Memorias Olvidadas: El Jardín de los Recuerdos – Parte I (Capítulo XXI).
Año MCDLX. Diez años tras el inicio de la Gran Guerra.
Sakura se hallaba jugando con el resto de las ninfas, incluida su amiga y rival, Ino Yamanaka, alias la "Cerda". Hacía tiempo que no acontecía ninguna acción bélica en contra de Iridia. Y por la misma razón, afortunadamente el número de hadas, de la subespecie Ninfae, se había multiplicado considerablemente. Pero había algo que preocupaba a la matriarca actual, Tsunade Senju, quien, desde hace un tiempo, había frenado todo tipo de amenazas en contra del reino. Ya sea mediante acciones pasivas, como el traslado de los menores a un nuevo territorio, o con enfrentamientos directos a las tropas de la temible Kaguya Otsutsuki. Kaguya, a ésas alturas, ya había conquistado el Continente del Agua en su totalidad, y la mayor parte del de la tierra. Era cuestión de tiempo para que Kaguya conquistara todo el mundo.
— ¿Escuchaste que Kaguya finalmente está invadiendo el Continente de la Tierra? Ya han muerto millones de personas — exclamó una de las ninfas, que transitaban por la zona.
Aquello llamó la atención de la ojiesmeralda.
— Sí. Lo sé. Sólo es cuestión de tiempo para que hallen a Iridia, y la destruyan por completo — interpeló otra de las hadas que le acompañaban.
— Lo peor de todo, es que casi no contamos con guerreros. Y si nos llegan a invadir, estamos acabados — afirmó la primera.
— Supongo que es por ello que Tsunade-sama está en planes el abandonar nuestro reino — respondió la segunda.
"¿Kaguya? ¿Quién será ella? ¿Y por qué tenemos que abandonar Iridia?" se dijo a sí misma la Haruno, no queriendo abandonar la tierra donde había nacido y crecido.
— ¿Hasta cuándo terminará ésta cruel guerra? La ambición de Kaguya no tiene límite... — masculló una de aquellas hadas.
— Sakura-chan.
La ninfa escuchó una amorosa voz, proveniente de su madre, Mebuki Haruno, ante lo cual la aludida se reincorporó tímidamente del suelo, y se encaminó hacia su progenitora. O la que creía que era.
— Madre — reverenció tímidamente la pelirrosa, con aquella personalidad tan específica de ella.
— Ya es hora de volver a casa. Despídete de tus amigos.
Sakura obedeció a las indicaciones de su madre, y llamó tímidamente a sus amigos. Éstos volvieron sus miradas hacia la pelirrosa, quien agitó su mano a señal de despedida, gesto que los mismos le reciprocaron. Sakura, entonces, corrió en dirección de la pelirrubia, y le tomó de la mano. La pequeña ojiesmeralda comenzó a caminar al lado de su progenitora, en dirección a aquella casa de árbol, tan exótica para la especie humana, pero tan común para las hadas.
Sakura aún tenía en su cabeza aquel nombre grabado: Kaguya. Por alguna razón, le parecía extrañamente familiar, como si tuviese no solamente una relación con Iridia, sino con ella misma.
Algunas horas después, se hallaba en cama, donde su madre le contaba uno de las tantas historias para dormir. Pero, en realidad, Sakura podía hacer todo, menos éso, sin mencionar que su cabeza estaba en otra parte. Concretamente, en aquella conversación que escuchó por casualidad de aquellas hadas mayores, probablemente madres de familia. Pero aquel no era el punto, sino que ésas mujeres mencionaron aquel nombre con tanta familiaridad, como si la conociesen de años. Sakura jamás se habría imaginado que estaba estrechamente relacionada con la despiadada reina de Nubrum.
— Sakura-chan... ¿Qué te tiene tan distraída, mi pequeña princesa? — preguntó dulcemente la reina Haruno.
Sakura volvió sus orbes esmeraldas a Mebuki.
— Madre... Bueno... Yo... Quería preguntarte algo — enunció en un tono suave la pequeña ninfa.
La castaña le sonrió dulcemente.
— Dime, amor.
— Es que hace rato, cuando estaba con Ino-cerda y los demás, escuché una conversación de unas señoras — articuló la pelirrosa.
Sakura le sacó una amplia sonrisa a Mebuki, por aquel apodo tan infantil para con la hija de la familia Yamanaka.
— Escuché que nombraron a una persona llamada Kaguya. Y pues yo... quería saber si tu sabes quién es ella — inquirió la pequeña princesa hada.
Mebuki se quedó helada al escuchar aquel nombre, el cual por órdenes de la gran matriarca, Tsunade Senju, había sido prohibido. No porque tuviese algo personal contra aquella gobernante del Continente del Fuego, a pesar de que gracias a ella miles de hadas, no sólo de la subespecie Ninfae, sino que todas las relacionadas con la Faerie, habían sido llevadas hasta casi su extinción. Pero aquello no era el problema con Kaguya Otsutsuki, sino la relación que tenía con Iridia, y especialmente con Sakura Haruno.
Mebuki quería decirle la verdad a Sakura. Quería decirle su verdadero pasado. Quién era la que la había traído al mundo, pero las órdenes eran estrictas: Proteger la integridad de Sakura Haruno, aún si el pueblo de Iridia se debía llevar ése secreto a la tumba. Quizá cuando fuera mayor, y aquella brutal y sanguinaria guerra terminara, podrían revelarle quién era realmente Sakura Haruno, y cuál era su verdadero apellido. A Mebuki le dolía en el alma el ocultarle la verdad a su "hija", pero era necesario por su seguridad. Ya que, a pesar de que Tsunade destituyó al consejo que calumnió contra la princesa de la Luna, llamada así por su aspecto y por haber sido bendecida por la misma Theia en persona, y en presencia de la ahora difunta Chiyo Nakamura, el oscuro legado de los antiguos consejeros seguía latente entre Iridia. Y Sakura sería la más afectada de todo.
Ahora la reina Haruno no sabía por dónde empezar. Es decir, ¿Qué era exactamente lo que debía decirle a la pequeña princesa de Iridia? ¿Que estaba relacionada con la que era la hada más poderosa de la historia?¿Una hechicera tan temible que había conquistado el territorio del Continente del Fuego por su propia cuenta?
No. La reina Haruno no podía revelar tan controversial conexión. Especialmente porque aún la pelirrosa era muy pequeña, y ella la amaba con todo su corazón. Para ser sincera, Mebuki en un principio tuvo un mal concepto de Kaguya Otsutsuki, por ser una persona tan ruin por "abandonar" a su relativa, quien ahora estaba acobijada y abrazando a aquel peluche en forma de dinosaurio dientón. Pero tras escuchar la realidad de parte de la discípula de Tsunade Senju, Shizune Nikaido, ahora comprendía que Kaguya no era más que una víctima más de un corrupto sistema, el cual estaba gobernando, desde las sombras, hasta hace apenas unos diez años atrás. Por supuesto, las críticas de Mebuki no se quedaron en únicamente el antiguo consejo de Iridia, sino que también alcanzaron a la princesa Tsunade, ahora regente de Iridia, con quien, simple y sencillamente, la reina Haruno no tenía una buena relación, aún si no era animositiva u hostil.
Mebuki tomó aliento, casi de manera insonora, y procedió a explicarle a la pequeña Sakura.
— Ella es la actual reina del Continente del Fuego, del país de Nubrum, y el Reino de Wintersun. Es el mayor entre todos los reinos del continente. Y no sólo éso, sino también es el mayor entre todos los de Terra — respondió Mebuki, con la mueca de parsimonía más convincente que podía emitir.
Afortunadamente, con la inocuidad de la pequeña ojiesmeralda, funcionó.
— ¿En serio? ¡Wow! — exclamó emocionada la ninfa rosada.
Y ahí es donde Sakura reaccionó con el comentario de aquellas ninfas, de hace algunas horas.
— Pero, ¿Qué acaso ella no es una mala persona? — rebatió curiosa la ojiesmeralda.
— ¿Por qué dices éso, linda? — interrogó calmadamente Mebuki, muy a pesar de que no le agradaba el rumbo de la conversación.
— Es que hace rato oí decir a unas señoras que Kaguya había invadido el Continente de la Tierra, y que ya poseía la mayor parte del mismo. Y bueno... ¿Qué acaso éso no es malo? — inquirió inocentemente la pelirrosa.
El corazón de la Haruno mayor se le paralizó unos segundos, no sabiendo cómo dirigir aquella conversación, lo cual era absurdo. Una simple niña había puesto a Mebuki entre la espada y la pared. Pero al final, su inteligencia salió a flote.
— Lo es, amor. Pero Kaguya no es una mala persona. Simplemente es una persona que ha sufrido mucho. Y que ha sido víctima de demasiadas injusticias que pondrían a cualquiera al límite. Mas no es una mujer perversa, pese a la impresión que tienen los demás. Sólo tiene una venda en los ojos que le ciega con ambición.
Sakura aún no comprendía exactamente a qué se refería su progenitora. ¿Qué clase de injusticias habría sufrido Kaguya, para que la orillara a ser una temible dictadora? ¿Aquella que no se tentaba el corazón, para destruir las vidas de cualquiera que se le opusiera? ¿Aquella que podía matar a sangre fría, a cuanto antagonista de sus planes hallara? Pero, sobre todo, ¿Cómo era posible que tanta maldad estuviese concentrada en un sólo ser? La brutal iniquidad que se escuchaba de parte de la reina Otsutsuki era tan estremecedora que ni el mismísimo Lucifer en persona podría digerirla. Kaguya era, prácticamente, la maldad personificada. Un ser tan maligno al cual nadie se atrevía a enfrentar. Ni siquiera las hadas más poderosas podrían hacerle frente. Y aquellos que lo intentaban terminaban atrozmente muertos.
Se dudaba incluso si la misma Tsunade Senju, pródigo entre las hadas, podría llegar a hacerle frente a tan poderoso ser. Incluso si su reputación era de alabarse, con grandes proezas en combate, además del poder manipular los Cuatro Elementos de Terra, y ser la única capaz de dominar la Magia Anti-Materia, así como de ser dadivada de una excepcional fortaleza física, tan impropia de la especie Ninfae. Ni aún a Tsunade se le creía con la capacidad de enfrentar tan impresionante poder.
— Dejemos ésta conversación para después, pequeña mía. Es hora de que descanses — ordenó con gentileza Mebuki.
Sakura obedeció, y se ladeó a un costado, donde cayó dormida en cuestión de segundos, propio de los niños de su edad. La reina Haruno sonrió, y le dio un beso a la cabecita de Sakura, para después retirarse de sus aposentos.
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Sakura recién se despertaba, con los rayos del sol golpeándole en el rostro, algo que siempre detestaba. No porque fuera apática contra el sol, o la luz de la mañana, sino porque una de sus pasiones, y pasatiempos favoritos, era dormir, y siempre que podía aprovechaba para hacerlo. Pero sabía que su madre era bastante estricta, y no le permitía flojear, como a ella le habría siempre gustado. A regañadientes, Sakura se levantó de su increíblemente cómoda cama, y se sentó sobre la misma. A continuación, la pequeña ninfa se desenmarañó su corto cabello, y se frotó los ojos en un intento de despabilarse, lo cual a duras penas funcionó, pero igualmente decidió erguirse. Era éso, o una fuerte reprimenda de parte de su madre. Y definitivamente no quería eso.
Lo extraño de todo es que, al salir de su habitación, Sakura no halló a su padre paseándose en ropa interior por toda la casa, para después ser amonestado por su madre con un "¡Shannaro!", y un golpe en la cabeza, con lo cual le obligaba a vestirse adecuadamente. Tras ello, Mebuki le argumentaba a Kizashi que era un hombre, y debía comportarse como tal, sobretodo en presencia de las Haruno, cosa que siempre le causaba gracia a la pequeña pelirrosa.
Pero no. Ésta vez, en la amplia casa del árbol, se percibía un aura de seriedad y frialdad. Una a la que la pequeña princesa hada, definitivamente, no estaba acostumbrada, pero que percibió de inmediato.
Al acercarse al vestíbulo de su hogar, pudo ver cómo sus padres estaban sentados, uno al lado del otro. Entretanto, en el asiento opuesto, se hallaban la gran matriarca de Iridia, junto con su discípula y asistente, Shizune Nikaido. Ésta última mantenía una faz de tranquilidad, pero a la vez de... ¿Tristeza? Así era al menos como Sakura la podría describir.
