Advertencias: Yaoi, Lime tirando a Lemmon.
Suecia
— ¡Que comience la fiesta!
Intenté divisar a Finlandia entre la cantidad de naciones que había. Para colmo, muchas de las naciones tenían cabello rubio, al ser él también rubio, se camuflaba bastante más fácil.
Maldición. Finlandia era un poco… extraño. Tenía períodos en los que hacíamos cosas juntos, sin problemas. En otros, se alejaba completamente de mí. Decía que lo confundía demasiado.
— ¿Vas a tomarte eso? —me preguntó Noruega, señalando la botella de vodka que yo sostenía. Negué con la cabeza, ya que estaba concentrado en otras cosas, y le di la botella. Me apresuré en buscar a Finlandia por todo el salón.
Pero no lo vi, por lo que salí hacia afuera, alterado. ¿Dónde rayos estaba?
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Finlandia no estaba afuera. Sólo vi a Bielorrusia y Letonia en la puerta del pasillo.
Suspiré. ¿Ahora qué razón tenía para escapar de mí?
En parte me irritaba. Pero por otra parte… era divertido jugar así. Después de todo, me tenía fé. Lo encontraría, tarde o temprano.
Y cuando eso sucediera, las cosas se iban a poner muy buenas~.
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Entré al salón. Conocía a mi esposa. Él no podía resistirse al alcohol.
No me costó identificar su cabecita rubia, en la barra, con Alemania e Italia. Si hubiera sido sólo Alemania, hubiera estado tentado de ir a golpearlo, pero si estaba con el italiano, no tenía de qué preocuparme.
Nuestras miradas (la mía y la de Finlandia), se cruzaron. Noté que se percató de mi presencia, y juraría que hasta podía oler su nerviosismo.
Se puso de pie de un salto, y salió corriendo en la dirección opuesta a mí. Yo arrugué la nariz y lo seguí. No se escaparía tan fácilmente.
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—Finland!—Grité, cuando llegó al pasillo. Tuve que esquivar a un par de personas, y volvió a huir.
Maldición…
—Finlandia~—lo llamé en voz alta. Él me ignoró y apresuró el paso— ¡Finlandia, me cago en…!
—Oye—me interrumpió Japón, que se encontraba recostado contra una pared—Si vas a gritar tus dramas sentimentales, lo haces afuera.
Le hubiera dedicado un par de palabras groseras, pero su cara de "voy a asesinar al siguiente que se me ponga enfrente con el objeto que sea" me hizo desistir.
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No lo volví a ver, pero pude identificar a Dinamarca en el salón. Me acerqué a él, seguramente estaba al tanto de algo. Antes de llamarlo, le robé un paquete de pastillas de menta del bolsillo, sin que se diera cuenta.
—Dinamarca—lo llamé— ¿Has visto a Finlandia?
Él pareció ponerse nervioso. Eso sólo podía significar que lo había visto, pero no podía delatarlo. Ése danés era demasiado predecible.
—Suecia, deja de atormentar a Dinamarca con tus bromas sobre daneses—refunfuñó Noruega, detrás de mí.
—No estaba haciendo bromas sobre daneses—admití, y el noruego me fulminó con la mirada—Al menos no ésta vez—tuve que reconocer.
—Vete—me gruñó Noruega.
— ¿Tú viste a Finlandia?
—No—cortó el noruego. Levanté las manos.
—Vengo en son de paz—expliqué—Sólo quería saber dónde estaba Finlandia. Me voy, me voy.
—Más te vale, Sverige.
—Noruega, deja de ser tan malo con Suecia—fue lo que escuché que dijo Dinamarca, antes de dejarlos solos completamente.
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—Ahora sí te tengo—susurré contra el oído del finlandés.
—Déjame—se quejó él, luego de soltar una grosería en su idioma.
Intentó apartarse. Aunque lo tenía difícil. Se encontraba de espaldas a mí, contra una de las paredes del salón. Los demás estaban demasiado ocupados bailando o bebiendo como para percatarse de nuestra presencia.
