Extraño… realmente no creí que este capítulo quedara así, aunque quedé satisfecha con el resultado, espero les guste. Ya era justo traer la continuación de la historia, ¿no creen? Espero lo disfruten, ¡ahora mismo me pongo a trabajar en el capítulo 22! Wow, no puedo creer que estemos a sólo 5 capítulos del gran final.
A veces dudaba de que el viaje llegaría a detenerse, me gustaba pensar que la carroza seguiría andando por siempre y que este sueño no terminaría. Pero con la llegada de nuevos personajes a la historia el final está más cerca y sé que… cuando el reloj marque la última campanada… todo habrá terminado. El carruaje volverá a ser calabaza conmigo adentro…
Llevaban ya varios minutos en silencio, limitándose a escribir en la computadora y leer los libros consultados. En medio de la mesa frente a ellos un pequeño plato con galletas de mantequilla era asaltado constantemente, suspiró al darse cuenta de que el mal humor de la chica no había cambiado en lo absoluto, aunque tenía la esperanza de que así fuera.
–¿Querrías mínimo sonreír? –pidió, cansado de la situación.
–¿Querrías dejar de fingir? –le miró por sobre el libro.
–Vamos a estar juntos todo el proyecto, así que mínimo podríamos tratar de llevarla en paz –le hizo ver.
–No contestas a mi pregunta… realmente no pensé que te comportaras así –bufó, retomando su lectura.
–No es tan sencillo… –le quitó el libro, obligándole a verle– Si hubiera dicho la verdad sólo lo hubiera lastimado.
–¿Así que mentir descaradamente ha sido lo mejor? –se cruzó de brazos– ¿No hubiera sido más fácil decir "No le hagan caso, sólo está tratando de ganárselos con lágrimas falsas, pero en realidad ella es quien ha lastimado a mi hermano y a su novia"?
–¿Y revelar el secreto de Haruhi frente a todo el Club? –alzó una ceja.
–Bueno, podrías omitir esa parte –le sostuvo la mirada–, pero si realmente la actitud de Mizuki te molesta, entonces no te comportes cínicamente defendiéndola.
–No soy un cínico, aún cuando ella no me agrade, le soy fiel a Hikaru.
–¿Y él te pidió que la protejas?
–Fue hace mucho, pero eso no viene al caso… a quienes deseo cuidar ahora son a esos dos. Incluso si no lo entiendes, incluso si los demás tampoco lo hacen… pero he jurado cuidarlos…
–¡No eres su madre, Kaoru! –le alzó la voz molesta– Dices que deseas protegerlos, pero lo cierto es que ellos deben resolver sus problemas por su cuenta. ¿Acaso tú decidiste que se enamoraran uno del otro? Eso simplemente pasó; así como no puedes obligarles a tener sentimientos por otra persona, también debes dejar que ellos peleen sus propias batallas.
Kaoru se enderezó de su asiento, iba a decir algo pero se calló, apretó fuertemente los puños, impotente al saber que lo que decía era cierto. Tsugumi se relajó un poco y le dijo en un tono de voz más bajo.
–Por más que desees protegerles, Kaoru, al evitar que se enfrenten con su realidad les estás haciendo un mal, son ellos los que deben caminar por su propio pie, si caen deberán aprender a pararse, lo entiendes, ¿cierto?
Kaoru bajó la vista y relajó los puños, comprendía la verdad de sus palabras, pero no podía o no quería aceptarlas. Siempre había estado allí para su hermano, ¿ahora debía hacerse a un lado como si no le importase? Su mente comenzó una batalla mental que no pasó desapercibida a la chica, la cual le tomó de ambas manos suavemente, haciendo que le mirase a los ojos.
–Sé que muchas veces querrás correr a su encuentro, Kaoru, pero…
Justo en ese momento el celular del pelinaranja comenzó a sonar, distrayéndose con el mismo, especialmente con la melodía que lograba apreciarse.
–Es Hikaru… debo contestar… –le dijo sin apartar la mirada del móvil.
–¿Crees que sea una emergencia? –le preguntó.
–No se sentía muy bien con Haruhi, quizás hayan discutido y yo…
–No, Kaoru, ya no más… ¡no puedes continuar con eso, sólo te lastimas a ti mismo!
