Sam se quedó perplejo al entrar en el apartamento. Aunque desde fuera todo parecía normal, al abrir la puerta, comenzó a escuchar el llanto de Nadia. "Esto, John, ¿Por qué no te quedas aquí un momento, jugando mientras voy a buscar a papá y Nadia?"
"¿Nadia está llorando?" Sam se arrodilló frente a su sobrino y puso las manos sobre los hombros del niño. "¿Está triste o le duele algo?"
"No, seguro que no es nada. Voy a enterarme y ahora mismo estoy otra vez contigo." El niño lo miró con seriedad, la misma mirada de preocupación de su padre, la misma forma en la que Dean le miraba cuando intentaba buscar la solución a algún problema difícil.
"Vale, dile que la quiero." Sam le revolvió el cabello al niño y trató de sonreír de la forma más amistosa posible, aunque no consiguió que el niño quedara completamente convencido de su truco.
Por fin, Sam dejó al niño entretenido con el último juguete que le había regalado de Dean y se dirigió al dormitorio de su hermano. Dudó un momento sobre abrir la puerta o no, pero al final lo hizo, al fin y al cabo Nadia era parte de su familia y merecía que le ayudara.
"Nadia, cariño, vamos, te prometo que vamos a solucionar esto. No tiene porque salir tal y como tu madre ha dicho." Sam entró en la habitación en silencio, observando la escena.
Nadia estaba en la cama, hecha un ovillo, abrazaba a la almohada, mientras Dean sentado a su lado intentaba consolarla por algo sobre lo que Sam no tenía ni idea. Se sentó al la de su hermano y espero que este dejara de hablar.
"No lo puedes decir con seguridad. Puede que dentro de unas horas me haya convertido y no puedas hacer nada para evitar que te haga daño." Nadia se incorporó, llevando consigo la almohada, sin dejar de llorar. "¿Y si hago daño a John? Le adoro, incluso ya pienso en él como si fuera mi hijo, pero si mi madre tiene razón, cuando me convierta en una bruja, al principio no podré contenerme y siempre he oído que las brujas y los vampiros no se llevan nada bien."
Dean intentó varias veces que Nadia se calmara, pero no lo consiguió, ella necesitaba soltarlo todo, jamás había estado tan preocupada por algo, justo cuando creía que estaba consiguiendo la vida que siempre había soñado, las cosas volvían a estropearse. Por eso, Dean la besó con fuerza, junto sus labios con los de ella hasta que ambos se quedaron casi si aliento.
"No quiero que digas algo así. Se que no serías capaz de hacer daño a John y por supuesto estoy seguro que John no tiene nada que ver con que su madre fuera un vampiro. Siempre ha sido un niño normal. Vale, acepto que va a se cazador por algún tipo de orden cósmico, pero lo de vampiro no entra en el lote."
"Pero…" Dean le acarició el pelo con cuidado y le sonrió, por lo que ella se quedó sin palabras, perdida en sus ojos verdes. Se lanzó a sus brazos sin dejar de llorar y al sentirse protegida por él, hundió la cabeza en su pecho.
Dean se volvió hacia su hermano y con un gesto le dijo que luego se lo explicaría, en ese momento tenía que conseguir que Nadia se calmara. Sam se levantó y salió de la habitación, esperó unos pocos minutos y finalmente su hermano salió a su encuentro.
"Se ha quedado dormida, estaba agotada, pobrecilla." Cogió una cerveza de la nevera y se dejó caer en el sofá, suspirando con fuerza al hacerlo.
"Cuando nos hemos ido estabais felices, os ibais a casar y por su puesto su madre seguía estando muerta. ¿Se puede saber que es lo que ha cambiado en este rato para que esté así? ¿Qué le has hecho?"
"Gracias por tu confianza Sammy, pero no yo no le hecho nada. Ha sido su madre, que ha decidido hacer su gran aparición hoy. Yo intento convencerla de que esa mujer está loca. Tal vez sea una bruja, pero no puede ser verdad lo que dice."
"¿Y es?" Dean miró a John al quedarse en silencio. Había oído muchas cosas provenientes de aquella mujer y por mucho que no las creyera, no le hacía gracia que su hijo las escuchara y se asustara.
"Según esa mujer." Dijo Dean en voz baja. "Nadia va a convertirse en una bruja como ella."
"Si le devolvemos sus poderes, claro que sí, eso ya lo sabíamos."
