Gratitud
—¿Quieres venir o no?
Lena continuaba observándola desde lo bajo, todavía sin ser capaz de devolver su labio inferior al superior.
—¿E-Es en serio? —preguntó finalmente en un hilo de voz. Widow, que seguía acorralándola, asintió con lentitud y sin decir palabra alguna.
Tracer sentía como su estómago se revolvía, ansioso, amenazando con explotar de la emoción. Pocas palabras podrían explicar la felicidad que la irrumpía por tal tentadora invitación. Pero más que por esa invitación, por su actitud; su cambiante pero perfecta actitud.
Comenzó a esbozar una sonrisa de oreja a oreja y se puso de pie de un salto. Widowmaker se corrió hacia atrás justo a tiempo; por poco y la cabeza de la heroína terminaba estrellada con la suya. Sabía que no era una buena idea, después de todo… Tracer era una cabeza dura, en todos los sentidos posibles.
Ésta última agarró sus manos entre las suyas, dando pequeños saltitos —¡Claro que quiero ir!
Widow desvió la mirada sintiéndose un poquito intimidada por su radiante expresión —No te ilusiones, fille. Solo vendrás a conocerlo.
Lena asintió una y otra vez —¡Claro! ¡Solo a conocerlo!
Su némesis suspiró y se soltó —No entiendo porqué te entusiasmas tanto, siquiera creo que sea de tu agrado.
—¿Tu casa?
Asintió.
—¿Por qué lo dices?
Widowmaker le dio la espalda y empezó a caminar por su hogar sin un rumbo seguro —No es de tu estilo. Es un poco… rústico —atinó a decir, mientras detallaba como el gato parecía bastante entretenido con una pelotita que le había dado su nueva dueña en algún momento que pasó desapercibido—. Además, no voy seguido. Es posible que esté muy sucio.
Tracer atrapó sus hombros por detrás y le dio un leve apretón —¡Yo lo limpiaré a la velocidad de la luz!
Tal comentario provocó que girara el rostro con la comisura elevada —Eso será interesante de ver. Me vendría bien, es posible que las arañas se hayan apropiado de mi casa.
—¡Me gustan las arañas!
El labio inferior de Widow perdió fuerza y se desprendió. Poco tardó en sellarlo otra vez y esbozar una confiada sonrisa.
—Hm, ahora todo tiene sentido. —contestó.
Lena volvió a asentir, hiperactiva. Amélie notó como su pequeño cuerpo se encontraba tenso, por no decir emocionado, al igual que su semblante; tenso pero iluminado. Parecía estar conteniendo algo.
Algo que no se privó de estallar.
—¡No puedo creerlo! —exclamó, cerrando los ojos con una gran sonrisa y presionando los puños— ¡Conoceré tu casa! —finalizó casi en un alarido, y como si necesitara aliviar la emoción que sentía, empezó a desplazarse en diagonales direcciones por su hogar gracias al acelerador— ¡Esto es una maldita locura!
Tanto Widow como el gato siguieron su recorrido con la mirada. Una estática en el lugar, y el otro tratando de perseguirla, juguetón.
—Cálmate.
—¡No puedo! —dijo, agarrando al gatito en el acto y dándo vueltas con él. Éste maulló con cierta disconformidad.
—De verdad… lo matarás.
Y me matarás a mí… ¿Por qué tienes que ser tan transparente, chérie? ¿Todavía no sabes lo que eso me genera?
Amélie volvió a suspirar. Se preguntó cuántas veces lo había hecho en ese día, pero más si lo que había propuesto era correcto. Le salió tan natural esa invitación que apenas tuvo tiempo de procesarla. Habló sin pensar por primera vez en su vida.
Aún así, una parte de ella le decía que sí, que en efecto era lo correcto. Sin embargo, la otra parte, que se encontraba en su pecho alterada y aprisionada; no dejándola respirar con normalidad, le pesaba. Le pesaba de tal manera que éste no fue suficiente para contener la fuerte ansiedad que percibía y tal sofocante sensación, buscando otro refugio, decidió subir hasta su garganta, endureciéndola.
Estaba nerviosa, sí, y por varios motivos; no podía negárselo a sí misma. Pero al menos podía ocultarlo a la patosa chica frente a ella. Su orgullo estaba en juego.
Puso una mano en su cadera y alzó una altanera ceja —¿Estás segura de esto? —cuestionó, deteniendo en seco a Tracer, que aterrizó de golpe y pestañeó en el lugar. La miró con curiosidad.
—¿Por qué lo preguntas?
Widow, recomponiéndose, sonrió de lado con cierta travesura y se acercó a ella. Sujetó su rostro y aproximó los labios unos significativos centímetros.
