Nota del autor:

Después del especial de navidad (que obviamente escribí antes del 21 de diciembre, fecha del tan pero tan cacareado fin del mundo) paso a un capítulo especial de recuento de todo el proceso de paz en su primera y segunda etapa (referente al desarrollo agrario sostenible y a la participación política de este movimiento guerrillero).

Este recuento especial buscará condensar los 20 capítulos que hasta el momento se han publicado sobre el proceso, y que han intentado condensar las ultimas noticias y actualizaciones con respecto a los diálogos, debido a que el 21 de diciembre de 2012 (fecha en la que termina el ciclo 13 de la gran cuenta larga del calendario maya) se da por concluida la primer etapa de los diálogos. Este capítulo será un conclusivo de los diálogos, (debido a que me anticipé demasiado en subir el especial de navidad) en el cual se dará cuenta de todo lo relatado hasta el momento.

Según las recientes declaraciones de Humberto de la calle, el receso terminará el 15 de enero de 2013 en donde se dará por conclusión a la segunda etapa, pasando a la tercera: el reconocimiento del derecho de las victimas del conflicto. Aunque han coincidido ambas partes en afirmar que "los diálogos han fluido armoniosamente", se nota también una insalvable división entre ambas partes, en especial en cuanto al tiempo, el planteamiento de reformas de fondo, y la cada vez más notoria división ideológica en el mismo secretariado.

Debido a esto, se puede considerar este capítulo, y el capítulo que le sigue como una especie de "Cierre de temporada" de "Una Esperanza De Paz". Incluiremos también algunas de las ultimas declaraciones con respecto al desarrollo de los diálogos, y quizás haga una aparición especial "Uribe-sama" en este capítulo.

Tengo entonces que establecer una pequeña corrección al respecto: He usado el nombre de Sören Andersen para Dinamarca, sin saber que Himaruya-sensei ya le dio un nombre oficial: Mathias Køhler. Ya no puedo corregir, porque sería tedioso tener que editar y volver a rescribir entonces las historias, por lo que he tenido que tomar una decisión: Seguir con el nombre, que por así decirlo, le di, y ya en una próxima historia entrar a usar el nombre establecido. Noruega sin embargo, usa uno de los tantos nombres propuestos por Himaruya: Lukas Bönndevik.

Hasta este momento les agradezco a todos ustedes su atención a esta historia. Disfruten la lectura.

Capítulo 20: ese amargo recuerdo, esas crueles heridas.

La Habana, 26 de diciembre de 2012.

Aún surgían dudas después de haberse dado por concluida la segunda etapa de las negociaciones. El tema aun rondaba en el aire, después del tan cacareado fin del mundo, y en especial después de haber pasado una nochebuena bastante agradable en casa de Lukas. Sentía que en cierto modo, sus energías habían sido recargadas, y al menos había conseguido desestresarse. Y tenía al menos que aceptar que la compañía de Sören era un poco agradable. Le recordaba mucho a Gilbert.

Regresaba entonces a La Habana solo con la compañía de Carlos. Lukas se había quedado en su casa, en donde pasaría las fiestas del middsomar1. Manuel había decidido quedarse en casa de Arthur, para terminar de pasar las festividades. Mientras que José… bueno, José tuvo entonces que regresar a caracas en donde el señor Maduro le requería para algunos asuntos de suprema urgencia que no le podía comunicar.

A pesar de que el cierre de la segunda etapa había sido el 21, y los negociadores habían ya partido el 22 (agregado al hecho de que él había pasado las festividades de navidad después del cese de la ronda de diálogos), necesitaba dejar unas cuantas cosas claras con los negociadores de ambas partes que aun permanecían en la Habana, con respecto al desarrollo de la tercera etapa de los diálogos que iniciaría el 8 de enero del año próximo. Aun permanecían en la ciudad Humberto de la Calle y Enrique Santos, principales promotores de las conversaciones, y el equipo de negociadores de las FARC por obvias razones aun permanecía en la ciudad (dadas las restricciones que se les habían impuesto para evitar una posible "doble agenda").