Yo tamborileé los dedos contra la pared, asegurándose de que mi respiración rozase su nuca. Él se estremeció al instante.
—Dime~—comencé— ¿Porqué corres ésta vez?
—Que me dejes en paz—volvió a quejarse él, girando un poco la cabeza y dirigiéndome una mirada amenazante por el rabillo del ojo.
—Y tú no me contestas—insistí.
— ¿Podemos dejar ésta estupidez? —discrepó.
—Podemos conversarlo afuera—sugerí, alzando las cejas.
Él me estudió con una expresión inescrutable por unos segundos.
—Bien—accedió al final.
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—Dime—exigí.
—No—cortó Finlandia.
Y ese diálogo se repetía por enésima vez.
—Quiero saber porqué corrías, Finland—dije.
—Y yo digo que no quiero decirte.
—Pero tengo derecho a saber.
— ¿Quién lo dice? —se burló él.
—El acta matrimonial.
—El… ¡nosotros no estamos casados!
—Pero cuando quieras, podemos hacerlo.
—Eres un pesado…
—De todas formas, vuelves a evitar mi pregunta. Dime, ¿por qué corres?
— ¿Acaso debo tener una respuesta específica a eso?
—Sí.
El suspiró.
—Por Sealand—contestó finalmente— ¿Feliz?
—Confundido—aclaré. No entendía que pintaba Sealand.
—No lo entenderías—murmuró, y lanzó un suspiro al final de esa frase.
—Si no me explicas, es obvio que no entenderás.
—No importa—volvió a murmurar.
—Explícame.
—Que no importa, Suecia, joder.
Y esa fue su última palabra. Por el momento.
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Finlandia caminó rápidamente delante de mí, para escabullirse detrás de unos árboles. Encendió un cigarrillo. Yo lo seguía, a un paso más calmado. Tampoco pasé por alto que Noruega y Dinamarca también habían ido al parque en busca de un poco más de privacidad.
—Bueno, supongo que esto ya es toda la privacidad que necesitamos~—dije, mientras él recargaba la espalda contra un árbol y aspiraba el humo de su cigarrillo. Yo sonreí, porque estar ahí me recordaba a las noches que habíamos pasados juntos, mientras escapábamos del danés— ¿Me dirás que sucede con Sealand y porqué él hace que huyas de mí?
—No es tan así—aclaró él—Deja de hacer tantas preguntas. Me das dolor de cabeza.
—El alcohol te da dolor de cabeza—lo corregí. Volví a sonreír ante su sonrojo—Ahora, confiesa, ¿qué pasa con Sealand?
—Es extraño.
—Bueno, un niño que se obsesiona con Inglaterra no es muy normal…
—No, no es que Sealand sea extraño…
—Aww, lo defiendes~.
— ¡No me refiero a eso! —se alteró. Volvió a aspirar la nicotina, y luego siguió explicando—Me refiero a que… la relación que tenemos… es extraña.
—Nunca tuviste muy buena relación con los niños, aunque reconozco que con Sealand te esforzaste, y se llevan bastante bien. No veo el problema…
—El otro día me llamó "Papá".
Ésa fue una de las pocas veces en toda mi existencia como nación, en la que me quedé sin palabras.
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—No sé qué hacer—soltó Finlandia, para luego apagar el ya consumido cigarro.
—Me tomó por sorpresa—reconocí, pero no pude evitar sonreír—Es… hasta tierno.
—No hace falta que lo digas—murmuró él, y supe que opinaba lo mismo que yo.
—No hay nada más que hacer. Ya está, eres…—hice una pausa antes de proseguir—Papá Finlandia.
No pude evitar soltar una carcajada al terminar de decir eso. Finlandia me fulminó con la mirada, ordenándome que me callara.
