Disclaimer: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen

XXI. Respuestas

La necesidad de alejarse que embargó a Quinn fue mayor que cualquier otra cosa. Por suerte para ella, Rachel estaba a su lado y no permitiría que pasare por todo eso sola. En el fondo, Quinn sabía que debía hablar con Taylor, apoyarla, pero en ese momento necesitaba estar sola y poder entender lo que estaba sucediendo.

Rachel condujo a Quinn hasta su casa; sus padres luego podrían entender su ausencia ese día en el instituto. Ella no iba a mantener a Quinn allí, sabiendo que su cabeza estaba en otra parte, probablemente atormentada por las noticias. Quinn tiró sus cosas y subió hasta su habitación, seguida muy de cerca por Rachel. Estuvieron en silencio al menos 10 minutos; Rachel sentada en la cama, con su espalda apoyada en el respaldo de la misma y Quinn recostada en sus piernas.

–Taylor es mi hermana... –murmuró Quinn.

–No lo sabemos con certeza, Quinn –Rachel intentó mantenerse cauta.

–Tiene una foto de mi papá, su mamá le dio su nombre y él viajaba bastante en esa época. Yo no lo recuerdo, pero lo comentaban varias veces. Luego lo ascendieron y dejó de viajar –explicó Quinn–. Siempre decía lo afortunado que había sido al lograr aquel ascenso, pues había tenido que perderse tantas cosas por estar de viaje y había sufrido al estar lejos de nosotras –soltó una carcajada irónica–. Otra mentira más en la vida de Russel Fabray; mientras mamá estaba acá cuidándonos y agotándose con dos niñas pequeñas, él jugaba a ser soltero y se acostaba con quién podía... –la rubia hizo una pausa y se secó las lágrimas que rodaban por sus mejillas–. Mamá siempre ha creído que el ascenso lo cambió, pero en realidad siempre fue un hijo de puta.

–Quinn...

–No, Rach –la cortó la Quinn–. Engañó a mi mamá cuando yo recién había nacido y quién sabe cuántas veces antes. Tiene una hija que es dos años menor que yo a la que abandonó, que tenía derecho a todos los lujos que nosotras tuvimos. Taylor no tuvo nada de lo que le correspondía y su mamá tuvo sacarla adelante sola, ¡porque él tenía una maldita imagen que mantener! –Rachel la abrazó intentado tranquilizarla–. Yo me parezco a él, Rach... siempre lo han dicho... voy a arruinarlo en algún momento. Voy a dañar a Beth como él me dañó a mí y te voy a arruinar, como él lo hizo con mi mamá... –Quinn no pudo continuar porque un sollozo desgarrador que no pudo contener la interrumpió.

–¡Detente ahí, Quinn Fabray! –exclamó Rachel en el tono más serio que poseía–. Físicamente puedes ser parecida a él y puedes tener ciertos rasgos de su personalidad, pero también eres hija de Judy. Eres cariñosa como ella, preocupada y desinteresada. Ninguna persona que mire y trate a su hija como tú lo haces, sería capaz de hacer lo que tu padre les hizo. Además, tú no crees en esos parámetros ridículos que Russel quería imponerles. Tú luchas contra ellos. Desde que estamos juntas ni una sola vez has intentado cambiarme, ni siquiera mi vestuario. Así que nunca más vuelvas a decir que eres como él. Tú jamás le hubieses hecho a Taylor lo que él le hizo –añadió–, en el caso que sea verdad...

–Sabes tan bien como yo que es verdad. Si nos hacemos una prueba, el resultado será evidente –expuso Quinn–. Además, Taylor tiene la misma contextura y altura que Frannie y yo. Si la miras bien, tiene rasgos parecidos a los míos y sus ojos son iguales a los de mi abuela –añadió suspirando–. Jamás lo había notado hasta ahora.

–¿Vas a hablar con Judy y Frannie? –preguntó cuidadosamente Rachel.

–Sí, debo hacerlo. Taylor es mi amiga y necesita que la ayudemos... Esto es fuerte para todas nosotras y destruye muchas cosas que creíamos verdaderas, pero ella es la persona que importa ahora. Yo seguiré teniendo a mi mamá y a mi hermana. Taylor en cualquier momento se quedará sola... –explicó la rubia–. Y no puedo permitirlo, no podía antes y menos podré ahora sabiendo que somos hermanas.

