Unos ojos azules observaban el tren escarlata con ansiedad mientras unas pequeñas manos agarraban el manillar de un carrito cargado hasta los topes con todo el equipaje que iba a necesitar para su primer año en Hogwarts. La presión que ejercía con las manos teñía sus nudillos de blanco.
- Kitty.- la voz de Elizabeth sonaba lejana, entre murmullos, como una radio mal sintonizada- ¡Kitty, espabila o perderemos el tren!
- ¡Ah, sí!- exclamó la pequeña dando un respingo.
Mary, Elizabeth y Catherine Bennet se despidieron de su padre y de Lydia, que lloraba desconsoladamente ante la perspectiva de quedarse sin sus hermanas todo el curso. Jane ya había subido al tren hacía un rato, impaciente por encontrarse con Gideon, ese año estaba decidida a pasarlo pegada a él todo lo que le fuese posible. Los Prewett ya estaban en séptimo, el último año de Hogwarts y a Jane aún le quedaban dos años más.
Elizabeth notó cómo le tiraban de la manga cuando el tren escarlata se puso en marcha, giró la cabeza y se encontró con Catherine agarrada a su cazadora vaquera.
- ¿Me vas a dejar sola como a Mary?- preguntó la pequeña ante la atenta mirada de su hermana.
- Oh, vamos Kitty, tú eres muy sociable no vas a…
- ¡No!- exclamó ella- No… yo sólo… sigo el ritmo de Lydia, pero yo sola no…
- No hay necesidad.- intervino Mary mirando a Lizzie- Sin importar la casa en la que esté vamos a estar una de nosotras para acompañarla.
- A menos que…- comenzó Elizabeth provocando un bufido de Mary.
- No va a quedar en Slytherin, aunque a ti te lo parezca no es la copia de Lydia.
- ¿Y tú crees que Lydia entrará en Slytherin?- preguntó Elizabeth con el ceño fruncido.
- Por algo era el ojito derecho de mamá…- murmuró Mary.
Las tres hermanas permanecieron en un silencio incómodo tras la mención a su madre, la mirada de Elizabeth se ensombreció y Mary la miró asustada.
- Eh… bueno, deberíamos buscar un compartimento antes de que los merodeadores nos dejen calvas o algo así, ¿no creéis?- las palabras salieron atropelladas de la boca de Mary y con un tono de voz que no parecía el suyo. Catherine miraba alternativamente de la una a la otra sin entender de dónde había salido aquella oscura mirada de su hermana.
- Sí, será mejor que busquemos algo.- la voz de Elizabeth sonó especialmente grave mientras arrastraba el baúl en busca de sus amigas.
- Mary ¿qué…?- susurró Kitty siguiendo a Lizzie a una distancia prudencial. Mary se limitó a negar con la cabeza.
Tras pasar por varios cubículos llenos de alumnos, Elizabeth encontró lo que estaba buscando. Lily, Fiona y Scarlett charlaban animadamente y sonrieron al ver entrar a su amiga cargada con Bagheera y su baúl.
- ¡Lizzie!- exclamó Fiona- Lily nos estaba contando vuestras aventuras durante el verano.
- ¿Ah sí? ¿Y qué les has contado exactamente?- preguntó ella mirando a Lily con los ojos entornados.
- Ya sabes que yo los temas personales se los dejo a sus protagonistas, así que no te pongas en guardia tan rápido.
- ¿Qué temas personales?- Scarlett, que había estado evaluando el nuevo look de Elizabeth detenidamente salió de su estado contemplativo y miró a ambas amigas alternativamente.
- Deja que os presente a mi hermana Catherine y que ella y Mary puedan sentarse, ya hablaremos de ese tema en otro momento.- sentenció Elizabeth dando el tema por zanjado.
Catherine entró la última y lanzó una tímida sonrisa a las amigas de su hermana mientras Mary se colocaba en el asiento con Tara encaramada en sus rodillas.
- Pues esta es Catherine.- la presentó Lizzie mientras se esforzaba en colocar los baúles en su sitio con Bagheera maullando a sus pies.- Catherine, ellas son Scarlett y Fiona, ya te hablé de ellas y a Lily la conoces de este verano.
- Oye Catherine…- comenzó Scarlett.
- Podéis llamarme Kitty, Catherine suena demasiado… melodramático.- la interrumpió la pequeña.
- De acuerdo entonces, Kitty.- continuó Scarlett con una sonrisa de amabilidad- ¿A qué casa te gustaría entrar?
