Se sentía mal, realmente mal. Byakuya prometido con otra mujer, prometido…

Matrimonio.

Las lágrimas amenazaban con salir de sus grandes ojos violetas, se sentía traicionada, la había engañado con otra mujer y el solo hecho de imaginarlo le partía el corazón. ¿Para qué la había invitado a su casa entonces? ¿Para humillarla delante de todos? ¿Para hacerla ver como una fracasada, como una tonta que se había hecho ilusiones de que alguien tan importante como Kuchiki Byakuya la amara? Como podía haber caído tan bajo… era evidente que un Kuchiki no se enamoraría nunca de alguien tan pobre como ella, lo único que hizo fue divertirse a su costa y ahora le iba a decir que se casaba con otra. Con una mujer que, por cierto, era totalmente distinta a ella: alta, guapa, delgada, elegante, y, sobre todo, con muchas curvas. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Byakuya no la quería, seguramente ni siquiera sentía atracción por ella, solo la utilizó.

– Me voy de aquí –dijo Hisana–, yo no pinto nada en este lugar –su voz parecía quebrada por el dolor que sentía en esos momentos.

– No, Hisana espera –dijo Rukia interponiéndose en su camino–, no es lo que piensas.

– ¿Ah, no? ¿Acaso Byakuya no va a casarse con otra? ¿Para qué me ha traído aquí? –Preguntaba sin cesar, ya al borde del llanto–. Tu hermano me ha decepcionado como persona, Rukia.

– ¡No! Hisana, eso no es así, él no va a casarse con ella, él…

– ¿Entonces por qué ha invitado tu padre a tanta gente? –Le cortó Hisana–. Según ese hombre que te saludó hace un rato era para que todo el mundo se enterara de su matrimonio, ¿no?

– Sí, pero…

– No quiero hablar más Rukia, lo siento. Ya me he dado cuenta del lugar que ocupo en el corazón de tu hermano, aunque he reaccionado demasiado tarde. Me voy de aquí, espero volver a verte algún día… –y sin más comenzó a caminar sin saber muy bien a dónde iba, solo quería mezclarse entre todo el bullicio para que Rukia no pudiera seguirla.

– Hisana, espera, ¡espera! –Pero no pudo seguirla, había demasiada gente como para reconocerla entre todos–. Mierda, nii-sama me matará… –se quedó un rato pensando–. ¡Eso! Tengo que buscar a nii-sama, él la convencerá.

Hisana siguió caminando, mezclándose entre aquellas personas, todas importantes y de categoría. Se sentía infravalorada cuando alguno notaba su presencia, como si la miraran por encima del hombro, sintiéndose superiores a ella solo por su dinero. Cada vez se encontraba peor, se había hecho ilusiones de vivir una vida junto a Byakuya, tener una familia con él, una vida feliz. No le importaba que él fuera un hombre de prestigio ni de lujos, ella solo le quería. Y a pesar de lo engañada que se sentía le seguía queriendo con todo su ser, a pesar de ver la sociedad en la que él vivía le seguía amando.

Pero aquel no era su mundo, una muchacha normal y corriente, alejada de los lujos… una chica que luchaba por tener algo de dinero para poder seguir estudiando la carrera de sus sueños, ella no cuadraba en ese lugar. Tenía que volver a su casa y afrontar sus problemas sola. Pero ahora todo era peor. Lo más seguro es que estuviera embarazada y no tenía dinero suficiente para cuidarle como merecía, aunque lo que más iba a echar en falta era un padre para su hijo.

Ya no pudo más, ese último pensamiento hizo que comprendiera que realmente estaba sola, que el hombre al que amaba y del que esperaba un hijo la había engañado con otra, que solo la quiso para jugar con ella… no pudo más y se echó a llorar.

