Capítulo XXI

Cerró la puerta tras de sí. La penumbra de la noche apenas transitaba en la habitación con tan radiante iluminación por parte de la luna. No obstante, el bello espectáculo pasó por alto en su mente. Suspiró y se deshizo de la playera de la escudería, dejándola a su paso. El casco podía vislumbrarlo en aquel estante perfectamente bien colocado mientras pensaba en los numerosos fotógrafos que estaban a las afueras del edificio tratando de obtener una revelación.

Caminó hasta sentarse en la cama y bajó la mirada al suelo, observando los pequeños y minúsculos papeles sembrados en la alfombra e incluso si era más preciso, podía notar que el bolígrafo de algún cliente había derramado tinta en la esquina de la habitación, justo donde se encontraba el escritorio. Y si era más meticuloso, podía notar la charola de comida descansando en el mueble. Un refrigerio que su jefe de carrera había ordenado para los exámenes de mañana.

—Te necesito en la mejor condición posible—recordó sus palabras—Así que no puedes irte a dormir sin haber comido algo nutritivo.

Se paró y apartó el manto plateado que cubría sus alimentos. Nada extraordinario. Nada apetecible para él en ese preciso momento. Entonces regresó al mismo sitio. Y dejó caer su cuerpo hasta tocar la áspera alfombra en el piso. Nada más cercano a su realidad, nada extraño a la sensación de tocar fondo.

—¡Yoh, ¿quieres jugar?!

Sonrió con amargura al oír sus pensamientos divagar al pasado. Y una lágrima rodó cuando sus ojos se cerraron con fuerza al recrear el momento. Apretó sus labios, queriendo olvidar aquella respuesta.

—Sólo si jugamos con los coches.

—Eso es aburrido y es de tontos—contestó el niño—Además, tenemos las bicicletas, ¿no te gustaría jugar con eso mejor?

Meditó un instante antes de aceptar con gusto la oferta de su hermano. Y corrió por el jardín tratando de hallarla, pero simplemente no estaba en su lugar.

—Papá debe haberlas llevado al taller—concluyó Hao—Bien, ni hablar tomaré tu coche.

—Pero…

—Es lo justo—dijo su hermano—Fue tu idea y yo exijo el mejor auto.

Caminaron hasta el garaje del jardín, en donde no había más que un coche pequeño de pedales. Hao le había mirado con aburrimiento en ese preciso instante. Sin embargo, poco le importó y sacó el vehículo de juguete. No había más que uno y él no esperaría el turno del Yoh.

—¡Es injusto, Hao! —exclamó molesto—Yo también quiero jugar.

—Mamá regaló el resto de los juguetes, Yoh. Tú querías coches, ahora espera tu turno.

—Pero es que tú siempre eres el primero.

El pequeño Asakura le había sonreído con arrogancia mientras empujaba a su hermano al césped.

—No me importa, yo merezco el coche. Así que espera tu turno—espetó con dureza.

Entonces se levantó molesto. Y pudo haber llorado para atraer la atención de los demás, sólo que en ese momento sentía todo menos tristeza, estaba realmente enojado con su hermano. Él siempre tenía que agachar la cabeza y dejar que Hao dominara. Él siempre tenía que esperar.

—Oh, vamos, Yoh. No puedes ser tan llorón todo el tiempo—se burló el Asakura.

Entró a la casa, sin importarle nada más. Hao siempre hacía lo que quería y él no iba a quedarse ahí para contemplarlo jugar. Su enfado era sin igual que no le importó chocar con el mejor amigo de su hermano al entrar a la sala.

—Oye, Hao, fíjate—se quejó Lyserg, mientras lo seguía de cerca subiendo las escaleras.

Cierto que eran gemelos, pero la diferencia entre ellos radicaba… Bien radicaba más en su conducta y su carácter, ya que ambos tenían casi el mismo largo de cabello. No había rasgos demasiado diferentes entre los dos, pero Lyserg llevaba viviendo con ellos más de dos meses, era insultante que no diferenciara entre él y Hao.

—¡Espera, Hao! —le gritó cuando el niño cerró la puerta de su habitación.

Lyserg tocó con insistencia hasta que notó que el esfuerzo era simplemente inútil. No había forma de hacerlo rectificar. Yoh se cubrió con una almohada para evitar oír la insistencia de su amigo. Tampoco quería escuchar a sus padres pelear. Mikihisa y Keiko seguían discutiendo después de más de media hora que había vuelto su padre de trabajar y aun no concebían llegar a un acuerdo.

Quizá era el motivo por el cual su padre casi nunca los acompañaba a comer, ni pasaba demasiado tiempo con ellos.

—Vamos, Hao—insistió Lyserg.

Cansado se levantó y después de un par de minutos abrió la puerta. Los gritos de sus padres ya habían alterado a una gran parte del servicio e incluso a él mismo. Tomó lo primero que le vino a la mano, la patineta favorita de Hao y salió a enfrentar a Diethel, que se encontraba recargado en la pared, totalmente fastidiado.

—¡Hasta que sales! —dijo jalándolo con brusquedad—¡Y ahora qué te pasa!

—Oye, Lyserg, yo no soy Hao—se quejó soltándose del mismo modo—Y déjame en paz, tú siempre defiendes a Hao para todo.

El niño lo soltó sorprendido. Aun cuando afirmaba que no era Hao, su carácter decía todo lo contrario. Dejó caer la patineta al suelo y colocó el pie en ella. Apenas pudo entender algo cuando lo vio andar por el pasillo. Entonces temió por él, no sólo porque fuera a resbalar, sino por su madre que estaba cerca.

—¡Estoy harto de ti, Keiko! —le dijo exasperado—¡Eres intolerable!

Los gritos estaban tan cerca de él, que cuando notó a sus padres a unos pasos de las escaleras, desistió en su idea de bajar, pero su torpeza fue grande cuando trató de parar. Sin embargo, no había previsto tener espectadores para la maniobra que Hao hacía a menudo en las escaleras y al intentar detenerse, sólo había caído de espaldas, mientras el juguete seguía su andar.

Abrió los ojos con pesar. Lamentarse era inútil. Su madre había tropezado con la patineta por su imprudencia. Ni siquiera podía describir el horror que le causaba evocar un recuerdo por demás enterrado. Su padre le había dicho que no era grave, que estaría bien, que ella estaría bien. Incluso su hermano lo había abrazado ante el miedo. No podía evitarlo. La patineta se había detenido justo en la alfombra y si Keiko no hubiese discutido con Mikihisa, hubiese pateado la tabla, como tantas veces lo hizo, pero el resultado fue muy diferente.

—Tranquilo, tranquilo—dijo Hao—También es culpa mía.

Sus lágrimas caían ponderosamente en su rostro.

—No, no es culpa tuya, es culpa mía.

—Pero yo…—pronunció Hao con impotencia.

Era un niño de apenas cuatro años, pero sentía mucha rabia que no sabía cómo liberarla.

—Tranquilo, yo estaré contigo—le dijo en ánimo de apaciguar la preocupación de su hermano.

—Sí…—dijo con pesar—Todo saldrá bien.

Su madre había abortado. El resto eran imágenes difusas que Hao se encargó de clarificar. Había tomado su lugar. Después de todo, su madre sólo requirió de una respuesta de Hao para asumir su culpa, sin embargo, él no se atrevió a contradecirla. Pidió una disculpa y eso fue todo. No hubo más comentarios de su parte.

—Me debes una—le dijo el castaño—Sólo ya deja de hacer tonterías. Mamá no se molestó.

—Pero… ahora no tendremos un hermano. Y todo es mi culpa.

—No es tu culpa, los accidentes pasan—dijo con más aprensión—Tranquilo.

Cómo lo había permitido. No tenía idea. Pero sabía que estaba mal y aun así había callado. Todos parecían querer olvidar el suceso y así fue con el transcurrir de los años. Aparentemente con normalidad, sus padres se habían separado. Mikihisa tenía otra familia, una nueva hija. Sólo que Pilika no lo era realmente. Pero hasta su muerte, así había sido, su hermana, pese a que Keiko no la quería cerca de él.

Abrió los ojos tratando de apartar las lágrimas de su mejilla. Es sólo que el dolor estaba consumiéndolo. Su mente estaba perdida y su corazón no encontraba paz.

—No sé… qué hacer.


Si hubiese planteado las cosas de esa manera, probablemente lo adjudicaría a una fantasía. Las sirenas, las luces colándose por la ventana viéndose rodeados como un par de rufianes en pleno escaparate, y quizá eso fue lo último que vislumbró en una imagen fija, el resto eran simples vistas rápidas mientras seguía a Anna por el pasillo a la escalera de emergencia. Estaba loca, de eso no tenía la menor duda, pero podía percibir su temor a kilómetros cuando escuchó al menos a una docena de hombres subir apresurados para cerrarles el paso.

—¡¿Anna, ¿qué haremos ahora?!

No se molestó en ocultar su desesperación. Ni siquiera cuando escuchó el sonido violento de una puerta derribarse. Entonces, la rubia lo empujó bruscamente a un estrecho cuarto, en donde prácticamente se vio inundado por escobas y jergas que cayeron en su cabeza. Anna entró enseguida y consiguió cerrar la puerta rápidamente.

—Ahora cállate—le dijo apretándose más contra él—Y agáchate.

Era difícil, su posición no le facilitaba las cosas, menos cuando el vestido negro comenzaba a levantarse un poco con el movimiento de ambos tratando de ir más atrás.

—Muévete más rápido—le susurró apresurada.

—Hago lo que puedo—se quejó Horo Horo cuando sintió a Anna prácticamente brincarlo una vez que estuvieron agachas.

Quizá el pensamiento de todo hombre le hubiese traicionado, de no ser porque la rubia le insistió en avanzar hacia ella. Suponía que en ese preciso instante lo que menos le importaba era si el vestido se levantaba, apartó un par de cubetas y botellas de detergente para vislumbrar un acceso a la ventilación.

Se sorprendió de que conociera de ese modo la estructura del edificio, más cuando le indicó que tendrían que salir por ahí antes de que buscarán directamente en la bodega, el lugar más cercano al que conducía aquel acceso. Aunque a primera vista, dedujo que a él le costaría mucho más entrar.

—Tendré que ir primero, cuidado y ves más de lo que te conviene, Usui—le amenazó desabrochando su chamarra para atarla a su cintura—Vamos.

Tan pronto lo dijo, entró por aquel lugar. Tomó aire y consiguió adentrarse con ella. Era más estrecho de lo que parecía, tanto que pensó en no continuar, pero no tenía otra manera, menos cuando intentó cerrar el acceso. Había costado mucho más, pero no podía, iba demasiado lento, prácticamente comprimido en el conducto, era diferente para ella que era más liviana en todo el sentido de la palabra, y de esa manera no disfrutaba la vista del panorama frontal.

—Anna, ¿falta mucho? —cuestionó el Usui con una severa falta de oxígeno—¿No voy a romper esto?

La rubia miró por sobre su hombro que Horo Horo estaba casi atorado en ese sitio, pero no había otra manera.

—Falta poco, este canal está interconectado con la ventilación en la bodega, que es el lugar más cercano.

—¿Y no crees que ahí estén buscando también?

Pretendía que no fuera así o enviarían su plan por el traste. Entonces su teléfono comenzó a vibrar en su bolsillo y maldijo no poder contestar, tenía poco más de tres llamadas por parte de Jun. Siguió avanzando hasta ver el conducto que les abriría una posibilidad de salir de ahí. Y así, pateó el enrejado. Todo estaba oscuro y tendrían que caer dos metros antes de tocar el piso y sentir mucha mayor libertad. Al menos eso ella lo sabía. Así que se dejó caer en el embalaje de telas de algodón mientras Horo Horo ignorando su suerte, gritó y tembló cuando su rostro dio con la tela.

—¡Quieres callarte! —replicó molesta, mientras iluminaba la bodega con su luz.

Por suerte aquel lugar era lo suficientemente grande como para esconderse.

—Pues si tuvieses un mínimo de consideración, tal vez no gritaría tanto.

—Calla, ahora debemos salir de aquí, esto seguro está rodeado de policías.

—¿Y qué esperabas? Ayer quemaste este sitio, luego tu mágica idea…

—¿Mi mágica idea? Yo al menos soy dueña de aquí, tú no siquiera eso, Usui. Así que guarda silencio.

Movió negativamente su cabeza cuando Anna trató de escalar varios empaques.

—¿Necesitas que te cargue?

—¿Y sentir tu mano en mi trasero?

Se encogió de hombros.

—Te he tocado antes—dijo sin cuidado—Accidentalmente, quiero decir…

Se había ganado una bofetada antes de que ella le permitiera cargarla. Lamentablemente había una docena de policías cercando la entrada, no había otro modo de salir librados, cuando repentinamente oyeron la puerta abrirse. Ante la penumbra, cayó encima de Horo Horo, quien adolorido se quejaba del golpe y no era para menos. Sin embargo, ante el apoyo de las autoridades, no pudo hacerlo mucho más tiempo e inmediatamente se vio envuelto de rollos de tela.

Las luces se prendieron y varios hombres entraron a revisar la bodega. Estaba asustado cuando tomó la mano de Anna fuertemente.

—Saben que estamos aquí…—murmuró Horokeu.

Después del desorden en que habían dejado la oficina de Pilika para simular un robo, quizá eso estaba sacando de sus casillas a Jun, quien furiosa, no dejaba de ordenar que encontraran al ladrón. Suspiró cansada. Era fácil salir y entregarse, después de todo no afrontaría cargos, era su propiedad, pero al ver la inusitada desesperación de su amiga, replanteó tajantemente las cosas. Y quizá después de toda la faena se animara a tomar un breve periodo de paz en su casa para meditar el asunto, pero por mientras, Jun no debía encontrarla ahí.

—Vamos a salir por esa ventana—le indicó la rubia.

—Pero cómo, estamos rodeados, no tardaran en encontrarnos.

—No si callas. Ella sabe que el olor es demasiado penetrante para que permanezcamos más de diez minutos aquí—razonó tranquila—Se irán, sólo cállate.

Pero los minutos transcurrían y no se apartaban de la puerta. Estaba comenzando a marearse cuando su teléfono vibró. Jun Tao estaba llamándole. Tenía dos opciones y debía correr el riesgo en ambas, así que sacó de su bolsillo los audífonos del teléfono y los colocó con cuidado. Notó el nerviosismo en Usui cuando decidió contestar el llamado.

—¿Qué pasa, Jun?

—Alguien ha intentado burlar la seguridad de la empresa, necesito los códigos para revisar las cámaras de seguridad. La aseguradora ha dicho que el titular tiene que hacerlo, pero yo…

—Lo haré yo—dijo con firmeza—Ahora, iré para allá en unos minutos. ¿Encontraron algo?

—No, aún están buscando.

—Pues que salgan, supongo que habrás revisado lo esencial—dijo molesta—¿Falta algo importante?

—No, nada, sólo las oficinas están hechas un desastre.

Horo Horo estaba muerto de miedo cuando oyó a uno de los guardias acercarse.

—Bien, entonces no quiero a nadie en la empresa. Fue suficiente intromisión—ordenó con claridad—Ahora, Jun.

—Sí, Anna.

El policía se había acercado hasta donde estaban ellos. Horo apretó fuertemente su mano cuando el hombre comenzó a apartar los rollos de tela. Entonces otro oficial se acercó con un aire autoritario a detenerlo.

—Suficiente, quieren que salgamos del edificio.

—Pero el ladrón puede aparecer en cualquier momento—dijo extrañado—Y escuché un ruido.

—Son órdenes superiores.

Bufó molesto y se quejó cuando salieron de la cámara. Apenas oyó la llave de la puerta se sintió aliviado. Aunque los habían encerrado de nuevo en la bodega.

—¿Y ahora qué haremos? ¿En serio quieres trepar a la ventana? No creo…

—No tenemos otra opción—dijo decidida a subir por uno u otro rollo—Jun sacara a todos y en diez minutos más estaremos rodeados.

Podrían salir por la misma puerta, pero estaba segura que no serviría de nada cuando toda la policía estaría alerta de cualquier movimiento dentro del edificio. Y aunque se quedaran ahí, ella tenía que ir al encuentro con Jun Tao. Horo Horo suspiró y la siguió de cerca, tratando de apartar su vista de ella.

—¿Sabes? Tu esposo me mataría por estar mirándote tanto las piernas.


Sucumbía al miedo en ocasiones. Solía hacerlo cuando recordaba que su madre había muerto en medio de un aura de tristeza. Era una niña cuando aún sostenía su mano y decía lo mucho que su padre la amaba. Mikihisa había sido amoroso y tierno con ella, eso podía recordarlo en apenas unos bosquejos de su niñez. Para ella, así había sido, hasta que Keiko probó lo contrario.

Aun podía ver el rostro de su hermano la pena y la desolación cuando le quitaron el apellido y el dinero que Mikihisa había dispuesto para ella. Sólo las acciones de la empresa Asakura, aquel pequeño porcentaje que había dejado para Horo Horo algún día. Fue lo único que conservaron de esa familia, no más. Y Lycan, su auténtico padre, se había hecho cargo de esas acciones hasta la mayoría de edad de Horo Horo.

—¿Quiere ver los aretes que hacen juego con la gargantilla? —le cuestionó amablemente la señorita del mostrador.

Era uno de los lujos que nunca pudo permitirse.

—Claro—afirmó tomando entre sus manos los zafiros.

Anna tenía un bello anillo de zafiros y una gargantilla de oro blanco, tan parecida, pero sabía bien que no era comercial. Yoh y el resto de la familia tenía un diseñador especial para ello.

—¿Este anillo es una réplica?

—Como el de Lady Di—respondió la señorita—Pero es costoso, sólo está en exhibición.

—Quiero uno.

—¿En verdad? —cuestionó sorprendida.

—Sí, quiero uno—dijo decidida mientras sacaba la chequera.

Ahora tenía dinero. No necesitaba la lástima de nadie, ni la protección de Horo Horo. Cerró sus ojos y sabía que aun con la verdad a flote, lo único que le dolía era por Yoh. De algún modo, él siempre los había apoyado, a pesar de la distancia que mantenían y aun cuando no eran hermanos, lo apreciaba.

—Feliz cumpleaños, Pilika—recordaba en su mente.

Él le había regalado un brazalete de oro con cristales pequeños con su nombre en el medio. Era su joya más costosa, y lo recordaba con mucho cariño. Pero ahora, de nada le valían los recuerdos, estaba creando una nueva vida, lejos de todos, incluso de su propio hermano.

—¿Qué estarás haciendo, Horo Horo? —se cuestionó preocupada.

No le había llamado. Y esperaba, por su propio bien, que se hubiese resignado a empezar de nuevo.


Subió al coche agitada y no le importó en lo absoluto acelerar fuera del límite establecido. Si sus cálculos no le fallaban, apenas tendría cinco minutos para regresar a la oficina. Horo Horo se sostuvo del asiento al notar su desesperación.

—Demonios, no vas con Yoh—se quejó el Usui al notarla acelerar—Cálmate, vamos a chocar. No tienes la habilidad de él.

—No, pero si quiero, te puedo dejar en la calle.

Su amabilidad a veces lo dejaba sin palabras. Sin embargo, silenció cuando notó la seriedad que tenía para hablar por teléfono.

—Kalim, espérame afuera de la casa. Necesito un pants y los papeles del seguro. También necesito la tarjeta de crédito y la chequera.

Horo Horo no tuvo más remedio que acatar sus deseos. No había mucho que pudiese decir o hacer al respecto. Su hermana estaba metida en un lío y Anna era consciente de ello.

—Bájate—le dijo con severidad mientras Kalim se acercaba a la ventanilla para darle la ropa y los documentos.

—Pero…

—Jun sospechará de algo si nos ve llegar juntos, además, no me fio demasiado de ti.

Suspiró y la vio marcharse con la misma velocidad. Cruzó los brazos ofendido, no era culpable de nada, ella no tenía por qué tratarlo de ese modo.

—Tranquilo, si te dejo aquí es porque te tiene confianza—trató a minorar su pesar.

—¿Oh, en serio? Entonces por qué entendí lo contrario.

—No tiene tacto. Si no lo tiene con Yoh, ¿tú crees que lo tendría contigo?

Sonrió resignado.

—Tienes toda la razón.

Exceptuando su agitación, que podía justificar con un poco de ejercicio, creía que su aspecto era aceptable. Y aun cuando Horo Horo se quejaba de la velocidad, sentía que estaba retrasada. Jun especularía sobre su demora y aunque podía justificar su tardanza al tratar de hallar los documentos, era poco probable que algo así le sucediera a ella.

—¿Y bien? ¿Qué sucede? —cuestionó con seriedad.

Jun le miró mucho más aliviada.

—Tardaste un poco.

—No encontraba la póliza—se excusó con simpleza.

—Bueno, no te preocupes, yo me encargo.

—No, no va a ser necesario. Estoy aquí y quiero hacerlo personalmente,

—Pero Anna, no sabes bien qué sucedió—intervino Jun.

—No, pero el señor puede explicármelo mejor. Kalim me dijo algunas cosas, así que puedes irte, me haré cargo. Suficiente has hecho con lo que sucedió antier—dijo con autoridad—Ahora revisemos en cuarto de cámaras. Quiero ampliar la seguridad en el edificio.

Tao no objetó nada, mucho menos cuando la vio alejarse decidida a zanjar el problema. El equipo de policía se mantuvo expectante ante la orden, pero al no haber más movimiento, el resto se marchó. Dos permanecieron custodiando la entrada, mientras la rubia veía en las pantallas la filmación. Había sido cuidadosa, salvo por algunos detalles que revelaban su presencia ahí.

—Señorita…

—No hay por qué decir algo más—mencionó Kyouyama—Quiero que borre las grabaciones y deje esto en el olvido.

—Pero…

Se acercó y firmó un cheque con una cuantiosa cantidad.

—Sé que sabrá ser agradecido—dijo tendiéndole el papel en su mano—El acta será un mero trámite, no es necesario que se vaya a algo más serio.

Su sorpresa era tan cual la esperaba e incluso podía decir que no tenía por qué desconfiar de una copia de seguridad.

—Por supuesto, ahora mismo los borraré.

—Bien, uno problema menos.


La maleta estaba hecha. Salvo por un par de accesorios, lo único que tenía en mente era disfrutar de Hawaii y la playa durante las próximas tres semanas. Después de semejante bajeza de parte de sus hijos, quería descansar y olvidarse definitivamente de todo.

— ¿Quiere que suba esa maleta también? —cuestionó extrañado de la cantidad de equipaje que llevaba.

Ryu no tuvo opción ante el silencio de Keiko. No era una grandiosa jefa, pero al menos podría ser un poco más educada.

—Bien, es todo.

—Retírate—le ordenó sin ningún miramiento.

Y no pudo haber más júbilo para él. Su presencia simplemente le parecía desagradable, más aun después del suscitado accidente que varios elementos de la servidumbre comentaban constantemente.

—¿Y bien? ¿Qué significa todo esto? —cuestionó Kino—¿A dónde irás?

—Me uniré con un par de amigas en Hawaii.

El gesto de repudio en su rostro no esperó más de un par de minutos al comprobar el despilfarro que haría apenas tocara la arena.

—¿En serio? Keiko, acabas de estar en un escándalo por lo que sucedió con Anna, ¿acaso no eres razonable? —pronunció con un claro sarcasmo.

—¿Y razonable por qué? Ése no es mi problema.

El departamento de relaciones públicas de la empresa les había dado instrucciones específicas para lidiar con la afrenta mediática. Anna era ahora mismo objeto de muchas especulaciones, entre ellas, dirigidas a un atentado en su contra dadas las condiciones inéditas del accidente.

—No puedes irte. Las personas comenzaran a especular.

—No me importa—declaró solemne—Y si lo hacen no estarán equivocados, yo provoqué todo el incidente.

—Eso no es novedad—respondió molesta Kino.

—Pues mejor, Madre. Así no tengo que fingir que me importa—resumió tomando su bolso de mano—Ahora si me disculpas, apenas estoy en tiempo para documentar mi equipaje. Yoh debería comprarme un Jet, así me ahorraría viajar con el resto de la gente.

Sentía una gran vergüenza de su propia hija y no podía evitarlo.

—¿Qué te ha pasado, Keiko? Antes no eras así.

—La vida me hizo así y ya deja de lamentarte—añadió con amargura—Estoy harta de todo aquí, sólo quiero unas vacaciones lejos de todo, incluso de Yoh.

—¿Incluso de Yoh?

Se quitó los lentes y no pudo evitar derramar una lágrima teñida de enfado.

—No quiero verlo, estoy molesta con él—argumentó con dureza—Pensaba ir a Suzuka, pero él ha escogido entre Anna y yo. Escogió entre esa mujerzuela y yo, pese a todas las pruebas que le puse en su contra. Quise que abriera los ojos, qué gran decepción.

—¿Y por eso te vas?

Alzó una ceja y volvió a colocarse los anteojos.

—Me llevará un poco perdonarlo y si soy sincera, no sé si pueda hacerlo—dijo tomando una maleta pequeña mientras abría la puerta de su residencia—Quiero que entiendas esto, madre. A nadie le duelen los errores de mi hijo como a mí y ahora mismo no puedo hacer mucho por Yoh. Me ha decepcionado, él era… mi tesoro. Pero ahora mismo está embrujado por esa malnacida y hasta que no abra los ojos a la verdad, no volveré a proclamarle mi amor incondicional.


El estacionamiento del hospital al menos tenía mucho menos bullicio que el día anterior. El único problema recaía en su estado de ánimo. No sabía con certeza, pero quería suponer que aquello pasaría con el transcurrir de las horas. Una inusitada tristeza lo allanaba en su interior.

Suspiró y cerró las puertas del ascensor. El hospital era el más elitista y quizá era uno de esos detalles que bien podría agradecerle a su hermano, aunque también era lo menos que podía hacer por su amigo con tan severa ineptitud. Caminó por el pasillo cuando Milly le interceptó. Su rostro era de total preocupación.

—Señor Hao…—pronunció apenada mientras bajaba la mirada— ¿Todo bien?

—Supongo—respondió sobrio, carente de emociones— ¿Cómo sigue Lyserg?

—Ha progresado bastante, está recuperándose rápidamente.

—Bien—pronunció tranquilo—Te pagaré bien tu día, Milly, no te preocupes.

—No es necesario…

—Insisto y no podría ser de otro modo. Es un fin de semana que no tenías que trabajar—contestó seguro.

Entonces notó la contradicción en el rostro de su secretaria hasta que decidida se acercó para abrazarlo.

—Para mí es un honor y un privilegio estar a su lado. Sabe que puede contar conmigo, incondicionalmente.

Palmeó su espalda y respiró hondamente antes de sacar todo el aire. Agradecía mucho ese tipo de muestras de afecto, era algo que necesitaba, pero tampoco iba a ser un maldito como para aprovecharse de ello. Había notado desde antes el interés más allá del ámbito profesional por su parte, que a veces relucía y otras se ocultaba con recelo cuando hablaban de Anna.

—Gracias, Milly.

—De nada—contestó apegándose más a él—Es un gran hombre.

No respondió, sólo la apartó con lentitud y le pidió irse a descansar. No era necesario que estuviera ahí más tiempo del necesario. Además, no quería lidiar con un problema extra, no cuando tenía tantas ideas en la cabeza.

—Te ves fatal…—escuchó la voz de Lyserg.

—No me veo, me siento fatal—corrigió, sentándose en el sillón a su lado—Bueno, al menos hay algo más cómodo para sentarse.

—Milly lo pidió—respondió con una pequeña sonrisa—Es una buena chica.

Bufó algo fastidiado.

—¿Es una indirecta?

—Para nada—respondió sereno—Sé que tu chica es y será Anna.

Cerró los ojos y sonrió ante la sola mención de la rubia.

—Tengo ganas de verla…

—Pues no sé qué haces aquí—dijo con una sutil sonrisa Lyserg.

—No creo que sea algo prudente en este momento. Además, me aseguro que no te has muerto, porque le pasaría la factura a Yoh.

—¿Y qué pasó con él? —cuestionó interesado.

Sin embargo, el rostro cansado de Hao delataba la gran tormenta en su interior.

—Me quité un gran peso de encima, pero también me siento mal. No sé, el muy idiota se hizo el desentendido, que no recordaba y cuando le conté… bien pues se limitó a pedirme perdón. Cómo si un perdón aliviara todo lo que hizo—habló molesto—Sentí… tanto coraje, después, comenzamos a llorar.

Lyserg escuchaba atentamente y miraba en su cara todo aquel cúmulo de sentimientos reflejarse en su semblante.

—Me hizo tanto daño durante tantos años… Y yo le di la cara a todos los problemas mientras él se ocultaba en las faldas de mi madre y recibía todo inmerecidamente. Aunque quizá esto era necesario, me enfada la forma en que él olvidó todo, pero al menos… está consciente del porqué de las cosas. Lo que haga o pase con él, ya no me importa.

—Yo creo que sí te importa—mencionó Lyserg.

—Oh, por supuesto que no.

—Te importa—repitió su amigo—Lo has protegido mucho tiempo y esperabas que el recordara, pero no fue así, es natural tu decepción. Pero sabes, muy en el fondo que Yoh es un buen hombre y no se quedará de brazos cruzados después de saber esto.

Se levantó de la silla frustrado, en realidad no sabía a qué atribuirle toda esa culpa.

—Hao, esto es más de lo que puedes soportar.

—Pero por qué, porqué demonios me siento tan fatal. Se supone que esto me aliviaría, y por una parte, sí, lo hace, pero la otra…

Lyserg sonrió por toda la expresión de su amigo, fastidiado y bastante alterado. Era común, jamás lo había visto tan elocuente en lo referente a sus sentimientos.

—Es sencillo—contó Diethel—Te sientes así porque sabes que lastimaste a una persona importante para ti.

—¿Lastimar yo a Yoh? —cuestionó con ironía—Estás demente.

—Sabes que no lo estoy—contestó sereno—No puedes tolerar la culpa. Pero no tienes por qué sentirte mal. A la larga, la verdad le ayudará y lo hará una mejor persona e incluso… corregirá las cosas del pasado.

—Eso es ridículo.

—No lo es—negó decidido—Hao, deja de negarlo.

—¿Qué es lo estoy negado? Hasta donde yo sé ese miserable me cambió la vida…

En su estado convaleciente, poco podía hacer por él, pero aun así estaba seguro que con la verdad a flote todo tendría una mejor resolución.

—Tranquilo, Hao. Le has dado un vuelco total a su vida, deberías calmarte y dejar que las cosas se acomoden—rectificó Diethel—Conmigo no puedes ocultarlo. Ambos sabemos que por mucho odio y rencor que sientas hacia Yoh, tú siempre le quisiste por sobre todas las cosas. Hao…a mí no tienes que ocultarme lo mucho que Yoh significa para ti. Sólo dale tiempo a las cosas para que se acomoden y entonces quizá todo sea mejor que antes.

—¿Y qué puede mejorar? ¿Acaso mi madre volverá a quererme? ¿Acaso todo lo que sufrí me lo devolverá?

Sonrió negando reiteradas veces la cabeza.

—Seamos sinceros… hace mucho dejaste de hacerlo por Keiko—dijo con firmeza su amigo—Lo has hecho por Anna y por él.

Hao miró con detenimiento su rostro apacible. Odiaba que el maldito tuviera tanta razón.

—Sólo quiero que tengas algo en mente, Hao. Sea cual sea el resultado de sus acciones, fuera de sus sentimentalismos y resentimientos, más allá de lo que él pretenda devolverte, lo único que importa es lo que sienta Anna—afirmó imbatible—Ella tiene la última palabra y solo ella puede escoger con quién quedarse.


Suspiró mientras veía al resto de sus compañeros correr y prepararse para la prueba de la siguiente semana. Suzuka era uno de aquellos circuitos en los que los pilotos presentaban incomodidades para acoplarse. Quizá Jenson estaba un poco más ambientado por el origen de su novia, pero el resto definitivamente estaba fuera de combate.

—Te veo demasiado pensativo—comentó Tokageroh—No es un buen augurio.

Verlo recargado en el paddock con la vista al horizonte no era algo de todos sus días, peculiarmente cuando no había siquiera entrenado una hora.

—¿Salió todo bien?

—Estás en orden—dijo tranquilo—El examen médico salió como esperábamos, a pesar de la maldita borrachera que traías ayer.

—Ojalá fuera eso—mencionó con melancolía—Extraño a Horo Horo. Me parece tan extraño que haya dejado todo así de la nada.

Al menos tenía una referencia a su estado depresivo.

—Yo también—admitió en el mismo tono—Pensé que tu hermano se quedaría. Pero me dijo tu publirrelacionista que se fue en cuanto amaneció.

No lo culpaba en lo absoluto.

—Es un hombre muy ocupado. No tendría por qué quedarse aquí conmigo—afirmó sereno.

—Bueno, no importa, supongo que vendrá el fin de semana y tú mañana tomas un vuelo de regreso, ¿no es así? Dicen que tienes todo un caos allá. Debió haber sido difícil venir a cerciorarte de los detalles y dejar de lado los problemas que tienen en la empresa con Anna.

Aquella era una de las ideas que precisamente rondaban su cabeza. Sin embargo, había ordenado a todo el despacho encargado de comunicación que manejara la crisis de la mejor forma. Tenía expertos en la materia trabajando para aminorar el escandalo causado por su hermano y por él mismo en la presentación de la nueva colección.

—Sí, ha sido muy difícil de someter. La prensa tuvo notas de todo tipo de situaciones.

—Entiendo y me imagino que ella no lo ha tomado nada bien.

Contrario a lo que parecía, Anna en realidad estaba mucho más preocupada por Hao y el estado de salud de Lyserg que por el daño material en sí.

—Bueno, es algo que podemos remediar. El seguro cubrirá una parte y yo repondré el restante para arreglar los desperfectos. Por otra parte, el amigo de mi hermano está bien y recuperándose satisfactoriamente.

—Ya veo, entonces supongo que mañana que te reintegres todo irá como seda.

—No—negó determinado—Llamé a Amidamaru hace unos minutos, le pedí que me supliera en las dos juntas de consejo.

Su sorpresa no fue menos, peculiarmente cuando notó el desánimo en su voz.

—Pero tu agenda… me dijiste que tenías algunos compromisos que…

— El resto eran eventos de caridad y algún acto público al cual no tengo humor de asistir. Por el momento, no quiero regresar a casa, al menos no ahora—añadió sereno—Ya le informé a Boz del nuevo movimiento. No hay gran cosa qué hacer, pedí que me enviaran todo por correo si algo se presentaba.

—¿Estás seguro?

—Son sólo tres días, no creo que alguien me necesite —sonrió con amargura-

Sólo así notó la carente mirada determinada en su semblante.

—¿Y Anna?

—Anna puede vivir sin mí tres días. He puesto a todo un equipo a su disposición, me he encargado que en mi ausencia esté blindada hasta en el más mínimo detalle—pronunció cerrando sus ojos—Así que si llama, dile que todo está bien. Que he tenido que quedarme por el desgaste físico que me demanda el coche. Y que tuvimos algunos problemas con la aerodinámica de algunas piezas.