La pequeña Haruno decidió mantenerse tras aquella corteza del árbol, la cual funcionaba como la pared de su hogar, ya que presentía que la conversación debía ser escuchada por ella.
— Tsunade-sama.
Su padre inició la conversación, desgarrando aquel incómodo velo que era el silencio.
— ¿A qué se debe su visita? — inquirió calmadamente el patriarca Haruno.
— Supongo que mi discípula Shizune ya le dio parte de los detalles, además de que la gente ha estado rumoreando mucho éstos días — contestó la primera dama de Iridia.
Kizashi y Mebuki se tensaron.
— Le solicito vaya al punto, Tsunade — endilgó la Haruno mayor.
Aquello sorprendió a la pequeña Sakura, la cual aún se hallaba oculta; caso contrario a Shizune y Tsunade, quienes estaban acostumbradas a la hostilidad de Mebuki, o al menos la matriarca ya se hacía a la idea.
— Bien. Entonces directo al grano será — acató la exuberante rubia, quien tomó un suspiro y afiló su mirada — Es más que obvio que deben estar al tanto de la actual situación de Terra. El Continente del Agua ha caído finalmente, y ahora está controlado por Kaguya Otsutsuki, al igual que el Continente de la Tierra. Si bien éste último aún se mantiene en resistencia, la reina ya controla al menos un sesenta por ciento del mismo.
— ¿Y todo éso qué tiene que ver con nosotros? — cuestionó demandante Mebuki, aún conservando aquella frialdad tan poco característica de ella, pero el ver a aquella altiva regente ponía en desafío su paciencia.
— Tiene todo que ver, Lady Haruno — afirmó la matriarca, con adamancia — No sólo con ustedes, sino con Iridia entero. Y me temo que sólo es cuestión de tiempo para que Kaguya nos ataque. De todos modos, ella conoce a la perfección éste lugar. Y estamos vulnerables a cualquier asalto.
— Comprendo éso perfectamente, pero aún no me explica el porqué se encuentra aquí — endilgó nuevamente Mebuki.
Mientras tanto, su esposo le suplicaba que se calmara, al menos de manera silenciosa, cuando colocó su mano sobre la de su esposa.
— Pues bien. El motivo por el que me encuentro aquí con ustedes, es porque Iridia debe ser evacuada cuanto antes. Cuando menos todos los menores de edad.
Así sin más, Tsunade soltó las palabras, como si charlaran de una típica e insustancial conversación, mientras tomaban una tasa de café. Pero la diferencia estaba en que la información era delicada, y hasta cierto punto controversial. Sakura sintió cómo en su pequeño corazón se clavaba un alfiler, pero decidió seguir escuchando, antes de sacar conclusiones erróneas, aunque no le agradaba nada las hipótesis que se formulaba en su cabecita.
— ¿Evacuada? ¿Por qué justo ahora? Tenemos suficientes Querubines para resguardar al pueblo, además de que yo jamás permitiría que Kaguya y sus tropas pusieran en riesgo a mi pueblo, o a mi familia — objetó la pelidorada.
Sin embargo, Tsunade estaba determinada en su decisión, además de que no contaba con mayores opciones.
— Me temo todos tenemos nuestras órdenes, mi Lady — esclareció Tsunade — Somos un blanco muy fácil para Kaguya, especialmente ahora que la mayor parte de nuestros efectivos han sido enviados a combate. Nuestros niños están en severo peligro, y no puedo tolerar que sean afectados por la guerra. Por tanto, a partir del día de mañana, evacuaremos a todos los menores de dieciocho años. Y está de más decir que Sakura-hime se encuentra entre ellos.
Tras la pared, Sakura se tapó con sus manos la boca, a la vez que ahogaba un sollozo, y hacía todo lo posible por retener aquellas gotas salinas de sus ojos, mientras su corazón se hallaba en un puño. Lamentablemente, debido a su corta edad, Sakura falló completamente, y comenzó a gimotear silenciosamente, al mismo tiempo que sus lágrimas se acumulaban en sus hermosos orbes esmeraldas, y le nublaban por completo la vista. Y es que pensar que podría estar lejos de aquel hermoso bosque donde creció, y en el que tenía todas sus amistades, le destrozaba su alma. Lo único que podía suplicar, a cambio, era que sus padres le acompañaran.
Mebuki parpadeó un par de veces, tratando de asimilar lo que acababa de escuchar. ¿Acaso ésa mujer, que tenía al frente, le había dicho que le despojaría de su amada hija? No. En definitiva tenía que haber escuchado mal.
— ¿Perdone? — articuló la reina Haruno, aún incrédula.
Tsunade le mantenía la mirada con total seriedad, además de que la Senju no era conocida por tomarse las cosas a la ligera.
— Lo que escuchó, mi Lady.
— ¡¿Es que acaso ha perdido usted la cabeza?! ¡De ninguna manera permitiré que me arrebaten a mi pequeña! — rugió como nunca la pasiva reina, quien además se levantó de su asiento.
La acción de la matriarca Haruno impresionó incluso a su propio esposo e hija.
— Cariño... Por favor... Tranquilízate — le pidió en un suplicio su marido, en un intento de apaciguar a aquella fiera conocida como instinto maternal.
— ¡No me pidas que me calme, Kizashi! — bramó furiosa la Haruno — ¡No dejaré que me quiten a mi hija! ¡Antes tendrán que matarme!
— Mebuki-sama. Le recuerdo que Sakura-hime no es su...
Tsunade intentó concluir su enunciado, pero fue interrumpida por una iracunda Mebuki.
— ¡Ella es mi hija! ¡Yo la crié! ¡Y nadie tiene derecho a quitármela! — rebatió con agresividad Mebuki — ¡Y me importa un carajo su opinión! ¡No se la daré!
— ¿De verdad piensa éso, Mebuki-sama? — replicó con total calma Tsunade, cruzando ambos brazos frente a su extremadamente voluptuoso pecho — ¿Aún cuando está exponiendo a su hija?
Mebuki se mordió el labio. Por supuesto sabía de las consecuencias de obstinarse a mantener a la pequeña Haruno a su lado, pero ella daría su vida, de ser necesario, si es que alguien intentase lastimarla. Aunque, por otro lado, sabía que si Kaguya Otsutsuki llegase a invadir Iridia, pocas eran las probabilidades de que lograse sobrevivir a un asalto de la tirana reina de Nubrum, y aún menos podría defender a su linda hija.
La Haruno mayor apretó fuertemente sus puños, y soltó algunas lágrimas. Odiaba ser tan sentimental, y tener facilidad para el llanto, mas tenía la perfecta noción de que si la seguridad de la princesa de Iridia estaba garantizada, su felicidad no importaba.
Por su parte, Sakura no pudo más, y se retiró corriendo a su habitación, pero, accidentalmente, la pequeña ninfa se tropezó con un bello florero en su huida. Por suerte, nadie la habría escuchado, razón por la cual siguió corriendo a su habitación, con el rostro empapado en lágrimas, y sollozos casi inaudibles.
Algunos minutos pasaron, y Sakura escuchó los pasos de su madre en sus aposentos, aunque no volvió su mirada hacia su progenitora. Mebuki colocó sus manos sobre los delgados brazos de su hija, y la estrujó contra su cuerpo. La matriarca Haruno, además, trasladó su palma derecha hacia la pequeña cabeza de la pelirrosa, y entonces la abrazó contra su pecho, en un afecto maternal. Sakura no se contuvo más, y lloró amargamente contra el cuerpo de su madre, mientras que ésta última tampoco se resistió, y soltó unas traicioneras gotas salinas, abrazando a su hija desde el fondo de su alma.
— ¡¿Por qué, mamá?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué me tengo que ir?! ¡Yo me quiero quedar contigo! ¡No quiero irme! — suplicó la ojiesmeralda, con la voz ahogada en llanto, y contra el cuerpo de la reina.
Aquello le destrozaba el alma a Mebuki.
— Mi pequeña princesa — susurró dolida Mebuki — Yo tampoco quiero separarme de ti, pero ésto es por tu bien. Te amo demasiado, y no quiero que nada te pase.
— ¿Pero... tú y papá vendrán conmigo... cierto? — imploró la pelirrosa.
Pero el rostro desmoronado de su madre le decía todo, por lo que Mebuki la abrazó aún mas fuerte.
Kizashi, igualmente, hizo acto de presencia, y no pudo soportar aquella devastadora escena. Lo único que podía hacer era acercarse a su familia, y abrazarlas con todo su afecto, disfrutando uno de los últimos momentos familiares que llegaría a tener. Al menos en un largo período de tiempo, y hasta que aquella terrible guerra concluyera.
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El día de la partida llegó, y el ánimo de la pelirrosa se hallaba por los suelos. Sakura había pasado los últimos días en su hogar sin poder dormir, a pesar de que había pedido a sus padres que le permitieran quedarse con ellos. Sus progenitores, a pesar de su edad de nueve años, no se lo impidieron, ya que sabían que podrían no volver a ver a aquella hermosa princesa que era su hija, y decidieron que suspenderían su vida íntima, hasta la partida de su hija. Y muy probablemente serían incapaces de retomarla, hasta que volvieran a ver a la pequeña pelirrosa.
El rostro de la pequeña ojiesmeralda estaba sumamente demacrado, con algunas ojeras bajo sus ojos, y signos de fatiga crónica, producto de las noches de insomnio, ante lo cual sus padres hicieron todo lo posible por ayudar a su pequeña, pero fueron fútiles debido al constante llanto de la princesa hada. Y era bastante lógico, pues, a pesar de tener el cuerpo de una niña de nueve años, el alma y personalidad de Sakura eran más cercanas a la de una niña de cinco años, tan pura e inocente.
A Tsunade, y especialmente a Shizune, les estrujaba el corazón el ver a aquella niña sufrir, pues había crecido en un ambiente de amor y felicidad, a pesar de ser época de una atroz guerra. Y ahora, a Sakura le arrebataban su pequeño mundo de tranquilidad, paz, y amor, para llevarla a un lugar vacío, lejos del contacto de toda civilización, en el medio de la nada, y cuyos únicos custodios serían un grupo de querubines, a los cuales se les prohibió el acceso al jardín del comienzo, llamado igualmente el Huerto del Edén. ¿La razón? Podrían poner en peligro la integridad de la pelirrosa, por lo que debían mantenerse distanciados de la misma.
Regularmente, habrían enviado a Sakura con el resto de los niños, hacia aquella isla al sur del Continente de la Tierra, pero ni ellos mismos sabían si Kaguya tenía noción de la existencia de la misma. Y de ser así, expondrían a la princesa de Iridia y, por consiguiente, a la heredera al trono, por lo que su linaje moriría con ella. En definitiva, no podían darse el lujo de exponer a la princesa hada. Por ello, fue decidido que fuese enviada al punto más aislado de toda Terra, donde ningún ser podría ingresar, no sin antes tener que enfrentar a las poderosas Arcanas Elementales, a Gaia, Theia, y miles de ángeles guardianes en la zona. Nadie tendría semejante osadía para enfrentar a tan poderosos seres, ni siquiera Kaguya. O al menos éso creían.
Curiosamente, la diosa Gaia no había sido informada del viaje de la pelirrosa al Huerto del Origen, pero Tsunade tenía la certeza de que podrían enfrentar a cualquier invasor de presentarse uno. Y de no ser el caso, el acceso estaba limitado únicamente a través de una Singularidad en el Continente Olvidado. Singularidad de la que únicamente la regente de Iridia estaba al tanto, y la explotaría para infiltrar a la pequeña pelirrosa. La princesa de Iridia, definitivamente, no correría ningún peligro.
Sakura salió finalmente de su hogar, al cual le echó un último vistazo. La pequeña Haruno suspiró con una mezcla de nostalgia y tristeza. Sabía que iría a extrañar ése lugar, a sus amigos, su gente, y especialmente a sus progenitores. La joven ninfa, en ésos momentos, detestaba a la despiadada reina Kaguya, dado que ignoraba el terrible pasado de la peliblanca. Y a su corta edad, lo único que veía era una abominable mujer, a la cual no le importaba provocar daños en el alma de las personas, con tal de conseguir sus objetivos.
