Tras una ilusión
Mi nueva realidad
Kagome sonrió al sentir los rayos del sol calentar su rostro en ese nuevo día que iniciaba. Suspiró contenta. Esa noche finalmente había podido dormir completamente desde el nacimiento de su pequeña niña. Abrió los ojos sonriendo risueña por el merecido descanso de la noche anterior y luego de asearse, fue a inspeccionar como estaba su hija. Caminó en silencio, cuidando de no hacer ruido y abrió despacio la puerta blanca con flores rosadas de aquella habitación. Entró y sonrió, nunca se cansaría de ver ese espectáculo que sucedía a diario frente a sus ojos, cada mañana desde el nacimiento de Aiko.
Finalmente entró por completo y se quedó inmóvil y en silencio mientras observaba como aquellos coloridos pájaros cantarines pasaban a través de la ventana y se posaban sobre la blanca cuna para cantarle al bebé. Seguido de ellos se acercaban en un volar silencio y grácil esplendorosas y encantadoras mariposas que revoloteaban por toda la habitación. Parecía que esas creaturas jamás dudaron de la existencia de la princesa de las hadas y mucho menos de su casi sacrosanta descendencia, que ahora yacía indefensa frente a ellos. Kagome había perdido la capacidad de ver a las hadas, ninfas, o cualquier otro ser mágico, sin embargo, sabía que ellos también visitaban frecuentemente a su retoño y como bien le había asegurado Kujira, ellos habían bendecido con miles de gracias a la pequeña infanta.
FLASHBACK
Kagome sonrió desde la cama del hospital cargando en brazos a la recién nacida bebé que se acurrucaba a ella mientras dormía tranquilamente luego de tomar su dosis de leche correspondiente de su biberón.
- Oh, por Dios, es tan hermosa… - Exclamó Kujira en un susurro casi ahogado por la emoción, la cual, efectivamente había logrado vencer el hechizo que la cegaba y ahora recordaba claramente la procedencia de Kagome y lo que había significado para ella durante bastante tiempo.
Kagome volvió su vista a su hija y volvió a sonreír.
- Sí, no sabes la felicidad que se siente tenerla…más cuando jamás amparaste la posibilidad de que así fuera… - Respondió pasando suavemente sus dedos sobre la pequeña cabecita.
- Me sorprendió que le llamaras Aiko… - Musitó sentándose junto a la nueva madre.
- Su nombre para mí significa mucho, primero porque así se llama mi guardiana, que a pesar que al igual que tú, ya no cumple ese papel, la sigo sintiendo como un ángel de la guarda para mí. Además que ese nombre significa "hija del amor" y así ocurrió porque…de no ser por lo que nació en Inuyasha y en mí, ninguno de los dos seríamos lo que hemos llegado a ser ahora ni tendríamos esta inigualable bendición.
La mujer de azulados ojos posó su vista con ternura sobre la bebé y sonrió.
- Aunque…- Continuó Kagome. - …a pesar de que ahora soy humana, no entiendo como fue que al día siguiente del nacimiento de Aiko, muchos pájaros y mariposas se posaban en la cerrada ventana del hospital y el canto de aquellas aves llegaba a nuestros oídos. Es como si hubiese nacido un hada.
- Posiblemente así fue. Kagome, ni siquiera la grandiosa y poderosa Perla de Shikon puede romper un lazo tan fuerte como lo es la magia. Tú al igual que tu hija poseen magia en su interior, que si bien, ya no usan como quizá hubiese sido en antaño, continua vigente y es parte de sus vidas. Es un legado imposible de romper. Es por ello que muchas hadas y seres mágicos han besado la frente de esta pequeña en un acto invisible a nuestros ojos y por tanto ahora ella será algún día una mujer con una suerte envidiable, después de todo, la naturaleza la abriga como su hija predilecta desde ahora. Será tan o incluso más hermosa que su madre y poseerá el temple que caracteriza a su padre, es lo que se podría decir una obra perfecta. La combinación exacta de la mortalidad y la inmortalidad.
Kagome se había quedado sin palabras. Kujira hablaba con mucha seguridad y no se atrevía a refutarle absolutamente nada. Sonrió y asintió en silencio mirando con adoración a Aiko. Esperaba con todo su corazón que ese ser perfecto llegado a aquel descarriado mundo fuese realmente feliz como lo era ella misma en ese momento.
FIN DE FLASHBACK
- Hermoso, ¿cierto? – Preguntó una conocida voz a sus espaldas. Sonrió dándose vuelta para ver a su esposo que miraba embelesado el cuadro que estaba frente a ellos. Aunque claro, este instante mágico que traspasaba las cumbres de la realidad humana se desvaneció ante el agudo llanto de la niña hambrienta que se despertaba. Inuyasha suspiró y Kagome volvió a sonreír.
- Hermoso, pero cuando se acaba, se acaba. – Comentó Kagome notando como los pájaros y mariposas se retiraban con increíble velocidad. Ni siquiera ellos soportaban el escándalo producido por su nueva razón de existir.