El Hitachiin abrió los ojos al oírle hablar así… ella lo sabía. Sabía cuánto le dolía continuar siendo el apoyo de Hikaru, sin que su hermano notase realmente cómo se sentía y lo mucho que le dolía su relación con la castaña. El móvil calló y sólo segundos después volvió a sonar. No se movió ni un ápice ante esto, los segundos transcurrieron y el celular seguía sonando hasta que un nuevo tono anunció que se trataba de un mensaje de texto. Tsugumi le soltó para leer.
"Kaoru, necesito que vengas, Haruhi y yo volvimos a discutir, se ha marchado molesta"
No le sorprendió que el remitente fuese el mayor de los gemelos. Kaoru buscó su mirada pero la chica sólo negó con la cabeza y apagó el aparato, luego lo guardó en el bolsillo de la chaqueta que estaba usando.
–¿Quieres un poco de té? La tarea puede esperar un poco… –ofreció mientras caminaba rumbo a la puerta.
–Sí… y galletas de mantequilla… –pidió suavemente.
–Entonces un café –sonrió antes de salir–, saben mejor con el mismo.
La de coletas bajas no había dicho nada al respecto, sabía que el tema era muy delicado para él. Se dejó caer en la cama, mirando el techo del cuarto. Llevó sus manos a su frente, pensando en los acontecimientos recientes y en lo mucho que repercutían en su gemelo. Pensaba en Haruhi, pensaba en Hikaru, pero no actuaba de la mejor manera para con ellos, ahora recordaba esas palabras tan sabias de Kyouya "Los problemas son de pareja", sí… y él no entraba en ese noviazgo, era tiempo de hacerse a un lado.
Giró en la cama y se topó con una fotografía en la cómoda a un lado de la misma que no notase al llegar, se enderezó y la tomó entre sus manos. Era del baile de Lobelia. En ella Tsugumi y él habían sido retratados por sorpresa por un fotógrafo contratado por el Zuka Club (lo único que podía agradecerles), parecían una pareja de enamorados charlando en una de las mesas mientras se miraban a los ojos.
Sonrió…
Ella siempre sabía qué decirle para hacerle sentir mejor… y también cuándo lo mejor era callar. Aún recordaba cómo es que surgió cierta complicidad entre los dos, porque ella había podido ver lo que muchos no.
– HACE UNAS SEMANAS –
–A ti… te gusta Haruhi, ¿no? –buscó su mirada.
–¿Q-Qué? ¿D-De qué estás hablando? –rió nervioso– ¡P-Por supuesto que no, ella es novia de Hikaru!
–Aún si lo es, eso no cambia tus sentimientos… a ti te gusta ella, ¿verdad? –sonrió mientras le ofrecía de un bote de galletas de mantequilla.
–Eso fue hace tiempo… –se pasó una mano por los cabellos– Luego me di cuenta de que sólo estaba confundiendo mis sentimientos…
–Ya veo… –ensanchó su sonrisa, insistiéndole con el bote.
–No le digas a nadie… –pidió mientras tomaba una de las galletas– Promételo.
–Prometido… –sonrió mientras le ofrecía su dedo meñique, ocasionando que se sonrojara.
– PRESENTE –
Habían transcurrido días desde esa promesa hecha. Había por fin olvidado sus sentimientos por la castaña sólo para que otros surgieran con mayor fuerza… y la causante de ello entraba en ese momento en el cuarto con una bandeja.
–Espero te guste, no es lo que estás acostumbrado a tomar, así que…
–Está bien –le interrumpió, quitándole las cosas mientras procedía a colocarlas en la mesa–. Perdona por haber sido tan agresivo contigo.
–Perdona por haber sido tan dura al juzgarte… –murmuró a su vez.
–No, de ningún modo. Tienes razón, debo dejar de meterme entre ellos, soy desesperante, ¿no crees? –dijo nostálgicamente.
–No, no, ¡claro que no! –contestó enérgica– Tienes un gran corazón, Kaoru, eso es lo que más me gusta de ti.
–Ohhh, ¿en serio? –le miró fijamente.