- La verdad es que siempre me ha gustado Gryffindor… pero no sé si valdré, no me considero una persona muy valiente.- comentó con timidez.
- Yo creo que el sombrero mide el potencial- intervino Fiona - Puede que tú no te lo veas, es lógico siendo tan pequeña, pero no vas a ser siempre como eres ahora. Irás madurando y ese valor que piensas ahora que no tienes, te lo dará el tiempo y las cosas que vivas.
- Lizzie ya encajaba en Gryffindor con mi edad…- repuso Kitty.
Las cuatro mayores se rieron recordando a la Elizabeth de once años.
- Bueno, tu hermana es uno de esos extraños casos demasiado evidentes.- comentó Lily- Pero Scarlett y yo por ejemplo no pegábamos nada en Gryffindor, de hecho yo no estoy segura de encajar del todo aún…
- La verdad es que yo nunca entendí cómo no terminaste en Ravenclaw.- añadió Scarlett mirándola con curiosidad.
- El sombrero dudó un buen rato entre Ravenclaw y Gryffindor, pero al final… aquí me tenéis.
- Yo al principio era una llorica presumida Kitty.- explicó O'Hara- Ahora sigo siendo igual de presumida pero le echo más morro a todo.
Las seis chicas soltaron una carcajada.
- Yo creo que también era una Gryffindor de manual desde el principio.- dijo Fiona.
- No te creas, yo lo dudé seriamente antes de tu primer partido de quidditch, cuando estabas muerta de miedo balanceándote en la cama.- la contradijo Elizabeth riéndose.
- Me gustaría haberte visto a ti en mi pellejo, reina de los valientes.
- No gracias, prefiero mantener mi culo a salvo fuera de una escoba y sin pelotas asesinas dirigidas hacia mi cabeza.
- Como ves Kitty, todas tenemos momentos de debilidad y cualidades que no parecen encajar con nuestra casa del todo.- dijo Lily mirando a la pequeña.
- Yo no.- contradijo Elizabeth.
- Vale, todas menos Lizzy la Gryffindor perfecta.- se burló Lizzie.
- En realidad debo reconocer que no siempre soy tan valiente- añadió Elizabeth sorprendiéndolas a todas- La noche que Scarlett salió del cuarto de baño despeinada y sin maquillar me dio un susto de muerte.
- ¡Serás tonta del culo! - se indignó la mencionada entre las risas de las demás.
- Pues eso Kitty, que seguro que tienes potencial y en algún momento te sale la vena rebelde propia de la casa de los leones.- concluyó Elizabeth lanzándole a su hermana una mirada tranquilizadora.
Para cuando el día fue avanzando y casi habían llegado a Hogsmeade, Lily miraba hacia la puerta del compartimento con asiduidad frunciendo el entrecejo.
- ¿Qué te perturba Lily?- preguntó Scarlett observando el nerviosismo de su amiga.
- ¿Eh? ¿A mí? Nada…
Elizabeth abrió un ojo, había estado dormitando el resto del día pero la pregunta de Scarlett había despertado su interés.
- Pues yo creo que sé lo que es nada.- dijo observando a su amiga con suspicacia.
- Nada es nada.- aseveró Lily empezando a impacientarse.
- Yo creo que echas en falta la visita habitual de los cuatro de siempre.- sentenció Lizzie.
- ¡Yo no echo en falta eso!- exclamó ella ruborizándose- Es más, si no aparecen nunca más estaré encantada de la vida.
- Pues yo no.- añadió Scarlett con rotundidad- Siempre es una alegría ver los ojos de Black.
- ¿Sólo los ojos?- preguntó Fiona con picardía.
- Y el pelo, y la nariz, y la cara, y el cu...
- ¡Eh! Que hay niñas delante.- la cortó Elizabeth.
- Convengamos que lo tiene bonito.
- Pues no lo sé, no voy fijándome en esa parte de la anatomía de las personas, asquerosa.- replicó Lizzie.
- No sabes lo que te pierdes.
Fueron las últimas palabras de Scarlett dentro del tren, pues un ligero traqueteo y el pitido de la estación informó a las chicas que ya estaban en Hogsmeade. Catherine se separó de ellas para acompañar a Hagrid y al resto de alumnos de primero hacia las barcas que les llevarían de camino al castillo. Las demás se montaron en los carros tirados por thestrals.