—Ella no se quedará como si nada—dijo preocupado—Tú la conoces, si ha estado día y noche pendiente de ti en los entrenamientos, ¿tú crees que puedes desaparecerte así de la nada?

Lo sabía. Tenía en mente cada una de sus preocupaciones, pero por ello mismo no quería ser un peso más en su vida en ese preciso momento.

—No sé qué problema tengas. Pero habla con ella, y si después de eso quieres quedarte, adelante. Para el equipo sería algo grandioso y nos aseguraría la victoria—recomendó, palmeando su espalda con fraternidad—Pero ella querrá escuchar tu voz.


La oficina no era el centro de negocios más volátil del mundo, menos cuando era un domingo temprano. No obstante, era una de sus reglas, poner en orden todo antes de la apertura de la colección en las primeras horas del lunes. Sin embargo, gracias a los arquitectos y el equipo de construcción aquello era un caos universal. Pensó seriamente en anular el día, pero ya había dado un espectáculo digno de recordar, y apenas tenía tiempo para acomodar todo para no levantar sospechas.

Saludó a su secretaria y notó normalidad en su voz, al igual que en Shalona, que si bien estaba de mal humor, no parecía tener una conducta irregular.

—¡Anna, dónde demonios estabas! —exclamó con fuerza—¡Anoche apenas te apareciste. Jun me dijo que llegaste tarde y te fuiste bastante rápido ¿en serio te importa este lugar?!

Dejó su bolso sobre el escritorio y Mattilda le entregó el papeleo que aún tenía que firmar.

—¡¿Es en serio, Anna?! ¡¿Pasó algo con Pilika de lo que yo tenga que enterarme?!

Estaba fuera de sí. No había duda alguna en ello.

—¡Responde!

—Cálmate y hablaremos. Es domingo, no trabajamos en serio los domingos—pronunció con firmeza cuando devolvió a Mattilda el resto de la papelería—Asegúrate de hacerle llegar a Amidamaru la cuenta.

—En seguida—respondió marchándose con todos los papeles—Y tienes una rueda de prensa a las dos de la tarde.

Casi había olvidado el evento.

—Bien, ahí estaré. Lleva los pagarés y todo, que no se te escape ningún detalle de la contabilidad.

—¡Vaya! ¡Al menos se hará responsable!

—Escucha, Shalona, entiendo que la situación te ponga tensa.

—¡Y cómo quieres que esté!—se dirigió con dureza—Todos están actuando demasiado raro. Tú estás soñada desde que te casaste con Asakura, Jun está muy posesiva con todas desde que Pilika se fue y ella no responde llamadas ni nada.

Viendo el panorama, debía justificar su preocupación.

—Bien, quieres saber si me preocupa la empresa, por supuesto que me importa, es mi vida—respondió segura—Pero también tengo en mente otras cosas, Shalona. La primera es que son cosas materiales, la segunda que mi vida estuvo a punto de volverse un caos mediático, que mi esposo es foco de demasiados problemas. Mi suegra está demente, Hao es otro asunto sin resolver en mi vida y bueno, quemaron parte de mi empresa, estoy averiguando algunas irregularidades respecto a un asunto personal.

Había callado durante ese espacio de tiempo y observado con fijeza la neutralidad de su rostro a pesar de que tenía una lluvia de cosas encima. Parecía asombrosa la manera tan calmada para enumerar sus pendientes.

—Oh…¿Y mencioné que Yoh es piloto de Fórmula 1? Bien, porque no había contemplado asistir al gran premio y ahora tengo seis marcas exigiendo mi presencia en el lugar… Él y yo habíamos pactado que mi presencia sería innecesaria después de tanto escándalo aquí. Su publirrelacionista aprobó la propuesta. Así que tengo que escoger. Entonces estoy tratando de programar mis actividades del fin de semana, ya sea para llegar después de la carrera o estar durante la carrera con él. Aunque siendo sincera, ni siquiera he hablado con él desde que se fue.

Bajó la mirada, aquel punto era crucial.

—Anna, ¿debo recordarte que si faltas a la cena de caridad nos vamos a hundir peor que el Titanic? —cuestionó cansada—No quiero ser yo la que te lo exija, pero nosotros somos tu prioridad, no Yoh, y mucho menos por una estúpida publicidad.

Tenía bastante a su favor. Empezando por el reciente incidente.

—Lo sé.

—Bien, porque de un tiempo para acá estás peor que adolescente—se quejó con sinceridad—No sé mucho de tu vida privada, pero aquí, al menos eras dura y perseguías objetivos. Ahora ya ni tu empresa te importa, Anna. No quiero perderte de esa manera y mucho menos por un hombre. Promete que estarás ahí, pase lo que pase.

—Te lo prometo—contestó mirando fijamente su móvil—Ahora puedes tranquilizarte, alteras al personal.

—¡Hump! Personal… sí, claro.

—Bien, no me importa—dijo mirando el reloj—¿Tienes algo que hacer antes de las cuatro?

—¿Por qué?

—Limítate a responder la pregunta.

—Domingo en la tarde… ver televisión todo el día—respondió con simpleza—¿A dónde iremos?

Sonrió casi con maldad, no estaba demente para arriesgarse a salir en primera plana en ausencia de Yoh, menos con la presencia de Hao en el mismo sitio.

—Bueno…haremos una visita al hospital y quiero llevarle una agradable compañía al enfermo.


Tenía a tres personas a su disposición. Un boleto de avión y aún tenía dudas si debía abordar. No quería dejar a Yoh en un momento en el que quizá necesitara su apoyo. Sabía que si bien, él no había sido el principal afectado, estaba rodeado de tantos problemas, que pudiesen desmoronar su tranquila faceta y ella no quería perderlo, no de nuevo.

—Tamao, tu vuelo sale a las tres y media, deberíamos irnos ya.

Observó el reloj en la mesa y tenía razón, sólo que no sabía si debía partir o por el contrario oponerse a su padre.

—¿Es necesario?

—Sabes que no tienes elección, además él está en la suite adjunta a ésta.

Mordió sus labios con suavidad, tratando de apartar toda clase de pensamientos.

—Tamao, no puedes quedarte.

—Tengo un mal presentimiento de todo esto, Tamiko—le dijo realmente preocupada.

Ella era la única persona cercana a su edad y también la única comprensiva con su situación, aunque no llevase más de dos meses de conocerla, se había vuelto alguien indispensable para ella. Y agradecía a su padre por haberla contratado cuando más compañía necesitaba.

—Tamao…

—Sabes que es cierto, sabes que algo malo va a pasar. Por algo me quiere lejos.

Suspiró y acarició su cabello con ternura. Era, probablemente, lo más cercano a una hermana.

—Debemos irnos…

—No. No, por favor—le pidió juntando sus manos—Yo no tengo elección, no puedo estar aquí, pero tú sí. Quédate, por favor.

—Pero Silver no me va a dejar quedarme—respondió confundida—Si me contrató fue para que estuviera contigo.

—Entonces estás despedida—dijo con claridad Tamao—Le diré que me mal aconsejabas para quedarme y que no querías que dejara a Yoh.

Un gesto de extrañeza se gestó en su rostro.

—¿Y luego? Aunque me quede lo único que sabré de Yoh es lo que la prensa saqué cada semana, nada que no puedas leer desde Paris.

—No si trabajas en la mansión Asakura.

Y casi cayó de espaldas con semejante proposición.

—¡Estás loca! Quieres que Silver me coma viva y además, he escuchado que Kanna dirige la casa desde que tiene quince años, es un ogro andante. Es ruda, es una mala jefa, el servicio ahí es exhaustivo.

—¿Cómo lo sabes? —cuestionó con una ligera sonrisa en su rostro.

—Porque quise entrar a trabajar ahí. Kino necesitaba una asistente y al final por mi inexperiencia en asuntos de motor, no me quedé con el puesto, oh pero pude ver cómo es el sistema militarizado de la ama de llaves. Además, ¿mencioné que con esfuerzo puedo doblar mi propia cobija?

—Es una excelente mujer—dijo recordando lo bien que llevaba su papel.

—No… no quiero entrar ahí.

—Sí, lo harás.

—No—dijo decidida.

—Sabes que lo harás—dijo tomando una hoja para escribir—Entrarás y te quedarás a trabajar ahí. Quiero que me informes y me detalles de lo que pasa, especialmente con él. Sólo omite las partes con ella, por favor.

—¿Y se puede saber cómo harás para que me quede? Te he dicho que Kanna es muy rígida, en estos tiempos, dudo mucho que necesite más ayudantes.

—¿Quién mencionó a Kanna? —restó importancia cuando le dio uno de sus teléfonos— Éste es un favor especial que le pediré a Anna. Ella me debe eso y más.


Tampoco sentía comodidad al verlo, no cuando tenía que esconderse de todas aquellas personas que tenían algún interés por ella. Después de la atención inmediata y la conferencia de prensa, sentía todo menos alivio. Yoh regresaría por la noche y al menos de esa forma lidiaría con un problema menos.

—Quieres agacharte, si alguien te ve…

—Ay, ni que fuera famoso—se quejó Usui mientras se doblaba en el asiento frontal—En tal caso prefiero la cajuela.

—¿Y arriesgarme a una revisión de rutina? Ni de broma—comentó adentrándose a la mansión Asakura—No quiero que me acusen de secuestro.

Kino había ordenado extremar la seguridad en su recinto y no era para menos con la lluvia de especulaciones de parte de la prensa con Lyserg herido y tendido en una cama de hospital, todo apuntaba a un ataque. No había sido tan sencillo girar el problema a su favor. El departamento de comunicación y relaciones públicas del corporativo Asakura fueron los pioneros en darles un protocolo a seguir.

—Con que sigas quejándote…—dijo fastidiada—Soy capaz de todo, Usui.

—De eso ya me di cuenta, Anna—dijo adolorido una vez que estacionó el auto.

Ryu la saludó extasiado de su visita y se sorprendió cuando miró a Horo Horo descender con una gran gabardina y unos lentes.

—¿Y a éste qué le pasa? —cuestionó extrañado.

—Está en una misión de incógnito—señaló la rubia—Necesita una habitación, se quedará aquí unos días.

—¿Lo dices en serio? —cuestionó realmente feliz Usui.

—No quiero levantar ninguna sospecha.

—Cierto, cierto—dijo con certeza—Pero aun así, no crees que exageras.

—Tengo a diez periodistas de espectáculos sobre mí esperando una declaración que añada o contradiga todo el escándalo de unos días, ¿y dices que exagero?

Ambos entraron a la casa, mientras le pedía a Ryu que preparara una habitación para Horokeu en el ala oeste de la suya. No quería que tuviese algún inconveniente al toparse con Keiko. Al menos no de forma tan directa y frontal.

—Dices que Keiko no te tolera…

—¿Tolerarme? Me aborrece, menos que a Pilika, pero me odia—definió más libre ahora sin todo el atuendo que llevaba encima—Oye y a qué hora comen aquí. Llegamos a una hora prudente, ¿no es así?

Sostuvo un segundo su cabeza, tratando de no golpearlo. No podía creer que fuese tan caprichoso en lo referente a esos temas.

—Quieres callarte—le pidió en un tono no tan hostil—No estás en tu casa.

—Así es, no estás en tu casa—respondió Kanna por ella.

Sonrió con alevosía.

—Me refería a él, Kanna—señaló con obviedad—Y ya que estás aquí, me gustaría que sirvieras la mesa. Supongo que la abuela Kino está por llegar de la asociación.

Odiaba que tuviese el tiempo calculado con esa precisión. Más aun cuando la anciana tenía un régimen estricto en sus alimentos. Y a pesar de la charla con Yoh, no podía aceptarla como parte de la familia Asakura. Aun le parecía de lo más detestable su actitud prepotente y arrogante.

—Creo que es hora de comer. Increíble coincidencia.

—Increíble coincidencia es verte aquí, Anna—escuchó la voz de Kino con firmeza—Nunca estás si no es con Yoh.

Giró su cuerpo para ver como una joven auxiliaba a Kino para quitarse el abrigo. Y debía reconocer que era de las pocas ocasiones en que tomaba alimentos con ella en ausencia de su nieto. No solía llegar a esa hora de la oficina, por tanto, no era habitual compartir momentos con su familia política.

—Y tú, pensé que estabas fuera de la empresa Asakura—dijo a Horo Horo con desconfianza—¿A qué has venido?

—Es mi invitado, abuela Kino—respondió de inmediato, antes de que Usui fuera a cometer un traspié—Supongo que como parte de la familia Asakura, no debe existir algún problema si tengo un invitado en casa, ¿o me equivoco?

—No—negó tajante la anciana—Sólo es extraño. Supongo que estás consiente que él no es una buena persona.

Miró de reojo a Usui. Meter las manos al fuego por él, quién en el enorme universo estaba burlándose de ella.

—Es temporal, además no es alguien perjudicial en nuestras vidas—alegó de inmediato—Si usted misma lo contrato, por algo será.

Kino enmudeció ante la severidad de sus palabras. Sin embargo, recuperó la entereza cuando Kanna le anunció que la comida estaba por servirse en la mesa. Horo Horo cambió el rostro de preocupación por un júbilo increíble y llegó en inmediato al comedor.

—No es por incomodarlas, pero es la primera vez que como aquí—dijo ilusionado.

—Claro…—respondió Kino algo desconfiada—¿Y a qué te dedicas en este momento?

—Pues verá…—comenzó a relatarle cuando el teléfono de Anna comenzó a sonar.

La rubia buscó en su chaqueta, pero al escuchar el tono sabía de antemano quién era el emisor de su llamada.

—Es Yoh. Iré a contestar en el estudio—dijo de inmediato.

—Uy… tú, mucha privacidad con mi amigo—se burló Usui—Y muy cursi tu tono…

Sonrió y tomó la llamada antes de que ésta se perdiera en el buzón de voz.

—Hola, Asakura.

—Hola, Anna—respondió feliz de escuchar su voz—¿Cómo estás? ¿Cómo sigue todo?

Cerró la puerta y respiró tranquila de que pudiese tener unos minutos a solas con él, aunque su presencia no fuera física.

—Siendo sinceros, el asunto va mucho mejor de lo que pensaba. La prensa está confundida con todas las declaraciones, pero salvo los programas de televisión, casi nadie ha publicado las notas especulativas, además de que tu equipo ha hecho un excelente trabajo.

—Me alegra…—dijo sereno—Estaba pensando en que quizá necesitarías mucha ayuda.

—¿Más de la que me has dado? No lo creo. Es suficiente, muchas gracias—mencionó realmente agradecida.

Ambos callaron. Ella no tenía certeza de alguna información, así que no podía especular en contra de alguien en concreto y no sabía en qué terminaría su investigación. Si Ren tendría algo que ocultar o era algo de lo más banal.

—Y… ¿Tokageroh ha vigilado tu entrenamiento?

—La mitad—respondió tranquilo en la terraza—Pero todos aquí saben que tienen que hacerlo bien o los triturarías.

Sonrió con orgullo.

—Me alegra que estén conscientes de su realidad—dijo firme—Cuidar de ti debe ser para ellos una prioridad.

Bajó la mirada. Por supuesto, no se podía quejar de su equipo. Era complaciente y no lo sometían a jornadas extenuantes de trabajo. Estaba realmente agradecido por ello.

—Lo es, te lo aseguro—contestó con suavidad.

Desde el paddock podía vislumbrar perfectamente la pista y algunos periodistas entrevistando a los pilotos para algún programa especial. Sonrió con nostalgia. Había esperado con tantas ansias llegar a la fecha en Japón, que ahora parecía difuminarse en el ambiente.

—¿Dónde estás?

—En el despacho de tu abuelo. Vine a comer a tu casa—respondió sentándose en el escritorio—Es extraño estar aquí sin ti.

Cerró los ojos y deseó con todo su ser poder abrazarla en ese instante.

—Entonces imagina que estoy contigo.

—Estás conmigo todo el tiempo—confesó con un leve sonrojo en sus mejillas.

Las cosas románticas y cursis no eran mucho lo suyo, pero dada su ausencia bien podía permitirse el lujo de decirlo sin caer en la vergüenza. Observaba el cuadro en la pared y el ambiente acogedor de una cabaña le vino a su mente en ese preciso instante.

—¿Puedes prometerme algo?

—Claro—afirmó el castaño conmovido—Pídeme lo que quieras.

—Cuando tengas libre un fin de semana quiero que salgamos de viaje de nuevo.

—¿Sólo tú y yo?

—Sólo tú y yo—repitió la rubia—Quiero estar contigo en un lugar tranquilo…

Anna describía un lugar rural, alejado de toda la multitud, algo tan similar a sitio donde habían estado en Alemania. Y deseó con el alma poder reintegrar a su vida aquel sentimiento de desesperación, de anhelo porque el único problema en su vida fuera el que Kyouyama lo quisiera.

—Sé que estás muy ocupado…

—Cielo…Te prometo que te llevaré al lugar que quieras—respondió enternecido—Aunque no importa mucho el sitio, sólo me importa que estés tú.

Bajó la mirada, notablemente avergonzada.

—Está bien…

Era una llamada. Una simple llamada y estaba consumiéndose en la tristeza. En la necesidad de tenerla a su lado y estrecharla muy fuerte.

—¿A qué hora regresas?

La cuestión difícil que debía tratar con entereza. Sabía que no podía con el cúmulo de sentimientos en su interior, no sin quebrarse y apoyarse en ella totalmente.

—Ésa es la cuestión de la que quería hablarte—comenzó con dificultad—No volveré hoy.

—¿Pasa algo? —preguntó preocupada.

—No, sólo hubo fallos mecánicos—respondió suave—El coche está fallando un poco en la refrigeración.

—Tienes técnicos y mecánicos—resolvió la rubia—Tenemos una cena con el gobernador el martes, no sería prudente que faltaras.

—Lo sé… pero espero que lo entiendas—afirmó.

Entonces observó a Tokageroh con una bandeja de comida. Su apetito no era el mejor en esos momentos, especialmente cuando sentía una gran culpabilidad en su interior.

—Amidamaru estará contigo.

No quería sonar desesperada. No se rebajaría a ese nivel.

—¿Y Amidamaru tiene la misma presencia que tú?

Cerró sus ojos, tratando de reprimir una pequeña lágrima. No se estaban despidiendo y aun así, todo se centraba en el gran apego que tenía uno con el otro.

—Quizá no, pero lo intenta—dijo en un suspiro—Te quiero, Anna. Y no hay día que no te extrañe y te necesite conmigo, cielo. Te veré la próxima semana, después del gran premio.

Algo en su pecho se sintió extraño al escuchar sus palabras. Enmudeció al percatarse de su tono de voz y una inexplicable tristeza la invadió de repentinamente.

—Adiós, Anna…

Apartó a un lado el teléfono cuando dejó de escuchar su voz en la línea. Era ridículo sentirse de ese modo, no tenía cabida en su razón si sólo dejaría de verlo unos días. Sólo serían seis días.

—¿Anna?¿Estás bien? —cuestionó Horo Horo abriendo la puerta—Tardaste mucho, incluso ya acabamos de comer.

—¿Sucede algo? —secundó Kino.

—No—negó tratando de serenar ese extraño sentimiento—Sólo no vendrá hasta la siguiente semana.


Aunque podía sentir que algo sospechaba Anna, no podía dejar de lado su paranoia respecto a la partida tan súbita de Pilika. Si bien la rubia se había encargado de todo el trámite con el seguro, estaba consciente de que alguien buscaba algo en especial, o quizá no era un ladrón sino la misma Anna.

—Eso es una locura—concluyó al recordar la lluvia de acontecimientos—Por qué se metería de esa manera a la empresa, ella tiene llaves.

Sin embargo, sus cavilaciones quedaron en el olvido cuanto el timbre sonó. Después de una larga jornada, lo que menos quería era recibir visitas y dudaba que Ren estuviera de humor. Tomó el vaso y abrió la puerta, un vendedor no estropearía su fabulosa y aburrida tarde, pero cuando lo hizo, no pudo sostener el cristal entre sus manos.

Sonrió agradado de la torpeza de la mujer y lentamente se agachó para recoger el vaso roto.

—Lee…

—Hola Jun—la saludó tranquilo, cuando ella también comenzó a levantar los restos de vidrio.

—Perdona mi torpeza, yo…

—Tranquila, no es necesario que me expliques nada—dijo con confianza, adentrándose al departamento— ¿Tienes un cesto para la basura?

Mordió sus labios y señaló en la cocina el bote que albergaba los residuos. Tuvo que tranquilizarse cuando el hombre volvió y la miró con candidez. Sabía perfectamente porqué estaba ahí y su visita, lejos de ser agradable, le removía más sentimientos de lo que pensaba.

—Supongo que…

—No, no supongas nada, por favor—le dijo nerviosa—Dile que no estoy lista.

La extrañeza se albergó en su rostro.

—¿Aun no? Has estado aquí muchos años, yo creo que has estado lista desde siempre.

—Tengo miedo—confesó sin poder evitarlo—¿No podemos simplemente olvidarnos de todo?

— ¿Y dejar solo a tu hermano?

Había dado en el punto clave y no precisamente con el previo conocimiento sus de sus acciones pasadas, sino con la persona que no estaba dispuesta a defraudar. Su rostro se ensombreció y asintió con debilidad.

—Así está mejor, Jun—le dijo más seguro—En Tao en realidad quiere poco de ti.

—He hecho todo cuánto me lo ha pedido. Todo.

—Así es—dijo acercándose a ella—Pero ahora, finalmente podrás ser libre. ¿No es eso lo que tanto anhelabas?

Bajó la mirada, ni siquiera quería pensar en ella.

—No puedes quejarte, viviste tu sueño. Ahora tu padre te necesita a su lado, es lo mínimo que puedes hacer por él y tu familia. No puedes ser egoísta.

—¿Y tú? —cuestionó con severidad.

—Yo no tengo elección—dijo solemne—Tú deberías ser agradecida, al menos ahora podrás liberarte de todo.

—Lo sé, Lee—respondió triste—Pero el costo me duele pagarlo. No sé si tengo el corazón tan frío.


Se sentó con cierto nerviosismo. La última vez que estuvo en la sala de aquella sinuosa mansión era para conseguir un muy codiciado puesto con Kino y ahora formaría parte del sistema de limpieza de la casa. Había anticipado el mal genio de Kanna y no le tomaba por sorpresa su mal humor.

—Así que servicio personal para Anna Kyouyama—dijo incrédula.

—Así es, seño…

—Señorita, para ti—respondió Kanna con brusquedad—Temo decirte que no tenemos más vacantes, los cuartos de servidumbre están totalmente ocupados y todas las funciones también. Así que sabrás hacia dónde está la entrada, ¿no?

Tenía que actuar rápido, sólo que no tenía excusas y la carta debía recibirla personalmente la rubia.

—Emm… ¿segura? Me parece que redoblaron seguridad y tampoco creo que a la cocinera le viniese mal una ayuda ¿o no?

Era lo mejor que tenía en su arsenal.

—Largo.

Internamente maldecía a Tamao por ponerla en esa posición. Sin embargo, no podía contrarrestar la mala disposición de Kanna con ella.

—Por favor, por favor, por favor—le suplicó casi de rodillas—No tengo nada y tengo que mandarles a mis hermanos dinero, ellos no pueden seguir estudiando sin mí. Soy todo lo que ellos tienen, por favor.

—¿Y tú crees que voy a creer eso? —le dijo cortante—No eres más que una vil mentirosa.

Cerró uno de sus puños con coraje. Odiaba la arrogancia en la gente de poder y ella, para ser alguien más al servicio de otro, era demasiado chocante.

—Lárgate.

—Espera, Kanna.

Ambas miraron con atención al joven que caminaba hacia ellas. Horo Horo comía una paleta de hielo mientras observaba de pies a cabeza a la mujer, aspirante a un puesto en la casa, o al menos eso había escuchado mientras se dirigía hacia el jardín.

—Joven Horo Horo, le pido que no se meta en estos asuntos.

—Y yo te pido, Kanna, que la escuches, que no oyes que sus hermanos dependen de ella—le dijo con una sutil sonrisa.

—Es una mentirosa, yo sé reconocer a un mentiroso cuando lo veo—le dijo con crudeza.

Y sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.

—Eso dolió—admitió Usui—Sin embargo, yo creo que tiene una buena historia.

Sonrió, a pesar de no conocerlo, sintió un gran agradecimiento hacia él.

—Perdona si no escuché bien, dijiste que estarías al servicio de Anna, ¿no es así?

—Oh, sí—afirmó de inmediato—Traigo una carta de recomendación para ella.

—¿Puedo verla?

—Es sólo para ella—respondió, bajando la mirada.

—¿Lo ve? Vil mentirosa—añadió Kanna.

Bien, él no tenía por qué juzgarla, ultimadamente todo mundo andaba de misterioso.

—Bueno… si no estás segura, Kanna, por qué no la pones a prueba—sugirió Usui—Después de todo, así tendrás un parámetro para evaluarla y Anna decidirá el resto.

—Sí, claro, admito la prueba—dijo enérgica la joven.

—¿Y quién te ha dicho que acepto? —cuestionó enfadada—Sin embargo, creo que al menos así podré ahorrarle a la señora la decisión de correrte. Escúchame bien, porque al primer error te marchas de aquí.

Asintió, sólo que cuando tuvo que lavar todos los baños de las habitaciones estaba que se daba un tiro en la cabeza. Amarró en una coleta su cabello negro y siguió tallando la bañera. No podía creer que fuera tan sofisticado los muebles de un miserable baño, aunque de miseria no tuviese nada.

—Así que... nunca habías hecho labor de limpieza antes.

—Eh…—pronunció confundida al verlo recargado en el marco de la puerta

—Kanna te puso a lavar un baño de porcelana, lo que menos debes hacer es tallar con esa fuerza.

Enjuagó la parte que limpiaba en ese momento y notó horror en sus ojos al ver las múltiples líneas en la parte interna de la bañera.

—Oh por dios, ella va a matarme—dijo asustada.

—Tranquila, es recámara de Yoh y Anna, y créeme, ese par lo último que ven son las líneas de la bañera. Y conociéndolos, seguro que hasta la arañan aún más—se acercó a bromear con ella.

La imagen apareció en su mente y se rio con soltura.

—Ellos… llevaban bastante ya casados.

—Casi un año—respondió con simpleza—Y… no me dijiste tu nombre.

Se sentía avergonzada por esa desfachatez, él la había ayudado y ni siquiera un gracias le había dado.

—Oh, lo siento, no te agradecí allá abajo.

—Descuida, yo también hubiese estado pensando en mil cosas si una bruja como Kanna me acosara de esa manera.

Sonrió y acomodó un mechón de su cabello.

—Soy Tamiko Kurobe.

—Horokeu Usui—respondió extrañado—¿En serio te llamas Tamiko? Es un nombre algo raro para una chica.

—¿Y Horokeu no es un nombre raro? —cuestionó en el mismo tono.

—Bien, bien, me ganaste—admitió algo avergonzado—Puedes decirme Horo Horo. Y tú…

—Damuko—respondió mirándolo fijamente—Así me decían cuando era niña.

Resultaba curioso cómo es que sentía curiosidad hacia ella. Ciertamente era bonita, pero su belleza no lo deslumbraba como con otras tantas mujeres, además tampoco podía decir que estaba en su mejor presentación, el uniforme le quedaba bastante holgado para su menuda figura. Sin embargo, había algo más en ella que le agradaba y al mismo tiempo le inquietaba.

—Y dime, Damuko, qué te trae a la mansión Asakura. Porque ciertamente en tu vida has limpiado una casa, lo puedo ver en la forma torpe en que aseas el baño y en lo fácil que te equivocas—concluyó al verla palidecer—Tampoco tienes hermanos o al menos no eres su único sostén, porque si bien ganas suficiente aquí, se ve que tu perfil es mucho más alto como para ser parte de la servidumbre.

—Yo…

— ¿Y bien? Si vas a mentirme, miénteme muy bien, así no tengo un pretexto para decirle a Anna que te tienes que ir.

—Vine aquí por Yoh.


Por cansancio o por sudor, bien podía decir que su vista se debilitaba paulatinamente. Llevaba más de tres horas en el gimnasio y aun no sentía cansancio, podía decir que casi no sentía nada, ni siquiera el dolor en sus músculos.

—Para, Yoh, si te matas, Anna me matará a mí y no quiero describirte la forma gráfica en que me imagino eso—le dijo Zen—Por hoy es suficiente.

Paró y su respiración se agitaba a un ritmo que incluso él consideraba acelerado.

—Hoy ibas como el mismo demonio en simulador, créeme, si igualas los tiempos en clasificación, señor, será difícil que te arrebaten la pole.

—Los vas a demoler, campeón—añadió Ryo—Relájate y tomate un baño, te lo mereces.

Dejó el aparato de pesas y limpió el sudor con una toalla. Tokageroh, que miraba absorto sus acciones, no podía estar igual de sorprendido con su actitud demoledora. Sabía que aquello se estaba volviendo demasiado pesado para él. Era una carga emocional que no soportaría el domingo.

—Oh, por cierto, Yoh, ya sabes que tenemos la presentación de tu nuevo vehículo. Amidamaru envío un comunicado de prensa de que adelantarás la fecha de promoción, mañana vendrán diez periodistas y especialistas en el deporte para una demostración todo terreno—dijo emocionado el rubio—Será avasallante. Ya mandé pedir la mejor champagne y los cascos tienen el logo de la empresa por delante.

—Genial…—pronunció apenas en un murmullo, sin gran ánimo— ¿Es el deportivo?

—El A-210. Negro y con la mejor carrocería, versión de lujo.

Sonrió al recordar que era el modelo que Anna tanto deseaba estrenar.

—¿Quieres saber mi debilidad? Tengo un mercedes deportivo negro—le describió con alevosía mientras le mostraba el llavero grabado con su nombre.

—Es precioso tu auto.

—Lo sé, no lo cambiaría por nada ni en un millón de años.

—¿Y si te hago cambiar de opinión?

—¿Cómo? —cuestionó interesada mientras veía su mesa de trabajo.

—Con una belleza como ésta—señaló el boceto del coche—0-100 en 4.6 seg. El motor es un V8. Control de tracción trasera… Tú amarías este coche.

—Creo que sí, ya lo amo—dijo con orgullo al tomar el boceto.

Sonreía agradado, pensando que quizá algún día escucharía de ella esas palabras. Aunque era innecesario y demostraba con hechos cuánto lo quería.

—Es curioso cómo te gustan los coches deportivos, pero no eres fanática de que maneje uno.

—No me molesta que lo hagas.

—Pero tampoco te gusta tanto.

—Sí me gusta, aunque tiene su riesgo, no pienso impedirte que lo hagas. Confío en ti y eso debe bastarte—dijo sentándose en sus piernas—Y por eso, no te dejaré rendirte.

—¿Lo prometes?

—Sólo si conduces conmigo ese deportivo.

—Es una promesa.

Quería que Anna lo viera y contemplará en su máximo esplendor, era un proyecto que a ambos les fascinaba y por el cual sentía una enorme emoción. No era un ingeniero, estaba aprendiendo mucho de otras personas y con el más selecto equipo de ingeniería automotriz había diseñado una línea deportiva equiparable a cualquier Porsche. Sin embargo, también comprendía las razones de Amidamaru para adelantar el lanzamiento previo a la cumbre de Ginebra, particularmente porque la expectación por la carrera aumentaba con el pasar de los días.

—Oh y lo olvidaba—comentó en voz baja Ryo—Tengo una amiga que está loca por conocerte, me lo ha pedido hasta el cansancio, créeme, hasta el cansancio. ¿Me harías el favor de cenar con ella?

—Oye, ¿no crees que abusas de tu suerte? Él no está para dar espectáculos privados —se quejó Tokageroh.

—Bueno esa decisión sólo le corresponde a él —aludió decidido — ¿Qué dices, Yoh? Reserve una suite, nada de fotógrafos, nada de nada, será algo sumamente íntimo.

Se recargó en el aparato y contempló al par de hombres que le miraba expectante. Ciertamente no tenía humor de nada, pero tampoco quería encerrarse a llorar en su cuarto, eso no le parecía la solución a sus problemas. Quizá distraerse le haría pensar en algo más que en su propia miseria.

—Dile que estaré ahí a las ocho.


En realidad no sabía dónde estaba su mente, por más que analizaba la situación le parecía ridículo pensar que algo había hecho para haberlo molestado, aunque sonaba triste, no enojado con ella. Sí, no le había dado un último beso y sí, tampoco había acomodado la habitación, la limpieza corrió por su cuenta. Tampoco era razón para dejarla de lado.

—Y entonces le dije, si no tienes nada lindo que decir, mejor calla tu estúpida boca—dijo con crudeza a su lado—Es un idiota, cree que porque tiene bonita cara, merece todo. Pues no, está muy equivocado.

Sus pensamientos eran mucho más ruidosos que los comentarios de Shalona, así de grave era su problema. Y su acompañante se percató del detalle al no oír respuesta de su parte.

—Escucha, presiento que no soy el tipo de compañía que necesitas.

—¿Qué? —cuestionó confundida.

Estacionó el coche rápidamente antes de que los fotógrafos fueran a capturar alguna imagen comprometedora. Sacó el enorme bolso y apresuró a Shalona para entrar en el elevador antes de que algún medio se adentrara con ellas al edificio. Aun con el resguardo de algunos elementos de seguridad, infiltrarse no era misión imposible.

—Cielo santo, ¿esto tienes que soportar todos los días? —cuestionó molesta y agitada.

—No es tan radical, he tenido peores días—pronunció resignada—Creo que es el séptimo piso.

Suspiró cansada.

—Créeme, no envidio tu vida.

—Ni yo—concluyó mostrando a varios doctores el pase especial que tenía para acudir a esa hora.

Sí, había llegado un poco tarde después de acomodar a Horokeu y contactar a Amidamaru para la cena que tendrían con el gobernador el martes. Su agenda era un lío gracias a la sutil huida de su esposo.

—¿Cómo puedes llegar como si fueras jefa del lugar? —cuestionó sorprendida de ver la facilidad con que el personal del hospital le daba acceso, incluso en un área restringida.

—Bueno, Shalona, hay una razón por la cual la gente ambiciona tanto el dinero, no es por las cosas que puedes tener sino por el poder que puedes adquirir—denotó con seriedad—Yoh dispuso toda clase de facilidades para que en su ausencia no tuviese ningún problema.

Abrió la puerta y comprobó para su decepción que Hao no se encontraba con él. Sin embargo, Lyserg aún seguía despierto y aunque su color seguía siendo pálido, presentaba grandes mejorías. Sonrió al verlas entrar.

—Shalona, ¿cierto? —pronunció el inglés.

—¡Oh! ¡Soy famosa! —exclamó alegre—Seguro que has visto mi cara en alguna revista.

Dudaba mucho de esa versión, más al ver la sonrisa forzada del investigador, pero reconocía su gesto de caballerosidad.

—Sí, sí, claro, muy famosa—ironizó sentándose en el sofá a su lado—¿Quieres traerme un café?

—¿En este momento? ¿Cuándo tengo a mi admirador presente?