Rachel la abrazó y la miró maravillada. Le parecía imposible que el hermoso ser humano que estaba ante ella, pensara que podía convertirse en alguien como Russel Fabray.

–Te amo –las dos palabras salieron de la boca de Rachel sin que tuviese tiempo de controlarlas.

Quinn no dudó un ni un segundo y la besó de una manera distinta, como nunca antes la había besado. Con delicadeza, pero con pasión. Deteniéndose para saborear cada rincón de la boca de la morena. Se separó un momento para poder respirar correctamente y volvió a perderse en los labios de Rachel.

–Te amo –susurró Quinn, mirándola a los ojos y ahogándose en ese mar castaño que eran los dos orbes de Rachel.

Ahora fue el turno de la morena de besar a su novia. De transmitirle todo el amor que sentía por ella. Algo cambió para Rachel y de repente sólo lo supo.

–Estoy lista –susurró al oído de Quinn.

La rubia se separó un poco de su novia para mirarla fijamente a sus ojos, buscando una respuesta a una pregunta no formulada. Rachel sólo asintió.

Ellas habían esperado todo este tiempo, porque Quinn no quería apresurar las cosas. Ella había tenido una primera vez que ni siquiera podía recordar completamente y deseaba que la de Rachel fuese perfecta. La morena, a la vez, no quería dar ese paso a ciegas. No se sentía preparada, pese a todo lo que deseaba a Quinn.

No se sentía preparada hasta ese momento.

Quinn volvió a besar a Rachel en los labios, ahora con más prudencia y algo de nerviosismo.

Era una primera vez para ambas.

Desde la primera vez que habían hablado el tema, cada una por su lado se había instruido mirando videos, así que en teoría sabían qué hacer; pero poner esos conocimientos en práctica era diferente. Ambas sentían cómo sus cuerpos temblaban al contacto con el otro. Sin dejar de besarse, Rachel comenzó a explotar la espalda de Quinn bajo la blusa; la rubia gimió al sentir aquellas caricias. Al cabo de unos minutos, ambas chicas se encontraban sólo en ropa interior. El calor del lugar se había elevado en un cien por ciento y las caricias ya no eran tímidas, sino que habían adquirido confianza.

Quinn jamás pensó que disfrutaría tanto de la voz de Rachel cada vez que gemía en su oído, era incluso más placentero que oírla cantar. La morena, descubrió que sus labios convertían todo el cuerpo de Quinn en zonas erógenas, arrancándole gemidos cada vez que la besaba.

Cuando Quinn se quitó el sujetador exponiendo sus delicados pechos, Rachel no pudo pronunciar palabras. Para ella cada parte del cuerpo de su novia era perfecto, pero en ese momento, frente a ella, tenía dos obras de artes. Miró a la rubia pidiendo permiso y Quinn sólo asintió sonrojada. Con delicadeza masajeó cada uno de ellos, disfrutando de cómo se adaptaban perfectamente a sus manos. La tentación de besarlos fue mayor y no pudo contenerla. Al probarlos y sentir cómo el cuerpo de Quinn tembló, supo que había encontrado una nueva adicción.

Tras minutos de caricias y besos que provocaron que Quinn alcanzara el cielo, la rubia decidió ponerse ella en control y desabrochó el sujetador de Rachel, liberando sus dos pechos que ansiaban por caricias. El deseo que embargó a Quinn en ese momento era imposible de describir. La morena la hacía sentir cosas que ella no sabía que eran posibles.

Sin dejar de acariciar los pechos de Rachel, Quinn llevó una de sus manos hasta el centro de Rachel, tocándolo por sobre la ropa interior. La morena encorvó la espalda hacia Quinn al sentir el ansiado contacto y sus manos apretaron con fuerza la sábana.

–¡Por favor! –exclamó la morena sin saber realmente qué quería–. ¡Más! –pidió.

