Capítulo 21:

Un grupo de nubes negras se adivinaba en el horizonte; tal vez el cielo se quería adelantar a la tormenta que pensaba desatar Lavender con su revelación. La rubia salió de las últimas de la ermita y enseguida encendió un cigarrillo. Chasqueó la lengua al ver como Ron y Hermione se besaban brevemente y emocionados. No era justo, ella debería de estar en el sitio de la castaña. Reconocía que no sentía amor por el pelirrojo, más bien era un objetivo, un reto para ella. No estaba dispuesta a ser una más en la lista de revolcones. Los Weasley se creían muy perfectos, pero ella iba a demostrar que no. "Patético", murmuró para si. Tener que pedirle a tu mejor amiga que se hiciera pasar por tu novia era realmente patético. Movió su melena con ritmo e hizo una mueca de desagrado cuando vio a Cho en actitud más que cariñosa con uno de los antiguos compañeros de colegio de Harry, Cedric Diggory. Se suponía que la morena debía de estar de su parte no comiéndole la boca a otro. Echó a andar con paso firme y no se disculpó cuando le arreó un codazo a los que se ponían en su camino.

El carruaje que debía de trasladar a los novios hasta la mansión, se puso en marcha bajo los vítores de todos los invitados. Ginny se acurrucó entre los brazos de su reciente marido y suspiró. Era tan feliz que tenía ganas de saltar y de gritar al mismo tiempo. Harry acarició su brazo izquierdo y colocó su otra mano, de manera protectora y cariñosa, en el vientre de la pelirroja. Ambos se miraron a los ojos, verde hierba y marrón tierra, y sonrieron embelesados. Para fortuna de los invitados, que llevaban rato pidiéndolo, se besaron antes de que el carruaje desapareciera en un recodo del camino.

Ron y Hermione caminaron cogidos de las manos siguiendo a la comitiva de invitados. Ellos harían el camino andando, deleitándose con los preciosos jardines de la finca. El pelirrojo iba completamente ensimismado en sus pensamientos mientras que la castaña hablaba animadamente con Pansy. Hermione se apartó un mechón de cabello rebelde del rostro y por un instante, sus ojos conectaron con los de Lavender. No sabría decir qué o por qué, pero supo que algo malo iba a suceder. Se paró en seco y no se dio cuenta cuando Ron se soltó de su brazo y ayudó a su abuela. Noralie caminaba despacio, ayudada por un coqueto bastón de marfil blanco.

- ¿Hermione? –Pansy la devolvió a la tierra al tiempo que se tocaba la creciente barriga. Movió una mano delante del rostro de la castaña.- ¿Me estás escuchando? ¿Estás bien, nena? Te has puesto muy pálida de repente.

La castaña enfocó miró a Pansy y vio preocupación en sus ojos azul zafiro. Ahogó un gemido, escondió la mueca de disgusto que estaba por salir y se dio cuenta de la frialdad que envolvía su brazo izquierdo. Ron ya no estaba a su lado y caminaba unos metros más adelante. Movió la cabeza de un lado a otro, sacándose esa tonta congoja que se había adueñado de su corazón. Era ridículo ponerse así por una mirada, pero su instinto le decía que no iba tan desencaminada. Dejó que saliera de nuevo su sonrisa y enlazó un brazo con el de Pansy.

- Perdona, es que me quedé mirando al cielo. Bien parece que esta noche va a haber tormenta de nuevo. Espero que ya sea cuando estemos todos dormidos. –dijo Hermione dándole unos golpecitos en el brazo. Se le daba muy bien cambiar de tema y ocultar sus sentimientos y preocupaciones.

- Tengo entendido que Ron y tu precisamente no dormís durante una tormenta. –rió de forma pícara la morena.

- ¡Pansy! –Hermione se mostró escandalizada, pero también sonreía.- Veo que las noticias vuelan. –añadió sonrojándose.- Tal vez fue un juego que se nos fue de las manos.

- Cariño, en el juego del amor las cosas siempre se van de las manos.