—Tu admirador presente y yo necesitamos conversar, después lo acosas el resto del día.

—Bien, de acuerdo. Qué sutil—dijo abriendo la puerta para dirigirse al pasillo.

Al fin podía sentir al ambiente más tranquilo. Y suponía que Lyserg también agradecía el paréntesis.

—Veo que estás mucho mejor.

—Perdona, yo no debía haber hecho todo ese alboroto—mencionó contundente al tema que en realidad quería abordar—Fue demasiado, te pido, de verdad, una disculpa.

—No hay problema, nada que la chequera de la aseguradora y de Asakura no puedan cubrir—dijo en un buen tono—Sólo no te perdono que le hayas dicho a Yoh que armara todo un espectáculo.

—Era necesario.

—Supongo, pero no lo hagas de nuevo.

Asintió y alcanzó a tomar su mano.

—Siento no haber podido proteger mejor tu secreto—dijo con una autentica culpa.

—Diethel, no tienes que disculparte por eso. Tengo entendido que fue Keiko que sacó a relucir algunas cosas, lo que no entiendo es por qué las tenías guardadas, habías esclarecido que eso desaparecería.

—Y lo hice, pero Marco guardó parte del archivo en la memoria del sistema—describió con rabia—Lamento todo lo que te hice pasar.

—Bien, Sherlock, estás perdonado. Pero deja de lamentarte, en tu estado es penoso que lo hagas—se jactó apoyando la otra mano en él—¿Y qué hay del galán? Pensé que estaría aquí día y noche.

Sonrió y bajó la mirada con algo de reticencia.

—No se siente muy bien, le pedí que fuese a descansar.

—¿Le ha pasado algo?

—Está melancólico—respondió preocupado—¿Puedes hacerme un favor?


La gravedad del asunto la tenía nerviosa. No era capaz de disimular de nuevo, al menos no frente a Anna, de eso estaba plenamente convencida. No obstante, el aprecio y gran cariño hacia la rubia era lo que la tenía de vuelta. Abrió su bolso y entregó al guardia su identificación. Una acción rutinaria en los últimos meses y que ahora dejaría de serlo, al menos en apariencia.

— Adelante, señorita Mattise.

—Gracias—dijo tomando el gafete—¿En dónde?...

—En el ala de derecha, consultorio tres—le informó un enfermero—Está en revisión, tendrá que esperar un poco.

—Oh…—mencionó preocupada—¿Todo bien?

—Sí, sólo había que tomar unas muestras más y estará lista.

Asintió y esperó en la sala cerca de cuarenta minutos. Una larga permanencia. El lugar no le desagradable, mucho menos en esa área, donde las personas caminaban y charlaban de forma habitual. Pero tan sólo recordar su pérdida de noción meses atrás le erizaba la piel.

—Perdone el retraso, señorita Mattise, sólo deseaba asegurarme que la dosis fuera la adecuada—dijo el médico que la saludaba—Ella se encuentra en perfectas condiciones, ahora.

Marion le observó tranquila. El doctor señalaba en la receta los medicamentos que debía suministrarse y los cuidados necesarios, especialmente, le había prohibido realizar actividades estresantes, por lo cual, modelar no ocupaba una vacante en su nueva vida.

—Sé que estará en buenas manos.

—Así será—dijo segura—Marion… vámonos.

La rubia dirigió una última mirada al sanatorio, no extrañaría el lugar, pero de algún modo le hacía sentir segura, a salvo de todos sus pensamientos. El médico le sonrió y su instinto le alentó a caminar junto a Mattilda, que la esperaba en la entrada, mientras recogía su identificación. No era la bienvenida que esperaba, tampoco la salida premeditada que le había contado.

—Tomaremos un taxi, habrá que esperar unos momentos—le dijo serena—El departamento sigue igual.

No obtuvo respuesta. Suspiró y trató de encontrar el lado positivo, pero no hallaba una solución en concreto. Sus ojos mostraban ausencia de la persona vital y astuta que era antes, hasta extrañaba la voz de niña mimada. Subieron al vehículo y al llegar al centro, optó por caminar por el parque, después de todo, era una de las recomendaciones del doctor.

Caminaron un poco hasta llegar a una banca junto al lago. Los niños jugaban con el agua, tratando de poner en la marea un bote de madera. Sin embargo, se sorprendió al verla tan ajena. En otro tiempo, quizá se hubiese quejado por el revuelo de los pequeños. Sin embargo, parecía ignorarlos tajantemente.

—Está oscureciendo.

Su voz suave y tranquila la desorientó. No había escuchado palabras desde hacía tanto tiempo.

—Es un bonito atardecer.

—Sí, lo es—afirmó con una pequeña sonrisa—Pensé que…

Un torrente de lágrimas comenzó a brotar de sus ojos.

—Mari…Tranquila—dijo abrazándola fuerte—Saldrás adelante, ya lo verás.

—Todo va a salir bien—añadió la rubia, aferrándose a ella aún más.

—Así es, todo va a salir bien—repitió con tristeza.

El significado de esas palabras para Marion era aún tangible. Era claro, ella no podría olvidar lo mucho que Yoh simbolizaba en su vida. Sin contar algunos pretendientes más, él era su única relación seria, el hombre con el que iba a casarse.

Secó sus lágrimas y pareció tranquilizarse con la fría ventisca. No hubo muchas palabras más, no hasta llegar al departamento. Su rostro abordaba esa sobriedad y timidez antes olvidadas. Ahora parecía una niña pequeña tratando de adaptarse a una nueva habitación.

—¿Quieres que desempaquemos?

—No… sólo quiero algo de comer.

—Claro. Aunque tendremos que pedirlo, no he cocinado nada desde hace unos días, he tenido mucho trabajo—mencionó, sentándose con ella en el sofá.

—¿Aun trabajas para ella?

La mención de Anna era algo que el doctor había sugerido omitir en todo ese tiempo, pero sabía que no podría evitar que conociera todos los detalles de los que se había perdido.

—Sí.

—¿Qué pasó después de dispararle? —cuestionó con seriedad—Cuéntamelo todo.

—¿No crees que es muy pronto?

Bajó la mirada, nunca sería demasiado pronto. Había permanecido casi seis meses encerrada. Y aunque para los médicos era poco tiempo, para ella había sido una eternidad, un escape para su realidad que no deseaba aceptar. No quería confrontarla tiempo atrás, ahora necesitaba hacerlo.

—Sé que no la mate.

—No, estarías en la cárcel—aseguró Mattilda—Es sólo que… ellos de verdad se dieron una oportunidad para hacer crecer su relación.

—¿Y ella ya se embarazó? —le cuestionó triste.

—No—negó casi de inmediato, tomando la mano de su amiga—Pero son demasiado demostrativos y no, no es mentira.

En apariencia estaba tomando las cosas con calma, pero algo le decía que no era de ese modo. Debía estar agradecida con Anna, bastó unas palabras de Yoh para que retirara la demanda en su contra. Pese a eso, no creía que Marion fuera a quedarse estática.

—Por favor, consígueme una cita con él—le pidió con ahínco—Necesito ver a Yoh.


El punto era que no conducía muy bien sobre presión. Después de unos pequeños arreglos en su vestimenta y en la manera en que colocaba la peluca negra en su cabeza, todo le hacía sentir en una persecución policiaca. Llevaba cuatro paparazzi detrás en motocicleta, tenía el coche de Anna y una acompañante loca a un costado, tratando de cambiar totalmente su apariencia.

—¿Quieres repetirme por qué esto es buena idea? —cuestionó Shalona.

—Nadie dijo que lo fuera—dijo Anna desabrochándose el cinturón—¡Acelera antes de que cambie la luz a rojo!

—¡Qué! — gritó sorprendida cuando la rubia hizo el cambio de velocidades con la palanca.

—¡Ahora!

No tenía la menor duda, ella estaba loca. Casi cerró los ojos cuando un camión estuvo a punto de rozar el lado izquierdo del coche. Era más que seguro que la patrulla los detuviera, pero aquellos locos, no paraban para perseguirlos. No comprendía porqué.

—¡Oye! ¡Quieres explicarme porqué tenemos a unos locos siguiéndonos! —replicó cuando la miró levantarse y pasarse al asiento de atrás con gran habilidad.

Por la naturaleza de sus actos, aquello parecía algo con lo cual estuviera realmente familiarizada.

—¡Da vuelta a la derecha, pasas el semáforo y sigues a la avenida principal. Ahí hay dos calles que tienen un nombre similar, déjame en la primera, da la vuelta y tendrás tiempo de meterte en la segunda!—le indicó mientras se colocaba un vestido negro con una bufanda roja.

—¡Anna! —gritó desesperada, acelerando un poco más antes de que aquel tipo se acercara a la ventana.

—Sí que son veloces—dijo conmocionada—Escucha, ellos quieren una evidencia de que aún estoy saliendo con Hao. Eso es lo que quieren ellos.

Y al juzgar por sus acciones, los lunáticos de atrás tenían toda la razón.

—¡Gira a la derecha!

Casi dio un volantazo cuando pasaba por alto la calle, pero eso sin duda había servido para confundir a los hombres. Miró por el retrovisor la razón del bolso enorme que llevaba Anna y bufó nerviosa, no era fanática de las películas de acción, menos lo sería en la vida real. Menos cuando escuchó el sonido de la policía detrás.

—Anna, no me digas…

—¡Tienes toda la autorización, la ley no te sancionará!—autorizó con braveza y el motor sintió el cambio—¡Acelera!

La patrulla paulatinamente se iba quedando atrás con la maniobra que hacía con los coches. Anna le indicaba cómo hacerlo y tenía que admitirlo, se sentía muy nerviosa.

—¡Nos van a arrestar! —cerró los ojos desesperada.

—¡Abre los ojos! —gritó la rubia tomando un instante el volante—Tenemos el permiso.

—¡¿Ah sí?! Entonces, ¡por qué diablos nos están persiguiendo también!

—Porque no sabe que has regresado a las andadas—dijo con naturalidad mientras colocaba sus zapatillas—¡Primera calle, Shalona! ¡Y gracias!

Ella se detuvo casi abruptamente y Anna lamentó la brusquedad con que manejaba, extrañaba a Lyserg en el volante. Pero ahora mismo no tenía tiempo de pensar en tonterías. Apenas abrió la puerta, la cerró de un golpe y corrió hasta la esquina próxima dando una vuelta que casi la hacía resbalar. El abrigo café le cubría del viento, pero tan pronto notó que uno de los fotógrafos había bajado de una camioneta, se adentró a una tienda de ropa.

Buscó rápidamente una prenda y entró al probador. Años atrás esas maniobras no eran nada complicadas, dos o tres veces había corrido, en lo demás, entraba y salía caminando del departamento, a veces con peluca, a veces sin nada. Sin embargo, después de casi ser vistos en público de manera abierta en su última visita, no podían darse el lujo de que saliera a la luz la más mínima prueba de que sostenía una relación con Hao.

Incluso, de parte del departamento de relaciones públicas, tenía prohibido estar con él en la misma habitación. Razón por la cual deseaba verlo en el hospital, aunque no era precisamente su prioridad. Ahora y de momento, no tenía nada más en la cabeza.

Se quitó el abrigo cambió su atuendo con aquel ceñido suéter vino. Arregló su cabello a un costado y trató que aquel vestido negro no fuera tan llamativo para los hombres. Colocó en su bolsa la prenda café y salió con mayor naturalidad. Estaba segura que el cabello cubría lo suficiente un costado de su rostro. Se dirigió a cajas y le entregó a la encargada la etiqueta de la prenda.

—¿Es todo?

—Sí—contestó de inmediato al darle el efectivo.

Atrás escuchaba a dos fotógrafos pedir indicaciones e incluso, atreviéndose a esperarla en la salida de la tienda. Era ridículo, lo sabía de antemano, pero era una de las cuantas cosas a las que tenía que acostumbrarse si deseaba seguir en el ojo público. Pasó junto a él sin ser detectada, aunque tenía unas ganas tremendas de pegarle un puñetazo en la cara, se contuvo. Caminó seis calles más adelante, con calma y mucha mayor tranquilidad.

—¿Señorita Anna? —cuestionó sorprendido el portero—No esperaba verla de nuevo aquí.

—Yo tampoco—dijo entregándole un cheque en la mano—No es un asunto amoroso, eso téngalo por seguro.

Asintió y sonrió complacido con su visita. Entró al elevador. Apenas tenía veinte minutos y Shalona le escribía un texto en el que sonaba desesperada. Sacó el teléfono y llamó a Kalim. Confiaba en que su niñero podría llegar a un acuerdo con Peyote para que el resto no sacara partido de la situación. El acoso era algo que justificaba perfectamente la velocidad a la que iba.

—¿Sucedió algo nuevo?

—Necesito que pagues una multa en la estación de policía. Shalona acaba de mandarme un mensaje que fue detenida—le indicó—Ya sabes qué hacer. Peyote me aseguró que mientras se dieran estas situaciones habría que hacer un ajuste en el permiso especial.

—¿Está sola?

—Tiene a los cuatro locos a su lado—dijo la rubia—Tiene buenos argumentos. Sólo paga la multa de velocidad y listo. No quiero un historial negativo.

Sonrió agradado. Su vida con ella no era nada aburrida.

—Está bien, iré enseguida—le dijo con gracia—¿Sabes, Anna? Creo que te hará falta una asistente personal.

También lo creía.

—Lo sé—afirmó sacando las llaves del departamento, pero se detuvo—Pero mientras, tú cubres bien la vacante.

No era su casa, aunque técnicamente una parte era suya, ya no tenía la familiaridad de abrir como si nada. Tampoco deseaba encontrarlo en paños menores con alguien más. La idea en sí le molestaba todavía. Suspiró y tocó el timbre, al cabo de unos minutos la figura de Hao apareció en el marco de la puerta, sorprendido.

—¿Anna?

—La misma—respondió entrando aun sin su permiso—No puedo comprender cómo te cuesta tanto reconocerme con un color diferente de cabello.

—Tus ojos ahora son verdes, encanto—le dijo muy cerca de ella.

Tomó con cuidado los pupilentes y los quitó con cuidado. No era muy afecta a usarlos, tampoco a usar una tonalidad diferente a su cabello original. Sólo Yoh había tenido la desfachatez de pedirle un cambio tan radical.

—¿Y qué te trae aquí? Hasta donde yo sé, tengo casi una demanda de parte de tu marido para que no me acerque a ti.

Sonrió con ironía.

—Si es una demanda, entonces es de Ren, no de Yoh—respondió quitándose la peluca—Pero también tengo esa prohibición.

Sonaba tentadora la idea, salvo que su ánimo no estaba del todo por los cielos. Y dudaba que ella viniese hasta él para deshacer la cama.

—¿Qué pasa, preciosa? ¿Tienes algún problema? —al verla sentarse en la sala mucho más tranquila.

— En realidad, Lyserg me dijo que tú tenías el problema.

Su amigo quería mandarle una indirecta o es que en verdad deseaba que se reconfortara en ella. No sabía qué decir y al juzgar por la mirada de Anna, quería una pronta respuesta.

—Es mejor que te vayas. La última vez que hablamos seriamente te dije que te dejaría en paz.

—¿Y? ¿Cuál es el punto?

—Que no tienes porqué meterte en mis problemas—respondió con crudeza—Y perdona, no es algo personal.

—¿Es por mi pasado? —cuestionó confundida.

No era uno de los mejores temas a tratar, pero era el último que había charlado largamente una de sus últimas ocasiones. Cierto que en el hospital sus palabras le sirvieron mucho para sobre llevar el momento, pero ahora mismo sabía que si tomaba su apoyo, no la dejaría librarse de él tan fácil.

—No me recuerdes a otro imbécil que quiero romperle la cara.

—¡Entonces por qué me rechazas!

—¡Porque te quiero para mí, Anna! ¡Te quiero sólo para mí! —exclamó acercándose al borde del sillón—¡Si entiendes eso, vete de aquí!

No podía haber sido más claro. Pensó en lo inútil que había sido llegar ahí y en toda la preocupación que la albergaba, tenía suficiente con saber que Yoh no vendría como para que Hao acentuara su falta de tacto. Estúpidos hombres. Tomó su bolso y cubrió de mejor manera su cabello.

Si ella pensaba que lo hacía con alevosía, estaba equivocada. Si alguien podía hacerlo sentir mejor era ella. Sólo Anna podía conseguir derretir en él sus sentimientos. Sólo ella. La necesitaba, y quería tenerla a su lado en ese momento, pero hacerlo no sería adecuado. Cerró los ojos y esperó a que se marchara, pero al cabo de unos minutos, eso no sucedió.

—No—dijo dejando caer el bolso en la mesa—Entiendo que sigas molesto porque aparentemente no te tuve confianza, pero eso es algo que ya superé. Tenía miedo, era como un estigma para mí, yo no quería que me rechazaras. Entonces porque, dime por qué lo traería al presente sólo para enturbiar las cosas contigo, eso no tiene sentido.

—No, no lo tiene—aceptó molesto—Pero no es eso por lo que no te quiero cerca.

—¡Sí, lo acabas de decir, pero yo no pertenezco a nadie!

—¡No, pero eres su esposa!—respondió enojado—Y en este momento estoy fuera de mí. No quiero lastimarte ni decirte cosas hirientes, así que márchate.

Era un caso típico de rechazo que admitía, no podía tolerar.

—No hasta que me digas qué sucede—declaró con firmeza—¡No vine hasta aquí y pase tantos problemas para nada!

—Yo no te pedí que vinieras.

—No, pero…

—Pero qué—exigió el castaño.

—Me preocupas—se sinceró sin poder evitarlo.

Suficiente, no quería oír más. Anna era una experta para doblegarlo en cualquier situación y ésta sin duda no era la excepción. Caminó hasta el dormitorio y no le importó azotar la puerta. Al diablo la caoba de la madera, lo único que quería era enterrarse mil metros bajo tierra para evitar su cercanía.

—¡Hao! ¡Abre esa maldita puerta!

—¡Lárgate, Anna! ¡Éste no es tu lugar!

Alguien en el jodido mundo quería decirle qué pasaba. No comprendía su actitud, más cuando dos días atrás estaba consolándose en su brazos por su amigo en el hospital y ahora la trataba de lo peor. Bien. No le rogaría, pero tenía hambre y por culpa de él no había podido siquiera pasar a su casa tranquilamente a disfrutar el resto del domingo.

Al diablo su actitud infantil. Ignoró el hecho de que llevaba más de veinte minutos encerrado y comenzó a preparar algo de comer. Como algo atípico de él, ni siquiera había tirado las sobras del refrigerador. Era un asco y necesitaba una limpieza urgente. Miró su reloj, casi las siete de la noche. Increíble cómo transcurría el tiempo, pero más le extrañó cuando un mensaje de Manta entró en el teléfono. Suspiró y marcó el número de su amigo.

—¿Qué sucede, enano?

—No puedo localizar a Yoh—le dijo preocupado—Dijo que no necesitaría el pase para el paddock, pero quería llevar a dos amigos más. Entonces, le llamé al teléfono y no puedo, la llamada entra a buzón, ¿sabes a qué hora llega? ¿O ya llegó?

—Yoh no vendrá hasta el próximo lunes—le informó cerrando el refrigerador y tirando una sopa podrida.

¿Era en serio? Conocía los hábitos de un soltero, pero Hao no entraba en el parámetro, con ella siempre fue demasiado pulcro.

—Oh… me preguntaba si tú podrías arreglar eso—dijo con algo de vergüenza— Tú sabes, es Suzuka.

Dos semanas llevaba escuchando de Suzuka. Tenía la maldita palabra en la cabeza y encima ahora tendría que fungir como la secretaria de Yoh. Sin embargo, era Manta, no era cualquier enclenque.

—¿Tres pases?

—Sí, te lo agradecería tanto…—dijo emocionado—Los tres días.

—Bien, te mandaré la confirmación por correo, ¿satisfecho?

—Genial, muchas gracias, Anna—dijo realmente agradecido—Me había comentado Yoh que no irás, ¿por qué?

—Porque tengo muchas cosas que arreglar aquí. Además tengo una gala benéfica. Moda y beneficencia, no puedo faltar al evento más hipócrita del año—dijo extrañada de que lo único que hubiese en la despensa fuera pasta—Pensaba preguntarle a Mannoko si quería ir.

—Suzuka—mencionó Oyamada—Compró desde la semana pasada un tour para ella y sus amigas. ¿En serio no irás? ¿Es por el problema con Lyserg? Según sé el equipo de comunicación solucionó varias cosas.

Sí, habían movilizado muchas cosas a su favor.

—No me dará tiempo, sólo que tomara un vuelo directo después del Gran premio, pero una vez en la boca del lobo, no hay regreso posible—dijo colocando en altavoz a su amigo mientras cocinaba.

—Yo pensaría que sí, mira… él te extrañará. Además…

—Si te atreves a decir que es Suzuka, te cuelgo.

—Oh, vamos, Anna, ese circuito tiene historia—aludió con vigor—Senna, Prost, Schumacher, Nakajima. Ha sido uno de los grandes en la historia de Fórmula 1, se han definido campeonatos ahí. Es imposible que no lo sepas, en Japón tenemos una gran cultura por el automovilismo.

—Entonces considérame ignorante—sentenció la rubia, guisando el tomate.

Extrañaba hacerlo y en esa cocina se sentía cómoda, la había escogido ella y sabía perfectamente dónde estaba cada utensilio. Incluso el diseño versátil y modernista le fascinaba. Kalim no le dejaba preparar nada, aunque tampoco es que tuviera tiempo; en casa con Yoh, tenía un ejército de mujeres en la cocina y aquí, la única mujer, quería pensarlo así, era ella.

—No, tú lugar es a su lado, insisto, no puedo creer que él no te diga nada.

—Él no necesita que vaya.

—¡Pero, Anna! Yo me pondré muy nervioso si no vas. Lo digo en serio.

—Confío en que ganará. No hay más que agregar—puntualizó sin ninguna tregua—Ahora voy a colgar no quiero quemar la comida.

—¿Estás cocinando? ¿Tú?

¿Qué era lo maravilloso del asunto? Tenía dotes en la cocina aunque nadie quisiera reconocerlo. Se giró a terminar la conversación con Manta cuando notó que no estaba tan sola como creía. Hao le observaba con detenimiento y suspicacia.

—¿Desde cuándo estás ahí?

—¿Importa? —cuestionó molesto—¿Por qué estás cocinando?

Ignoró el sobresalto de Manta y más cuando el castaño cortó abruptamente la conversación. Pensó que tardaría en salir de su encierro, de hecho, por lo orgulloso, suponía que quizá no le daría la cara.

—No tenías que ser tan radical.

—Es estúpido lo que haces, Anna—dijo en verdad fastidiado—Quiero que te vayas, ¿qué es lo que no entiendes en esas palabras?

Precisamente eso, no creía ni por un momento que la estuviese echando de su lado de manera tan cruel.

—Bien, dame una buena razón.

—Cocinas horrible la pasta—argumentó cuando notó que la olla tenía demasiado condimento—Saca una botella de vino, con un poco de setas y un poco de especias creo que aun puedo salvar esta porquería.

Apretó su puño, no quería soltarle un golpe en plena cocción de la carne. Tenía hambre. Golpear a su ayudante de cocina no estaba en sus planes con una de sus necesidades primarias insatisfecha. A su favor, argumentaba que Manta estaba distrayéndola, pero también podía decir que él no era mejor cocinero. De hecho, Hao era un mimado de lo peor, que siempre se esforzó en cocinar con ella y para ella. No podía quejarse de nada al respecto.

—Y ahora me dirás que eres un experto, ¿no?

—Ignoraré tu comentario provocador—dijo concentrado—Sólo te diré que he visto varios programas de cocina.

En su boca retuvo las palabras restantes. Desde que se había marchado. Desde que vivía ahí de tiempo completo, solo.

—Oh…

—Sí, oh…—repitió salteando la carne y la verdura en otro sartén—Prepara la salsa blanca.

Acomodó su cabello detrás de la oreja y se dirigió al refrigerador por el resto de los ingredientes. Cada uno en un sitio diametralmente opuesto, centrados en su labor en un sepulcral silencio. Entonces, Hao encendió el estéreo y el disco de Jazz comenzó a ambientar el sitio. Las luces acentuaban mejor la sala y el pequeño espacio que los separaba.

Observaba de reojo la práctica que tenía con el sartén. El ambiente era demasiado romántico para su gusto, especialmente cuando él se comportaba de esa forma tan arrogante y compartía con ella los deberes. Para qué negar que le traía viejas leyendas a la cabeza.

— Veo que el lugar está limpio—comentó con simpleza— ¿Contratas a alguien para hacer la limpieza?

— ¿En verdad te interesa? —le miró extrañado.

—Olvídalo—pronunció en el mismo tono mientras probaba el espesor de la salsa que bañaría su cena.

Sabía bien. Pasó por alto su presencia y lo ignoró el resto de los diez minutos mientras buscaba en la cava de vinos un MontanaSauvignon Blanc. Afortunadamente, aún tenía dos botellas de buena conserva. Se sentía extraña, no había cocinado en casi un año. Ni se había encargado personalmente de poner la mesa. Extrañaba esas cosas insignificantes y esa privacidad que no tenía con Yoh. Tampoco dio mucha importancia a las cosas que había dejado en el departamento, simplemente lo dejó en el olvido. Cerró la portezuela y en verdad sintió nostalgia. Un lugar tan propio como de él, un espacio que había decorado y que era suyo también.

Podía notarla inspeccionar el ambiente con más tranquilidad que la última vez. Sus pasos reflejaban esa familiaridad ausente durante meses y la maldijo internamente. Su vestuario acentuaba una figura realmente bella, pero lo que más le atraía era su largo cabello alborotado. Verla cocinar era demasiado para su propio deseo y su corazón, más cuando comenzó a poner la mesa. Colocó la vajilla blanca y los cubiertos con la cubierta vintage que tanto le había insistido en comprar. Amaba esos estúpidos y tiernos detalles cuando envolvía los cubiertos en pequeñas fundas. Y le encantaba verla armar el florero de acuerdo a los colores que usaba en la mantelería. Sí, ganas no le faltaban de correrla a la fuerza.

Ni siquiera podía alzar la vista. La suavidad de la tela en el mantel le hacía añorar aquel tiempo en que salir de compras era de lo más natural. Su mesa era pequeña, suficiente para dos comensales más, sólo que nunca habían recibido más visitas. Su espacio, único, sólo para ellos dos. Y los cubiertos de plata que él mismo había mandado a grabar que nunca se usaron. Veía en ellos un escudo, símbolo de su compañía y mucho más abajo una leyenda.

Odiaba que mirara de aquel modo la plata. No estaba dispuesto a responder por cosas que tenían un año guardadas en la cajonera de madera. Aun cuando Anna acariciaba con ternura el tenedor, ignoró el gesto y colocó la pasta en los platos. No importaba la hora, ni el momento, sólo deseaba que aquello acabara pronto, era una tortura que apenas podía soportar.

—Huele bien.

No contestó, sólo se sentó frente a ella. El punto era hacerla sentir incomoda, pero el hecho se contrarrestaba por la naturaleza romántica del ambiente. Él no tenía la culpa de que fuera su nidito de amor. Tomó el vino y descorchó la botella. Al menos el licor arruinaría sus sentidos. No obstante, Anna sonreía con nostalgia al probar la pasta. La sensación le traspasó y comprendió la razón.

—Tenías razón, haz mejorado tu sazón.

—Gracias.

—A ti—susurró probando otro poco más.

No había dudas en su interior. Su corazón latía con fuerza al verla, al escucharla y tenerla a su lado. Sin embargo, ya no se atrevía. Ahora la veía prohibida. Su vista se detuvo un instante en el anillo que portaba con orgullo. Era encantador, debía admitirlo, pero le hubiese encantado que la promesa que simbolizara fuera la de él y no la de su hermano.

—No tienes por qué comer conmigo, sabes que puedes usar la cocina—escuchó su voz.

Su gentileza no dejaba de asombrarlo.

—Es mi casa, tú debería irte a comer en la cocina.

—¿En serio? Hasta donde yo sé, también es mi casa.

Y encima aquel juego de palabras, como si ambos no supiesen en qué terminarían si seguían peleando de ese modo.

—Te lo diré una vez más: cállate, come y luego márchate. Si sigues provocándome te haré el amor hasta el amanecer y ésa, Anna, es una promesa.

Fue suficiente para hacerla sonrojar. Y no dijo más. Transcurrieron diez minutos más en los que cada uno comía en silencio. Era obvio que ella aun sentía algo por él, podía percibirlo en el ambiente. No obstante, a pesar del momento nostálgico al lavar los platos, no se atrevió a tomarla. Estaba tentándolo, especialmente cuando se familiarizaba de nuevo con los aditamentos.

—¿En serio no me dirás? —cuestionó interesada.

—Si te digo, te tiro a la cama, ¿eso quieres?

—Dime—pronunció firme, pero sus palabras le desorbitaron totalmente al castaño.

—¿Qué has dicho?

—Que me digas qué diablos pasa—dijo enfadada—Hace unas horas que hablé con Yoh no sonaba normal y hoy llego con Lyserg, y lo primero que me dice es que tú no estás bien.

La sola mención de Yoh en la charla le hirvió la sangre.

—Bueno y si tan preocupada estás, ¡por qué no le preguntas a ese idiota!

—¡Porque… por qué siempre tienes que reaccionar de esa manera!

—¡Porqué! Bueno imagínate que aquel idiota te preguntara por otra mujer, qué sentirías.

Bufó y terminó de secar el plato.

—El idiota eres tú—dijo recogiendo los últimos vestigios de su presencia.

— ¡Ah, ahora tú eres la ofendida! —exclamó molesto—¡Te pedí que te largaras y apenas…!

— ¡Sólo cállate! —respondió la rubia—¡Me preocupo por ti! ¡Eres alguien especial en mi vida, y si crees que te voy a dar la espalda estás muy mal! ¡¿Pero a quién le importa?!

— ¡A mí! —dijo tomándola con brusquedad—A mí, que me muero de celos cuando te veo con él. ¿Crees que es sano vivir así? ¿Crees que puedes jugar con los dos?

— ¡Suéltame! —gritó, tratando de zafarse de su agarre.

Sólo que lo único que consiguió fue que él la cargara en su hombro y la llevara directo a la habitación. Reconoció en inmediato el colchón cuando el castaño le cerró todo acceso y se colocó encima de ella.

— ¡Suéltame, Hao!

—No, Anna—dijo más sereno—Quiero que lo veas, quiero que veas mis ojos. Eres la única mujer en mi vida, yo no tengo que escoger entre tú y alguien más. Cualquiera que se atreva, la voy a mandar al diablo.

—¿Por qué?...

—Porque sólo existes tú—declaró cerrando sus ojos y apartándose de ella—Querías saber qué me tiene mal, pues ahí tienes la respuesta, tú me tienes mal.

—No comprendo.

—Ayer viajé a Suzuka. Después de todo el revuelo que causamos en la tienda, pensé que para qué seguir aplazando esto que siento—describió molesto, levantándose de la cama—Entonces le dije la verdad. Le dije la razón que me hizo odiarlo, ¿y sabes qué obtuve? Respuestas incoherentes. El muy miserable ni siquiera se acordaba de nada.

Acomodó su cabello y se incorporó paulatinamente.

—¿Y cómo reaccionó?

—Mal—admitió mirándola con fijeza—¿Y sabes qué es lo peor? No me alivió nada, al contrario, te veo y lo único que quiero es que te vayas. Si él sabe actuar sabrá que tú y yo deberíamos estar juntos.

—Eso ni siquiera te parece racional a ti, tú crees que tu hermano va a pensar eso—dijo con dureza—Tenemos que ir a verlo.

—¡Viniste aquí por mí o por él!

—¡Por ti, pero eso no quiere decir que tengamos que ignorarlo!—dijo levantándose, pero él le tomó el brazo con fuerza antes de que pudiese moverse—¡En verdad no te importa!

—Si quisiera estar con él, no me hubiese marchado, ¿no crees? —dijo con ironía—¡Y estoy harto! ¡Deja de preocuparte por él, preocúpate por mí!

—¡Y qué quieres que haga! —exclamó molesta—¡Tú sabías la verdad desde hace tantos años, tú notaste en Keiko ese cambio! ¡Tú sabías todo desde niños! Tú estás abierto a la verdad, Yoh no.

—Deja de pensar en Yoh, hazlo en mí. Yo sufrí todos estos años la falta de amor de una madre…

—¡Pero tuviste el amor sincero de tu padre!—recordó de inmediato— En cambio él, debe sentirse culpable de que tú hayas sufrido por su él, de que su madre sólo lo haya utilizado.

—¡¿Y qué acaso quieres que me ponga a llorar por él?!

—No, claro que no, pero supéralo. Yoh habrá cometido un error de niño, ¿4 años? No te parece que culpar a alguien por algo que hizo hace casi 25 años es algo muy… ¿inmaduro?

—Díselo a alguien que ha padecido de rechazo y desprecio toda su vida.

Tenía buenos argumentos a su favor, eso lo reconocía, sólo pensaba que aquella charla traería conciliación, parecía todo lo contrario, Hao sólo había desatado una tormenta.

—No te juzgo, pero ahora tú estás fuera del círculo. Tú no quieres a Keiko y eso tú lo ves con los ojos de la verdad, él no. Yo te conozco desde hace casi cuatro años, Hao, y creo que jamás llegaste a odiar tanto a Yoh.

Miró su expresión de furia consumiéndose.

—La razón por la que callaste eso durante tantos años fue porque tú, inevitablemente lo querías proteger del rechazo de Keiko, ¿no? El engaño con Marion no te lo justifico, pero… te perdono.

—Lo dices como si ya te diera igual.

—Sí, me da igual—respondió con firmeza— Me dolió y mucho en su momento. Despreciaste mi confianza por un odio inexistente, sólo porque te sentías frustrado y querías verlo sufrir a él. ¡El problema es… que sabes que todo esto desencadena muchos sentimientos y no te molestaste en llegar a un acuerdo, en reconciliarte con tu hermano!

—¡¿Por qué querría conciliar con él? Lo único que deseaba era que me dejara el camino libre y conquistarte de nuevo!

Sonrió con tristeza.

—No creo que lo hayas hecho por mí.

Y entonces la tomó en sus brazos con fuerza, no quería perderla, no así, cuando todo estaba expuesto y seguía dándole la razón.

—Estás confundida, lo puedo ver, tú aún me quieres, Anna.

—Tengo dudas, porque has sufrido mucho y ya no quiero lastimarte más.

—Eso se llama tener lástima—objetó molesto— ¡¿Cuál es la diferencia, Anna?!

—¡Yo no tengo lástima por ti, Hao!

—¡Entonces qué, qué tengo que hacer para que regreses! ¡Quiero que vuelvas, Anna! ¡Regresa y cásate conmigo!

Acercó su rostro al de ella, quería besarla, desnudarla y quedarse con ella toda la noche. Pero aquella punzada en su pecho no lo dejaba tranquilo. Anna notó su confusión y observó con pesar su mirada llena de odio hacia ella.

—¡Maldita sea! —exclamó con braveza alejándose de ella tajantemente—¡Vete de aquí, Anna!

