Capítulo 21:
Academia de la Guerra: Enfermería (Días después)
- ¡NO NO NO! ¡DETENTE! - gritó Syndra mientras se despertaba de golpe, estaba bañada en un sudor frío y todo su cuerpo estaba temblando - Otra vez no... - susurró en voz baja mientras ponía ambas manos sobre su rostro y trataba de calmarse - "Era solo una maldita pesadilla"- "Él no está aquí, vamos cálmate Syndra" - se repetía una y otra vez tratando de convencerse de que en ese lugar estaba a salvo, aunque sabía que nunca lo estaría con Fergus estando en libertad.
Había estado teniendo la misma pesadilla todo el día, el recuerdo de ese fatídico día la había estado persiguiendo desde que había despertado de su estado de coma ese mismo día en la madrugada. Cada vez que trataba de conciliar el sueño lo único que venía a su cabeza era ese día y todo lo que había pasado con el desgraciado de Fergus. El odio, rencor y desprecio que sentía hacia él no lo podía describir ni siquiera con palabras, nunca había odiado tanto a alguien como lo hacía con él en esos momentos, pero además de odio - aunque no lo quisiese admitir - tenía miedo, miedo a que él regresara. No tanto le asustaba el hecho de que él regresara a terminar el trabajo, ya que ese día había muerto una parte de ella también - aunque debía admitir que estar al borde de la muerte no era una experiencia que quisiese repetir - sino que tenía miedo a que ese monstruo le hiciera algo a Zed. Aunque sabía que él era fuerte, ágil, astuto, calculador, entre muchas cosas más, también sabía que contra ese "hombre" – si es que se le puede llamar así a ese monstruo - le sería complicado ganar.
La puerta de la habitación en la que se encontraba estaba cerrada pero tenía en la parte de abajo otra más pequeña por la que supuso, podrían pasar mascotas o animales pequeños. Miró hacia el lugar donde si su memoria no le fallaba había una ventana - como en cualquier habitación de hospital o en este caso enfermería normal - pero para su sorpresa no fue así. En esa dirección lo único que había era un pequeño balcón, con una puerta corrediza de vidrio de la cual colgaba una cortina blanca. Esto la hizo pensar en que tal vez mientras dormía la habían llevado a su habitación pero no lo era, lo sabía ya que esa habitación tenía objetos que sólo se usarían en una enfermería además de que aquella habitación era completamente blanca, nada parecida a la suya.
Pudo notar también como lentamente comenzaban a caer pequeñas gotas de agua sobre la baldosa del piso de aquel balcón y eso solo significaba una cosa, tendría que levantarse a cerrar la puerta antes de que comenzara a llover si no quería que después toda su habitación se comenzara a llenar de agua.
Miró sus manos y brazos con impotencia. Estos estaban cubiertos en su mayoría con vendas blancas, y sólo dejaban ver pequeñas porciones de su piel. Notó que en uno de sus brazos tenía adherida una bolsa de suero, la cual colgaba de un tubo metálico que estaba al lado de su cama. Pasó sus manos por su cabello tratando de arreglarlo un poco y notó que también tenía una venda alrededor de su cabeza. – Con que así de mal estoy… - suspiró con melancolía mientras se quitaba la aguja médica que conectaba el cable de la bolsa de suero con su brazo, sacándole un pequeño quejido de dolor – Ja... No me sorprende, aunque por lo menos no estoy muerta, eso es algo bueno… Supongo… - Hizo ademán de levantarse, para poder cerrar la puerta del balcón y entonces sintió una fuerte punzada de dolor en su abdomen; Por instinto, pasó sus manos rápidamente por esta zona sobre su bata de hospital tratando de aliviar el dolor y sintió también varios vendajes en esta zona, entonces recordó las múltiples puñaladas que él había hecho en su abdomen y esto la deprimió más.
Una vez que sintió que el dolor se desvanecía un poco, volvió a intentar levantarse pero esta vez con mucho más cuidado y con algo de dificultad lo logró. Sus piernas estaban temblorosas y se sentían algo débiles, no estaba completamente segura de que pudiera sostenerse pero aun así lo consiguió.