Y también estaba el hecho de que la mayor parte de sus cosas aun permanecían en casa del cubano. Juan simplemente recogería sus cosas, y se despediría, para regresar de nuevo a pasar las festividades de año nuevo en la tranquilidad de su hogar. Quizás podría invitar a José, a Pilar, a Enrique y a Pedro, o tal vez invitar a Lukas, para al menos devolverle la atención que tuvo con el al permitirle pasar las festividades en su hogar. Y sin embargo, también tendría que pensar en como poder manejar los problemas con los que tendría que lidiar en este momento con respecto a varios escándalos y reformas que en cierto modo no le convencían de a mucho.

Estaba en ese momento arreglando su equipaje, después de haber regresado. Ya tenía una de sus maletas listas, y solo faltaba la maleta con los documentos. No notó entonces la presencia de cierto molesto nicaragüense de cabello ensortijado y ojos color café.

—veo que tienes mucha prisa por largarte.

Juan no quería darse vuelta. Rodrigo llevaba entonces en ese momento un conjunto enteramente blanco, camisa del mismo color y sandalias de cuero. En su cuello, llevaba un collar de conchas marinas.

—supongo a que vienes —dijo el colombiano con fría dureza.

—Sí, pero no solo vengo por eso —le respondió el nicaragüense con una seriedad imperturbable— también tengo el deber de desearte un feliz cambio de era.

—si, si… el fin del 13 baktún… y el inicio de una era de cambios y despertar espiritual. Los mamos de la sierra me lo dijeron antes de que partiera a La Habana. —dijo entonces el colombiano de forma algo cansada— pero no creo que me vengas a felicitar así como así.

Se formó un silencio incomodo entre los dos. Juan entonces se dio vuelta y lo confrontó. Era extraño, pero parecía que en ese momento Rodrigo estaba mas tranquilo y sereno, más relajado.

—tienes razón. Quería ir el 21, pero con todo esto del fallo, y el hecho de que Santiago insistió que fuera a un ritual de purificación en Tikal, hizo que no pudiera ir—después agregó— cuando me intenté comunicar contigo, me habían dicho que te habías dirigido a Noruega a pasar las navidades.

—claro, y supongo que volverías a insistirme con respecto al cumplimiento del fallo de la corte—le espetó entonces el colombiano de forma ruda— te lo dije, te lo repito, y si es preciso te lo volveré a repetir hasta que entiendas. No pienso acatar el fallo, porque ya no me acojo a lo que diga la corte.

Intentó evadir el tema.

—Santiago me dijo que tenía que dejar todo lo malo atrás, para que mi futuro no fuera tan adverso en esta nueva era. —dijo entonces Rodrigo de forma algo tímida—y creo que ya es hora de que aceptes que no es justo que estés desacatando una sentencia que ya la corte profirió.

—tu iniciaste esto —le respondió con contenida rabia Juan Pablo— tu querías quitarme el archipiélago y un buen pedazo de mar… y claro, lo conseguiste. —luego, agregó— y no dudaste en restregármelo a la cara cuando tuviste oportunidad.

Eso no era admisible para Juan pablo en ese día. Lo recordaba con tanta claridad, que no podía evitar sentir rabia.

—me dejaste plantado en Ciudad de México —exclamó entonces Nicaragua.

—sencillamente no quería verte la cara.

Otra vez silencio.

—una nueva era… —exclamó entonces el colombiano— cada vez que pienso en mi pasado, miro solo sangre, muerte y lagrimas, ¿cómo puedo borrar eso?, dime ¿Cómo puedo olvidar todos mis muertos?

—no somos perfectos. —respondió el nicaragüense— los muertos jamás pueden olvidarse, pero podemos redimir a los vivos.

Rodrigo recordaba con toda claridad la espantosa guerra civil que había vivido tantos años atrás y que lo había consumido. Los países que conformaron el grupo de Contadora habían conseguido atajar la masacre y el derramamiento de sangre en Centroamérica, estableciendo un pacto común que traería la paz. El pacto de Esquipulas remedió esa espiral de conflictos. Y sin embargo, a pesar de todo, a pesar de que Juan Pablo hubiese conseguido junto con Pilar, José y Pedro la pacificación de Centroamérica, aun este primero seguía hundiéndose en medio del desastre de la guerra.

Dejó entonces un collar de conchas en una mesita del cuarto.

—¿Qué es esto? —inquirió Colombia con desinterés.

—ah, esto… solo es un collar. Santiago me dijo que te serviría para lo que se te avecina el año que viene, y los próximos. Él dice que necesitarás de todo el apoyo y la energía positiva que tengas para que puedas seguir adelante con tu transición al cambio.