- Bien dicho. - Aceptó caminando hasta la cuna y cargando a la pequeña niña, arrullándola con dulces palabras.
- Iré a la cocina, creo que me sale hacerle el tetero. – Anunció Kagome antes de retirarse. Inuyasha asintió distraídamente mientras sus ojos dorados se fundían con los dorados de la niña. Definitivamente ella era la combinación exacta y armoniosa de Kagome y él. El pelo negro y liso ya creciente en su delicada y blanca cabecita era indicio que tendría una melena azabache como la de su progenitora y sus hechizantes ojos dorados la harían una mujer sumamente hermosa y atrayente. Frunció ante ese pensamiento, vaya que tendría trabajo para cuando su adorada hija tuviera quince años.
- Eres una hermosa y adorable pequeña hadita pero nada de andar coqueteándole a los hombres antes de los cuarenta años, ¿entendiste? – Le sonrió a la niña para volverla a dejar sobre la cuna y caminar en el cuarto a buscar un pañal limpio y ropa guardada en la cómoda.
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- ¿Dónde está mi adorable tocaya? – Sonrió Aiko luego de que Kagome le abriera la puerta.
- Está jugando en su cuarto, Inuyasha le acompaña mientras termino de hacer el almuerzo. – Respondió haciéndola pasar a la cocina para que dejara sus cosas allí.
- Por eso adoras los domingos, ¿verdad? – Preguntó con comicidad. Kagome sonrió sincera.
- Vaya que sí. Si no fuera porque a él no le dan permisos post-parto lo tendría amarrado a la cuna de ella para que no se escapara. – Rió.
- Malvada. Bueno, ¿quién dijo que el negocio era fácil, a ver? – Preguntó mientras sacaba de su cartera una pequeña bolsa de regalo. Kagome puso los ojos en blanco al verla.
- Sé que eres su madrina de bautismo pero eso fue hace una semana, y esa semana le diste bastantes regalos, dicho sea de paso. – Dijo incrédula de la casi enfermiza obsesión que tenía Aiko por su ahijada.
- Corrección, soy su HADA madrina y las cosas cambian desde esa perspectiva. – Arguyó sonriendo con jactancia. Kagome rió.
- Te recuerdo que quedaste relegada de cargar con ese tipo de responsabilidades desde hace un tiempo así que hasta que no ganes un ascenso en tu empleo, no puedes ser tan derrochadora aunque sea por una buena causa. – Le aconsejó.
- Pero a ver, ¿quién se le resiste a esos ojos dorados? – Inquirió en defensa propia. Kagome sonrió malignamente.
- ¿A cuál de los dos? – Sonrió perversamente.
- Ah no, yo no me estoy comiendo con los ojos a tu esposo, eso es propiedad ajena, muy ajena. – Rió ante la falsa acusación que le hacía Kagome. – Aunque si reconozco la abrumadora similitud entre ambos pares de ojos ambarinos.
- Cierto. – Confirmó aún sonriendo mientras probaba la salsa para pasta que estaba cocinando en ese momento.
- Bueno, me secuestro a tu hija un rato, ¿sí?
- Si avisas que la secuestras, ya no es secuestro. – Sonrió divertida mientras asentía y se volvía a concentrar en su quehacer culinario.
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Kagome miraba neutramente al hombre que le hablaba con arrepentimiento, que había asistido a su consultorio por su problema con las mujeres.
Era un hombre apuesto, de porte elegante y atrayente, sofisticado. Poseía mucho éxito en su empresa y ni siquiera decía malas palabras. Algo para lo que muchas mujeres era un espécimen masculino perfecto. Sin embargo, como siempre, en estas casi divinas imágenes de seres intachables hay algo que no anda tan bien como parece. Era el caso de un hombre que todavía en sus 39 años no había contraído nupcias por la malformación que había hecho del término "matrimonio" a pesar de haber tenido 22 novias formales, sin contar las aventuras de una noche.
- ¿Entonces terminas con una relación amorosa siempre y cuando tengas la nueva conquista asegurada? – Preguntó Kagome seriamente. El aludido se revolvió incómodo en el asiento.
- No son razones infundadas. – Aseveró reacio a creer que tenía un problema.
Pero sí tenía un problema. Quería la mujer perfecta que había imaginado y ninguna fémina daba la talla.
- De cualquier forma, terminamos por hoy. – Anunció consultando su reloj de pulsera. Ya quería ver a su niña, después de todo, había tenido que alejarse de ella todo el día.
Luego de que el paciente se retirara, entró su secretaria y le dejó un paquete que enviaba una farmacia. El servicio de revelado de fotografías había mandado por correo las fotos del cumpleaños de Inuyasha. Sonrió revisándolo y recordándolo.
FLASHBACK
- ¡Feliz Cumpleaños Inuyasha! – Gritaron todos cuando el cumpleañero había apagado las velas del pastel de chocolate que con infinito cariño había preparado su esposa.