–Qui-Quiero decir… ¡es parte de tu personalidad! –se sonrojó por sus palabras.
Quedaron en silencio unos segundos sólo para luego soltarse a reír, Kaoru fue a lavarse las manos en el baño conjunto para poder degustar el aperitivo, Tsugumi notó que podían ensuciar el material, así que procedió a guardar los libros de texto que el chico sacase de la biblioteca escolar, por lo cual se tomó el atrevimiento de recogerlos del escritorio y llevarlos a la mochila que había llevado Kaoru.
De pronto, asomándose en la mochila del joven se topó con un libro azul celeste cuya pasta era nueva e indicaba que el ejemplar no hace mucho había visto la luz, llevaba unos adornos dorados en las esquinas y en grandes letras garigoleadas podía leerse el título en el centro: "12 campanadas". Aunque se asombró un poco con este descubrimiento no le hubiera tomado gran importancia de no ser porque al intentar guardar los volúmenes consultados un fólder cayó al suelo, esparciéndose su contenido.
Presurosa se inclinó a recoger el desastre cuando algo llamó su atención de sobremanera. Una hoja de papel que podría pasar por un reporte o un objeto sin importancia ostentaba en su esquina superior izquierda un logo que en incontables ocasiones había contemplado: un mundo que surgía de un libro abierto y, en el centro del globo terráqueo, la palabra latina Somnia. Sus orbes recorrieron los caracteres impresos, leyendo el contenido de la cuartilla. Justo en ese momento el pelinaranja regresó al cuarto, extrañándose de su actitud.
–¿Qué ocurre? –preguntó tranquilamente.
–Kaoru… esto es… –logró articular, volteando a verle con el papel en la mano.
–Te había dicho que escribía, ¿no? –procedió a quitarle la hoja– La Editorial Somnia es quien me dio mi primera oportunidad hace un par de meses, publicando una de mis novelas. Creo que tenía un ejemplar conmigo…
Tsugumi se apartó, yendo al otro lado del cuarto, de donde sacó un ejemplar idéntico a aquel que el chico llevase en su mochila, sorprendiéndolo con ello. La azabache se le acercó visiblemente sorprendida y con un sonrojo adornando sus mejillas, Kaoru no dijo nada en todo el tiempo.
–Tú… ¿tú eres… Crescent Moon? –preguntó suavemente.
– TRES MESES ATRÁS –
–¿Sólo… Sólo hay una oportunidad? –murmuró, fijando sus ojos en los que estaban frente a ella.
–Así es, señorita Hibari, el Saint Bell se honra al haber sido elegido como uno de los colegios anfitriones –sonrió la joven mujer pelirroja del otro lado del escritorio–. Verá, el Director Suou Yuzuro ha manifestado su preocupación al notar que ciertos jóvenes empresarios no triunfan en el ámbito laboral ni social debido a su desconocimiento del mundo que les rodea, por ello mismo creó el Programa de Intercambios, donde diversos alumnos del Instituto Privado Ouran son enviados durante un semestre a escuelas públicas y éstas, a su vez, mandan a un representante por el mismo periodo de tiempo a tomar clases en el ya tan afamado colegio. Señorita Hibari, estamos pensando en usted para este programa.
–A-Agradezco enormemente su oferta, Directora Kawasaki, pero no estoy segura de ello. No desconozco la existencia del programa, pero hay algo que aún no me ha dicho, ¿cierto? –dijo tranquilamente– El Director Suou ha anunciado que el estudiante de intercambio con las más altas calificaciones en el Ouran recibirá un bono en efectivo para su escuela… eso si logra quedar en el Salón A.
–Está bien informada, joven Hibari –se enderezó en su asiento la joven Directora–. Antes de siquiera pensar en ingresar al Ouran, se debe presentar un examen de admisión para demostrar que se está al nivel de tan prestigioso plantel. Además, para hacer efectivo el dinero, el alumno aceptado con las más altas calificaciones deberá poder entrar al Salón A sin problemas y mantenerse en el mismo durante el tiempo que dure el Intercambio. En resumidas palabras: necesitamos al mejor de lo mejor, por eso mismo he pensado en usted, Señorita Hibari.