Una vez sentadas en la mesa de Gryffindor en el comedor, Elizabeth miró alrededor buscando a Fabian. Si a Lily no le había pasado desapercibida la ausencia de visita por parte de James y sus amigos, a ella le había extrañado que el Prewett más cercano a ella no hubiese hecho ni el amago de ir a saludarla. Lo localizó sentado junto a su hermano, con las cabezas muy juntas como si estuviesen tramando algo. El alivio traspasó cada poro de su piel, por un momento había pensado que volverían a la dinámica del año anterior y que estaría coqueteando con alguna alumna.
Las puertas del comedor se volvieron a abrir y, encabezados por la profesora McGonagall, aparecieron los alumnos de primero que temblaban como hojas en hilera. Elizabeth observó a Catherine que miraba a todas partes con el terror reflejado en sus ojos. No se preocupó por ella, al fin y al cabo una de las ventajas de pertenecer a la familia Bennet era que no tardaban demasiado en llamarte para la selección, pronto tendría su casa asignada y ya no viviría en la incertidumbre.
Cuando McGonagall pronunció su nombre, Kitty estaba tan nerviosa que tropezó en las escaleras y cayó de rodillas, Elizabeth se levantó como un resorte y comenzó a caminar hacia su hermana, pero una fuerza extraña dirigió su mirada hacia Dumbledore que la estaba mirando fijamente y negando con la cabeza a modo de advertencia. Elizabeth se volvió a sentar y vio desaparecer los ojos vidriosos de su hermana bajo el Sombrero Seleccionador, demasiado grande para su cabecita.
- ¡GRYFFINDOR!
Catherine se quitó el sombrero y Elizabeth sonrió aliviada al ver que las lágrimas que amenazaban con brotar de sus ojos habían desaparecido dando paso a la felicidad más absoluta. La pequeña corrió hacia la mesa de los leones vitoreada por el resto de sus compañeros y se sentó al lado de su hermana que la abrazó.
- Jo Lizzie, cuando me caí casi me da algo ahí arriba.- susurró Kitty mientras el resto de alumnos eran elegidos para las distintas casas- Casi me echo a llorar, pero cuando ha dicho Gryffindor se me pasó todo de golpe.
- Además no ha tardado nada en colocarte en esta casa, conmigo estuvo un rato.- explicó Lizzie- Y eso que yo soy la Gryffindor perfecta.
Cuando terminó la selección, Dumbledore dio paso al banquete y las mesas se llenaron de los manjares habituales.
- Qué raros están esos cuatro.- comentó Scarlett mirando hacia el lado de la mesa en el que estaban los merodeadores charlando entre ellos.
- Ten en cuenta que hace poco han estado con Lily y Lizzie durante las vacaciones.- explicó Fiona- Potter no ha tenido tiempo de echarla de menos.
- Dejad de hablar de ellos, no vaya a ser que los invoquéis.- dijo Lily molesta.
- Hablando de tíos guapos, ¿os habéis fijado en el buscador de Ravenclaw?- preguntó Scarlett observando la mesa de las águilas.
- ¿Lynch?- preguntó Fiona - ¿Qué le pasa?
- ¿Eres ciega o qué te pasa?
Fiona se giró y buscó entre los comensales de Ravenclaw a Aidan Lynch, era un chico con el pelo castaño claro y ojos verdes. Al mirarlo con detenimiento Lovelace entendió a qué se refería su amiga.
- Supongo que es algo guapo.- dijo escuetamente la rubia provocando un bufido de Scarlett.
- Yo no puedo vivir con unas amigas tan ajenas a la belleza masculina, de verdad.
- No somos ajenas a ella, lo que pasa que no tenemos la necesidad estar hablando de ese tema constantemente.- Elizabeth habló mientras echaba un vistazo a la mesa de Ravenclaw.- Y sí, es bastante guapo, me suena de haberlo visto, creo que va con nosotras a Cuidado de Criaturas Mágicas ¿no Fiona?
- Sí, aunque es difícil enterarse de algo en esa clase con Potter y Black armando barullo alrededor.
El buscador de Ravenclaw dirigió la vista hacia ellas y se encontró a las cuatro amigas mirándolo fijamente, el rubor cubrió sus mejillas y desvió la mirada inmediatamente.
- Fantástico, nos ha pillado mirándolo a las cuatro.- comentó Lily entre risas.
- No creo que sea algo nuevo para él, es bastante popular.- dijo Scarlett quitándole importancia al asunto.