Al fin, entre toda la multitud, consiguió ver una puerta y dirigió hacia allí sin parar de llorar. Al salir se encontró con un gran pasillo y muchas puertas. Se quedó desconcertada en ese momento, ¿por cuál tendría que ir para salir de esa enorme mansión? Empezó a caminar algo aturdida, siguiendo de frente para ver si podía encontrar la salida. Solo había estado una vez en esa casa pero de lo grande que era no recordaba nada, todo le parecía igual, como si estuviera dando vueltas en un laberinto. Finalmente, al abrir una de las puertas, encontró un baño, al que por supuesto no le faltaba ni el más mínimo detalle. Decidió entrar y al verse en el espejo volvió a entristecer. Estaba horrorosa, debido a todas esas lágrimas se había estropeado el maquillaje, era la viva imagen de la desolación.

En ese momento entró otra chica. Una chica a la que ya conocía.

– Oh, lo siento –dijo Yoruichi al abrir y verla–, pensé que no había nadie.

– No importa –dijo Hisana casi sin voz–. Yo solo venía a lavarme la cara, ya me voy.

– Ah, vale –comentó Yoruichi al verla así. Su cara no le sonaba de nada, y era evidente que esa chica no tenía nada que ver con la alta sociedad, se notaba en su expresión, en sus gestos, en todo. Era una persona humilde, como otra cualquiera. ¿Qué haría entonces en esa casa, en esa fiesta y llorando? Sentía curiosidad, quería saber quién era pero también estaba apenada por verla así–. Disculpa pero, ¿puedo ayudarte en algo? No se te ve muy… bien.

– Oh no, no, tranquila, no es nada, no se preocupe –dijo Hisana mientras se lavaba la cara, limpiándose todo el maquillaje–. Supongo que no debería haber venido aquí.

– ¿Por qué no? Es una de las mejores fiestas de Navidad que se organizan, y si estás aquí es porque alguien de la familia te invitó, seguro que muchos sienten envidia de ti.

– Lo dudo… después de todo, mi invitación ha sido solo una mentira… como tantas otras.

– Vaya –dijo Yoruichi confundida, sin entender nada de lo que le estaba diciendo esa chica–. Bueno, mejor me voy a otro baño y te dejo sola. Espero que disfrutes de la fiesta.

– Gracias. Por cierto –dijo justo cuando Yoruichi abría la puerta dispuesta a irse.

– ¿Sí?

– Yo… –la voz se le quebró, era demasiada la tristeza que sentía, parecía que le hubieran arrebatado todo atisbo de felicidad. Todo se nublaba en su interior pero finalmente pudo hablarle, en un susurro casi imperceptible–. Enhorabuena por tu compromiso.

– Gracias –dijo sorprendida–. ¿Ya lo sabías?

– Oí a una mujer que hablaba del tema, por eso lo sé.

– Ya veo… supongo que las noticias vuelan. En fin, espero verte luego –dijo sonriendo y saliendo de allí.

– Claro –susurró Hisana al verla salir.

No podía negarlo, era muy hermosa, normal que Byakuya quisiera casarse con ella, cualquiera lo habría hecho. Tenía que olvidarse de él pero aquello le parecía imposible, le amaba con todas sus fuerzas. Por su cabeza no dejaban de pasar recuerdos, momentos que había vivido con él: su primer beso, la primera vez que pasearon agarrados de la mano, su sonrisa, sus caricias, la primera vez que le hizo el amor… sus ojos, su mirada. Ya no volvería a ver esos ojos que la miraban con un cariño que parecía tan sincero, tan real que tan solo con mirarla ya se ruborizaba.

– Byakuya –decía ella llorando–. ¿Por qué me has hecho esto? ¿Por qué me has engañado? –Se llevó las manos a su abdomen mientras se sentaba en el suelo–. Yo te amo…


Mientras tanto, Rukia no paraba de buscar a su hermano, preguntando a los invitados por si alguno le había visto. Finalmente pudo encontrarle, junto a su padre y dos hombres más. Supuso que estarían hablando de negocios y ella sabía que cuando eso pasaba no podía entrometerse, pero este era un asunto muy importante así sin dudarlo fue hacia ellos.