Quinn sintiendo cómo sus manos temblaban cuando quitó la última barrera de ropa que Rachel poseía. La miró a los ojos antes de continuar, buscando su aprobación. La morena asintió con los ojos brillando de lujuria. Sólo entonces los dedos de Quinn se deslizaron entre los pliegues de Rachel, maravillándose con su humedad y el calor que irradiaba. Su dedo pulgar comenzó a acariciar en forma circular aquel botón palpitante que ansiaba contacto, llevando a Rachel a las nubes. Los gemidos de la morena le indicaban a Quinn que todo iba bien. Se centró en darle placer a la morena, percatándose como segundo a segundo su humedad aumentaba. La besó con pasión, sin dejar de acariciarla, buscando una mayor conexión, un mayor contacto.

Lentamente comenzó a introducir uno de sus dedos en Rachel, sintiendo cómo atravesaba las barreras que el cuerpo de la morena oponía. No quitó sus ojos de Rachel, apreciando sus gestos, notando cuando se tensó en el momento que Quinn atravesó con sus dedos aquella barrera natural que protegía su virginidad. La rubia se detuvo un momento, esperando que el cuerpo de la morena se acostumbrara a la invasión y Rachel se lo agradeció con la mirada, poco a poco continuó su aventura, haciendo que aquella incomodidad que Rachel sentía se trasformara en placer.

Cuando las paredes de Rachel comenzaron a apretar sus dedos, Quinn supo que la morena estaba cerca de la máxima excitación. La imagen de Rachel alcanzando el orgasmo, logró que la propia rubia lograra el suyo. Era como si existiera una mágica conexión entre ellas de puro placer. La cara extasiada de Rachel era lo más hermoso que había visto Quinn en mucho tiempo.

Tras recuperarse un momento, Rachel comenzó a besar a Quinn. Ésta era la primera vez para ambas y ella estaba decidida a que ambas experimentaran el mismo placer. Tomando coraje por la experiencia recién disfrutada, quitó las bragas de Quinn y deslizó sus dedos entre sus pliegues, buscando su calor. Sentir la humedad de la rubia entre sus dedos le produjo un placer inimaginable. Quinn dejó escapar un largo gemido al contacto.

–Por favor, Rach... te necesito... –la suplica de Quinn tras unas caricias sonó de lo más erótico y Rachel no pudo resistirse.

Un dedo entró en Quinn, investigando, tentándola. Cuando los gemidos y los ruegos de Quinn fueron demasiado para ella, introdujo el segundo, sintiendo como el cuerpo de la rubia se apretaba ante la invasión. Luego de un tiempo, un tercer dedo llevó a Quinn a la gloria, y Rachel la siguió escasos instantes después.


Media hora había pasado y aún seguían extasiadas. Estaban abrazadas sobre la cama de Quinn, aún desnudas, pues el agotamiento era mayor y querían disfrutar del contacto de ambos cuerpos.

–Gracias –dijo simplemente Rachel, besando los labios de Quinn.

Toda respuesta de la rubia quedó interrumpida por la interminable vibración de su celular apoyado en la mesita de noche ubicada al costado derecho de su cama. Con reticencia, Quinn lo tomó y al ver que era Brittany, contestó.

–¿Estás bien? –preguntó la rubia de ojos celestes apenas Quinn dijo hola. La ex capitana de las porristas había olvidado porqué se encontraba junto con su novia en su casa en vez de en el McKinley.

–Sí, Rachel está junto a mí –respondió como si eso explicara todo y al parecer lo hacía, porque Britt no lo cuestionó.

–San me dijo que no me inmiscuyera y que te diera tiempo, Q –explicó Britt–. Pero Taylor está mal y siento que te necesita. No te hablaría si no creyese que es importante.

–Lo sé, B –contestó Quinn. Su amiga siempre velaba por su bienestar y si ella consideraba que debía estar junto a Taylor, lo más probable es que así debiese ser–. Y no te preocupes, la Quinn que escaba de sus problemas se marchó hace algún tiempo...

Tras despedirse, Quinn cortó la comunicación y se concentró en la morena que la miraba fijamente.

–¿Tenemos que volver a la realidad y salir de nuestra hermosa burbuja? –preguntó Rachel y Quinn asintió–. ¿Estás segura de lo que quieres hacer?

