=Capitulo 20=
Dos semanas después…
=Delmonico's Restaurant.=
El lugar se hallaba tranquilo. Eran pocas las personas, que un lunes como aquel decidían visitar aquel restaurante y era justamente esa razón, la que ponía a los gerentes, los meseros, los intendentes y hasta a los cocineros a laborar de manera relajada y tranquila. Pocos eran los días que podían estar así de tranquilos e incluso tomarse un poco de tiempo… Aquel lunes, sin embargo, dos meseras… una alta y delgada, pelirroja de ojos azules y una señora un tanto regordeta y de algunos cabellos platinados, miraban a cierta mesa, que desde hacía dos o tres semanas, era utilizada siempre, por los mismos clientes.
La pareja tan singular que llegaba y pedía la misma mesa, siempre era un digno espectáculo, no precisamente porque llamarán la atención de mala manera, sino porque aquellas dos meseras, se turnaban regularmente para atenderles. Él, el chico, era castaño, alto y con porte de príncipe inglés… Ella, la chica, era bajita, delgada y rubia. Él siempre iba de traje y siempre sonreía. Ella siempre se sonrojaba y sus atuendos sencillos la hacían lucir humildemente hermosa. Él, siempre insistía en arrastrar la silla para darle el asiento a su acompañante. Ella, siempre tomaba su mano y le hacía un comentario sobre lo caballeroso que era… Y aunque en tan solo tres semanas o quizás dos, habían llamado la atención de las afortunadas meseras, a quienes resultaba un tanto divertida su monotonía… era más impresionante aún que dicha rutina, era y no era la misma al mismo tiempo.
Cada día a cada hora, ellos llegaban pedían mesa y repetían secuencias. Cada día, sin embargo, pedían distintos platillos y se veía, charlaban de distintas cosas… Cada día él la miraba distinto y ella sonreía de diferente forma, cada día aquello que habían demostrado el día anterior cambiaba completamente al siguiente. Si el lunes él sonreía, dispuesto a no dormir pensando en ella… el martes, sonreía convencido de que su insomnio era válido y en su lugar, la sonrisa demostraba también que aquel nuevo día, estaba dispuesto a no solo permanecer despierto sino también a pasar cada día buscando una nueva forma de enamorarla…
Otro claro ejemplo, era… sí el miércoles, ella lo miraba como superando sus terrores internos solo por la mera presencia del hombre junto a ella , el jueves, su mirar esmeralda, destellante de esos ojos verdes hermosos y brillantes, reflejaba no solo agradecimiento sino también una nueva meta… Si el miércoles lo había mirado decidida a superar, el jueves lo miraba segura de que él era lo único que necesitaba para estar bien… tranquila… feliz.
—Ya no se ven relaciones así. El amor ha cambiado demasiado… Es bueno ver que estas parejas siguen existiendo… Que suerte tienen…— había comentado momentos atrás la mesera regordeta, mientras miraba una vez más y de soslayo a los jóvenes enamorados de la mesa de siempre, al fondo, pegada a la ventana. Mientras, si compañera suspiraba ensoñada al ver tal pareja… ¡cómo quisiera un novio así!