En ese momento llegó Draco, que había estado hablando con Bill, el hermano mayor de Ron, seguramente de trabajo. Rodeó la cintura de su esposa con un brazo y se unió a la conversación de las mujeres que cambió drásticamente al sexo del bebé que esperaban los Malfoy. El rubio se mostraba entusiasmado y de vez en cuando pasaba una mano por el redondeado vientre. A Hermione esta actitud le hacia suspirar y, por descabellado que parezca, ya se imaginaba a Ron y a ella en esa misma situación. Al cabo de unos minutos se disculpó con ellos y aceleró el paso hasta llegar a donde estaban el pelirrojo y su abuela.

- Oh, querida, que bueno que hayas regresado. Aquí este osito gruñón te echaba de menos. –dijo Noralie ufanamente al ver como su nieto cogía de la mano posesivamente a la castaña. Hermione se echó a reír, pero a Ron no le gustó la afirmación.- No pongas esa cara, no has parado de hablar de ella en todo el camino.

- No hay nada como confesarse contigo, Nana. Mis secretos están resguardados contigo. –el pelirrojo sonó sarcástico mientras la castaña los miraba alternativamente, divertida con el intercambio de palabras. Ya había olvidado por completo aquello que le había hecho sentir mal.

- Mira que eres tonto. Hermione, querida, te fuiste a enamorar de mi nieto más tonto…y adorable. –Noralie sonrió ufana y apresó una de las mejillas de Ron como cuando era pequeño.

- ¡Nana! –se quejó Ron. Miró a los lados rezando porque nadie hubiera visto ese gesto tan infantil de su abuela. Esta le quitó importancia con un ademán de manos seguido de un "Bah", y se concentró en mirar a Hermione.

- Estás muy callada, querida. ¿Todo bien? –sus ojos azules, tan parecidos a los de Ron, la miraron fijamente.

- Si. Si, ahora ya está todo bien. –se recargó más aun en el brazo del pelirrojo.- Solo disfrutaba de la relación tan ufana que mantienen los dos. Es reconfortante saber que aun existen personas tan maravillosas como usted.

- Oh, querida, para. Vas a conseguir que me sonroje, y a mi edad ya no es fácil.

- Descarada; nunca fue fácil. –masculló Ron.

- Disculpa, querido, ¿has dicho algo? –Noralie, que tenia muy buen oído, sabía perfectamente lo que había dicho el pelirrojo.

- Nada, nada, que parece que habrá tormenta de nuevo.

- Bien parece que si. Pero no nos desviemos del tema. Hermione, querida, ya va siendo hora de que dejes de tratarme de usted y me llames Nana como todos. Sobretodo después de lo ocurrido esta mañana ¿no? –Hermione se sonrojó sobremanera.

- ¿Ves? Es una experta en hacer sonrojar a la gente. –le dijo Ron a Hermione mientras la atraía hacia él y le rodeaba la cintura con el brazo.

- Te he oído, Ronald Weasley. –Noralie le apuntó con el dedo al tiempo que divisaban ya la mansión a unos cien metros de distancia. La anciana pensó que había llegado el momento que había estado ensayando mentalmente y compuso una cara de gran grandilocuencia. Sus tiempos en el teatro deberían de servirle de algo.- Oh, querido…creo que me quedé atascada. Pero qué desastre, mi zapato embarrado…

- ¿Cómo? –Ron volvió los ojos a su abuela, que efectivamente, bien parecía que había encajado su pie izquierdo en el barro del camino. Ensimismado con Hermione como estaba, no se dio cuenta del taconazo que dio la anciana para encajarlo.- Pero, Nana, ¿qué has hecho?

- ¿Acaso es culpa mía que el camino esté lleno de barro? Ya sabía yo que algo ocurriría; íbamos tan bien. Pero no os preocupéis por mi, os estoy retrasando más de la cuenta y eso es imperdonable. Seguid sin mi, por favor. –Noralie agitó su bastón con entusiasmo.

- No diga eso, Nana. Le ayudaremos a desencajar el pie y seguiremos el camino; no hay prisa y…-opinó Hermione.

- Vaya, me dijiste Nana. –la cortó la anciana.

- Si, bueno, yo…-Hermione se sonrojó.