—¿transición?

—si, transición—respondió entonces Nicaragua— o eso es lo que dice el.

—bien.

Tomó entonces el collar de la mesita y lo miró con más detenimiento. Eran simplemente varias conchas marinas unidas alrededor de un cordel de cáñamo. A el en cierto modo le era indiferente todo aquel asunto de las profecías mayas, porque consideraba que todo el bombo mediático que se le había dado era simplemente una farsa de Alfred para ganar más réditos. Y eso disgustó en cierta medida a Santiago2 y a Thomas (Belice) que se tomaron su tiempo para preparar un ritual de purificación con todas las naciones centroamericanas en Tikal.

—¿tienes otra cosa que decirme?

—Ortega te manda a decir que tienes que acogerte al fallo. — luego le agregó— dice también que hasta ahora no ha decidido poner en discusión todo esto ante el consejo de seguridad porque tu presidente nos pidió que simplemente no diéramos problemas.

—claro… aunque creo que en este momento algunos miembros del consejo no tienen tiempo para analizar este asunto.

—puedes estar tranquilo —agregó entonces Rodrigo— no voy a hacer nada en contra tuya, si deseas que tu gente pesque en las cercanías a los cayos, solo tendrían que pedirme permiso.

Eso le irritó aun más. Sentía que Rodrigo había venido a al menos arreglar un poco las cosas, pero como dice el adagio popular, "lo que hace con una mano, lo borra con el codo".

—¿permiso?, esas aguas siempre me han correspondido, así que no sé en que te cabe a ti decir que tengo que pedirte permiso para que mi gente pueda pescar en esas zonas.

—ya no son tus aguas —contestó entonces imperturbable el nicaragüense— la corte me las concedió, así que deberías quitar tus fragatas de la zona porque estás violando el derecho marítimo.

—no has cambiado nada.

Terminó entonces de hacer su maleta. Tomó la otra, y se dirigió a la puerta. Miró a Rodrigo.

—tienes que aceptarlo, por el bien de todos.

Lo hizo a un lado de forma ruda. No pidió permiso. Se dirigió entonces hacia la sala, en donde ya se dispondría a salir.

—no pienso aceptar todo esto.

Rodrigo sin embargo, se despidió de Carlos y se retiró.

—¿porqué permitiste…?

—lo permití porque Rodrigo simplemente vino a limar asperezas contigo —le dijo el cubano de ojos marrones y piel morena— es lo menos que puede hacer después de todo lo que te ha causado.

—si, pero creo que lo mejor habría sido que se quedara en su casa de Managua, y no se hubiera puesto en estas.

Se dirigió entonces hacia la puerta.

—gracias por todo Carlos.

—no tienes porqué —le dijo entonces el cubano— eres mi amigo, y sabes que puedes contar conmigo sin importar lo que pase.

Sin ningún aviso, el cubano abraza al colombiano antes de despedirse.

—bueno, solo será por unos días —contestó sonriente Colombia a su colega— tendré que regresar el 8 de enero, para iniciar de nuevo con la tercer etapa.

—te estaré esperando. Y espero que tengas un feliz año

Salió entonces, ya el taxi le estaba esperando. Subió entonces al el, mientras miraba desde la lejanía, en medio del claro sol de la mañana como la casa del cubano se perdía en medio del horizonte. Y la mano que agitaba Carlos Machado Martí se hacía también cada vez más borrosa y lejana.

Bogotá, unas cuantas horas más tarde.

Los brillos moribundos del día empezaban a iluminar la urbe, que apenas recién empezaba a recuperarse del apocalíptico desastre del sistema de recolección de basuras. Juan retornaba entonces a su hogar, después de tantos años de agotadora jornada, y simplemente no deseaba escuchar más de los diálogos que se habían desarrollado hasta ese instante. Tenía entonces que ponerse al tanto de todo lo sucedido durante su ausencia, los escándalos, las nuevas reformas. Y también los logros, que aunque incipientes eran pasos plausibles hacia un mejor futuro para su gente.