–Pero Masaya-san está más capacitado que yo… –trató de hacerle entender– Estoy segura de que él podría cumplir con sus expectativas, con las expectativas de todo el Saint Bell.
–Es cierto que el joven Masaya es un gran estudiante… –mencionó mientras entrelazaba sus dedos y se recargaba en ellos– Sin embargo, no se requiere de únicamente conocimiento, sino también de habilidades, en ese caso, pienso que usted está más capacitada.
A pesar de que la azabache de bajas coletas quisiera refutar sus palabras, podía sentir que la Directora no aceptaría un "No" por respuesta, así que se limitó a tomar la hoja de papel frente a ella donde aparecía el comunicado del Director Suou al resto de Academias públicas, consciente de que debería revisarla detenidamente en su casa. Se despidió y cerró la puerta con cuidado antes de retirarse, no tenía ganas de volver al salón, además de que el dolor en su estómago se hizo presente como cada vez que se estresaba o preocupaba.
Tsugumi pidió permiso para quedarse en la enfermería y hacia la misma se dirigió. Dejó sus cosas a un lado de la camilla donde la enfermera más joven le indicó. Nunca le había gustado ir cuando la otra se encontraba, ya que generalmente se quejaba de todo; sin embargo, en esta ocasión tuvo la fortuna de que fuese la Señorita Mikami quien le atendiera, se recostó quitándose los zapatos y soltó el cabello para que el peinado no le incomodara. Llevaba ya unos minutos contemplando el techo, esperando que la sensación en su estómago se tranquilizara cuando de pronto escuchó una leve risa, al girarse a su derecha se topó con la enfermera, quien sostenía un libro en las manos.
Como no tenía nada mejor qué hacer y al parecer el dolor le tendría allí por un buen rato, se dedicó a observarle en silencio. La joven mujer parecía abstraída totalmente en su lectura, prueba de ello eran los gestos de su rostro: a veces una pequeña sonrisa de felicidad, otras una mueca de disgusto, algunas otras un ligero temblor en sus labios de angustia e incluso los ojos tan fijos que pensaba que no podría retener las lágrimas por más tiempo.
¿Qué tenía de especial ese ejemplar? No podía saberlo, la portada era azul celeste con algunos adornos dorados en las orillas, en el centro se encontraba el título, aunque por su distancia no podía distinguir todas las letras. Curiosa y sin poder resistir por más tiempo, decidió preguntarle.
–Señorita Mikami… –le llamó suavemente.
–¿Qué ocurre, Tsugumi-chan? –le respondió maternalmente, cerrando el libro y volteando a verle.
–¿Pu-Puedo saber qué lee con tanto detenimiento? –inquirió finalmente.
–Ohhh, ¿esto? –le mostró feliz el volumen– Me has pillado, es uno de mis libros favoritos, se llama "12 campanadas".
–¿De qué trata? –cuestionó curiosa por el título tan original.
–¿Has leído "Cenicienta"?
–Más de una vez… –bufó, pensando el horror en que un escritor mediocre habría transformado su cuento favorito– Mi madre me lo leía todas las noches antes de dormir, jamás me cansaba de él.
–¿En serio? Bueno, Cenicienta siempre ha sido mi princesa favorita, así que en mi cumpleaños una amiga me regaló este ejemplar, pues ella lo había leído antes y estaba segura de que lo disfrutaría –en ese instante notó su mueca de disgusto– ¡Oh, Tsugumi-chan! ¡Yo pensé lo mismo!
–¿De qué habla? –se sorprendió por sus palabras.
–También yo pensé que habían arruinado tan maravilloso cuento de hadas. ¡Tranquila! ¡No fue así! –rió cantarinamente– Es verdad que de pequeña esperaba un príncipe azul como el del cuento, pero Crescent Moon, lo retoma y permite adentrarnos en la mente y corazón de Cenicienta, desde que tenía a su amada madre, hasta la vida en Palacio. Si te pones a pensarlo, es muy cierto que la joven tuviera dudas, miedos e inseguridades; en 12 campanadas Cenicienta deja de ser un personaje de papel para transformarse en una joven de verdad, como tú o como yo, con sueños y metas por los cuales luchar.
–Suena interesante… –hubo de admitir.
