Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".

Los personajes originales son de J., por supuesto.

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Creciendo con dolor

Capítulo 19- Continuación

Narcissa entró corriendo a las habitaciones de Severus con los ojos desorbitados por el pánico, y apenas vio a Severus y a Remus, que ya estaban de vuelta de su reunión con Dumbledore, dijo con claridad: -Los niños han sido secuestrados.

Severus se puso de pie de un salto....y Remus se levantó con los ojos agrandados por el impacto.

-Los Slytherins dejaron la Sala Multipropósito; yo hice el encantamiento para que los niños y yo no fuésemos vistos y salimos de la sala. No vi a nadie, no escuché nada. Hubo un gran rayo de luz y una onda mágica me tiró contra la pared; me desmayé y cuando desperté, el pasillo estaba vacío, los niños ya no estaban. Alguien debe haber estado encantado o deben haber tomado alguna poción para ver a través del encantamiento desilusionador que teníamos sobre nosotros.

Severus pasó corriendo a su lado, Remus lo siguió, pero se separaron en direcciones opuestas. Sin decir ni una palabra, Remus sabía lo que su pareja quería de él, así que corrió a la oficina del Director para pedir ayuda y contarle a Albus lo sucedido. Severus se dirigió hacia la sala común de Slytherin, para ver quién faltaba y por qué. Narcissa volvió rápidamente a la escena del crimen, para ver si podía encontrar alguna pista que se le hubiese escapado antes.

Ooooo000000

Hacía media hora que caminaban, cuando se toparon con un arroyo muy pequeño; pequeño, pero suficiente. Draco se arrodilló y comenzó a lavarse las manos y la cara. Harry se arrodilló un tanto más arriba, y juntó las manos formando un cuenco para beber. Las manos le temblaban levemente, supo entonces que estaba al límite de sus fuerzas; pronto colapsaría si seguían así, pero también sabía que no podían detenerse. No dijo nada y se esforzó en esconderle su debilidad a Draco.

Draco no era tonto, pero no había nada que pudiera hacer; ofrecería cargar a Harry cuando fuera demasiado para él, pero cuanto más tiempo Harry pudiera caminar por sí mismo, mejor. Él estaba tenso como una cuerda, escuchando atentamente por algún indicio de persecución, aún no captaba nada, pero eso no significaba que no los siguieran. Tan pronto como encuentren a Devon, los Mortífagos usarán hechizos para hallarlos; debían alejarse lo suficiente para que los hechizos den respuestas vagas o, para que no funcionen. Tal vez los malditos collares pudieran mantenerlos indetectables.

-Vamos-. Ayudó a Harry a pararse y continuaron a paso rápido.

No pasó mucho tiempo, apenas unos cuarenta y cinco minutos, más o menos, cuando Harry no pudo seguir caminando. Le temblaban los muslos y sus manos se sacudían violentamente; unos puntos negros le nublaban la vista y le costaba respirar. Draco se arrodilló a su lado y Harry se disculpó débilmente, profundamente avergonzado por su debilidad, ¡justo cuando Draco necesitaba que se mantuviera fuerte!

-Shh...está bien, Bebé-. Dijo Draco, afectuosamente. –No es tu culpa. Ven, súbete a mi espalda, yo te cargaré.

Harry hizo lo que le indicaba y, por una vez, agradeció por ser pequeño y liviano. Para Draco, usualmente era fácil cargar a Harry, pero ahora estaba debilitado por la maldición Cruciatus y por todo lo demás, las piernas le temblaban cuando se levantó; pudo asegurar sus rodillas y cuando estuvo listo, dio un paso, y otro...

Harry se relajó, 'Inconsciente', pensó Draco porque súbitamente sus emociones se acallaron; Draco apretó los dientes con fuerza y siguió caminando. El sol ya había caído y debía mirar muy bien para no tropezar. Le costaba mucho respirar, pero descubrió que si respiraba hondo, era más fácil. Otra vez, las lágrimas le corrieron por las mejillas, esta vez eran debido al agotamiento, pero no podía detenerse, si lo hiciera, los Mortífagos los encontrarían.

Ooooooooooooooo

Severus, entre dientes. Él, Albus, Remus y Narcissa no habían encontrado nada que les pudiera decir quién se había llevado a los niños o dónde podrían estar. –Absolutamente nada-. El vaso que tenía en la mano, se quebró. Estaban en la oficina del Director; Narcissa y Remus, sentados frente al escritorio de Albus.

El Director se apoyó cansadamente en el respaldo de su silla, y se pasó las manos por la cara.

Severus, al fondo de la habitación, se paseaba furiosamente.