Sus padres salieron tras la princesa de Iridia, con un rostro aún peor que el de ella. Casi parecían zombies de lo terriblemente demacrados que se hallaban, dado que su única hija partía aquel mismo día, para no volver en un período largo de tiempo. Y éso si es que llegaban a sobrevivir hasta entonces, lo cual era altamente dudable, a menos que se dieran dos escenarios.
El primero era que Kaguya, por alguna razón, decidiera no atacar al pueblo de Iridia, donde creció y se crió en un ambiente demasiado hostil. Sin embargo, aquello era una muy remota probabilidad, teniendo en cuenta la actual personalidad de la Princesa de la Luna, quien había acabado con legiones enteras de ejércitos por su propia cuenta, y su corazón estaba lleno de odio y de resentimiento.
La segunda era que, con suerte, todos los adultos del pueblo guerrero de Iridia pudieran llegar a vencerle en combate, junto con la ayuda de Tsunade Senju, mejor conocida como la Legendaria Amazona. Pero aquello era aún menos probable que si la peliblanca se compadeciera y no provocara una emboscada.
Sólo el tiempo lo diría.
Sakura le dio un último abrazo a sus padres, aún entre lágrimas y sollozos, mientras tanto éstos derramaban sus propias lágrimas, y estrujaban a la pequeña ninfa, intentando grabar en sus mentes, y sus espíritus, la calidez de su pequeña. Así permanecieron un largo tiempo, hasta que, aún con una mano en un puño, Tsunade gentilmente separó a la pelirrosa de sus progenitores, y tomó de la mano a la ojiesmeralda. Posteriormente, la matriarca la alejó de los mismos, aún contra el terrible panorama de presenciar una despedida.
— Tsunade — le llamó la reina Haruno con frialdad, aún con lágrimas en sus ojos — Más te vale cuidar de mi pequeña hija.
"O te mataré". Mebuki no lo pronunció, pero lo dio a entender. Tsunade asintió determinada, y finalmente, desapareció entre pétalos de margaritas. Con ello, dejó a unos Kizashi y Mebuki dolidos y devastados, con la única esperanza de que algún día pudiesen volver a ver a Sakura.
Desafortunadamente, nunca más tendrían la dicha de ver a su princesa.
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El huerto del Edén se hizo presente ante los ojos de Sakura. La ninfa caminaba a través del hermoso jardín, en el cual se respiraba un aire increíblemente puro y libre de toda clase de contaminantes, además de que la temperatura era impresionantemente agradable, junto con el hecho de que los diversos animales de aquel jardín se comportaban extrañamente amigables, incluso los que, por definición, eran extremadamente territoriales, como los grandes felinos, caninos, y reptiles, al igual que los leones, lobos, y los monstruosos dinosaurios.
Su futura mentora ahora la había dejado a solas, para que explorara enteramente el místico jardín, pues, de cualquier modo, no es como si Sakura tuviera algo más que hacer, ya que estaría "enclaustrada" en aquel lugar durante al menos los próximos dos o tres años, hasta que decidieran que Iridia sería un lugar seguro donde poder habitar. Pero, por aquella temporada, Sakura estaría en el medio de la nada.
La pelirrosa llegó y se sentó bajo un árbol de cerezos. Se abrazó sus piernas contra su pecho, y soltó las últimas lágrimas que tenía, casi dejándola deshidratada. Pero justo en éso, entonces se percató de algo, o más bien dicho alguien que no vio cuando llegó en ése momento.
A unos cien metros de su actual posición, se hallaba la figura de una persona, cuando menos éso parecía desde la distancia donde Sakura se hallaba. De inmediato, la ojiesmeralda se levantó del suelo como si le hubiesen impulsado, y comenzó a correr en dirección de aquel cuerpo.
Al llegar a éste, se impresionó al ver que se trataba de un niño de hebras negras, de aproximadamente su misma edad, quizá un año mayor que ella, pero aquello era lo menos importante. Lo que realmente tenía relevancia era que aquel niño pelinegro estaba gravemente herido. Tenía algunas cuchilladas a través de todo su cuerpo, el cual, del mismo modo, estaba barnizado en su propia sangre. Y además tenía unos terribles traumatismos, lo cual hizo que la pelirrosa se cubriera horrorizada la mitad de su rostro.
Por supuesto, algunas pequeñas lágrimas se le escaparon a Sakura, por la espeluznante imagen, pero se armó de valor y se arrodilló hacia aquel niño, imaginándose que estaba muerto, aunque al colocar una mano sobre el pecho del moreno, pudo sentir una muy tenue respiración. Sakura en un principio retrocedió, hasta caer sentada en su trasero, aunque se recompuso de inmediato, y volvió a acercarse al pelinegro, tratando de arrastrarle a algún cuerpo de agua para tratar lo mejor que podía sus heridas. Lo malo de todo era que su fuerza física era extremadamente limitada, por lo que le llevó, literalmente, horas el poder halarlo hasta el río más cercano. Lo que realmente le preocupaba a la pequeña ninfa era que aquel extraño niño muriera por desangrado, misma razón por la que puso todo su empeño en arrastrarle, no importando si terminaba fatigada en el proceso.
Al cabo de un muy largo tiempo, Sakura finalmente logró arrastrar al niño hasta un riachuelo, dejando su cuerpo en la orilla del mismo. La hada, con sus manos, tomó un poco de agua, para después empapar las terribles heridas en el cuerpo del azabache, por lo que lo escuchó gruñir aún en su estado de inconsciencia. Aquello en un principio la asustó, pero eventualmente la ojiesmeralda continuó con su labor, esperando que el chico no pereciera.
Sakura finalmente concluyó de lavar sus heridas, y ahora tendría que ingeniárselas para suturar aquellos atroces traumatismos. Pero, en ése momento, recordó que su madre le entregó un ungüento mágico hace años, el cual, para desgracia de Sakura, dejó junto con el resto de sus pertenencias en aquella casa de árbol, en la mitad del huerto. La pelirrosa se golpeó la frente en frustración, gruñendo por su estupidez e incompetencia, a pesar de que realmente jamás se hubiese imaginado que hallaría a alguien en aquel jardín, mucho menos un malherido.
Sakura suspiró en frustración, y de nueva cuenta tuvo que arrastrarle hasta su pequeña casa. Se llevó en el proceso otras dos horas, quizá mas, debido a que se hallaba a varios metros del riachuelo.
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El pelinegro poco a poco despertaba. Se esclareció gradualmente su imagen, y se halló a sí mismo dentro de una extraña habitación que parecía el tronco de un árbol, uno muy grande por cierto. El azabache parpadeó un par de veces, y se sintió con unas terribles náuseas y dolor en todo su cuerpo. Cuando se quiso incorporar, el desastroso dolor se lo impidió, por lo que le hizo gruñir, y se tumbó de inmediato en aquella cómoda cama.
— Por favor, no te muevas. Tus heridas aún no han sanado — pronunció una dulce e infantil voz.
Aquello hizo que el pelinegro abriera los ojos de inmediato, y que ladeara su rostro hacia donde provenía la misma. El ojinegro se sorprendió al ver a una niña que aparentaba tener aproximadamente se edad, quizá un año menos que él, y que, además de todo, era muy hermosa; la niña más hermosa que hubiese visto, de hecho. Ojos esmeralda, cabello rosado corto, hasta su mentón, piel blanca y cremosa, y la sonrisa más cautivadora que haya visto en su vida.
Sasuke se levantó como pudo, y entrecerró un poco sus orbes. El Uchiha trataba de examinar a la pequeña más a detalle, acción que hacía sonrojar a la ninfa intensamente. Aquello a Sasuke le pareció bastante tierno en la niña, pero sacudió su cabeza de inmediato. Para Sasuke, las mujeres eran molestas, y aquella pequeña pelirrosa no sería la excepción, seguramente.
Aún así, estaba en búsqueda de respuestas.
— Yo... ¿Estoy muerto? — preguntó el pequeño pelinegro en un susurro.
Aquella acción le sacó una risilla a la pequeña ninfa, quien negó de inmediato.
— No. Sólo te desmayaste — enunció con dulzura la ojiesmeralda, con su voz de niña pequeña.
— Pero... ¿Qué hago aquí, entonces? Tengo que estar en el cielo, ya que tú eres un ángel.
Sakura mantuvo su sonrisa, mientras volvía a negar.
— No. No estás en el cielo. Estás en el Huerto del Edén — afirmó la princesa de Iridia, haciendo extrañar al azabache.
— ¿Huerto de Edén? ¿Qué acaso éso no es mitológico, y no existe? — preguntó el moreno, con una ceja alzada.
— No. Tú estás en el Edén... Aunque realmente no deberías... — susurró Sakura lo último, por lo bajo.
Sin embargo, el enunciado de la Haruno fue perfectamente audible para el pequeño de ojos obsidiana, quien suspiró, y se encogió de hombros.
— Ni yo mismo sé como llegué hasta aquí, para serte honesto. Lo último que recuerdo es que estaba siendo torturado por unos dementes — pronunció el moreno con aburrimiento, sorprendiendo a la pelirrosa.
— P-Pero... ¡¿Por qué te harían éso?! — cuestionó la princesa hada, levantando un poco su voz.
El pelinegro volvió a encogerse de hombros.
— Qué se yo. El mundo está lleno de idiotas. Yo lo único que quería era un poco de comida.
Sakura, de inmediato, se sintió mal. El tan sólo imaginarse que alguien, como aquel extraño moreno, había sido torturado de una manera tan brutal, por haber robado comida, le estrujaba el corazón. Y pensar que su vida había sido dura. La realidad era que no era ni aún un poco aproximada a lo que aquel azabache habría experimentado, o al menos así lo vio la pelirrosa.
La Haruno tenía ganas de llorar, al imaginarse a tan terrible experiencia, pero tomó una enorme bocanada de aire, y se recompuso.
— Siento oír eso — susurró tímidamente la ninfa.
Sasuke se recostó de nuevo, restándole importancia.
— Nah. Ya estoy acostumbrado a éso — replicó con impasividad el azabache, haciendo sentir aún peor a la hada.
Sin embargo, Sakura decidió no responder a aquel comentario.
— Será mejor que te quedes, hasta que se recuperen tus heridas — musitó Sakura, quien se levantó de aquella silla que estaba junto a la cama, donde reposaba el pequeño de ojos negros.
— Por cierto — le llamó el chico.
La pelirrosa volvió su mirada al moreno.
— ... ¿Cómo te llamas, niña? — preguntó el azabache.
Sakura sabía que no podía revelar su identidad, ya que se pondría en peligro a sí misma y al reino de Iridia entero, o cuando menos éso le dijo su maestra, sólo en caso de que se llegara a encontrar con alguien, algo que debía ser imposible, de acuerdo a las circunstancias actuales. Y he aquí, la pequeña ninfa estaba en presencia de un pequeño pelinegro de ojos azabaches. Bien que pondría en práctica el consejo de su maestra.
— E-Éso no te lo puedo decir — le respondió tímida la ninfa.
La respuesta de la ojiesmeralda hizo que su acompañante enarcara una ceja.
— ¿Huh? ¿Y por qué no? — interrogó Sasuke, entre extrañado y molesto.
— Simplemente no puedo. Lo siento — se disculpó Sakura.
El pelinegro se quedó contemplando unos segundos a una nerviosa, y sonrojada, Sakura. La ninfa debía admitir que la mirada de ése pequeño moreno le provocaba una extraña sensación, como si la analizara con aquellos orbes obsidiana. Sakura tenía que aceptar que ése chico era muy guapo, aún para ser tan joven, pero no tenía idea de qué era aquel extraño sentimiento en su pecho, y su vientre. Era como si su corazón galopara en su delicado tórax, y en su estómago se hallaran mariposas.
— Sí que eres rara, niña — endilgó el azabache, recostándose de nuevo — Bien. Pues si con ésas estamos, yo tampoco puedo decirte mi nombre — pronunció el ojinegro, haciendo un mohín un tanto cómico, gracias a su joven edad.
Aquello, extrañamente, le hizo sonreír a la pelirrosa.
— E-Esta bien. Lo entiendo. Lo único que te puedo decir es que soy una princesa — murmulló dulcemente Sakura.
El pelinegro se levantó de la cama, con una ceja a lo alto, sorprendido por la información.