Comenzó a caminar lentamente sobre la fría baldosa que cubría el piso de su habitación hacia el balcón apoyada en la pared, y al llegar a la puerta - antes de cerrarla - se fijó que ya estaba comenzando a caer la noche y que aquel balcón tenía una bonita vista al bosque que rodeaba la Academia. No se podía comparar con la de su fortaleza pero era lo único que tenía en esos momentos, así que decidió acercarse al barandal y apoyarse en este mientras veía caer la noche sobre Valoran.
Continuó allí por un buen rato, prefería estar mirando el paisaje a estar recostada en esa cama recordando aquellos dolorosos y horribles sucesos por los que había pasado, hasta que sintió la presencia de algo o alguien más, pero al girarse y mirar a su alrededor no logró ver nada fuera de lo común y esto la preocupó ¿Acaso su paranoia ya la estaba haciendo sentir cosas que no estaban allí? Lo mejor sería buscar ayuda si ese era el caso pero ¿Pedirle ayuda a quién? Además de que esa idea era simplemente inconcebible en su cabeza - "¿Yo? ¿La Soberana Oscura pidiéndole ayuda a alguien? ¿Además de exponerme a esos idiotas para que se burlen de mí y demostrándoles debilidad? ¿Que no soy tan poderosa como digo ser? No... Simplemente no puedo... Hacer eso..." - pensó para sí misma.
Volvió a girarse para seguir apreciando el paisaje con la poca tranquilidad que le quedaba pero volvió a sentir algo, algo estaba rozando su pierna esta vez - Está vez si lo sentí ¿Quién fue? - preguntó en voz alta mientras buscaba a su alrededor pero no había nadie más. Bajó su mirada por instinto y la fijó en sus tobillos, entonces logró ver a una pequeña bolita de pelajes azul claro, tan claro como la nieve freljordeana - aunque ella nunca había ido a Fréljord para verificarlo por sí misma, según los archivos de la Liga ese era el color de aquellas criaturas - Además de que tenía unos ojos saltones de color negro, una gran lengua y unos pequeños cuernos que apuntaban hacia arriba - Así que eras tú, mugrosa, pequeña e indeseable bola de pelos - murmuró Syndra con un tono tan frío como su mirada mientras le volvía a dar la espalda al pequeño poro y seguía apreciando el paisaje, no tenía ánimos para que esa mugrosa bola de pelos la estuviera molestando, más sin embargo la pequeña criatura no se inmutaba en lo absoluto y continuaba acosándola, logrando así colmar la poca paciencia que le quedaba.
Concentró toda su furia y frustración en un solo punto, trató de crear una esfera oscura en el lugar donde estaba el pequeño poro para acabar con su mísera existencia pero nada pasó, miró sus temblorosas manos y su frustración creció. Ella en general se sentía bien, algunos movimientos no los podía realizar ya que le causaban mucho dolor pero eso era de esperarse por los fuertes golpes y puñaladas que había recibido. Creyó que en este lugar también habían hecho que sus poderes regresaran a la normalidad deshaciendo el hechizo que habían puesto en ella pero al parecer no era así. Trató de calmarse y respiró profundo, después de todo ese pequeño poro no tenía la culpa de nada y no le serviría desquitarse con él, eso le recordaba a una frase que Mao le solía decir cuando estaba enojada y trataba de destruir a todo y todos los que se le cruzaban en el camino cuando era tan solo una niña y no controlaba bien sus poderes "Los demás no deben pagar por nuestras desdichas, tristezas y enojos" Y era verdad, ese pequeño poro no tenía que pagar por sus "problemas personales".
Trató de agacharse a recoger a la pequeña criatura, pero esta imprudente acción le sacó un pequeño quejido de dolor, aunque de igual manera no le dio mayor importancia. - ¿Qué haces en un lugar como este, pequeño? - le preguntó, aun sabiendo que no recibiría respuesta por parte del pequeño poro el cual comenzó a lamerle el rostro causándole cosquillas - Oye oye detente... - decía ella entre pequeñas risitas pero la pequeña criatura ni se inmutaba.
Decidió desahogarse con el pequeño poro mientras lo sostenía en sus brazos -aunque probablemente este no entendiera nada de lo que ella le decía -, pero supuso que su compañía haría por lo menos más amena su estadía en aquel silencioso y aburrido lugar, hasta que sintió a alguien más detrás de ella y se congeló.
Tenía miedo de mirar, de que la persona que estuviera detrás de ella fuera ese hombre que tanto daño le había hecho. Había comenzado a temblar y ese sudor frío volvió a bañarla, no podía gesticular ni una sola palabra, pero no podía seguir con esa incertidumbre, si era él tendría que confrontarlo, aunque eso significara su fin.