- Me ha gustado oírtelo decir. –volteó la cabeza para mirar hacia atrás. Los señores Weasley cerraban la comitiva de invitados.- ¡Arthur, querido! ¿Serías tan amable de ayudarme? Así Ron y Hermione podrán seguir a sus amigos.

- No es necesario, Nana. Puedo ayudarte yo solo. –protestó el pelirrojo.

- ¿Y mancharte ese traje tan bonito que llevas? Ni hablar. Coge del brazo a tu preciosa novia y marchaos, yo me quedo en buenas manos. Eso si…aceptadme un consejo: procurad dormir bajo cubierta esta noche, a poder ser en una cama…no queremos que se repita lo de esta mañana ¿no? –dijo Noralie muy ufana. El señor Weasley llegó a su lado con su esposa detrás.

- ¡Nana! –los dos aludidos se sonrojaron.- Tal vez sea mejor que nos vayamos. –Ron cogió a Hermione de la mano y tiró de ella.

Noralie se quedó mirándolos con una sonrisa y aceptó la ayuda de su yerno para retirar el pie del barro. La señora Weasley le ayudó a mantener el equilibrio y reanudaron la marcha de nuevo. Ninguno de los tres comentó el incidente, pues sabían que había sido una excusa para dejar a solas a la recién pareja. Ron condujo a Hermione por el serpenteante jardín y la escondió tras un conjunto de arbustos altos. Ella, desconcertada, no supo qué decir…y tampoco tuvo tiempo porque enseguida los labios de Ron se adueñaron de los suyos. Su espalda apoyada contra uno de los árboles del recodo mientras eran resguardados por la frondosa copa.

- Ron…Ron…-acertó a decir Hermione en uno de sus descansos.- Para, amor. El convite, los invitados…nos esperan. –lo todo de forma entrecortada porque Ron estaba besando su cuello.

- Esperan a los novios, no a nosotros. Y aun es pronto. –explicó escuetamente el pelirrojo mientras soltaba la pinza que sostenía la rebelde melena castaña bajo control. Al instante todos los rizos cayeron en cascada de manera encantadora.

- Ron…eres mi perdición. –y lo era, pero al mismo tiempo uno de los dos tenia que mantener la cordura.- Tu abuela…tus padres…nos verán…

- No, no lo harán. ¿No te diste cuenta? –Ron dejó sus labios quietos sobre su piel y se incorporó para mirarla. Parecía tan inocente sofocada y sonrojada al mismo tiempo.- Fue el numerito de turno de Nana para dejarnos a solas.

- ¿Qué? ¿Por qué habría de hacer eso?

- Porque sabe que te amo y te deseo. –y ahora si que atacó de nuevo el cuello cetrino y paseó sus manos por las caderas y el trasero castaño. A Hermione se le escapó un gemido y colocó sus manos en la nuca pelirroja. Sin importar el lodo del suelo, ni el frío que se empezaba a notar, los dos resbalaron hacia abajo hasta llegar al suelo.

Cuando media hora después llegaron al convite, el vestido de Hermione estaba arrugado, su cabello alborotado y tenia las mejillas ardiendo. Ron sonreía ufano y satisfecho mientras no dejaba de darle besos en el rostro. Muchas fueron las miradas que acapararon y no todas fueron amables precisamente. Intentando hacerse la digna, la dueña de los insidiosos ojos marrones, apuró su tercera copa de champán, encendió un nuevo cigarrillo y se levantó de su asiento para desaparecer en el interior de la mansión. Ron y Hermione seguían siendo el centro de las miradas y la castaña intentaba, inútilmente, colocar bien su peinado. El pelirrojo la guiaba con un brazo alrededor de su cintura.

- Que vergüenza, Ron. van a pensar que somos ninfómanos o cualquier cosa de esas. –decía Hermione entre dientes mientras se aproximaban a su mesa.- Nos esta mirando todo el mundo.

- No todo el mundo. Harry no. –ambos miraron al moreno que escuchaba atentamente lo que le decía su esposa. Harry levantó sus ojos verdes y los fijó en ellos con una sonrisa burlona en los labios.- Bien, vale, ahora ya es todo el mundo.

- ¡Ron! No se porqué te parece tan divertido.