"El problema es que lo que esa mujer entiende como bruja es más bien el tipo bruja del Oeste. Y por cierto, también ha dicho que John querrá probar la sangre tarde o temprano, que saldrán a la luz sus genes vampíricos." Bebió un largo trago de cerveza, dejando la botella vacía y tras dejarla en la mesa, se cubrí el rostro con las manos.
"Eso no son más que tonterías y espero que no te las hayas creído. Esa mujer, si realmente es su madre, sólo quiere que Nadia el haga caso, llevarla a su terreno, como si se tratara de un demonio."
"Ya había pensado en eso, pero Nadia está aterrada, piensa que nos va hacer daño. Ya la has visto, no ha dejado llorar en toda la mañana y hasta hace cinco minutos no ha dejado que yo me acercara a ella."
- o -
Diez minutos después de quedarse dormida, Nadia abrió los ojos de par en par. Un calor intenso recorrió su todo su cuerpo y se concentró en sus manos. Incluso sus ojos venían de forma distinta que antes. Algo estaba cambiando en su interior y ella no sabía lo que era.
Sin embargo, las palabras de su madre sonaron con fuerza en su cabeza, retumbando una y otra vez, recordándole aquello de que tarde o temprano iba a convertirse en una bruja y tenía que prepararse para ello.
Tenía miedo, tal vez el cambio estuviera llegando antes de lo que pensaba, pues de repente un olor extraño y que no le gustaba nada, llegó hasta ella. Era algo nuevo, pero absolutamente horrible. Justo después del olor, una imagen inundó su cabeza. John estaba allí, le sonreía como siempre, pero también le mostraba sus dos pequeños colmillos de vampiro.
"No es posible." Dijo ella, incorporándose con violencia. Apenas podía contener su cuerpo, por mucho que adoraba a John, no podía dejar de pensar en él como una terrible amenaza, como algo que debía evitar. "No puede ser, no por favor. ¡Dean!" Gritó por fin al sentir el terrible dolor en el estómago, subiendo hasta su cabeza.
El cazador, abrió la puerta de golpe, seguido de su hermano. "¿Qué ocurre?" Dean fue hasta ella e intentó coger sus manos entre las suyas, pero Nadia lo impidió alejándose de él. "Nadia, mi amor ¿Qué pasa?"
"Eres un cazador, me harás daño cuando intente hacer algo." Nadia parecía estar fuera de si. "Y el niño, dios Dean, John es un vampiro, nos atacará, me atacará cuando sepa lo que soy." Desvió la mirada rápidamente hacia Dean, que se sobresaltó al ver el miedo tan poderoso que había en los ojos de ella. "Soy una bruja Dean, ahora lo veo. Soy una bruja y no hay nada que podamos hacer para evitarlo."
"No, no es cierto, tienes poderes, de acuerdo y puede que seas una bruja en el sentido de usar la magia, pero en ningún caso voy a decir que seas una bruja porque hagas daño a la gente. Tu no haces daño a nadie."
"Ahora sí. Lo siento en mis manos." Dean bajo la mirada hasta las manos de la chica, que poco a poco se estaban iluminando de una forma extraña. "Quieren sangren, lo noto, quieren la sangre de un cazador y cada vez se hace más fuerte. Tenía que haberme preparado para esto. Mi madre tenía razón. Lo mejor será que me aleje de vosotros antes de que os haga daño a ninguno."
Nadia se levantó de la cama y fue hasta la puerta, pero Dean la detuvo en medio de la habitación, la cogió del brazo y tiró de ella. "No te voy a dejar, porque todavía se lo que sientes. ¿Recuerdas? Compartimos los mismos sentimientos, por eso se que estás asustada, que no quieres hacer daño a nadie, que tienes miedo de cambiar, pero sobretodo se que puedes luchar contra eso."
"¿Cómo?" Nadia intentó liberarse, pero Dean la tenía bien cogida y no iba a dejarla marchar sin más. "Si no me dejas marchar ahora, puede que luego sea demasiado tarde para todos."
"¿Quieres saber como?" Nadia asintió, mientras observaba a Dean acercarse a ella, sin soltarle el brazo. Poco a poco sus cuerpos se fueron juntando y en un momento apenas hacía separación entre ellos. "Ven conmigo, deja que te ayude."
"No, te lastimaré." Nadia cerró el puño iluminado con fuerza, como si de esa forma pudiera evitar sacar la extraña energía de su cuerpo. Se resistió cuando Dean colocó sus manos sobre su cintura, se resistió cuando la abrazó, aunque ya no quería hacerlo. "¿Todavía me quieres después de lo que te he dicho, después de decirte que voy a hacerte daño si no me abandonas ahora?"