Aun dudando se comenzó a girar lentamente hacia aquel cuerpo que yacía detrás de ella, se sentía desprotegida además de que estaba sola... Otra vez... En ese momento el pequeño poro saltó de sus brazos y comenzó a correr en dirección a esa persona que se encontraba detrás de ella. Se giró rápidamente en búsqueda de la pequeña criatura olvidándose por un momento de la otra persona que estaba allí y la encontró montada en el hombro de un musculoso hombre con una gran sonrisa en su rostro junto con un gran bigote ¿Qué estaría haciendo ese hombre allí? No lo sabía. Aunque ya lo había visto antes le daba un mal presentimiento el que estuviera allí mirándola fijamente con esa mirada penetrante que tenía, además de que allí ella estaba prácticamente indefensa pero aun así trató de mostrarse los más firme posible, esperando a que aquel hombre comenzara a hablar, cosa que no tardó mucho en hacer.
- Parece que hiciste una nueva amiga, pequeño porito - dijo Braum mientras acariciaba la cabeza del pequeño poro - Disculpe por mi repentina intromisión en sus aposentos bella dama, estaba buscando a este pequeño amiguito y toqué varias veces la puerta pero nadie contestó, así que supuse que la habitación estaba vacía.
- No importa...- susurró ella mientras se volvía a dar la vuelta y apoyaba sus manos en el barandal pesadamente con una pizca de alivio - Supongo que se lo llevará, así que... ¿Le importaría dejarme sola?
- Parece que necesitas un poco de compañía - comentó Braum, pero el silencio fue la única respuesta que recibió por parte de la maga - Mientras más negra es la noche, más brillan las estrellas ¿no crees? - preguntó él mientras se ubicaba al lado de ella y observaba el hermoso cielo estrellado sobre ellos, pero Syndra solo se limitó a asentir - Quita esa cara de preocupación jovencita - la miró a los ojos y le sonrió de esa forma tan propia de él, que inevitablemente le sacó una muy pequeña sonrisa a ella pero que él pudo apreciar - Mi madre siempre decía, a veces un corazón frío necesita una sonrisa calurosa y al parecer tú también necesitabas una.
- Gracias... - susurró.
- No tienes por qué agradecerme jovencita, si logro ayudar a alguien aunque sea en la cosa más mínima, siento que ya he cumplido mi propósito del día - le dio otra cálida sonrisa mientras bajaba al pequeño porito de su hombro y se lo entregó a la maga quien quedó sorprendida por lo que acababa de hacer - Bueno amiguito, creo que ella te necesita más a ti que a mí.
- No es necesario, en serio - trató de devolvérselo pero él no lo aceptó.
- En tus condiciones no considero que sea óptimo que permanezcas sola jovencita... - Syndra bufó un poco molesta ante este comentario ¿Le estaba diciendo débil? Indirectamente sí ¿Acaso era tan evidente lo mal que estaba? Al parecer así era y lo único que se limitó a hacer fue a suspirar con resignación, ya que lamentablemente en sus condiciones no es que pudiese hacer mucho - Pero por lo menos quédate con este chiquitín, al parecer le agradas y hará por lo menos que tu estadía aquí sea más amena - posó una de sus grandes manos en el hombro a ella y agregó - Lo único que come son porogalletas, las cuales puedes conseguir fácilmente en la tienda de la Academia o directamente conmigo, es más, te dejaré algunas sobre la pequeña mesa al lado de tu cama por si a él le da hambre - comenzó a caminar hacia el interior de la habitación y paró en la puerta - Si te sientes un poco decaída, no dudes en pedirme mi leche de cabra, ¡Sirve para toda clase de males y es la mejor que encontrarás en toda Runaterra! - se quedó pensando un momento sobre lo que le había acabado de decir y entonces se acordó de algo - Ya que estamos hablando de leche, me recuerda a una frase muy común entre los habitantes de mi pueblo natal, "Si la vida te da leche cuajada, se paciente ¡Te espera un muy buen queso!"- con una gran carcajada y después de decir esta última frase se despidió "el Corazón del Fréljord" mientras cerraba la puerta de la habitación.