El resto de la cena transcurrió con tranquilidad y al terminar todos los alumnos se dirigieron a sus respectivas zonas. Fabian interceptó a Elizabeth por el camino y la rodeó con un brazo.
- Chispita, perdona por no haberte ido a visitar en el tren ni en la cena, pero tenía algunos asuntos importantes que comentar con mi hermano.
- No te preocupes.
- ¿Todo bien estos días?
- Sí, la Elizabeth oscura permanece dormida por el momento.- comentó la chica entre risas.
- Me alegro, y así seguirá, que tenemos que planear el concierto de Pink Floyd de diciembre.
- Creo que eres demasiado optimista, no veo cómo vamos a poder salir del colegio para ir a verlos.
- Ya veremos.- Fabian le lanzó una de sus sonrisas matadoras y se fue junto a su hermano.
- Veo que Elizabian va viento en popa.- Scarlett se acercó a ella dando saltitos.
- Perdona, ¿Eliza qué?- preguntó Lizzie estupefacta.
- Elizabian, tu relación con el bollito de Fabian.- explicó Scarlett dándole un golpecito en la espalda.
- Joder… como digas eso en alto cerca de él te estrangulo mientras duermes, quedas avisada.
- Oye ¿cuál es la contraseña?- interrumpió Fiona mirando el retrato de la Señora Gorda con el entrecejo fruncido.
- ¡Grindylow! - exclamó Lily- Me lo dijo Frank Longbottom durante la cena, al ser el prefecto lo sabe antes.
El retrato se abrió y las cuatro subieron hacia su habitación.
- Bien, ahora que estamos las cuatro solas, ¿qué es eso de lo que no quisísteis hablar en el tren?- preguntó Scarlett mientras dejaba libre a Archibald y buscaba en su baúl el pijama.
- Eres implacable ¿eh?- dijo Elizabeth riéndose.
- Desembucha.- la apremió.
- Hubo un casi beso entre Fabian y yo este verano.- Elizabeth no se andó con rodeos.
- ¿Casi beso? ¿Por qué casi? - preguntó Scarlett que se había quedado parada en bragas delante de sus amigas.
- Porque el idiota de Potter lo arruinó todo cayéndose por las escaleras e inteterrumpiéndoles.- sentenció Lily con cara de fastidio.
- ¡¿Qué?! Ese idiota, se va a enterar de lo que vale un peine. - Scarlett indignada se dirigió a la puerta de la habitación dispuesta a salir a cantarle las cuarenta a James.
- Scarlett…- la llamó Fiona.
- ¡No me pares Fiona! Ese idiota se merece un escarmiento.
- Scarlett querida, que vas en bragas…
La airada joven deshizo sus pasos y se puso el pantalón del pijama.
- De todas formas no hagas nada Scarlett, no quiero que precisamente ellos empiecen a vacilarme con Fabian, y menos aún estando las cosas tan en el aire.- dijo Elizabeth.
- Jo, es que, qué rabia.
- A mí no me importa, si tiene que pasar ya pasará.- Elizabeth se metió en la cama con Bagheera y se dispuso a dormir.
A la mañana siguiente comenzaron las clases, coincidió además que tenían Transformaciones con los alumnos de Ravenclaw y por lo tanto con Aidan Lynch. Cuando las cuatro amigas llegaron a la puerta del aula había unos cuantos estudiantes esperando a que llegase la profesora McGonagall.
- El bombón de Ravenclaw está guapo hasta recién levantado.- susurró Scarlett con una sonrisa pícara mientras se acercaban al grupo de alumnos.
Aidan les echó un rápido vistazo y siguió hablando con sus amigos. Las cuatro amigas se colocaron en la fila de alumnos a esperar a los que quedaban por llegar. Tras unos minutos aparecieron los merodeadores armando un escándalo por el pasillo.
- ¡Te dije que esa mierda explotaría en cuanto la dejases al aire!- chilló James mirando a Peter, ambos tenían las cejas chamuscadas.
- Bueno, bueno James, no te pongas así, esas cejas os dan un aire interesante.- se burló Sirius estallando en carcajadas inmediatamente después.
- Sí, qué gracioso ¿eh?- dijo James ofendido- No te reías tanto anoche cuando tenías el culo en llamas por esa manía tuya de jugar con el fuego.
- Eh, eso ha sido un golpe bajo.- se quejó Black.