–Tranquila, Cenicienta no deja de ser Cenicienta, pero la narración es tan… tan… vívida, que no puedes evitar sentirte identificada en más de una ocasión. Te prestaré mi libro, estoy segura de que lo disfrutarás tanto o más que yo –le extendió el ejemplar.
–N-No es necesario… –se turbó, negando con las manos.
–Vamos, Tsugumi-chan, creo que es preferible que lo leas a estar aquí recostada aburriéndote. Además, debo de atender otros asuntos, sólo descansaba un poco y me entretuve de más, ¡es tan fácil perder la noción del tiempo con esta novela! –confesó avergonzada.
–Bueno, si insiste… –aceptó el obsequio.
–¡Que la disfrutes! –le sonrió antes de salir con algunos papeles en las manos.
La azabache suspiró pesadamente, contempló el libro sin notar nada especial en él, le miró arriba y abajo y finalmente se animó a leer la solapa para informarse sobre el autor o autora, pero lo único que encontró fue su pseudónimo: Crescent Moon. Pasó a la primera hoja, leyendo la dedicatoria "A una amiga, porque su sonrisa brilla como la luz del sol en un día de primavera".
Qué curioso… nadie dedicaba un ejemplar de esa forma. Normalmente agradecerían el apoyo dado en la elaboración del libro o el cariño que se tenían, mas algo le decía que esa persona había inspirado gran parte de la novela. Pasó las hojas y llegó al primer capítulo.
Primera campanada
«Siempre habíamos sido cercanas ella y yo. Podía confiar plenamente en ella y sabía que esto era recíproco, nos amábamos tanto como es posible imaginarse. Papá marchaba por el trabajo, dejándonos solas, fue quizás por eso que construimos un mundo donde éramos felices y, la verdad, ello no nos incomodaba.
Amaba pasar todo el día juntas, ya fuera corriendo por los jardines, descansando a la sombra de un árbol, horneando galletas e incluso bordando junto a la chimenea en los fríos días de invierno. Me sentía segura, tranquila y, lo más importante de todo: amada. Recuerdo que por las noches cepillaba mi pelo mientras me cantaba una canción, una melodía que nos pertenecía sólo a nosotras; amaba meterme en su cama, cuyas sábanas olían a ella, tenían su aroma impregnado, permitiéndome caer en un dulce sueño mientras me acariciaba los cabellos; por la mañana despertaba acurrucada en su pecho, sintiendo el suave subir y bajar de su respiración, entonces cerraba nuevamente los ojos y deseaba que ese instante no se rompiera, que durase sólo un poco más…»
Continuó leyendo más y más, sus ojos grises recorrían las palabras impresas, era algo tan diferente a todo lo leído anteriormente. Pareciera que Crescent Moon metía cada uno de sus pensamientos en su cabeza y transmitía cada uno de sus sentimientos a su corazón. Hibari tuvo que detener su lectura cuando notó que las lágrimas habían empezado a caer de sus ojos, justo en el momento en que la primer campanada sonó, anunciando la muerte de la madre de Cenicienta. Se sentía tan identificada con su dolor, su pecho se estrujaba al leer la manera que la protagonista narraba su pena y el adiós dado a su ser amado.
Lentamente los capítulos le envolvieron, cada campanada anunciaba un triste evento, un sueño roto, una lágrima derramada y, sin embargo, le daban a Cenicienta la fortaleza de pararse nuevamente y de no dejarse derrotar. La chica tenía miedo, es verdad, miedo de no poderse enfrentar a todo lo que le aguardaba en el mundo, miedo de fracasar en el intento, y sin embargo, sabía que su viaje debía recorrerlo sola.
Los capítulos transcurrían dándole vida a la chica, ya no era un personaje de papel para ella y nunca más podría verla así, se trataba de una persona… real, con sentimientos, con sueños, con metas, con miedos… justo como le había dicho la enfermera Mikami. Cerró el libro en el capítulo once, justo a la mitad del baile. Notó con sorpresa que las horas habían transcurrido demasiado rápido y que incluso el dolor en su estómago había desaparecido, ¿quizás se debía a la magia del libro? En ese momento la puerta se abrió y la misma joven de la mañana entró.
