Quiero agradecer a mi Beta Reader, Ginette, por corregirme siempre y ayudarme a mejorar en mi trabajo. Gracias, linda, creo que te debo bastante. Además quiero agradecerles a ustedes porque me han esperado pacientemente a la próxima actualización, hare todo lo posible por dejarles el capitulo 21 muy pronto n_n


Muñequita

Capitulo 20

"Un pedacito de vida, un pedacito de conciencia"

Narrador POV

La doctora Hale llegaba al hospital de Port Ángeles. Su antiguo compañero de universidad con quien había tenido más que un simple compañerismo, la había telefoneado esa mañana para avisarle que una paciente necesitaba ser transferida a su clínica psiquiátrica lo antes posible y que era necesario que ella misma valorara a tal paciente para comenzar con los trámites.

"Es una excusa, solo quiere verme de nuevo" pensó la doctora mientras atravesaba las puertas de cristal del hospital. Hacia bastantes años que no veía a ese viejo "amigo" y se preguntaba si seguiría siendo el mismo que recordaba de sus tiempos de estudiante. Regordete, con lentes de botella y frenos. Aunque debía confesar que esa misma curiosidad era la que la había orillado a aceptar la invitación a visitar Port Ángeles.

En el momento justo en que ella atravesaba el camino hacia el mostrador de informes para avisar de su llegada, Emmett Cullen se encontraba en la sala de espera para poder ir a ver su hermano que aún continuaba en cama después del "incidente". El chico no supo diferenciar si fue el escultural cuerpo de aquella mujer, la gracia con la que se movía o la compasión que logro atisbar en su mirada cuando estas se cruzaron; lo que hizo que su corazón se acelerara a tal punto que le doliera el pecho.

"Es muy guapa, por supuesto ¿Trabajara aquí?" se preguntaba mientras no apartaba la vista de la recién llegada. Para él aquella mujer era un completo enigma, con el cuerpo de una diosa y la compasión en la mirada como la de un ángel.

—Doctora Hale, la estábamos esperando —le saludo amablemente la recepcionista— pase por favor, el doctor la espera en la habitación cinco con la paciente.

Rosalie sólo le dedico una ancha sonrisa y se dirigió a la habitación que le habían indicado, no sin antes darle una última mirada al chico de la silla de ruedas que a primera vista le había parecido sumamente atractivo; pero se topo con que él la observaba y con las mejillas sonrosadas por la vergüenza, aparto la vista y se limito a atravesar el pasillo.

Dentro de la habitación se encontraba Edward Cullen postrado en cama con aire de aburrimiento, tal que parecía estar contando los mosaicos de la pared.

— ¡Rosalie! —saludo amablemente el doctor en cuanto la vio entrar— pero vaya, si que has cambiado.

Rosalie levanto una ceja evaluando el radical cambio que había dado su antiguo compañero. Había dejado de lado los anteojos de botella y los había sustituido por un par de lentes de contacto, el cabello rubio ahora le brillaba con la tenue luz que se filtraba por la ventana y parecía haber logrado dominarlo, en su rostro no quedaba rastro alguno de acné y era más que obvio que la ortodoncia había hecho magia con esa sonrisa que ahora le dedicaba.

— ¡Lo mismo digo, Jasper! —exclamó ella sonriente.

—Ven, la paciente esta por aquí —le susurró corriendo tenuemente la cortina.

Rosalie se repitió a si misma que estaba ahí primero que nada para evaluar a una posible paciente así que de inmediato se metió en su rol de doctora y caminó sin vacilación hasta llegar al otro lado de la habitación. Se sorprendió al ver a la chica de la cama atada de la barandilla de pies y brazos, y aunque sus ojos estaban abiertos era más que obvio que su mente volaba muy lejos de los muros del hospital.

—Hola, Isabella —dijo el doctor acercándose a tomar el expediente que colgaba de la cabecera de la cama — ¿Cómo te encuentras?

Isabella se limito a enfocar su vista en él para después suspirar y fijar su vista nuevamente, ubicandola en el rincón más lejano de la habitación, mordió su labio inferior y frunció el ceño pero de su boca no salió ni una sola palabra.

—Veo que no quiere hablar conmigo, señorita —hizo una pausa, aún con la esperanza de recibir una respuesta pero esta le fue negada —tal vez mi colega pueda ayudarle.

El doctor vio de reojo a Rosalie, pidiendo su ayuda así que esta se puso en acción de inmediato. Se acerco un poco a la cama de Isabella y sonriente comenzó su discurso.

—Hola, Isabella. Mi nombre es Rosalie Hale y soy la directora de una clínica que esta muy cerca de aquí donde contamos con los elementos necesarios para tratar a personas con tus mismos problemas.