Llegó entonces a su sala, tirándose en la poltrona. Encendió la televisión, viendo entonces las ultimas noticias. Tenía que reconocer que durante todo el año había avanzado, habían empezado entonces a notarse evidentes progresos en áreas diferentes a lo militar. Aunque no todo a fin de cuentas era color de rosa, pues los escándalos no daban tregua, el sistema de salud publica aun funcionaba mal, y la corrupción parecía avanzar de mal en peor en algunos organismos del estado. Y la máxima consumación fue el escandalo de INTERBOLSA, el caos que había generado el nuevo sistema de recolección de basuras que acababa poco a poco con la imagen que quedaba de su capital, agregado a las aceradas criticas de su ex presidente, la cada vez más evidente polarización del senado, las reforma fútiles y cada vez más neoliberales del gobierno santos, que a pesar de sus bonitas y floridas palabras no le terminaban de tragar entero.

Eran entonces las 6:00 de la tarde. Alguien parecía tocar a la puerta, por lo que se dirigió hacia la misma.

—hola… perdón por llegar a estas horas.

—no, no hay problema Kike…

Era su hermano menor, Enrique. El ecuatoriano había ingresado entonces a la casa de su hermano mayor, vestido con un gabán color gris, y una bufanda negra. Usaba pantalones de tonalidad parda en ese momento, y parecía un poco fastidiado por el viaje. No era poco menos, pues estaban en plena temporada de año nuevo y evidentemente el caos en la entrada y salida de pasajeros en el aeropuerto Eldorado era cosa común.

—¿quieres algo de tomar?

—no, no hay problema. —le respondió entonces Ecuador.

Se dirigieron entonces a la sala, aunque Juan Pablo sabía a que venía.

—dime el motivo de tu visita.

—sabes a que vengo. —le respondió entonces Enrique de forma seria.

—si, debe de ser por lo de Sucumbíos. —dijo entonces Juan.

Miró atentamente la rojiza cicatriz del cuello, que su hermano intentaba disimular con la bufanda. Recordaba tal vez, que mucho antes de que sucediera aquel incidente su hermano rara vez usaba pañoletas o bufandas que le cubriesen el cuello. Y con posterioridad, después de que habían pasado cuatro años, prácticamente las bufandas, las pañoletas, los cubrecuellos y los sacos y camisas de cuello alto se habían convertido en sus prendas de uso diario. Algunos parecían advertir que se quería parecer a Iván, aunque solo Enrique, José y Pilar sabían claramente lo que ocultaban las bufandas, cuellos de camisa y pañoletas.

—Iván Márquez me pidió formalmente que repatríe los cuerpos de los que cayeron ese día, a través de emisarios de la cruz roja.

—no tienes porqué comunicármelo —le respondió entonces el colombiano al ecuatoriano— es tu decisión si deseas entregar los restos de sus muertos o no.

—también me preguntaron por los restos de "Raúl Reyes".

Se formó una extraña y patente tensión en medio de la conversación.

—no puedo decirte donde está. Es más, supongo que lo incineró el ejercito y esparció sus cenizas en alguna guarnición, para evitar que lo enaltecieran como un mártir o una victima de "mis atrocidades"

—no debiste haber hecho esto conmigo. —le atinó a responder Ecuador de forma seca— pudiste haberme llamado, pedirme permiso, pudimos haberlo capturado juntos.

—era mi deber. —aseveró entonces Colombia— y no podía seguir tolerando tu pasividad frente a lo que estaba sucediendo.

Cuatro años, y sin embargo parecía que hubiese pasado ayer. Enrique había terminado demasiado mal, estaba débil en esos instantes. Y llegó entonces Sebastián en medio del caos que empezaba a surgir, evitando en todo momento encender la chispa que iniciaría una guerra apocalíptica en Suramérica, consiguiendo atemperar la tensión creciente entre esos tres hermanos que se querían, y al mismo nivel se odiaban. Tuvieron que pasar años para que al menos bajaran los ánimos, y ambas naciones al menos intentaran echar tierra a aquel día. Pero siempre estaría allí aquel patente recuerdo. La cicatriz en el cuello de Enrique Alfaro, que tenía la forma de un corte profundo, y que aun parecía tener un tono evidentemente rojizo sería un recordatorio cruel de su lado mas oscuro. Y aun así, a pesar de todo, a pesar de que era consciente de que le había causado un daño bastante grave a su hermano, no sentía ningún tipo de arrepentimiento. Aunque en contraposición a esto, sentía un espantoso remordimiento de consciencia.