–Sí. Mi mundo se acaba de derrumbar de cierta forma, pero no de una forma tan terrible como le pasó a Taylor –explicó Quinn–. Quizás siempre tuve este instinto de hermana mayor con ella, siempre sentí que debía ayudarla, protegerla. Asumí que era por la maternidad, pero quizás es verdad eso que dicen sobre lo fuerte de los lazos sangre...

–Quizás... –acordó Rachel–. Pero creo que es algo más que eso. Es tu naturaleza, Quinn. Eres una persona protectora. Por eso no querías estar conmigo en un principio, por miedo a dañarme, a dañar lo que se había formado entre nosotras. Me llevó tiempo entenderlo, pero era así –agregó besando a su novia–. ¿Vas a intentar contactarla?

–Creo que es lo mejor. Quiero hablar con ella antes de comunicarme con Frannie o con mi mamá –expuso Quinn.

Luego de vestirse y tras algunas llamadas, la rubia pudo saber el paradero de Taylor, quien también había decidido marcharse del instituto ese día. Lauren hizo prometer a Quinn que trataría bien a su amiga, que la ayudaría.

Aunque Quinn insistió, Rachel no la dejó asistir sola. La morena sabía que era un tema que directamente no le inmiscuía, pero quería que Taylor entendiera que Quinn iba a conversar con ella como su amiga, no como la hija de la otra familia, la familia que Russel Fabray escondió a su madre y, llegado el momento, prefirió ante ella.

La castaña de ascendencia cubana le había informado a Quinn que Taylor, Camila y ella solían frecuentar un mirador situado en las afueras de Lima. Era un lugar tranquilo y seguro. Ellas lo llamaban su lugar de paz. Taylor les señaló a sus amigas que iría a ese lugar a pensar y les pidió por favor no la acompañaran, que luego ella se pondría en contacto. Aunque con reticencia, sus amigas habían aceptado.

Quinn apreció cómo el cuerpo de Taylor se tensó al verlas llegar, cómo miró hacia todos lados intentando buscar una vía de escape cuando las vio bajar del coche. Algo dentro de la rubia se apretó al saber que ella era la culpable de aquella reacción.

Taylor me tiene miedo. Mi hermana me tiene miedo.

–De verdad no puedo tener esa conversación ahora –rogó Taylor conteniendo las lágrimas.

–Quinn está preocupada por ti, Tay –explicó Rachel, tomando la mano de su novia y yendo al encuentro de la castaña–. Somos amigas, eso no ha cambiado...

–¡Todo cambió! –exclamó Taylor–. No podemos hacer como si nada hubiese pasado. Todo cambió... –agregó–. Mi, mi... Quinn y yo...

–Somos hermanas –completó la rubia con calma.

–¡No! –contradijo la castaña–. Tu hermana es Frannie y yo no tengo más familia que mi mamá –soltó un sollozo que sonó desgarrador por el llanto contenido–. Ella no sabía... te lo prometo, Quinn. Mi mamá no sabía que era casado cuando todo comenzó. Yo lo siento...

Quinn soltó la mano de su novia y abrazó a Taylor, conteniéndola, intentado decirle que todo mejoraría. La chica tenía quince años y su mundo se estaba cayendo a pedazos.

No es justo. Nada relacionado con Russel lo es.

–Tú no tienes la culpa de nada, ¿está claro? –el tono de Quinn fue tajante. A Rachel le recordó el que usaba en su versión HBIC, pero menos amenazante–. Y también creo que tu mamá no sabía nada, y aunque hubiese sabido, Tay, Russel era el que debía respetar su matrimonio, no ella –explicó con calma–. Te guste o no, ya no estás sola. Tienes dos hermanas mayores –agregó abrazando con fuerza a la castaña al sentir que comenzaba a llorar en su hombro. Su mirada se encontró con la de Rachel y entendió porqué la morena quería estar ahí. Rachel sabía que su novia la necesitaría para darle fuerzas, para apoyarla. Quinn le agradeció con una sonrisa–. Detesto a Russel, pero le agradezco la familia que me dio y eso te incluye a ti... Ya no estás sola, ¿ok? No tienes que tener miedo...

