Saludos lectores! ^^

Esta vez no me he retrasado tanto con la publicación, ya que he estado muy pendiente del fic por obvias razones ùwu ¡Terminé la segunda temporada al fin! D: ¡Cómo tardé! xD ¡Omgsh! El capitulo 32 es aplastantemente largo xDDD realmente estoy dudando de que se lo vayan a leer TT^TT pero confiaré en que esté lo suficientemente bueno como para que sí ;w; ¡Omgsh! A mi me gustó xD se ha convertido -junto con el capitulo 18 entre otros- en uno de mis super favoritos 8D la verdad pocas veces estoy tan pero que tan satisfecha con un trabajo xD por lo general solo "están bien". Damn it! Gaiomon es tan malvado! D: y el monstruo! y el pobre de ShineGreymon, y todos los que mueren!

xDDD Lo hago para molestarlos -w- En fin, les dejo el siguiente capítulo ^^ Gaiomon y OuRyuumon se verán las caras por primera vez! Espero que les guste. Les agradesco mucho los reviews que me han dejado! n_n fue lindo ver que el mismo día y al día siguiente ya habían aparecido de nuevo, queridos lectores! 8D se les hechó de menos ^^

Aclaración de la autora: Todas las ideas y hechos narrados en esta historia son propiedad mía. Los personajes pertenecen exclusivamente a Bandai y a sus creadores. No escribo esta historia con fines de lucro, solo lo hago por diversión, fanatismo, amor, y mis continuos deseos de expandir el fandom de digimon, compartiendo mis ideas y creatividad con el resto de los fans de esta serie que nos enseñó a muchos a volar.


Segunda Temporada: Gaiomon, el terrible.

Capitulo 20

Reconocimiento.

Dos días luego, Gaiomon había enviado su segundo mensaje a la central de los Royal Knights informándoles sobre su siguiente ataque y en donde tendría lugar la batalla para decidir la posesión del terreno restante que le "faltaba" en la región del trueno. Como siempre, su estilo jocoso había molestado mucho a Gallantmon; al menos Duftmon podía lidiar mucho mejor con él, y había remarcado lo extraño que le resultaba el hecho de que les avisara antes de iniciar un ataque e incluso dándoles la ubicación del lugar de batalla. Se lo apuntó a Omegamon.

-No le gusta obtener las cosas sin antes luchar por ellas-dijo el segundo al mando con cierto pesar-Le gusta ganárselas como es debido, jamás las toma así sin más aunque se las estén ofreciendo.

-Qué elegante-comentó el felino con una mano en su mentón. Algo en aquel personaje le resultaba divertido y atractivo.

-Qué idiota-dijo Gallantmon por su parte, bufando y cruzándose de brazos.

Omegamon negó con la cabeza y suspiró.

-El ataque tendrá lugar mañana al mediodía. Pongámonos a trabajar cuanto antes-ordenó-Quisiera estudiar el terreno y sacar el mayor provecho. Si mi hermano nos está dando algún tipo de ventaja, quisiera aprovecharla.

-¿Realmente crees que él quiera darte algún tipo de ayuda?-preguntó Gallantmon a su compañero mirándole de reojo.

El caballero se quedó pensando unos segundos, luego levantó la vista y respondió antes de salir de la habitación.

-No lo sé.

Afuera del castillo, en los jardines que rodeaban dicho lugar, el General OuRyuumon había esperado pacientemente al caballero blanco. No le gustaba esperar adentro, se sentía un poco encerrado. Ni modo dado su curiosa anatomía y tamaño. Por eso siempre se quedaba afuera y aprovechaba los largos minutos para practicar con sus espadas y mejorar la velocidad y fluidez de sus movimientos. Se detuvo al ver a la pareja rojo-azulada acercarse a él, curiosos por ver la demostración del digimon dragón. Desde su victoria compartida contra Nocturna, Ulforce Vdramon y ShineGreymon se habían vuelto casi inseparables.

-Buenos días General OuRyuumon-le saludó el digimon de fuego con su marcada respetuosidad y una reverencia de su cabeza.

-Hola General-saludó Ulforce Vdramon por su parte con una sonrisa.

-Hola chicos-respondió el digimon regresando sus armas a su lugar. No lucía su sonrisa característica, y su ánimo siempre chispeante estaba un tanto apagado. Se notaba un poco desanimado-¿Qué cuentan?

-Nada especial-el digimon azul se encogió de hombros-empezando el trabajo del día, ya sabe-dijo resumiendo que ambos debían separase para vigilar sus áreas designadas y el otro seguir a su señor y realizar las tareas que éste le asignara-¿Cómo se encuentra usted después de lo del otro día?-preguntó el digimon con cierta ironía.

OuRyuumon se mostró un poco sorprendido al escuchar aquello.

-¿A qué te refieres?-preguntó con cara de extrañeza.

-Ya sabe~-siguió Ulforce Vdramon con un gesto pícaro-A lo que dijo el General Gaiomon sobre ser el señor de los dragones.

-Ah-dijo sin darle la menor importancia y mirando en cualquier dirección-eso.

-¿No le importa?-preguntó el caballero divertido.

-No en realidad-respondió encogiéndose de hombros y volteando para volver a tomar sus espadas y seguir con su breve práctica.

Ulforce Vdramon y ShineGreymon se miraron a la par un poco sorprendidos, y se volvieron a ver al dragón.

-¿Cómo no?-siguió el digimon azulado.

-Creía que era un título único señor-siguió ShineGreymon.

-Lo es de hecho-respondió OuRyuumon sin más y deslizando sus espadas por el aire con maestría.

-¿No piensa defenderlo entonces?-preguntó Ulforce Vdramon tratando de picarlo.

El dragón se detuvo y miró al cielo con el ceño fruncido. Bajó los brazos y miró a ambos chicos como a dos niños cabezas dura que no paraban de preguntar "por qué".

-Miren-explicó pacientemente-cualquiera puede decir que es el rey del mundo y en realidad no lo es-se encogió de hombros-El hermano de Omegamon puede decir que es el señor de los dragones, pero no puede probarlo.

-¿Usted sí?-preguntó el caballero.

-Claro; lo he demostrado toda mi vida-dijo mostrándose sorprendido de que le preguntaran semejante cosa.

-¿Qué tal si él también puede demostrarlo?-siguió el digimon azulado ladeando un poco la cabeza.

OuRyuumon lo observó sin demostrar nada en su dracónica cara.

-¿Realmente crees que pueda?

ShineGreymon se quedó viendo a su compañero. Este miró al cielo y en todas las direcciones, como sintiéndose acusado.

-No lo sé; nunca lo he visto pelear.

-Pues ya lo veremos entonces cuando nos veamos cara a cara-respondió el General volviendo su atención a sus espadas y ejecutando varios movimientos y golpes.