—Que te calles, Suecia, carajo…—pidió por enésima vez. Yo no podía parar de reírme. Podía parecer absurdo, pero la imagen mental de Finlandia actuando como un padre para Sealand era demasiado épica…
—De todas formas, todo esto te convierte en Mamá Suecia—zanjó él. Mi risa desapareció al instante.
¡No era justo! ¡Yo no quería ser la mujer!
—Sealand puede tener dos padres—repliqué. Finlandia se encogió de hombros y soltó un "Como digas, Suecia".
Bueno, éramos una familia rara. Pero tampoco podía quejarme.
—Ah, Finland, por cierto… —comencé.
— ¿Qué?
—Jag älskar dig~
Él se ruborizó al escuchar el "Te quiero".
—Yo también—admitió en voz baja.
—Lo sé—sonreí socarronamente, y lo abracé por la cintura, enterrando mi rostro en sus cabellos rubios.
Él me tomó del mentón, inclinando mi cara hacia abajo, y sus ojos negros-violáceos se clavaron en los míos.
—Hay veces en las que simplemente deberías callarte, Suecia—dijo bruscamente—Como ésta, por ejemplo.
Y antes de que yo pudiera decir otra cosa, me estampó un beso algo brusco en la boca.
Movió sus labios contra los míos, avanzando rápido, sin preocuparse por comenzar por algo más bien suave.
Había que reconocerlo, era una forma muy buena de callarme. Y no me molestaba precisamente.
Quise apartarme para decirle lo creativo que me había parecido su método, pero apenas dije una sílaba, volvió a callarme con un beso bastante hambriento. Cómo si hubiésemos sido dos amantes que llevaban años sin verse, y se extrañaban locamente.
Su lengua delineó mi labio inferior, y no pude evitar gemir contra su boca. Era más de lo que podía aguantar. Abrí más la boca, logrando rozar mi lengua con la suya. Ambas entrelazándose en una apasionada danza.
Uy, qué poético.
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Luego fue Finlandia el que gimió contra mi cuello cuando acaricié su entrepierna por encima del pantalón. Mientras él seguía en su labor de mordisquear aquella zona tan sensible, yo le desabroché el cinturón, intentando bajarle los pantalones.
—Ah~, imbécil—se quejó entre gemidos cuando volví a acariciar su miembro, ésta vez metiendo mano por debajo de la ropa interior—No seas estúpido. No podemos hacerlo a-ah~-aquí. Nos van a descubrir.
—Podemos hacerlo rápido~—sugerí, concentrado en acariciar su pene, el cual cada vez se ponía más erecto. Con mi mano libre comencé a desabrochas mi propio pantalón.
— ¿Cómo mierda vas a hacer que eso sea rápido? —preguntó Finlandia entre jadeos, arañándome un poco la espalda.
—Min kärlek (*), ¿acaso dudas de mí?
—Cualquier persona en su sano juicio…—dijo entre jadeos—…dudaría de ti.
—Bueno, entonces no estás precisamente en tu sano juicio~—bromeé.
—Maldición, Suecia, ya cállate, ah~. Y quita tus manos de mis regiones vitales.
No parecía querer que parara, a pesar de sus palabras. Por eso seguí acariciando su erección, deleitándome con sus gemidos. Aunque los arañazos en la espalda dolían un poco. Dejé un poco de lado mi "trabajo manual", y me acerqué al oído de Finlandia.
—Vas a disfrutarlo tanto que te van a temblar las piernas—susurré, para luego morderle el lóbulo de la oreja—Vas a terminar gritando mi nombre.
Finlandia me balbuceó un insulto en su idioma, pero lo callé besándolo e introduciendo mi lengua en su boca otra vez. Le terminé de quitar los pantalones, y lo senté encima de mí. Rodeó mi cintura con sus piernas, captando lo que yo quería hacer.
Acaricié sus muslos con deleite, y luego lo sostuve de ahí para poder introducirme en su interior y cumplir con lo que había dicho anteriormente.