Atento, dulce, carismático… y guapo. Porque aparte de todo, esa pareja era perfecta en relación y físico. Porque ella, era una de esas bellezas naturales. Su cuerpo era curveado pero no exagerado, su ropa siempre resaltaba sus curvas pero no usaba grandes escotes ni buscaba enseñar más de la cuenta. Sus cabellos eran rizados, rebeldes pero a la vez dóciles… Sus pestañas largas y densas, sus cejas claras, sus ojos brillantes y su sonrisa… siempre amable. Dulce, enamoradiza. La chica sin duda, era una de esas bellezas naturales, una de esas mujeres que te invita, con su mera presencia a sentarte a su lado y charlar sin parar, a besarla bajo la lluvia sin preocuparse por el resfriado que se pillará al otro día… a permanecer en cama, diario y hasta que el sol se ponga, a desayunar y reír, a brincar en medio de una tormenta…
Él, como ella, era no solo una belleza, sino también un ejemplar digno de la masculinidad de los hombres. Tenía porte de príncipe, pero su andar era arrogante. Tenía facciones delicadas, como las de un niño pequeño, pero un mirar firme y seguro, sus zafiros radiantes siempre danzaban de un lugar a otro y penetraban hasta lo profundo. Su sonrisa, sin embargo, era más bien infantil, arrogante… Y su cabello, ¡oh dios mío! Parecía indomable y a la vez perfecto, era sedoso, pero a la vez firme en donde él lo acomodaba, caía en picada hasta sus hombros y de vez en vez le cubría una buena parte de los ojos y su cabello combinado con su vestimenta, siempre elegante pero a la vez desgarbada… con el cuello desacomodado o con la corbata floja… le daban al hombre, simplemente el estereotipo perfecto de príncipe azul… Él, sin duda, era un príncipe ejemplar… Su mera presencia, invitaba a pasar a su lado y volver el rostro para seguir su perfume, a acurrucarte entre sus brazos y pasar horas hojeando el mismo libro mientras él jugaba con sus labios en tus orejas… a dormir abrazada a él y saber que esa noche, un ángel velaba tus sueños, a afrontar las heridas y saber que él, era la cura que ningún científico loco podría inventar…
—Son perfectos— susurró la pelirroja, mientras tomaba la jarrilla de jugo de naranja, dispuesta a acercarse a la hermosa pareja, que en tres o quizás en dos semanas, había cautivado tanto a ella, como a su amiga y a sus bondadosos corazones. Con un andar algo tímido y lento, llegó donde los clientes y logró escuchar un breve fragmento de su conversación…
—Por favor Candy, no es como si no la hubieras visto antes…— pidió él en un tono dulce y coqueto, capaz de derretir a cualquier mujer.
—Pero Terry, eso era cuando tú y yo, éramos amigos… No puedes pedirme que de la nada vaya, salude y…— la rubia pecosa no pudo terminar, Terry posó sus labios en los de ella y depositó un casto beso.
—Solo es mi madre y ella quiere volver a verte. Está muy feliz por las buenas nuevas, así que no quiere perder más detalles… No con nosotros, nos vigilará queramos o no… Y no podré impedírselo. Karen se va, estudia la universidad y luego vive con su novio que resulta ser tu hermano, tiempo después, llega un día a casa de mis padres y lo único que deja es un bonito sobre, idéntico al que llega a tu puerta… Ya sabrás que mi madre no está feliz de que se haya tomado la decisión sin haberle avisado de los planes… pero también deseosa de ser participe en todo— explicó Terry en una sonrisa, mientras bebía un poco del jugo de naranja que acababan de dejar en su vaso. La mesera pelirroja (Terry aún se preguntaba porque siempre los atendía ella o la señora gordita) se había retirado dejando a los enamorados charlando de su situación actual.
—También fue una sorpresa para mí, hablé con Albert anoche y me ha dicho que la abuela Elroy casi se infarta, naturalmente luego de ello, también se puso feliz— aclaró Candy sonriente. En medio de ambos, sobre la mesa, reposaban dos sobres, ambos entrecerrados. Dentro, dos tarjetas color hueso con letras negras cursivas muy llamativas dejaban a que leyera, darse cuenta de lo que se trataba todo aquello…
"Albert Andrey
Y
Karen Grandchester"
Si bien la explicación ampliada venía escrita abajo, Candy y Terry no habían tardado mucho en darse cuenta de lo que iba a pasar. Las tarjetas, no eran sino, invitaciones para una boda… ¡Boda! Albert y Karen, los primogénitos de ambas familias, cuya relación había florecido en la preparatoria y se había seguido hasta la actualidad, habían tomado la decisión de casarse, sin consultar a nadie, sin pedir ayuda de nadie. Simplemente enviando sus invitaciones.
Por supuesto, el día anterior, en que las invitaciones habían llegado, Albert y Karen habían tenido que dar muchas explicaciones… Candy y Terry no eran los únicos que les habían cuestionado su decisión. Albert y Karen sin embargo, solo habían comunicado que no dijeron nada, porque querían ser una pareja independiente desde el inicio del matrimonio y no deseaban ser de esos que pagan todo por cuenta de sus padres. Su boda, sería el premio que dejaban sus empleos y sus propias ganancias sin un centavo de la fortuna Grandchester o Andrey… Y aunque aquella decisión había enorgullecido a sus progenitores (o abuela) también había escandalizado a sus familias quienes no estaban al tanto de sus deseos de matrimonio.