Los dos jóvenes se quedaron viendo, imaginando qué sería el día en que esos dos digimons se encontraran en el campo de batalla. Seguro sería una batalla épica, considerando que uno era el General Élite de la Armada y el otro el hermano mayor de Omegamon; debía tener sus once mil años llenos de experiencia y trayectoria.

El caballero blanco y Duftmon aparecieron finalmente en las puertas del castillo. El General guardó sus espadas y se reunió con ellos, siendo seguido desde atrás por los dos jóvenes. Los tres digimons se saludaron brevemente, pues Omegamon y Duftmon llevaban cierta prisa.

-Tenemos los datos del próximo ataque-informó el digimon blanco al General-Vamos allá ahora para estudiar el lugar y analizar cómo sacar la mayor ventaja.

-Quisiera acompañarlos-dijo el dragón. Se sentía ansioso por cooperar y derribar a Gaiomon cuanto antes. Detestaba a los bocazas.

Omegamon aceptó y los tres digimons levantaron el vuelo, dirigiéndose al norte de la región del trueno. Ulforce Vdramon y ShineGreymon se quedaron un minuto más argumentando sobre el asunto, luego fueron corridos casi a gritos por Gallantmon quien los había observado malgastar el tiempo desde hacía rato.


Fue una hora completa de vuelo en silencio. De vez en cuando Duftmon apuntaba ciertas cosas sobre los movimientos de las tropas, algunos problemas con el aprovisionamiento tardío que habían tenido en algunos sectores, y detalles sobre los planes que venía trazando para el siguiente enfrentamiento. Conocía muy bien el área del trueno y ya tenía varias estrategias y movimientos planeados.

Pisaron un lugar deshabitado en donde habían acordado que se verían al día siguiente para el encuentro. Era un terreno gigantesco, despejado de bosques y con escasa vegetación. Crecían desde el suelo enormes pilares de roca salpicados por todos lados, volviendo el terreno irregular y un poco difícil de transitar. Hacia la derecha estos pilares eran más pronunciados y brotaban desde el suelo en mayor cantidad, convirtiéndose a sí mismos en las paredes de un rocoso laberinto. Los caballeros y el General comenzaron a planificar de inmediato.

-Tendremos que mantener el grupo central alejado de estos montículos rocosos-dijo Omegamon observando las elevaciones desde lejos-solo interrumpirían en batalla.

-Podemos sacarles cierto provecho-comentó Duftmon con un mechón de su cabello entre sus dedos-sería útil si ubicamos unidades disparadoras arriba de esos montículos y aprovechamos la altura para caerles encima.

-Podría ser peligroso si el enemigo está a distancia y derriba los montículos;-acotó OuRyuumon-No solo perderíamos las unidades disparadoras, también podrían caer los peñascos sobre los nuestros.

Los tres digimons empezaron a examinar de qué forma utilizar los montículos de roca en su propio beneficio o por lo menos evitar que el enemigo los usara contra ellos, y mientras ellos estudiaban este punto, no sospechaban que ellos mismos eran estudiados en ese momento por sus rivales. Entre la altura de las rocas y apenas escondido de la vista, Gaiomon observaba silencioso a su hermano y a sus dos acompañantes, con Matadormon a su lado.

El virus no estaba allí específicamente para espiarlos a ellos, pues al igual que los tres digimons, él había ido al campo a estudiar el lugar y crear sus propias estrategias de batalla. Sin embargo, sabía que estarían allí y aprovecharía para hacer un breve examen de su enemigo. Como el nuevo teniente del digimon, Matadormon se había convertido en su mano derecha y debía trabajar en conjunto con el General, aunque este lo había escogido por otras razones. Prefería mantenerlo constantemente bajo su mirada y así ahorrarse posibles fallos y problemas a futuro. No era ningún estúpido como Lucemon y los otros, le había dicho al vampiro, por lo que de ahora en adelante Matadormon estaría constantemente bajo su disposición y no dejaría ni un movimiento sin darse por enterado.

Ahora y de espaldas a la situación, el virus calculaba el nivel de poder de los otros dos que acompañaban a su hermano menor, sacando deducciones. Miró por el borde de la roca en donde se encontraba para asegurarse de lo que tenía.

-Omegamon, Duftmon su estratega, ¿y ese quién es?-preguntó haciendo referencia al dragón alargado.

-El General OuRyuumon señor-respondió Matadormon-Elegido especialmente por Alphamon y el mejor de los Generales que posee la Armada de los Royal Knights. Es un verdadero dolor de cabeza en el campo de batalla.

-¿A sí?-preguntó divertido y sonriendo. Vaya objetivo curioso el que había captado su atención. Volvió a mirar por sobre su hombro y decidió hacer una jugada-Quédate aquí, necesito averiguar algo.

El vampiro afirmó mientras Gaiomon de un movimiento desaparecía de su vista más silencioso que el viento. Al digimon no le había agradado del todo esa fina percepción del General y la certeza que tenía de que él servía al bando opositor. No sabía si Omegamon se lo habría revelado alguna vez, pero sin duda significaba un riesgo enorme y una inseguridad de si el digimon se mantendría leal a su hermano o lo delataría ante de Lucemon. Con lo que ya había visto, Matadormon sabía que tenía la soga al cuello.

Por su parte, Gaiomon avanzó entre los pilares de roca hasta estar a una distancia prudente. Su presencia era completamente imposible de detectar aún para su hermano, y aunque estuviera a dos pasos de distancia, ninguno de ellos lo notaría jamás hasta poner sus ojos en él, y era esta la razón del porque el virus se movía con cuidado y se mantenía alejado de su vista. Tenía un problema para controlar su curiosidad, y cuando quería investigar las cosas siempre llegaba hasta el fondo de ello, así le tomara el tiempo que fuera.

Mientras los tres digimons abajo conversaban, OuRyuumon sintió algo extraño de pronto. Volvió la cabeza sin encontrarse con nada fuera de lo común y siguió tratando el asunto; claro que con esa extraña sensación molestándole. Pasados unos segundos volvió a sentirla, y a pesar de que se volvió a todos lados buscando ese "algo" extraño que le picaba, no conseguía dar con ello aunque se concentrara en encontrarlo. Sus compañeros hicieron ademán de moverse para estudiar el resto del lugar, pero el dragón les dijo que se adelantaran mientras él inspeccionaba algo. Los otros dos caballeros aceptaron y se alejaron volando del lugar. Una vez estuvo solo, el dragón se dio la vuelta para dar un recorrido y se encontró de cara con el General oscuro frente a él. Claro que un metro más abajo, OuRyuumon seguía siendo muy alto. El digimon soltó una exclamación y se hizo varios pasos atrás, haciendo espacio entre ellos y llenándolo con sus filosas espadas al frente. Su primera reacción pareció divertir a Gaiomon.