—¡No! ¡No puedo dejarte así!—dijo tocándolo de nuevo.

—¡Que te vayas! ¡No puedo con esto! ¡Entiéndelo, quiero que te alejes de mí!


Había tenido la torpeza de no preguntar si era una cena de gala. Sin embargo, supuso que tampoco sería propio presentarse con una facha de vagabundo, por lo que el traje aun sin corbata debería bastar. Suspiró y tocó a la suite. Inmediatamente, Ryo le abrió la puerta. En otra ocasión, quizá hubiese encargado a recepción un arreglo floral, pero con franqueza, no tenía ánimo de ser lindo con alguien más.

—Pasa, no quise contratar un servicio extra, salvo al mesero de nuestra propia escudería para evitar chismes y malos entendidos.

—¿Tú cenarás con nosotros? —cuestionó algo extrañado.

—¿Bromeas? Ella no quiere que absorba ni un minuto de su charla. Llegará en diez minutos, ya sabes cómo son las mujeres, supongo que con Anna te pasa algo similar.

Sonrió con su recuerdo.

—Fuera del mal carácter, déjame decirte que es una mujer muy hermosa. Tu esposa es preciosa—confesó tomando una copa de vino que el mesero preparaba—Es decidida, firme y tiene un temple que cualquier hombre desearía en su vida, basta con ver la forma en que confía en ti. Es sencillamente increíble.

Así es, sólo deseaba conocer un hombre que no sintiera esa misma atracción. Desearía que su hermano no sintiera el mismo amor por ella.

—Aunque jamás imaginé verte casado.

—¿Por qué no? —cuestionó pensativo el castaño.

—¿Quieres que te sea sincero? A comparación de tu hermano, creí que tu serías el volátil, una persona errática, sin un rumbo en común con alguien—dijo con simpleza al evocar parte de su pasado—Hao siempre ha sido más metódico, en cambio tú, tú eres más…

—Vago—concluyó a las palabras de su abuela.

—Exacto. Y siendo sinceros, ser piloto es apabullante. Publicidad, fama, dinero, no es una profesión fácil. Y hasta el momento ella lo ha tolerado bien, el punto es… ¿Crees que siga haciéndolo? ¿Crees, sinceramente, que Anna va a tolerar eso mucho tiempo?

Bebió con presteza y sacó el aire que llevaba conteniendo. No quería responder a esa cuestión, no tenía idea de qué decir al respecto. Por suerte, alguien tocaba la puerta y suspiró aliviado de tener otro asunto qué atender. No se creía con el poder de dar respuestas del futuro, ni siquiera respecto a Anna. Entonces el teléfono comenzó a sonar y notó con algo de temor que en efecto era su esposa quien llamaba.

—Hola.


Maldecir era poco. Kalim apenas entendió el mensaje cuando pasó a recoger el auto a la casa. Tomó las llaves y emprendió el camino a la mansión Asakura. Ahora más que nunca deseaba hablar con él. Comprendía cabalmente la situación y si bien sentía un mar de emociones respecto a Hao, su preocupación por su hermano no se aminoró. Sabía que Yoh no se quedaría cruzado de brazos a que se lo llevara la corriente, pero también entendía que necesitaría su espacio para pensar las cosas.

Al menos ahora todo tenía sentido y su presentimiento era acertado al oírlo tan melancólico. Cerró los ojos un segundo, tratando de rememorar sus palabras.

—Responde….—pidió al detenerse en el semáforo— No me ignores.

Pero era inútil. Después de una quinta vez sabía que no respondería. Y golpeó el volante, casi al punto de llorar. Sentía una terrible frustración que no le importó en lo absoluto acelerar, aun con la infracción pasada, lo único que quería era llegar a la mansión Asakura.

Ni siquiera cuando le entregó a Ryu las llaves del coche, ni cuando Kanna le gritó que necesitaban aclarar unas cuantas cosas pendientes, nada le importó hasta que llegó a su habitación y tomó la agenda del castaño en la cómoda. Poco le importó el alboroto de los demás, ni siquiera cuando estaban afuera de su habitación, exigiendo hablar con ella.

Horo Horo encabezaba la lista. Sin embargo, cerró la puerta y continúo buscando el número de Tokageroh, hasta encontrarlo y así marcar al celular de quien fuera el anterior piloto de la escudería. El timbre sonaba, y el sonido que esperaba finalmente llegó cuando escuchó del otro lado su voz.

—Tokageroh, soy Anna—dijo con firmeza—Quiero hablar con Yoh.

Tembló al oír su nombre. Ya lo había vivido en persona y aun con un auricular sonaba imponente.

—Yo… lo siento, Anna. No tengo esa facultad.

—¿Facultad? ¡Te estoy pidiendo hablar con él, no soy una extraña!—alegó de inmediato.

—Lo sé, lo sé, pero él te llamará, estoy seguro. ¿No habló contigo esta tarde?

—Sí, sí lo hizo—respondió molesta mientras dejaba de lado la agenda—Pero no me dijo nada, salvo que no vendría. Así que no lo voy a repetir dos veces, comunícame con él.

Calló un momento, no sabía qué decir, tampoco podía irrumpir la cena con aquella chica.

—Escucha, Anna, no sé qué problemas tengas con él, pero Yoh me dijo que te dijera que todo estará bien. Sabe lo que hace, si no puede contestarte en este momento es porque quizá esté ocupado.

—¿Ocupado? ¿Haciendo qué? Dudo que esté en el gimnasio—dijo algo desesperada—Pásamelo.

—No puedo. Está cenando con alguien.

—¿Con quién?

—No lo sé—mintió—Un accionista.

No esperaba que creyera esas tonterías.

—Mañana a las siete de la mañana tenía una junta general. Por qué diablos iba a cenar con un accionista. Deja de mentir, dime con quién está.

Tartamudeo, ya no sabía qué decirle.

—Bien. Mira, me aseguraré de que él te llame, te lo prometo. Sólo tranquilízate.

—No, no me puedo tranquilizar, quiero hablar con él—le exigió—No te llamaría si no fuera necesario, si no fuera urgente.

—Pero es que no soy quién para imponerle que te conteste.

A qué se refería exactamente con eso.

—¿Acaso no quiere hablar conmigo? ¿Por qué?

Entonces no tuvo más opción. Especialmente cuando el ánimo de ella se estaba saliendo de control.

—Porque está cenando con una mujer —dijo en el mismo tono—No tengo idea por qué no quiere hablar contigo, pero no seré yo quien le haga cambiar de parecer, sólo… sólo puedo asegúrate que estará bien. Lo estará y tranquilízate. Te llamará, te lo aseguro, lo hará, aquí todo está bien. Sólo espera.


Sonrió y se acomodó frente a él casi con timidez. Sus ojos rojizos armonizaban con la palidez de su piel y el tono de su cabello matizado en un violeta le hizo comprobar que no estaba frente a una mujer común, sino a una preciosa mujer.

—Por lo que veo, interrumpí la llamada—dijo solemne, tendiéndole la mano—Jeanne.

—Yoh Asakura—dijo con torpeza, tratando de guardar el móvil en su bolsillo.

—Lo sé, sé todo sobre ti—confesó más resuelta mientras recibía una copa de champagne—Te adoro, Yoh.

Demasiada información para el momento, especialmente cuando estaba rehuyendo del afecto de las personas.

—Eres mi máximo, soy tu más ferviente admiradora—añadió sin vergüenza.

Aunque su tono de voz tampoco reflejaba lo que decía, hablaba con calma y una tranquilidad que le sorprendía. No era efusiva, sino una persona demasiado centrada.

—Pues…gracias—dijo con sinceridad—Eres muy linda.

Un sonrojo adornó sus mejillas mientras su mano se dirigía hacia su corazón.

—Wow… es más de lo que soñé—admitió sorprendida—Creo que hasta podría robarte un beso, pero no quiero ahuyentarte.

Bajó la mirada y el teléfono volvió a sonar con insistencia. Entonces sacó el móvil y aun con algo de reticencia lo apagó. No era propicio y tampoco se sentía lo bastante fuerte como para enfrentarla.

—Y me siento en las nubes, que apagues el celular y no le contestes a Anna debe glorificar a cualquier mujer, sea la circunstancia que sea.

—¿Por qué dices que es Anna?

—Supongo que no cualquiera te llama al teléfono móvil teniendo seis agentes detrás de ti todo el tiempo. Tu secretaria y tu publirrelacionista responderán asuntos de negocios por ti—respondió con una sutil sonrisa—Además, tus gestos delatan la incertidumbre de que te mueres por contestar, pero por alguna extraña razón no te atreves ¿O miento?

Sonrió con levedad.

—Sabes leer muy bien a las personas.

—Soy abogada y además, te amo—contestó serena.

Tenía que admitir que sus palabras le estaban agradando, lejos de la admiración, lo que le alegraba era la seguridad que tenía para afirmar sus sentimientos y no aminorarlos en lo absoluto.

—Parece que te gusta lo que digo.

—Emmm…Eres una mujer hermosa, me siento completamente halagado—dijo con sinceridad—Sólo que no soy la mejor compañía en este momento. No estoy al cien y quizá hasta te aburra.

Calló y esperó que el mesero terminara de servir los aperitivos. Antes de llegar a la suite, Tokageroh había intentado persuadirla de acudir a la cena, pero era una oportunidad que no dejaría pasar, pese a las advertencias.

— Para nada—negó tomando la cuchara—Así que soy afortunada porque Anna no está contigo en este momento.

—En realidad, Anna y yo tenemos agendas muy saturadas, no nos vemos tanto como quisiéramos—mencionó examinando su plato.

—¿En serio? Bueno en fotos y revistas, se nota que te desvives por ella. Supongo que el hecho de que sea una diseñadora famosa le da una ventaja visual a tu matrimonio.

—¿Y crees todo lo que dicen en los medios?

Analizando la perspectiva desde esa distancia, podía sacar a relucir demasiadas cosas.

—Yo creo en lo que veo—contestó en medio de un suspiro—Eres un magnifico hombre. Y… ¿quieres que te sea sincera? Me gustas más ahora que te conozco. Creo que estoy viendo la transición de un hombre, puedo notarlo. No es la misma mirada de hace un año, algo cambió en ti. Algo que estoy segura será decisivo en tu vida.

Él también quería creer eso.

—Empiezo a ver la ventaja de tener una admiradora como tú—admitió más relajado en tanto su vista se perdía en el caviar—¿En verdad te gusta esto?

—¿A ti no?

Negó con un gesto algo gracioso y apartó el plato de su lado.

—Siempre lo odié, mi abuelo lo comía a menudo y a veces cuando platicaba conmigo me obligaba a comerlo. Siempre, reunión de las dos, caviar en la mesa. Y la copa de vino espumoso—mencionó levantando la champagne—"Un bocado, un sorbo".

Rieron. Era curioso el momento que escogía para contarle una anécdota del pasado. Y suspiró aliviada al notarlo más relajado.

—Tu abuelo era muy especial para ti.

—Era como un padre para mí—se sinceró—Pero eso debes saberlo.

—Así es. Se todo sobre ti.

—¿Todo? —cuestionó curioso—¿En verdad?

—Te amo desde que tengo diecisiete años, llevo seis años en el proceso—respondió firme.

—¿Aunque esté casado? —cuestionó estupefacto.

—No soy celosa—dijo con una ligera sonrisa—Te he compartido con otra rubia molesta, puedo hacer una excepción con Anna.

No tenía una experiencia previa parecida, ni de cerca, de eso estaba seguro. Y una cosa sí tenía a su favor, le encantaba sus modales tan delicados en la mesa.

—Sé que si estuvieses soltero, te agradaría mucho iniciar una relación conmigo.

—¿Por qué? —cuestionó sorprendido de tal revelación.

—Porque tus ojos dicen que eso es lo que necesitas—dijo alegre—Un amor incondicional que no te cuestioné nada. Porque eres el tipo de hombre que aunque es amoroso y comprensivo también tiene un lado oscuro, una faceta que también sabe lastimar.

—Y lo dices por…

Bajó la mirada, mientras el mesero colocaba el plato fuerte.

—Porque sé lo especial que es Anna para ti—añadió comprensiva—Estoy segura que si no te sintieras mal, le responderías, aunque estuviera el mismo presidente aquí mismo. No te importaría. Pero te resistes, sabes que estás en un momento en que podrías mandar hasta a tu esposa al diablo. Que podrías arruinar todo, hasta la perfecta relación con Anna Kyouyama. Estás enojado contigo y no quieres que ella cargue con esos sentimientos tan negativos. Pero debes entender que esa parte que ahora tratas de rechazar, es parte inherente de ti.

Era una charla de lo más reflexiva, muy diferente a lo que pensaba para la velada, pero había dicho tantas verdades en poco tiempo que realmente se sentía aturdido.

—Además, siempre supe que era perfecta para ti.

—¿Tú o Anna? —se atrevió a preguntar.

—Yo—dijo sin ningún ápice de vergüenza—No te rías de mí. Viaje desde Paris para venir a verte en Suzuka.

Sólo que era inevitable que una sonrisa no apareciera en su rostro.

—No, es sólo que… es la primera vez que alguien expresa esas cosas hacia mí. No tienes idea de lo mal que me ha ido en el amor. Normalmente soy yo quien demuestra toda clase de cosas. Yo siempre estuve ahí detrás de todas ellas, dándoles lo mejor de mí—resumió con curiosidad—Y supongo que tienes razón, estoy tan molesto que quiero a todos lejos de mí porque ya no quiero lastimarlos. Es egoísta, pero es mi momento egoísta y así lo quiero vivir. Lejos de todo.

—Así es.

—Y…en un tiempo diferente, hubiese tomado tu palabra. Me agradas.

—Bueno, soy abogada, estoy a tus servicios cuando se te ofrezca.

—Estoy pasando por un mal momento, pero tampoco quiero regresar a ser soltero—dijo tomando su copa—Aun así, gracias por tu ofrecimiento.

—Pues entonces, salud por ti—respondió levantando el aditamento del mismo modo—Por tu felicidad, Yoh.

—Salud—completó bebiendo el resto del vino—Gracias, Jeanne. Me hace sentir mucho mejor, gracias.

Su mano alcanzó a tocar la suya en un gesto desprovisto de seducción. Podía percibirlo por la forma tan única en que lo miraba con fijeza.

—Lo sé, sólo no olvides que aquí hay alguien que te ama incondicionalmente.


La comunicación se cortó. Y estaba realmente enfadada, al grado de arrojar la libreta de números a un lugar recóndito de la habitación, pero se contuvo. Odiaba cuando alguien le rechazaba tajantemente, se sentía estúpida con toda esa lluvia de sentimientos invadiéndola. Se recostó en la cama y tomó el primer cojín para acallar un grito.

Se estaba ahogando, lo sabía por la forma en que su respiración se agitaba. Tampoco esperaba que Yoh se opusiese a ella de forma tan fría. No sabía qué pensar ni qué decir al respecto, sólo que estaba furiosa, lo estaba. Estaba preocupada y él lo único que hacía era encerrarse en su burbuja. Afuera, el escándalo cesó gracias a la abuela Kino, que había puesto a todos en su lugar.

Una mano se dirigió a su pecho, tratando de serenarse. Resultaba complicado, más aun cuando su teléfono comenzó a sonar. Era un mensaje de Horo Horo, que le pedía verla en el jardín. Tomó aire y aguardó diez minutos antes de ponerse de pie y abrir la puerta.

Inmediatamente apareció Kanna.

—Anna, necesitamos hablar—dijo molesta—Llegó una niña que no sirve para nada, y que según está a tu disposición…

—Ahora no.

—Tiene que ser ahora. No voy a disponer una habitación extra.

—Pues la dispones, no tengo cabeza para hablar de esos asuntos—zanjó bajando las escaleras rápidamente hasta cruzar la terraza y llegar hasta el rosal, donde él la esperaba.

Horo Horo le miró con cierto aire de preocupación, podía notar en su rostro con seguridad que algo malo ocurría.

—¿Qué pasa?

—Hao habló con Yoh, discutieron sus problemas. Le dijo directamente la razón por la cual lo odia. Y ahora está tan ofuscado que no quiere regresar, no quiere contestarme el teléfono. Nada. No quiere hablar conmigo—resumió con una gran frustración en su rostro mientras se sentaba en la banca—Apagó el teléfono para no contestarme y encima se ha ido a cenar con alguna tipeja. Bueno, quizá no está tan mal como para andarse divirtiendo con otra mujer y yo aquí, de estúpida…

Sonrió casi con ternura al ver la explosiva mezcla de sentimientos que podía detectar en ella.

—¿Estúpida, tú? —preguntó sentándose a su lado—No. No hay nada más lejano, créeme. Sólo lamento mucho que estés pasando por lo que yo vi cuando era niño. No es nada agradable y menos estar en tu posición de esposa de uno de ellos.

—¿Tú lo sabías?

—Un poco. Tampoco era una relación anormal de hermanos, ellos de alguna manera se querían y demasiado—relató con nostalgia—Hao era muy franco y algo duro. Sin embargo, era tolerable. Siempre se esforzó en hacer muchas cosas y logró muchas de ellas solo, se lo reconozco. Es admirable la forma en que se levantó y siguió aún siendo rechazado por su madre.

Tomó su mano y entrelazó sus dedos con los suyos con firmeza. Era la primera vez que la notaba tan aturdida, que incluso su mirada se perdía en sus ojos con fijeza.

—Contrario a Yoh, él siempre hizo toda clase de cosas, buenas o malas, nunca reprimió ese lado negativo. Tenía muchas personas a su alrededor, que si bien siempre las contactaba para un bienestar, siempre tuvo grupos de compañeros y amigos. Hao era un líder en potencia—añadió preocupado por su semblante pensativo—En cambio, Yoh, siempre fue demasiado callado. Muy implosivo. Reservado, a veces hasta solitario. Keiko siempre lo alentó a ser la contraparte de su hermano, pero él nunca quiso serlo. Creció siendo alguien tan gris, tan falto de vida, que tú no imaginarías ni de lejos esa faceta en él.

Su mente viajaba a su infancia y adolescencia, en donde su mentor era su abuelo. Recordaba el afable sentido de hacerlo mejorar y de que él lograra ser un campeón en la máxima categoría.

—Él tenía un sueño: quería ser campeón en la Fórmula 1. Trabajó en eso día y noche, hasta que un día, simplemente dejó de hacerlo. Nadie sabe qué pasó, él sólo perdió la motivación. Así pasó más de un año—relató con melancolía al ver el rosal—Y un día, algo sucedió. Jamás supe por qué, pero esa mañana, él corrió, corrió tanto que no pude alcanzarlo. Entonces me sonrió y en todo el trayecto a la pista de carreras, no dejó de trotar. Me animó a llegar con él. Dijo que todo estaría bien, que saldríamos adelante juntos.

Realmente, no sabía qué decir al respecto, pero sintió su corazón estremecerse cuando una pequeña lágrima viajó por la mejilla de su acompañante. Era la primera vez que veía llorar a Horo Horo.

—Y lo cumplió—dijo reservado—Nunca me dejó solo. Ni a mí, ni a Pilika. Siempre nos ayudó, más después de que nuestra madre murió. Fuimos a las mismas escuelas, fuimos colaterales en los problemas que resultaron cada vez que él se fugaba. Yoh es el ser más extraordinario que puedas conocer—mencionó mordiéndose los labios—Es sagaz, inteligente, tranquilo, una persona bondadosa. Y aunque creas que es ingenuo o que no ha pasado nada malo en su vida para hacerlo un demonio, te equivocas, ha tenido infinidad de circunstancias malas. Pero algo pasó aquella tarde que eligió sobreponerse, levantarse y seguir adelante. Aunque para hacerlo, tuvo que perderse a sí mismo un largo tiempo.

Recargó su cabeza en su hombro y contempló en silencio el rosal. La claridad de la luz lunar le daba un aspecto romántico al ambiente, sólo que entre ellos el romanticismo no existía. Horo Horo normalizó su respiración paulatinamente. Ahora comprendía mucho las decisiones de Yoh y la forma en que actuaba bajo sus términos.

—Gracias—susurró la rubia—Admito que sé mucho menos de Yoh que tú.

Se incorporó y besó el dorsal de su mano.

—Te aseguro que ni su hermano sabe tanto de él.

—No, eso no lo creo…—mencionó más relajada—Aun así no dejo de cuestionarme algunas cosas.

—Estará bien, tiene un método algo extraño para salir airoso de estas cosas, pero lo hace muy bien.

Por supuesto que sus palabras no habían contrastado de buen modo sus pensamientos. Cruzó sus brazos y bufó algo fastidiada.

—¿Dije algo malo?

—Acabas de recordarme que en este preciso instante se debe estar revolcando con una fulana—dijo sumamente molesta.

No pudo evitar reírse.

—Anna, ¿en serio puedes creer eso? ¿De verdad?


Estaba impresionado, para qué negarlo. Ver de nuevo a Jeanne en el grupo de personas que abordarían el deportivo con él lo había dejado estupefacto. Sin embargo, a pesar de su inusual seriedad, podía notar a Yoh mucho más sereno, especialmente cuando esa mujer estaba cerca de él.

Ella le sonreía bastante, se acercaba a él con frecuencia y entonces temió cuando notó la misma mirada suspicaz de los periodistas. Anna no iría al Gran Premio, ella no estaría ahí para confrontar a esta otra mujer.

—¿Quién es la chica? —cuestionó su publirrelacionista.

—Despreocúpate, es una de sus admiradoras, no le tomes importancia—desacreditó Ryo.

—Pues eso espero, apenas puedo con su vida en Tokio como para lidiar con la amante aquí.

Pero cuando hubo un mínimo roce entre ellos. Cuando Jeanne se atrevió a tocar su brazo, todo mundo perdió la cabeza. Casi gritó en el mismo modo que lo hizo Zen, no podía dejar de discutir con Ryo por haber cometido semejante indiscreción con diez medios importantes presentes. Y él tampoco podía comprenderlo.

Al concluir la sesión de fotos, notó su abstracción en el paisaje. Lejos de todos, incluso de su asistente personal, se acercó a él sutilmente. Y le preocupaba ver la sobriedad en su rostro, como si su mente viajara muy lejos de ahí.

—¿Y bien? ¿Se puede saber qué diablos haces? —cuestionó molesto, devolviéndolo a la realidad.

—¿A qué te refieres?

Obvió con un gesto desaprobatorio mientras miraba disimuladamente a la mujer que se encontraba en el cóctel de la empresa.

—Sólo estamos los de la escudería, un par de agentes la empresa, algunos accionistas, y te atreves a cuestionar qué pasa.

Suspiró y regresó a la pista de Suzuka.

—Jeanne es sólo una amiga, no he hecho algo de lo cual me arrepienta—se limitó a decir.

—Te abrazó—señaló preocupado—Escucha, sé que no estás de mejor humor que ayer, pero entra en razón. Eres una figura pública y estás casado. Yo sé que eres un hombre recto y ejemplar, pero esos buitres no. Y a la mínima oportunidad, te comerán vivos, una imagen se puede tergiversar de muchas maneras.

—No me importa, Tokageroh. Y no quiero ser grosero, pero estoy cansado de preocuparme qué dirán millones de personas de mí—contestó hastiado—Si ellos quieren ir y decirle a mi esposa que la engaño, pues que lo hagan…

—¿De verdad? ¿Ni siquiera te importa lo que pensaría Anna?


Casi contuvo el aliento cuando Damuko le acercó el diario. Apenas había logrado que Anna la aceptara como su asistente personal, especialmente gracias a la intervención divina de Kalim.

—Necesitas a alguien que esté pendiente de ti—argumentó seguro—Y es una chica brillante, la entrevisté personalmente.

Sólo que Kanna difería demasiado de su opinión y le había dado toda clase de referencias que la descartaban como ayudante en el amplio sentido.

—No necesito de un asistente, puedo atarme las agujetas yo sola.

—Bueno, si me preguntas—intervino su niñero—Yo creo que sí lo necesitas.

—¿Eso es una queja?—cuestionó segura—Yo no puedo fiarme de cualquiera, hay asuntos muy personales que no quiero dejar en manos de una extraña.

—Sí, pero así no puedo llevar los postres a las cafeterías. Si no tuviera que estar al pendiente de ti todo el tiempo, podría aumentar mi productividad—argumentó Kalim—Sabes que digo la verdad.

No necesitaba trabajar. Ella pagaba todos los gastos en la casa, pero respetaba mucho sus ocupaciones. Era un golpe a traición, pero fue el único modo en que ella aceptara a la chica en el cargo. Kalim quedaría libre la mayoría del tiempo para comercializar los postres y Damuko podría quedarse.

—Bien, entonces no se diga más. Tienes una nueva mano derecha.

Sin embargo, no estaba del todo conforme. La carta que recibió de manos de Damuko, únicamente aumento su mal genio, pero fue el detalle que termino por colocarla en el puesto. No era personal, tampoco el hecho de que llegara como un alma endiablada al siguiente día. No volvió a llamarlo, de eso tenía total y absoluta certeza, pero con tan sólo ver la nota en la sección principal del diario sintió miedo por el susodicho. Estaba claro que a Yoh le importaba un bledo qué pensarían de él, incluyendo la rubia.

—¿Esto ya lo vio, Anna? —cuestionó preocupado.

—No, le he quitado las publicaciones relacionadas—dijo de inmediato, sentándose a su lado—¿Tú crees que sea verdad?

Probablemente la fotografía tenía un ángulo demasiado morboso, pero podía notar que en ellos había cierta familiaridad.

—¿Sería normal que él se diera un espacio?

No era una de las acciones que esperaba reportarle a Tamao, tampoco estaba segura que fuera del todo cierto. Dos días habían transcurrido desde su llegada y no podía asimilar la lluvia de problemas que tenían en la familia Asakura.

—No ha recibido ninguna llamada de él—pronunció extrañada—¿Es normal para ellos hacer esto?

—No—escuchó la respuesta tajante de la rubia, mientras se sentaba con ellos en la terraza.

—¡Anna! Ni siquiera te escuché…

Alzó la mano y calló el escándalo que pretendía armar en un segundo.

—No te molestes en ocultarlo, Damuko, he visto todo. Tengo internet en el teléfono—dijo con sobriedad mientras Denbat le servía el café y un plato grande fruta—Gracias, Denbat.

—De nada señora. ¿Desea algo más?

—Saber de la abuela Kino, he ido a verla a su recámara y no he podido encontrarla.

—Salió hace poco menos de una hora, dijo que tenía una reunión importante.

—De acuerdo. Gracias, es todo.

Asintió y se retiró. No pronunció palabra alguna, pese a que ambos se miraban con nerviosismo para preguntar de su opinión respecto a las fotografías.

—Emmm… ¿y para qué querías a Kino? —se animó a preguntar Horo Horo.

—Amidamaru me informó que la presentación del deportivo fue un éxito y que debía ordenar algunas cosas para Ginebra o New York, pero por la cercanía del evento, supongo que New York es el más factible.

Sonaba demasiado profesional viniendo de ella y más cuando bebía café de esa manera despreocupada.

—Así que coches…

—Me confirió ciertas cosas referentes a él desde el mes pasado.

Damuko pensaba claramente en objetar un hecho que le parecía ridículo, pero calló al notar la misma intención en Horo Horo.

—Detriot, Ginebra, New York, tenemos departamento de marketing para eso. Y en lo que concierne a tus nuevas ocupaciones, olvídate de ellas—dijo severo—Pilika me dijo muy molesta que has descuidado muchas cosas en tu vida desde que estás con él.

Ignoró el comentario y continuó comiendo. No era la primera persona en hacérselo saber, tenía pleno conocimiento del hecho.

—¿De verdad no te importa? —cuestionó sorprendido—¿Él se pasea con cualquier otra chica y a ti no te importa? Sigues atendiendo sus negocios y su casa como si ir con otra no te importara. Han pasado días, ni siquiera se comunica contigo, te ha ignorado por completo. ¿No te preocupa? ¿Realmente?

—Tú decías que no era importante.

—Sí, lo decía. Pero su actitud y cómo maneja su frustración, eso es lo que me carga y no por él, por ti—dijo con seriedad—Odio ser yo quien te diga esto, pero está relación no está funcionando.

Suspiró y se levantó de la mesa molesta. Había soportado toda clase de pensamientos desde hacía poco más de dos días. Ir a cenas, eventos, atender sus propios problemas y aun con todo rodeándola, no podía evitar sentir ese vacío en su pecho. Damuko y Horo Horo miraron sorprendidos la manera tan tajante en que se levantaba de la mesa sin siquiera haber concluido su desayuno.

—Si estás tan seguro de que las cosas no funcionan, piensa lo que quieras—le dijo con severidad—Para ninguno de los dos es sencillo y menos estando tan lejos. Pero dejémonos de rodeos, haz tu trabajo, yo haré el mío. Punto final, no hay porque distraerse en tonterías.

Suspiró y la vio alejarse bastante molesta. Entonces tomó entre sus dedos la tan afamada argolla.

—Creo que fuiste un poco duro con ella—comentó la mujer a su lado.

—No, y no trates de defenderlos.

—No trato, se ve que es demasiado orgullosa—dijo preocupada, aun sabiendo que su objetivo estaba muy lejos de sus palabras, aquello le favorecía a Tamao más de lo que imaginaba, pero no contemplaba la idea de un divorcio entre ellos—Pero la entiendo. Recibe tantos emails pidiendo cosas, de ropa, de su vida, personas que comentan tanto de ella y de Yoh. Es abrumadora la atención.

—Es cierto, pero aun así, no pienso desistir, Yoh está lastimándola demasiado.

—Yoh está teniéndola a raya de sus problemas—comentó airosa—Y creo que tú estás siendo muy severo, actúas como si fueras su padre. Ni siquiera sé porque te toma en consideración.

A pesar de tener un bando contrario a Anna, podía notar en las pocas horas conviviendo con ella, que el peso sobre sus hombros no era tarea fácil, pero que estaba dispuesta a llevarla. En realidad, dudaba mucho que Tamao se adaptara a esa vida tan alocada que llevaban como pareja los Asakura. Suspiró y miró el rostro de Horo Horo de manera más aprensiva.

—Supongo que tienes razón. Después de todo, quién soy yo para juzgarla. Es sólo que ella ha descuidado mucho varias cosas—dijo mirándola con fijeza—Anna vivía para su trabajo, estaba tan abstraída en eso, que de verdad era difícil verla inmersa en otra cosa. Y ahora parece que vive para él.

—Ha declinado mucho en favor de él—admitió tocando su mano—He checado su agenda y todos los pendientes de ella. Y ambos tienen razón. El problema es que quizá él no esté valorando su esfuerzo y sea un poco egoísta. Pero en cuanto a cómo lleva Anna todo este asunto, creo que tiene un balance casi perfecto. Y si no fuera por ella, estoy segura que Yoh no podría soportarlo todo.


Suponía que aquella jugarreta tenía otras intenciones. La amabilidad de Silver, el descaro con el atendía a dos empresarios más antes de sentarse a la mesa con ella. No podía dar crédito a su inconciencia para ir y meterse en la guarida del lobo. Pero quería solventar a su familia y los problemas ella misma había causado.

—Regresaré otro día—dijo molesta.

—Para nada, me complace que haya aceptado mi invitación como para posponerla. Esperaba que Keiko viniese también.

—Está de viaje—concluyó cansada de recordar que ella era otro de sus dolores de cabeza—Pero tú no estás en mejores términos con ella.

Encogió sus hombros y ordenó que les llevasen el desayuno. La prontitud de la servidumbre le sorprendía, aun con Kanna en la cabeza, no tenía la misma eficiencia.

—¿Y cuál es el asunto? —cuestionó interesada—No creo que quieras alardear de tu casa, que por cierto, es diminuta.

—Me complace que sea tan observadora, pero no, no es precisamente el punto. Quería vender las acciones que me dejó Yohmei hace muchos años. Y pensé… por qué no ofrecerlas a usted—dijo con suspicacia—La empresa ha tenido muy buenos repuntes en los números.

Kino observaba su semblante tranquilo y una inusual tranquilidad para hablar de un legado que hace tiempo se quejaba.

—La compañía de software está implementando cosas interesantes. Y me parece que Yoh y Anna manejan muy bien sus acciones en el lugar, son las que más regalías han dado en el campo de la investigación.

—No sé nada sobre tecnología.

—Somos dos—dijo con aprehensión.

—¿Y no sería más lógico venderles a ellos esas acciones? —cuestiono con suspicacia—Yohmei dividió en dos esas acciones.

—5% en una multimillonaria no es poca cosa, aunque cada uno tenga sólo el 2.5% es algo cuantioso. Pero quiero aumentar mi dinero en la bolsa, necesito mucho más para concretar dos negocios importantes. Además, de algún modo somos familia. A quién sino a una verdadera estratega de negocios podía fiarle una empresa similar.

—Sé concreto, cuánto quieres.

Entregó el sobre con los papeles pertinentes. No necesitaba verificar la validez de los documentos, todo estaba en regla.

—Sé que dejó de percibir la pensión que Yohmei destinó para ti y Keiko cuando Yoh tomó el puesto de presidente del corporativo. Curiosa observación.

—¿Cómo lo sabes? —cuestionó con dureza.

—Resulta que tengo un amigo contador que trabaja en el despacho del corporativo, dice que maneja algunas cuentas personales de Yoh, tanto en la empresa como en el aspecto personal. El asunto con Yoh, eso es privado, cualquier información relacionada con tus nietos amerita la cárcel en automático. Tiene una impenetrable red de seguridad—halagó a la anciana—Blindada de cualquier irregularidad numérica.

—Al grano.

—Bien, como le dije, él me comentó de su caso en particular y el de mi prima—dijo con curiosidad—Pero, bueno, hasta donde yo sé, no tienes bisnietos.

—¿Creó una cuenta a nombre de uno?

—Hana Asakura, el hijo de Yoh—le dijo con interés—Cuidaba los intereses de su nieto a futuro y sabe qué fue lo más curioso, Yoh autorizó la creación de esa cuenta.

La amargura recorrió el cuerpo de Kino. Se había vuelto hermética con todo lo relacionado con la empresa. Sus medidas de seguridad eran impenetrables, que al más mínimo murmullo fuera estaba decidida a cortar cabezas.

—No te preguntaré nombres, pero anticípate que tus colaboradores no trabajarán más ahí.

—¿Por una pequeña mención?

—Cualquier mención, no voy a pasarla por alto—espetó con dureza—Compraré tus acciones, así que puedes agilizar el trámite en lo consecuente.

—Por supuesto—sonrió agradado—Oh… y he ahí mi segunda sorpresa. Boris.

Un hombre abrió la puerta y le sorprendió ver que traía en brazos a una niña pequeña de tan sólo un mes de nacida. Fue cuidadoso cuando colocó al bebé en brazos de Silver.

—¿No es encantadora? —cuestionó orgulloso—Ella es Alumi, mi auténtica hija.


La opinión pública podía decir mucho. Llamadas del departamento de comunicación, algunos que trataban de contrarrestar lo que era innegable. Sabía que cuando un hombre se enamoraba, era difícil que lo ocultara. Sólo no pensaba que Yoh se desencantara con ella de esa manera. Ni en circunstancias tan fatídicas. Era un golpe a su orgullo, a su ego y a su corazón, si lo colocaba en esos términos.

