CAPÍTULO 21

"Sí, es tu culpa!" Sheldon anunció con furia. Nicholas estaba tan profundamente dormido en su cama de hospital, que ni siquiera escuchó el grito de su padre.

"Sí, es tu culpa". El silencio que siguió a aquellas palabras, fue quizá el más perturbador e hiriente que haya transcurrido entre Sheldon y Amy. Los eventos que ocurrieron a continuación se sucedieron unos a otros como en cámara lenta.

Amy en realidad se sentía responsable por lo que le pasó a Nicky; Sheldon ni siquiera necesitaba decírselo. De hecho, se había sentido culpable desde el momento mismo en que decidió ir a San Diego, a pesar de que lo hizo por estar junto a su tía, después de todo, ella también es su familia. Lo más doloroso para fue la actitud de Sheldon en ese instante, eso no lo vio venir.

Sheldon permanecía de pie frente a Amy, sin siquiera mirarla. "En realidad es tu culpa", susurró. En su rostro afligido los tics nerviosos eran evidentes.

"Yo te culpo por haberme hecho tan dependiente de ti; por hacerme sentir que no puedo pasar un minuto sin tenerte conmigo. Es tu culpa que yo me sienta terriblemente indefenso. Sí, es tu culpa porque tú me diste a Nicky y al bebé que tendremos pronto, pero junto con ellos me diste también una razón más para preocuparme y para vivir con este inmenso temor de perderlos, a ti y a ellos." Eso era lo que Sheldon hubiese querido decirle a Amy en ese momento exacto… pero no lo dijo.

En su cabeza, existía una batalla campal entre el área del cerebro que controla las emociones viscerales y el área encargada del pensamiento lógico. El resultado de esa batalla llevó a aquella frase de la que Sheldon se arrepentiría en el mismo instante de pronunciarla.

"Claro que es tu culpa." Sheldon apretó fuertemente los labios. "Amy yo no puedo con esto. Yo estaba muy bien antes de que tú llegaras a mi vida y lo cambiaras todo. Yo no debería estar pasando por esto. Yo debería dedicarme a la ciencia, pensando en mi Premio Nobel y nada más. Esto no estaba en mis planes. A veces desearía que mi vida fuese como antes." Sheldon se dirigió hacia la puerta, pero sin abrirla. Se quedó mirando fijamente la cerradura, dándole la espalda a Amy.

"A veces desearía no haberte conocido." murmuró Sheldon, bajando la cabeza y pensando que Amy no le escucharía. Obviamente se equivocó.

Aquellas palabras viajaron rápidamente hacia el oído de Amy; concretamente a unos 1234,8 km/h, que es la velocidad de propagación del sonido en el aire. Sheldon claramente lo sabía. Sabía eso y muchas otras cosas, sabía cómo funcionaba el universo, pero a menudo ignoraba cómo manejar las situaciones emocionales más difíciles.

Al escuchar esas palabras, Amy trató de contener sus lágrimas por el mayor tiempo posible, solamente para darse cuenta de que esa era una tarea imposible. Las lágrimas llegaban a sus ojos, sin haberlas invitado.

"Sheldon… eso fue muy duro. Me duele mucho lo que me estás diciendo." Amy sintió como si algo dentro de su pecho se rompiera. Quizá ese algo, era la confianza que tenía en Sheldon.

Aunque Sheldon detestaba ver llorar a Amy, no supo que decirle en ese momento; simplemente apretó aún más los labios y cerró el puño fuertemente hasta que los nudillos se le pusieron blancos por la presión. La respiración de Sheldon se volvió superficial y jadeante como si acabara de correr una maratón. Cubrió su rostro con las manos como para ocultarse de ella.

"Amy!" Sheldon levantó la cabeza y suspiró. Tragó saliva al sentir la garganta seca, sin poder emitir sonido alguno. Súbitamente salió de la habitación, conteniendo el deseo de mirar atrás.

Ya estando afuera de la habitación, Sheldon contemplaba nuevamente la puerta, luchando consigo mismo para no regresar y pedir perdón.