-Hay un hechizo localizador que puedo usar-. Dijo Narcissa, con una expresión rígida. –Por ser una Malfoy puedo realizarlo y va a conducirme hacia el Señor de la familia; sin embargo, es muy evidente y cualquier mago que esté cerca de mi hijo podría notarlo.

-Si ellos han podido escapar, ese no sería un recurso sabio-. Albus bajó las manos y reveló sus ojos apagados.

-Pero, puede que ese sea nuestro último recurso-. Dijo Remus, suavemente. –Narcissa...¿hay alguna manera de que sepas si Lord Malfoy...está...muerto?

-Yo lo sabría-. Respondió ella, bajando la cabeza para esconder su miedo y sus lágrimas. –Merlín, no dejes que esto pase.

-¡Tenemos qué hacer ALGO!- Rugió Severus.

-Calmémonos, debemos pensar claramente-. Espetó Albus. -¿Adónde los llevarían? Lo más probable es que traten de llevarlos ante Voldemort, si sabemos dónde está Voldemort, podremos enviar a los miembros de la Orden en su búsqueda en el área entre Hogwarts y ese lugar.

-Voy a interrogar a mis Slytherin con Veritaserum para descubrirlo-. Dijo Severus, con frialdad. Era un recurso extremo, pero la situación requería medidas desesperadas. Si alguien lo descubría o alguno de los chicos tenía alguna reacción negativa a la poción, él y Dumbledore podrían tener un sinfín de problemas, ambos podrían terminar en Azkaban.

- Asegúrate de que no recuerden nada- Dijo Albus, y Severus gruñó por sobre el hombro, como si no supiera qué debía hacer.

-¿Qué podemos hacer?- Preguntó Remus.

-Tú irás a Grimmauld Place para poner al tanto a la Orden; yo me quedaré a esperar lo que descubra Severus. Narcissa...haz lo que prefieras, pero quédate cerca para que podamos avisarte si hay novedades-. Ambos asintieron y dejaron la oficina. Dumbledore suspiró y se masajeó las sienes. –Ay, querido niño, ¿en qué te has metido esta vez?

Oooooooooooooooooo

Draco no podía caminar más, se desplomó al pie de un gran árbol, después de bajar a Harry con cuidado. Sus piernas le quemaban. Sollozó, con la certeza de que no iba a poder volver a usarlas.

Ya era noche cerrada, la luna brillaba por encima de la copa de los árboles, y era muy poca la luz que se filtraba a través de las ramas. Harry se despertó atontado; tenía mucho frío, ahora que no estaba sobre la espalda de Draco.

-Ray...¿estás lastimado?- Preguntó, cuando oyó, cerca, los suaves sollozos de su amigo. Cuando Draco no contestó, Harry gateó hasta él, y se subió a su regazo. Draco suspiró, con un ligero alivio porque la calidez de Harry lo cubría y lo inundaba. –Dime dónde te duele.

-Las piernas- Gruñó.

Harry asintió y usando ambas manos, masajeó cuidadosamente los muslos de Draco y fue bajando. Draco se tensó y se movió, debajo, siseando de dolor y de alivio, mientras los delgados dedos de Harry trabajaban. Le tomó bastante tiempo hasta que los gemidos y gruñidos de Malfoy cesaron y sus piernas se relajaron aliviadas. Harry rió, se volvió para mirar al rubio de frente y se acostó sobre su pecho, levantó los brazos y lo abrazó; sus manos jugaron con la trenza de Draco y los mechones sueltos.

-Yo vigilaré. Duérmete-. Susurró Harry, tranquilizándolo. Un suave ronquido fue la única respuesta.

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Draco despertó al alba. Harry lo sacudía suavemente. Se sentía dolorido y tenía hambre, pero había descansado.

Harry lucía cansado, pero no demasiado. Sonrió débilmente y Harry le devolvió la sonrisa. Estaban helados, pero no tanto como si hubiesen estado solos. Cuando Draco se paró, sobre sus miembros rígidos, casi se alegró de que debieran seguir caminando. Eso los calentaría. Ayudó a Harry a ponerse de pie y se retomaron el camino.

-¿Hubo alguna perturbación, anoche?- Preguntó.

-Realmente no-. Harry se encogió de hombros. –Pasaron cerca unos cuantos conejos y un zorro…eso fue todo.

-Me pregunto por qué nadie viene en nuestra búsqueda. ¿Crees que ya habrán encontrado…qué ya lo habrán encontrado?- Draco se sonrojó, no podía decir el nombre. Cruelmente, arrojó lejos de sí los recuerdos de lo que había hecho, ahora no tenía tiempo para eso.

-No lo sé-. Respondió Harry. –Tal vez sí, pero no pueden encontrarnos.

-Eso sería maravilloso.