—Igual, no es como que tú y yo nos vayamos a casar mañana y sin avisar…— continuó Candy. Terry rió.
—Yo no dije eso. ¿Estás demasiado ansiosa porque te proponga matrimonio?— bromeó y por respuesta Candy le golpeo levemente en el hombro— Ja, ja, ja era chiste… Solo digo, que mi madre querrá asegurarse de que tú y yo si le mantendremos informada de nuestra relación… Además, ha pasado mucho tiempo sin verte y quiere hacerlo. Por eso te ha invitado a cenar el viernes por la noche, antes de la cena formal de compromiso (que no veo necesaria) de Albert y Karen, el domingo— espetó alegre. Candy tragó saliva y volvió a palidecer, como le pasaba desde la primera vez que había escuchado de aquella cena…
—Y si… Es que yo… Bueno… Si quiero ir, de verdad que sí— se explicó— Pero no quiero causar mala impresión, no… no soy la novia que deberías tener y eso tu madre lo sabrá más que nunca cuando vuelva a verme y se dé cuenta de la chica que fuiste a escoger…— susurró y agachó la mirada. Terry se acercó un poco desde su lugar y la tomó de la barbilla con dulzura.
—Eso no podría pasar de ningún modo. Candy, mi madre siempre ha sabido que estaba enamorado de ti… lo sabía y solo esperaba el día en que estuviera contigo, te lo aseguro. Ahora, no le quites esa ilusión, por favor… y como extra, yo tengo muchos deseos de presentarte como mi novia ante mis padres… ¡Soy todo un afortunado, cariño! No pude haberme conseguido novia más hermosa, dulce y pura…
—Terry… tu sabes— Candy no sabía cómo explicar aquello— No, no uses la palabra pureza…— rogó.
—Deja de apenarte mi amor. A mí no me interesa…. Pureza no es solo ser lo que ya no eres… Eres pura por el hermoso corazón que guardas en tu pecho, por los sentimientos que posees y por la vitalidad con la que afrontas la vida. Eres pura para mí, por eso y por mucho más… Ya habíamos quedado en que lo que pasó, no me afecta ni me interesa para decidir que siento por ti. Pasado es pasado… Las huellas deben diluirse y un día…. Serán casi invisibles. Estamos construyendo un nuevo futuro… los dos, juntos…— aseguró el castaño. Candy lo miró y sonrió. Se acercó y besó a Terry en los labios… El chico era capaz de darle seguridad, de infundirle firmeza y de aplacar las ideas pasadas que por momentos, solían asaltarla de vez en cuando.
Una vez, Candy había escuchado decir de su hermano que necesitaba ayuda psicológica para sobrellevar el trauma que había vivido y ella por supuesto, se había negado… En un momento, por no volver a un hospital, que tan malos recuerdos le llevaba, en un futuro por miedo a tener que revivir el recuerdo y justamente en ese momento… porque ya no lo necesitaba. Terry Grandchester había llegado a su vida para ser diagnóstico, tratamiento y cura a sus males…
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Y mientras en la mesa del fondo, ella lo besaba y él correspondía, el bar del lugar era la mezcla de odio, envidia y nauseas, que aquejaban a dos jóvenes mujeres que se esforzaban en pasar desapercibidas. La más alta de ellas, una pelirroja, alta, delgada y se ojos aceituna, teñidos de odio en el mirar, pedía justamente en esos momentos, dos copas de un coctel demasiado fuerte para beberse por la tarde.
El barman sin embargo, no estaba prestando atención a lo que servía. En esos momentos, la única clientela en la barra, eran esa pelirroja de escote prominente y su acompañante rubia, de ojos azules y dueña de unas largas y blancas piernas descubiertas por la corta falda que en esos momentos portaba. Ambas llevaban ya un buen rato enfrascadas en su charla íntima, bebiendo lentamente y mirando a quién sabe qué lugar, tan distraídas que no notaban como el mesero las devoraba con la mirada.
—De acuerdo… ya sé qué haremos— espetó Elisa, pelirroja y de odio en el mirar, con una sonrisa torcida y llevándose a la boca, la copa que acababa de recibir.