Sheldon se preguntaba si en realidad esas palabras habían salido de sus labios o si solamente había sido una horrible pesadilla. No estaba soñando, y sí esas habían sido sus palabras, y aunque quisiera borrarlas, ya las había dicho.

El daño ya estaba hecho y, para ser sinceros, comportarse como un cretino era sin duda una reacción secundaria al hecho de ver a tu hijo de menos de dos años, convulsionar ante tus ojos sin que haya nada que puedas hacer para evitarlo. Ver pasar a Nicky por aquella situación fue extremadamente difícil para Sheldon. En un momento pensó que el niño moriría. Todavía sentía escalofríos cuando revivía esa escena.

"A veces desearías no haberme conocido", Amy repitió las palabras de Sheldon, sintiendo como, una por una, las lágrimas corrían por sus mejillas, como si le quemaran.

Eran de esas lágrimas cálidas y amargas que brotan cuando las defensas que creamos alrededor de nosotros mismos, finalmente se derrumban. "Tardaste poco en darte cuenta de eso".

Amy secó sus lágrimas con el puño de su suéter y se sentó en la cama de Nicholas, acariciando suavemente su cabello y limpiando unas cuantas gotitas de sudor de la frente del niño. Nicholas dormía plácidamente como si aquellos hechos tan traumatizantes nunca hubiesen pasado.

"Mi vida… no entiendo por qué tuvo que pasarnos esto. Todo estaba tan bien hace unos pocos días." Amy sollozaba mientras acariciaba el rostro de Nicky y frotaba dulcemente su vientre, recordando lo felices que estuvieron hace apenas unas semanas. "¿Sabes? Yo siempre temí que esto podría suceder; siempre tuve miedo de que tu padre cambie de un día para el otro y se aburra de nosotros."

Nicholas empezaba a despertarse poco a poco al escuchar la voz de su madre.

"Quizá me engañé a mi misma todo este tiempo; quizá él nunca ha dejado de ser así y yo no quise verlo. Al menos, eso es lo que dice mi mamá", Amy respiró hondo, tratando de mantenerse calmada. "Bueno. Ahora, no me importa eso. Lo único que me importa es que tú estés bien. Perdóname por no haber estado contigo cuando te pasó esto." Le dijo a Nicky.

En pocos minutos, Nicky abrió sus ojitos azules y miró a su mamá sonriéndole. Observar aquellos hermosos ojos, iguales a los de Sheldon y aquella dulce sonrisa, era lo único que podría animar a Amy.

"Ay Monito, me apena todo lo que has tenido que pasar por culpa de estos padres tan inexpertos que te tocaron en suerte." Amy sonrió con dulzura. "Pero, se me acaba de ocurrir una idea que puede ayudarte", Amy acarició tiernamente la barriguita de Nicky y comenzó a cantar:

"Soft kitty, warm kitty, little ball of fur. Happy kitty, sleepy kitty, purr, purr, purr." Nicholas siempre se sentía mejor al escuchar esa canción.


Después de caminar lentamente por uno de los pasillos del hospital, Sheldon entró a la sala de espera. Sin decir una palabra se desplomó en uno de los sillones, frente a las miradas de Penny y Leonard que aún permanecían allí a pesar de la hora.

"Sheldon cariño, ¿cómo está Nicky?", preguntó Penny al ver el rostro tan triste de Sheldon.

"Mejor", respondió Sheldon secamente. "Mejor. El médico dijo que va a estar bien.".

"¡Qué alivio que Amy haya regresado de Pasadena antes de lo previsto¡", añadió Leonard. "No sé cómo supo que algo andaba mal. Debe ser aquello que llaman instinto maternal".

"Sí", murmuró Sheldon. "Amy está con él ahora. Ya es muy tarde, sería mejor que ustedes se vayan a su casa. Nosotros vamos a quedarnos aquí."

"¿Seguro? Penny y yo podemos quedarnos. Amy debe estar muy cansada por el viaje. Y tú también necesitas dormir un poco. Puedo ir a dejarlos a casa si lo quieren." Leonard ofreció su ayuda, pensando que era lo mejor para todos.