-Tú-dijo OuRyuumon aún sorprendido de la repentina aparición del otro-¿Cómo demonios llegaste…?

-¿Tan cerca?-terminó el otro-Caminando.

Esta respuesta tan obvia molestó bastante a OuRyuumon, quien frunció el entrecejo y resopló por la nariz.

-Parece que es cierto lo que había dicho Gallantmon-comentó el dragón taimado y sin bajar sus armas.

-Oh-dijo el otro sin la menor expresión-¿Ya me estoy haciendo famoso entre los suyos?

-¡Dijo que eres un idiota!-exclamó el otro molesto y abriendo su gran boca.

Gaiomon cerró los ojos y negó con la cabeza.

-Está muy mal hablar mal de los otros. Dígaselo cuando se reúna con él-avanzó un par de pasos, de los que OuRyuumon retrocedió uno sin quitar sus espadas de su lugar. El virus estiró su mano-Es un honor conocerlo. Me han contado grandes cosas de usted.

El dragón se quedó observando al otro como si se tratase de algún tipo de extraterrestre. No pudo disimular su gesto de extrañeza, el que divirtió a Gaiomon.

-¿No me conocías?-preguntó extrañado. Teniendo tantos años no podía ser que nunca hubiese escuchado de él.

Gaiomon se encogió de hombros.

-No ando en redes sociales-su respuesta volvió a causar un gesto taimado en el dragón-Pero me atrevería a suponer que tiene usted una trayectoria militar impresionante, según lo poco que alcanzaron a contarme;-le miró directamente con sus pesados ojos-que inició desde muy joven y se ha dedicado por entero a ello sin siquiera darle tiempo a la vida privada ni familiar.-siguió mirando al dragón como si leyera todo esto en su cara-Debe ser usted un digimon solitario pero de muy buen carácter, y de seguro se hace de amigos con facilidad.-ladeó un poco la cabeza-Parece inteligente, pero también un poco ingenuo, y creo que no le pondría más de unos…-hizo un gesto mientras calculaba-seiscientos años…¿He acertado en algo?

Directo en el clavo.

OuRyuumon casi bajó sus armas de la impresión, pero se mantuvo en su lugar. Gaiomon bajó su mano considerando que el dragón no se la recibiría, lo que en parte fue una pena.

-¿Y no me conoces?-preguntó irónicamente el dragón sin disimular del todo su sorpresa.

-Tengo una intuición fina-respondió el virus con una sonrisa bajo su casco metálico. Luego observó las armas del dragón-Son hermosas, pero un poco pesadas para un combate rápido o teniendo al enemigo demasiado cerca. Tienen la ventaja de cortarlo a uno en dos de una vez con un golpe seguro.-Tomó una de las suyas y la desenvainó de un ligero movimiento.

La levantó a la altura de su cabeza y la observó detenidamente, mientras los rayos del sol refulgían en la hoja plateada y destellaban en tonos azulados eléctricos. OuRyuumon se sorprendió de su curiosa forma.

-Prefiero las tradicionales-siguió hablando el virus-son más livianas y de fácil manejo, aunque también depende de quien la porte. Debo admitir que en un principio estas fueron un poco difíciles, pero hoy no me despegaría de ellas por nada del mundo. ¿Las ha visto en acción?-preguntó, lo que OuRyuumon tomó como un desafío-Se ven muy bonitas, especialmente porque refulgen en tonos azulados cuando chocan con las otras armas. Espero algún día poder usarlas contra usted y su técnica General.-dijo regresando la afilada kikurin a su lugar y volteando levemente para marchar-Sospecho que será un encuentro interesante.

-Oye-le cortó el dragón antes de que Gaiomon pudiera darse la vuelta completamente.

El digimon negro se detuvo y se quedó viéndolo con aire interrogatorio. OuRyuumon estaba muy serio.

-Tienes muchas agallas para autodenominarte "señor de los dragones"-dijo muy molesto de recordar aquello.

Gaiomon hizo un gesto de sorpresa y luego pareció muy divertido de escuchar aquello. Se volvió completamente y se cruzó de brazos, estudiando aquella inesperada situación.

-¿En serio?-preguntó.

-Sí-respondió el dragón frunciendo el ceño-No hay lugar para dos señores dragón en este mundo.

-He de suponer que usted es ese otro-dijo indicándole a él con la mano.

-Lo soy, y lo he sido desde siempre-respondió OuRyuumon con aire autoritario. No se daba cuenta de lo mucho que realmente le molestaba que aquel digimon que nadie conocía ni tenía mención saliera de pronto proclamándose señor de los dragones, título que él venía defendiendo toda su vida y que ningún dragón había conseguido arrebatarle-No permitiré que un pelagatos aparecido de nadie sabe donde reclame ese nombre sin antes haberme enfrentado, aunque seas hermano mayor de Omegamon.

El digimon oscuro rió ante aquello y posó su mirada penetrante en los ojos del otro. OuRyuumon sintió su aplastante energía traspasarle e intentar reducirlo, pero no se lo permitió.

-¿Se da cuenta de que soy diez mil cuatrocientos quince años más viejo que usted? He ostentado este título por diecisiete veces su propia vida.

-Pues jamás he escuchado de ti ni tampoco nadie me ha hecho llegar a los oídos tu existencia como para no haberte plantado cara antes-le apuntó con su espada directo al rostro-así que ya puedes irte despidiendo de ese nombre.

Un breve silencio se hizo entre los dos digimons. El único testigo de la escena había sido Matadormon, quien desde lejos había observado los últimos minutos a los dos Generales, extrañado de que ninguno de los dos hubiese intentado matar al otro en tanto tiempo que llevaban frente a frente. Había recibido un mensaje de Lucemon y había ido a buscar a su superior, encontrándose con la situación.

Gaiomon seguía con los brazos cruzados sobre el pecho, y parecía no prestarle la menor atención a la enorme espada afilada que le amenazaba a tres centímetros de su cara.

-Me parece muy bien-dijo finalmente y cerrando los ojos.

OuRyuumon se preparó para enfrentarlo, pero por todo ataque, Gaiomon se dio la vuelta y empezó a caminar. Ya había presentido que Matadormon había venido por él, lo que significaba que Lucemon se estaría impacientando. El General dragón se sintió más que indignado con el gesto, y rugió con toda su boca abierta.

-¡Oye, no me des la espalda!

-Tengo asuntos que atender ahora General, pero por favor-le dijo despidiéndole con la mano-no vaya a olvidarse usted de nuestro pequeño compromiso. Prometo que lo arreglaremos satisfactoriamente cualquier día de estos.