Sí, le temblaron las piernas. Y puede que no haya gritado mi nombre, pero sí que lo gimió varias veces.
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Había un silencio nada incómodo entre nosotros dos. Finlandia todavía tenía un sonrojo en las mejillas por lo que habíamos hecho, y caminaba de forma un poco incómoda.
—Eres un jodido pervertido, Suecia—soltó finalmente, cuando los dos nos detuvimos en el pasillo.
—Habló el que gemía como desesperado cuándo lo tocaban—retruqué.
—Tú también gemiste como desesperado—acotó, encogiéndose de hombros.
—Es verdad—reconocí, y me acerqué para besarlo. El gusto a cigarrillo se mezcló con el de las pastillas de menta que yo le había robado a Dinamarca.
Finlandia me abrazó por el cuello, mientras movía sus labios contra los míos. Nos separamos para tomar aire, y nuestros ojos se encontraron. Él cerró los ojos y volvió a besarme, de forma bastante tierna (lo que era un poco raro viniendo de él), inclinando la cabeza hacia un costado.
Seguimos así un par de veces. Creo que alguien se dio cuenta de lo que estábamos haciendo, pero no me importó demasiado. Yo tenía todo el derecho del mundo de besar a mi esposa.
Me separé un poco de él. Tenía los labios húmedos y los dedos aferrados a mi nuca.
—Suecia—me llamó él, en un susurro—Te quiero.
No sería un "Te amo hasta las estrellas" u otra cursilada de ese estilo, pero fue perfecto así como lo dijo.
Y eso significaba mucho viniendo de Finlandia.
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—Repítelo—pedí, acariciando el cuello del finlandés. Delineé el tatuaje que tenía allí.
Me gané un golpe bastante fuerte en el hombre. Bien, cuando Finlandia decía "Te quiero", había que esperar mucho tiempo para recibir otra frase de ese estilo. Y si se insistía (tal como hacía instantes atrás), uno se ganaba un golpe.
Me sobé el lugar dónde me había golpeado.
—Vamos, Fin. Dilo otra vez~—pedí, dejando mi rostro a pocos centímetros del suyo.
—Que no. Ya no fastidies—se quejó él, cruzándose de brazos.
Me resigné. Aunque nadie me iba a quitar lo bailado. O lo escuchado, dado el caso. O lo hecho, si nos referimos a lo que había sucedido momentos atrás. Sonreí de forma un poco lasciva al recordarlo, y me gané un "Pervertido" de parte de Finlandia.
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— ¿Y a éste qué le pasó? —preguntó Finlandia, observando a un borracho Prusia. Y en un estado que daba pena.
— ¿Ademán de vomitar una licorería entera? —Bufó Alemania—Me harían un enorme favor si se lo llevan a su habitación. Finlandia se rió entre dientes y asintió con la cabeza. Yo sentí bastante pena por Prusia.
—Arr… iarr…—murmuró el albino. Supongo que quiso decir "Gracias". Entre Fin y yo llevamos al prusiano a rastras.
Dejamos al alemán tendido sobre su cama, y quedó medio inconsciente al instante.
—Ah, bueno, dejémoslo descansar—dijo Finlandia, yéndose de la habitación.
— ¿Y ahora qué? —pregunté.
—Ahora me voy.
—No—me quejé—Te quedas conmigo.
—Suecia, no molestes.
—Pero es que quiero estar contigo.
Y al final me salí con la mía.
(*) Según el (no muy) confiable traductor de Google, significa "Mi amor" en sueco.
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Es lo que que hay, de momento. Porque todavía quedan bastantes capítulos xD Espero que hayan disfrutado de uno de los capítulos más esperados. Y luego seguirá Estonia :megusta:. Creo que los capítulos que más disfruté escribiendo son los que están quedando para el final e.e En fin, muchas gracias a todos por los comentarios y demás. Aunque tal vez para ustedes no signifique tanto, son un gran apoyo. En serio. Desde este lado de la pantalla, se los agradezco.