–Veo que ya te sientes mejor, Tsugumi-chan –le sonrió nuevamente.
–Se-Señorita Mikami… –le llamó– ¿Sabe dónde puedo comprar un ejemplar? Me gustaría terminar de leerlo por mi cuenta.
–Ohhh…
La cara de tristeza de la enfermera no le pasó desapercibida, mortificándole ello.
–¿Qué ocurre?
–Tsugumi-chan… la Editorial Somnia sólo sacó 100 ejemplares debido a que se trata de un talento nuevo. A pesar de que todas las copias fueron vendidas, no se planea una segunda edición, lo siento mucho.
–Debe haber alguna forma de conseguir un ejemplar, ¿quizás alguien esté dispuesto a venderme el suyo? No… eso sería lo mismo… quiero un ejemplar para mí, uno que sea especial, así como no deseo leer el final en su libro, Mikami-san, tampoco deseo leerlo en el de alguien más, pero si dice que ya todas las copias fueron vendidas, ¿cómo conseguiré una? –se desanimó.
–Hay una forma… –le enseñó la primer página del libro– Podrías contactar con la Editorial y pedir te comuniquen con Crescent Moon, ¡seguro ella entiende!
–¡Es una gran idea! –sonrió motivada.
Esa misma tarde Hibari buscó en Internet la dirección de la Editorial y, confiada, decidió escribirles una carta que al día siguiente pondría en el buzón a las afueras de su casa. Pasaron los días y la presión de parte de la Directora aumentaba, la azabache necesitaba tomar una decisión y pronto, antes de que la fecha límite de la convocatoria pasara. Una tarde, mientras regresaba de clases, finalmente encontró la respuesta que tanto esperaba en el correo; después de tanto pedírselo a la Editorial, habían accedido a darle el e-mail de Crescent Moon, casi tuvo que ponerse una mano en la boca para refrenar el grito que amenazaba con salir de su garganta, corrió lo más que sus piernas le permitían para llegar a su habitación, aventando la mochila al primer sitio disponible y encendiendo la computadora sólo para quedarse petrificada por un motivo: ¡no sabía cómo dirigirse a ella!
Pensó, pensó y volvió a pensar en la mejor manera de dirigirse a alguien como la autora de "12 campanadas" y exponerle los motivos de su carta, pero simplemente el decirle que ansiaba conseguir una copia de tan maravilloso escrito podía sonar un poco extraño, y más teniendo en cuenta que se pasó unos días insistiéndole a la Compañía Editorial que le diese una dirección a la cual dirigirse. Se dejó caer sobre el teclado, debió haber pensado un poco más las cosas antes de actuar tan impulsivamente.
–Tsugumi, Tsugumi, Tsugumi… ¿cuándo vas a pensar antes de actuar? –dijo en voz alta– No es normal que un desconocido te escriba de pronto diciéndote que te admira… ¡quedaré como una acosadora!
Caminó en círculos en su cuarto, se sentó frente al escritorio nuevamente, se aventó a la cama, se cambió la ropa, miró nerviosa el computador y hasta comenzó a leer algunos libros sin obtener un resultado satisfactorio. Finalmente se decidió, escribió en un nuevo correo todo lo que pensaba sobre la novela y lo que había sentido al leerla, pero cuando iba a darle "Enviar" nuevamente las dudas le asaltaron. Cerró los ojos con fuerza e hizo click en el ícono.
–¡¿Qué hice?! ¡¿Qué hice?! –se paró nerviosa de la silla, tomando la pantalla con ambas manos– ¡No, tonto correo, no te envíes! ¡Vuelve, vuelve!
Aún cuando dijera eso en voz alta sabía que era imposible que sucediera; se mordió las uñas nerviosa al darse cuenta de lo que había hecho y apagó el computador… ¡no quería ver su posible respuesta! A pesar de que sólo eran las cinco de la tarde decidió recostarse un poco para no pensar más en ello.