Y diciendo esto, el digimon negro desapareció de la vista de OuRyuumon, sin que éste pudiese explicarse cómo no había notado el hecho de que el virus prácticamente no tenía presencia y habiendo estado frente a él, no se había percatado de que no emitía energía ni algún tipo de poder. Observó a su alrededor, y pasados unos segundos, dejó salir un gruñido y apretó con fuerza el mango de sus espadas en las manos. No se sentía furioso, pero sí molesto. No se sentía humillado pero…ese Gaiomon de alguna forma le había hecho sentirse…

"Estúpido"


Minutos luego, el General oscuro pisaba los suelos del Castillo Berúng acompañado de su teniente a su lado. Avanzaron en silencio hasta el salón principal, en donde Mephistomon les había comunicado que estaban reunidos los demás señores demonio y los Generales. Al entrar, Gaiomon fue el primero en ser recibido por una exclamación y luego un suspiro cargado de lujuria por parte de la única mujer del lugar, quien fue hasta él y le rodeó por el brazo. Su enorme brazo. Si a Lilithmon le gustaban los brazos fuertes de Lucemon, los de Gaiomon le gustaban diez veces más. El digimon miró al techo y cerró los ojos.

-Bienvenido de vuelta General-le saludó ella con una expresión casi felina-Espero que se haya divertido allá arriba~

-Fui por una cuestión de trabajo-respondió él con su mejor máscara de cordialidad-pero sí, me divertí después de todo-sonrió recordando el último episodio.

-¡Ah! Espero que algún día usted y yo tengamos oportunidad de pasear por ahí y divertirnos un poco-sonrió la mujer arañándole despacio la carne.

-Cuando el digimundo esté bajo el Mar, tenga por seguro que así será -dijo el digimon oscuro, haciendo que la mujer soltara una exclamación de emoción.

Los demás presentes observaban aburridos la escena. Desde que el nuevo General se integrara a ellos, Lilithmon se había adherido a él como una concha. Lo halagaba todo el día y le hacía picantes insinuaciones, las que Gaiomon sabía quitarse de encima muy bien; algo que varios en el lugar tachaban de admirable.

-Lilithmon-dijo Lucemon seriamente y tamborileando con los dedos en la mesa-ya tenemos que empezar a trabajar en esto, así que de una vez, lárgate.

La mujer se soltó del brazo de Gaiomon, puso ambas manos en la cintura y expresó un gesto molesto.

-¡Deberías aprender de él y saber cómo tratar a una dama, especialmente a tu mujer Lucemon!

El ángel no dijo nada, mientras la digimon se daba la vuelta y se marchaba cerrando de un portazo ambas puertas tras ella. Los digimons que quedaron adentro suspiraron aliviados. Gaiomon negó con la cabeza y se sentó en su lugar.

-No sé como tienes cara para decirle esas cosas a la mujer de tu superior-comentó Phelesmon divertido al digimon a su lado.

-Una buena parte del arte del bien hablar es saber mentir con gracia-respondió el otro con la mirada al frente y los brazos cruzados sobre el pecho.

El demonio vio mucha lógica en esto, y asintió notoriamente con la cabeza. Lucemon suspiró y se levantó, con ambas manos puestas sobre la mesa.

-Qué tenemos hasta ahora y qué es lo siguiente que haremos-dijo.

Machinedramon fue el primero en hablar. Esta vez usó un dispositivo de holografía equipado en su mano izquierda, en vez de volver a rasgar el mapa que estaba sobre la mesa.

-Toda el área del hielo al sur ha sido ocupada por el General Ghoulmon y su ejército-empezó-Hemos tenido problemas con esa zona, pues el lugar es de temperaturas extremas y hemos sufrido algunas pérdidas.

-Es lo de menos-dijo el ángel apurando el tema-Enviaremos más hombres en cuanto sea necesario.

-Aprovisionarlos ha sido difícil-continuó el robot-Por las mismas razones es difícil llegar allá y siendo un lugar prácticamente deshabitado y escaso de todo, no tenemos de dónde obtener los recursos.

-Obtendremos lo necesario desde las regiones anexas y lo enviaremos por medio de nuestros portales oscuros-dijo Lucemon-¿Qué más?

-Las armadas de Neptunmon y Dianamon son muy resistentes-dijo Barbamon apuntando el fracaso de la última vez-los tomamos desprevenidos, pero su número de hombres es exorbitante. Aún con el ejército de Leviamon no fue suficiente; llegaron por cientos de miles.

-Hm, esa área parece difícil de obtener-pensaba el ángel observando el mapa-¿Qué sugieren?

Los demás digimons empezaron a maquinar ideas y debatían qué se podría hacer. Ghoulmon era el único de los Generales ausentes, y el único que aún no conocía al nuevo. Este por cierto había recargado su cabeza en una mano y aguardaba aburrido a que los otros dijeran algo útil.

-Podemos transportar a todas nuestras unidades marinas e invadir completamente el lugar con un ataque masivo-sugirió Phelesmon haciendo círculos con el dedo sobre el papel-Bombardearlos con todo, tanto así que pidan piedad.

-Transportar a tantos hombres de una sola vez no es cosa fácil-dijo el más viejo peinándose la barba-Se necesitarían muchos, muchísimos portales oscuros para llevarlos a todos de una vez a ese lugar e invadirlo.

-¿Algo qué aportar?-preguntó Lucemon con cierto enfado a Gaiomon, quien no había abierto la boca ni una sola vez desde que se sentara.

Este pareció sorprendido de que se dirigieran a él, y echándose hacia atrás en el asiento, respondió.

-Oh, perdonen ustedes; la estupidez no es mi fuerte y esperaba a que terminaran lo suyo para empezar a tratar el tema de la guerra.

Como un chispazo, todos los digimons allí reunidos se prendieron, furiosos contra el sardónico digimon oscuro. Al único que le hizo gracia fue a Barbamon, quien rió por lo bajo.

-¿Cómo te atreves?-exclamó Machinedramon amenazando con irse sobre el espadachín con su gran tamaño y peso.

-Tenga cuidado General-le advirtió Gaiomon recostado y con los brazos cruzados-podría romper la mesa.

-Como hiciste esa vez con el mapa-recordó Phelesmon conteniéndose la risa y "cambiándose de bando".

-¡Basta!-bramó Lucemon enfurecido y con ambos puños cerrados-Se supone que has venido aquí a ayudarnos, más vale que tengas una buena idea respecto a esto-golpeó con la palma abierta en la mesa.

-Sobre eso me encargaré más tarde-dijo el digimon sin más y levantándose-de momento tengo que tomar el norte de la región del trueno y ocuparme de alguien. Además, esas tontas estrategias que están sugiriendo no los van a llevar a ninguna parte; solo a perder más digimons-se encogió de hombros-pero como he visto que eso te vale nada, puedes proceder del modo que mejor te parezca. En cuanto termine mi parte veré cómo me hago de la región del agua, aunque por cierto ya veo que eso tomará un poco más del tiempo que tenía pensado. De momento, terminaré de elegir a los digimons que conformarán mi unidad principal; los de la última vez habían sido prestados.