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Interrogar a todos sus Slytherin, le había tomado a Severus, casi toda la noche; y sólo había obtenido respuestas vagas. Voldemort tenía un campamento en algún lugar del sur de Rumania. Era muchísimo terreno por cubrir, de Hogwarts hasta allí. Subió los escalones hasta la oficina de Albus de a dos. El anciano mago lo esperaba sentado detrás del escritorio. Los otros no estaban presentes.

-Al sur de Rumania-. Dijo, rápidamente, sentándose en la silla que Albus le indicó. Necesitaba conservar su energía; con ese pensamiento, aceptó la taza de té caliente que le alcanzó el anciano.

-Lástima que el último país del este con el que tenemos buenas relaciones sea Alemania.

-Ese será el motivo por el que Voldemort asentó allí su campamento- Gruñó Severus.

Albus suspiró y se levantó. –Necesitamos informar a la Orden y agrupar nuestros recursos. Busca a Narcissa y tráela contigo.

Severus asintió y se encaminó a buscarla; la ansiedad y el temor eran una pelota en su pecho, pero los mantenía dominados con todas sus habilidades: no iba a poder ayudar a sus hijos si no podía pensar con claridad; además, una poción energizante no estaría de más.

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-No…no puedo…-Harry jadeó, y con un gemido, cayó de rodillas. Estaba helado, temblaba, se sentía débil y mareado. Tenía tanto hambre que el estómago se le acalambraba; él tenía una vasta experiencia en pasar hambre y trabajar, culpa de los Dursley, pero parecía que su capacidad de soportar ya no era la que solía ser.

Draco se detuvo y se volvió hacia su amigo; él también estaba en una zona de entumecimiento, hambre y fatiga; sus pies se movían por su propia cuenta. Pero, ver el sufrimiento de Harry le agudizó la mente y lo fortaleció. Se acercó y se sentó junto a él, abrazándolo y tratando de que ambos entraran en calor. Harry se acomodó solo en el regazo de Draco y se le envolvió alrededor. Draco sonrió cansadamente y dejó que su frente reposara sobre el hombro de Harry.

-Lo siento, Harry, cuando recobró el aliento.

-Shhh…descansaremos un rato y si todavía no puedes seguir, yo te cargaré.

Harry asintió, mordiéndose el labio. Deseó que pudieran usar su magia, así él podría conseguir comida. Desafortunadamente, a pesar de sus plegarias, no tuvo resultados. Parecía que los collares estaban hechos con algún tipo de piedra, y eran de una sola pieza. No había modo de quitarlos.

-¿Puedes caminar?- Preguntó Draco, sacando a Harry de sus pensamientos. El moreno se sobresaltó, dándose cuenta de que sus ojos estaban cerrados y de que no tenía la energía para levantar la cabeza y abrirlos. –Supongo que eso es un no-. El rubio luchó por varios minutos, eventualmente aseguró a Harry sobre su espalda y retomó la marcha.

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-No hay Ministro ni gobierno mágico en Rumania- Dijo Shacklebolt. Todos los miembros de la Orden estaban sentados alrededor de la mesa y oían lo que les decía, con expresiones desoladas o preocupadas. –Eso nos ayudará, pero también nos estorbará. Nos ayudará porque técnicamente no habrá grupos de gente ofendida porque entramos a su país; y nos estorbará porque no habrá nadie que pueda ayudarnos o decirnos nada. El mejor curso de acción es evitar a los lugareños.

-¿Quién va a formar parte de la búsqueda y qué parte de Rumania deberemos cubrir?- Preguntó Remus.

Albus conjuró un mapa de Rumania sobre la mesa. –Nuestra información dice que los niños fueron llevados al sur, cerca de Alejandría. Recomiendo que esa ciudad sea nuestra base de operaciones y que trabajemos en grupos, comenzando con los alrededores de la ciudad.

- Somos veintiuno en total, pero es obvio que todos no podremos ir a Rumania- Apuntó Severus.

-Yo no puedo ir, debo regresar al Colegio-. Dijo Albus, gravemente. –Elphias, tú ya hiciste demasiado por nosotros, todos estos años, sería mejor que permanezcas aquí. Madam Rosmerta, usted tiene su negocio que atender y no podemos permitirnos levantar sospechas haciendo que deje su puesto. Arabella, eres valiosa, pero tus habilidades son otras. Los Weasley...aún están sufriendo la pérdida de su hijo mayor, comprendería si ustedes prefieren no unirse a la misión.

-Ron y Ginny están en la Madriguera, Hermione también-. Les informó la señora Weasley. –Me quedaré con ellos para que los demás puedan buscar a Harry-. Ambos hombres Weasley asintieron.

-Muy inclinó la cabeza respetuosamente. –Apreciamos la ayuda. Minerva...