Despertó poco antes de la media noche, recordó que tenía tarea pendiente, así que encendió la portátil y entró en su correo, sabiendo que debía recibir unos archivos de una compañera de clases. Se mordió el labio inferior cuando vio que la Directora había vuelto a escribirle, esperando su respuesta, suspiró al darse cuenta de ello. Justo en ese momento vio una dirección de correo desconocida, sólo para recordar que se trataba de aquella proporcionada por la Editorial Somnia, tragó grueso y abrió el mensaje curiosa.
"Estimada…"
– PRESENTE –
–¿Cassiopea? –le contestó el otro, incrédulo.
– TRES MESES ATRÁS –
¡Era tan fácil hablar con ella! Sentía que podía contarle todo, Crescent Moon era excelente escuchando y también muy humilde, algo admirable considerando la cantidad de copias vendidas con su primer publicación. No había sonado pretensiosa cuando contestó su primer mensaje, o el segundo, o el tercero, o el cuarto… o los siguientes. Poco a poco fue tan normal el mensajearse que llegó a considerarla su amiga de prácticamente toda la vida. Por fin se armó de valor para solicitarle lo que tanto deseaba, a lo cual le contestó positivamente. Leyó y releyó el mensaje sólo para saber que no deliraba.
"Me honraría que una chica como tú lea mi obra, en verdad lamento que no consiguieses una de ellas, tengo algunos sobrantes para reposición, es verdad, pero me parece que alguien que disfruta la lectura tanto como tú merece algo especial. Llegará a tu casa un paquete en los próximos días, se trata de la primer copia impresa que me fue dada, quiero que la tengas."
Y así había sido, finalmente llegaba por paquetería lo que tanto anhelaba, casi quiso saltar sobre el cartero y darle un fuerte abrazo, pero se contuvo de ello. Sin embargo, no estaba preparada para una última sorpresa, pues al abrir el ejemplar descubrió una dedicatoria del puño y letra de la autora.
"Gracias por darme un nuevo motivo para escribir…"
No pudo esperar por enseñárselo a la enfermera Mikami, así que al día siguiente apenas tuvo un rato libre corrió a la enfermería, abriendo la puerta sin tocar y entrando como si se tratara de un pequeño tifón. La joven a la que buscaba se sorprendió por esa entrada tan repentina, corriendo a su lado creyendo que se trataba de una emergencia.
–¡Nada de eso! –le aclaró.
–¿Entonces? –le miró preocupada.
–¡Crescent Moon me ha enviado uno de sus libros! –festejó con un pequeño saltito de emoción.
–¡Tsugumi-chan! ¡Me alegra ver que tu sonrisa ha vuelto! –se alegró la enfermera Mikami.
–¡Lo sé, lo sé! ¡He conseguido una copia y no cualquier copia! ¡Una copia autografiada! ¿Puede creerlo?
–¿E-En serio?
–¡Vea, vea por sí misma! –le sonrió mientras mostraba un ejemplar azul nuevo.
–¡Qué envidia, Tsugumi-chan! ¡No cabe duda de que cuando te propones algo lo consigues! –sonrió aún más ampliamente.
–¿Ehhhh? –se asombró por sus palabras.
–En verdad eres una chica muy capaz –le miró segura.
–¿Lo cree así?
–¡Claro! No creí que pudieses tener una copia de "12 campanadas", pero me equivoqué, no hay nada imposible cuando te fijas una meta, sobre todo si es tan importante para ti.
La azabache quedó en silencio. Recordó las palabras de la Directora en ese instante, la oportunidad frente a ella no volvería a repetirse, el Ouran abriría sus puertas sólo a unos pocos privilegiados y ella podía ser uno de ellos. A su mente volvió una confesión hecha por Crescent Moon apenas la noche anterior.
"Tardé mucho en animarme a escribir… le temía al fracaso y a decepcionar a los demás… ahora sé que de no haberlo hecho jamás me lo hubiese perdonado. Hay oportunidades únicas que debes tomar en su momento, podemos tener miedo, ¿pero acaso no se trata de eso? ¿De vivir?"
–Perdóneme, Mikami-san, debo apurarme o se me hará tarde –reverenció.
–¿Tarde? –le miró sin entenderle– ¿Para qué?
–¡Debo entregarle unos papeles a la Directora en sólo media hora! –gritó antes de comenzar a correr.