- Gracias de nuevo...- susurró en voz baja mientras veía hacia el lugar donde segundos antes estaba él. Ese hombre la primera vez que lo vio en los Campos de la Justicia le había parecido molesto, un "pueblerino nada más", pensaba ella en aquel entonces. Ese positivismo y entusiasmo que tenía, más su acento, simplemente la enfermaban pero nunca se había tomado la molestia de entablar una conversación con él, pero ahora que lo conocía un poco más ya no le parecía tan molesto. También sabía que él tenía razón en una cosa, no debería quedarse sola, pero de esta forma se sentía un poco más segura además de que no se sentía capaz de mirar a Zed a los ojos, no después de lo que había pasado. Se sentía sucia, con el simple hecho de recordar a ese otro hombre tocándola se le erizaba la piel.
Las gotas de lluvia comenzaron a caer con un poco más de fuerza así que decidió entrar rápido a la habitación - tan rápido como podía arrastrar sus pies sobre la fría baldosa mientras se apoyaba en la pared - y cerró la puerta del balcón antes de que pescase un resfriado.
Se fijó que tal cual como Braum había dicho, le había dejado la bolsa con las porogalletas en la mesita que estaba al lado de su cama y se recostó en esta con pesadez teniendo cuidado de no lastimarse mientras apresaba en sus brazos al pequeño e inquieto poro. Se dispuso a ver como caía la lluvia, el sonido que hacía al tocar la baldosa del balcón más el de los animales del bosque y su propia respiración era lo único que se escuchaba, y esto la relajaba. Tenía la luz de la habitación apagaba y no tenía ni la más mínima idea de qué hora podría ser y tampoco le interesaba demasiado. Siguió mirando la lluvia caer y no se percató de que alguien más había entrado a su habitación. Esa persona, quien la observa en silencio buscando no llamar su atención, se fue acercando lentamente a ella desde atrás.
Syndra al mismo tiempo que sintió como alguien más ponía sobre una de sus mejillas su fría mano como si la estuviese acariciando, se sobresaltó y se puso alerta. Se tensionó mucho más al ver como aquella persona lentamente se ubicaba frente a ella y justo en ese instante un rayo se hizo notar, el cual iluminó un poco la oscuridad de su habitación y logró ver unos ojos rojos que la miraban expectantes como si estuviesen esperando a que dijera o hiciera algo, pero ella simplemente se limitó a suspirar aliviada.
- Syndra... - susurró él en voz baja, pero el silencio fue la única respuesta que consiguió de parte de la maga. Notó que ella tenía su mirada perdida en las gotas de lluvia que poco a poco se iban disipando, ya que esa había sido solo una pequeña llovizna pasajera - ¿Estás bien? Digo, sé que no estás del todo bien pero... ¿Sabes a lo que me refiero, no? - ella solo se limitó a asentir en silencio asimilando lo que él le acababa de preguntar pero más que todo el cómo lo hizo ¿Acaso él estaba un poco nervioso? Podría asegurar que si, agradeció internamente que él no tuviera su molesta máscara puesta para poder ver su rostro, ya que le encantaba poder verlo así, tal cual él era.
Apretó con fuerza la otra mano de él mientras seguía admirándolo con una mirada melancólica cubriendo su rostro, y entonces su tan preciado silencio se vio interrumpido una vez más por él - ¿Puedes caminar? ¿O por lo menos levantarte de ahí? - preguntó, a lo que ella simplemente se limitó a negar con la cabeza, no sabía qué era lo que él se traía entre manos pero se daría la libertad en mentir en ese pequeño factor.
En un instante, sintió como él la tenía cargada en sus fuertes brazos y susurró con un hilo de voz un "Cierra los ojos", y en el instante en que lo hizo sintió como una oscuridad - más espesa que la que había antes - combinada con un gran vacío los cubrió. Pocos segundos después sintió que todo había regresado a la normalidad y un "Ya puedes abrirlos" por parte de él la tranquilizó.
La noche estaba fría y había un poco de neblina también, se acurrucó en el cálido pecho de Zed mientras que él caminaba por lo que parecía ser la terraza de un edificio, el cual supuso sería la enfermería. Él caminó hasta las escaleras que estaban cubiertas por tres paredes, una puerta y un techo algo dañado. Se sentó en el piso. Él recargado en la pared mientras que Syndra estaba recargada en su pecho y él la abrazó desde atrás.