–Hablamos con mi papi de camino hacia acá y él nos explicó que se necesitarían algunos exámenes, pero que tras ello, conseguir los papeles de Russel sería fácil –comentó Rachel tras un momento de silencio, donde Taylor consiguió calmar su llanto–. Él dijo que ya había tratado con los abogados de Russel antes, que sabía que podría conseguirlo...

–Yo no sé qué decir... –expuso Taylor emocionada.

–No tienes que decir nada... Sé que todo esto es difícil para ti y no quiero hacerlo más complicado, pero me gustaría que estuvieras presente cuando hable con mi mamá y con Frannie –pidió Quinn.

–¿Qué? No... no, Quinn –el tono tajante de Taylor se asemejó bastante al de Quinn. Para la rubia y la morena, los parecidos comenzaban a ser más evidentes con el paso del tiempo–. Es tu mamá, Quinn. Además ella me va a odiar, yo soy el fruto del engaño de su marido –Quinn la corrigió señalando que era el ex–. Da lo mismo, no creo que necesite que le refrieguen en la cara la infidelidad, Quinn.

–Eres una persona, una persona a la que mi mamá estima... Créeme es lo mejor

Tras varios minutos de tiras y aflojas, Taylor se marchó junto a las chicas rumbo a la casa de Quinn. Ese día Judy salía temprano porque había una celebración en la empresa que trabajaba. La mujer pasaría a recoger a Beth a la guardería y luego se iría a su hogar. Quinn comprobó la hora para corroborar que Judy ya se encontraba en casa, luego pidió a Rachel que llamase a Frannie para que pudiesen tener una video-llamada en unos minutos más. Al parecer, el destino estaba de su lado, porque la mayor de las hermanas Fabray se encontraba en su departamento y no tenía planes para después.

Judy se extrañó al ver a las tres chicas entrar a la casa a esa hora, pero la mirada de Quinn le pidió que no cuestionara nada. Mientras Quinn se conectaba a Skype desde la smart tv de la sala, Rachel hacía que Beth caminase por el primer piso tomada de sus dos manos. La pequeña ya había dado sus primero pasos, pero aún no tenía mucha seguridad al caminar. Judy se quedó mirando a Taylor que parecía más interesada en observar el piso, cuando de pronto recordó lo que sucedía en la vida de la castaña.

–¡Oh Dios mío! Tu mamá... –susurró la mujer mayor.

–No, ella... todavía no... –respondió Taylor, sin poder pronunciar aquellas palabras que la aterraban desde hace dos días.

–Quinn me explicó todo el sábado –dijo Judy a la chica con empatía–. Quiero que sepas que estamos para lo que necesites y que Leroy hará todo lo necesario para impedir que algo malo te pase...

La voz de Frannie molestando a Quinn interrumpió la respuesta de Taylor. Judy esbozó una sonrisa al escuchar la interacción de sus hijas. Quinn le pidió a ambas que se acercaran a la sala para comenzar. Rachel anunció que estaría jugando con Beth en la habitación de la pequeña.

Taylor se sorprendió al ver al hermano de Lauren en la pantalla. Su amiga le había explicado que la hermana de Quinn y Jesse habían formado una extraña amistad, pero era distinto observarlos ella misma.

–Taylor, estás cada día más linda –dijo Jesse sentado cerca de Frannie frente a la pantalla.

–No molestes a la chica, es menor de edad –advirtió Frannie en un tono que a Taylor y Quinn le pareció de celos.

–¿Podrías explicarme nuevamente qué hace St. James en nuestra video-llamada? –el tono cansino de Quinn lo dijo todo.

–Jesse estaba acá haciéndome compañía cuando me llamaste. Aunque le pidiese que se fuera, se quedaría. Es demasiado entrometido –explicó Frannie con burla, recibiendo una queja de Jesse.

Judy dejó escapar una risa, al parecer maravillada con la interacción de aquel par.

–Voy a intentar ignorarlo mientras hablo –anunció Quinn.