—Bueno pues dime ya, que estoy a nada de ir y besarlo para separarlo de esa artificial— se quejó Susana, su rubia acompañante con un puchero.
—Esa sería una buena idea, pero nos arriesgamos a que ella te agarre y te quite de encima de él. En plan es el típico… Lo vamos a engatusar. Me he decidido. El blanco de nuestro plan… será Candy. Atacaremos directo a su corazón de pollo… si no mal recuerdo, ella debe ser la misma tonta tímida de antes y si está bien enterada de tu última visita a la oficina de su amado, debe ya conocer su historia…
—Pero… ¿eso en que nos ayuda?— preguntó Susana sin comprender.
—Ay tonta… pues es sencillo. Si ella sabe que eres la ex, si ella sigue siendo como antes será fácil engañarla, romperle el corazón y ¡abracadabra! Terry será tuyo. Escucha bien… conozco a uno de los que trabaja en la empresa, es el novio de tu amiga Dorothy, el muy inepto saca copias o algo así… lo voy a seducir y lo convenceré de verter cierto somnífero en el café de Terry, como bien sabemos, el novio se lo lleva a Doro y ella al jefe…
—Ya, ya, voy entendiendo y me gusta el plan…— Susana sonrió malévolamente y desvió la vista de la mesa del fondo al barman que en ese momento le guiñó un ojo. Un hombre bien parecido y rubio, se acercó a la barra y pidió un martini, Susana no reparó más de lo necesario en él… detestaba a los rubios, porque en su opinión, nadie era como ella.
—Pues que bueno, porque cuando se duerma, tú sacarás a Dorothy de la recepción y yo iré con mis amigos para bajar a Terry por las escaleras. Lo llevaré a una habitación de un hotel muy especial para mí, así que no lo arruines…
—Un ¿hotel especial? ¿Y eso por qué?— preguntó Susana arqueando una ceja. Elisa sonrió y respondió, helando la sangre del rubio que había pedido un martini.
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Llevaba días sin poder dormir bien. O más bien semanas. Comenzaba a tener terrores nocturnos que no tenía desde que había cumplido 8 años, comenzaba a padecer un gran insomnio que no le permitía conciliar ni un poco de sueño y si las reuniones de negocios seguían así de aburridas como las de esa semana, no le importaría comenzar a cargar con la anforita que guardaba en casa para llevar a donde fuera un poco del buen whisky que guardaba en su bar personal. No era precisamente como si aquel martini que servían en Delmonico's le disgustara, a decir verdad estaba realmente delicioso pero no era tan fuerte como su bebida personal. De continuar como estaba… acabaría haciendo lo que Tom le había recomendado cuando le comentó (obviando un par de detalles) acerca de su situación: visitar al psicólogo.
Acaba de recibir su martini, cuando la respuesta a una de las preguntas que había formulado la chica de al lado, llamó su atención. No necesitaba voltear el rostro para reconocer esa voz… la había escuchado muchas veces en muchos tonos y en muchos lugares… hacía ya un tiempo que no a veía y a decir verdad, se había alegrado de ello, pero en esos momentos, lo que dijo, sin saber por qué, lo dejó pasmado por completo:
—Es el hotel de Anthony Brower, mi peor error y mi más grande amante. Muchas veces fuimos juntos, incluso reservábamos siempre la misma habitación. Según sé, en esa habitación, estuvo también Candy Andrey…—
Anthony estuvo a nada de dejar caer la copa que sostenía. ¿Elisa hablaba de Candy? ¿Elisa hablaba de ese hecho que no lo dejaba dormir desde que se había enterado de las consecuencias que había tenido? ¿Ella tendría conocimiento de que esa habitación donde una rubia había estado, había sido el escenario de una violación? ¿Sabría ella que él era ese violador?
Sin poder evitarlo, se acercó un poco para escuchar la conversación, deseaba saber que estaba pasando ahí aunque fuera solo para confirmar si alguien sabía de lo que él era… un violador.
—Quieres decir… ¿Qué han compartido chico, esa y tú?— cuestionó la rubia esquelética.