El samurái salió del lugar solo para ser de nuevo acosado afuera por la femme fatale que lo estaba esperando tras la puerta. La digimon se colgó de su brazo y lo siguió junto a Matadormon a los terrenos exteriores del castillo Berúng.

Desde allí se encaminaron por las sombrías calles que conformaban la ciudadela que rodeaba el castillo de Lucemon, en donde se levantaban, como destruidas por el paso del tiempo y una guerra, las casas y edificaciones de los digimons que tenían cierta posición y prestigio en el mundo de abajo. Lilithmon hablaba y hablaba sobre cómo y cuánto les había costado mantener aquella ciudad, y que cientos de años antes era un hermoso y gigantesco lugar, propio de los cuentos épicos de la antigüedad, y que el descontento de los digimons oscuros por las tierras en las que vivían habían llevado a una rebelión tras otra, guerras civiles y otros desastres que no permitían nunca el levantamiento del mundo bajo el Mar de la Oscuridad. Ciertamente les costaba mucho tener su propia identidad y comunidad, pues allí abajo todo escaseaba.

Excepto el odio y la escasez.

A Gaiomon no le agradaba en nada el aire negativo que se respiraba allí abajo, y toda esa ruina y retroceso en los avances de los digimons que tenían que vivir ahí. Era un submundo destinado a perecer día a día, eternamente. Los que de allí salían era a costa de una vida atormentada, luchando contra otros y destruyéndose entre ellos para volverse más fuertes y buscar algo mejor arriba. Pero para ese entones ya se estaba lo suficientemente envenenado de sangre y odio como para volverse blanco fácil de los Royal Knights y las demás "deidades guardianas". Se reservó un gruñido y pensó en su hermano. Tan convencido estaba de que llevaba haciendo bien su trabajo toda su vida, todos esos largos once mil años, y no tenía la más mínima idea de lo que se vivía allí abajo. Arriba parecía literalmente el paraíso comparado con aquel lugar.

Caminaron largamente hasta atravesar las paredes que rodeaban la ciudadela y salieron al mundo exterior. A su izquierda se abría un camino de tierra que conducía a la base de operaciones más cercana del castillo, en donde estarían reunidos y esperando los digimons que servirían en la armada de Gaiomon. Claro que el General no tenía pensado tomarlos a todos y empezar a dirigir la guerra. Él era muy metódico y solo elegía lo mejor del granel para llevar a cabo sus ataques. Siempre había sido así, y los que habían estado bajo su mandato siempre habían acabado como guerreros de renombre, que conseguían superar sus propias expectativas y forjar sus propios caminos, generalmente alineados y basados en lo que el digimon enseñaba por medio del decir y hacer. Por eso no elegía cualquier cosa, o solo sería perder el tiempo.

Cuando ingresaron a la base, fueron recibidos por el Karatenmon a cargo, quien saludó respetuosamente a la Demon Lord y al General, y los condujo a la parte de atrás en donde estarían los digimons. Al salir, los tres digimons se encontraron con un grupo aproximado de mil soldados, aunque el Karatenmon había asegurado que llegarían más para el atardecer. Gaiomon se preguntó cómo habían establecido allí abajo los horarios si todo el día estaba el cielo oscurecido. Con un leve gesto hizo que Lilithmon le soltara el brazo y caminó hasta detenerse en frente del gran número de digimons.

Hizo una observación general; digimons desde el nivel rookie al ultra mayormente, y escasos en nivel mega. Los niveles de poder no se diferenciaban mucho, lo que significaba que estaban bien entrenados. Aún así no le agradaba del todo lo que le habían traído. Había de todos los tipos, familias y grupos, aunque a él no le afectaba tenerlos a todos de un solo tipo en específico. Eso no contaba en batalla si tenías a los hombres correctos.

El General empezó a caminar al frente mientras hablaba en voz alta.

-He venido aquí, no para buscar soldados-dijo pesadamente y con la vista al frente-sino guerreros. Guerreros de verdad que luchen por ideales; que tengan un verdadero propósito y no estén aquí solo porque los obligaron o busquen destruirlo todo. No trabajo con digimons asesinos, ni "programados", sino con impulsos.-se detuvo y se volvió hacia el grupo-Los que cumplan con esos requisitos se quedan, el resto que se largue.

Se levantó un murmullo entre los cientos de digimons que estaban allí, y de a poco muchos de ellos comenzaron a moverse y a marcharse. Pronto el número quedó reducido a casi la mitad. El General asintió con la cabeza, pues esperaba quedarse con mucho menos.

-Al menos queda un poco de honestidad aquí abajo-comentó mientras seguía caminando.

Estudiaba a los digimons solo con la mirada, leyendo en ellos todo lo que necesitaba saber y descartándolos de a uno.

-Tú-apuntó a un Turuiemon que estaba algunas filas más atrás-fuera de aquí.

El digimon pareció muy sorprendido.

-Pero ¿por qué?-quiso saber.

-Los cobardes no me sirven, así que estás fuera-sentenció cruzando los brazos sobre el pecho.

El digimon estuvo por rebatirle, pero su mirada aplastante parecía reflejarle el miedo que sentía dentro de tener que salir al mundo de arriba y morir, por lo que agachó la cabeza y se marchó, humillado. La misma situación se repitió con una veintena de digimons más, hasta que el digimon oscuro calculó que tenía más o menos lo que necesitaba. Siguió caminando, revisando una última vez que ningún cobarde ni adicto a la destrucción se le hubiera escapado, cuando reparó en un DinoHumon que estaba en segunda fila, con la cabeza gacha y cierto grado de ansiedad contenida. Lo observó unos segundos, y siguió caminando.

-El DinoHumon de la segunda línea-dijo, a lo que el joven levantó de golpe la cabeza-fuera.

El digimon pareció sorprendido e indignado de escuchar aquello. No pudo articular nada al principio, luego negó con la cabeza y respondió.

-No.

Todos a su alrededor se sorprendieron de escucharlo, y le miraron de reojo. Gaiomon se detuvo, y de espaldas a él, le preguntó.

-¿Qué dijiste?

-…que no me iré…-respondió el otro con cierta dificultad.

El General se volvió a verlo y avanzó lentamente hacia él. Los que estaban alrededor del dinosaurio se hicieron a un lado, dejando al digimon solo frente al General. Gaiomon parecía aplastar completamente a DinoHumon con su gran tamaño y presencia, pero el joven no se movió de su lugar ni se empequeñeció ni un solo poco. La mirada castigadora del mayor sin embargo le obligó a bajar un poco la cabeza.