– PRESENTE –
–¡En serio! –le dijo sonriente– Fuiste tú quien me animó a meter mis papeles para el intercambio escolar.
–¡Vaya casualidades! –rió el pelinaranja– Ahora me siento apenado contigo, te conté demasiadas cosas por Internet.
–¡Por eso sentía que te conocía de antes! –festejó– Cuando hablamos por primera vez frente a la Biblioteca algo me decía que podía confiar en ti.
–Y por eso mismo tu dirección se me hizo familiar cuando me la diste –bebió un sorbo de café.
–¡No puedo creer que no lo notaras! Es la misma a la que enviaste el paquete –tomó una galleta del plato frente a ellos.
–Mi memoria no es tan buena…
–¡Aún recuerdo tus palabras exactas! –le contempló.
–Ohhh, ¿sí? ¿Qué dije? –le sostuvo la mirada, esa mirada gris.
–Podemos tener miedo ante situaciones nuevas, pero se trata precisamente de eso… ¡de vivir! –le parafraseó.
–Sí, es verdad… –bajó la mirada a su café– Se trata de vivir.
–La vida es ahora, sólo tenemos una, así que vivamos el momento… –le citó en uno de sus correos.
–…sin arrepentimientos –finalizó la frase.
–¡Sin arrepent…!
La azabache fue callada al sentir los labios del pelinaranja sobre los suyos… acaso… ¿Acaso Kaoru la estaba besando? No pudo procesar ninguna información ante el hecho, quedándose estática. Sus ojos abiertos por la sorpresa, su cerebro con miles de ideas dándole vueltas, su corazón latiéndole más rápido de lo normal y su cara ardiendo de la pena. El de mirada felina rompió el contacto segundos después.
–¿Q-Qué crees que haces? –se llevó una mano a los labios, tocándolos.
–Siguiendo mi propio consejo y viviendo el momento… –le miró fijamente– Sabes que me aparté con Haruhi, me hice a un lado al saber que le gustaba a mi hermano, ahora no pienso hacer lo mismo, no me retiraré sólo porque te gusta Kyouya. Tsugumi… me gustas.
La azabache quedó muda.
Sí… lo pensaba… pero… ahora he recordado que siempre se puede saltar. Soy yo quien toma esta decisión, la decisión de que esa campanada no marque el final del sueño, sino el inicio de una nueva realidad.
Espero no haberme salido mucho de la personalidad de Tsugumi, ¡un saludo a Sari, la creadora de este personaje!
¿Sabías que…
…parte del episodio 26 ya ha sido escrita?
…el color favorito de Mizuki es el morado?
…la historia de cómo llegó Shiro al Ouran será dada a conocer en otro fic?
…me basé en un capítulo de Jigoku Shoujo para este episodio?
…Nekozawa hará una aparición especial en capítulos futuros?
…la foto que ve Kaoru en ese episodio fue tomada por encargo de Haruhi? Hikaru desconoce su existencia.
…Kaoru no sale en la foto con Hikaru, Mizuki y Kakeru en ese día de nieve debido a que fue el fotógrafo?
…"12 campanadas" no es del género que le gusta a Tsugumi? Ella prefiere el Suspenso y Drama
…el gato que sale en el episodio 18 es en realidad hembra? Es la verdadera mascota de Katara en su fanfic correspondiente
…Mizuki le tiene miedo a las arañas?
…a Kakeru no le gustan los videojuegos? Eso es porque él prefiere el deporte y las actividades al aire libre
…además de los vestidos los Hitachiin le han comprado bolsos y zapatos a juego a Haruhi?
…Ranka quedó fascinado con las joyas regaladas a su hija y no pudo evitar robarle unos aretes?
…el padre de Kyouya mandó vigilar a Hikaru para confirmar o desmentir su relación con la castaña?
…"Ouran High School, the Host's girlfriend" era el título provisional para este fic? Pensé cambiarlo apenas me decidiera por otro, pero terminó quedándosele
…el título de este fic me parece exageradamente largo, así que lo abrevio "The Host's girlfriend"? Sin embargo, la carpeta con sus capítulos y sus archivos Word se llaman sólo "Ouran" y "Ouran2 capX" debido a que es el segundo fic de este anime que publico