—Seis de la tarde, tienes una junta con Amidamaru—mencionó a su lado.

Damuko estaba realmente concentrada a su lado. Después de dos multas de velocidad, consideraba que hoy era un buen día. No estaba acelerada, ni tenía demasiada pasión para cometer un arrebato.

—¿En verdad tienes que ir? La verdad a mí no me está agradando esta situación.

No le estaba pidiendo su opinión.

—Sé que no eres muy afecta con los extraños, pero ahora manejo tu vida—le recordó con una pequeña sonrisa—Puedes confiar en mí, yo no voy a juzgarte.

—Y aunque lo hicieras, no me importa—declaró solemne—Por supuesto que iré. Tengo pendientes con el corporativo, además, tengo que saludar a Ren Tao.

Bajó la mirada y notó que en sus piernas llevaba dos teléfonos y una tableta para desempeñar su función. Horokeu le había explicado a grandes rasgos la situación complicada, no creía ni por asomo que algo así estuviese sucediendo en la vida real. Más cuando le relató su escape de la empresa.

—De acuerdo, Ren tiene que procesar un par de documentos.

—Renové ayer el pase de acceso, quiero que le informes de eso. Estará habilitado tres horas entre las cuatro y siete de la noche, dile al tonto que no puede quedarse un minuto más—le dictó— El protocolo de seguridad prohíbe a directivos de bajo rango permanecer en el archivo de la empresa más de quince minutos.

—¿Y esto es peligroso? —cuestionó preocupada.

En realidad, lejos de preocuparle el resto de la planta directiva, quien más ocupaba sus pensamientos era otra persona.

—Aprende esto: mantén cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos—dijo con seguridad—Es de hecho, la razón por la que estás aquí conmigo.

—¿Perdón?

—No me fio demasiado de Tamao y sus buenas intenciones. Así que no intentes ganarte mi afecto, no lo necesitas, sólo cumple tu rol, que es informar sobre mi situación con Yoh, que en efecto, es desastrosa en este momento.

Se sintió terriblemente avergonzada, más cuando estacionó el auto la cafetería Sauce & Park. Podía vislumbrar en el fondo la figura de Horo Horo, que estaba a la espera de sus instrucciones. Era también la razón por la cual había aceptado a esa niña, porque parecía de la entera confianza de él.

—Entrega el paquete. Te veo en tres horas en la tienda principal, por ningún motivo te acerques demasiado a la abuela Kino si vas a la casa.

—¿Por qué?

—Es demasiado perspicaz—concluyó la rubia, arrancando de nuevo—Y necesito el máximo de seguridad.

Damuko apenas proceso la advertencia, cuando la vio desaparecer en la siguiente esquina. Sin embargo, las cosas no marchaban sobre ruedas cuando ordenó a Shalona mandar los catálogos a las tiendas en Yokohama y Nagoya, tenían retrasos, pérdidas mínimas en las prendas de muestra y las telas. Todo era un caos tratando de resolverse en pequeñas cucharadas.

No obstante, el trabajo era lo de menos, estaba acostumbrada a lidiar con mucho más. Aunque en ausencia de Pilika, requería el doble de esfuerzo para contactar de nuevo un transporte más eficaz. Sólo que su cabeza tenía una batalla mental grande. Yoh le había dejado las armas para hacer y deshacer a su complacencia. Kino, extrañamente, se mantenía al margen de la situación con los gemelos y eso le parecía sospechoso.

Entonces detuvo el coche rojo y bajó con cuidado. Un préstamo de Shalona que agradecía con creces. Sin embargo, aún tenía reticencia, no sabía cómo abordar una charla con él de nuevo. Yoh le había indicado el lugar, pero jamás creyó que el sitio sería deslumbrante.

—Justo como él—mencionó cuando una mujer castaña clavo la mirada en ella.

Suponía que las presentaciones eran innecesarias a esas alturas del partido.

—¿Si? ¿Qué se le ofrece?

—Quiero hablar con Hao—mencionó en un tono tan neutral.

—¿En serio? —cuestionó con ironía—¿Tiene una cita?

—No necesito una cita.

—Incluso su hermano necesita cita—respondió molesta—Si no la tiene, vuelva otro día. O mejor aún, no regrese.

—No para mí—dijo con altivez—Soy la mujer de su vida.

Sabía que el cualquiera de los dos hermanos censuraría su conducta, pero aquella mujer estaba siendo demasiado grosera.

—¡Y yo le digo, que usted es una cualquiera!

¿Por no decidirse entre uno y otro? ¿Por querer poner en claro las cosas con él? No, consideraba que ser una cualquiera iba en otros términos, que definitivamente no iban con ella. Poco le importó que le prohibiera la entrada. Comenzó a caminar abrir las puertas, pese a los gritos de la castaña.

—¡Un momento! ¡No puede abrirse paso usted sola! ¡Llamaré a seguridad!

Abrió el último despacho y comprobó para su pesar que él no estaba ahí. Pero al girar, sólo pudo ver el rostro furioso de Milly. Ni siquiera tuvo contemplaciones cuando le pegó una bofetada. Era obvio el motivo.

—¡Lárguese! ¡Usted sólo viene a traerle problemas! ¡Ya se quedó con su hermano, pues quédese con él! ¡Oh, pero como ya la cambio por una mujer más bonita y joven, ahora quiere estropear su vida! ¡Pues no lo voy a permitir, sobre mi cadáver!

Acarició su mejilla. El golpe había sido demasiado brusco para alguien que apenas la conocía. Regresar la ofensa hubiese sido tarea sencilla, sus sentimientos hervían en su interior de forma tan incesante. La forma en que recordaba todos esos sucesos en un momento le mantuvieron callada, pensando su siguiente movimiento.

—¡Así que lárguese o llamaré a seguridad!

—Bien, me iré—dijo apartándola con brusquedad de su camino—Sólo quiero decirte una cosa, niña. Estás encaminando muy mal tus sentimientos, la obsesión por un hombre no te traerá nada bueno y lo digo yo que he lidiado con locas peores que tú. Así que cumple tu rol de secretaria en vez de novia celosa y dale un recado de mi parte.

La elegancia y firmeza con que se dirigía a ella le desorbitó totalmente.

—Dile que lo siento.


Su abstracción estaba sumergiéndolo en un terrible mal. No podía pasar desapercibida su amargura, no cuando él estaba siempre sonriente y alegre. Días atrás se regocijaba de un matrimonio, que ahora más que nunca estaba convencido, no se llevaría a cabo. Las palabras de su abuela le pesaban, cómo había sido tan cruel. No tenía una maldita idea, no sabía, sólo le había dado igual.

—Vas a dudar hasta de tu propia sombra—sentenció la anciana.

Y así era. A medida que perdía comunicación con todo el mundo, sus acciones comenzaron a pesar en la soledad. Decir que su matrimonio era un error sería demasiado, no lo consideraba de ese modo, pero el abrumante cambio que suscitó sí. Jamás había visto a su hermano tan desesperado e irradiante de odio. Jamás.

—Y si… me divorcio de ella—susurró preocupado—Si lo hago y después le permito escoger con más libertad…

Interiormente, sabía que Anna no lo escogería a él. Cerró sus ojos tratando de ver en ellos algo que los uniera inexorablemente, pero no lo había. Comenzaba a pensar que la razón por la cual estaba con él se debía a la resignación. Era lindo con ella, era amoroso hasta el exceso, rico y con el poder de complacerla hasta el hastío. Él era un buen partido, uno estúpidamente irrechazable.

—Y un millonario, heredero único, peor—dijo con amargura al leer nuevamente el testamento original de su abuelo.

Por cualquier vertiente que lo viese, estaba nadando en comodidades y lujos. Todo lo tenía en sus manos. La empresa era legalmente suya, el cariño de su madre, el dinero, fama de un piloto de carreras, la casa, propiedades, una esposa. En su interior aun pesaban demasiado los recuerdos, las cosas que había padecido Hao por su culpa. La mujer que le había arrebatado a su hermano. Aquella era la piedra angular, era la duda más profunda que tenía en la mente.

—Anna…

—¿Y por qué todo tiene que girar en torno a Anna? —escuchó la voz Jeanne detrás de él—¿Acaso se ha molestado por las fotos?

No podía estar más sorprendido de verla. Ryo había acordado mantenerla apartada de él, por su bienestar, así que no comprendía muy bien su presencia.

—Piensas demasiado en ella, deberías pensar en ti.

—Es difícil cuando tienes muchas obligaciones. Aunque si está molesta o no, no tengo la menor idea—se sinceró—No he hablado con ella.

Se veía hermosa en aquel vestido azul oscuro. Era una premisa que no podría negar por mucho que quisiera hacerlo.

—¿Cómo entraste hasta aquí?

—Ryo no es el único amigo que tengo aquí—respondió con altivez—Y si te soy sincera, a mí no me molesta, hemos sido fotografiados juntos en nuestro romance de ensueño.

Sonaba demasiado cursi.

—¿Te burlas de mí?

—No, tú te burlas de mí—dijo con una pequeña sonrisa—Entre tú y yo hay todo menos romance.

Encogió sus hombros y tomó su mano con firmeza.

—Vamos a otro sitio, estoy segura que no te hace nada bien quedarte encerrado en el remolque.

—¿Y a dónde iremos?

—Tú sígueme—dijo atrayéndolo con firmeza.

No hubo objeción al respecto. Tampoco tenía algo mejor qué hacer. Bajó la escalinata y se inmiscuyeron en un auto plateado. Reconocía el modelo, pero no deseaba ser presumido al respecto, sólo acató la orden de bajar la cabeza. Sabía que el escándalo no se haría esperar y mucho peor que el anterior.

—A dónde vamos.

—Te gustará.

Pero su sorpresa fue más allá de lo que hubiese imaginado. No era la cena gourmet que les habían ofrecido la otra noche, sin embargo, se veía perfectamente detallada. La sencillez y el espacio íntimo le agradaba. Incluso la casa le parecía un lugar más tranquilo que el hotel. Cerró los ojos, sintiendo esa paz que tanto añoraba.

—¿Y? ¿Qué te parece?

—Es grandioso—dijo conmovido—¿Tú cocinaste?

—Así es—acomodó su cabello detrás de su oreja—Para el amor de mi vida.

Sus palabras cargadas de seguridad le hacían evocar involuntariamente los mil miedos que tenía Anna al respecto de sus sentimientos.

—¿He dicho algo malo?

—No, en lo absoluto—dijo encantado por los detalles—Nunca alguien había hecho algo así por mí. Te lo agradezco mucho.

Bajó la mirada algo apenada. Esperaba una reacción de sorpresa, pero sin duda no estaba preparada para ver brillar su mirada de ilusión y ternura.

—En realidad, yo te agradezco a ti—mencionó abrazándolo—Eres el hombre más encantador que he conocido.

—Jeanne…

—No es necesario que digas algo—dijo con ternura—Siéntate.

Parecía una hermosa princesa y se sintió halagado de ser el receptor de todo ese amor. Jeanne realmente no era como cualquier niña enamorada de un imposible, su amor iba más allá. Mucho más de lo que él hubiese tenido antes. Fue imposible quitar su mirada de ella, incluso en su charla, se sentía cómodo conversando de banalidades a su lado.

—Cuéntame un secreto.

—¿Un secreto? —cuestionó pensativo—¿Qué clase de secreto?

—Algo que no haría un hombre común. Algo realmente hermoso que hayas hecho y no se lo hayas dicho a nadie.

—Bueno…—comenzó inspirado—En realidad, aunque veas muchas cosas con Anna en revistas, yo soy más tímido.

—No te creo.

—Sí, lo soy—dijo con un sutil carmín en sus mejillas—Pero te diré mi secreto. Cuando era adolescente y mi primer amor se fue, siempre quise saber qué se sentiría encontrar a una mujer ideal para mí. Entonces, comencé a escribir una lista con todo lo que yo quería en mi pareja. Desde cómo quería que viviéramos, que perfume quería que usara y cuántos hijos tendríamos. Me hacía mucha ilusión pensar que un día podría hallar a ésa mujer.

—¿Y? ¿Cuál fue el resultado?

—Muchos tropiezos—admitió el castaño—Y muchos descalabros, Manta y yo nos reíamos mucho de eso, porque siempre pensamos que eso sería misión imposible. Incluso una vez, entramos a un colegio de señoritas, preguntado si alguien la había visto.

El lado más rosa del asunto, pero a cualquier mujer le encantaría oírlo.

—Fue nuestro secreto muchos años—siguió relatando— Y voy a confesarte algo muy grave, porque la mujer con la que estoy casado, no tiene nada que ver con la lista que hice.

— ¿No? —cuestionó realmente sorprendida mientras se acercaba a él—Pero, entonces… ¿por qué te cásate si no era la mujer de tus sueños? ¿no te gustaría haber esperado para hallarla?

Eran demasiadas preguntas y aun estando sentados en el piso, sentía que se mareaba levemente.

—Jeanne…no sé qué decirte—confesó tomando su mano—Sólo te puedo decir algo, y quizá sea demasiado atrevido, pero cuando te vi la primera vez tenía la intuición de que tú serías esa persona.

—¿Y?...

—Lo eres—dijo con una pequeña sonrisa—Tú eres esa mujer que tanto añoré.

Pequeñas lágrimas comenzaron a surcar de sus ojos. Sus palabras habían avivado su corazón de una forma increíblemente hermosa. Yoh se sintió culpable. No era su intención provocarle el llanto, así que limpió con suavidad el agua en su piel.

—Perdona…

—No te preocupes, es normal, no, es… increíble—respondió emocionada.

—Sí, pero he sido demasiado imprudente—dijo levantándose—Es mejor que me vaya.

No sabía qué le había hecho decir algo similar. Ella le gustaba, por supuesto que le gustaba, se sentía bien a su lado. No obstante, no podía hacerlo, era un hombre comprometido.

—Está bien—dijo acompañándolo—Si quieres marcharte, lo entiendo. Estás casado y supongo que eso te pone muchas trabas en la cabeza. Pero…

—Pero…

—Pero si te vas es algo de lo que te vas a arrepentir—dijo exaltada—Yo lo sé. Yo, también te he añorado muchos años, sé lo que se siente tener lo que quieres y no poderlo tocar.

Observó su tranquilidad, pese a que por dentro sabía que era un torbellino de emociones. Admiraba en ella ese temple, no frío, pero sí más sereno.

—Lo sé, sé a lo que te refieres y también que piensas que no lo hago por ella—dijo con seriedad—Pero no es así. Si me voy no es por Anna, es por ti. No quiero lastimarte.

—No me vas a lastimar, sé cómo son las cosas. Y las acepto—dijo con decisión—Sé que tienes que irte, pero no quieres irte—susurró acercándose a su rostro—Tú, realmente quieres que suceda algo entre los dos.

—¿Y qué podría suceder entre los dos? —cuestionó en el mismo tono.

—Todo—dijo tomando su mejilla—Si ambos soñamos con el otro, ¿no crees que debamos hacer realidad nuestros anhelos?

Frente a él estaba la solución al problema. El punto que lo dejaba fuera del triángulo amoroso en el que había vivido casi un año.

—Bésame, Yoh.

Sus manos acunaron el rostro de la mujer y cerró paulatinamente sus ojos cuando sus labios rozaron los de ella en una caricia que le pareció tierna. El olor, el contacto tan pequeño y significativo. No dudó en profundizar el beso y apropiarse de su boca con mayor seguridad.

Sonrió con el leve cosquilleo en su estómago. Había olvidado lo que era aquel romanticismo puro e inocente.

—Me encantas.


El único inconveniente yacía en la confianza que se tenían el uno al otro. Imaginaba hacer algo así por Yoh, pero jamás pensó, ni por asomo, que se convertiría en el hombre de confianza de Kyouyama. Pasó la tarjeta y observó el temple calmado de Damuko para realizar la misma operación.

—Es tu primera vez aquí—susurró Usui a su lado—No te preocupes, todos son muy amables.

—Entonces por qué me da la sensación de que estamos infringiendo en algo grave.

—Porque yo no debería estar aquí—dijo con seriedad mientras entraba con una llave especial al ascensor—Usualmente las visitas pasan del lado extremo, acompañadas de una asistente, que dirige a la parte de oficinas directivas. En este extremo sólo tiene acceso el presidente del corporativo.

Tomó aire cuando el ascensor se cerró y ambos se dirigieron a las oficinas.

—¿Por qué?

—No lo sé—dijo con sinceridad—Desde que tengo memoria, siempre ha sido así. La oficina principal del presidente es de fácil acceso por el lado en que todos se encuentran, que era mi antigua oficina, pero en este extremo estamos en la parte privada. Archivos y el despacho del presidente del corporativo.

—¿Qué acaso no es lo mismo?

Sonrió por su curiosidad.

—Ni por asomo—contestó Usui—Ahora veamos, Anna quiere que cheque el traspaso de las acciones.

—Y si sólo es de acceso para el presidente, no se supone que quien tiene las llaves y todo en este preciso momento es Amidamaru.

—Técnicamente—dijo resignado—Pero Anna tiene mucho poder en la empresa. Y la verdad eso ha sido de gran ayuda en muchos momentos. Razón por la que te envió, no podría salir y entrar sin tu autorización. Si dio en activo mis credenciales fue por una hora, de lo contrario podría llamar la atención.

—Pero te vieron en recepción.

—Como te digo, tiene todo controlado—dijo decidido al ver el archivo— Ahora busquemos, ella debe estar por llegar.


El departamento no lucía tan mal. Observó a su alrededor y tenía el equipo básico, tampoco esperaba que Hao redecora como Anna, no tenía la paciencia para hacerlo todo sin ayuda de su novia. Agradeció a la enfermera que había contratado y se recostó tranquilamente en la cama. Ahora no tenía obligaciones ni pendientes al aire. No tenía un trabajo y sabía que tendría que mudarse apenas se hubiese recuperado. Era la recomendación de Marco en lo referente a su seguridad, aunque ya era un asunto público y eso de alguna forma le otorgaba inmunidad.

—Espero que no te quejes, tienes a una preciosidad de enfermera—comentó galante—Me estaba coqueteando cuando reaccionó y me preguntó si yo era el hermano de Yoh Asakura. Qué descaro de estas mujeres.

La sonrisa apacible en su rostro le alegraba, aunque por otro lado, no lo comprendía.

—¿Y eso no te molesta?

—¿Qué mi hermano sea más sexy que yo? —cuestionó con burla—Por favor, sólo necesita pasar una noche conmigo para que se le olvide hasta deletrear el nombre de Yoh.

Notaba la confianza en su tono de voz, más cuando comenzó a sacar dos pistolas para guardarlas en el mueble.

—No pretendes que no tome precauciones.

—No eso ya lo noté—ironizó Diethel—Contrataste una experta en artes marciales y además, tuvo un pasado delictivo.

—Sólo robó un par de golosinas en una tienda. Eso demuestra valor.—dijo el castaño—Con eso es suficiente para mí, al menos me asegura que no se podrá a llorar si un extraño entra al departamento. Agarra la pistola y lo mata, fin del asunto.

No podía creer lo que decía, pero la firmeza con que lo pronunciaba solventaba sus palabras.

—Y…

—¿Y qué?

—Ahora me contarás bien qué sucedió con Anna.

—Nada—aludió con simpleza—No sucedió nada, le dije que se fuera, sólo discutimos un poco.

En otra ocasión y con otra mujer, bastaba con oírlo para saber que no existía el más mínimo interés en abordar el tema, pero el contexto decía más de lo que deseaba admitir.

—Hao, no veo qué tengas que ocultarme, me sé de memoria tu historia con ella, con tu familia, con todo lo relacionado contigo.

—No hay mucho que decir, sólo la enviaste en vano, yo no necesitaba de ella.

—Sí que la necesitabas, te veías muy…

—Y sabes que agradezco que te preocupes por mí, pero sé hacerlo sólo.

Bajó la mirada y sostuvo en su mano las películas que había traído para que vieran juntos. Era algo muy clásico de él aparentar frialdad, cuando por dentro era todo lo contrario.

—Está bien, entiendo que realmente no la necesitabas contigo en ese momento. Sólo no me di cuenta en qué momento dejaste de amarla.

Giró la vista a su amigo, tratando de cerrar el cajón.

—No he dejado de amarla. Sé lo que quiero, y quiero a Anna en mi vida.

—¿Entonces? —preguntó confundido—¿Por qué la trataste tan mal y la rechazaste?

Suspiró con pesadez mientras se sentaba a su lado. Tenía razón en uno o dos puntos, particularmente cuando él era su más grande confidente, su amigo y hermano.

—Era la única manera de alejarla de mí—dijo molesto—Tú no imaginas qué sentí al verla parada convertida en otra mujer sólo para verme. A sabiendas que cualquier mínimo indicio podría significar otro escándalo. No imaginas lo importante que me hizo sentir, no fue ahí porque le importara Yoh, sino por mí.

—Así es—afirmó con una sonrisa—Tú aun le importas mucho, ni siquiera tuvo que pensarlo dos veces.

—No…—dejó escapar el aire—Pero he ahí el problema. Y me gustaría que entendieras una cosa: ya no odio a Yoh.

Su declaración parecía increíble. Pero sus ojos reflejaban cuán ciertas eran sus palabras.

—¿Así? ¿De la noche a la mañana? —cuestionó sorprendido.

—No…me tomó tiempo reconocerlo—negó tomando la almohada mientras sus labios se apretaban con fuerza—Pero muchos años culpé a la persona equivocada. Yoh fue responsable, en efecto, pero yo callé y permití que sucedieran muchas cosas. En ocasiones lo perjudiqué, en otras lo beneficié, pero a quien en realidad debería odiar sería a Keiko. Y sabes qué… estoy cansado de vivir con esta carga emocional, ya ni siquiera a ella quiero odiar. Quizá no lo odiaba tanto, eso nadie lo podrá saber nunca, sólo sé que cuando miré atrás y lo vi llorar en la mesa del bar, no hubo un sentimiento de impotencia más grande. Quise regresar y componer lo que había hecho, pero ya era tarde.

Una pequeña lágrima cayó de sus ojos. Estaba harto de llorar últimamente, pero no hacerlo era tarea imposible. La intensidad de sus palabras le provocaba un ligero escalofrío.

—Entonces me fui y lo dejé ahí, llorando como un bebé, sabía que aunque me doliera, era necesario, Yoh necesitaba saber la verdad—describió molesto—Después pensé en ella, pensé… que si estuviera ahí. Probablemente lo consolaría, probablemente lo escucharía y él la abrazaría, hasta le haría el amor. Me dio envidia que él tuviera a alguien a su lado como ella. Y me contuve, subí al avión, tomé mis cosas y quise seguir con mi vida, pero nada fue igual.

Los últimos días eran una tormenta en su interior, embravecida por las circunstancias del engaño, de su traición a Yoh, todo en su mente le calaba cuando trataba de equilibrar la balanza. Él había actuado por odio, venganza y hasta resentimiento, pero con el pleno conocimiento de las acciones y razones de su madre e incluso de su padre. Lyserg calló mientras la regulación del castaño se nivelaba, pocas veces le había mostrado más allá de su enfado.

—Después apareció Anna—describió incómodo—Y al verla, sabía que la tenía en mi poder. Tú e Yoh, inconscientemente, me habían devuelto una oportunidad de oro. Pensé, creí, que si él no la quería a su lado, entonces yo debía aprovechar. ¿Y sabes qué? No quiero hacerlo.

—¿Por qué?...

—Porque es importante para él—confesó melancólico—Así es…esta maldita punzada en mi pecho. Tenerla tan cerca y no poderla tocar. Recordé que cuando teníamos cinco años, fue esa misma reacción la que me hizo protegerlo y puedo… puedo garantizarte que nunca me sentí mejor. Y si pudiera regresar el tiempo, lo haría, protegería a Yoh de la misma forma otra vez, porque es mi hermano—repitió con un auténtico fervor— Es mi hermano.

En ambos, el sentimiento quebró su coraza. No había una explicación lógica, ni un ligero palpitar que abriera una brecha a la mentira. Dolía más decirlo, pero debía hacerlo.

—Y la amo—añadió triste—Rechazarla es algo que va contra mi naturaleza. Anna es una parte vital en mi vida, pero aunque lo quiera negar, él también lo es. Y ya le rompí el corazón hace un año, ya lo aturdí con todos mis miedos y dudas, con todas sus acciones pasadas. Ya no quiero lastimarlo más. Quizá por eso, es que me contuve que llevarla más allá y aunque me duela y la quiera a mi lado, debo respetar su relación.


Recibió el mensaje a la brevedad posible. Sus instrucciones estaban funcionando al pie de la letra y al menos en el contexto tenía todo controlado. Horo Horo cumplía con severo cuidado sus indicaciones y tenía que admitir que Damuko era de gran ayuda en ese preciso momento.

El tiempo ha sido insuficiente, pero los archivos no indican irregularidades. Pilika efectuó el traspaso con todo en regla, incluida mi firma. Y la del resto de la planta directiva.

El asunto en sí le parecía misterioso, no recordaba que Yoh hubiese comentado un acto similar. Sin embargo, tampoco podía culparlo, aquellas imágenes que enviaba Usui a su móvil no tenìan que ver con el castaño en ningún sentido.

Investiga por qué fue innecesaria la firma de Yoh—envió de regreso.

En ese breve instante, tenía un remolino de sensaciones apabullante. Furiosa era decir poco, tampoco quería marcarle de nuevo, estaba harta de ser rechazada una y otra vez. Ren cruzó por su cabeza y finalmente desistió de la idea cuando llegó al taller de costura. Tao ni siquiera estaba en la oficina, ni en la ciudad por un asunto personal. Entonces pidió expresamente que no se le molestara. Tenía suficiente lidiando con Horo Horo en casa como para no tener un minuto de absoluta soledad en su burbuja personal.

Jun miró con aprensión su insoluble mal humor. Era un chisme bastante recurrente en los últimos tres días, tanto así, que varias personas no había dudado en enviar arreglos florales para congraciarse con ella en ese momento, pero Anna había evitado su oficina y lo pertinente a documentos. Cerró la puerta y comprendió que ahora mismo quería confeccionar cualquier cosa.

—Estaré arriba si me necesitas—le dijo preocupada Jun.

—Gracias—dijo mirándola de reojo—Subiré en la tarde.

—No te preocupes, le enviaré a Tamiko la documentación que tengas que revisar. El resto supongo que lo manejará Mattilda en la base de datos—le dijo más tranquila—La remodelación va muy bien.

—Sí…—pronunció antes de oírla casi cerrar la puerta—Jun.

—Dime.

—Lo siento—se disculpó sinceramente, mirando de reojo su reacción impávida—He actuado peor que adolescente estos últimos meses, te he dejado más responsabilidades de las pertinentes e incluso hasta he desconfiado de ti.

Tanta claridad la apabullaba. Incluso Shalona estaba más tranquila, todos notaban el problema y no sabían cómo enfrentarla a la realidad. Sinceramente, no tenía palabras para consolarla.

—Pero no será así más tiempo—dijo firme—Subiré más tarde y evaluaremos el daño para reiniciar el proyecto pendiente. Si mi cálculo no falla, podremos crecer mucho en el extranjero en poco tiempo.

Calló y una parte de ella gritaba por decir algo más, pero no podía.

—Claro, Anna—respondió cerrando sus ojos con pesar—Sabes bien que siempre estaré apoyándote.

—Gracias.

Y cerró la puerta tras de sí. Había confeccionado cientos de prendas en ese taller, incluso tenía el recuerdo vago de haber pasado tiempo con él ahí. Estaba realmente molesta, no recordaba estar furiosa con él de ese modo. Simplemente, le parecía irreal que se estuviese comportando de aquella manera. Frente a tantas personas, Yoh estaba divirtiéndose con alguien en su ausencia. Pero la realidad distaba bastante.

Se sentó en el escritorio y por primera vez, nada fluía en su mente. El lápiz en su mano temblaba, pero no podía concebir una imagen, todo se centraba en ese fuego en su pecho ardiendo. Lejos de crear, tenía ganas de destruir algo y dejó fluir su frustración cuando la opalina cayó al suelo con todas las herramientas de dibujo.

Su respiración comenzó a acelerarse, hasta que el teléfono también cayó de su bolsa al suelo de madera. Aunque el golpe no había sido fuerte, en realidad fue suficiente para sentarse en el piso. Era ridículo que sintiera eso sólo por el comportamiento de Yoh. Sin embargo, no lloraría, no era necesario. Tomó el teléfono y realizó la única llamada que requería en ese momento. Necesitaba escuchar su voz. Colocó el auricular y esperó paciente a que no fuera a perderse en el buzón de voz.

—¿Es esto posible? —fue la voz suave de Fausto —¿Cómo estás, Anna?

—Mal—se sinceró, escondiendo su rostro en sus rodillas—No sé qué hacer… No sé qué sentir al respecto.

El rubio calló cuando el sonido de su respiración se entrecortó. Era claro que no lloraba, ella no era tipo de mujer que lo hiciera a menudo, pero podía percibir claramente que estaba a un paso de caer en ese abismo.

—¿Cuál es tu duda?

—Él—concluyó levantando su visión—¡Cómo puede pedirme que me quede en su vida si a la primera oportunidad me saca de ella! ¡Cómo puede pretender que yo lo quiera sin barreras cuando él pone mil cosas enfrente de mí! Y no puedo defenderlo, todos dicen que mi matrimonio es peor que una farsa, creo que a nadie le gusta que esté casada con él. Me siento una estúpida.

Se sentó y pidió a Eliza un poco de té. Era claro que le dolía en el alma que sintiera todo ese peso encima, lo había clarificado cuando notó todo el escrutinio público al que estaba sometida. Yoh había pasado de ser un simple empresario a una celebridad por ambos puestos. Que si bien había tenido fama en el pasado, nada se comparaba con el conglomerado que era a la fecha.

—¿En verdad es estúpido? ¿Debería pedirle el divorcio sólo porque sale con alguien más? Todos dicen que está consumiendo mi vida, que ahora él es mi prioridad. No quiero que sea así. Entonces, no comprendo.

—¿Qué no comprendes?

—¡Pues no comprendo qué diantres es el matrimonio!

Una sutil sonrisa apareció en su rostro.

—Creo que eso es algo que debimos platicar antes de que estuvieses a punto de cumplir un año de casada, ¿no crees?

—Si vas a ser irónico….

—No, no—negó, tratando de serenarla—Creo que entiendo perfectamente tus dudas y también que estés tratando de entender esto que sientes. Yo lo he vivido. Y puedo decirte que esta reacción es perfectamente normal, no tienes por qué avergonzarte. Ni siquiera creo que sientas necesidad de preguntar si lo haces bien…

Pero sabía que para ella, él era la única figura paterna en su vida, a quién más podría preguntarle algo así. Pese a que vivían en mundos paralelos, Anna no era ninguna extraña en su mundo.

—Eres una grandiosa mujer, no por nada eres admirada por miles de personas—inició con suavidad—Y yo creo que tu esfuerzo se traduce en algo muy importante y por eso tu pregunta está de más. Claro que has hecho un grandioso trabajo. Tu concepción de matrimonio no es equivocada.

Mordió sus labios, tratando de reprimir un largo y profundo suspiro. Aliviaría en mucho su estado de ánimo, pero también, no quería evidenciar que una pequeña lágrima salía de su mejilla.

—Todos pueden opinar cosas distintas, pero tú eres la única que sabe la situación. Es normal que muchas personas quieran opinar, eres demasiado pública en tu vida. Algunos estarán de acuerdo, otros se quejaran, pero sólo tú sabes cómo es realmente vivir con él—mencionó sin enfado—Y quizá esa sea la parte que debas procurar más. Has tenido peores momentos a su lado. Has estado con él cuando más te necesitaba. Yo creo que tú mejor que nadie sabe si debes o no pedirle el divorcio.

Ahora mismo podía sentir sus brazos a su alrededor y dejó salir un pequeño sollozo al rememorar varios momentos a su lado.

—La diferencia de un noviazgo es que todo es dulzura, el matrimonio es ambas cosas. Así que cuando estamos casados, habrá días en que no quieras llegar a dormir con esa persona, habrá otros en que todo será resplandeciente. Tendrás problemas, habrá muchas personas dentro, tratando de quitarte de tu sitio, incluso envidiando tu suerte. Debes ser centrada y alejarte de esas malas opiniones. Debes ser fuerte y confiar en lo que sientes—suspiró con melancolía al saber que ciertamente había quebrado su barrera y ahora lloraba con libertad al otro lado de la bocina—Él te hará enojar. Tú, ciertamente, lo vas a sacar de quicio. Él te va a lastimar, tú le responderás peor. ¿Y sabes qué es lo único que te mantendrá de pie a su lado?

Fausto era el único que podía hacer eso con ella, hacerla sentir una niña indefensa y aunque no le agradaba, sabía que necesitaba de sus palabras en ese momento. Trató de serenarse, pero hacerlo ya era tarea imposible.

—No seas cursi, por favor—le pidió más repuesta—No aplica conmigo.

Sonrió con ternura, aunque no pudiese verla, sabía que negaría hasta el final esa parte tan propia.

—Ambos sabemos que aplicas mejor que nadie—respondió seguro—Aunque tú lo sientas de un modo distinto, yo sé que él está tratando de no lastimarte.

—Me lastima más de este modo.

Cerró los ojos y trató que aquellas palabras no la hirieran más.

—Yoh no es Hao. Tienes que hacerte a la idea, la situación es muy distinta.

—No los estoy comparando.

—No, pero estás añorando lo que tenías y eso no es bueno—dijo preocupado—Lo notó en tu desesperación. Perdiste el control de Yoh y no estás segura de que él quiera que lo sigas acompañando de la misma manera. No quieres quedarte atrás.

—¿Y entonces? ¿Quieres que regrese con Hao? —cuestionó confundida.

Él mismo admitía que su relación con Hao no era de su agrado. No tenía un lugar justo en su vida y le parecía una acción atroz, pero considerando el asunto, tal vez entendía un poco la reacción de Hao para evitar ponerla bajo el escrutinio público de esa manera, aun conociendo que Anna no era fanática de llevarse toda la atención.

—Yo quiero lo que tú escojas para ti—dijo solemne—Pero yo estoy seguro que aun con todos los problemas de tenga él, no va a dejar que te vayas tan fácil de su lado.

Suspiró.

—Es lindo que lo digas, pero cómo puedes saberlo.

—Porque no creo que alguien en su sano juicio se atreva a dejarte ir— pronunció firme—Tranquila. Su modo de actuar frente al problema, ha sido una reacción que no esperabas, aun te falta conocerlo, sé paciente en eso.

—Estás de su lado—dijo más serena.

—Sólo te digo la verdad—resumió tranquilo—El día que tengas veinte años de casada, entonces entenderás que tus miedos no eran reales. El amor es así, nunca estás a la segura. Y si me voy a una idea cursi como tanto te gustan, entonces quédate con ésta: amar es darle al otro el poder de destruirte y confiar en que no lo hará. Y yo sé que él está pensando mucho en ti.