—sabes bien que si necesitas de mi ayuda, te la puedo ofrecer.

—con José, Carlos y Luke estoy bien. —luego agregó— ¿en donde te estás alojando?

—en mi embajada, ¿porqué?

—si deseas puedes pasar la noche aquí. Tengo un cuarto libre.

Aceptó entonces la propuesta. Sin embargo, alguien entonces tocaba a la puerta con presteza.

—espere, ya voy.

Al abrir lo distinguió claramente, y no supo que hacer, o que sentir con respecto a él. Miró el cabello entrecano, los fieros ojos marrones, escondidos detrás de los lentes de marco café, la sonrisa ladina tan característica del paisa promedio, el severo y agotado porte. A pesar de todas las rencillas, peleas, disgustos, gritos y escándalos, sentía que le debía mucho a él.

—Juan Pablo… es que no tenés la decencia de llamar aunque sea una vez por las fiestas —le reprochó el hombre.

—don Álvaro, usted sabe que he estado ocupado.

—si, si,… ocupado negociando con los terroristas asesinos esos de la FAR…

Pasó entonces sin pedir ningún tipo de permiso. Juan Pablo entonces le siguió, intentando evitar enfrentamientos entre su ex jefe y su hermano. Era evidente la incomodidad y la molestia frente a aquellos dos, que podía decirse "se despreciaban" a un nivel exponencialmente crudo. Más sin embargo las razones de peso con respecto a aquel desprecio eran evidentes, y no se necesitaba ser brujo para saber las razones.

—me decepcionás, Juan Pablo… —le dijo con algo de marcada tristeza el ex mandatario— es increíble a lo que has llegado: a recibir a auxiliadores de la guerrilla en tu propio hogar.

—no soy ningún auxiliador de la guerrilla—le espetó Ecuador con rudeza.

—entonces decíselo a Correa, o a los terroristas esos que tu ocultabas.

Estaba apunto de levantarse y golpear al ex presidente colombiano, cuando una mirada de advertencia de parte de su hermano menor le ataja.

—Don Álvaro… todo creo menos que haya venido usted a darme el feliz año

—¿sospechás de mi?, —se echó a reír— no solo es por eso hombre… también vengo a entregarte esto, que quiero que analicés con detenimiento.

Era una carpeta gruesa con todo lo referente al litigio que hasta ese momento no se había dado por concluido en la Corte.

—Don Álvaro… no pienso trabajar en estos días.

—no, no es por eso que te lo paso… simplemente me gusta tener las cosas claras con vos, porque tu representás al pueblo y tu merecés saber lo que pasó durante todo ese tiempo

No sabía en ese momento que pensar de su ex mandatario. Álvaro Uribe había sido hasta ese momento uno de los mandatarios más controversiales, odiados y queridos que hubiese tenido el país en ese momento. Con una convicción y una capacidad oratoria privilegiada, durante su primer mandato destilaba porte magnífico e imponente. Su carácter fuerte, severo y voluntarioso le devolvió la confianza a Juan después del desastre de la zona de despeje. Pero sin embargo, tenía un lado muy turbio, en el que parecía ser a veces un amoral sin ningún tipo de escrúpulos. Su segundo periodo fue de notorio desgaste y decadencia, pues los escándalos no se hicieron esperar.

—de todos modos le agradezco.

—si,.. y tenés que reflexionar lo que está haciendo ese traidor Calibán de Juan Manuel.. —agregó al final— lo que está haciendo es entregarte de nuevo a los narcoterroristas, ¿o es que querés volver a como estabas antes?

—no.

—entonces pensalo. Que ojalá la próxima vez no escojás mal la silla para montar el caballo, porque podés caerte.

Dicho esto, se retiró.

—Lo mejor es que regrese a mi embajada. No tolero verle a ese maldito la cara

—respétalo aunque sea un poco Enrique.

—es increíble que después de tanto tiempo aun lo sigas defendiendo.

Lo miró atentamente. Y en cierto modo, Enrique tenía razón.

—a pesar de todo, tengo que reconocer que hizo bien su trabajo. —le respondió al final el colombiano al ecuatoriano.