— ¿Tú también? — inquirió el azabache con sorpresa en su voz, causando la misma reacción en la pelirrosa.
— ¿Eh? ¿Tú eres un príncipe? — replicó en redundancia la pequeña hada.
— Hmp. Me respondes con una pregunta. Sí que eres una molestia — se burló el pelinegro.
El comportamiento del moreno hizo enojar a la princesa de Iridia, quien hizo un tierno puchero e infló sus mejillas.
— ¡Y-Yo no soy una molestia! — rebatió la pequeña, un tanto molesta.
Los tiernos ademanes de Sakura le sacaron una sonrisa ladina al pelinegro.
— Como sea. ¿Qué haces aquí? — cambió de tema el chico.
Sakura agachó la mirada.
— Me mandaron a éste lugar para protegerme — respondió con tristeza la pelirrosa, haciendo que el moreno entrecerrara los ojos.
— ¿Ocultándote? ¿De qué? — preguntó el ojiobsidiana, con el entrecejo ligeramente fruncido.
— De la Guerra de Terra — dijo la niña — Mi Clan me ha enviado a éste lugar, para resguardarme.
— ¿Un Clan, huh? ¿Y a qué Clan perteneces? — preguntó curioso el moreno.
Sakura agachó la mirada, y suspiró.
— ...Éso tampoco te lo puedo decir — susurró frustrada la Haruno.
— Tsk. Realmente eres molesta. Como sea. No es asunto mío.
El azabache no dijo nada más, sino que se recostó en aquella cama e intentó descansar. Sakura decidió retirarse, a recolectar algunos frutos, pues predecía que, al contrario de ella, aquel niño no era más que un simple humano, con todas sus limitaciones y desventajas. Lo que no sabía es que su vida cambiaría para siempre, a partir de ése momento.
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— Ése día tuve la impresión de que nos uniríamos espiritualmente. Y creo que estuve en lo correcto — declaró sonrojada Sakura, pero con una increíblemente hermosa sonrisa.
Sasuke le reciprocó con el mismo gesto.
— Lo sé. Yo también sentía que nuestras almas estarían unidas desde ése momento. Desde ése día me gustaste, e inadvertidamente me enamoré de ti, aún sin que yo me diera cuenta — explicó el Uchiha, con un rostro nostálgico, pero feliz, como nunca Sakura lo había visto.
Aquello hizo sonrojar aún más a la hermosa princesa hada, quien le sonrió a Sasuke.
— Tú también me gustaste, y me hechizaste el corazón. Igualmente, mi inconsciente me hizo enamorarme de ti — aseguró la princesa de las ninfas.
La ninfa se acercó al Uchiha, y se colocó a su costado izquierdo. Entonces, Sakura le abrazó, con su delgado brazo zurdo, el torso de Sasuke por el frente, y recargó su cabeza en su hombro. Mientras tanto Sasuke con su poderosa extremidad la abrazó suavemente, y la apretó gentilmente contra su cuerpo, para a continuación depositar un suave beso en la frente de la Haruno, quien se abochornó aún más. Todo ésto mientras contemplaban aquella casa de árbol, la cual, desafortunadamente, ahora estaba sumamente deteriorada, pero que les traía gratos recuerdos.
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Pasaron unos cuantos días desde que Sasuke se había finalmente recuperado, pero, al no haber modo de salir del Edén, de acuerdo a las explicaciones de la pelirrosa, el Uchiha se resignó a quedarse atrapado con aquella molestia de cabello rosado, a pesar de que, en realidad, era todo menos molesta. La Haruno era extremadamente gentil y amable, lo que ocasionaba extrañas sensaciones en el Uchiha. Sasuke sentía el deseo de robarle un beso a ésa niña, pero, constantemente, descartaba aquellos obsesivos pensamientos, los cuales consideraba absurdos.
Volviendo al punto anterior, Sasuke tendría que estar forzado a convivir con aquella extraña pelirrosa. Hasta hoy día, el moreno no sabía su nombre y, como siguiera en su plan aquella ninfa, probablemente jamás lo haría, pero aquello era lo menos relevante para el príncipe del Clan Uchiha. Lo que realmente le interesaba era hallar la manera de salir de aquella isla. Aunque, en realidad, a lo único que volvería era a la miseria y la sobrevivencia. Pelear y matar por comida, tal y como lo había estado haciendo en los últimos cinco años, desde la masacre de su Clan. Quizá hasta terminaría de nuevo en los campos de concentración de Pandemonium.
Sasuke salió a dar un paseo por aquel extenso jardín, sin un rumbo fijo. Esperaba hallar algo interesante que hacer, o una pista que le ayudara a regresar al mundo real, así que se encaminó fuera de aquella casa de árbol, no importándole a dónde fuese a parar. Instintivamente, el Uchiha fue guiado hacia el arrollo, donde Sakura le había llevado cuando lo encontró por primera vez, de acuerdo a lo que le platicó la ninfa. Y curiosamente, la halló ahí mismo, enjuagando en el agua una gran cantidad de frutos y bayas, las cuales colocaba en una tela ya lavadas.
Sasuke se encogió de hombros, y se acercó a la pelirrosa, quien aún no se había percatado de la presencia del azabache.
— ¿Realmente piensas comerte todo éso? — cuestionó burlón el pelinegro.
— ¡Kyaaa! ¡N-No me asustes así! — le respondió en un grito la princesa hada, quien volvió su mirada sorprendida a Sasuke.
El príncipe Uchiha enarcó una ceja.
— ¿Eh? Pensé que ya te habías dado cuenta que estaba aquí. Eres muy distraída, ¿Sabes? — volvió a mofarse el pelinegro.
Sakura hizo un tierno puchero.
— ¡N-No es cierto! ¡Simplemente me tomaste por sorpresa! — rebatió tímidamente la ojiesmeralda.
El pelinegro sonrió torcidamente.
— Claro. Ése es sin duda el mejor argumento para "Soy una boba despistada" — pronunció el Uchiha, con mofa.
La pequeña Haruno finalmente se molestó, y le mostró la lengua, acción que le sacó una sonrisa altanera al pelinegro. Posteriormente, Sakura se cruzó de brazos, e hizo un mohín.
— De acuerdo. Lo siento — se disculpó Sasuke — Pero en serio. ¿Piensas comer todos ésos frutos? — interrogó nuevamente el pequeño pelinegro.
La ninfa se sonrojó.
— Eh... Bueno... Yo... Los corté para que pudieras comerlos — respondió Sakura, en un susurro, y con increíble nerviosismo.
Entretanto, Sasuke se quedó de piedra.
— ¿Tú... realmente lo hiciste por mi? — pronunció por lo bajo el Uchiha, sorprendido por el gesto de la pequeña pelirrosa.
La princesa de Iridia agachó la mirada, y jugueteó con sus dedos, no atreviéndose a observar aquellas obsidianas del Uchiha que le alteraban sus emociones.
Sasuke se quedó contemplando a la pequeña hada, quien aún no dejaba de jugar con sus pequeños dedos, y era incapaz de devolverle la mirada al último de los Uchiha. Al príncipe del Fuego aquella niña le pareció lo más intrigante en el mundo, y muy a su pesar el ojinegro tenía que admitir que era muy bonita y tierna, aunque a veces le exasperara tanta dulzura e introversia. Pero, no por ello, Sakura dejaba de parecerle la criatura más interesante del mundo, o al menos que hasta ahora había conocido.
Inadvertidamente, Sasuke emitió una pasiva y amigable sonrisa, cuando menos para lo que él consideraba "amigable". Desde que su familia entera fue masacrada, no había puesto atención a ése tipo de detalles, en parte porque no tenía el tiempo para hacerlo, a causa de que tenía que sobrevivir a cuantas agresiones de demonios y gente despreciable. Demonios y seres que no sólo le arrebataban sus alimentos, sino que buscaban hacerle daño y darle muerte.
Al final, Sasuke se arrodilló junto a la pequeña ninfa, y la observó directo a los ojos. Sakura, por acto de reflejo, se vio forzada a devolverle el gesto, sobretodo porque sentía aquellos oscuros írises sobre su pequeño cuerpo.
— Hey... Muchas gracias. De verdad te lo agradezco — le retribuyó el pelinegro, sonriéndole como nunca lo habría hecho con otra persona, exceptuando su ahora difunta madre.
Sakura se quedó con sus orbes abiertos como platos, y con un notorio brillo en ellos, además de un sonrojo en sus mejillas. No obstante, el denso Uchiha no se percató de ello, y simplemente tomó aquella manta con muchos frutos. Sasuke agarró una de las bayas, y le dio una mordida, deleitándose con el sabor de la misma. Aunque, de inmediato, Sakura reaccionó, y le arrebató el fruto de las manos al Uchiha. Sasuke, en un principio, se extrañó, pero de inmediato frunció el ceño, e intentó quitarle la baya. Sin embargo, Sakura estaba reticente a devolvérselo.
— ¡Oye! ¡Devuélvemelo! — demandó el pequeño Uchiha.
Pero Sakura negó con su cabeza, mientras la alzaba a lo alto, y malabareaba aquel fruto.
— ¡No! ¡Ésto no se come sólo! ¡Es un tomate! ¡Se combina con otras verduras! — rebatió la pelirrosa.
Sasuke continuó bregando contra la niña, intentando arrebatarle el fruto. Y en vista de que Sakura se negaba a cedérselo, el azabache sonrió torcidamente, y empujó a la ninfa al río. La Haruno emitió un gritillo, y se precipitó en el agua con un chapuzón.
Sakura salió del agua. Y aprovechando que Sasuke se hallaba distraído con su risa, lo arrastró del pie, hundiéndolo junto con ella. Ahora fue el turno de la Haruno para reír, aunque lo hizo con mayor diligencia y timidez. Mientras tanto, un molesto Uchiha emergió del agua, y con un gruñido se abalanzó sobre la chica, a la cual empapó nuevamente. Y mediante ello, comenzó una guerra entre ambos, en ver quien dejaba completamente mojado al otro.
En el extenso huerto, se escuchaban las risas de la pelirrosa, y los gruñidos de frustración del pelinegro. Obviamente, el azabache tenía una reputación que cuidar, pero la realidad era que Sasuke se sentía alegre, después de tanto tiempo donde sólo conocía la violencia y la muerte.
Y demonios. Qué bien se sentía estar alegre.
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— Recuerdo que nos pasamos como dos horas jugando en el agua. Nos hundíamos el uno al otro, y nos arrojábamos agua al rostro — rememoró Sakura, quien soltó un suspiro, mientras observaba aquel arrollo.
El riachuelo, al contrario a la casa de árbol, seguía más vivaz que nunca, mostrando unos exóticos peces.
— Y también descubrí que te fascinan los tomates. Aunque aún no entiendo el por qué — dijo la preciosa chica hada, aún abrazando al pelinegro.
Sasuke sonreía como nunca, asintiendo ante el comentario de aquella ninfa.
— Sí. Lo sé. Pero, por desgracia, el clima estaba un tanto frío y húmedo en aquella época — añadió el pelinegro.
El comentario de Sasuke le sacó una hermosa risilla a su compañera.
— Tienes razón. Y a causa de ello, terminaste enfermándote de un horrible resfriado. Parecías una babosa con tanto escurrimiento nasal — se burló la pelirrosa, quien rió aún con mayor intensidad.
Mientras tanto, Sasuke chasqueó la lengua.
— Tch. Cállate. Tú tuviste la culpa. Si me hubieras devuelto mi tomate, nada de éso habría pasado — endilgó con falso enojo el azabache.
Sakura, lógicamente, lo captó. Pero aún así, le siguió el juego al moreno, queriendo provocar una reacción en él.
— ¡Oh! ¡Vamos, Sasuke-kun! ¡Admite que te veías horrible! ¡Si parecías un zombie! — se mofó aún mas la hermosa ojiesmeralda, quien además reía estrepitosamente.
Y con ello, Sakura logró su cometido de enojar al apuesto príncipe Uchiha.
— ¡Ya deja de burlarte! ¡Eres una molestia! — le vociferó el Uchiha, mientras que se separaba de ella, y se cruzaba de brazos.
Sakura paró su risa gradualmente, y lo abrazó por la espalda.