– Buenas noches –dijo inclinándose levemente ante los dos hombres para luego dirigirse a su hermano– Nii-sama, necesito hablar contigo en privado.

– Ahora no puedo Rukia, no ves que estoy…

– Es muy importante, nii-sama –le cortó antes de que terminara–. Por favor.

– Está bien… Si me disculpan.

– No tardes Byakuya –le dijo su padre–. Ya sabes que falta poco.

– Lo sé padre, no tardaré.

Rukia se alejó de allí tirando de la chaqueta de su hermano para que fuera más rápido.

– Ey, Rukia, ¿por qué tanta prisa? ¿Quieres soltarme y decirme qué pasa? –Le preguntó enfadado, no solo por el trato de ella sino porque aún recordaba ese test de embarazo que encontró en su habitación. Como para olvidarlo…

– Es que… ha pasado algo malo, nii-sama. Pero por favor, no te enfades.

– Diciéndolo así parece que es algo bastante serio. ¿Qué pasa? –Insistió aún más cabreado.

– Verás –dijo Rukia cuando vio que ya se encontraban bastante alejados tanto de su padre como de su madre–. ¿Tú a Hisana no le dijiste nada de que estabas prometido con Yoruichi?

– Claro que no, después de todo no voy a comprometerme con Yoruichi, ni mucho menos casarme. Por eso no le dije nada, así no entristecería.

– Pues creo que te has equivocado. Debiste decírselo.

– ¿Y eso por qué? ¿Dónde está ella? ¿No tendría que estar contigo?

– Precisamente por eso te estaba buscando. Hisana se ha enterado de que estás prometido con Yoruichi, la ha visto y cree que la has engañado, que le has sido infiel y que la has traído aquí para humillarla.

– ¡¿Qué?

– Como oyes… no atiende a nada. He intentando convencerla diciéndole que no es lo que ella piensa pero no me cree y… se ha ido.

– ¡¿Cómo que se ha ido?

– ¡Pues que se fue! Se mezcló entre toda la gente y la perdí de vista.

– No puede ser… padre va a anunciar mi compromiso ahora, iba a aprovechar ese momento para decirlo todo.

– Pues… o la buscamos o tendrás que esperar y decirlo en otro momento.

– Maldita sea… ¿cómo has podido dejar que se fuera? –Decía Byakuya enfadado mientras caminaba, buscando a Hisana entre todo el bullicio.

– No lo hice a posta, ¿sabes? Ella echó a correr y no pude hacer nada.

– Tsk, inútil.

– ¿Cómo que inútil? ¡He hecho todo lo que he podido por ella, ¿así me lo agradeces?

– No te bastaba con estropear tu vida que también tenías que estropear la mía, ¿no?

– ¿Eh? –Eso le dejó trastocada, no entendía esa frase–. ¿Estropear mi vida? ¿A qué te refieres?

– No te hagas la tonta Rukia, he visto el test de embarazo en tu cuarto –Rukia se sorprendió muchísimo al oír aquello–. Ya te has acostado con ese, ¿no? Y encima te lo pasarías tan bien que no tomaste precauciones.

– No-no, nii-sama no es lo que piensas –ahora sí que estaba en un lío. ¿Qué debería decirle a su hermano? ¿Qué era Hisana la que posiblemente estuviera embarazada? No, le había hecho una promesa a ella… aunque ahora no sabía donde estaba.

– ¿Y qué tengo que pensar entonces? –Le preguntó furioso–. Yo creo que todo es muy claro.

– Ey, Byakuya-boy –dijo Yoruichi al pasar por allí y verle–. ¿Por qué estás tan enfadado?

– Eso a ti no te importa, idiota.

– Oh, que malos humos –dijo sonriendo.