Y siempre era así con Álvaro Uribe Vélez. Era un eterno dilema pensar en el, sus cosas buenas y malas. Nunca un presidente había generado tantos odios y amores. En todo sentido, durante esos 8 años de gobierno, el estricto y espartano avance del ejercito hizo que Colombia empezara a impulsarse en medio del antiguo desastre de la guerra eterna. Si en los ochentas estaba en un ostracismo insalvable, en esos ocho años empezó a surgir como una suerte de ave fénix en medio de las cenizas del desastre perpetuo.

Y a pesar de todos sus defectos, que obviamente eran demasiados, Álvaro Uribe había conseguido lo que habían hecho pocos de sus presidentes hasta ese momento: devolverle la confianza.

Un par de horas más tarde…

Enrique se había ido. Juan se había quedado hasta altas horas de la noche leyendo los últimos documentos oficiales, el trabajo acumulado de días y días, las juntas y reuniones pendientes a las que había dejado de asistir, lo mismo que su escaño temporal en el consejo de seguridad.

Juan Pablo había tenido que aceptar a fuerzas que en cierto modo su ex jefe tenía algo de razón. No todo estaba funcionando a las mil maravillas, pero sin embargo las cosas parecían mal que bien avanzar. Comparado a 20 años atrás, era mejor la situación en la mayoría de los sentidos.

Pero no pudo evitar sucumbir ante el cansancio, y se quedó dormido en su escritorio. Empezó entonces a soñar de forma bastante extraña con todas aquellas palabras, que durante tanto tiempo le martillaban la cabeza. Y veía entonces varias figuras conocidas, alzándose como sombras grises y lúgubres, recordándole todos y cada uno de sus problemas y martirios.

Incapaz

Cobarde

Asesino

Débil

Inútil

Fracasado…

Era simplemente una eterna tortura oír esas voces que distinguía con claridad: Santander, Núñez, Rojas Pinilla, Pardo Leal, Antonio, Francis, Gilbert, sus propios hermanos, Pedro, Alfred, Arthur, Lukas… todos parecían acusarlo, recriminarlo, disminuirlo moralmente.

Pero las palabras más crueles surgían de una voz distinguible, audible para el, desagradable en sobremanera, haciendo eco macabro en aquel oscuro salón. A pesar de que no era una de sus frases, parecía representar su pensar.

La paz no implica el silencio de los fusiles...

Y después de todo, regresaba entonces al sueño de la plaza de bolívar, repleta de cadáveres. Mira entonces su uniforme, manchado en sangre. La tricolor nacional desgarrada, y el rojo violento y sangrante manchando el azul y el amarillo de la misma. La muerte, el dolor.

Despierta de golpe, después de dos horas. No se siente entonces con la capacidad de proseguir con aquellas expectativas, siente que le faltan las fuerzas. No puede sencillamente con más esfuerzo. Juan Pablo desea tirar la toalla, y quizás darse un tiro, pero sabe claramente que el ser nación no le permite esas concesiones. Su muerte solo acarrearía la consumación de aquel acabose sin inicio o final, el sufrimiento de gente inocente.

El año próximo sería un gran reto. Sus esfuerzos estarían encaminados a acabar de una vez y para siempre esa eterna espiral de sangre y lágrimas. Si hay un acuerdo favorable, lo cual sentía lejano y distante, sería un alivio enorme a su dolor físico y moral, y quizás sus heridas pudiesen sanar. Si era lo contrario, simplemente se resignaría a aceptar su triste y cruel destino.

1 El middsomar es la festividad nórdica del solsticio de invierno. Por lo general en toda la península escandinava, se hacen celebraciones en los pueblos y ciudades, y en algunas regiones se suelen encender hogueras que buscan "darle fuerza" al sol durante la festividad.

2 Muchos en América central mostraron su desacuerdo a la banal comercialización del 2012, desvirtuando el contexto original de esta fecha (el fin de la cuenta calendárica 13 e inicio de la cuenta 14, que solo sucede cada 350 años) estimando las profecías de locos charlatanes que proclamaron a vivas voces el fin del mundo. Esto se debe también, a la concepción cristiana de tiempo lineal (un tiempo que tiene principio, nudo y desenlace), en contraposición al tiempo cíclico, en el cual los mayas y otras grandes civilizaciones mesoamericanas creían que el tiempo era una rueda sin principio o final. Es más, si se analiza con mayor detenimiento, el calendario maya es cientos de veces más exacto que el calendario gregoriano estándar en cuanto a la medición del tiempo se refiere.