-Repite eso que dijiste-exigió Gaiomon sin levantar la voz.

DinoHumon tragó saliva, apretó los puños y levantó la cabeza.

-Que no voy a irme-sentenció.

-¿Te atreves a desafiarme?-dijo el otro con aire divertido y ladeando un poco la cabeza-¿Por qué te crees merecedor de estar aquí? Eres un niño asustado.

-¡No lo soy!-exclamó el digimon cerrando los puños y dándose fuerza para enfrentar al digimon-¡He entrenado toda mi vida para estar aquí, quiero luchar y probar mi valía!

-Pero estás muerto de miedo-dijo el virus.

DinoHumon se acalló y miró en otra dirección, un poco avergonzado.

-El que tenga miedo no significa que no pueda luchar…

-Eso es muy cierto-respondió Gaiomon cerrando los ojos y alejándose, mientras continuaba caminando.

El digimon dinosaurio suspiró aliviado y se tranquilizó un poco. Al menos había podido defender su lugar, y nada menos que ante un General. Habían quedado unos quinientos y poco digimons, y Gaiomon estimó sus posibilidades con aquel grupo y el que había conseguido el día anterior. Serían unos ochocientos digimons en total los que conformarían su armada, aunque podrían entrar o salir más con el tiempo. Sonrió para sí y se detuvo a un lado del grupo.

-Mañana al medio día, ustedes me seguirán a enfrentar a la armada de los Royal Knights. Veré entonces si realmente valen la pena y son lo que creen o dicen ser. Los mentirosos por supuesto morirán allá arriba, y no es que realmente me importe. Si están dispuestos a luchar por un lugar en el digimundo, regresarán dejándolo todo allá arriba. La vida si es necesaria. Cuando estén allá, quiero que demuestren un poco de valor a la hora de pelear. Si van a enfrentar al enemigo, van allá a acabar con ellos, no a torturarlos ni idioteces parecidas; no tenemos tiempo para esa clase de cosas y no son dignas de nuestros propósitos e intensiones. Lo que queremos es nuestro espacio-levantó la voz haciendo eco en la lejanía-¿Lo queremos?

Un pronunciado "sí" se levantó de los digimons que escuchaban a su nuevo líder, sintiendo como de a poco las energías y determinación del General iba penetrando en ellos, y haciéndoles entender que no eran seres de oscuridad y destrucción que habían llegado hasta allí para exterminar la tierra de arriba, sino para reclamar su derecho a un lugar digno, como digimons que también eran.

Lilithmon se impresionó mucho de escucharlo hablar y ganarse rápidamente a los digimons que habían decidido seguirle. Sus intenciones eran las mismas que las de Lucemon, de conseguir un espacio en el mundo de arriba, pero ella bien sabía que una vez lo hubiesen conseguido, el ángel esparciría su poder y ambición por todo el digimundo, inclinando completamente la balanza para los seres del Mar de la Oscuridad y aniquilando al resto. Le apenó el saber que tenía tan excelente arma bajo su dominio y le daría tan mal uso. Aunque Gaiomon parecía saber perfectamente de las intensiones de Lucemon, y como ya se había mostrado, estaba segura de que sería el alto en los movimientos desbordados de aniquilación del ángel.

-Me dijo que el siguiente grupo estaría aquí al atardecer.-dijo el digimon negro a Karatenmon, quien asintió-Me parece bien. Quiero a toda esta unidad entrenado hasta el anochecer.

-Sí mi señor-afirmó el guerrero ave, mientras se adelantaba y repartía instrucciones a los digimons.

Gaiomon llamó al DinoHumon que le había enfrentado anteriormente y a dos digimons más para entrenarlos personalmente. Un Grumblemon y un Tekkamon que habían llamado su atención por su buen nivel y evidente equilibrio. Aunque tendría mucho trabajo que hacer con ellos antes de convertirlos en verdaderos guerreros. El entrenamiento de la unidad terminaría aquella noche, pero el de esos tres continuaría hasta pasada la madrugada.


Al día siguiente y puntualmente, Gaiomon y su ejército estaban situados en el borde de la región conquistada esperando a sus enemigos. El General estaba de pie sobre una elevada columna de roca para observar al ejército enemigo aparecer a lo lejos. Con una simple mirada calculó que les doblaban el número, y se trataba del ejército del General Justimon, aunque también traía digimons de otro tipo.

-Cyborgs, máquinas y marionetas mi señor.-le informó Matadormon después de volver de su inspección-Es raro que el General Justimon utilice marionetas; trae un número significativo de los del tipo "Chess"-dijo haciendo alusión a los muchos PawnChessmon, KnightChessmon, RookChessmon y sus contrapartes blancas que componían la unidad del Cyborg-¿A qué cree que se deba?

-Los Cyborgs y máquinas son más resistentes y se reparan con facilidad a sí mismos; las marionetas se mueven con más facilidad en el terreno y son fáciles de producir, igual que las máquinas-respondió el General, sabiendo que el número de marionetas habría sido obtenido por pedido de Justimon a los Reyes del imperio del Metal-Que los hombres se preparen.

El vampiro asintió y se marchó a repartir instrucciones a los digimons que aguardaban el momento. Gaiomon permaneció en su lugar hasta que la batalla hubo dado inicio, aguardando su oportunidad.

Mientras, la situación era evaluada por los Royal Knights en su castillo, con todos los instrumentos y máquinas estudiando la situación. La última vez habían sido muy pocos los datos recaudados, pues los instrumentos de estudio habían sido destruidos durante el ataque del digimon negro.

-Esta vez determinaremos su proceder con cuidado y estudiaremos sus tácticas y métodos para enviar a sus soldados-decía Duftmon mientras tecleaba cosas en el gran tablero frente a él.

En la misma sala estaban Omegamon, Gallantmon, su siervo y el General OuRyuumon acompañado de su pequeño lugarteniente. El dragón les había ayudado con la estrategia desarrollada y tenía cierta curiosidad por el método de lucha que utilizaría su enemigo; habiendo conquistado el sur de la región del trueno en un día, debía tratarse de un táctico decente, aunque se negaba a admitirlo enteramente. En cuanto los dos Generales dieron la señal de inicio, las cámaras que monitoreaban la situación transmitieron a los digimons el avance de la pelea.

Los primeros en avanzar fueron las marionetas del General Justimon. Estas eran rápidas y alcanzaron dentro de poco la mitad del campo. A un movimiento de Gaiomon, muchos digimons salieron desde las filas de atrás y adelantaron de un salto a los primeros.

-Demonios-masculló Gallantmon al verlos.