- ¿Sabes una cosa Syndra? - preguntó él pero el silencio fue lo único que recibió como respuesta - Cuando me enteré del plan que esas dos habían planeado con tal de hacerte daño, no te imaginas lo preocupado que estaba... Y cuando te encontramos y vi lo mal que estabas, que tu vida estaba pendiendo de un hilo y yo no podía hacer nada para salvarte sentí algo que hacía mucho no sentía ¿Quieres saber qué era? - ella se giró para mirarlo fijamente a los ojos y solo se limitó a asentir, entonces él continuó - Yo... Tenía miedo... Miedo a no poder volver a ver tu hermosa sonrisa, no poder sentirte cerca mío... En resumen, tenía miedo a no poder volver a verte nunca más... - mientras decía esto, vio como lentamente comenzaban a caer lágrimas por las tersas mejillas de ella al mismo tiempo en que ella se acurrucaba en su pecho - Y en ese momento supe también que... Jamás podría vivir sin ti... - susurró en voz baja.
- Si es así entonces prométeme una cosa... - lo abrazó con fuerza teniendo un poco de cuidado de no lastimarse - Prométeme que no me volverás a dejar sola... Nunca más... Por favor prométemelo.
Él la tomó de la barbilla y acercó sus labios a los de ella rozándolos, para finalmente unirse en un suave beso bajo la luz de la luna - No permitiré que nadie vuelva a ponerte un dedo encima... Nunca más - susurró él mientras volvía a besarla.
Continuaron allí un rato más, hasta que los párpados de Syndra comenzaron a bajarse sin querer, y pasaron solo unos cuantos minutos para que finalmente fuera vencida por el sueño. Zed no tardó mucho en darse cuenta de esto, así que con mucho cuidado y la sutileza que lo caracterizaba se hizo a un lado para levantarse y después la tomó en sus fuertes brazos.
Usó su portal de sombras para llevarla hasta la habitación y la depositó con cuidado en la cama. La acobijó y la contempló dormir durante unos segundos para después comenzar a caminar hacia la salida de aquella habitación, y entonces recordó algo que lo hizo para en seco, se había olvidado por completo de la promesa que le había hecho a Syndra meses atrás, pero aun no era demasiado tarde para su fortuna.
Se devolvió hasta el borde de la cama de Syndra. Apartó con cuidado algunos mechones del cabello de su frente y se inclinó un poco hacia ella con la intención de darle un suave beso en la frente, pero para su sorpresa, cuando estuvo a punto de hacerlo, sintió los brazos de ella detrás de su nuca inclinándolo más hacia ella hasta juntar sus labios en un suave y tierno beso.
- No lo olvidaste - susurró ella en voz baja con una pequeña sonrisa en su rostro.
- Yo nunca rompo mis promesas... - respondió él en un susurro al igual que ella.
Antes de que se pudiera incorporar del todo nuevamente, notó como ella ponía su cabeza sobre su pecho, cosa que lo sobresaltó e hizo que se pusiera un poco nervioso ya que ella nunca antes había hecho algo así, aunque que hiciera esto no le desagradaba en lo absoluto, se podría decir que le gustaba estar así... Agradeció internamente que la luz de la habitación estuviese apagada ya que de esta forma ella no podría verlo, pero aun así no quería que ella creyera que él estaba malinterpretando este hermoso acto que ella estaba haciendo con él - ¿Syndra qué estás hac...? - antes de que pudiera terminar su pregunta ella lo interrumpió.
- Yo... Lo siento Zed... - susurró ella con un pequeño toque de melancolía en su voz que él alcanzó a notar - Todo esto... Todo lo que me pasó... Fue culpa mía...
- No tienes la culpa de lo que te pasó Syndra - le replicó - Yo mismo me encargaré de que esas dos paguen con sangre, si es necesario, todo lo que te hicieron pasar.
- No es necesario... - susurró con un hilo de voz. Recordó que él aun no sabía que quien en verdad le había hecho todo eso había sido Fergus, pero prefería dejar las cosas así por el momento, mientras este asunto se enfriaban un poco, aunque sabía que él no estaba completamente convencido de que entre Ahri e Irelia la habían dejado tan mal, es decir, ellas podían ser crueles y desalmadas si se lo proponían pero no las consideraba capaces de hacer algo como lo que Fergus le hizo. - Solo conseguirías problemas innecesarios por mi culpa y lo último que quiero es volverme una carga para ti Zed...