"No. Amy y yo vamos a quedarnos aquí" respondió Sheldon. "Debemos estar con Nicholas y eso no tiene discusión."

"Está bien! Penny y yo iremos a dormir un poco. Avísanos si necesitan algo." Dijo Leonard levantándose de la silla y estirando su mano para que Penny la tomara. Sheldon asintió.

Cuando Penny se levantó de la silla para acompañar a Leonard, sintió nuevamente ese dolor punzante en su espalda. "Auch!" el dolor fue tan intenso que tuvo que sentarse otra vez.

"¿Te duele todavía?" preguntó Leonard, arrodillándose al lado de la silla donde estaba Penny.

"Sí" Penny respondió mientras frotaba su espalda.

Sheldon los miró con preocupación, aunque un poco molesto al notar que Leonard preguntaba algo tan obvio. Era evidente que Penny sentía dolor.

"¿Dónde te duele y desde hace cuánto tiempo?" Sheldon preguntó, pensando que podría distraerse un poco si participaba en el diagnóstico diferencial de la dolencia de Penny. Al menos eso evitaría que Leonard y ella le preguntaran por qué no estaba con Amy.

"Me duele la espalda, desde hace algunos días, pero antes el dolor no era tan fuerte. Hace unas horas el dolor aumentó mucho y ahora también me duele aquí." Con un gesto de incomodidad, Penny señaló hacia el lado derecho de su vientre.

Leonard la observaba preocupado. Repentinamente el rostro de Penny se veía muy pálido.

"Mhmm… así que tienes un dolor lumbar que se irradia hacia fosa ilíaca derecha. Penny, ¿te han operado del apéndice?" Sheldon preguntó muy pensativo.

"No, nunca me han operado de nada" Penny tragó saliva al contestar. Había ido al hospital para acompañar a Nicky y ahora podría terminar en una sala de operaciones.

"Entonces, esta podría ser tu primera cirugía. De todas maneras el apéndice es un órgano vestigial y no te hará falta. Yo mismo he pensado realizarme una apendicectomía profiláctica pero quien tiene tiempo para eso." Sheldon cruzó los brazos; aún no podía sacarse de la cabeza aquellos eventos que acababa de vivir. Deseaba volver a la habitación de Nicky y hablar con Amy, pero se sentía avergonzado por su comportamiento.

"¿Tú crees que sea apendicitis?" Leonard le preguntó a Sheldon asustado.

"Puede ser apendicitis o un cálculo renal. Mi hermano tuvo un cálculo renal y el dolor era muy parecido." Sheldon miró su reloj. Ya era la una de la mañana del día sábado. Ojalá Amy y Nicky estén durmiendo en la habitación pensó. Mañana hablaría con ella.

"Penny, ya estamos en el hospital, así que lo mejor sería que un médico te revise." Leonard añadió con aprehensión.

"No, no es nada! Ya se me pasará", Penny tenía miedo a las agujas, no quería quedarse en el hospital. Se levantó rápidamente de la silla y en ese momento sintió un intenso dolor en la espalda y el vientre, justo en la fosa ilíaca derecha, donde Sheldon le dijo que se localiza el apéndice. "Ayy, aunque por otra parte… ya que estamos en el hospital, sería buena idea ver a un médico", Penny tuvo que ceder al darse cuenta de que el dolor se incrementaba.

Leonard tomó a Penny del brazo para ayudarla a levantarse. "Vamos a que te revise un médico, pronto!" Leonard exclamó. Penny asintió y apoyándose en Leonard se dirigieron a la sala de emergencia.

Aprovechando que Leonard y Penny ya no estaban con él, Sheldon se levantó cautelosamente y caminó hacia la habitación de Nicky. Aunque originalmente había pensado conversar con Amy en la mañana, Sheldon no podía esperar más tiempo sin aclarar las cosas con Amy.

Cuando llegó a la habitación, la puerta estaba cerrada, pero pudo escuchar la voz de Amy cantándole 'Soft Kitty' a Nicky. Sheldon se quedó frente a la puerta, tratando de darse valor para abrirla.