-No. Yo iré-. Negó con la cabeza. –Aún estoy de luto, pero mi familia comprenderá mi ausencia.

-Nosotras también ayudaremos a buscar a los niños-. Dijo Andrómeda. Ella se había casado con un muggle, pero eso no fue un impedimento para que fuera blanco de los Mortífagos a causa de su hija Auror y miembro de la Orden del Fénix. Nymphadora había traído a su madre a Grimmauld Place para mantenerla a salvo, después del funeral y Andrómeda había decidido unirse a la Orden, también. Ahora ayudaría a vencer a los bastardos que habían matado a su amado esposo.

-Bien. Si alguien desea quedarse, que hable ahora-. Albus miró alrededor de la mesa: nadie levantó la voz. –Muy bien. Quedan dieciséis. Formaremos cuatro equipos de tres hombres. Dividiremos el área alrededor de Alejandría en cuatro secciones; cada grupo tomará una, para centrar la busqueda......... Los líderes de los equipos serán: Severus, Narcissa...

Ante las miradas de desconfianza y enojo en algunas caras, Albus golpeó ambas manos sobre la mesa y exclamó con fuerza. –Este no es momento para cuestionarme-. Todos se quedaron callados y quietos.

Observándolos severamente, Albus continuó. –Como les decía, los líderes serán: Severus, Narcissa, Remus y Kingsley. Ellos elegirán a su equipo. Regresaré en unos momentos.

Severus eligió a Alastor Moody, Emmeline Vance y Arthur Weasley. Remus eligió a Minerva McGonagall, Charlie Weasley y Rubeus Hagrid. Narcissa eligió a Andrómeda Tonks- su hermana-, Mundungus Fletcher y Hestia Jones. Shacklebolt se quedó con el resto: Nymphadora Tonks, Dedalus Diggle y Sturgis Podmore.

Albus volvió unos minutos después con una docena de elfos domésticos. Mientras los elfos les pasaban paquetes para los equipos de búsqueda, Albus les alcanzó cuatro trasladores.

- Quiero reportes cada seis horas-. Les informó Albus, satisfecho con el rápido asentimiento que obtuvo. –Buena suerte y sean cuidadosos, hay Mortífagos en el área, estén preparados para luchar.

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- Bebé...-Dijo Draco, con voz quebrada, su boca estaba tan jodídamente seca, sus labios cuarteados y su piel como pergamino. –Harry...agua...

Harry levantó la cabeza y se dejó caer desde la espalda de Draco. El rubio se tambaleó por el cambio, y Harry debió sostenerlo por un brazo para mantenerlo en pie. Frente a ellos había un arroyito barroso. Los niños cayeron de rodillas y bebieron, sedientos. Nada, jamás, les supo mejor. Realmente raro, pensó Draco, porque podía sentir el barro ensuciándole los dientes, y eso solo no le hubiese agradado en absoluto en circunstancias normales. Bebieron por largos minutos, hasta que sus estómagos vacíos se llenaron de agua, después de sentaron suspirando aliviados.

-¿Estás bien?- preguntó Harry, mirando al rubio.

Draco asintió con la cabeza y miró al cielo, parecía cerca del mediodía. ¡Merlín, tenía tanta hambre!

-¿Te duele la espalda?-Preguntó Harry, ruborizándose. –Puedo hacerte un masaje...-Se quedó duro, sus ojos se agrandaron y se sentó......rígido.

Draco miró alrededor, frenéticamente, sintiendo el miedo de Harry. -¿Qué es?- Susurró.

-Siento magia...-Susurró Harry, muy bajito. –Es como una pequeña cosquilla contra las barreras del collar.

-¿Sabes en qué dirección?- preguntó Draco, sabiendo que Harry era más consciente que él de su magia y más allá de las barreras, confiando totalmente en sus instintos.

-A la derecha...yo...no estoy seguro qué tan lejos o...-Harry sacudió la cabeza.

Draco miró hacia la derecha, pero no podía oír ni ver nada. Era posible que hubiesen andado en círculos durante la caminata nocturna, pero había creído que iban en línea recta, en la dirección contraria a Devon. Saltó sobre sus pies entumecidos, tomó la mano de Harry, lo levantó, retomando el paso más rápido posible –que a esta altura era escaso-, y se dirigieron hacia la dirección opuesta al lugar de donde Harry sentía la magia.

-¿Todavía lo sientes o fue un momento nomás?- Preguntó Draco, suavemente.

-Todavía lo siento-. La voz de Harry temblaba de miedo.

La mano de Draco apretó con fuerza la de Harry. -¿Se hace más fuerte o más débil?

-Es igual. Es una leve presión contra la barrera.

-Avísame...si algo cambia-. Jadeó, ya sintiéndose cansado, pero sin querer disminuir la velocidad.

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