- Porque me encanta verte sonrojada. –le dio un beso en la mejilla y terminaron de llegar a la mesa que compartían con Draco y Pansy, Neville y Luna, y dos nuevas parejas que eran amigos de la escuela de los novios.- Hola a todos. –saludó risueño.

- Vaya, ya era hora, parejita. –dijo Pansy sonriendo también. Hermione se sonrojó aun más; tenía la sensación de que todo el mundo sabía lo que habían estado haciendo. La morena se inclinó hacia la castaña y le dijo al oído.- ¿Será que algún día encontraréis una cama? –del cabello de la castaña extrajo dos hojas de árbol del jardín.

- Ay, que vergüenza. –Hermione se tapó la cara con las manos.

- Tranquila, nadie se ha dado cuenta.

- ¿Tu crees?

- No. Pero… ¿a que te ha ayudado a serenarte?

- ¡Pansy!

- Mione, cielo, quiero que conozcas a dos viejos amigos. –dijo Ron reclamando su atención de nuevo. Le pasó un brazo por los hombros, pues no podía tener las manos fuera del cuerpo recién descubierto de la castaña.

- No tan viejos. –aseguró uno de ellos. Era castaño y tenía los ojos azules más pillos que Hermione había visto en su vida. De seguro que durante sus años de colegio había sido un travieso de cuidado. A su lado había una chica pelirroja que parecía muy sencilla.

- Seamus Finnigan y Susan Bones. –los presentó Ron. Después se volvió hacia la otra pareja. El hombre tenía la piel del color del ébano y era sumamente atractivo. Sus ojos negros hacían compañía a los azules de Seamus. La mujer era pequeña, de tez morena y sonrisa amable.- Y ellos son Dean Thomas y Parvati Patil. Fuimos todos juntos a Hogwarts.

- Es como una reunión de antiguos alumnos. –comentó Parvati con entusiasmo.- Hacia mucho tiempo que no nos reuníamos así todos juntos. Siempre faltaba Ron, el brillante abogado de la ciudad de los rascacielos.

- Vas a conseguir sacarme los colores, Parv. –restó importancia el pelirrojo.- Pero siento haberos tenido tan abandonados los últimos tiempos.

El primer y el segundo plato fueron servidos y todos comieron en cómoda armonía. En la mesa presidencial estaban los novios, los señores Weasley, Noralie, Sirius, el padrino de Harry, y el matrimonio Lupin. La cincuentena de invitados estaba distribuida en cinco mesas redondas con manteles en color morado y servilletas en blanco roto. Para cada invitada había un lirio rosa, la flor favorita de la novia, y para los invitados masculinos el tradicional puro habano. La orquesta se asentó a unos metros de distancia, dejando un gran hueco en la tarima de parquet. Cercanos al postre, comenzaron a tocar una melodía suave y envolvente…la canción favorita de la novia. Y cuando el primer párrafo fue entonado, Ginny se agarró con fuerza a la mesa para no ponerse a saltar allí mismo.

I sit and wait
Does an angel contemplate my fate
And do they know
The places where we go
When we're grey and old
'cos I have been told
That salvation lets their wings unfold
So when I'm lying in my bed
Thoughts running through my head
And I feel that love is dead
I'm loving angels instead

La pelirroja miró a su esposo que esperaba su reacción con una sonrisa en los labios. A lo largo de los años había tenido que soportar la afición/obsesión de Ginny con ese cantante. Robbie Williams era la perfección hecha música para la pelirroja y Angels su joya más preciada. Y era fácil pensar así al ver las expresiones sobrecogidas de todas las mujeres que había en el salón. El cantante de la orquesta no tenia la misma voz que la estrella internacional, pero el chico se desenvolvía muy bien. Ginny se acercó más a Harry y le dio un beso en los labios a modo de agradecimiento. Así era Harry, su Harry, su hacedor de sueños. Cuando creía que el día no podía ser más perfecto…salía con eso. El moreno se levantó y la llevó de la mano hasta el mismo centro de la pista. Ese era su día y podían romper el protocolo como quisieran. Bailaron esa canción y se emocionaron al cantar los mismos trozos de música. Ginny apoyó la cabeza en el hombro de Harry y se dejó arrullar por sus brazos y acariciar por sus labios.