- Yo JAMÁS te consideraría una carga Syndra, ni hoy ni nunca.
- Pero soy débil... ¿No lo ves? Tú detestas... A las personas débiles...
- Tú no eres cualquier persona... - trató de incorporarse para mirarla a la cara pero ella hizo un gesto de molestia que él alcanzó a notar, así que se retractó de hacerlo y siguió apoyando su cabeza en el pecho de ella aunque le doliese un poco el cuello, es decir, ¿Por qué no sacrificar solo un poco con tal de estar en esa posición tan privilegiada? No era idiota para negarse sobre eso. - Además tú eres mía, mi debilidad... No me malentiendas, a lo que quiero llegar es que si tú eres débil, yo también lo soy así que... - aunque lo quisiera admitir o no, se había puesto nervioso, estaba buscando las palabras correctas pero no las encontraba, ¿Tanta influencia tenía ella en él que lo hacía ponerse nervioso tan fácilmente? Para su fortuna y desdicha - en algunos casos - así era, por eso la debía de cuidar como si de una hermosa y frágil flor se tratase, y por esto tampoco podía permitir que alguien le hiciera daño, no otra vez. - Si ambos somos débiles entonces... Seámoslo juntos y así... - se levantó y la miró a los ojos - Lograremos volvernos fuertes... - después de decir esto la besó, y pudo notar como por las tersas mejillas de ella comenzaban a caer pequeñas lágrimas pero no era de tristeza, sino de felicidad - ¿Está bien?
- Está bien... - respondió ella con una pequeña sonrisa.
Academia de la Guerra: Despacho de Vessaria (En ese mismo momento)
- Nuevamente me disculpo contigo Xina, desconfié de ti aun sabiendo que tú eres mi mano derecha y que jamás debería dudar de ti.
- Como sea Vessaria - suspiró pesadamente la invocadora mientras miraba fijamente a la Alta Consejera - Con la que deberías disculparte es con Syndra ya que ella fue la verdadera afectada en todo esto, no conmigo.
- Supongo que tienes razón, aunque primero debo de hablar algo importante contigo -
- ¿De qué quieres hablar? - preguntó Xina.
- De ese "hombre", claro, si es que se le puede llamar así después de todo lo que ha hecho - se levantó de su gran sillón, el cual se encontraba detrás de su escritorio y comenzó a mirar por el gran ventanal de su despacho hacia el horizonte - ¿Recuerdas a mi querido colega Heyward Relivash? Verás... El día en que se convirtió en el Alto Consejero de este lugar, trajo consigo a ese hombre, quien en aquel entonces era tan solo un adolescente al cual trataba como si de su propio hijo se tratase. Según lo que él decía, ese tal "Fergus" tenía grandes capacidades tanto físicas como mentales, y ni hablar de su magia, pero había algo que no estaba bien, bueno, una de las tantas cosas que no estaban bien con él - hizo una pequeña pausa tratando de organizar lo mejor que pudo sus ideas para poder continuar - Él no es de esta dimensión.
- ¡¿Qué?!
- Según varios estudios que le hicimos él y yo, pudimos descartar que no era del vacío pero jamás logramos descifrar de cuál de todas las dimensiones que podrían existir vino, un ¿por qué? o ¿para qué? y si habían más como él aquí en Runaterra.
- ¿Eso quiere decir que entonces él es peligroso...?
- ¿Peligroso? Ja, esa palabra le queda pequeña comparado a lo que él en verdad es - Vessaria se giró y miró a Xina directamente a los ojos - ¿Alguna vez tuviste curiosidad por saber quién era esa persona con una mente tan perturbada que dio origen a Nocturne? O simplemente ¿Quien fue la "persona" que mató a una bella aspirante a invocadora en un simple entrenamiento solo porque había rechazado a un chico? ¿Hecho al cual llamaron solo un "accidente" tratando de encubrirlo y que no pagara por sus actos? ¿Ademas de que el mismísimo Heyward fue quien lo encubrió?
- ¿Fue él? ¿En serio?
- Bingo - respondió con un tono sarcástico la Alta Consejera.
- ¿Por qué no hiciste algo al respecto en aquel entonces?