Eran todos digimons con habilidades de fuego, y avanzando rápidamente, dispararon directo contra sus enemigos y los incendiaron, convirtiendo el campo en un infierno. Justimon dio su orden, y los digimons máquina avanzaron veloces hasta el enemigo y les alcanzaron con sus disparos, bombas y misiles. El ejército de Gaiomon avanzó entonces y se dio inicio a los golpes, los choques de poderes y técnicas especiales. El General oscuro permaneció en su lugar, dando indicaciones a los digimons que quedaban con él, los que procedían de manera rápida y organizada a sus órdenes.

-Fíjate-dijo Duftmon a Omegamon a su lado-refrenó el ataque inicial y ahora ha movido a sus unidades de tierra más veloces entre los digimons de Justimon.-dijo apuntando a varios digimons de mediano tamaño y rápido movimiento del ejército de Gaiomon que se colaban entre las filas enemigas para llegar hasta el punto más alejado, y comenzar a atacar desde allí hacia adelante-Es bastante arriesgado.

-En solo un par de días ha conseguido organizarlos bastante bien-apuntó Gallantmon con los ojos puestos en la pantalla.

Omegamon no dijo nada, solo esperó a que Justimon consiguiera la mejor forma de detenerlos y defender aquella zona. El General Cyborg avanzó rápidamente hacia el enemigo, manteniéndose aún alejado del frente en donde se concentraba el mayor número de soldados. A su orden, todos sus digimons máquina levantaron sus armas y dispararon hacia el punto más alejado, cayendo una lluvia de fuego sobre el enemigo. A indicación de Gaiomon, digimons de defensa mágica crearon las barreras que detuvieron el ataque y defendieron a los suyos, mientras los digimons voladores se lanzaron a destruir al oponente atacando desde el cielo.

OuRyuumon reparó en algo de pronto.

-Los digimons de fuego-dijo mirando la pantalla-se han esparcido.

Los demás notaron también que los digimons que habían hecho el ataque inicial ya no estaban al frente, y se encontraban dispersos en los lados este y oeste del centro del campo de batalla. Se estaban organizando.

-¿Qué se supone que…?-preguntó Gallantmon.

-No puede atacar con sus digimons en el centro del lugar; sacrificaría la mitad de su unidad-dijo Duftmon al notar la estrategia que tenía pensada el virus y el número de hombres que tenía al centro del campo.

-Él no es capaz de hacer eso-dijo Omegamon un tanto tenso. Jamás creería que su hermano sacrificaría a tantos digimons por conseguir una victoria-Él no es así…

Al par de minutos los digimons de Gaiomon estaban en posición, y el virus levantó el brazo. Los digimons que observaban la escena quedaron petrificados, sin creer todavía lo que el General estaba por hacer. Al ver su indicación, los digimons de fuego hicieron su señal llameante en el cielo, captando la atención de todos los soldados en el lugar al ver el cielo incendiarse sobre ellos. Al instante, todos los soldados de Gaiomon acataron y desaparecieron tragados por la tierra.

-¿Qué demonios?-exclamó OuRyuumon al ver aquello.

-¿Desaparecieron?-dijo ShineGreymon sin entender qué había pasado.

-¡Usaron los portales oscuros!-rugió Gallantmon golpeando la mesa con el puño.

-Eso significa que…-dijo el dragón mirando la pantalla con los ojos completamente abiertos.

Al momento en que Gaiomon bajó el brazo, todos los digimons que rodeaban el campo de batalla bajaron su fuego y arrasaron con todos los soldados de Justimon, carbonizándolos y haciéndolos estallar, produciendo enormes explosiones seguidas por todo el campo y convirtiendo el lugar en un verdadero caos. Omegamon y los suyos ahogaron una exclamación al ver cómo el enorme ejército de Justimon era reducido a metal chamuscado, y de pronto, cruzó en frente de la imagen la silueta oscura del General, avanzando veloz como una sombra de muerte directo hacia Justimon, quien entre todas las explosiones, no había reparado en la presencia del digimon negro avanzando hacia él. Duftmon abrió la ventana de comunicación.

-¡General Justimon, Gaiomon se dirige directo a usted!

El cyborg recibió la advertencia y transformó su brazo en el enorme Accel Arm, listo para defenderse, cuando de entre el fuego apareció de un salto el digimon negro, elevándose metros en el aire y con ambas espadas desenvainadas. Las levantó juntas sobre su hombro derecho y las deslizó rápidamente hacia abajo, produciendo con el corte en el aire, una gigantesca onda de energía brillante y fuego.

-¡RINKAZAN!

El gigantesco impacto dio de lleno sobre Justimon, quien no pudo esquivar el rápido movimiento ni detenerlo, siendo levantado del suelo por la poderosa energía que destruyó el suelo a su alrededor y lanzó al General metros lejos, inconsciente.

Y con su Digi-core expuesto.

-¡Justimon!-exclamó el felino estratega al ver aquello.

Todos en la sala quedaron estupefactos al verlo. Justimon yacía en el suelo y con su digi-core rodeando su cuerpo. Gaiomon cayó sobre sus pies y guardó ambas kikurin en su cinto. Avanzó hasta estar al lado del cyborg y le observó un momento con sus pesados ojos. Omegamon le observaba, negando con la cabeza.

"No, él no es capaz. No lo mataría…"

Los soldados del General negro reaparecieron rápidamente y aniquilaron a todos los digimons que habían sobrevivido al ataque de fuego. Rápidamente todos los robots habían caído, y la batalla había concluido con el marcador dándole otro punto al General oscuro. El digimon recibió el informe de Matadormon y asintió satisfecho. Miró nuevamente a Justimon, quien aún no se reponía del golpe y levantó la cabeza, mirando directamente al minúsculo aparato de observación con el que sabía, su hermano y sus demás Generales estarían observando la situación. Hizo un gesto indicando al digimon postrado en el suelo, dándole a entender a Omegamon y a los otros que vinieran a retirarlo cuanto antes o la cosa se pondría peor.

Gallantmon rugió y golpeó con su puño en el tablero, dejando una abolladura en éste. Duftmon puso ambas manos en la mesa y bajó la cabeza, negando y pensando en el fracaso obtenido por segunda vez consecutiva, y en el estado de su General. A OuRyuumon le saltó el párpado de la indignación. La forma en que había vencido, su estrategia, el haber dejado a Justimon como lo había dejado, su gesto displicente, todo le había hecho enfurecer al tope, pero solo lo delataba ese imperceptible tic en el ojo. Se reservó un gruñido y volvió la cabeza de golpe. Tenía un problema con ese sujeto, y parecía ir de mal a mucho peor; habría que resolverlo.

Con la moral por el suelo, Omegamon se dio la vuelta y salió del lugar.