–Sin ofender, es sólo simple curiosidad –comentó Frannie–, pero, ¿qué hace tu amiga, aquí? La presencia de Rachel no me extrañaría, porque básicamente ustedes son como siamesas, ¿pero no querías hablar un tema importante? Insisto, es sólo curiosidad, no es nada contra ti, chica.

Taylor miró al suelo con una sonrisa. La muchacha no sabía cómo se tomarían la noticia, pero decidió que Frannie le gustaba. Su humor era similar al de la castaña.

–Tengo algo muy importante que contarles y quería que Taylor estuviese aquí, porque ese es su nombre Frannie, no se llama chica –explicó Quinn.

–Espera, espera... No intentarás decirnos que terminaste con Rach y que ahora te gusta Taylor, porque si es así ahora mismo tomo una avión hacia Ohio para matarte –amenazó Frannie.

–Es Rachel, no sé cuántas veces más tendré que repetírtelo –se quejó Quinn y tanto Taylor como Judy dejaron escapar una carcajada–. Y mi novia está en la habitación de Beth jugando con mi hija.

–¿Siempre ocupa tantos pronombres posesivos? –preguntó Jesse y Frannie se rió.

–De cualquier manera –lo ignoró Quinn–. Debo decirles algo muy importante que involucra a Taylor –anunció y el ambiente cambió debido al tono empleado por la rubia–. Mamá está al tanto, pero creo que tú debes saber por lo que Taylor está pasando, para contextualizar la situación, Frannie –la rubia se dirigió a su hermana, quien asintió pidiéndole que continuase–. La mamá de Taylor tiene cáncer y hace unos días tuvo que ser llevada a urgencias; ahí les anunciaron que ya no había nada qué hacer –explicó Quinn y se percató como Judy sujetaba la mano de Taylor para darle fuerzas–. Taylor es hija única. No tiene más familia que su mamá, porque su papá nunca se hizo cargo de ella. La abandonó antes de nacer... por tanto, al ser menor de edad, quedaría a cargo de servicios sociales, pese a que sus amigas no tienen problemas para que viva con alguna de ellas. Los trámites son engorrosos y llevan tiempo –hizo una pausa ansiando que lo que dijese a continuación fuese bien recibido–. Lo más rápido era encontrar a su padre biológico para que Leroy lograse un reconocimiento por escrito y que otorgase la tuición a alguno de los papás de las chicas. Todo lo que Taylor tiene de su padre es una foto y un nombre, pero Leroy dijo que su investigador podía trabajar con eso. Hoy nos mostró la foto y el nombre no fue necesario –explicó Quinn viendo cómo su mamá ahogaba un gemido y apretaba con fuerza la mano de Taylor. Frannie parecía perpleja y la rubia agradeció la presencia de Jesse junto a su hermana, que en ese momento acariciaba su espalda–. Russel es el padre de Taylor... yo sé que se necesitan exámenes y todo, pero en el fondo estoy segura que...

–¿Dónde naciste? –preguntó Judy interrumpiendo a Quinn.

–En New York –respondió Taylor–. Mi mamá trabajaba allá cuando lo conoció y quedó embarazada. Vivimos allí hasta que la empresa de mamá la trasladó acá...

–Russel viajaba mucho a New York, especialmente tras el nacimiento de Quinn –razonó Judy.

–Ella no lo sabía –defendió Taylor a su madre a un ataque no formulado–. Ella descubrió que estaba casado y que tenía una familia cuando le dijo que estaba embarazada de mí, luego él se marchó... siempre hemos sido mi mamá y yo...

–Nadie está diciendo eso, Taylor –explicó Judy con delicadeza–. Sólo necesitaba corroborar datos... –agregó–. La forma en que defendiste a tu madre recién fue muy similar a la de Quinn... y mi suegra tenía tus mismos ojos...

–Yo pensé lo mismo –dijo Quinn mirando a su mamá–. Tiene el mismo color de ojos que la abuela.

–Disculpen que las interrumpa, pero me parece que hay algo más importante qué tratar en este momento –comentó Frannie con ironía–. ¿Qué haremos con Russel? Hay que hacer una demanda o algo así, para que la reconozca y le dé lo que le corresponde. No sé... tenemos que protegerla, especialmente de él... –agregó con preocupación.