— ¡Aww! ¡No te enojes, Sasuke-kun! ¡Sólo estaba bromeando! — canturreó con dulzura la pelirrosa.
Sasuke sonrió torcidamente, a la vez que se daba la vuelta y abrazaba la cintura de la ninfa. La hermosa hada, al ver aquel perverso gesto, entrecerró los ojos.
— ¿Qué pretendes hacer, Sasuke-kun? — espetó la ninfa.
Repentinamente, Sasuke se arrojó junto con una aprisionada Sakura al arrollo. Entretanto, la princesa de Iridia lanzó un gritillo, el cual fue ahogado cuando cayó junto con el peliazabache a la templada agua, lo cual levantó una generosa cantidad de agua, cuando sus cuerpos impactaron con la superficie, y se hundieron completamente.
Sasuke fue el primero en salir a flote, riendo como un niño que acababa de hacer una travesura. ¡Y vaya que lo había hecho!, ya que terminó empapando a aquella preciosa ninfa, de la cual se había enamorado perdidamente. Sakura, mientras tanto, finalmente salía del fondo, a tomar una bocanada de aire. Y entonces, la bella chica fulminó al Uchiha con sus increíbles esmeraldas, al mismo tiempo que el apuesto azabache sonreía cínicamente por su maldad. Aquello llevó a Sakura al límite de su paciencia, y arremetió contra el príncipe del Clan de la Guerra.
— ¡Sasuke-kun! ¡Eres un tonto! — rugió la pelirrosa, soltando cuanto manotazo podía en contra del azabache.
Sasuke sólo reía ante la preciada reacción de la Haruno.
Sin darse cuenta, la ninfa y el príncipe Uchiha nuevamente repitieron la misma hazaña de cuando eran unos niños, intentando hundirse el uno al otro, aunque, para desgracia de Sakura, Sasuke le superaba en fuerza, y por ello tenía la clara ventaja. Mas aquello no le limitó a la ojiesmeralda para que usara sus habilidades mágicas, y le arrojara colosales olas de agua al moreno, las cuales sepultaban completamente a Sasuke. La Haruno se reía de la impotencia del azabache, quien no podía evadir tan monstruosas olas de agua.
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Nuevamente, Sasuke Uchiha se hallaba en cama, pero no a causa de terribles heridas, sino porque, hace unos días, se la pasó jugando con la pequeña ninfa en el arrollo. Sasuke no tomó en cuenta que la temperatura había descendido, y el clima estaba notoriamente frío, con el cielo nublado, y una brisa fresca. Factores que, eventualmente, hicieron estragos en el organismo del pequeño pelinegro y, combinado con el hecho de que no se había despojado de sus mojadas prendas aquel día, terminó enfermándose de un resfriado. el cual, desafortunadamente, se le agravó con el clima de aquellos días.
Sakura, por su parte, hacía todo lo posible por aliviar las molestias del último de los Uchiha. Sasuke, con cada día que pasaba, no parecía mejorar, sino que empeoraba su salud, al grado de sufrir fiebre alta y deshidratación, provocada del constante escurrimiento nasal. Aquello, lógicamente, preocupó profundamente a la pequeña ninfa, quien ya le había tomado especial cariño a Sasuke.
El mismo caso era para el moreno. Sasuke había hallado una amiga en la princesa del reino de Iridia. Increíble, teniendo en cuenta que él hallaba a las mujeres como un dolor en el trasero. Pero Sakura era simplemente especial, no sólo por su belleza física, sino por su tierna personalidad, y naturaleza compasiva.
— Toma.
Sakura le ofreció un recipiente con lo que parecía una especie de caldo. Pero, dado que de acuerdo a la explicación de la ninfa no se les permitía lastimar a los animales del huerto, la sopa estaba preparada de diferentes verduras y saborizantes vegetales.
— Gracias — susurró con voz ronca el pelinegro, no porque quisiera sonar grosero, sino porque el terrible dolor de garganta le había afectado las cuerdas vocales.
Mientras el azabache se alimentaba en silencio, Sakura se quedó pensativa. Sasuke ahora estaba en cama, debido a que ella lo presionó a jugar aquel día. Por lo menos, Sakura se sentía con la culpa de ello, por lo que agachó la mirada, y apretó sus manos sobre su vestido.
— Perdóname — susurró la pelirrosa, con aflicción en su voz.
El tono de voz de Sakura extrañó al pelinegro.
— ¿Por qué te disculpas? — le preguntó aún afónico el pelinegro, quien había fruncido el entrecejo.
— Fue mi culpa que te enfermaras, por seguirte el juego — replicó aún deprimida la princesa hada.
Sasuke resopló, y negó con la cabeza.
— Nada de éso — dijo el moreno, a la vez que colocaba una mano en el hombro de Sakura.
La ninfa volvió su mirada al apuesto pelinegro.
— Fue culpa mía, por no haberme puesto a pensar en el clima de aquel día. ¿De acuerdo? Tu no tienes la culpa de nada. Además, fue divertido — concluyó Sasuke, con una sonrisa muy a su estilo.
El moreno contagió con el mismo gesto a Sakura, salvo que la Haruno la emitía con dulzura.
Sasuke se perdió en el hermoso rostro de la ninfa, contemplando las facciones tan hermosas de la pelirrosa, especialmente aquel bochorno en sus mejillas, que no hacían más que embellecer el rostro de la pequeña princesa. Pero cuando el Uchiha la analizó más a detalle, se percató de aquellas discretas manchitas en sus pómulos. Aquellas pequeñas, pero curiosas pecas, las cuales le daban un aire más infantil, pero a la vez hermoso.
Sasuke, entonces, sonrió embobado. Detalle que la Haruno se dio cuenta, y la hizo sonrojar intensamente, por lo que agachó tímidamente su rostro, el cual era cubierto por aquel flequillo.
Sasuke se preguntó el porqué Sakura siempre llevaba aquellos cabellos en su frente, ya que, desde el momento en que la conoció, nunca se descubría aquella parte de su cabeza. Si bien en un principio no le dio mayor importancia, ahora que la conocía un poco mejor le parecía extraño e intrigante, por lo que, decidido, Sasuke se determinó a averiguar el motivo del mismo.
— Oye, niña — le llamó el pelinegro a Sakura.
— ¿Qué sucede? — respondió con timidez la mencionada, aunque realmente no tenía otro modo de hacerlo.
— Quería hacerte una pregunta.
Sakura levantó su mirada, con las mejillas ligeramente sonrosadas, en expectativa de la duda del moreno.
— Dime — enunció con una bella sonrisa la ninfa.
Acción que hizo que Sasuke ladeara el rostro, para que la Haruno no viese su rubor.
— Bueno. Quería saber... ¿Por qué siempre usas ése flequillo?
Sakura desvaneció su alegre rostro, y su gesto, para pasar a una faz deprimida, y un semblante decaído. Aquella acción preocupó ligeramente al pelinegro, quien entrecerró sus ojos. Sasuke se esperaba escuchar lo peor, pero a la vez deseaba que no fuera algo realmente alarmante, ni conmocional. Escuchó a Sakura soltar un suspiro desanimado, y vio cómo entrelazaba los dedos de sus manos, aún sin desprender sus esmeraldas del suelo.
— ¿Qué pasa, niña? — emitió extrañado el pelinegro.
— Es por mi frente — articuló en un susurró la pelirrosa, quien incrementó la intranquilidad en el azabache.
— ¿Tu frente? — repitió el Uchiha.
El azabache recibió un asentimiento de la Haruno.
— ¿Qué tiene de malo tu frente? — preguntó el príncipe del Clan del Fuego.
— Es muy grande — masculló abatida la ninfa, a la vez que se levantaba un poco aquellas hebras que caían en su frente.
Sasuke observó impasivo la cabeza de Sakura, en aquella parte donde recaían los mechones. Ciertamente, era ligeramente más grande al promedio, pero no entendía el motivo por el cual la pelirrosa se sentía acomplejada. Es decir, claro que aquella amplia frente llamaría bastante la atención, mas no creía que realmente sería un problema, especialmente teniendo en cuenta que Sakura tenía más rasgos llamativos, los cuales, según él, eran más atractivos, como aquel cabello rosado.
En un principio, a Sasuke le parecía extraño aquel tono de pelo, aunque después le fascinó cómo lucía en la ninfa, además de que aquellas hermosas esmeraldas que poseía como írises le hacían al azabache perderse en los mismos. Si a todo éso le aunaba sus hermosas facciones, como su respingada nariz, sus preciosos labios color salmón, y aquellas discretas pecas que distinguió hace unos minutos, prácticamente la ninfa era dueña de una belleza envidiable.
— No veo cuál es el problema — aludió el pelinegro, encogiéndose de hombros.
— El problema es que todos se burlan de mí — respondió triste la pelirrosa.
Sasuke notó la depresión en Sakura, por lo que volvió su mirada a la pequeña ninfa.
— A mí me gusta tu frente — enunció como sin nada el moreno.
Pero después, Sasuke se percató de lo que acababa de decir, y se dio la vuelta de inmediato. No obstante, ya era demasiado tarde, dado que Sakura lo escuchó perfectamente.
— ...¿Q-Qué?
La voz de la hada salió apenas en un murmullo, pero Sasuke se hizo el desentendido.
— ¡Nada! ¡No dije nada! — rebatió el Uchiha.
Sakura aún estaba con el rostro como un tomate, mientras que contemplaba la espalda del azabache, quien se hallaba igual de ruborizado, pero gracias a que Sasuke no encaraba a la princesa de Iridia, ésta no se percató del sonrojo del príncipe del Clan de la Guerra.
Al cabo de unos segundos, el incómodo silencio fue roto por un estruendoso estornudo, proveniente del sonido del escurrimiento nasal de Sasuke. Sakura entonces decidió que debía dejarlo descansar, con el fin de que se recompusiera lo más pronto posible.
— S-Será mejor que duermas un poco — articuló aún nerviosa la ojiesmeralda, al mismo tiempo que se levantaba de la silla donde vigilaba al moreno.
Cuando Sakura se dio la vuelta para retirarse de la habitación, Sasuke le tomó de su fino antebrazo, razón por la cual la Haruno volvió su mirada al ojiobsidiana.
— Oye, niña. ¿Aún no piensas decirme tu nombre? — cuestionó estoico Sasuke.
Sakura soltó un suave suspiro, y negó con la cabeza.
— Lo siento. Pero no puedo hacerlo. Pondría en peligro a mi Clan — respondió tranquilamente la pelirrosa.
Sasuke chasqueó la lengua.
— ¿Y cómo pretendes que te llame mientras estemos atrapados en ésta zona? — interrogó severamente el pelinegro, clavando sus obsidianas en los esmeraldas de Sakura — No puedo estarte llamando "niña" cada vez que necesite hablarte, ¿Sabes?
Sasuke tenía un buen punto, pero órdenes eran órdenes, y Sakura debía acatarlas. La ninfa agachó su mirada, no pudiendo darle una respuesta concreta.
No obstante, repentinamente el cerebro de la ninfa reaccionó. Y se le ocurrió una idea para poder llamarse el uno al otro, sin tener que desvelar sus identidades, y con ello generar más confianza entre ellos. Sasuke se extrañó por la sonrisa de la pelirrosa, por lo que arrugó el entrecejo.
— Te propongo algo — formuló la ninfa.
Sasuke asintió.
— Te escucho.
— No puedo aún revelarte mi nombre, pero podemos usar seudónimos para llamarnos el uno al otro. Y así, conservamos nuestras identidades, sin tener que recurrir a decirnos "niño" y "niña" — expuso Sakura.
Sasuke lo analizó unos segundos. Sinceramente, hallaba ridículo el que la hada no le revelara su nombre, y aún más el tener que usar apodos. Pero era mejor que usar términos tan banales, así que asintió.
— De acuerdo. Supongo que funcionará. Al menos por ahora — replicó no muy convencido el Uchiha — ¿Quieres poner el ejemplo?
Sakura se sorprendió un poco por la orden del moreno, pero estuvo de acuerdo en que ella diera la iniciativa, por lo que se colocó un dedo en el mentón, en un gesto pensativo tan infantil. Aquello hizo hizo que Sasuke sonriera, queriendo mofarse de tal expresión. Cuando finalmente pensó en uno, Sakura sonrió como nunca, mostrando sus dientes.