La región del trueno estuvo completamente ocupada por el Mar de la Oscuridad aquella noche. Los civiles fueron arrestados y enviados por medio de los Trailmons a las regiones más apartadas por orden de Gaiomon. Sus soldados, junto a los que ahora ocupaban el lugar, celebraban el triunfo abiertamente, arrasando con toda la comida que habían conseguido y haciendo todo tipo de "manifestaciones".

El digimon oscuro se encargó de dejar una fuerte seguridad rodeando la frontera de la región y comenzó a trazar planes. Se sorprendió de sentir la presencia de Lucemon en el lugar, y se reunió con él. El digimon parecía furioso.

-Lo dejaste ir-bufó apuntándole acusadoramente al encontrarse ambos.

-¿Cómo dices?-preguntó el digimon con un gesto de curiosidad.

-¡Dejaste a Justimon vivo!-bramó el otro-¡Debiste haberlo matado para deshacernos de sus malditos Generales! ¿Cuál demonios es tu problema?

-¿Cuál es el tuyo?-preguntó Gaiomon con una sombra de molestia en su semblante-Aparte de no saber manejar una guerra pareces tener muy mala memoria Lucemon.

-¿De qué hablas?-quiso saber el otro.

-Te recuerdo que en nuestro trato te dije claramente que si querías un territorio conquistado, te lo daría. Si querías a uno de los hombres de la armada de la Orden muerto, te lo daría, pero todo por separado.

-¡Tienes que estar jugando!-rugió el ángel perdiendo la paciencia, completamente furioso al ver que Justimon estaba a un simple movimiento de haber desaparecido, y el digimon lo había dejado ir.

No se dio cuenta más que por un destello azulado, que Gaiomon había desenvainado y le apuntaba directo al rostro con una de sus flamantes espadas. Sus ojos amarillos resplandecían en furia, pero el General se mostraba sereno.

-¿Te parece que estoy jugando?-le preguntó seriamente.

Los digimons que se encontraban alrededor se hicieron atrás. Resultaba inaudito ver que un digimon se atreviera a amenazar al supremo señor del Mar de la Oscuridad. Debía estar loco. Sin embargo, Lucemon le hubiese puesto en su lugar si hubiera sabido con lo que estaba tratando. Como lo desconocía, hizo un gesto de fastidio y le restó importancia al asunto. Gaiomon regresó su arma a su lugar.

-Lo importante es que tenemos la segunda región bajo nuestro dominio ahora.-dijo dejando el asunto de lado-¿Cuándo procederás con la siguiente?

-Cuando se me antoje-respondió Gaiomon pasando por su lado y echando a andar.

Aquella falta indignó completamente a Lucemon, pero el ángel se contuvo y controló su furia. Gaiomon por su parte se alejó y llamó a Matadormon para que le llevara de regreso al Castillo Berúng. Aún no tenía ninguna experiencia abriendo los portales oscuros, pues se necesitaban años de práctica y conocimiento para aprender a manipular aquel tipo de magia negra, por lo que el vampiro tenía que seguirle a todos lados para transportarlo a donde él demandara. A veces podía conducirlo hasta a veinte lugares diferentes en un par de horas, lo que para el teniente resultaba bastante agotador.

Una vez en el Castillo, Gaiomon se encaminó hacia la sala de comunicaciones para enviar un mensaje a su hermano, siendo detenido a medio camino por los dos Generales que estaban en el lugar en ese momento. Machinedramon casi echaba humo.

-Eres bastante insolente para ser tan pequeño-dijo, haciendo referencia al episodio de hacía pocos minutos atrás-No tienes ningún derecho a dirigirte de ese modo al amo Lucemon.

Si de algo se caracterizaba Machinedramon era del gran respeto y obediencia que demostraba a Lucemon, y no toleraba que nadie intentara pasarse de listo con su señor. Esa clase de digimons siempre terminaban desaparecidos bajo su gigantesca garra. El digimon negro le observó y luego pasó de él y de Phelesmon. El demonio rojo casi se fue de cara al suelo con esa respuesta.

-¡Te estoy hablando!-rugió Machinedramon girando su pesado cuerpo para ver al samurái.

-¿Ha conseguido algún territorio, General Machinedramon?-le preguntó el espadachín sin darse la vuelta-¿Alguna región, un área? ¿Alguna victoria en estos meses de guerra?

El robot no respondió a la pregunta.

-Yo sí.-dijo Gaiomon con cierta satisfacción-Y en menos de media semana. Estoy un poco cansado y no quiero gastar ni mi tiempo ni mis energías discutiendo con ustedes.-miró al digimon por sobre el hombro con sus siniestros ojos-Así que si me disculpan, intentaré dormir algo esta noche. Si alguien me necesita, que me busque después del desayuno.

Y con esto, el virus se volvió y retomó su camino al segundo nivel del castillo. Los otros dos Generales quedaron abajo, y después de un momento de silencio, Phelesmon suspiró y se rascó la cabeza.

-Este sujeto es aún más odioso que Myotismon, tú y Ghoulmon juntos-dijo con su gigantesca sonrisa lunática-Pero hay que ver que tiene mejor sentido del humor.

Por toda respuesta, Machinedramon se volvió y dejó salir un leve gruñido, encaminándose a su sala de computadoras. Phelesmon se quedó viéndolo, reconociendo esa actitud ante una situación.

-Oye, oye; tienes algo en contra de ese tipo y no es por su mal carácter-dijo, siguiéndole desde atrás.

Machinedramon no dijo nada, solo entró a la enorme sala de computadoras y comenzó el trabajo de su proyecto sin terminar. El demonio rojo le observó sin darse por vencido.

-Anda-insistió-Sé que escondes algo~

-Tengo un mal presentimiento sobre ese sujeto-sentenció el robot con la mirada fija en la nada.

Phelesmon le miró extrañado. Machinedramon jamás tenía presentimientos, y de los pocos que había tenido, siempre habían sido certeros y negativos.

-¿Qué clase de presentimiento?-preguntó.

El robot bajó un poco la cabeza procesando muchas cosas a la vez, y no le gustaban nada.

-Creo que ese sujeto será lo último que voy a ver…antes del final.

Continuará...


Lady Beelze: ¡Wow! Machinedramon tiene un horrible presentimiento! D: ¿Qué pasará entre Gaiomon y él? El nuevo ha venido para darles dolor de cabeza a todos, no solamente a la Orden xDD ¡En el próximo capitulo...! *-* ¡El pasado de los dos hermanos! Gaiomon pondrá a Omegamon contra las cuerdas, obligándolo a buscar algo en específico entre las memorias de hace 11.000 años atrás! :D jur! ¿Podrá recordarlo antes de que se le venga el mundo abajo? 8DDD Pasen al blog si desean ver detalles de este cap ^^ (aunque son pocos pero bueh xD )

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