–Llamaré a Leroy y le pediré que arregle todo así Quinn y Taylor pueden hacerse un examen de ADN, con eso él podrá ir contra Russel –declaró Judy, antes de girarse hacia Taylor–. Sé que todo esto es terrible para ti, pero quiero que sepas que yo tengo la tuición de las hijas de Russel y planeo mantenerla...

–Me gusta más cuando nos llamas tus hijas, mamá –manifestó Quinn–. Y nadie te va a quitar nuestra tuición, aunque la de Frannie ya expiró, ella es mayor de 21 ya...

–Pero aún Russel debe mantenerme –interrumpió Frannie–, aunque Quinn tiene un punto, ¿por qué mencionas eso, ma´?

–Ahora descubrimos que Russel tiene 3 hijas –dijo y todos entendieron a qué se refería su frase–. Sé que Russel no te dará nada más que su dinero, porque para él la apariencia lo es todo... y también sé que te negó lo que te correspondía por mantener su imagen de padre perfecto y familia perfecta. Imagen que yo ayudé a crear. Pero tú tienes una familia, tienes dos hermanas y una madrastra, por así decirlo y me gustaría que pudieses disfrutar de ello...

–Yo no sé qué decir... –expresó Taylor emocionada.

–No tienes que decir nada. Como te dije antes, no estás sola –declaró Quinn abrazando a su recién descubierta hermana. Judy de inmediato se sumó al abrazo, conmovida por la situación. Frannie se apoyó en Jesse intentado buscar consuelo al no poder abrazar a su familia.

Tras conversar unos minutos más sobre el curso de sus vidas, la video-llamada se terminó y Taylor anunció que se iba a su casa, pues quería estar junto a su mamá y aprovechar de contarle todo. Judy le pidió que la dejase llevarla hacia su hogar. Quinn intuyó que su mamá quería reconfortar y conocer más a Taylor. Tras la marcha de ambas mujeres, Quinn se dirigió a la habitación de Beth y una sonrisa inmediatamente se dibujó en su rostro. La rubia nunca se cansaría de ver interactuar a su novia con su hija, ni del amor que se desprendía de sus miradas.

–Mamá –gritó Beth intentando correr hacia ella, pero sus piernas aún no tenían la coordinación necesaria y se cayó a medio camino.

–Mi amor –dijo Quinn, tomando a su hija entre sus brazos–. Eres tan extrema como tu padre –Beth rió como si su madre le hubiese contado el mejor chiste de todos.

–Yo creo que es más cabeza dura que extrema, y eso lo sacó de ti –explicó Rachel dejando un beso en la mejilla de su novia–. ¿Cómo estuvo todo?

–Mejor de lo que me imaginé –comentó la rubia–. Mamá quiere que Taylor se quede con nosotras, quiere su tuición. Piensa que debe tener la familia que Russel le negó.

–Estoy de acuerdo con mi suegra –dijo Rachel con una sonrisa orgullosa en el rostro–. ¿Y mi cuñada?

–Se comportó como la idiota que es –explicó Quinn y Rachel rodó los ojos, conociendo la relación de su novia y su cuñada–, pero también asumió su rol de hermana mayor –agregó la rubia–. Dijo que debemos hacer algo contra Russel y proteger a Tay –hizo una pausa antes de comentar una idea que rondaba su mente–. Estaba Jesse junto a ella, creo que tienen algo... algo más que esa amistad extraña que formaron gracias a tu intervención.

–Simplemente les pedí que se dieran la oportunidad de conocerse, porque ambos estaría allá solos –se defendió la morena–. Yo te había comentado que se gustaban. Frannie se sonrojaba y Jesse se ponía nervioso, tenían todos los síntomas. No me extrañaría que hubiesen dado un paso más en esa extraña relación.

–Mientras ella sea feliz... –comentó Quinn.

Beth se cansó de ser ignorada y requirió atención. Obviamente, Rachel se centró en la pequeña que había robado su corazón y Quinn sonrió embelesada. Su mundo podría estar de revés, pero las razones de su felicidad siempre lograban mejorar su día.