"¿Cuándo empezó el dolor?" la doctora que atendía a Penny preguntó. Leonard esperaba afuera de la sala de emergencia. Al parecer sería una larga noche y ni los Cooper ni los Hofstadter irían a casa.

"Hace unos cuatro o cinco días", Penny respondió. Estaba preocupada al ver como la doctora llenaba varios formularios que incluían lo que muy probablemente eran exámenes de sangre. "¿Cree que sea apendicitis?", Penny tragó saliva al decir esto.

"Por las características del dolor, podría ser apendicitis. Aunque un cálculo renal también es una posibilidad", la doctora afirmó. Era exactamente lo que Sheldon le había dicho antes a Penny. "Vamos a necesitar algunos exámenes de laboratorio y un ultrasonido para confirmar el diagnóstico".

Penny miró hacia el techo, pensando que no se libraría de las agujas. "Está bien", dijo. Si Nicky se había portado tan valiente, ella tenía que comportarse a la altura de las circunstancias, pensó.

"¿Y qué debería observarse en el ultrasonido?" preguntó Penny, en el momento en que el médico colocó el gel en su abdomen e iniciaba el examen. A Penny aún le dolía el brazo del que le extrajeron varias muestras de sangre.

"Pues, depende de la causa del dolor que tienes. Si es por causa de apendicitis, podríamos encontrar un proceso inflamatorio en el apéndice. También podríamos observar un cálculo renal, si fuese el caso", el médico respondió.

"¿Qué es lo que ve? ¿Van a tener que operarme?" Penny estaba muy asustada.

"No veo cálculos renales y no encuentro alteraciones en el apéndice. Probablemente sea un dolor de tipo muscular." El médico continuaba examinando a Penny. "Los dolores musculares son muy frecuentes en tu condición". Añadió.

"¿En mi condición?" Penny cuestionó, muy extrañada. "¿Qué condición? ¿Es muy grave?". Penny ya se imaginaba a sí misma en una sala de operaciones, luchando por su vida.

"No, no es grave." El médico sonrió. "No me digas que no lo sabías", le dijo.

"¿Qué tenía que saber yo? Los médicos son ustedes, no yo." Penny levantó la cabeza tratando de observar la pantalla del ultrasonido con mayor claridad.

"Bueno… los dolores lumbares como el que tú tienes son bastante comunes en el embarazo." El médico soltó aquellas palabras de improviso. "No puedo creer que no lo sepas. De hecho, tienes seis semanas, con tres días."

"Pero… yo no estoy embarazada." Penny tartamudeó. "No… no puede ser".

"Yo tengo evidencia que prueba lo contrario y hasta podemos determinar su frecuencia cardíaca. Tiene 150 latidos por minuto. Completamente normal." El médico imprimió las fotos del ultrasonido y se las dio a Penny.

Penny suspiró muy hondo, al ver aquellas fotos. Sus manos temblaban sin parar.

"No encuentro ningún cálculo renal, ni tampoco signos de apendicitis. Lo único que veo… ya te lo dije. Espero que sean buenas noticias." El médico le dijo a Penny ayudándola a levantarse de la camilla.

Penny sonrió con ternura. El dolor que sentía en la espalda había disminuido bastante después de la medicación que le administraron o quizá lo que verdaderamente le alivió fue aquella noticia tan inesperada.

"¿Estás bien Penny? ¿Qué te dijo el médico?" Leonard había estado esperándola todo el tiempo que duró el examen.

"Parece que no tengo apendicitis." Penny respondió, secándose unas lágrimas que se le escapaban.

"¿Y entonces es un cálculo renal?" ¿Te duele mucho? ¿Por qué estás llorando Penny?", Leonard caminaba de un lado a otro, a punto de morderse las uñas por los nervios.

"Sabes Leonard, creo que me he encariñado tanto con este cálculo renal que hasta le voy a poner un nombre", Penny rió dulcemente. "Tú y yo tenemos unos 7 meses y medio para buscarle un lindo nombre a mi cálculo renal".