Dean cogió el rostro de la chica entre sus manos y la miró. "También me quieres tu y se que es nuestra mejor arma para luchar contra esto. Las brujas de las que habla tu madre, no conocen el amor, por eso viven llenas de amargura a odio. Pero tu no eres así, te le visto, te conozco perfectamente y te quiero por como eres." Recorrió la espalda de la chica con las manos y al ver que ella cerraba los ojos y suspiraba, se acercó a sus labios y la besó.
Sam miraba la escena con absoluta preocupación. No sabía lo que estaba ocurriendo y Dean tampoco lo sabía, por lo que lo que estaba haciendo era bastante arriesgado incluso para alguien como su hermano. Sin que ninguno de los dos le viera, se aseguró que su arma estaba en su sitio y que podría desenfundarla en cualquier momento si fuera necesario.
De repente, los cuerpos de Dean y Nadia se iluminaron por la misma energía que salía de las manos de Nadia. Dean separó sus labios de ella. "Me duele, pero cuando estoy contigo, cuando me besas, cuando estás a mi lado, es como si un escudo nos protegiera a los dos." Dijo Nadia junto a su oído. "Así es como cambiamos, como dejamos de ser seres humanos normales. Vosotros perdéis a vuestros seres queridos al haceros cazadores, nosotras, perdemos parte de nuestra humanidad."
"No, eso nunca, no lo permitiré. ¿Qué debo hacer para impedirlo?"
"Quédate conmigo." Nadia acarició el rostro de Dean y al hacerlo, comprobó que estaba en lo cierto, el dolor era menos intenso y la luz que emergía de sus manos era menos vistosa. "¿Recuerdas la boda?" Dean asintió, sería difícil que olvidara que estaba a punto de casarse. "La unión de por vida es la única forma de mantener una mujer lejos de convertirse. El amor verdadero de un ser humano contrarresta los fuertes de deseos de nuestros genes de bruja." Nadia gimió con fuerza y gracias a que Dean la tenía entre sus brazos, no cayó al suelo. "No creo que aguante mucho más."
"Entonces nos casaremos ahora." Nadia levantó los ojos a pesar de apenas poder abrirlos. "Vamos, hay una capilla no muy lejos de aquí, si para salvarte y no perderte tengo que decir delante de quien haga falta que te quiero, lo haré."
Nadia apenas podía andar, por lo que al final, Dean decidió cogerla en brazos. "Papá. ¿Qué le ocurre a Nadia?"
"No te preocupes cariño, todo va bien, papá y Nadia volverán en un rato y todo estará bien." Dijo Dean mirando a Nadia que mantenía los ojos cerrados. Le besó en la frente, pero justo en ese momento, la chica abrió los ojos y se encontró con John.
"Maldito vampiro, te mataré y no vas a conseguir hacerme daño." Intentó liberarse de los brazos de Dean, pero este la tenía bien cogida y notando como ella forcejeaba, consiguió salir de la habitación antes de que ella pudiera hacer algo de lo que arrepentirse. Sabía que John lo iba a pasar mal, pero estaba seguro que Sam estaba allí para cuidarle.
"¿Por qué ha dicho eso? He hecho algo malo." Dijo el niño entre lágrimas, sentado en el suelo, sin quitar la vista de la puerta.
"No, no, claro que no campeón." Sam lo abrazó y el niño comenzó a llorar con fuerza.
"Le he hecho daño y ahora Nadia no me quiere. Seguro que papá también me odia."
"Nadie te odia y Nadia solo está enferma, tiene fiebre y no es ella la que habla, ya verás como la próxima vez que la vemos, está perfectamente y te dice lo mucho que te quiere."
"¿Qué es eso?" Preguntó John desviando la mirada hacia el brazo de su tío, donde había mancha roja.
"Debe ser de Nadia, ha debido arañarme o algo así. No me había dado ni cuenta." El niño se acercó a él, como si estuviera hipnotizado por el líquido rojo y tocó la pequeña herida. "¿John que haces?"
Por su pequeño dedo comenzó a descender una gotita de sangre y el niño, entre risas la siguió con la mirada. "Es divertido."
"John, cariño, deja eso, no es sano. Vamos, deja que te limpie." Sam cogió la mano de John, pero este la apartó con rapidez.
"¡No!" Se retiró como si de un gato se tratara y antes de que Sam pudiera evitarlo, probó su primera gota de sangre. Abrió los ojos de par en par, como si estuviera probando el manjar más delicioso del mundo y de una forma que tan sólo había visto hacerlo a los vampiros y a los demonios, John sonrió con maldad.