- En el momento en que me enteré de aquellas cosas le pedí a Heyward... No, mejor dicho, le exigí que se llevara a esa cosa lejos de aquí pero él tenía un punto, estando aquí al menos podríamos tenerlo un poco "controlado", además de que podríamos vigilarlo y seguirle haciendo estudios... Supongo que te preguntarás ¿Por qué no lo dejamos encerrado como sujeto de pruebas? Fácil, dudo mucho que podamos contenerlo, además de que dejamos de realizarle estudios ya que gracias a "alguien" que creó un escándalo mi querido colega termino preso... Y por eso ahora yo tengo su cargo, en fin.
- Entiendo pero, ¿Para qué me cuentas todo esto?
La Alta Consejera se dejó caer pesadamente en su gran y cómodo sillón que parecía más un trono que cualquier otra cosa y en completo silencio se quedó mirando fijamente a Xina, era de esas veces en las que te quedas mirando algo o a alguien pero a la vez no lo haces, ya que estás sumido en tus pensamientos. Si Xina no conociera tan bien a Vessaria, se habría sentido incómoda con aquella mirada tan oscura como la noche misma que estaba posada sobre ella, pero ella ni se inmuto y en silencio esperó a que la Alta Consejera saliera de sus pensamientos ya que cada vez que hacia esto era por algo: Tomaría una decisión de gran relevancia, que podía no solo afectar a la Academia de la Guerra y la Liga de Leyendas, si no a muchos en Valoran en general.
- Necesito que les des un anuncio en todas las ciudades-estado y a todos los campeones e invocadores que hay en este lugar.
- ¿Cuál sería entonces? -
Vessaria posó sus manos sobre su escritorio y comenzó a golpear las yemas de sus dedos entre sí, como si estuviese imitando al mismísimo Sr. Burns cada vez que decía su frase "Excelente" y entonces, prosiguió - La Academia de la Guerra emite una orden de captura para el invocador renegado Fergus Relivash con una descripción precisa de cómo luce físicamente, anexar absolutamente todos sus crímenes y además agregar que daremos una generosa recompensa a quien nos proporcione información sobre su paradero ¿Entendido? Sin más que decir, puedes retirarte.
La invocadora Xina solo se limitó a asentir y salió rápidamente del despacho de la Alta Consejera topándose con dos campeonas a las cuales olímpicamente ignoró.
- "Heyward, esto se nos salió de las manos... Supongo que tendremos que volver a hablar después de todo este tiempo pero..." - los pensamientos de Vessaria se vieron interrumpidos por la repentina pero espera intromisión de dos campeonas con las cuales tenía asuntos de los cuales hablar.
- ¿Nos había llamado Alta Consejera Vessaria? - preguntó la Kumiho Ancestral mientras descaradamente se sentaba de piernas cruzadas, en una de las dos sillas que estaban frente al escritorio de Vessaria e iba acompañada por nada más y nada menos que la Voluntad de las Hojas, Irelia.
- Afirmativo - respondió la Alta Consejera quien al verlas entrar cambió su semblante a uno completamente serio y el tono de su voz también cambió, a uno tan frío como su mirada - Irelia cierra la puerta - ordenó, a lo que ella obedeció sin rechistar - Pónganse cómodas, hay algo que tengo que hablar con ustedes dos y llevará algo de tiempo.
Ambas campeonas se miraron, una pizca de temor se hizo notar en sus miradas, no saldrían de esa bien libradas.
N/A
Eeeen fin, este fue el cap de la semana, por favor suscríbete y dale a Like, subo caps todos los... Ahhh sorry sorry xD Se me pegó lo de Germán oshe :v
¿Quién más ama a los poros? Manito arriba si ustedes también *o*/ Es que son tan kawaiis :3 xD Me inspiré en esta imagen para la parte del poro, me gustó mucho desde el primer momento en que la ví xD
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Borren los paréntesis al buscar :v
¿Saben? Mientras escribía esta canción estaba escuchando el capítulo... Ah no, es al revés D: Digo, estaba escuchando la canción "Flor pálida" de Marc Anthony, y es que me gustó la idea de escribir algo así y bueno, he aquí el resultado xD Espero que les haya gustado tanto como a mi n_n (Así superan el perturbador capítulo 20 ;-;)
Si alguien tiene leves sospechas déjenme decir que es un si, lo de la parte en que Syndra ponía la cabeza de Zed sobre su pecho me inspiré en Rias y en Issei :v No pregunten por qué yo estaba viendo High School DxD, era solo para una investigación no me juzguen D:
Y bue nos leemos luego, hasta el otro cap n_n