No recordaba la última vez que había estado en el corporativo. Yohmei no tendría más de treinta años cuando a decisión de su padre debía trabajar con ellos. No albergaba en su memoria buenos recuerdos de esa fecha. Tampoco algo bueno relacionado con los Asakura, que ahora formaban un imperio poderoso. Tan sólo bastaba con ver al vástago que Yohmei había enfundado como su sucesor para saber los planes del anciano. Muy a pesar de lo que creía Ren, Hao no era el foco de atención, sino aquel joven despreocupado de la vida.

—En un momento le haré pasar, señor Tao—se dirigió con gran respeto la jovencita—El señor Ren ha tenido mucho trabajo y está precisamente en una junta con los socios minoritarios.

—Así que todos están muy ocupados—comentó con simpleza.

Su aspecto imponente y su voz grave le infundían confianza, un poder perdido años atrás, pero ahora se sentía renovado para volver a Japón y ejercer su hegemonía sobre sus hijos.

—Sí, es porque el Gran Premio se corre mañana—le dijo emocionada—La clasificación será en una hora aproximadamente, justo a las dos, puede verla en la sala de mercadotecnia, ahí organizan una comida durante el evento.

Agradecía la invitación, en especial viniendo de una joven amable.

—¿Es así en cada carrera?

—Lo ha sido en las últimas dos carreras. Bueno, el rendimiento del señor Yoh ha sido realmente inspirador y el departamento de mercadotecnia nos ha alentado mucho a seguirlo. Sinceramente, es algo muy bueno, la comida corre por parte de la empresa.

—¿Y el domingo?

—También, hay dos pantallas grandes para ver el Gran Premio en el jardín de la empresa. Bebida, comida, bueno vino, todo a disposición de los que quieran ver el Gran Premio de Japón.

Sonrió. Nunca pudo haberlo predicho de ese modo. Entonces observó a Ren salir del salón adjunto. Era claro el fastidio en su rostro al verlo, más cuando aquella señorita le ofreciera al resto de la planta directiva pasar al evento. Pero al ver claramente el humor de su hijo, sabía que difícilmente aceptaría ir a ver la televisión con él.

—Parece que hay mucho movimiento—comentó cuando se acercó hasta él.

—Yoh corre mañana—dijo con simpleza—Vamos a mi oficina.

—Por supuesto—dijo con orgullo, caminando junto a él—Me agrada que seas alguien con poder aquí.

Abrió la puerta y no pudo quedar más complacido del espacio amplio y las bondades que recibía de parte de los Asakura.

—Eres un rey aquí—dijo complacido—Y pensar que pude haber venido antes a visitarte.

—Jun me dijo que llegaste antes, ¿por qué? —cuestionó desconfiado.

—¿Tiene algo de malo? Pensaba visitarte antes, pero tu secretaria me dijo que no estabas. ¿Dos días ausente no es para sospechar?

—Estaba cerrando un negocio—concluyó tajante—¿Qué haces aquí?

Verlo sentado frente a él, no le generaba ninguna buena espina, peculiarmente por el interés y la curiosidad que tenía sobre la empresa.

—Asakura es bastante famoso últimamente. Sólo quería conocer un poco al nieto de Yohmei—comentó sin mucho preámbulo—La última vez que lo vi era un niño de cinco años muy vivaz y flojo. Es increíble que alguien así pueda triunfar en la vida, ¿no crees?

—Tiene dinero.

—Oh, no, Ren…—despreció su comentario—Tú no seas como Jun, yo sé que tú puedes ver más allá. Has convivido con él muchos años. Más de los que yo estuve dispuesto a tolerar y sabes bien que no es así. El dinero lo tienen todos aquí y ninguno tiene esa particularidad.

Si lo sabía, por supuesto que sabía y conocía las cualidades de Yoh Asakura. Respetaba al castaño más que a su hermano, también había trabajado con él suficiente tiempo como para determinar si era o no digno de considerarlo como igual. El resultado era simplemente desagradable.

—Su abuelo decía que tenía un talento sobrenatural—describió En Tao—Hao Asakura se ha convertido, sin duda en el mejor empresario de su edad. Tiene poder y un gran ingenio, eso nadie lo puede dudar. Pero él… él es un punto diferente.

—Basta ya—dijo con dureza—Detesto oír esa basura romántica

Sonrió complacido por la negativa de su hijo.

—Ninguna basura romántica, Ren—aclaró de inmediato—Por cierto, ¿aún estás dolido por lo de Anna?

—¿Para qué quieres saberlo?

—Sólo por curiosidad, la última vez que la vi, me pareció que quería hacerme abuelo pronto.

Odiaba que Anna tuviese una relación cordial y de respeto con su padre. Aborrecía la forma en que En trataba de involucrarla en su familia, cuando él definitivamente no quería que se inmiscuyera tan a fondo.

—También quería verla a ella.

—Tendrías que haber visitado a Jun—le espetó con dureza—Aquí difícilmente la encontrarás.

—Sabes, yo no estaría tan seguro—mencionó con curiosidad mientras rodaba una moneda en la mesa—No importa, sabes que no vine a una visita, vengo a completar unos negocios pendientes, espero que estés listo para volver a casa.


Se levantó y enfrentó con severidad. No había crudeza, ni temor que infundiera en él un pánico similar, pero lo tenía.

—Eres un buen estratega, pero aun siendo el mejor, no eres perfecto—dijo enfadado su padre—Jun ha comenzado a moverse, te sugiero por tu bien, que comiences a redactar tu carta de renuncia. Nos iremos en tres semanas.

Era prácticamente un ritual para los dos. Él no salía a pista sin siquiera haber hablado con ella cinco minutos. No podía obviar algo que le resultaba casi imposible de olvidar, por mucho que Jeanne estuviera a su lado, no podía hallar en su mente algo que le tranquilizara del todo.

—¿Listo para la clasificación? —preguntó Ryo—Quiero la pole.

El ritmo de las prácticas fue demoledor, dudaba que no pudiese estar en la posición de privilegio en la parrilla. Al menos dentro del coche, su concentración era absoluta y sin miedo al peligro, su inconsciente parecía manejar el auto con la pista de memoria en su mente. Lloraba en las noches con pesadillas que le atormentaban y le robaban los pocos instantes de paz en su alcoba.

—Y te tengo una buena, Oyamada vino a verte.

Giró y con todos los aditamentos de la escudería estaba Manta. Sonrió con verdadera felicidad al verlo a su lado. Era de las pocas visitas complacientes. Su hermana le había golpeado en la espinilla al comprobar que las fotos no eran una absoluta mentira, pero tampoco una realidad.

—Sólo dime que no vienes a pegarme.

—No, no podría, Mannoko me mataría—dijo en tono de broma mientras se sentaba a su lado y suspiraba—¿Cómo has estado? Sé… que tienes nueva novia.

¿Por qué era el único que veía eso con naturalidad?

—¿Y Anna?¿Está con Hao?

Sonrió y siguió mirando la pista. Tenía sin duda el mejor lugar para ver como algunos coches comenzaban la vuelta de instalación. Sin embargo, el tono de Yoh decía más de lo que en verdad quería transmitir.

—No, yo no sé nada—dijo con simpleza—No la he visto, y por lo que me dijo la señorita que atiende su teléfono, está muy ocupada. Y sólo le agradecí los pases de cortesía que me mandó.

—Es raro que no te preocupes por ella—comentó el castaño—Tú también estás en su lista de pretendientes, ¿no?

Aumentó ligeramente su gesto. ¿Acaso nunca olvidaría aquella noche? Incluso él era consciente de su realidad. Para su desgracia, Anna ni siquiera lo consideraba en la Friendzone, sino en la Brotherzone.

—Ren, Hao, Horo Horo…¿Evans?—comenzó a enumerar Oyamada—¿Quieres que me siga de largo? Le conozco una lista larga a la señorita.

—No me lo recuerdes—dijo con pesadez—Ése fue el peor de todos. Pero sabes qué es lo que no me di cuenta nunca…

—¿Qué?

—Que todos la quieren y nadie la tiene—dijo con simpleza cuando el ruido del motor comenzó a aminorarse.

—¿Ni siquiera tú? Tú, Yoh, que le pusiste un anillo en el dedo.

—Ni siquiera yo—repitió decepcionado—¿No era más fácil buscar una chica que no fuera tan asediada? Bueno, vamos, ni siquiera me tomé la molestia de conocerla antes, fui y me casé con ella directo. ¿No podías advertirme siquiera que ella era mejor de lo que hacía ver Hao?

—Oh, perdón, ¿acaso no era yo el que decía que no se casaran? ¿Qué se estaban precipitando demasiado? ¿No les puse un alto cuando me planté en la puerta? Perdona, pero esto no es mi culpa.

Tenía toda la razón. El sordo fue él, su testarudez fue mucho más allá.

—Además, te diré algo y espero que con eso veas cuán grande fue tu error—añadió con sarcasmo Oyamada—Es obvio que el día de tu boda no lo notaras, estabas en otro mundo, pero fuiste la envidia de todo tu cortejo nupcial. Ellos se querían casar con Anna y sabes a quién fue el único que lo consiguió. Tú. Cualquier idiota diría, cómo diablos lo hizo. Porque, lo hiciste.

Sonrió sin poder evitarlo. Eran detalles que fue descubriendo en el transcurso de los meses.

—Créeme, aun si no te quedaras con ella toda la vida. Serás la envidia de todos nosotros mucho tiempo.

—La verdad no sé si quiera eso—confesó algo cansado—No he hablado, ni siquiera me he puesto a pensar qué diría con todo lo que hago. No he meditado nada. Siento que… algo en mí la está rechazando y no sé qué es.

—¿De verdad? —cuestionó con una sutil sonrisa—¿También me dirás que la presión que tiene es demasiada y que te abruma pensar que tu hermano la quiere todavía y que como no lo quieres dañar, prefieres dejársela a él?

—¿Te estás burlando de mí? —cuestionó el castaño con extrañeza.

—Para nada—lo tranquilizó su amigo—Te ayudo en este rollo de aceptación. Sobre todo por la parte de que no has meditado nada sobre ella y donde te quejas por la bruja que te tocó por esposa. Hombre, yo me siento ofendido por hacerte tan feliz en estos meses, sin mí no te hubieses casado con esa mujer. Perdóname, Yoh, en verdad perdóname.

—Manta—le recriminó Asakura casi con gracia.

—Bueno, está bien. Yo podría argumentar varias cosas a favor de todos, pero no lo haré. No me voy a meter en sus decisiones—dijo firme—Sé que Anna debe estar confundida y muy enojada por esta situación. Sales con una chica nueva en ausencia de ella, ni siquiera un aviso para tomarla desprevenida. Los medios se la están comiendo viva a pesar de todo para contrarrestar la atención, ¿lo sabías?

—Lo sé.

—Y la chica nueva, qué tal es.

Yoh no podía dar crédito a la simpleza de su amigo.

—Mannoko me dijo que es una dama muy refinada y dulce—añadió con curiosidad—Que parecía toda una princesa.

—¿Te acuerdas de esa lista que guardamos en un libro de tu biblioteca? —preguntó con una sonrisa en su rostro.

—Sí.

—Ella es—dijo irónico—Ella es la chica de mis sueños.

No sabía qué tan ciertas eran sus palabras, pero lo felicitó por el detalle. Y tenía que admitirlo, estar con él hizo que su tensión disminuyera mucho. Ambos se carcajearon sin poder evitarlo, más en la situación que había propiciado la lista. Siempre le pareció algo demasiado femenino el asunto, que no creyó que lo expusiera ni por asomo. Sin embargo, era romántico saber que había encontrado una persona tal cual la soñó.

—Oye, ya en serio, sé que te mueres por hablarle. Por qué no lo haces y dejas de estar jugando a que tienes otra novia—comentó un poco más sereno—Tú y yo sabemos cómo va a terminar esto. Así que para qué hacerlo largo.

—Estoy alargando mi sentencia de muerte.

—Es una razón lógica. Pero al grado de querer engañarte…No creo que valga mucho la pena.

—Además, sé que él la necesita—dijo un poco más serio—Sé que a Hao le dolió hacer lo que hizo. Y te lo dije el otro día, creo que si a mí me afectó, hubo algo en él que se desmoronó por completo. Siento que de algún modo, le debía esto, aunque yo me esté pudriendo, quería que Anna y él tuviesen ese momento especial. Y definir las cosas.

—Sí, sí, pero que no contabas con que la princesa aparecería.

—No— se sinceró el castaño—No contaba con eso.

—Pues igual y eso le dio al traste a tus buenos deseos.

Podría serlo.

—¿No me veía lo suficientemente entusiasmado o sí?

—No, pero ella sí—dijo interesado—¿Ella realmente te interesa?

—¿Quién le interesa? —cuestionó con rudeza la anciana.

Ambos detuvieron su charla cuando vieron a Kino en un semblante nada agradable.

—Cuánto tiempo sin verte, Yoh.

—Manta, ¿podrías dejarnos solos?

El pequeño no tuvo objeción para salir de la escena del conflicto. Podía notar la tensión entre ellos, particularmente en el castaño que miraba serio a su abuela. Kino sonrió complacida cuando no hubo más interrupciones.

—Parece que heredaste más de tu padre de lo que eres capaz de admitir—comenzó molesta—Y yo que siempre defendí tu relación con Anna.

—Mi relación con Anna es algo que sólo me compete a mí y a ella—declaró con firmeza—¿A qué has venido, abuela? ¿Acaso traes otro testamento? ¿Quieres un pagaré? ¿Necesitas dinero? ¿O quieres que establezcamos la mitad de la herencia para cada uno de una maldita vez?

—Estás enojado.

—No, estoy furioso—aclaró—Así que sé concisa, qué necesitas de mí.

—Hace un momento hasta te estabas riendo, a quién quieres asustar.

—A diferencia de ti, a nadie—dijo con suspicacia—Así que habla de una vez o comenzaré a hacerlo yo.

—Bien, tienes razón, te traigo más documentos—dijo soltando en la mesa un folder grueso—Tu madre ha estado sacando provecho de una cuenta que creó a nombre de tu futuro hijo, ¿te suena conocido el nombre de Hana?

Observaba todo en perfecto orden respecto al límite que había establecido para la cantidad que se depositaría mes con mes. Algunas otras cuentas de dudosa procedencia, Anna misma le había explicado que aquello no tenía un recurso sólido, no sabía a dónde paraba el dinero y Hao poco se detuvo a explicarle.

—¿Y? —cuestionó al verlo indiferente.

—Supongo que si fue capaz de querer arruinarle la vida a una persona, no le importaría sacar provecho de una cuenta extra.

—Tu abuelo canceló las cuentas.

—Supongo que sus motivos tendrá—mencionó con seriedad—Yo te hago llegar cada mes un cheque.

—Yo no he recibido ningún cheque desde que llegaste a ocupar el corporativo.

—¿Terminaste? —cuestionó sacando el teléfono—Mira, te explicaré, aquí en la banca está mi cuenta, mi salario de la empresa. Es mi cuenta personal y destino el 25% de mi salario a ti y el otro 25% a mi madre. El resto se va a ésta otra cuenta, que comparto con Anna. Obviamente si lo quieres encontrar como un trámite empresarial no lo vas a encontrar, son asuntos privados. El banco lo envía, quién lo recibe o qué hace con él, eso deberías averiguarlo. Respecto a la cuenta, se me hizo un lindo detalle de mamá. Obviamente, supuse que eso no era para mi hijo, así que no me preocupa mucho, salvo que mintió y usó una tonta excusa para ganar más de mí. Yo le hubiese reabierto la pensión que terminó cuando cumplimos Hao y yo dieciocho, que supongo era el momento en que yo debí asumir las riendas de todo esto.

No podía sentirse más orgullosa, estaba hablando con un empresario de lo más centrado en ese preciso instante, pero el precio había sido bastante alto.

—Reabriré las cuentas pendientes, si ése es tu apuro.

—En realidad, tu hermano es mi apuro.

—Cuándo no lo ha sido, abuela—dijo con ironía—Y perdón que te hable así, pero estoy furioso, especialmente contigo.

—¿Por qué?

—¿Te parece poco haber falsificado un testamento y que mi hermano rivalizara conmigo por un pedazo de la empresa del abuelo? Hao se acostó con Marion por venganza, tenía tantos deseos malos contra mí, que si bien eso no lo alimentaste tú, sí le diste al clavo para que saliera esa frustración—describió con un auténtico dolor—Te dije una y mil veces que a mí no me importaba la empresa, que se la dejaras a él, y si me hubieses permitido seguir con mi carrera, yo no me hubiese interpuesto entre Hao y su futuro. Pero no puedo perdonarme que haya permitido que manejaras mi vida y que acentuaras el odio de Hao por mí, perdona pero no puedo. Así que dime cualquier cosa, un motivo para que me pusieras en esa situación. ¡Dime, abuela, cualquier cosa!

—Él lo merecía más que tú…—confesó la anciana—Él era el elemento ideal para hacer funcionar la empresa. Y entiendo porque fuiste tú el heredero, pero ¿era necesario dejarlo todo a una persona? ¿Lo era? Ahora tienes todo el poder del mundo y no tienes las agallas para usarlo.

Sus palabras lejos de ser consoladoras, eran una daga que lo hería aún más.

—¿Es todo?

—No lo veas en ese sentido, Yoh—dijo con más suavidad—Yo no te odio.

Y entonces algo estalló en él que no le importó apartar la mesa con brusquedad y tirarla al suelo. Era notorio el poder que ejercían esos malos sentimientos en él.

—¡Prefiero que me odies, abuela! ¡Al menos así me serviría de consuelo! ¡Siempre me pregunté por qué lo preferías a él y sabes cuál fue mi respuesta cada una de esas noches que me quedé solo en Izumo! ¡Yo decía que era porque él se parecía a ti! ¡Pero no es verdad! ¡Porque Hao tiene corazón! —gritó fuera de sí—¡Es cierto que Hao me dio la espalda en muchas cosas, pero cuando me veía sufrir de un modo u otro se detuvo a ver qué sucedía! ¡A su manera, de su modo, me ayudó! ¡Sé que la vida ha sido injusta con él y le quité lo que él merecía, pero no será así nunca más! ¡Y sabes por qué!¡ Porque voy a poner las cosas en su sitio!

La respiración de Kino se entrecortó.

—Ahora vete—le dijo agitado.

—Pero, Yoh…

—¡Qué te largues! —dijo con lágrimas en sus ojos—¡Vete de aquí!

Era la primera vez que alguien le retaba de esa manera y la única en que no pudo sostener su mirada más tiempo. Yoh lloraba a caudales, notaba el dolor que sentía al apretar de ese modo el puño. No podría siquiera pensar con claridad, más aun cuando el ingeniero en pista llegó por él. Sostenía el casco bajo el brazo izquierdo y miraba sorprendido la escena.

—Vete, abuela, no quiero decirte más cosas que luego me arrepienta—dijo antes de tomar el casco de manos del hombre—No te quiero ver aquí.


Podría suponer un millón de ideas, sólo que tampoco quería hacerlo, no quería hallar una postura en el problema que estaba aturdiéndola. Podía saberlo por la forma en que miraba el horizonte y por la manera tan romántica en que sus cabellos se agitaban por el viento. Era la imagen que albergaba en su corazón cada vez que recordaba su encuentro en la playa.

Estamos a breves minutos de comenzar la clasificación del Gran Premio de Japón. Y en boxes, los equipos se preparan para una ardua competencia por la pole position. Tres líderes diferentes en prácticas libres, dos que han mantenido su hegemonía en la competencia, y la moneda sigue en el aire, ¿quién será el poleman?—escuchó a través del teléfono que yacía a un lado de ella, en el suelo—Un minuto más… Y arranca el cronómetro en cero. Estamos en vivo desde Suzuka, trayéndoles a ustedes la clasificación. Y tenemos tribuna llena, señores…

Un suspiró más y arrancó el pasto en su mano. Era curioso regresar a su casa, Kalim lo veía misteriosamente, en especial por el estado tan distraído y frívolo de la rubia. Juraba que él no tenía la culpa, pero en realidad sí cargaba con algo de ese sentimiento. El sonido de los motores y los comentaristas deportivos tan efusivos, distaban tanto del aislamiento de Kyouyama.

Los hombres de Ferrari son los primeros en salir a dar la vuelta de instalación. El clima es bastante agradable y en pista la temperatura oscila los 45 grados. Aun esperamos ansiosos la salida de la escudería Asakura. Yoh Asakura ha tenido un ritmo demoledor, comparándolo con su propio compañero de equipo.

Se sentó a su lado y se atrevió a rozar con lentitud su piel, no sólo sobresaltándola, sino asustándola en el proceso, razón por la cual estuvo a poco de ganarse una bofetada.

—¿Qué haces aquí? —cuestionó extrañada.

—Te busqué en tu oficina, en la casa y no pude encontrarte. Incluso te quería llamar, pero no me pareció adecuado hablar así—dijo tranquilo—Sé que estuviste de nuevo en mi oficina y que Milly te corrió.

—Sí, ayer—respondió apartando su cabello—No importa.

—Pues a mí me importa—dijo con seriedad—Sé que fue muy grosera contigo.

—No la habrás corrido, ¿o sí?

Sonrió al notar la preocupación en su voz.

—No, no lo hice—contestó tocando un mechón de su cabello rubio—Sólo la regañé y le dije que tratándose de ti, todo es importante para mí.

—Ella te ama.

—No me conoce, cómo diablos me va a amar—dijo enfadado—Te debo una disculpa, yo no debí manifestar otras cosas en el trabajo, sé que te dijo cosas horribles y me purga que lo haya hecho. No la corrí porque ha sido eficiente y con eso me quedo, pero no le voy a pagar una semana por su insolencia.

—No tienes que ser tan duro, no dijo nada del otro mundo.

Desvió la mirada. Estaba seguro que le pediría que se marchara en cualquier momento, pero estaba decidido a quedarse hasta el final. Sin embargo, ella habló primero.

—No importa, sólo quería decirte que lo siento—comenzó con seriedad—Es muy fácil para mí aminorar tus sentimientos, pero quiero decirte que entiendo tu odio por Yoh y no lo culpo, ni lo recrimino. Yo no debí reclamarte, ni haberte dicho todas esas cosas.

—Pero tenías razón, es estúpido que siga culpándolo por un error que cometió cuando era un niño—le interrumpió—Además, yo no debí haberme portado de ese modo contigo, pero es por eso que estoy aquí, quiero que me perdones.

—No tengo nada que perdonarte—respondió con melancolía—Es lógico, quieres una pareja de tiempo completo, no alguien que te recuerde que tuviste una relación y que todo se fue a la basura. Además, querrías tu espacio y no que alguien llegara a juzgarte.

—Sí—afirmó a medias con suavidad.

—No era necesario que vinieras a decírmelo, lo comprendo y sino, el tiempo mismo me hubiese hecho entender—añadió en el mismo tono—Después de todo, las acciones dicen mucho más que mil palabras.

—Para alguien a quien no le importas, claramente sí—agregó, entrelazando su mano—Pero tú me importas ¿Sucede algo?

Su gesto delataba extrañeza.

—Gracias, aunque ya no sé si deba decírtelo.

—Te repito, todos tus problemas, me importan—dijo tomando su mejilla—¿Qué pasa?

Cerró los ojos y soltó un largo suspiro antes de posar sobre su mano la suya.

—Es que no es mi problema—respondió con una extraña suavidad.

—Yoh…—murmuró apegando su rostro a ella.

La distancia era escasa entre ambos y aun así, el simple contacto no le molestaba. Una parte de ella sabía que debía tomar distancia, pero otra, simplemente se negaba a ceder ese espacio.

—¿Qué pasa con él? —cuestionó en un tono solemne.

Era extraño que no le ofendiera o replicara por la mención de su hermano.

—Hace días que no puedo hablar con él—respondió tranquila ante la caricia de sus dedos en su mentón—Sé que está aturdido.

—Naturalmente.

—Me preocupa que eso le haga ser impulsivo—añadió preocupada, más cuando por radio escuchaba, que él lideraba la tabla de posiciones con tiempos inferiores —Va demasiado rápido.

—Lo sé—dijo besando su mejilla—Debe estar enojado.

Entonces se separó de él un instante.

—¿Enojado? —preguntó extrañada—Pensé que estaba deprimido.

Hao apagó el molesto ruido del teléfono y miró con fijeza a la rubia, que buscaba una explicación lógica a sus deducciones.

—Obviamente estaba triste la última vez que lo vi—se sinceró—Han pasado tantas cosas que pocas personas sabrían definir qué le sucede.

La seriedad en su mirada le daba una pauta para tomar aire, sabía que lo escucharía sin decir más. Después de todo, quién más podría conocerlo mejor que él. Nadie, ni siquiera Horo Horo tenía la más remota idea.

—Está furioso. A mí no me extraña que te haya mandado al diablo, y perdona, pero ésa es la reacción de Yoh. Es demasiado callado cuando trata de resolver sus problemas, casi no deja que nadie intervenga en eso.

—Pero es egoísta.

Suspiró cansado, no sería nada fácil, en especial porque ni siquiera creía que sería él su defensor.

—No, sólo no le gusta que los demás carguen con sus problemas. Lo sé, porque desde niño, nunca fue capaz de decirme lo mal que la pasaba en casa durante mi ausencia—dijo ante la sorpresa de Anna—Así es, la maldita bruja de mi madre lo maltrataba y yo no me enteré hasta después. Pero mientras, estuve ahí recalcándole que era el niño adorado por todos. Segundo error, creer que la vida de Yoh ha sido fácil. No, querida, yo no me he tenido que joder con quién sabe cuántas mujeres locas. Yo las usé, sí, me las llevé a la cama, pero yo no compartí mi vida con nadie, salvo contigo. En cambio, Yoh… enamoró, se enamoró, lo dejaron, lo usaron, le robaron tiempo, le hicieron canalladas…

Y miró a la rubia con fijeza, a pesar de su absoluta sorpresa, había enmudecido por completo ante todo lo que decía. Pero ella quería ver esa faceta en él, pues la tendría.

—Y tú, Anna, aunque te amo demasiado, tú…, no eres la excepción a la regla. Si no te quisiera a mi lado, también serías de mis personas menos gratas—dijo molesto—Tú también lo lastimaste. Yoh te dio demasiado, demasiado, créeme, aunque yo sabía que era mentira eso del matrimonio, pero… dentro de esa farsa, él te entregó su vida misma. Yo sabía que te iba a querer, siempre lo supe y me hizo rabiar. Sé que tú nunca fuiste como esa maldita interesada de Marion, pero cuál era la necesidad de Yoh por desvivirse por ti, ninguna, si a cada momento tienes dudas si estás o no con él y aunque eso a mí me conviene. Dime, Anna, ¡qué necesidad tenía mi hermano de fijarse en la mujer más arrogante, hermosa e insegura del mundo!

Sonrió con semejante muestra de hermandad. Cierto, no tenía una respuesta en concreto y lo sabía, pero de algún modo le resultó encantador. Jamás esperó de él una reacción similar.

—¿Y tú plan aún sigue siendo el mismo?

—¿Si te quiero a mi lado? Por supuesto que sí—declaró con firmeza mientras tomaba sus manos con firmeza—Te amo y eres la mujer de mi vida.

—Entonces….

—Querías una respuesta, querías saber por qué Yoh está tan enojado, ¿no? —le cuestionó con dureza—Él simplemente se hartó. Se hartó de ser tan bueno y condescendiente con medio mundo, se cansó de que a pesar de sus esfuerzos, me ha lastimado, y ha hecho cosas que no debería. Está furioso consigo mismo por ser bueno y tratar de negar esa parte oscura de él. Incluso hasta diría que se hartó de ti.

—Eso no es verdad.

—Por un demonio que no es verdad—dijo exasperado, soltándola y llevándose una mano al rostro— ¿Quién en su sano juicio se atrevería a dejarte? Nadie. Pero créeme, por todo lo que he visto últimamente de él, oh… cómo me encantaría que se estuviese metiendo en la cama con esa niña que lo sigue a todas partes.

Carraspeó, sin duda nada complacida con sus comentarios.

—Pues yo dudo mucho que se atreva a tanto—replicó molesta.

—Pues mínimo un beso, eso debería tomarle—dijo con seriedad—Después de todo, qué tiene de malo que una niña se desviva por él. Nada, creo que hasta se lo merece por todas las flores y los detalles que ha tenido con todas las chicas malagradecidas.

No pudo evitar mirarlo con odio al no haber completado aquella frase.

—Y desde cuándo tu hermano es un mártir—dijo enfadada.

—Desde que me conviene más que lo sea—dijo con simpleza—Además, te has besado con Ren y conmigo, que Yoh no se pueda besar con otra mujer, por favor, Anna…

—Idiota—pronunció claramente exasperada por sus comentarios—¡Por supuesto que no! A mí no me importa lo que hayan hecho otras tipas en su pasado, conmigo tiene un compromiso más fuerte, no se puede andar besando con cualquiera.

Tomó aire. Si Anna fuese sólo su cuñada, tendría tanto que decir al respecto, pero no era sólo eso.

—Sabes qué, piensa lo que quieras—le dijo más relajado—Tú querías saber de Yoh, pues aguántate. Yo venía a consentirte y hacerte sentir mejor, a decirte que esa niña no es más bonita que tú, pero si quieres pelear conmigo, adelante, desaprovéchame.

—¡Arg! A veces eres tan…

—¿Seductor? ¿Sexy? ¿Arrogante? —dijo acercándose nuevamente a ella con una pequeña sonrisa.

—Tonto—concluyó cuando notó en él esa mirada divertida—Estás aquí, riéndote conmigo, mientras tu hermano está que quiere matarse, ¿eso te parece gracioso?

—No, en lo absoluto—dijo con más seriedad—Sólo sé que lo conozco más que tú y por ello, a pesar de la tormenta que tiene en su interior, sé que no hará algo demasiado loco, no tendría sentido. No es propio de él.

—Pues, francamente, nada tiene sentido ahora mismo.

—Sólo tú y yo—dijo sereno, arremolinando el césped con su mano—Quizá para ti no importe demasiado, pero para mí sí y por lo menos en esta ocasión, no quiero sentirme solo.

Anna contemplaba su semblante tranquilo y no pudo evitar callar ante su presencia. Ambos estaban exactamente en las mismas condiciones, quizá él tenía más problemas encima, pero el sentimiento era similar. Lejos había quedado el teléfono como para regresar al sonido del radio, algo en su interior sabía que no necesitaba saber más.

—¿Podemos imaginar que aún somos novios? —pronunció el castaño.

La pregunta le extrañó, pero aun con la anomalía de las circunstancias, suspiró y asintió lentamente.

—Ven…—dijo tranquilo.

Tomó su mano y se sentó en el hueco de sus piernas. Tenía tanto que no sentía esa posesión en él, que incluso le pareció regresar a los viejos tiempos. Hao la abrazó y colocó su barbilla sobre su hombro.

—¿Te he hablado alguna vez de mi familia? —le cuestionó en un tono apacible.

Observó por encima de su hombro su gesto tranquilo.

—Recuerda que cuando nos casemos, vas a emparentar con mi familia—añadió sonriendo con ironía—No quisiera que te encuentres con algo desagradable.

Entendió el concepto que deseaba seguir y de algún modo comprendía por qué era más fácil para él hacerlo a su manera.

—Me hablaste de la bruja de tu madre.

—Sí, horrible mujer.

—Me hablaste de tu padre, el hombre que te dijo que un día serías dueño de la compañía.

—Y así fue, extraño a mi padre—dijo rozando su nariz con su piel—Aunque no lo creas, me hubiese encantado que lo conocieras, tú le habrías fascinado.

Sonaba incluso melancólico y un pesar aún más grande cayó sobre ella cuando sintió una de las lágrimas del castaño sobre sus hombros. Su mano asió con firmeza la mano de Hao.

—Dime… ¿quién más?

—Tu abuela… es como una madre para ti.

—La abuela Kino, sí, ella ha sido una persona magnifica en mi vida—agregó tratando de serenarse—Es centrada y no va a poner trabas cuando llegues a la familia, tú, de algún modo te pareces mucho a ella.

Alzó la vista y notó desde el interior de la terraza que Kalim observaba su apego con Hao con cierta suspicacia y podía jurar, en su rostro se dibujaba una sutil sonrisa melancólica. Entonces tembló levemente al sentir el estremecimiento del castaño, era la preguntar que tanto deseaba y no hacer. Aquella charla distaba mucho de la real, de la auténtica plática que sostuvo con él años atrás sobre su familia.

—Anna…—mencionó su nombre con suavidad—Creo que olvidé mencionarte a alguien más.

—¿Quién?

—Mi hermano—respondió con firmeza—Olvidé mencionarte a Yoh, mi hermano gemelo.

—Oh…

Su tono de voz era demasiado entrañable al pronunciar el nombre del castaño. La calidez de sus emociones resaltaba al instante y sintió remordimiento al pretender olvidar que Hao era también afectado en primer plano de todos los problemas familiares, no sólo su esposo.

—¿Qué hay sobre tu hermano?

—Es un tonto—mencionó triste—Pero también es una de las mejores personas que conozco. Después de ti, él es mi persona favorita.

Cerró los ojos y aminoró su respiración. Ambos lloraban sin mirarse directamente.

—¿Aun por encima de Lyserg? —se atrevió a cuestionar, a sabiendas de que él era, después de todo, prácticamente como su hermano.

—No te voy a mentir, a él lo tengo en un lugar muy especial, convivió con nosotros desde niños. Pero… Yoh es mi hermano de sangre.

—Y… ¿por qué no me lo presentas?

—Porque…. Tengo miedo de perderte—dijo abrazándola aún más—Hemos tenido nuestras diferencias, yo… a veces he sido malo con él, sin embargo, él siempre está ahí para mí. Por mucho que yo lo rechace, el tonto sigue sonriendo. Y… muy dentro de mí, sé… que… él es la única persona que puede realmente liberarme de todo esto, de esta carga que llevo adentro, aminoraría mi odio y mi soledad.

Sus palabras realmente le conmovían.

—Y sé que contigo pasaría lo mismo—añadió llorando—Tú lo querrías tanto como yo, de eso estoy seguro, tú adorarías su carácter tranquilo, pero maduro. Porque a ambos, su compañía, su estúpida forma de ser, nos hace sentir tranquilos. Así es mi hermano, Anna—dijo tomando valor para enfrentarla, mientras ella miraba de frente sus ojos rojos—Y quieres que te diga algo, él te complementa y te haría una mejor mujer, alguien más abierta y más amorosa.

La sonrisa en su rostro y la suave caricia en su mejilla le daban cuenta de cuán difícil era para él expresar esos miedos.

—Por eso me daría miedo que lo conocieras, porque a pesar de esa gran compatibilidad, Anna. Me encantaría pensar que aun con eso, me escogerías a mí. Mil veces a mí.

Bajó su mano y la sostuvo entre las suyas con fuerza. Entre ellos había la suficiente confianza, se conocían por casi cuatro años y sabía que en el contexto en que la estaba situando, no había mucho qué decir, su decisión era muy clara al respecto. Sus roles hubiesen permanecido igual.