— Bien. Ya tengo uno — manifestó la pelirrosa, con orgullo en su voz, mientras que el moreno asentía.
— ¿Y bien?
— Eres un príncipe, ¿Cierto? — referenció Sakura.
El pelinegro volvió a asentir, aunque enarcó una ceja.
— ¿Qué con ello?
— Entonces te llamaré "Mi dulce príncipe". O "Mi príncipe", para que sea más corto — exclamó con optimismo Sakura.
Pero aquello logró que el pelinegro frunciera el entrecejo.
— ¿Qué clase de apodo es ése? — endilgó el moreno — ¡Sólo estás señalando lo obvio! — le recriminó Sasuke.
Sakura se cruzó de brazos, e hizo un puchero, en señal de molestia.
— ¡No soy buena con los apodos! — se defendió la pelirrosa, cosa que hizo suspirar al Uchiha.
— Como sea. Supongo que peor es nada. Mi turno, entonces.
La realidad, es que si algo se le daba a Sasuke era poner apodos. Y bastó con sólo ver a la pelirrosa, para que se le ocurriera uno al instante.
— Entonces yo te llamaré "Mi flor de Cerezo". O "Cerezo", cuando necesite hacerlo más compacto — expresó Sasuke, con una sonrisa egocéntrica.
Sakura se volvió a sonrojar por las palabras del moreno. Sentía cómo su corazón comenzaba a galopar contra su caja torácica, haciéndole sentir nuevas e indescriptibles sensaciones, como si quisiera que el tiempo se detuviera en ése momento, para poder permanecer al lado de aquel pequeño pelinegro.
El fuerte estornudo de Sasuke le sacó de su ensoñación. La ninfa escuchó como éste maldecía y se retiraba aquel viscoso fluido de su nariz, además de que chasqueaba la lengua, y se limpiaba con un paño seco.
— Será mejor que descanses — musitó suavemente la pelirrosa.
El Uchiha no respondió a su enunciado, y simplemente permanecía recostado. Justo antes de que la ninfa saliese de la habitación, el ojinegro le volvió a llamar.
— Cerezo — pronunció con simpleza.
— ¿Qué pasa? — preguntó la pelirrosa, quien aún no se acostumbraba al seudónimo.
— ... También me gusta el cabello largo... — articuló nervioso Sasuke, además de que se sonrojó intensamente, aunque no volteó su rostro a la princesa de Iridia.
El corazón de Sakura se detuvo unas pulsaciones. Su rostro ahora se hallaba completamente rojo, como los amados tomates del pelinegro, aunque a causa de que el Uchiha se hallaba de espaldas a su compañera, el moreno no pudo darse cuenta de ello, lo cual fue lo mejor para la ninfa, ya que si hubiese visto el rostro de aquel azabache, probablemente se habría desmayado.
Sakura decidió salir de la habitación sigilosamente, con el fin de no alertar a Sasuke, aunque realmente éste no se habría atrevido a mirar aquellas esmeraldas. Esmeraldas que le hechizaron desde un principio, y por lo mismo permaneció recostado.
Una vez afuera, Sakura se colocó una mano en su pecho, tratando de regular su alocado corazón, para acto seguido soltar un suspiro, y finalmente calmarse.
La pelirrosa tomó con su mano su corto cabello, recordando lo que Sasuke le había comentado.
Quizá debería dejárselo crecer.
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— ¿Entonces fue ésa la razón por la que te dejaste crecer el cabello, y te descubriste la frente? — preguntó curioso el Uchiha, quien mantenía aquella sonrisa tan impropia de él, como en aquellos días antes de la masacre de su Clan.
Sakura se sonrojó un poco, pero asintió.
— Sí. Jamás lo habría admitido en aquel entonces, pero quería llamar tu atención. Inconscientemente, quería gustarte — replicó dulcemente la princesa hada, quien aún se mantenía abrazada al chico que tanto amaba.
Ambos ahora se hallaban sentados bajo la sombra de un árbol. Sasuke rodeaba el diminuto y delicado cuerpo de su hermosa princesa con sus poderosos brazos, y la aprisionaba suavemente contra su torso. Mientras tanto, Sakura estaba entre sus piernas, y de perfil, con su cabeza recargada contra el musculoso pecho de su amado, y su brazo izquierdo estrechando el torso del azabache.
Sasuke amplió aún mas su sonrisa, además de que apretó su agarre en la pelirrosa, pero sin querer llegar a lastimarla. Y entonces, el apuesto moreno dirigió su mirada hacia aquella parte de la cabeza de Sakura, en la que anteriormente era una amplia frente, pero que ahora no había más rasgos de ello, ya que todas sus facciones eran simplemente finas y perfectas, además de que un lago mechón de cabello le cruzaba la misma, y se ocultaba tras su oreja izquierda.
El Uchiha removió con su mano aquel mechón, y depositó un suave beso en la frente de Sakura. Aquello hizo sonrojar a la hermosa ninfa, como cuando era una niña, como cuando convivía con él. Sasuke tomó, con la mano opuesta, el sedoso y muy largo cabello de su Cerezo, comenzando a jugar con el mismo. Y a continuación, el azabache se llevó un gran tramo a su rostro, y aspiró aquel perfume natural a cerezos que emanaban las hebras de la princesa hada. Sasuke quedó hipnotizado con aquel aroma tan característico de la hermosa ninfa, y que le hechizó totalmente.
— No sabes lo feliz que me hace éso — expresó cariñosamente Sasuke, para después hundir su cabeza en la larga melena de Sakura — Tienes un cabello simplemente hermoso. Tal y como tú.
La ninfa le sonrió tan bellamente que Sasuke sonrió como un tonto, sabiendo que le era imposible resistirse a los encantos de la princesa de Iridia. Sakura tomó la mejilla derecha de su dulce príncipe, con su pequeña mano izquierda, y entonces la preciosa ninfa depositó un muy tierno y dulce beso en el costado izquierdo del rostro de Sasuke, quien se sonrojó ligeramente.
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Tres años de convivencia pasaron entre Sakura y Sasuke. Tiempo durante el cual habían no sólo aprendido a coexistir uno con el otro, sino que se volvieron más cercanos con el paso del intervalo temporal, y que habían aprendido mucho en torno a su compañero.
Sakura prácticamente había olvidado lo que era el sentirse sola y abandonada, a pesar de que aún extrañaba a sus padres y a su gente, puesto que aún ansiaba volver a verlos. Sasuke, por su lado, dejó atrás el dolor y el sufrimiento de la guerra por la supervivencia, sintiéndose por primera vez realmente vivo, aunque su actitud "gruñona", como Sakura la calificaba, aún continuaba, en realidad por dentro era muy feliz. Pero, de acuerdo a su orgullo, él tenía una reputación que cuidar, mas éso no le impedía disfrutar de la compañía de la pelirrosa. Incluso Sakura, en aquellos tres años, había crecido al igual que él, poniéndose cada vez más hermosa, especialmente con aquel cabello que ya le llegaba más de la mitad de la espalda.
Sasuke nunca admitiría que Sakura se veía increíblemente preciosa. Más que nada porque, contrario a lo que la ninfa opinaba respecto a su personalidad, el Uchiha era bastante tímido, cuando se trataba de relacionarse sentimentalmente con el género femenino, pero especialmente si se hablaba de su compañera pelirrosa, quien le alteraba su corazón y le hacía querer estar con ella todo el tiempo. Ella invadía su alma, y su mente. No había día en el que no pensara en ella, e incluso Sasuke pensaba en aquella hermosa hada durante sus sueños.
Durante su juego de perseguir el uno al otro, Sakura corría alegremente, y soltaba alegres risas, mientras que se aproximaba hacia aquel enorme árbol, en el medio de aquel místico huerto, donde, extrañamente, los animales y plantas jamás perecían, y el agua se mantenía tan pura y cristalina.
La ninfa iba tan feliz, y distraída, que no se dio cuenta cuando se acercó a una parte poco estable de la superficie que rodeaba aquella colosal Sequoia. Y para cuando se dio cuenta de ello, ya era demasiado tarde, por lo que Sakura se precipitó al fondo de la tierra, mientras que exclamaba un grito de susto, el cual fue rápidamente ahogado cuando se hundió enteramente.
— ¡Cerezo! — vociferó Sasuke, cuando vio cómo la pelirrosa se cayó en aquel agujero.
Sin pensarlo dos veces, el Uchiha se lanzó en auxilio de la ninfa, arrojándose al fondo de aquel agujero.
Sasuke cayó en pié sobre una rodilla, y de inmediato buscó con la mirada a la pequeña pelirrosa, hallándola a unos metros de donde se ubicaba. El Uchiha se encarreró hacia Sakura, y levantó del suelo, a la cual colocó contra su propia pierna flexionada. El azabache soltó un suspiro de alivio, al ver que no tenía heridas considerables, salvo unos cuantos raspones. Sakura, por su parte, sacudió su cabeza para recobrar su visibilidad, y el sentido de la orientación. La ninfa volvió su mirada a aquellas obsidianas del pelinegro, perdiéndose unos momentos en los mismos.
— ¿Estás bien, Cerezo? ¿No te lastimaste? — inquirió preocupado Sasuke.
Sakura negó.
— E-Estoy bien, mi príncipe — dijo la ninfa, con su bella sonrisa.
Sasuke asintió, y le ayudó a levantarse. Al terminar, ambos observaban a todas partes, sorprendiéndose de que aquel lugar era un a especie de túnel subterráneo, el cual descendía a lo profundo.
— ¿Qué clase de lugar será éste? — se preguntó a sí mismo el azabache, quien caminó un poco al fondo, pero sin perderse de vista — Nunca antes lo había visto. ¿Qué hay de ti, Cerezo? — le preguntó a su compañera de cabello exótico.
Sakura negó rotundamente.
— Tampoco sabía que existía — replicó parsimoniosamente la hada.
— Entiendo. Creo que sería mejor que le demos un vistazo — decretó el moreno.
Sakura asintió, y siguió al Uchiha a sus espaldas. La hada se llevó ambos brazos pegados a su pecho, en una señal de ligero temor, puesto que, en su corta edad, nunca había sido expuesta a lugares tan claustrofóbicos y oscuros como aquel estrecho pasadizo, donde apenas llegaba la luz solar, dándole un aspecto ligeramente tenebroso. Pero al adentrarse más, un conjunto de rocas, incrustadas en las paredes, se iluminaron en un rojo fluorescente, lo cual proveyó suficiente resplandor, para alumbrar aquella cueva.
Cuando finalmente descendieron, Sasuke y Sakura contemplaron una gigantesca habitación, probablemente de mayor diámetro y área del jardín entero. Ésta estaba a una profundidad aproximada de un kilómetro debajo de la tierra, por lo cual tardaron aproximadamente unos treinta minutos en llegar. Y ambos se sorprendieron del aspecto de la misma: Ésta tenía paredes, que parecían hechas de una gema azulada, las cuales reflejaban sus imágenes. En éstas, un grupo de runas se encontraban grabadas. Aquellos jeroglíficos parpadeaban constantemente, pero sin llegar a destellar a los chicos. Y justo al fondo de aquel enorme corredor, una especie de arco circular estaba colocado, al cual las mismas runas parpadeantes lo adornaban.
Con cautela, tanto Sasuke como Sakura se acercaron a examinarlo. Y cuando llegaron hasta éste, repentinamente el arco se iluminó con un resplandor, el cual le cubría el contorno del mismo. Y del mismo arco, un vórtice se amplió, entreabriendo lo que parecía un Agujero de Espacio/Tiempo.
— ¿Un Agujero de Gusano? — pronunció el pelinegro, quien se acercó un poco más al mismo — ¿Me pregunto a dónde llevará? — inquirió, acercándose un poco más.
Pero Sakura le sostuvo de su remera.
— Mi príncipe. No te acerques mucho. Podría atraparte — aludió Sakura nerviosa.
Sasuke sabía que podía ser enviado a una dimensión alterna, por lo que optó por emplear otro método.
— Supongo que tienes razón, pero necesito saber a dónde lleva ésta cosa — replicó el Uchiha.