Sin embargo…

La música dejó de sonar de repente en el momento en que comenzaba el estribillo de nuevo. Todos miraron extrañados hacia el escenario y Ginny se vio arrancada de golpe de su ensoñación. Desde su mesa, Hermione abrió mucho los ojos y se llevó una mano al pecho que latió acelerado como nunca antes. Los señores Weasley se levantaron de sus asientos, pero como no sabían que hacer, se quedaron allí estáticos. Los murmullos no se hicieron esperar y pronto aquello parecía un avispero.

En el escenario, satisfecha con su salida en escena estaba Lavender Brown. Había llegado su momento. Sostenía con su mano derecha una copa de champán la cual había perdido la cuenta de las veces que había sido rellenada. Se tambaleaba ligeramente subida en sus tacones de doce centímetros y miraba a todos con una sonrisilla tonta. Empujó al cantante a un lado y cogió el micrófono con su mano izquierda. Se paseó de un lado a otro del pequeño escenario y después comenzó a reírse como una loca.

- Ups, perdón, creo que interrumpí un momento de parejita feliz. –suspiró y se echó el cabello hacia atrás.- Aquí todos creen que la vida es perfecta, maravillosa. Todos con sus parejitas felices y comiendo perdices. Pero no, queridos, nada más lejos de la realidad. Ay, que ver lo que llega a escuchar una en los pasillos si está en el momento y el sitio adecuados. ¿Quién iba a pensar que la pareja perfecta nos tenía a todos engañados? Si, si, si. Todos esos besos y esas caricias no son más que mentiras, puras mentiras. –se llevó el resto de su copa de champán a los labios y la vació en su garganta.

- Lavender, por favor, baja de ahí ahora mismo. Estás borracha, estás haciendo el ridículo. –Harry aprovechó esa pausa para acercarse a ella y persuadirla de que terminara ese espectáculo.

- ¿El ridículo yo? ¡Ja! Suéltame ahora mismo, Harry Potter. El ridículo lo han hecho ellos dos. –señaló con el micrófono a Ron y Hermione. La castaña perdió el poco color que conservaba.- ¡Que patéticos! Haciéndose pasar por novios y engañando a toda la familia. ¿Es así como retribuyes el amor de tu familia, Ron?

- ¿De qué estás hablando, Lavender? –inquirió Ginny mirando alternativamente a la rubia y a su hermano y a su novia.

- Os han engañado, Ginevra. Solo son amigos. Cuando se presentaron hace una semana no eran novios. Era una farsa muy bien actuada y programada. Se han burlado de vosotros después de las atenciones que les habéis prestado. ¿Acaso pensabas que la mejor abogada de Nueva York iba a estar con tu hermano pudiendo elegir mejor? ¡Que ingenua, Ginevra! ¡Por favor! –miró de nuevo a la pareja.- Negadlo si podéis.

- ¿Porqué haces esto, Lavender? –Ron se levantó hecho una furia de su asiento y fue hasta donde estaba la rubia.

- ¿Es cierto eso, Ron? ¿Hermione y tu nos engañasteis? –preguntó Ginny con lágrimas en los ojos. El corazón le latía con fuerza y un malestar general se acomodó en su estómago. Traicionada, así era como se sentía mientras miraba los ojos azules de su hermano. Todo había sido mentira; se había encariñado de una extraña para nada. Y lo peor de todo es que había llegado a estimar a la castaña.- ¿Ron?

- Ginny, yo…-el pelirrojo estaba tan descolocado en medio de la pista de baile que no supo qué decir. Todos los ojos estaban puestos en él y el maldito zumbido de los murmullos no hacía más que aumentar. Miró de reojo a Hermione, con la cabeza gacha y las mejillas ardiendo. La castaña levantó sus ojos acuosos y un trueno sonó muy cerca de allí. Por inercia, Ron cerró los ojos y su cuerpo tembló en escalofrío. Cuando los volvió a abrir…lo que vio fue la tupida melena de Hermione desaparecer dentro de la casa.