"Con mis mismos problemas" se repitió mentalmente Isabella mientras acentuaba el ceño fruncido, entonces comprendió y se digno a ver a la doctora Hale que aún no perdía la sonrisa. Era una mujer de estatura promedio con el cabello largo, lacio y rubio hasta la cintura y la piel ligeramente bronceada, ojos en un tono muy claro del azul del cielo y largas pestañas rubias.

Rosalie se sorprendió al ver que Isabella se dignaba a verla, pero su sorpresa aumento al ver como la mirada de la paciente comenzaba a cargarse con un odio inexplicable.

— ¡Yo no estoy loca! —Gritó Isabella luchando por liberarse de sus ataduras mientras su mirada se iba perdiendo poco a poco — ¿No entienden que yo no necesito ayuda? ¡Yo sólo quiero ir tras él!

Jasper pareció alarmarse y comenzó a llamar a la enfermera pero Rosalie lo frenó y se acerco un poco más a Isabella.

— ¿Ir tras quiín, Isabella? —preguntó Rose.

Bella volvió a fijar su mirada en ella, las lágrimas comenzaban a amontonarse alrededor de sus ojos achocolatados. Rosalie logró percibir la desesperación en su mirada, como si él aire le faltara y su vida se hubiese ido con la partida de aquella persona.

—Él lo mató —susurró —le rogué que lo dejara, le suplique que me castigara a mí, pero él no quiso y lo mató... Yo quiero morir, ¡Quiero morir para ir con él! —Su voz iba en aumento mientras sujetaba su cabeza con ambas manos y las lagrimas corrían por sus mejillas — ¡Quiero morir!, ¡Quiero morir! —repetía incesantemente.

— ¿Por qué Isabella?, ¿Quién mató a quién?, ¿Tras quién quieres ir? —preguntó Rosalie, insistente.

— ¡No se, no se! —Gritó Isabella sin dejar de llorar —Si te digo te matara a ti también.

Rose compartió una mirada con su colega y después asintió para indicarle que podía hacerse cargo, Jasper tomo una jeringa del cajón, que ahora estaba bajo llave, y le inyecto un calmante directo al brazo a la paciente. Bella dejo de sujetar su cabeza y en poco rato se desplomo completamente en la cama y durmió profundamente.

—Esta bastante perturbada —comentó Rosalie.

—Por eso necesitaba que la vieras, que la valoraras y decidieras si es apta para ingresar a tu clínica de manera urgente.

—Ella esta mas que calificada, y te agradecería que pidieras la autorización de los familiares lo mas pronto posible para trasladarla a mi clínica esta misma tarde.

El doctor asintió y le cedió el paso a la Rose para que salieran de la habitación pero su mirada se engancho con la de su otro paciente, Edward Cullen, el famoso escritor novelista que no recordaba absolutamente nada de su pasado.

— ¿Ella estará bien? La escuche gritar —susurró Edward bastante preocupado.

—Ella será transferida a una clínica mental esta tarde si obtenemos la autorización de sus familiares —contesto Rosalie.

— ¿Esta loca?

—No, pero si bastante perturbada y nos preocupa su salud tanto física como mental.

— ¿A qué clínica la transferirán? —la curiosidad fue percibible en la voz de Edward, ambos doctores compartieron una mirada y finalmente Rosalie negó con la cabeza.

—Lo siento, esa información sólo se compartirá con los familiares —respondió el doctor.

Edward hizo un puchero y frunció el ceño, aunque sólo recibió una sonrisa por parte de Rosalie.

—Entonces nece…

No le fue posible terminar la oración. Un punzante dolor atacó su cabeza, centrándose en las sienes y haciéndole ver todo doble, absolutamente todo a su alrededor comenzó a moverse como si hubiera dado tres vueltas seguidas en la montaña rusa, su estomago se retorció y entonces no pudiendo mas con el dolor profirió un fuerte grito.

— ¡Llama a la enfermera! —le grito Jasper a Rosalie mientras se movía conforme a la cama de Edward.

—Edward… Edward ¿Me escuchas?

El aludido deseaba contestar, reaccionar de alguna manera pero le era imposible controlarse, el dolor en su cabeza fue extendiéndose rápidamente haciendo que su cuerpo entero se convulsionara, la temperatura de su cuerpo fue en aumento y una fina capa de sudor apareció en su frente. En su campo de visión aparecieron el rostro de varias enfermeras, a lo lejos fue capaz de percibir el sonido de la maquina que media su presión y los latidos del corazón, escucho también su nombre varias veces pero no fue capaz de percibir una oración completa; era como si tuviera una mala recepción de una llamada telefónica. Las convulsiones se volvieron mas fuertes mientras las enfermeras y el doctor trabajaban; y el dolor en su cabeza fue en aumento, convirtiéndose en una quemazón insoportable, sentía como si alguien le hubiese prendido fuego a su cabeza y aunque trataba de apagarlo éste parecía ir aumentando conforme pasaba el tiempo… entonces, junto al dolor llegaron los recuerdos.