Sasuke comenzó a examinar el área, en búsqueda de algún utensilio que le ayudase a su labor. Por suerte, halló en una de las esquinas una larga y pesada cadena, a la cual se encaminó, y la separó de una estatua de la cual estaba amarrada, rompiéndola en el proceso. El moreno se la amarró a la cintura, mientras que el otro extremo lo amarró a una de las rocas incrustadas en la pared, asegurándose con unos tirones de que no fuese a arrancarla, con la fuerza de atracción de aquel Túnel de Gusano. Al ver que aquella enorme piedra en el muro resistía los fuertes tirones, Sasuke se encaminó al portal de aquel templo subterráneo. Y con una última inspección a la cadena que le sostenía, se decidió a inspeccionar el portal.
— Bien. Voy a echar un vistazo, para ver a dónde lleva ésta cosa — mencionó adamante el príncipe del Fuego — Espera aquí, Cerezo.
Sakura asintió.
— Ten cuidado, mi príncipe.
Sasuke se encaminó al portal. Y con una bocanada de aire, asomó la cabeza, y la parte superior de su torso, sorprendiéndose cuando se aclaró su mirada.
Tras aquel Túnel de Gusano, se hallaba nada más, y nada menos, que la Ínsula de Thanatos, llamado igualmente el Continente Olvidado, puesto que se hallaba en un punto muy alejado, al suroeste de Terra, muy cerca de lo que la gente comúnmente aludía como el Fin del Mundo, debido a que no sólo la extensa isla se hallaba en un territorio casi inaccesible, sino a que, prácticamente, aquella porción de tierra estaba completamente inhabitada, donde ni los animales o insectos estaban presentes.
Sasuke decidió que ya había visto suficiente, por lo que, halándose de la cadena, volvió a donde estaba la pelirrosa, mientras que aquel portal, en el templo subterráneo, se cerraba por completo.
— ¿Qué sucedió? ¿Qué hay detrás del portal? — le consultó la ninfa.
— Éste túnel... Conecta con la Isla de Thanatos.
Aquello sorprendió a Sakura. La ninfa no se esperaba que aquel portal tuviese una conexión con el mundo exterior, ni que fuese a través del punto de proximidad del Antiguo Continente Olvidado, ya que Sakura aún no tenía idea del cómo la gran matriarca, Tsunade Senju, había tan siquiera accedido al Huerto del Edén, puesto que, en aquel entonces, la pelirrosa había sido dormida con un hechizo, y hasta que no se halló a sí misma en aquella casa del árbol no despertó. Gracias a ello, Sakura aún tenía dudas al respecto de la exacta ubicación del enlace dimensional con el místico jardín.
"Tal vez con ésta cosa finalmente pueda volver a Nubrum. Y así podré buscar a ése maldito de Madara..." pensó el Uchiha, afilando su mirada.
— ¿Ocurre algo, mi dulce príncipe? — articuló dubitativa la pelirrosa.
El último de los Uchiha negó.
— No. Sólo me preguntaba quién habría colocado ésta cosa en éste sitio, y con qué propósito lo habría hecho — mintió el pelinegro.
Aunque Sakura tenía sus dudas, en cuanto a la fidelidad de las palabras de Sasuke, no tuvo oportunidad de seguir indagando, porque el pelinegro se volvió sobre sus pasos.
— Como sea. No es realmente algo relevante. Será mejor que volvamos a la superficie — concluyó el azabache.
Por algún motivo, a Sakura le preocupó aquella evasiva del azabache, pero sabía que no lograría nada con volver a sacar aquel tema, por lo que, de inmediato, la pequeña ninfa descartó toda clase de averiguación relacionada al portal, y se forzó una sonrisa, esperando que solamente fueran pensamientos obsesivos que pronto se desvanecerían.
Pero, desgraciadamente, Sasuke tenía otros planes.
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La noche finalmente había llegado en Edén. Sakura se hallaba profundamente dormida, y acurrucada en el fuerte pecho de Sasuke, como solían dormir desde hace un año, cuando finalmente tuvieron más confianza sobre el otro.
El azabache contemplaba embelesado a aquella hermosa ninfa. Sakura ahora lucía completamente diferente, de cuando él llegó inesperadamente a aquel huerto, y la conoció en aquella casa del árbol, donde actualmente descansaban.
El príncipe de Nubrum se le quedó viendo por un largo período de tiempo, tratando de grabarse la imagen de la bella hada, pues sabía que una vez que cruzara aquel portal dimensional, de aquel templo subterráneo bajo el Árbol de la Vida, no habría vuelta atrás. Y quizá pasaría bastante tiempo para que lograse volver a ver a la hada, la cual yacía tranquilamente sobre su pecho.
El pelinegro suspiró levemente, y se separó suavemente de la aún dormida ojiesmeralda, a la cual le dio un último vistazo.
"Cerezo... Perdóname por lo que voy a hacer. Pero es mi deber hallarlo..." pronunció en sus pensamientos el último de los Uchiha, antes de dejar a la chica.
Lo que no sabía Sasuke era que Sakura, lejos de hallarse en los brazos de Morfeo, se encontraba perfectamente consciente, y se había hecho la dormida, en preocupación por el acontecimiento de hace unas horas, por lo que la pequeña Haruno esperó a que el pelinegro se alejara una distancia considerable, y se reincorporó con prontitud, usando un atajo para llegar antes que él a aquel extraño templo.
Cuando Sasuke finalmente descendió al fondo del terreno, bajo el Árbol de la Vida, se aproximó hacia aquel portal que había inspeccionado hace horas. Pero lo que no se esperaba, era que Sakura saliera de detrás de éste, y que, con un semblante preocupado, se parara frente al arco, quedando a unos metros del príncipe del Clan de la Guerra.
— No deberías estar levantada a tan altas horas de la noche, Cerezo — dijo el azabache con impasividad, pero suavidad al mismo tiempo.
— Podría decirte lo mismo — anunció con timidez la princesa de Iridia, aunque la aflicción era perceptible.
Sasuke se le quedó viendo a aquellas esmeraldas que se notaban angustiadas, por lo que el pelinegro dedujo que ella ya sabía de sus planes, lo que hizo sentir mal al ojinegro.
— Vuelve a la casa del árbol. Ya es muy tarde — le solicitó el Uchiha a Sakura, lo más calmado que podía.
Sasuke pasó a un lado de ella, evitando hacer contacto visual, o terminaría echando por la borda sus planes. Debía volver al mundo real, y debía buscar al asesino de su Clan, llamado Madara Uchiha. El que alguna vez fue la mano derecha de su padre, así como su tío. Debía darle caza, y asesinarle con sus propias manos, restaurando con ello el honor de su Clan.
Sakura se quedó estática unos segundos, mientras que de sus hermosos ojos unas gruesas lágrimas se escurrieron, y los casi inaudibles sollozos se escaparon de sus labios. Sollozos que, desafortunadamente, el Uchiha escuchó, lo que le estrujó el corazón a éste.
— ... ¿Te vas, entonces? — cuestionó Sakura, en un doloroso susurro, volviéndose al moreno — ¿Así termina todo? ¿Vas a dejarme sola? ¿Y no volver? — enmarcó con la voz ahogada en lágrimas.
Sasuke se detuvo de inmediato.
— ... Tengo que continuar mi viaje, Cerezo — afirmó el moreno — Tengo cuentas que ajustar con alguien.
Aquello fue todo lo que pronunció, antes de que Sasuke continuara avanzando, encaminándose al portal.
Con el corazón en un puño, Sakura se encarreró hacia el moreno, y le aprisionó entre sus brazos. A continuación, la hermosa ninfa hundió en la fuerte espalda de Sasuke su rostro, y comenzó a llorar amargamente, lo cual doblegó el temple del pelinegro. El azabache, al no poder soportar el terrible sufrimiento de la pelirrosa, se volvió a ella, y le abrazó desde el fondo de su alma, mediante lo cual ahogó los sollozos y gimoteos de la ojiesmeralda contra su pecho.
— ¡No te vayas, por favor! ¡Te lo suplico! ¡Quédate conmigo! — le rogó la ninfa, haciéndole aún más difícil la partida al príncipe.
— Mi pequeña flor de Cerezo. Por favor, escúchame — le imploró el azabache, a la vez que levantaba el mentón de la pelirrosa.
Sasuke sintió cómo se le partía el alma, al ver las lágrimas de la hada, las cuales secó con sus pulgares.
— Ésto es algo que debo hacer, por el honor de mi familia, y de mi dinastía. No puedo dejar impune los crímenes en contra de mi Clan.
La Haruno sabía superficialmente acerca de la extinción del Clan del azabache, pese a que el moreno no le habría desvelado el nombre del mismo, o mayores detalles en cuanto a las circunstancias de la masacre, así que entendía el sentimiento del príncipe del Fuego, pues quería buscar justicia para su gente. Pero aún así, Sakura se reusaba a ello, por lo que apretó su agarre contra el Uchiha, y enterró su cabeza en el torso de Sasuke, con lo cual únicamente logró hacer sentir aún peor a éste último.
— ¡No! ¡No vayas! ¡No quiero que me dejes! — volvió a suplicar la pelirrosa — Si tú te quedas conmigo, te prometo que no te arrepentirás. Cada día sera de alegría. Yo puedo darte felicidad. Así que te lo imploro... ¡No te vayas! Yo haría lo que fuera, por traerte alegría — le susurró la hada, aún contra su cuerpo — Por favor, quédate conmigo. Y si no puedes hacerlo... llévame contigo, entonces...
Sasuke tuvo la impresión de que, en alguna otra vida, o dimensión alterna, habría vivido ésa clase de escenario, en el cual él buscaba la muerte de su ahora difunto hermano mayor. Pero, a diferencia de su situación, en aquel hipotético escenario lo hacía con fines egoístas, sin importarle el destruir los lazos que tenía ahora con la pelirrosa, a la cual abrazaba con todo su afecto.
El Uchiha, definitivamente, no quería hacerle daño a aquella ninfa en sus brazos, pero sabía que tenía un objetivo por cumplir: El matar a Madara Uchiha, su tío. Y ni aún por las súplicas de la Haruno podría detenerse en cumplir con su encomienda. El llevarla consigo tampoco era una opción, ya que pondría en peligro a su hermosa princesa.
Una vez que Sakura se había calmado un poco, Sasuke la distanció un poco de su torso, y le observó directamente a los esmeraldas de la pequeña ninfa, a las cuales les limpió el resto de las lágrimas con sus dedos. El Uchiha le obsequió la sonrisa más afectiva que era capaz de emitir, tranquilizando completamente a la pelirrosa. Sakura, por ende, pensó que había convencido al azabache de no abandonarla. Sin embargo, las palabras que a continuación emitiría el príncipe Uchiha no serían lo que esperaba oír.
— Perdóname, Cerezo. Pero no puedo quedarme contigo, y aún menos llevarte conmigo. Jamás me perdonaría si algo llegase a pasarte.
Sakura, al escuchar aquellas dolorosas palabras, nuevamente se quebró llorando a gritos, con sollozos, y gimoteos estrepitosos, todo ello mientras volvía a enterrar su cabeza en el fuerte pecho de Sasuke. Mientras tanto, el moreno tenía el corazón empalado, y con cada segundo que escuchaba del llanto de su Cerezo le perforaba cava vez más su alma. Como si las lágrimas de la ninfa fueran un cuchillo al rojo vivo, el cual penetraba su carne, y se retorcía en su corazón.
Mil veces antes prefería ser torturado brutalmente, tal y como alguna vez lo fue en Pandemonium, a escuchar el tortuoso llanto de la mujer que ama. Porque Sasuke finalmente había admitido que estaba, aunque inconscientemente, enamorado de Sakura.
— Cerezo. Ésto no será un adiós, sino un "hasta luego". Nos volveremos a ver, porque regresaré por ti — le aseguró el azabache.
Con ello, Sasuke logró que Sakura se tranquilizara ligeramente, y que le devolviera aquella mirada esmeralda, la cual estaba empapada en lágrimas.
— ... ¿Cómo sé que cumplirás tu promesa? — inquirió Sakura, aún llorosa.
Más que una pregunta, aquello sonó mas a una exigencia por parte de la princesa de Iridia.
Sasuke, entonces, recordó aquella gema que su madre le había otorgado algunos meses atrás, antes de ser brutalmente asesinada: La Gema de Lazos. Aquel Lapis Lasuli, de forma redonda, del cual se decía unían las almas de los portadores de sus fragmentos, por lo que de inmediato Sasuke la extrajo, y separó suavemente a una destrozada Sakura de su cuerpo, quien se extrañó por la sonrisa del moreno.