—Si me dieran a escoger entre tú y tu hermano, ni siquiera tendría que escoger, Hao. Yo te hubiese elegido a ti, mil veces a ti.

—¿En verdad? —dijo sorprendido.

—Por supuesto—añadió con una sonrisa triste.

Entonces, notó como cerraba el espacio entre los dos, tomó su rostro decidido, sabía que la besaría, pero al ver sus ojos cristalinos, supo que no podía hacerlo, ya no. Sus labios descansaron en su frente en un gesto sumamente tierno.

—¿Mil veces a mí? —cuestionó con ternura.

—Mil veces a ti.

Suspiró y apartó su cabello. Amaba tanto el largo de su cabello. No cualquier hombre se veía bien, pero él era una excepción en la regla. Sostuvo su mano en la suya y sabía que era difícil, desde el principio y hasta el final, sabía que era el punto inflexible que Yoh tanto mencionaba.

—¿Aun me amas? —preguntó directamente.

Mordió sus labios y contuvo la respiración. Entonces tomó su rostro con firmeza. Hao no pudo evitar sorprenderse por la suavidad y determinación en ella. Usualmente, él tomaba ese liderazgo en sus acciones, para nada Anna, pero cuando sus labios acariciaron su mejilla, sabía que de algún modo dudaba, hasta que su boca chocó con la suya. Su torpeza se hizo presente cuando se percató que hacía tiempo no se besaban con esa suavidad.

La sensación en su estómago le hizo vibrar de emoción. Y no puedo evitar sonreír en medio del beso, más cuando su mano tomó con más confianza su mejilla. El tiempo le pareció relativo y así era, hasta que la suavidad se acentuó más. Anna posó sus brazos alrededor de su cuello e incrementó el contacto. No quería, ni deseaba soltarla. Pero el aire se acababa entre ellos. Sólo no quiso abrir los ojos cuando sus labios soltaron los de ella.

—Te extraño—susurró tomando su rostro entre sus manos.

Las lágrimas comenzaron a viajar en su rostro cuando las yemas de sus dedos limpiaron el camino.

—Pero ya no podemos estar juntos—negó con tristeza—Esto es un adiós, Hao.

—Entonces… déjame estar contigo hasta que vuelva—dijo en el mismo tono—Y cuando regrese, no te aparezcas un largo tiempo.

—Perdón—pronunció triste—No quería…

—No, no me estás lastimando—aclaró llorando—Yo te perdí. Yo me equivoqué y por mucho que me duela, si tú ya no sientes lo mismo que yo, no puedo culparte, te lastimé mucho.

—Ambos—admitió ella—Yo debí haber más racional y no haber huido de esa manera aquel día.

—No, no debiste haberlo hecho. Pero…

—No lo digas—dijo posando sobre su labio un dedo—Te quiero y siempre lo haré. Eres una persona especial en mi vida y así será siempre.

Entonces se levantó y entró a la casa. No esperó una respuesta de su parte cuando Kalim salió al patio con él. Definitivamente no esperaba oír de sus labios esas palabras, pero de algún modo se sentía especial y en el cielo.

—Eso es un logro, tenía mucho que no lo escuchaba—comentó Kalim.

—¿En verdad no crees que tenga otra oportunidad? —cuestionó reflexivo.

—Eso sólo el tiempo lo dirá—mencionó tranquilo.

Asintió y la acompañó a la cocina. Adentro Anna buscaba algo en el refrigerador para comer y notaba perfectamente su ansiedad. No tuvo más opción que sacar la tarta de mango. Fue curioso notar en ellos una familiaridad antes perdida cuando comenzó a irritarla, debía agradecer la visita de Asakura, al menos Anna ya no estaba sumida en la tristeza y eso le alegraba. Aun cuando en los dos había rastro de un pequeño llanto. En realidad, no le molestaba la presencia de Hao, sólo que esperaba en ambos una reacción distinta.

—Supongo que ya vieron el resultado de la clasificación—dijo el hombre de repente.

La tarta de mango, sin duda le había quedado estupenda, y al decir por la ligera mueca agridulce en Hao, sabía que no era un tema que querían abordar en ese momento.

—¿Pole position? —cuestionó Asakura.

—No. Perdió el control en la curva uno, se estrelló con el muro de contención antes de pasar a la Q3…

Hao suspiró y tomó el teléfono inmediatamente. No esperó a que Kalim terminara el relato cuando llamó a Ryo y se apartó del comedor. Entonces Anna encendió el radio de nuevo y escuchó el resto del diagnóstico que daba el comentarista. Un choque de aparente gravedad, que le había aturdido demasiado, pero en general su salud no estaba comprometida.

—Anna…—temió un momento al percibir su aura furiosa—Oh, no…

No tuvo tiempo. Subió a prisa las escaleras con él siguiéndole a penas el paso. Entonces notó con sorpresa como se dirigía al armario por una maleta.

—No. No. No, no puedes marcharte, mañana es un evento muy importante para ti—le dijo angustiado Kalim—Anna, por favor, no te precipites.

—No estoy marchándome—aclaró molesta—Sólo quiero ver el choque.

Sacó la computadora y buscó directamente el enlace del video. Había sido casi una volcadura por un toque con otro coche, él impacto se lo había llevado él, tan sólo desplazando el otro vehículo de su trayectoria unos centímetros en un intento loco por rebasar. Pero es que estaba demente, la velocidad a la que iba, terminaría echando por la borda cualquier opción a pase. A simple vista había sido espectacular, bastante temerario. Sólo que ahora estaba bajo investigación y ahora sabía que saldría desde la última posición. Cerró con brusquedad la máquina mientras Hao descansaba en el marco de la puerta.

—Nada grave, sólo le duele un poco la cabeza—le informó—Están haciéndole una tomografía sólo para verificar que no haya ningún daño, iba a más de 10g.

—Es un tonto—declaró molesta—Él cometió la imprudencia, iba demasiado rápido en una curva cuando un segundo coche iba delante de él.

—Quizá sea sanción para los dos.

—Como sea, seguro saldrá del pit-lane—dijo enojada—Una cosa es estar mal y otra echar por la borda todo el trabajo de una semana en tonterías.

Sinceramente, no comprendía mucho la situación. No era el tipo de errores que él cometiera, admiraba el temple frío con el que se subía al coche y manejaba con precisión especialmente en Suzuka.

—Bien, ¿te lo han dicho o sigues siendo una analfabeta en esto del deporte del motor?

Una mirada de muerte.

—Suzuka no es una pista fácil, preciosa. El más mínimo error puede costarte caro. Aquí sólo hay una cosa—dijo señalando su cabeza—Hay que estar Focus.

—¿Focus? —preguntó confundida.

—Así le decía el abuelo, decía por radio Focus y él tenía que entender que si no se calmaba, chocaría a la primera, si no se enfocaba en el objetivo perdería la misión. Claro, aquellas eran ligas menores, estamos en las grandes, él debe saber que tiene que estar concentrado o no podrá con ello.

Demasiada información para su gusto. Había analizado cada uno de sus movimientos en pista y no eran demasiado arriesgados. Toques pequeños, pero nada que lo comprometiera, ni a él ni al otro piloto. Bajó y buscó por todos lados el teléfono, pero desistió al instante. Era suficiente con la información que tenía de primera mano de Hao.

Fue así que se sentó en la sala. Breves minutos después, llegó Horo Horo y Damuko. El hombre se notaba preocupado, era natural, incluso cuando se topó con Hao, no pudo evitar una confrontación y culpas de todo tipo. Sin embargo, aquel sentimiento de nulidad le tenía confundida. Tantas veces había pregonado delante de él su miedo a que se lastimara, pero aun cuando lo tenía de frente y había visto la espectacularidad del accidente estaba serena.

—Anna, tengo todos los estudios de Yoh en el correo electrónico—se acercó Damuko—Sé que quizá no tengas cabeza para esto y no quieras ver todo lo que enviaron los de relaciones públicas. Así que me tomé la libertad de rechazar el comunicado y de la conferencia de prensa.

—¿Qué? —preguntó algo desorientada cuando la chica le colocó la tableta en las manos—¿Quién quiere la conferencia?

—Medios locales—dijo algo abrumada—Les envíe un comunicado en donde les informamos del estado de salud de Yoh, y debería bastar pero a fuerza quieren ver tu cara, más después del rumor de aquella otra mujer…

—Hiciste lo correcto—concluyó la rubia—No hay nada más que agregar.

Horo Horo y Hao observaron el semblante serio y casi indiferente en ella, al menos tenía calma, al menos eso podían deducir, hasta que una llamada los puso a todos sobre aviso.

—¿Qué pasa, Amidamaru?


El problema es que estaba aturdido, su cabeza era un mar de pensamientos que no podía digerir tan fácil. Abrió los ojos y notó que del otro lado del cristal estaba Manta y mucho más al fondo se encontraba Jeanne, angustiada. Había perdido el conocimiento, no recordaba muchas cosas, hasta percatarse del segundo coche delante de él, todo lo demás era difuso.

—Pensé por un momento que no despertarías hasta mañana.

—¿Me desmayé? —cuestionó confundido.

—Te dolía mucho la cabeza, además, no saliste por tu propio pie del coche. Tuvo que llegar una camilla por ti—le informó Ryo—El médico dice que no tienes lastimado el cuello, ni heridas de gravedad, pero el golpe te aturdió lo suficiente.

—Sí…—respondió en un suspiro—¿Y la clasificación?

—Tenemos una sanción que nos manda hasta el final de la parrilla. Saldrás desde el pit-lane.

El tono de decepción en su voz fue difícil de ocultar.

—Hao habló para preguntarme por ti. Le di el informe del médico, aún faltan unos estudios, pero nada de gravedad parece ser—añadió—Lo que no sé si me parezca correcto es que ella esté aquí.

Sabía que por mucho que le dijesen lo contrario, no se iría tan fácil en ese momento.

—¿Y Anna?

—No he hablado con ella. Ni siquiera ha llamado—respondió extrañado—Le pedí a Zen que le enviara a su asistente todos los resultados del chequeo y algunos otros detalles de los resultados de la clasificación.

Pensaba cuestionar acerca de algunos detalles, cuando Jeanne entró a su habitación con un semblante desolador. Se notaba el nerviosismo en ella y más aún por la cruz que sostenía en su mano. Ryo pensaba sacarla de ahí, lo notaba en su rostro, pero él le detuvo.

—Por favor, Ryo—le dijo el castaño—Quiero estar con ella.

—Bien—asintió—Me ocuparé de la prensa, cualquier cosa, se quedará Tokageroh y Venstar a tu disposición.

—Gracias—devolvió con verdadera aprensión.

Manta miraba de reojo cuando decidió darle un poco más de espacio y se retiró a la sala contigua.

Apenas calibraba sus sentimientos, podía notar la sangre en su mano, un claro símbolo del enfado que lo carcomía por dentro. En realidad, no podía explicar su reacción de furia, nunca antes había perdido el control de esa manera. Sólo corría y sabía que pudo haber tenido la pole position, tenía todo en sus manos, y lo había perdido por un arrebato.

—Estaba muy preocupada por ti—pronunció acongojada—Por un momento creí que te perdería.

—Fui un estúpido—respondió—No quería preocuparlos.

Tomó la libertad de sentarse junto a él en la cama y acariciar su cabello.

—¿Te gusta?

—Sabes que sí—dijo con una sonrisa extraña—Pero…

—No, déjame quedarme contigo—le reprimió de inmediato—Anna ni siquiera ha llamado, ni nada. Dudo mucho que se atreva a venir si sabe de nosotros.

La simple mención sonaba extraña. Quería pensar lo mismo, que ella no vendría y le agradecería que no lo hiciera.

—Mañana tiene una gala benéfica, no vendrá—aseguró—Aun así, estoy bien, no necesitas cuidarme, Jeanne. Seguro querrás aprovechar tus vacaciones y yo…

Bajó la mirada, y sabía perfectamente el motivo. Entonces tomó su mentón con suavidad.

—¿Ves? Cada minuto que pases conmigo será más doloroso.

—Para mí.

—Para los dos—corrigió abrazándola con cuidado—Eres una persona muy hermosa y con sentimientos tan puros, lo que menos quiero es arruinar eso en ti. Ni siquiera un poco. Lastimarte es inevitable, pero al menos quiero que lo afrontes con la verdad, no te mentiría para hacerte sentir mejor y tenerte aquí mientras estoy solo. No quiero ser el culpable de que cambies, no lo amerito.

—Oh, Yoh, estás hablando con tu admiradora, no hablas con cualquier niña tonta.

—Lo sé—añadió—Pero aunque trates de hacerte la dura, sé qué quieres y también siento que lo mereces.

— ¿Y qué quiero.

—Quieres una relación conmigo.

Se separó de ella un momento.

—Y tú también lo quieres, no puedes negarlo.

—¿En verdad quieres que sea redundante en el asunto? —cuestionó con suavidad—Eres especial para mí. Te quiero como no tienes una idea.

—Pero…

Sus ojos reflejaron un fulgor diferente. La mujer se sorprendió al notar en él esa pasión, tanto que su mano tomaba con firmeza la suya, sin mirar a otro sitio.

—Pero tengo que poner en orden mi vida—dijo incorporándose.

El naufragio que era su existencia. Sabía que el dolor no lo dejaría un rato, pero quería intentarlo, después de todo, era la misión que había encumbrado su abuelo en sus hombros.

—Yoh…

—Tranquila, Jeanne, estoy bien—dijo con una sonrisa afable—Y mañana, correré hasta ganar.


Ni de broma hubiese imaginado que ella llegaría a tanto. Tampoco que tuviese el mismo grupo de personas que una artista internacional. Apenas bajó del coche, tres mujeres le rodearon, caminaron a su lado, manteniéndola al tanto de la situación interna.

—Sólo envía una corresponsal—escuchó detrás a Damuko—No fotógrafos, ni siquiera queremos grabaciones, sólo algo simbólico. Así es…

—La escudería ya está respondiendo a esas cuestiones, sólo diles que es un evento privado y de carácter empresarial—le alentó a su lado—No necesitamos dar tantos detalles.

—EFE quiere dos personas dentro, están esperando la autorización—dijo atareada—¿Cómo envío todo eso al mismo tiempo?

—Tienes dos teléfonos móviles, Damuko—le dijo sosteniendo la pila de archivos y quitándole un teléfono—Envía el texto, mientras yo charlo con esa señorita.

Damuko estaba siendo a su vez asistida por Usui, que era ya un viejo lobo de mar en esas cuestiones. Entonces, Anna se detuvo bruscamente antes de pasar del túnel principal.

—Ya sabes qué tienes que hacer—le indicó a Horo Horo—Nos vemos al concluir.

Asintió y tomó la tarjeta de su mano. Cuestionar las razones estaba totalmente fuera de lugar. Tampoco el hecho de que se dirigieran con prontitud al auditorio principal, dejando mucho más atrás a Usui. Jamás había hecho algo similar durante su periodo presidencial del corporativo, verla a ella realizando algo propio del CEO era más de lo que podía asimilar.

—Aquí tiene el discurso—le indicó Elly—Amidamaru está dando unas palabras alusivas a la competición y los resultados. Quizá tengamos que cancelar mañana la comida, hay una gran posibilidad que el señor Yoh no corra mañana.

Únicamente palmeó su mano y tomó la hoja con decisión. No le sorprendió que se dirigiera al estrado de una vez, cuando Amidamaru aún continuaba dando unas palabras. No lo interrumpió y mucho menos llamó la atención, sólo se había sentado a un costado de los veinte ejecutivos. Parecía ridículo, pero el departamento de comunicación quería ponerlos a todos al tanto del asunto.

—Él ha estado trabajando incansablemente, día y noche—dijo con esperanzas—Lamentablemente, se analiza la posibilidad de que no corra mañana el Gran Premio de Japón. Y como toda posibilidad, me animaría pensar que aun quedaría una gran carrera, pero la realidad dista mucho.

Bajó la mirada para leer todo lo que tendría que decir, sobraba decir que el escrito le pareció ridículo. Entonces, Amidamaru requirió su presencia a su lado. Aplausos y muchas miradas se centraron en ella. Debía estar acostumbrada a la multitud, pero aun costaba demasiado.

—Buena suerte—susurró a su oído.

Apartó su cabello con suavidad. Una conferencia de prensa le parecía ridícula, pero de alguna manera, sabía que lo que hacía tenía sentido. Suspiró y tomó la primera hoja del discurso.

—En primera instancia, creo que mi presentación es innecesaria y saben el motivo por el cual les estoy dirigiendo estas palabras—aclaró firme—Hace dos horas, Yoh chocó y se volcó contra un muro de contención. El accidente, fue provocado por una imprudencia de él.

Amidamaru miró sorprendido a Elly. Incluso en el castaño y en Damuko, el gesto de sorpresa en sus rostros se dibujó casi de inmediato.

—Así es—corroboró la rubia—Fue una imprudencia lo que le arrebató la Pole position. El toque con el Marussia le dejó sin posibilidades de avanzar en el segundo o primer escalón que es donde debería estar por derecho propio. Su esfuerzo y consistencia siempre probó que él debía ocupar el primer puesto de la parrilla. ¿pero por qué no está ahí? Por una tontería. Así es, una absurda y vil tontería. Y bueno, después de realizar los análisis, podemos concluir que Yoh, sólo está aturdido. Las tomografías y estudios inmediatos dictaminaron que el golpe no causó ninguna secuela en él, por lo que correrá mañana el Gran Premio de Japón.

Ren veía desde atrás el fervor en sus palabras, lejos de cualquier hoja que pudiesen darle antes de entrar, y confesó, algo en su interior se removió con cada afirmación. En especial, el orgullo con que se plantaba de frente a las personas pese a las murmuraciones y rumores.

—Así que mañana, cuando ustedes vengan o decidan ver la carrera en casa… ¡Quiero que sientan la misma emoción que hoy! ¡Quiero que crean en un hombre! ¡En él!—declamó con fiereza a los cientos de trabajadores que la veían asombrados—Porque saben, que a pesar de salir desde atrás, él estará consciente de todos ustedes, y del esfuerzo que hacen por apoyarlo. Lo ha sentido. Lo he visto cuando se prepara para carrera y créanme, él no piensa en números cuando lo hace. Podrá no conocerlos a cada uno de ustedes, pero en su corazón, en su espíritu, él sabe que lucha por algo más que puntos en cada competición. Él lucha por ese amor…por ese legado.

Mencionó arrugando entre sus manos ese papel. Incontables imágenes pasaron por su memoria en un segundo e inconscientemente tocó aquella argolla.

—Así que estas palabras no son de consuelo, mucho menos de para tratar de aminorar sus errores, él es humano y se ha equivocado tanto—mencionó más suave— Pero confío en él y sé que ganará mañana. Lo hará, porque tiene una razón fuerte para hacerlo: su abuelo. Por su atención, gracias.

Cientos de aplausos se dejaron escuchar segundos después. Amidamaru no pudo quedar más complacido por la respuesta favorecedora de la planta productiva y el personal administrativo. Anna bajó casi en inmediato.

—No me gusta seguir los guiones—le dijo al hombre de más confianza de su esposo—Espero que mandes traer más comida.

—Así será—mencionó con orgullo—Ojalá él pudiera oírlo.

—Por tu bien, espero que no lo haga—le advirtió antes de marcharse.

Sin embargo, no corrió con la misma suerte cuando escuchó el llamado de alguien cuando se adentraba al pasillo interior. Apenas giró sintió el cuerpo de Ren apresarla con suavidad. Fue un segundo, hasta que procesó el gesto de profundo afecto. Cerró los ojos y permitió que la naturaleza del acto se convirtiera en una muestra efusiva. Nunca lo había visto de ese modo y correspondió su sentir sin dudarlo.

—¿Dónde estabas?

—Resolviendo unos problemas—susurró a su oído—Perdona por dejarte sola.

Se separó paulatinamente de ella.

—Perdóname, Anna—murmuró antes de besar su mejilla, extrañada de sus palabras—Te buscaré después, ahora debo irme.

—Ren—le llamó, pero él ni siquiera le había dado una pauta—¡Ren!

Sostuvo una mano en su pecho cuando sus palabras dejaron en ella todo menos tranquilidad, es sólo que Horo Horo había tenido la delicadeza de impedirle el paso. Atrás había dejado a Hao y a Damuko, cuando varias personas se habían acercado a ella para agradecerle. Admiraba su forma de escabullirse, mas aun cuando había conmovido a Ren Tao como para provocar en él una muestra de afecto tan genuina.

—Déjalo ir, no sería prudente que lo siguieras—dijo con mayor suavidad—Acompáñame.

En realidad no le había dado muchas opciones, tan sólo tomó su mano y ambos se dirigieron hacia la habitación del equipo técnico.

—Quería hablarte—dijo decidido, mientras cerraba la puerta.

—¿Y tiene que ser ahora?

—Anna… quería pedirte una disculpa, yo… te he juzgado, lo he juzgado a él. Me he metido tanto en tu vida, que no sé cómo decir esto porque no soy yo quien vive directamente las cosas.

—Si es por lo del otro día, te aseguro que ya no tiene importancia—aminoró la rubia—Es lógico que digas eso, creo que acabo de corroborar tu idea.

Negó rotundamente con la cabeza.

—¿No tiene importancia? —cuestionó sorprendido—Jamás te había visto actuar con tanta entereza. Y me siento muy orgulloso de ti. Te admiro mucho, como no tienes idea. Estas noches te he observado y no sé qué decir al respecto, se me hace extraño que con lo celosa que eres no lo hayas matado ya, entonces pensé que… había algo más.

—¿A qué te refieres? —preguntó confundida de la lluvia de ideas.

—Es inútil fingir que no te está engañando—dijo decepcionado—Y sé que lo sabes, entonces, ¿por qué actúas con él como si fuera el hombre que tu mereces tener por esposo?

Ni por asomo tenía una respuesta a esa pregunta.

—Tienes razón, no sabes todo el contexto de la historia—dijo con firmeza.

—Entonces… es cierto—dijo sorprendido—Estás embarazada.

Su mirada se encontró con la de ella. Y el tiempo pareció ser relativo entre ambos, en especial cuando sacó de la gabardina su teléfono y se lo lanzó.

—Quiero que veas el reverso—dijo con seriedad—No me digas nada más, sólo quiero que veas el reverso del teléfono.

Horo Horo se limitó a obedecerla en silencio, sintiéndose extraño al encontrar la inscripción en el cromado.

—Ahora arma una conclusión más lógica a tus preguntas, sabrás que no necesito responder ninguna.

Fue un instante en que quiso saber qué más agregar, pero no sabía qué más decir. Sonrió y se sintió apenado.

—No conocía esa parte de ti.

—Ni yo—confesó quitándole el móvil de sus manos.

Cuando llegaron al jardín del estacionamiento, Damuko esperaba impaciente por ellos. Horo Horo podía deducir que Hao no era especialmente cortés con las mujeres por quienes no tenía el más mínimo interés o al menos con ella no había algo más allá del aspecto cordial.

—¿Y bien? —cuestionó la mujer—¿Qué vamos a hacer? No hay vuelos para el fin de semana, ni de ida ni de regreso.

Ambos hombres miraron a la rubia. Hao esperaba cualquier cosa en ese momento, en realidad, no podría sentirse más confundido en medio de tanto espectáculo.

—No puedo ir—dijo con firmeza.

—¿Qué? —cuestionó sorprendido Usui—¿Es en serio?¿Tanto drama para nada?

—Él tendrá mejor compañía, no necesita de la mía—dijo con obviedad—Además, tengo compromisos.

—Al diablo con los compromisos—dijo molesto—Jun y todos lo entenderían.

—Sí, tal vez, pero yo no—declaró dejando a todos estupefactos.

Tomó distancia, tratando de respirar lejos de ellos y cualquier persona que quisiera aturdirla aún más. Para muchos era como un resfriado, pero para ella era como tuviesen una pulmonía. El estrés estaba afectándola.

—No puedo creer que no quieras ir—escuchó la voz de Hao.

—Te necesita más a ti que a mí—respondió mirándolo de reojo—Y sabes que no miento.

—No, no mientes—dijo acercándose a ella por detrás—Pero creo que tú y yo sabemos perfectamente porque está haciendo las estupideces que todo el mundo cree que hace. Y me siento un completo estúpido tratando de hacerte ver las cosas, así que ahórrame la molestia y haz tu maleta, que el tarado de allá te está esperando para irse. Son seis horas en coche, cinco si conoce el camino. Pero como es de noche, le dije que tomara un descanso en un motel de paso.

—¿Por qué haces esto? Pensé que querías estar conmigo hasta que él regresara.

—Sí, así es—afirmó mirándola de frente—El problema es que no se si él quiera regresar después de esto, luego para buscarlo y que te dé el divorcio, es una pérdida de tiempo. Además, me atrevo a decirte que esto estaba perfectamente calculado desde el primer día que le diste el sí a ese idiota.

—Y tú a qué te refieres.

—A que no te puedes librar de él tan fácilmente—concluyó molesto—Yo no puedo ir, en estos momentos ni siquiera yo sabría qué decirle, sólo lo alteraría más. Pero tú, tú sí puedes hacerlo. Y si quisiera que alguien estuviera con él en mi lugar, serías tú. Por él y por mí, tienes que ir a Suzuka.


Abrió sus ojos y continuó corriendo. El sudor en su frente apenas reflejaba el esfuerzo físico que llevaba haciendo. Su espíritu no podría estar más fuerte, lo sabía por la forma en que las personas le miraban, admirados de ser su cuarta vuelta en el circuito. Sin embargo, Suzuka era la pista por excelencia, una de las más complicadas y aunque sus compañeros, únicamente caminaban, recorriendo el sitio, él no.

—Campeón, no te fatigues—le dijo Ryo por el auricular—No es necesario, créeme, irás en coche.

La broma le pareció agradable y sonrió. Giró su cuerpo y miró la distancia recorrida. Michibata pasó a su lado en bicicleta, saludándolo con la mano. El aire frío recorría su cuerpo, pero no paró y giró sobre su eje. La mañana le había sonreído de una forma particular cuando vio aquel colibrí. Era una extraña creencia de su abuelo para la fortuna, una inmensa energía la que sentía abordándolo por cada poro de su cuerpo.

—Pero si crees que todo es buena suerte, te equivocas—recordó las palabras de Yohmei—El éxito es…

—Uno por ciento inspiración, noventa y nueve por ciento transpiración—completó sin poder evitarlo—El esfuerzo vence al talento.

El agua caía sobre su cuerpo mientras su mente se focalizaba en las `S´. Debía ser demasiado preciso para rebasar en las curvas y no comprometer la vida de alguien más. Apenas podía creer que de aquel espectacular accidente sólo hubiese moretones en su piel, una ligera torcedura en su mano y algunos dolores ligeros de cabeza.

—¿Estás listo? —cuestionó Tokageroh.

Pese a las ruedas de prenda y las fotografías que había concedido, lo notaba tranquilo y muy concentrado.

—Por supuesto—respondió con una sonrisa—No venimos a Suzuka sólo para ver los coches desde atrás.

Suspiró cuando notó su increíble fortaleza. Horas atrás seguía pensando, hoy era algo mágico, un extraño candor que reflejaba su mirada y le brindaba un aura de paz que hacía tantos días no tenía. Zen miraba agradado la forma en que se paraba a revisar el coche. Los mecánicos e ingenieros le explicaban a detalle la estrategia para la carrera y si era sincero, creía en él.

—Bien, equipo, estamos a unos momentos de comenzar—dijo Ryo—Quiero concentración, no quiero errores.

—Ninguno, señor—correspondió Boris, marchándose al extremo del box a preparar su carrera.

—Bueno, ¿algo más qué decir? Quiero empezar con la vuelta de instalación.

—Bueno en realidad yo tengo mucho que decir—se paró el castaño—Y tengo mucho que agradecerles. Desde el primer momento en que entré aquí, hasta el final de ayer. Y antes de todo, pedirles una disculpa, he cometido muchos errores y no pretendía añadir algunos más a la lista. Sin embargo, los he tenido y por culpa de mi estupidez perdimos tiempo, esfuerzo en algo que pudimos haber conseguido. Yo traté de forma egoísta conseguir la primera posición, mientras ustedes, se han dedicado en cuerpo y alma en darme todas las herramientas para triunfar y lo reconozco. Se los agradezco.

El rostro de los hombres del box se iluminó con sus palabras.

—Entonces, ¡si ustedes se han partido el alma trabajando en este proyecto, yo haré lo mismo! ¡Y el día de hoy, dependerá de nuestro trabajo colectivo, remontar y avanzar, remontar y ganar! ¡Yo no podría hacerlo sin ustedes y creo en cada uno para lograr ganar!—dijo con decisión—¡El día de hoy, que cada persona que nos vea hoy, sepa que no nos dejamos caer. Que hicimos hasta lo imposible por ganar, que no dejamos nada a la suerte! ¡Hagámoslo!

El grito de euforia se dejó escuchar con gran fuerza. En especial cuando varios hombre se acercaron a estrechar su mano con empatía.

—¡Eso! —exclamó desde el fondo Usui—¡Así es como se gana!

—¿Horo Horo? —cuestionó sorprendido cuando Usui lo abrazó y palmeó su espalda—Pensé que…

—Oh, no, no lo arruines—dijo decidido—Súbete a ese maldito coche y rómpeles…

—No, ya no quiero más problemas—interrumpió Tokageroh—Sólo rebásalos por la izquierda, no es necesario que alguien se rompan un alerón.

Yoh rió con soltura por la ligera interrupción.

—No, ya no, estoy concentrado al máximo—dijo entusiasmado—Quiero subirme al coche ya.

—Pues adelante, campeón—le animó Usui—Pero antes déjame preguntarte algo.

—Sí, adelante.

—¿Qué diablos hiciste con el pedazo de escoria en que te habías convertido? Y no me vengas con una excusa barata, porque te juro que con todo lo malo que salió esta semana de ti, tengo ganas de romperte la cara. Estabas embarrado entre la mierda, cómo es que saliste de esto.

Sonrió y rascó su cabeza, tratando de hallar una respuesta.

—Bueno, supongo que si vienes hasta aquí precisamente cuando me dijeron que estabas retirado, eso quiere decir que Anna está contigo o que al menos sabes que Hao y yo hablamos sobre el asunto de mi madre.

—Sí…—respondió sorprendido.

—Bien, a grandes rasgos... Sí, me deprimí. Sí, salí con aquella hermosa joven que está en el paddock, entrada que pagó ella. Y sí, estaba que me llevaba el diablo porque mi abuela me tiró en cara todo junto. Y sí, estaba furioso conmigo por ser tan imbécil. Es natural, quiero suponer que cualquier hombre puede darse el lujo de sufrir un rato por sus errores del pasado. Pero como escuchaste, no puedo lamentarme más por lo que ya hice, sólo me queda avanzar. Y tengo muchas personas que me apoyan y que darían todo por mí. No soy cualquier persona, soy el directivo de una empresa internacional y muchos dependen de mí y mis decisiones. Si eso no es suficiente motivo para dejar ir todos esos pesares, no sé qué diablos hacer—añadió sereno—Sólo sé que tengo un objetivo en mente y ése es ganar Suzuka.

—¿Así de fácil?

—No fue fácil, tuve que arriesgarme a perder muchas cosas.

Y con esa simple mención se ganó un golpe en el brazo. Era imposible enojarse con él.

—Tonto, más te vale que me regales un podio—dijo más tranquilo—No creo que ganes, sería imposible que lo hicieras, pero sí te creo capaz de alcanzar un tercer lugar.

—Yoh, es hora—señaló Zen.

Sonrió y devolvió el ligero golpe a Horo Horo.

—No te preocupes, todo saldrá bien.

Entonces caminó hacia el vehículo. Sus ingenieros de pista le explicaban las maniobras más eficaces en la primera curva. La velocidad de carrera que llevaba en prácticas anteriores era su fuerte y lo sería de ese modo. Colocó las protecciones y el casco en su cabeza. Estaba listo para subir, sólo que en ese instante, miró hacia atrás.

—¿Pasa algo?

—No—respondió sonriendo y entrando al monoplaza—Adelante.

Rodó los primeros metros hasta la salida, donde se le dio la autorización pertinente para salir a pista. El radio y el ruido estremecedor eran dos aspectos que no dejarían de erizarle la piel por más que tratara de contrarrestarlo. Dejó la tabla con los papeles en el escritorio, mientras seguía su movimiento en cámaras. Su cabello negro y cambio de color en su apariencia le hacía pasar como cualquier otra chica del equipo.

—A la salida, blandas y medias—dijo Ryo—Quiero cuatro juegos preparados. Rápido, todo quiero que esté con anticipación. Ahora.

Extrañaba el ambiente e inhaló fuertemente el olor de las llantas y del motor. Pilika no podría imaginar la falta que la hacía estar ahí. Sin embargo, dejó de lado sus pensamientos y se acercó a ella con discreción, posando una mano sobre su hombro.

—Te dije, es un fenómeno—dijo entusiasmado—Hizo que se me acelerara el corazón. Y al parecer, no te reconoció.

Sonrió.

—No, no lo hizo.

Estamos en la catorceava fecha del Mundial de Fórmula 1, en donde Japón nos da la bienvenida una vez más al circuito de Suzuka, escenario de las más feroces y fervientes competiciones. Aunque fue incluida hasta 1987 en el calendario mundialista Fórmula Uno, la pista es una de las más complicadas y satisfactorias para los pilotos.

Y partiendo desde la Pole position, nos encontramos con el australiano Mark Webber con un crono de 1:30. 915. ganándole la partida a su compañero de equipo, el tricampeón, Sebastián Vettel, que tuvo algunas averías con el KERS en su vuelta clasificatoria. Red Bull se prepara para una victoria más, mientras nos preguntamos qué pasara en el arranque de carrera cuando tenemos dos coches saliendo desde el pit-lane.

Tomó aire y regresó a boxes, donde el equipo hacía el último ajuste.

—Ánimo, campeón—escuchó en la radio.

Realizó una seña y se encaminó al pit-lane, detrás del Marussia. Entonces los segundos transcurrieron lento, hasta ver la luz en verde. La carrera estaba en curso, perdiendo los dos Red Bull tiempo en la largada. Fue complicado visualizar el acomodo de los autos al tomar la parabólica. La velocidad del coche rojo delante de él era inferior, por lo que tomó el primer rebase antes de llegar a la zona de curvas.

—Tienes tres adelante que van más lento que tú, los Caterham ruedan dos segundos más lento—señaló Zen—Puedes acelerar sin problema. Ellos ya se están peleando la posición.

Sonrió exaltado por la noticia. No recordaba estar tan comprometido antes, nunca antes había sentido esa efervescencia en su interior. Así que aceleró y llegó al tren que se formaba en el sector tres. Los tres coches intentaban rebasarse entre sí, pero sólo hacían un tampón que le impedía avanzar.

—¡Tienes la séptima, no vayas a romper la caja de cambios! —advirtió Ryo al deducir su partida.

Sin embargo, sus palabras no le importaron y la maniobra de rebase fue casi perfecta antes de salir del triángulo de Casio. Tokageroh se sorprendió al notar el empuje que llevaba, además de ser un segmento difícil para ganar posiciones.