– Yo-Yoruichi –intervino Rukia–. ¿No habrás visto por casualidad a una chica bajita, con el pelo corto, los ojos violetas y con un vestido rojo, verdad?

– ¿Por qué demonios le preguntas a ella? –Enfureció Byakuya.

– Pues… sí, creo que sí. Estaba en el baño del fondo, llorando. ¿Quién es? –Preguntó intrigada. Pero antes de que le contestaran Byakuya se alejó de ellas rápidamente, caminando en busca de ella, aunque ni siquiera pudo llegar a salir de aquella sala.

– Damas y caballeros –se oyó decir a Kuchiki Soujun, golpeando levemente un cubierto contra una copa para conseguir que todos le prestaran atención–. Tengo algo muy importante que anunciar en este día.

– Mierda –maldijo Byakuya sabiendo que no podría buscar a Hisana.

– Y para ello –continuó Soujun–, es necesaria la presencia de mi primogénito, Byakuya –dijo mirándole algo alejado de él–. Acércate.

Finalmente Byakuya tuvo que ceder y acercarse a su padre, sabiendo que el momento por el que se estaba preparando desde hace días estaba muy próximo a llegar, aunque Hisana no estaría ahí para presenciarlo.


Después de limpiarse bien el maquillaje y calmarse un poco, Hisana salió del baño decidida a buscar la salida, pero lo único que consiguió fue acercarse a ese enorme salón donde se estaba celebrando la fiesta. Por un momento, retrocedió asustada pero luego paró en seco. Quería volver a verle por última vez, aunque fuera desde lejos pero quería verle. Después de todo, él habías ido el único hombre al que había amado y eso sería muy difícil de olvidar. Por ello volvió a acercarse, aún con miedo, y al momento le vio, allí frente a todos los invitados.

Ese debía ser el momento de anunciar el compromiso, pues casi todos los invitados estaban sentados, escuchando con atención las palabras de Soujun, quien estaba de pie junto a su hijo. Hisana se quedó mirándole un buen rato, sin escuchar nada de lo que decía el señor Kuchiki, solo le veía a él, a Byakuya, tan guapo y formal como siempre. Esa iba a ser la última vez que le vería, ya no había vuelta atrás.

– Hoy haré oficial un acontecimiento muy importante para mi familia –decía Soujun–. Se trata del compromiso de mi hijo, quien contraerá matrimonio al terminar sus estudios – un gran "oh" se escuchó en toda la sala mientras Hisana entristecía cada vez más.

– Adiós, Byakuya –susurró Hisana para sí misma ya dispuesta a irse.

– Mi hijo, Byakuya, se comprometerá desde hoy con Shihoin Yoruichi –dijo de nuevo Soujun mientras miraba a la joven, ante la expectación de todos los invitados.

– Padre, perdone pero debo aclarar algo –dijo Byakuya.

– ¿De qué se trata? –Preguntó su padre algo confundido.

– Siento contradecirle pero yo no voy a casarme con Yoruichi –dijo el pelinegro haciendo que Hisana se sorprendiera–. Yo ya he elegido a la mujer con la que quiero casarme y no necesito de la aprobación de nadie para hacerlo realidad.

– ¿Cómo? –Dijo Soujun muy serio–. ¿Otra mujer? ¿Quién?

– Mi novia, mi pareja y mi prometida… Hisana –la mencionada suspiró fuertemente al oír su nombre, provocando que todos la escucharan y se giraran para mirarla, incluso el propio Byakuya la vio y sonrió al ver que aún no se había ido–. Ella es Hisana, mi futura esposa.


¡Al fin Byakuya contó la gran noticia! xD Ahora solo queda saber la reacción de su querido padre...

Seguro que han deseado matarme por todo lo que le pasó a Hisana en este capítulo xD Pero bueno, la trama es lo importante de este fic al que aún le quedan varios capítulos por delante ;)

Espero que les guste y dejen muchos reviews :3 Yo mientras tanto seguiré con mi imaginación xD

Matta ne!