— Hagamos ésto, entonces — habló el azabache.
Sasuke tomó aquella preciosa gema, y haciendo uso de su fuerza, partió en dos mitades simétricas la misma, mientras que Sakura contemplaba el acto dubitativa. El Uchiha tomó la pequeña mano derecha de la pelirrosa, y colocó una de las mitades en su palma. Después, el moreno cerró los pequeños dedos de la ninfa sobre el fragmento de la gema, para después volver a sonreírle.
— Cada uno tendremos la mitad de ésta gema. Y la guardaremos con recelo, hasta que el día en que nos volvamos a ver, unamos ambas mitades, de la misma manera que nuestras almas se unirán. Y tanto uno como otro, jamás volverán a ser separados — enunció con suavidad Sasuke.
Sakura contempló aquella bella mitad del Lapis Lasuli anonadada. Había escuchado una leyenda sobre la Gema de Lazos, de la cual se decía que si llegasen a ser fragmentadas, al volver a ser enlazadas unificaría del mismo modo a los poseedores del fragmento por la eternidad, para jamás volverse a apartar. El que Sasuke le entregara dicha piedra preciosa en su mano era sinónimo de que pensaría cumplir a como dé lugar su promesa, por lo que tomó con ambas manos la misma, y la abrazó contra su pecho. A continuación, Sakura redirigió sus hermosos esmeraldas hacia las obsidianas del Uchiha, y le devolvió una increíblemente hermosa sonrisa, a la vez que asentía con determinación.
— Y yo te estaré esperando entonces, con los brazos abiertos — respondió amorosa la pelirrosa, haciendo sonrojar ligeramente al impasivo Uchiha — Por favor, sólo vuelve con bien, mi dulce príncipe.
Sasuke asintió, y se acercó a Sakura, a la cual le acarició con ternura su mejilla, por lo que fue ahora el turno de la ninfa de abochornarse.
— Lo haré. Volveré por ti, cuando cumpla mi objetivo, mi pequeña flor de Cerezo.
Ambos chicos se dieron un último y prolongado abrazo, queriendo guardar la calidez y la esencia del otro en sus cuerpos, al igual que sus memorias y sus almas, hasta aquel día en que volviesen a encontrarse.
Sakura se puso en puntitas, e hizo algo que haría sonrojar al pequeño príncipe de la Guerra como nunca: Le propinó un sonoro y suave beso en su mejilla.
Sasuke sintió cómo su corazón comenzó a latir a una impresionante velocidad, además de que se palpó el área de su rostro que tuvo contacto con los suaves labios de la hermosa ninfa, quien le sonreía tan bellamente. Aquella mejilla tenía el calor de la piel de la Haruno. Calor que era agradable, y que desearía volver a sentir.
Eventualmente, después de unos segundos de su impresión, Sasuke le sonrió, e hizo aquel gesto que compartía con su hermano mayor, Itachi Uchiha: Tocó con la punta de sus dedos índice y corazón la frente de la pelirrosa. Algo que quizá para la gente común no simbolizaba nada peculiar, pero que para los Uchiha decía más que mil palabras.
Sasuke entonces se separó de una completamente abochornada pelirrosa, y se dirigió hacia aquel extraño portal. El transportador se activó de inmediato, como si estuviese esperando al príncipe del Fuego. Pero antes de cruzar aquel túnel de gusano, el azabache le dio un último vistazo a la aún anonadada pelirrosa, y le regaló una sonrisa final, para después adentrarse en aquel vórtice, y desaparecer con el mismo.
Sakura se llevó una mano a su frente, ahí mismo donde Sasuke le había tocado con ambos dedos. No tenía idea del porqué aquel gesto la había dejado tan sonrosada, como si en aquella parte de su cuerpo el moreno hubiese depositado un beso. Pero lo que sí sabía es que era el modo en que el Uchiha le confesaba cuánto la quería, por lo que volvió a sonreír, aún con la mirada en el ahora desactivado portal.
"Mi dulce príncipe. Es una promesa, entonces..." — dijo la ojiesmeralda, en sus pensamientos, volviendo a derramar lágrimas...
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— Entonces ése Poke* — enunció tímidamente la pelirrosa — ¿Es un gesto que compartían tú y tu hermano? — inquirió la ninfa.
El Uchiha asintió.
— Así es. Al principio me molestaba. Pero entendí que era como una especie de ritual entre los Uchiha. Una forma de decir "Eres lo más importante que tengo". Mi hermano Itachi solía hacer aquel gesto, y decirme: "Será en otra ocasión, Sasuke"
Sakura no pudo evitar reírse, ante la imitación de aquel apuesto pelinegro. El Uchiha menor sonrió, al escuchar aquella preciosa risilla de la mujer que tanto amaba. Literalmente, era música para sus oídos.
Cuando la risa de Sakura se calmó, la pelirrosa bajó un poco la mirada, y soltó un suspiro nostálgico, preocupando inicialmente al pelinegro. Pero después, la hermosa hada alzó sus esmeraldas a aquellas obsidianas que tanto le gustaban, las cuales, a pesar de ser tan oscuras y profundas, desprendían una impresionante calidez y amor. Sentimientos que parecían tan impropios de alguien tan rudo y poderoso, como lo era el príncipe del Clan del Fuego.
Ante la sorpresa del azabache, Sakura colocó su palma izquierda sobre la mano derecha de él. La increíblemente hermosa princesa hada le sonrió con la ternura característica de ella. mediante lo cual, Sakura logró que, como siempre, el Uchiha quedara completamente embobado con aquel precioso gesto.
— Aquella vez que te fuiste, sentí que se había desprendido una parte de mi alma — musitó triste la hada, mientras que el ojinegro colocaba su otra mano sobre la pequeña de la ninfa.
Sasuke suspiró suavemente, y tomó el mentón de Sakura. La bella chica, a pesar de que se abochornó levemente, le observó directo a los ojos.
— Créeme, Sakura. Nada me hubiese gustado más que el haberme quedado contigo. Pero sabía que tenía un objetivo que cumplir. Y que de quedarme a tu lado, te convertirías en un blanco fácil para mis enemigos — pronunció cálidamente el moreno — Si algo te hubiese ocurrido por mi culpa, no tendría razones para continuar viviendo.
Sakura nuevamente sonrió, enternecida por aquel enunciado del Uchiha. La ninfa después negó suavemente, y se abrazó al pecho del apuesto príncipe guerrero, a la vez que recargaba su cabeza sobre el hombro izquierdo de su amado príncipe.
— Lo importante es que ahora estamos juntos, Sasuke-kun. Y ahora estoy completamente feliz. Nada volverá a separarnos — musitó amorosamente Sakura, mientras tenía los ojos cerrados, y una hermosa sonrisa en su rostro, además de abrazarse aún más contra su amado.
Sasuke sonrió ante la afirmación de la pelirrosa. Acto seguido, el moreno rodeó la pequeña cintura de su Cerezo, con sus poderosos brazos, y la apretó a su cuerpo. De igual manera, el apuesto azabache depositó un beso en aquella frente de su niña, la cual, en la niñez de la hada, era amplia, pero que ahora era simplemente perfecta y fina.
De pronto, a Sasuke se le vino a la cabeza un detalle que pasó por alto: La Gema de Lazos.
— ¡Es cierto! ¡Hay algo que se me había olvidado! — exclamó efusivo el Uchiha.
El pelinegro rompió el abrazo en la hermosa ninfa. Sakura se entristeció un poco con ello, pero a la vez se sorprendió con el extraño comportamiento del azabache. De inmediato, la ninfa abrió los ojos, al ver que su apuesto príncipe extraía de su bolsillo un fragmento de una preciosa gema azulada; aquella que era la mitad de la piedra la cual el moreno le había entregado antes de su partida, en el Templo de Theia.
— ¿Recuerdas ésto? — le preguntó el ojinegro, mostrándole la fracción que poseía de la Gema de Lazos.
— Cómo podría llegar a olvidarlo... — replicó en un susurro la ninfa.
Sakura extrajo de su vestido la mitad que tenía en su potestad, la cual dejó en la palma de su mano izquierda, y la acercó al fragmento del moreno.
— Tenemos un ritual que cumplir, ¿Sabes? — le remarcó Sasuke, con una sonrisa.
Sakura asintió con el mismo gesto.
Ambos tomaron su mitad de la Gema de Lazos entre sus dedos, y la comenzaron a acercar poco a poco, sintiendo como una extraña fuerza atraía ambos fragmentos entre sí. Y cuando finalmente enlazaron ambas mitades, un resplandor comenzó a emanar de la misma. El destello encegueció ligeramente la visión de ambos, mas el moreno y la pelirrosa no se cubrieron sus ojos. No querían perderse un sólo detalle de la unión de la piedra preciosa. Y cuando aquel resplandor se apagó, la gema, que anteriormente estaba fragmentada, ahora se hallaba completamente suturada y perfecta. Como si en ningún momento hubiese sido rota.
Sasuke y Sakura juntaron sus manos, donde mantenían la ahora entera gema. Ambos repitieron la misma acción con sus manos opuestas, y posteriormente entrelazaron sus dedos de ambas manos con las del otro. Sasuke y Sakura redirigieron sus miradas, conectándolas con la del otro.
Las emociones en ambos eran muy intensas. Y por unos segundos, simplemente se dedicaron a perderse en la mirada del otro. No queriendo que el tiempo avanzara, aún un simple segundo.
Las lágrimas de Sakura pronto comenzaron a recorrer sus mejillas, y sus gimoteos, de inmediato, se hicieron presentes. Sasuke, por su parte, sonreía con todo su corazón.
— Mi pequeña flor de Cerezo... — musitó Sasuke, amorosamente.
— Mi dulce príncipe... — susurró dulcemente Sakura, con la voz ahogada en llanto.
Y con las emociones a tope, Sasuke y Sakura sellaron sus labios en un suave pero profundo y pasional beso, comenzando la danza del amor de sus bocas.
Un beso cargado de sensaciones y sentimientos. Un beso que, desde hace tiempo, sus cuerpos, sus corazones, y sus almas les demandaban. Un beso que deseaban jamás terminara.
Un beso que les enlazaba sus corazones y sus almas, por el resto de la eternidad.
Sasuke se recostó sobre el pequeño cuerpo de Sakura, aún sin romper aquella unión de sus labios. El Uchiha tomó ambos costados del rostro de la ninfa con sus grandes manos; mientras tanto, la hada enredaba sus finos y delicados brazos en el cuello del moreno, así como enterraba sus pequeñas manos en la espesa cabellera de su dulce príncipe.
Con aquel beso, ambos entregaron su pasión. Ambos entregaron su dolor. Su necesidad. Sus sentimientos. Y sus emociones.
Pero sobretodo, ambos entregaron su amor, y sus almas. Todo bajo la bella puesta del Sol. Único testigo de aquella historia romántica.
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¡Santo cielo! No puedo creer que yo haya escrito tanta azúcar. Este capítulo, más que ningún otro, me costó literalmente HORRORES escribirlo, y no puedo evitar pensar que no ha sido lo suficientemente romántico, pero espero que sea de su agrado.
Como de costumbre, quiero dar mis agradecimientos a las personas que siguen el fic, y un agradecimiento profundo a quienes me regalan sus reseñas; muchas gracias por su apoyo.
Por supuesto, la historia está lejos de concluir (obviamente), pero quería exponer por primera vez un capítulo enteramente SasuSaku, donde finalmente Sasuke y Sakura tuvieran mayor interacción. No obstante, la historia seguirá su curso y continuará tras unos cuantos capítulos llenos de romance (y pornografía de la más pura)... Ahem...
Ah y por cierto, esto no está relacionado en lo absoluto, pero pese a que llegué a contemplar en editar el "esposo" de Kaguya con el nuevo personaje que Studio Pierrot inventó (Tenji), decidí mejor no hacerlo, ya que en realidad no es un personaje oficial del manga Naruto (aunque por primera vez veo un punto en Studio Pierrot, comparado contra todos esos episodios de universos alternos que no llevaron la trama a ningún lado. Que lástima que a estas alturas es simplemente prolongar una serie moribunda que debió haber terminado hace más de un año).
Sin más que aclarar por el momento, me despido de ustedes.