—Voy por los Williams—mencionó decidido.

—Aun estás lejos de la punta—dijo Ryo—Tómalo con calma.

Horo Horo observaba con seriedad los movimientos de Yoh en pantalla. Los comentaristas no podían estar más complacidos por el zig- zageo del castaño, más aun cuando llevaba ganadas nueve posiciones en las primeras doce vueltas. Tres abandonos por choques y algunos con problemas en el motor, el resto seguía rodando a gran velocidad.

Mordió sus labios, pronto haría su primer stint y aun no llegaba a la mitad de la parrilla.

—Boris está delante de ti—señaló Zen—Va a la misma velocidad que tú.

Miró de reojo su retaguardia y el próximo coche aún estaba lejos de él. Tomaría la mítica 130R, curva únicamente comparable a Eu Rouge en Spa,a más de 300 km/hr y sabía que si bien no podía adelantarlo ahí, al menos le recortaría tiempo. Aceleró y no soltó el pie del acelerador cuando notó en su compañero la duda.

—Si te atreves a dudar, entonces esto no es para ti—recordó al anciano—Sólo los cobardes sueltan el pedal, sólo un cobarde deja escapar el momento más glorioso. Sentir miedo, eso es lo que debes sentir, ¿y sabes qué es lo más satisfactorio de todo?

—Convivir con él—completó pisando al fondo, mostrándole el coche a su compañero y rebasándolo antes de partir a la recta.

El equipo casi se levantó cuando observaron la maniobra en pantalla. Sucumbió en la chicane y bloqueó los frenos al notar al Toro Rosso delante de él. Segundos los separaban cuando ambos pasaron la zona.

—Estás a tiro de DRS—indicó Ryo.

Aceleró y estaba a sólo unas décimas de Ricciardo cuando activó el DRS y lo pasó de largo frente a la recta inicial. Podía sentir la emoción en los espectadores. Él mismo sentía esa adrenalina.

Y sonrió. Tenía tiempo sin ver algo similar, no recordaba una carrera en la que tuviese la firme convicción de ganar cuando era un hecho imposible. Sin embargo, estaba en presencia de una de sus más grandes competiciones. Apretó el vaso de whisky en su mano cuando le vio hacer un rebase digno de alabarse.

Nueve posiciones lo separan de la punta. Aun con los Red Bull y Ferrari tratando de sacar ventaja en el tiempo, Asakura ya está en la zona de puntos. Y Señores, perdonen la expresión que diré pero qué… cojones. En verdad, qué cojones, desde Alonso y el rebase sobre Schumacher no había visto algo similar. Este chico quiere ganar, y para serles franco, lo merece.

Lyserg sonrió al ver su expresión.

—Tú no crees que pueda ganar.

—Sería un milagro—respondió tomando lentamente el licor, cuando observó a su hermano hacer la primera parada en boxes para el cambio de neumáticos.

—Es bueno, puede que sea uno de los mejores.

—No—negó orgulloso—Es el mejor.

Había perdido sólo dos posiciones. La precisión y rapidez de los mecánicos era asombrosa, tan sólo 2.3 segundos en el pit- stop cuando tuvo la buena fortuna de que los hombres de punta también entraran a cambiar los neumáticos. Su estrategia a dos paradas le acomodaba bien para seguir a los Force India. Adrian Sutil iba mucho más lento que él.

—Entraron dos más, ahora estás en la octava posición—dijo eufórico Ryo—Acelera y pisa al fondo. Vettel está a sólo treinta segundos de ti.

Tomó el único artefacto que no fuera a quebrarse en sus manos y observó la pantalla con el corazón relampagueante. No era lo mismo sentirlo tranquilo, que verlo hambriento del triunfo. Todos en box estaban del mismo modo, motivados y de cierta manera influenciados por la fuerza que demostraba.

Un grito de alegría y varios aplausos se dejaron escuchar cuando arribó a la quinta posición. Estaba a sólo veinte vueltas de concluir cuando sólo tenía a los Red Bull, el Ferrari y un Lotus por delante. Era considerable que algunos estuvieran festejando ya. Salir del fondo del pelotón y plantarle el coche a más de una docena de autos era algo sin duda memorable.

Sin embargo, no era el único con la mente puesta en la meta. El Sauber venía en mismas condiciones, rebasando a los McLaren que perdían potencia.

—Estás entrando en zona de DRS—dijo Ryo—El próximo es un Sauber, puedes marcarle diferencia, está a casi 0.4 segundos de ti.

Espejeó antes de meterse a las `S`. Hulkenberg era veloz y no se amedrentaba tan fácil. Sin embargo, él no cedió la posición y se encontraba tan cerca. Anna pudo notar el empuje en Yoh, especialmente al tratar de mantener la posición en la curva catorce.

¡Y hay un toque entre Asakura y Hulkenberg!

El golpe que desvió su trayectoria y lo sacó levemente del asfalto. No esperaba el descontrol en el auto, mucho menos cuando Nico le rebasó sin daño alguno.

—¿Qué pasa , Boz? —cuestionó el castaño por radio—Me estoy quedando atrás.

Kyouyama se acercó al pit-wall cuando en pantalla aparecía que el incidente estaba bajo investigación.

—Boz, creo que tengo un daño en el alerón—añadió el castaño—Estoy perdiendo potencia—mencionó cuando Pérez le pasó en la recta—Tengo un daño en el DRS.

Sin embargo, parecía algo más grave.

—¡Qué demonios pasa con la telemetría, Zen! —exclamó desesperado Ryo.

Los hombres no comprendían del todo los datos que arribaban a las computadoras e Yoh sentía la confusión en el momento en que todo parecía ir bien.

—¡Qué carajos pasa aquí! —irrumpió Anna de golpe, desequilibrando a todos.

—Perdone, pero aquí no es una zona permitida…

—¡Pregunte qué demonios pasa! —exclamó furiosa, cuando el ingeniero se ocupó de decirle a Yoh que entrara a pits a cambiar la pieza averiada.

Entonces se quitó la peluca al ver en ellos frustración y confusión.

—¡Anna! ¡Qué manera de aparecer es ésa! —expresó Zen—Tenemos problemas con la máquina y no es prudente que estés…

Ni siquiera terminó de explicarle cuando ya había soltado un golpe en la computadora principal, pese al miedo de aquellas personas de que descompusiera aún más la máquina. Boris exclamaba por radio la notable confusión, mientras los otros dos hombres trataban de mantenerlos enfocados en la carrera.

—¡Qué diablos pasa!

—Tenemos fallos en la telemetría, el problema no es contigo, es con Yoh—dijo el ingeniero.

—¡Anna, por favor , cálmate! —dijo angustiado.

—Yoh está delante de mí, tengo más velocidad. Tengo que pasarlo.

Zen aprobó la maniobra, cuando aquello desesperó a la rubia, pateando el soporte de la computadora. Provocando un ligero apagón, para luego resplandecer una pequeña luz roja que reinició todo el sistema.

—Boz, sigo con problemas en el DRS—mencionó preocupado el castaño—Me están rebasando dos coches.

Entonces, la maquina respondió. Fue increíble y un suspiro general se dejó caer en el pit wall, donde los números y los datos regresaron en concreto. Ambos hombres salieron del impactó inicial, cuando analizaron el problema en concreto.

—¿Y bien? —cuestionó Kyouyama—Está en la décima posición.

—Escúchame bien Yoh, tienes un problema con el DRS que no podemos solucionar desde aquí. Deberás dejar pasar a los coches o tratar de afianzar tu posición. Lo lamento, no hay nada qué hacer.

Calló, no era el tipo de noticia que esperaba escuchar, mucho menos cuando su compañero lo pasó de largo en la zona de DRS. El aditamento que le daba mucho más velocidad en el coche para rebasar. Horo Horo y el resto del equipo veían con decepción el final de las dieciséis vueltas.

—Haz hecho una grandiosa carrera, todos aquí estamos muy orgullosos de ti.

Mordió sus labios al escuchar las últimas palabras de su jefe de escudería. No estaba dispuesto a dejar ir por el traste todo su esfuerzo, estaba cerca de la zona puntuable aun.

—¿Por qué sigues ahí?

—Eh…—pronunció al ver quién le hablaba.

—Te pregunté que por qué seguías ahí—repitió Mikihisa—¿No se supone que tienes que montarlo? Mañana hay una carrera.

—Está descompuesto.

—Repáralo.

Giró en el vórtice de las últimas curvas antes de pasar nuevamente la recta principal, donde varios se levantaron al verlo luchar por la posición contra el segundo Ferrari. Massa le seguía de cerca.

—¿Y? ¿Cuál es el problema? Tú eres muy bueno en esto, Yoh—dijo sentándose a su lado—Tu abuelo estaría muy orgulloso de ti, eres un buen piloto. Y sé, sin afán de presumir, que puedes volver a competir.

—¿Cómo lo sabes? Mamá dijo que si se rompía y o le pasaba algo, ella no daría nada para repararlo. Es imposible. Además, ya no me motiva tanto correr, ni nada. Ya no quiero hacerlo.

—Vaya…

Golpeó el volante. No era el único compitiendo y tampoco era la octava maravilla, no era Senna, pero por dios, que él era un sujeto con talento en esto.

—Asakura—escuchó la voz de la rubia

—Anna…—pronunció realmente sorprendido.

Ella también lo estaría en su lugar, sin embargo, las personas a su lado sólo temblaban por el arrebato de furia que traía consigo.

—Tienes tres coches delante de ti, no vas muy atrás.

Sonrió.

—¿Ahora eres mi ingeniero de carrera? —cuestionó mientras mantenía a Massa a raya—Te agradezco lo que haces pero…

—Escúchame y después sacas conclusiones—dijo decidida—Antes de que regresaras a competir no existía esa idiotez del DRS, tú corrías, te ponías sobre la línea y lo pasabas, así se sencillo. Que no tengas la ventaja del alerón no te hace un perdedor como estos idiotas quieren ver, si te pasan y te llevan esos segundos en las siguientes curvas, pues acelera.

—Acelero—repitió decidido.

—Así es, aceleras, te pones sobre línea y lo pasas, qué es lo complicado en eso, querido—el mismo tono que usaba para regañarlo en cosas obvias—Me casé con un empresario o con un maldito soñador que quiere ser campeón.

—Ambos—dijo acercándose al Toro Rosso.

—No vine a Suzuka para verte perder—añadió al ver que faltaban sólo doce vueltas—Vettel hizo una segunda parada con Webber.

Cerró los ojos, tratando de sonar dura, pero por dentro, no era exactamente lo que quería transmitirle, sin embargo, entre ellos quedaban muchas cosas en el aire.

—Estoy muy lejos de la punta—dijo jugando con el coche para adelantarlo en la chicane—¿Crees… que pueda ganar?

El monitor daba un pronóstico no tan favorable.

—Eres un piloto de la vieja escuela, Yoh—describió imaginándolo de tan sólo unos años—Sólo tú correrías un coche averiado y ganarías—mencionó alegre al verlo rebasar a Ricciardo y ponerse al ritmo de Grosjean—Estamos juntos en esto, tú querías correr, pues jódete, amor, quiero que ganes.

No pudo evitar reír y pisar a fondo el acelerador. Si sus cálculos no fallaban tenía suficiente gasolina para llegar a la meta. Aun con diez vueltas faltantes. Estaba en la novena posición y el Lotus estaba rebasando a los Mercedes con facilidad.

—¿Vamos contra pronóstico? —cuestionó el castaño.

—Sí, prefiero que rompas el coche a que te quedes mirando al pelotón desde atrás—mencionó decidida—¡Pásalo!

Y tomó la curva a una velocidad superior, dejando atrás a los dos Mercedes, que caían en el rendimiento. El ánimo se avivó cuando comenzó a recuperar posiciones. Aunque corría el riesgo de quedarse parado y romper el motor, estaba arriesgando todo. Sintió las vibraciones en el coche y su mente traspasó el tiempo. Grosjean estaba cerca, cuando ambos pasaron la recta principal, y metió el pie a fondo, sacándole una ventaja pequeña antes de tomar las ´S´, dejándolo atrás.

El grito en el box fue de victoria. Algo que Ryo no comprendía y que podía ver en pantalla con el realce del castaño. A estas alturas, no tenía mucho que perder y si tanto que ganar. Observó a la rubia en su lugar. No había nerviosismo como en el resto del pit wall, sólo una extraña serenidad cuando veía los adelantamientos.

¡Faltan ocho vueltas para el final de carrera y Asakura va que vuela, a pesar de los problemas con la aerodinámica en su coche! Ahora con una parada extra para los dos hombres de Red Bull por un toque en la recta, está a sólo diez segundos de la punta.

—Está bien, sólo dime que no es lo que tanto deseas—dijo con dureza Mikihisa.

—No, no lo es—dijo con seriedad—Sólo, déjame.

—Vaya… entonces no eres la gran maravilla que creí—dijo abrazándolo—Cuando tu abuelo hablaba de ti, parece que describía al mismo Senna. Pero más allá de eso, hay algo que me gustaría que recordaras toda tu vida.

—¿Y qué es?

Era el segundo rebase que hacía en la mítica curva. Analizaba cada detalle del trazado, hasta las más mínima curva, variante y modificación que cada año hacía la FIA al respecto. Era un obsesivo, podía recordarlo perfectamente en clases durmiendo, pero atento al resto del panorama, especialmente cuando no tenía el mismo tiempo que el resto de los pilotos para practicar por la Universidad.

¡Sólo bastan cinco vueltas!

—Aun puedes llegar al podio—murmuró entre dientes Hao al verlo rodar junto al McLaren.

Pero un segundo toque en el coche se suscitó al quererlo bloquear de la curva. Yoh sintió el golpe, pero el coche, continuó la trayectoria. Analizó rápidamente la situación, no podría haber más daños en el auto, no sentía ninguna anormalidad.

—Anna, ¿cuál es el problema?

Una vista rápida al análisis del coche, no había nada anormal. Salvo por su giró brusco en la trayectoria.

—Fue un roce mínimo—aligeró Zen—No te…

Alzó la mano rápidamente antes de que pronunciara algo más.

—Continua, corre más rápido.

Estaba agotado, pero su espíritu gritaba por conseguir lo imposible.

—Quiero que recuerdes algo. No hay nada imposible para ti. Si por mucho batallar, las cosas no funcionan y te encuentras perdido, sólo recuerda algo: eres un ser humano. Y tienes derecho a equivocarte, arrastraste y sufrir. Pero también tienes la misma obligación de levantarte. Así es la vida. Si dejas que alguien decida tu destino sólo porque no tienes las herramientas necesarias, entonces no eres el chico que creí ver.

Sonrió al recordar los momentos con su padre y pisó a fondo, en el entronque. Adelante tenía al podio. Los Red Bull y el Ferrari. Alonso sucumbía ante la velocidad de curva del equipo campeón del mundo. Sólo tenía una opción en mente. Tendría que pasar por en medio.

Observó la distancia entre los coches. Boris había quedado mucho más atrás de él. Sorprendiéndolo con un rebase en la recta final. Sin embargo, ahora estaba alcanzando lo más alto de la parrilla. El desfase y el leve zig zageo evocaron en su mente todas las veces que trataba de enseñarle a jugar la aplicación en la tableta. Restaban sólo tres vueltas.

—No lo hagas, Yoh—interrumpió Zen.

Fue imposible. Y duró menos de un segundo atajarlos por el interior de la curva, cerrando el espacio entre ambos. Casi contuvo un grito cuando los comentaristas se tomaron del cabello con tan sublime perfección en el movimiento. Fue un momento brillante y que los dejaba a segundos de él, aumentando la ventaja de Vettel sobre el resto.

—Está lejos…

Sabía perfectamente a qué se refería con eso.

Focus…—pronunció con suavidad, desorbitándolo levemente.

—¿Qué?

Focus—repitió con más firmeza.

La simple palabra se repetía constantemente en su memoria y una gran emoción se desbordó en su interior cuando pisó el acelerador y le sacó ventaja a sus rivales. Si pelearía con el campeón, lo haría como sus mentores le habían enseñado, concentrándose al máximo. Obvio los errores del alemán, más cuando entraron a la zona peligrosa de curvas. Conocía mejor el trazado que su propia casa.

Era la última vuelta. Y podía sentir el coche en su máximo esplendor, por un lado a punto de tirar la marcha y quedarse parado y el otro, dispuesto a cumplir la faena. Corrió tras él, acercándose más y más. Sus manos sudaban, pero sus ojos estaban fijos en el Red Bull. Ambos pasaron la 130R, cuando el alemán le ganó la partida. Estaba seguro que el coche no iría a más y si lo forzaba quedaría varado.

—¡Estás a tiro de DRS, Yoh! —exclamaron ambos hombres al mismo tiempo—¡Abre el DRS!

Salió de la curva a su lado, exprimiendo los últimos metros del trazado. Contuvo el aliento y dejó que el coche siguiera su camino con el alerón funcionado con normalidad. Gritó al ver la bandera a cuadros y a Vettel pasándolo de largo.

¡Fuck! —exclamó Ryo ante toda una multitud que clamaba por él extasiados—¡Bendita la hora en que te subiste al coche! ¡Bendita!

Estaba seguro que el cuerpo le temblaba. Nunca en su vida había sentido una adrenalina similar. La vuelta extra no le alcanzaría para librarse de aquel impetuoso y cálido sentimiento.

—¡Gracias, equipo! Esto es gracias a ustedes —exclamó feliz—¡Y a ti, Anna! ¡Gracias, cielo!.

Cerrando la emisión desde el otro lado del mundo y con la mano en el corazón en un final de carrera asombroso, es un evento que pasara a la historia. ¡Yoh Asakura, ganador del Gran Premio de Japón! Desde 1976, que se incorporara el trazado al mundial, nunca antes, en toda la historia, un japonés había ganado aquí. ¡Enhorabuena!

Ni siquiera en sueños. Había visto su oportunidad perdida años atrás, cuando se volcara en la curva de alta velocidad, la curva que de algún modo le había apartado de las carreras muchos años y hoy no lo creía ni por asomo. El clamor de las personas fue evidente. Abrazó y su equipo vociferaba su nombre con el mismo sentimiento de pasión que él traía por dentro. Así había alzado la copa en el podio, cuando el himno de su nación se escuchó.

En ocasiones le parecían previsibles todos los movimientos, pero al menos ese día, no olvidaría por nada del mundo. Prensa e incluso algunos fotógrafos deseaban fervientemente captar algún momento simbólico, pero él estaba sorprendido de haber ganado su primer gran premio en la temporada. Sonrió con levedad.

—¡Yoh, aquello fue una remontada histórica! ¡¿Cómo puedes definir este momento desde la última vez que ganaste?!

Tocó el micrófono, sin saber qué decir realmente.

—No hay mucho qué decir, sólo estoy cansado y muy feliz.

Sus compañeros a su lado le miraron con suspicacia y extrañeza. Su maniobra no era poca cosa, tampoco el hecho de que hubiese ganado un gran premio después de años de retirado, después de todo, era su momento.

—¿Eso es todo? ¿No sientes alguna emoción? Sabemos que ibas perdiendo hasta que Anna te habló del box, ¿qué dijo para que hubieses ascendido casi diez posiciones?

Focus—respondió con simpleza—Anna es una mujer de pocas palabras, pero muy efectivas.

—¿En serio es todo? —cuestionó otra reportera.

Quizá había muchas más cosas, pero él recordaba muy poco. No era intencional, realmente estaba aturdido con muchas ideas en su cabeza. Tomó su cabello totalmente agotado, sabía por experiencia que la prensa no lo dejaría ir tan fácil y sus compañeros parecían exasperados de toda la atención centrada en él.

—Ya, diles algo convincente—le susurró el piloto de Ferrari—No se irán satisfechos.

—No tengo nada que decir…—contestó en el mismo tono.

—Yo tampoco me creo que Anna no te dijo nada—le miró de forma suspicaz.

—¿En serio? ¿Tú les dirías qué lo que te dijo tu novia?

Se encogió resignado, denotando una respuesta claramente afirmativa.

—A mí Hannah no me dice nada, ni siquiera me acompaña, pero si te sirve de algo yo diría cualquier cosa—le susurró el Red Bull a su lado—Sólo inspírate y diles algo.

Suspiró mientras los fotógrafos los tomaban charlando entre ellos en un tono apenas audible para sí mismos.

—Bueno ella dijo que no había camino difícil o imposible si lo hacíamos juntos—pronunció inspirados—Además, no podía quedarme atrás por ningún motivo, porque ella estaba ahí para mí y no me dejaría rendirme tan fácil.

Era curioso ver cómo todos tomaban nota de sus palabras y cómo parecía tan simple ante los ojos de los demás.

—¿Ves? Era más sencillo hacerlo así.

—Supongo—dijo cediendo el papel principal de la rueda de prensa.

Después de eso, esperaba de corazón que Horo Horo se encargara de los patrocinadores y de las televisoras que deseaban verlo aparecer en su programa. Tokageroh ya estaba encargándose de todo lo relacionado a los aspectos técnicos. Había cumplido cabalmente con todo el protocolo ahora lo único que deseaba era retirarse.

—¡Wow! Sigo con el corazón acelerado, Yoh—llegó a su lado emocionado.

Sonrió con nerviosismo.

—Gracias, Horo Horo—dijo apaciguando su emoción—Ahora…¿dónde está Anna?


La elección del vestido estaba en sus manos. Cuando llegó a Suzuka lo único que tenía en mente era saber dónde demonios tenía Yoh la cabeza. Sin embargo, las cosas eran tan distintas a como las había imaginado. Él se notaba tranquilo y muy centrado en lo que debía hacer. Incluso al verlo correr en el circuito seis veces podía admitir que su presencia ahí era innecesaria. Pero le alegraba y le tranquilizaba el alma, pudo haber dejado Suzuka en ese momento, en cambio prefirió acompañarlo como parte de su cuerpo técnico.

Su apariencia le había brindado un poco de anonimato, al grado de meterse a la alineación de mecánica, donde él supervisaba personalmente el desarrollo del coche. Se sonrojó al siquiera recordar cómo había evadido su mirada. La gorra, el cabello, sus ojos de diferente color tenían que bastarle para confundirla con otra persona. No era así, podía notarlo en las sonrisas bobas que lanzaba de vez en cuando.

Las explicaciones y estrategias de carrera, incluso el primer plano del coche le fue detallado del mismo modo que a él. No había un sólo detalle que hubiese dejado a la suerte. Entonces cómo hacía para ponerla nerviosa por situaciones distintas. Incluso el muy cínico había encargado un desayuno ligero para todo el equipo y pedido el café, salvo por su té, que le entregó directamente Tokageroh.

—¿Rojo o verde? —cuestionó Damuko.

—Verde—seleccionó el vestido que luciría en la cena de gala por parte del equipo.

—Se te verá bien—dijo con una pequeña sonrisa—Escucha, no voy a defenderlo, pero seguro tendrá sus razones. Conociendo a Horo Horo, tú crees que no lo habrá llevado a tomar algo antes de venir.

—Seguro—afirmó molesta mientras se vestía—Todos los hombres siempre tienen excusas, aprende bien eso.

—Claro, Anna.

La felicidad era colectiva y lo sabía perfectamente. En ese preciso instante, Yoh era un rayo de sol, un hombre fascinante e increíble y por méritos propios. Él quería competir, quería estar rodeado de todo el circo de la Fórmula Uno, entonces debería de hacer frente a sus compromisos. Cierto, no tenía la más remota idea de qué estaba pensando, pero a eso había ido ahí. Shalona y Jun, ya estaban molestas por su falta de compromiso con el evento de caridad, pese a que lo que menos quería era estar en una fiesta, era una de sus obligaciones ya que estaba en Suzuka.

Entonces lo vio aparecer. Dos horas después de terminada la competición y al menos su aspecto lucía mucho mejor, diferente al fatigado y radiante hombre que salía del monoplaza. Estaba perfectamente ataviado con un traje negro, tan imponente como lo hacía su hermano mayor. Yoh miró de reojo a Damuko, quien entendió al instante el mensaje de privacidad.

—¿Armani? —cuestionó la rubia.

—Kiton—le corrigió al instante—No quería que el próximo evento al que asistiéramos me criticaran por vestir mal a tu lado.

—Claro…—contestó mirándolo con fijeza.

Era difícil ignorar aquel brillo en su mirada.

—Anna, yo….

Alzó la mano y eso fue suficiente para hacerlo callar.

—No. Quiero entenderlo. Te vas, me aseguras que todo está bien. Después no sé nada de ti. Hablo con Tokageroh, él no entiende por qué has cortado comunicación conmigo, él te ve bien y dice que todo va perfecto. Miente. No regresas a tu empresa, dejas que Amidamaru haga el resto de los compromisos que tú y yo íbamos a cumplir en tres días, habíamos hecho una agenda previa, antes de que tomaras el avión, Yoh. Ahora, vengo aquí, a pesar de que yo tenía un compromiso ineludible. Y estoy aquí, apoyándote, tratando de que cumplas tus sueños. Y claro, no puedo olvidar mencionar a tu amante de ocasión. ¿Omití algo, Asakura?

—No, nada.

—¿Y? ¿Eso es todo lo que vas a decir?

—¿Quieres una disculpa? —cuestionó con un suspiro—Una disculpa no es suficiente y hay cosas de las que no me arrepiento.

Simplemente no daba crédito al nivel de desfachatez que tenía.

—¿En serio? Entonces dime, ¿de qué no te arrepientes?

No quería ser tan obvia y mencionarla a ella en primer plano, no cuando había millones de cosas más importantes.

—Pues… no me arrepiento de no haber regresado. Tú sabes por qué. Además, estuve en constante comunicación con Amidamaru e incluso con Manta, nunca descuidé la empresa, tampoco a ti—comenzó con firmeza—Aunque sí hubo un momento que me desaparecí, nunca relegué mis obligaciones. Envíe un regalo al Gobernador y a las personas que no pude ver en la semana, les aseguré que tenía una misión importante aquí.

El hecho en sí le lastimaba. Especialmente por verse relegada a un segundo plano.

—No me arrepiento del espacio que marqué—reafirmó con una sonrisa triste—Y supongo que Hao y tú habrán tenido sus momentos de privacidad para hablar de ello.

Si esperaba una reacción que delatara más, estaba equivocado, sabía del porqué de la ligera insinuación.

—Huiste.

—No. Sólo no estaba pensando con claridad. Prueba de ello es la clasificación de ayer, eché a perder el trabajo de toda una semana del equipo y sólo porque estaba enojado—dijo con solemnidad—Sé que no es una excusa válida para ti, y que no en todas las ocasiones voy a poder hacer lo mismo, lo sé perfectamente. Sólo que la ocasión lo ameritaba. Tenía demasiados sentimientos reprimidos desde hacía tantos años, no quería que tú fueras receptor de todos mis demonios. Y sí, en adelante, te tendré la confianza para que tú estés a mi lado, aun cuando me esté consumiendo en furia. Pero te aseguro, será diferente, porque he aceptado esta parte de mí.

Suspiró. No podía rebatirlo tan fácil, qué bendito mal tenía para tener las palabras precisas con ella.

—Me ignoraste—continuó.

—No quería hablar contigo, y no hubiese servido de nada sino encontraba por mi propia mano mi camino—respondió con cierta pesadez—Para qué confundirte entre tu persona favorita y yo. Y no te molestes en negarlo, si lo hubieses sabido por mí, aun así, lo hubieses ido a ver.

—¡Qué maldito sentimiento de posesión tienen ustedes!

—El mismo que tienes tú—dijo con una pequeña sonrisa, apaciguando su enfado—Y… respecto a Jeanne, es amiga de… alguien. Es mi admiradora. Ella tenía ganas de conocerme. Así que la cena de la que te habló Tokageroh fue ésa ocasión. Después la invité a algunos eventos de la escudería, hubo fotos, lo cual explica el revuelo de algunos medios rosas. Hasta que un día me invitó a cenar. Preparó la cena y convivimos un rato…

Oírlo de su boca era doloroso, mucho más de lo que hubiese imaginado.

—¿Y?...

—Esa es la segunda cosa que no me arrepiento—dijo con firmeza—Desde que la conocí, me quedé prendado de ella. Es linda, amable, segura de sus sentimientos, inteligente y muy madura. No pude evitar besarme con ella.

Ni siquiera quería saber si aquello había llegado a más, con eso tenía y le bastaba para imaginar cosas aún más afectivas.

—Vaya ella suena perfecta para ti—pronunció apenas conteniéndose—Qué mal, yo escogiendo a Tamao, y la chica perfecta para ti estaba aquí.

—Sí, así es—asintió acercándose a ella—Es la chica que siempre soñé.

Pensaba tocar su mano, pero se retiró casi en inmediato cuando buscó en la habitación algo que le permitiera ocultar el dolor en sus ojos. No podía mirarlo más de frente.

—Tan cursi como siempre, Yoh—dijo con ironía, tratando de observar el cuadro en la sala—Si quieres el divorcio, está bien, estamos por cumplir el año y creo que eso es lo que acordamos.

Se sentó y esperaba por su bien que dijera una cosa aún más profunda respecto a la chica que tanto le gustaba, pero el silencio estaba prologándose demasiado. Tenía un nudo en la garganta.

—¿Y Hao? ¿Cómo está?

—Bien, está asimilando las cosas—respondió serena—Tendrás que darle tiempo, no es tan rápido como tú para sanar.

—Oh…—mencionó sentándose a su lado y tomando su mano con ternura—Pero me imagino que el amor es una fuerza de motivación tan grande, que no importa cómo, puede sanar las heridas con rapidez. Con tu amor, yo sé que él será inmensamente feliz.

Entonces, no se limitó y sus lágrimas comenzaron a viajar por sus mejillas, no sin antes pegarle una fuerte bofetada, que incluso su mano ardía en rojo imposible de ocultar. Pero lo merecía, totalmente. Se levantó y con esa integridad, fue hacia su habitación. Fausto tenía razón en tantas cosas, a excepción de una sola, a él no le importaba lastimarla en lo absoluto.

Apenas entró, sacó una maleta y comenzó a guardar las cosas del tocador. Qué importaba si él estaba del otro lado de la habitación, ella no quería, ni permitiría que él estuviese ahí un minutos más.

—¡Idiota! —exclamó llorando sin ningún disimulo, hasta sentarse en la cama.

Su respiración no podía agitarse más. No podría ni siquiera respirar. Era exactamente la misma sensación de impotencia y no sabía bien del porqué. No hasta que sus brazos la rodearon por detrás. Mil veces lo maldecía por ser el único que la alterara de aquella manera y el único que podía calmarla con algo tan simple. Y aunque lo odiara en ese preciso momento, giró su cuerpo y lo abrazó con un verdadero ahínco, sollozando en su pecho.

—Eres un idiota.

—Lo sé—pronunció conmovido—Perdona, aun no controlo bien mis celos.

—¿Cuáles celos?

—Éstos—dijo colocando una mano en su pecho—No quería lastimarte, usualmente no reaccionas de esa manera, siempre me dices tranquilamente que estás conmigo.

No era un idiota, era un reverendo imbécil. Mordió sus labios, tratando de acallar sus palabras de odio hacia él.

—Además, no terminamos de conversar—susurró a su oído—Hay otra cosa de la que no me arrepiento.

—¿Haber tenido sexo con ella? ¿Haberla embarazado?

Eran preguntas demasiado vivaces, algunas que ni siquiera tenían lógica, sin embargo, fue cuidadoso al limpiar las lágrimas de su rostro.

—No… No me arrepiento de haberme casado contigo—confesó encantado por las reacciones en su rostro de confusión—Anna…

—¿Acabas de decir que conociste a la mujer de tu vida y me dices esa tontería?

Suspiró con paciencia. Maldito genio el de Kyoyama, tan intempestivo como siempre.

—¿Me permites? —cuestionó amable—Ella cumple con toda la lista de bellas cualidades y hasta en el carácter, es linda. Los detalles que tuvo conmigo, realmente se lo agradezco. Pero…ya no soy un adolescente, ni tengo una utopía de la mujer perfecta. Amor… aunque no seas la mujer que soñé, eres el amor de mi vida.

Era una mezcla entre el encanto y la ternura, ver sus ojos color miel inundados de lágrimas y una pequeña sonrisa en su rostro no tenía precio.

—¿Por qué?...

—¿Por qué? —cuestionó con suavidad cuando apoyó su frente a la suya—Porque cuando llegaste a mi vida, tú… me ayudaste a creer. Desde el principio, hasta el día de hoy, cada vez que estás conmigo me haces sentir seguro, que puedo hacerlo todo. A tu lado no siento miedo, me siento lleno y completo. Haces que desee pasar, cada minuto, cada maldito segundo a tu lado. Tú cubriste mi vida de amor, de un amor sincero. Y eso, amor, eso no quiero cambiarlo por nada en el mundo.

Cubrió su boca un segundo, tratando de acallar su llanto. Se habían dicho cosas lindas en el pasado, no sabía cuál era la diferencia, pero lo sentía con fuerza latiendo en su corazón, especialmente cuando acunaba entre sus manos el rostro del castaño y besaba con suavidad la punta de su nariz para mirarlo directamente a los ojos.

—Te amo, Yoh—dijo con verdadero fervor—Te amo tanto, que no sé qué más decirte, sólo… que no quiero perderte.


Continuará…

N/A: ¡Saludos! Después de tanto pude concluir este capítulo. Mis acostumbradas disculpas, cuando me inspiro, me inspiro, es el más largo que alguna vez he escrito, más de 120 hojas. Y fue un capítulo complicado, tanto por su extensión como por el contenido del mismo, hasta decir basta. En éste básicamente me di vuelta con la transición de Yoh, leí menor grado algunos pasajes de manga, porque si bien la personalidad de él es relajada y amigable, su lado más oscuro es demasiado implosivo, tome algunas cosas del modo real cómo sería el personaje y bueno, creo que me siento satisfecha del resultado. Siento que había que darle el perfecto equilibrio para hacer que el personaje recuperara la senda perdida.

Respecto a sus comentarios, me encanta leer que esta historia les provoque algo y les guste tanto. Para mí es un placer escribirles y traerles un nuevo capítulo. La transición de Hao fue muy paulatina, pero aquí con Yoh tenía que ser algo rápido, no es un personaje que pueda quedarse estático demasiado tiempo. El bebé que tanto mencionan…pregúntenle a Anna si tendría tiempo para cuidar un bebé. Hay nuevos personajes y más problemas, viene Marion y un suceso que cambiará todo.

Y bueno, no me puedo despedir sin agradecerle su apoyo a DjPuMa13g. Mis dudas, mis confusiones, creo que me las traspasaron o yo las traspasé a los personajes, no sé, pero tu punto de vista me ayudó a clarificar demasiados aspectos que por no querer ser imparcial no pude definir. Muchas gracias, por tu paciencia. Así que me despido, no quiero hacerles más larga la despedida.

Agradecimientos especiales: Mary, tsubasamikel, ChoMi-ChoMi,anneyk, Adrii Kyouyama, Martha Arancibia, Shiji, maxuel95, Ainesita, DjPuMa13g y Alejandro Asakura.

¡Ciao!