—Dios, no— aclaró Elisa con indignación—Estoy diciendo que el imbécil de Tony se la llevó a la cama por una apuesta y no tuvo ingenio para reservar otra habitación, menudo idiota de 18 años— explicó enfadada, Anthony diría, celosa— Veremos que le da a Candy cuando recuerde que ha estado en ese lugar…. Bueno, una muy buena imitación del lugar que ella visitó a los 18 años en Chicago, los Brower no tienen estilo en sus hoteles, todos son iguales, al menos el que te digo, lo es. La habitación está en el mismo piso— se burló.
El rubio a su lado no reparó en nada de lo que se dijo de su hotel, tan solo en el hecho de que aquellas dos, estaban planeando algo y eso algo, incluía que Candy Andrey, la rubia que alguna vez y en ese mismo momento aún amaba, la pecosa que había sido víctima de su abuso y su rabia, de su idiotez y su borrachera… La rubia a la que todas esas semanas y noches, había pensado con desesperación, tratando de demostrarse de que el futuro le había traído cosas mejor, de que su vida estaba mejor años después de lo que él le había hecho…
Por una afortunada coincidencia, se había enterado de que Candy sostenía una relación con Grandchester y al menos por ese momento se había sentido aliviado. Porque Terry siempre la había amado, porque el castaño bien podría reparar su daño, sus errores, sus mentiras, sus huellas imborrables… Pero ¿Candy sufriría de nuevo aún con Terry? Esas dos… ¿destrozarían lo bueno que la rubia tenía, por quién sabe qué cosa?
Anthony buscó con desesperación por si Candy andaba por ahí. En efecto, ella estaba en el restaurante, en la mesa del fondo, con Terry, reían, se besaban, se tomaban de las manos… ¿Esa sonrisa, se iba a borrar? ¿Podía hacer algo por evitarlo?
Sin pensar muy bien en lo que hacía, dio un corto sorbo a su copa y dejó un fajo de billetes en la barra, era hora de irse. Tenía que ordenar la agenda del día siguiente… tenía una visita que hacer, un acto de redención que cometer, un acto puro, que daría paso a mil buenas experiencias que no debían esperar más…
—Una persona como ella, no merece sufrir más…— fue lo último que pensó antes de darse la vuelta y derramar por accidente la copa de martini justo al lado de una rubia artificial, esquelética, tonta y malvada, que chilló levemente al sentir la falda mojada. Elisa ni siquiera se inmutó, aquel rubio no llamó su atención, ella estaba pensando, en cómo acabar con cierta rubia que tanto se empeñaba en aparecerse en su vida.
Y en la mesa del fondo, una hermosa pareja, decidía que el viernes por la tarde, deberían salir temprano de la oficina, la noche, llevaría una hermosa cena y el domingo una reunión familiar. ¿Llegarían a cumplirse esos planes?
Continuará…
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¡Muy buenas tardes a todas! Bueno, primero que nada, quisiera aclarar ciertos comentarios que me llamaron la atención. Por ejemplo, que iba a casar a Terry con Susana, no supe de qué modo insinué aquello, pero no, para nada, ahora ya conocen el malvado plan. Segundo, en el capítulo 12, insinué que íbamos a la mitad, pero aclaré que me refería a que en la primera edición para ese punto, ya estábamos en la SEGUNDA PARTE de la historia, no a que el capítulo 12 fuera exactamente la mitad de todo esto. Y tercero, dije antes que este sería el último capítulo, pero decidí que tomaré con calma esto, así pues, me voy a llevar el CAPITULO 21, COMO GRAN FINAL, por favor no se lo pierdan, nuestra pareja merece un buen final. Y claro, les voy a traer un buen epílogo.
Y… ¿Alguien notó que cambie de nombre? :33 Bueno… No he dejado de ser Julieta, para todos, detalles en mi perfil que también ha sido actualizado. Pero bien, me agrada poder presentarme aquí, cómo JulyPotter31. Esperando que no se confundan y que me sigan queriendo, como July o Julieta, andaré por acá, con mis locuras.
GRACIAS:
Becky Grandchester, Carito Andrew, Gladys, GUEST, Merlia, GUEST, Magda Vidal, GUEST, LizCarter, Sra. Grandchester, Becky70
Saludos a todas y nos vemos en el siguiente episodio. ¡Buen fin de semana a todas!
Con cariño,
JulyPotter31.
