir su pantalón. Sabía que estaba duro, pero hasta que no notó como Harry le tomaba en la mano no se dio cuenta de que ardía.
El suave masaje sobre su pene iba a en aumento hasta hacerlo jadear, y cerrar los ojos de nuevo.
Los dedos de Harry presionaron con fuerza su glande arrancándole un fuerte gemido. Esa acción le arrancó cualquier tipo de control tensando sus testículos antes de eyacular sobre el moreno.
Aún estaba siendo acariciado suavemente cuando abrió los ojos, Harry sonreía contento mirándole.
Buscó sus labios, le besaría por horas, por días, toda la vida si le dejaban.
Harry se tumbó en la cama arrastrándolo con él mientras le abrazaba. Relajado y feliz tras su orgasmo, Draco siguió dejándose mimar con las caricias sobre su espalda.
—Aún no he terminado contigo, Potter.—Ahora que le tenía de nuevo no iba a soltarle, al menos en un par de horas.
—Draco, podemos dejarlo aquí.
Irguiéndose sobre un brazo Draco le miró con el ceño fruncido.
—¿De qué estás hablando?—preguntó receloso.
Harry intentó volver a abrazarle pero Draco no cedió.
—Tu magia, el embarazo...
—Estoy bien.
—Pero...—Harry trataba de bajar de nuevo a Draco para abrazarlo.
—Pero nada.
Harry se incorporó ya que Draco no quería volver a sus brazos.
—La última vez que lo hicimos, muchas cosas salieron mal, tuviste esa crisis de magia, aún no está del todo controlado. No voy a poneros en riesgo.
Draco frunció aún más el ceño.
—Draco, por favor, entiéndelo—suplicó Harry.
Pero Draco no solo no lo entendió, no, lo que hizo fue bajar su mano hasta la entrepierna ajena. Había perdido parte de su dureza con la conversación, pero aún así no le costó arrancarle un par de jadeos.
—No decidas algo así por mí—dijo sin dejar de masturbarle sobre la tela del pantalón—. Mi magia está bien y mil veces mejor cuanto más tengo de ti.
—Draco...
Pero no le dejó decir nada, lamió sus labios mientras abría el pantalón y acariciaba finalmente su pene.
—Lo quiero todo, ¿no vas a dármelo?—A Harry le costaba respirar, y Draco sabía que había ganado.
o0o
Harry quería haber hecho lo correcto, al menos lo que él consideraba lo correcto. Pero Draco no se lo había puesto fácil, nada fácil.
Verlo dormido a su lado, tan pegado a él le hacía sentir verdaderamente bien. Tanto como nunca lo había estado.
La luz era muy tenue, mínima pero lo suficiente para poderle contemplar. Si antes había sentido que estaba enamorado de Draco, la realidad ahora era que no había duda alguna, le amaba con todo su corazón.
Draco no había consentido en dejarlo todo en un par de frotamientos. Volver a estar en su interior mientras el rubio le pedía más, mientras le besaba, mientras le miraba con aquella intensidad, había consolidado todo.
Acarició su mejilla, le amaba y había sentido como era correspondido. El sentimiento era abrumador, opacaba todo lo que creía haber sentido con anterioridad.
La vista nublada por un velo húmedo le hizo tomar una profunda bocanada de aire.
¿Eso era el amor? ¿El amor correspondido? Sentía una gran dicha pero también un gran temor. Cuando no tienes nada, no tienes nada que perder, solo anhelos por conseguirlo. Pero ahora lo tenía, no lo podía sujetar con las manos, era como la magia. Estaba dentro de ti pero no podías verla.
Una lágrima rodó finalmente por su mejilla.
En ese momento Draco abrió los ojos, lentamente pero vio a la perfección como Harry estaba llorando.
—¿Qué te pasa?—le preguntó preocupado.
—Nada malo, solo es que soy feliz.—Era la pura realidad, lloraba de felicidad, de emoción, de saber que Draco estaba allí con él porque quería, no había ningún tipo de obligación.
El rubio acarició su mejilla arrastrando las lágrimas.
—Te quiero—confesó Harry. No era algo que no hubiera expresado anteriormente con sus gestos. Pero decirlo con palabras hizo que una nueva lágrima rebosara de sus ojos.
—Yo...yo...—Le miraba sin conseguir decir nada, Harry le abrazó fuerte como si quisiera fundirlo con su cuerpo.
—Lo sé, lo sé.—Le cortó notando como temblaba entre sus brazos.
—Te quiero—dijo Draco tan bajo que si no hubiera estado tan cerca no lo hubiera escuchado.
Harry sentía un miedo que no le había rozado en toda su vida, porque nunca había tenido nada y a nadie. Y ahora tenía a Draco, y Draco le tenía a él. Había rozado una felicidad que ni siquiera sabía que existía, y la defendería a cualquier coste, no tenía dudas.
o0o
Draco estaba en el comedor, compartía la mesa con las mismas personas de siempre, todo parecía igual, pero no lo era.
Se sentía feliz, más feliz de lo que se hubiera sentido nunca. Porque por una vez no tenía que ver solo con él, porque no era sobre las cosas que antes le importaban. Aquella felicidad anterior se veía tan pequeña e infantil con la que ahora sentía. Se rió de sí mismo, parecía como si estuviera ebrio. Ebrio de amor.
Miró hacia su licor favorito, aquel del que nunca tenía suficiente. Harry le estaba mirando y ambos sonrieron. Cada vez les costaba más mantenerse alejados, cada vez más se les olvidaba la importancia de mantener en secreto aquella relación.
Por eso cuando ambos se dirigieron hacia la salida y se esperaron en lo que creían un gesto disimulado, cuando rozaron sus dedos, sintiendo el escalofrío del contacto, no lo vieron.
Por eso cuando la túnica de Draco fue arrancada y el glamour que ocultaba su vientre de casi seis meses lo dejó al descubierto, todos los que estaban cerca enmudecieron.
Harry fue el primero en reaccionar y agarrando a Draco de la mano lo sacó del comedor yendo directos a su dormitorio. Allí nadie los encontraría.
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—¿Por qué lo has hecho?—escuchó detrás de ella.
Ginny se giró para encontrarse con Zabini, aún estaba impresionada, impresionada porque siempre creyó que era mentira, porque solo podía pensar que Malfoy había engañado a Harry. Porque odiaba verlos mirándose cuando ellos creían que nadie los miraba.
Solo quería dejarlo en ridículo, pero no se esperaba encontrar un vientre tan abultado debajo de la túnica. Ni la reacción de Harry protegiéndolo.
—Nunca le creí.—Si aquello era cierto, si lo que Ron le había contado también, se daba cuenta, a pesar de sus celos, que había hecho algo realmente peligroso. Los había expuesto—Tenemos que hablar con Dumbledore.
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Para algunos de vosotros todavía será miércoles, así que llego a tiempo.
Lo siento algo soso, pero ha sido lo mejor que me ha salido, qué le vamos a hacer.
Se viene el drama, dadme la mano que tengo miedo.
Hasta la semana que viene.
Shimi.