- Te estás poniendo viejo, Inuyasha… - Empezó Bankotsu a bromear mientras acercaba al aludido una copa de licor. – Espero que no hayas tomado mucho, sabes que licor con dulce no producen una buena combinación.
- Lo recuerdo. – Aceptó sonriendo mientras recordaba como en la noche de un cumpleaños Bankotsu pasó toda la velada vomitando luego de comer la torta.
- ¡Feliz Cumpleaños, Inuyasha! – Chilló Sango abrazándolo y dándole su correspondiente regalo.
Y así, luego de las numerosas felicitaciones dadas por todos. Incluyendo a Aiko, que se había hecho dueña de una tienda, Kujira que ahora era una neurocirujano, Tori, que era un adinerado empresario y Raion, que ahora era un reconocido actor.
- Tú eras el que llevó a Kagome hasta aquel altar de las hadas… - Musitó Inuyasha al reconocer al joven y su mirada dorada, muy parecida a la de él. El aludido sonrió extendiéndole la bolsa con su presente.
- Así es, espero la sepas cuidar muy bien. Y…lamento todo aquello que tuviste que pasar al rescatarla. – Dijo viendo como Inuyasha desviaba la vista avergonzado.
- Gracias. No fue nada. – Espetó tomando la bolsa y dejándola a un lado. Raion volvió a sonreír.
- Lo bueno acerca de mí es que ya no tienes de que preocuparte, ya no puedo volverme a transformar en un león. – Sonrió retirándose. Inuyasha duró unos segundos pensando sus palabras hasta que…
- ¡Hey! Entonces tú eras el león que… - Pero calló con su acusación, casi demente para los demás invitados en caso de que la hubieran escuchado, y en ese momento fue cuando sintió la mano de Kagome posarse en su brazo.
- Feliz Cumpleaños Inuyasha… - Le sonrió abrazándole. Inuyasha sonrió también, después de todo, la persona que amaba no se había ido esta vez sino que tenía todo un futuro con ella.
FIN DE FLASHBACK
- Quiero mostrárselas a Inuyasha… - Musitó volviendo a guardar las fotografías.
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Llegó a la casa y se quedó atónita al ver a su pequeña niña esforzándose por intentar dar sus primeros pasitos ayudada por su papá. ¡El tiempo pasaba con sorprendente velocidad! Si hace nada era una recién nacida esa pequeña. Sonrió emocionada agachándose a la altura de la niña y extendiéndole los brazos. Aiko caminó lo más rápido que podía hasta recibir de lleno el abrazo de su mamá.
- Mi amor… - Musitó abrazándole. Le sonrió a Inuyasha y luego de levantarse cargando a la pequeña en sus brazos miró con ternura a su esposo. – A veces creo que todo esto es una ilusión…
- Yo también. – Aceptó viendo con atención los movimientos que su hija hacía con el afán de jugar con el lacio cabello de Kagome. – Antes estábamos tras una ilusión y ahora parece que al fin al conseguirla, la hemos hecho nuestra realidad.
Kagome sonrió arrullando a su hija y dándole un leve beso a Inuyasha en sus labios antes de retirarse a cambiarle el pañal a Aiko en su nueva vida de madre y esposa humana. Desde aquel día pudieron decirse el uno al otro que el amor había vencido las barreras mágicas y mortales y que ellos ahora podían ser, como melosamente se conoce, felices para siempre.
FIN
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Y colorín colorado, este cuento se ha acabado T.T Ya es mi segundo fic concluido, en realidad voy lenta pero me gusta la sensación de terminar una historia, siento que cumplí con ustedes y les fui fiel jeje aunque terminar dos fics por año como que no es tan rápido que se diga xD pero bueno, entre todo, lo importante es que los termino algún día. Aquí esto es final y epílogo juntos, así que no voy a sacar más capítulos (lo siento mucho, ni porque chillen, pataleen o amenacen con suicidarse hago otro capítulo porque de verdad no lo veo necesario) ya que considero que está bien así. Agradezco todos los reviews que me han dejado a lo largo del fic, muchísimas gracias, agradezco sinceramente su apoyo y espero que sigamos así en los demás fics que me quedan por crear y continuar. Otra cosa, es que se me dice que escriba como una continuación de este mismo fic pero con la pareja de Sesshomaru y Rin, es decir, todo queda normal, ya el rollo mágico que impedía que Inuyasha y Kagome estuvieran juntos se eliminó, continúan sus vidas, participarían de igual forma que en el primer fic pero ya no como protagonistas sino como personajes secundarios, siendo los nuevos protagonistas Sesshomaru y Rin. La verdad no estoy segura si lo haga, de cualquier manera, espero que me puedan dar su opinión, así veremos si me animo o no. Y por supuesto también espero la opinión del final de fic, de cómo estuvo el fic, alguna especie de valoración final porque estoy que me como las uñas por saberlo. Y bueno, una vez más muchas gracias, nos seguimos leyendo en mis otros fics. Sayonara n.n