- Bonitas cejas Potter.- comentó Elizabeth cuando los cuatro chicos las alcanzaron.
- Casi tanto como tu nuevo corte de pelo Bennet.- contraatacó él con borrándole la sonrisa de la cara a Elizabeth.
- Uff, eso me ha dolido hasta a mí…- dijo Sirius poniendo una mueca de desagrado.
- No te preocupes Black, te haré reír de nuevo echándole un bonito maleficio a cejitas Potter.- comentó ella levantando la varita y apuntando al de gafas.
- Déjalo, no vale la pena.- Lily la detuvo cogiéndola por la manga de la túnica.
- Oh, gracias Evans, sabía que precisamente tú no dejarías que esa psicópata desfigurase mi bonita cara.
- Cállate cejas, no hagas que me arrepienta y le deje dejarte calvo.
La llegada de McGonagall interrumpió la discusión y todos entraron en el aula para comenzar con la clase. Los alumnos de cuarto notaron una subida de nivel considerable en las distintas asignaturas, al año siguiente se enfrentarían a los TIMOS y los profesores ya empezaban a prepararles.
La última clase del día para Elizabeth, Fiona y los merodeadores fue Cuidado de Criaturas Mágicas y el profesor Kettleburn decidió que sus alumnos ya estaban preparados para lidiar con unicornios adultos. Fiona se acercó a uno de los ejemplares mirándolo extasiada, era muy difícil conseguir ver uno y era la primera vez que la mayoría de los alumnos entraban en contacto con ellos en persona. Aidan Lynch se dirigió resueltamente hacia el mismo unicornio que había elegido la rubia.
- Parece que brilla con luz propia ¿verdad?- comentó el chico acariciando el lomo del animal.
- Sí, la verdad es que es mi animal favorito.- dijo Fiona mirando al de Ravenclaw de reojo.
- Os vi a ti y a tus amigas mirándome durante la cena de ayer.- Aidan soltó la frase como quien no quiere la cosa.
- Ya, estábamos hablando de ti.- Fiona contestó sin ningún pudor dejando al chico estupefacto unos segundos.
- Ah, y ¿puedo preguntar por qué hablábais de mí?
- Puedes preguntar.
- ¿Y bien?
- Pues que puedes preguntar, pero eso no significa que yo te conteste.- Fiona zanjó la conversación y se fue hacia la zona donde Elizabeth estaba echándole una buena reprimenda a James por asustar a uno de los unicornios.
- Ese Potter es incorregible.- se quejaba más tarde Elizabeth en la sala común.- Empezó a darle palmadas en los cuartos traseros al unicornio y a chillar como si estuviese arreando vacas por el campo.
- Es idiota perdido…- colaboró Lily, que aunque no había presenciado la escena siempre se animaba a criticar a James.
- El pobre unicornio salió corriendo, le tendría que haber dado una coz en toda la boca por imbécil, pero bueno ya me encargué yo de pegarle la lengua al paladar por enésima vez y de darle una buena patada en el culo.- contó Elizabeth.
- Pues a mí se me acercó Lynch a preguntarme por qué le mirábamos en la cena.- comentó Fiona mientras ojeaba su libro de Defensa Contra las Artes Oscuras.
- ¿Y qué le dijiste?- preguntó Scarlett incorporándose repentinamente en el sofá.
- Le dije que le mirábamos porque estábamos hablando de él.- Elizabeth soltó una carcajada ante la respuesta de su amiga mientras Scarlett y Lily la miraban horrorizadas.
- ¿¡Y qué te dijo!?- Scarlett chilló la pregunta haciendo que todos los presentes en la sala se girasen a mirarlas.
- Joder, pues qué me va a decir, que por qué hablábamos de él, y le dije que podía preguntar pero eso no significaba que le fuese a responder y me largué.- finalizó la rubia.
Scarlett respiró aliviada y Elizabeth se cayó del asiento ahogada entre las risas.
- Fiona, te adoro.- le dijo en cuanto pudo respirar tras el ataque de risa.
Las cuatro amigas se fueron a dormir con la sensación de que habían empezado bien el curso. Elizabeth no había pensado en su madre en todo el día y eso era buena señal, sólo esperaba que a lo largo del curso no tuviese que enfrentarse a ninguna mala noticia que enturbiase su buen ánimo, algo complicado porque la guerra seguía fuera de los muros del castillo, y poco a poco se iba filtrando dentro.