—Porque solo estaremos tú y yo. —musitó.
Lena tragó saliva. Le parecía un milagro que todavía pudiera drenarse —¿Y qué tiene de malo?
—Oh… petite —Deslizó las yemas por su mejilla— ¿De verdad me lo estás preguntando? ¿No lo sabes?
Tracer rascó su cachete, considerablemente nerviosa por su cercanía —Bueno… me hago una idea.
—¿Y…?
—Y… ¡Me gusta esa idea!
Widowmaker, conservando aquella confiada sonrisa, la contempló de arriba hacia abajo en silencio. Sí, estaba poniendo a prueba sus palabras y en especial su resistencia. Para su sorpresa, la heroína estaba superando la prueba de un maravilloso modo.
—Bien, estás avisada. —La liberó y volvió a virar los pasos, retomando su recorrido. No obstante, se detuvo como si hubiera recordado algo, y volteó el semblante hacia ella lentamente. Los pelos de Lena terminaron de punta al detallar su ahora, lasciva expresión—. Después no digas que no te lo advertí, chérie.
Sus dedos temblaron sobre el pelaje del gato. El cual le sirvió de excusa para que Amélie no notara su rojizo semblante, ya que atinó a agacharse y dejarlo en el suelo.
—Supongo que tu casa queda en Francia, ¿no? —preguntó, para posteriormente tomar una buena bocanada de aire, preparándose para continuar la conversación. Éste escaseaba en sus pulmones.
Widow la miró de soslayo —Oui. —contestó con normalidad, mientras derivaba los pasos hacia su habitación.
El alma de Lena decidió irse de viaje al ver como giraba la perilla.
—¡O-Oi!
Entró como si nada y pasó la visión de un lado a otro. Un placard llamó su atención. Se aproximó y lo abrió.
—¡Oi! —repitió, apresurándose a ella y captando como empezaba a sacar una buena cantidad de ropa y la tiraba hacia atrás sin mucha delicadeza; estas caían sobre la cama una por una— ¿Qué haces?
—Preparo tu bolso.
—¿Q-Qué? ¿Nos iremos ahora?
—En efecto, ¿te supone un problema? —Se agachó, quedando asentada con las rodillas flexionadas, y abrió un cajón; sus pupilas se iluminaron. Ropa interior en sus narices—. Tiens tiens… ¿Pero qué tenemos aquí? —Estiró con las yemas de ambas manos una prenda íntima, riendo por lo bajo—. Tus gustos no dejan de sorprenderme, petite. Tan especiales…
Tracer, roja hasta las orejas, le robó la prenda que de femenina, según Amélie, no tenía nada. Era un boxer bastante llamativo.
—¡Deja de revisar mis cosas!
Widowmaker viró el rostro hacia ella con una burlona expresión —Oh, vamos. ¿Vas a avergonzarte a esta altura? He visto mucho más que esto… —Se relamió los labios, aumentando su carmesí color.
—¡S-Solo no te metas con mis boxers!
—Son… peculiares. Llamaron mi atención.
—¡Huelo el sarcasmo a lo lejos! —Lena se cruzó de brazos y ladeó el semblante de costado —¡Lamento no usar una lencería tan erótica como la tuya!
Widow alzó una insinuante ceja —¿Yo? ¿Erótica? —Era innegable la ironía en su voz. Por supuesto que sabía que desprendía una sensualidad que en su "humilde" opinión, nadie podía resistir.
Lena asintió, sin dignarse a mirarla. En el mientras tanto, Amélie percibía como una calurosa energía comenzaba a dominarla. Esa conversación tenía un rumbo peligroso.
—¿Mi ropa interior te parece erótica, petite? —preguntó con una ronca tonalidad aún en la misma y gacha posición. Apoyó el codo en su rodilla con tranquilidad y la observó con los labios entreabiertos; una amenazante y pequeña sonrisa se asomaba entre ellos.
La heroína la miró de golpe, endurecida —Es que es… tan pequeña —carraspeó, tratando de centrarse— ¡No cambies el tema y deja de revisar mis cosas! ¡Yo armaré mi bolso!
Widowmaker volvió a reír en un murmullo y se puso de pie —Como quieras, pero date prisa.
—¿Por qué estás tan apurada?
Pasó a su lado y se sentó en la cama —Porque no quiero permanecer un minuto más en Inglaterra.
Tracer la contempló de soslayo, mientras sacaba un bolso del placard —¿Qué tiene de malo estar aquí?
No contestó, tan solo se dignó a cruzar las piernas y seguir con la visión como el gatito entraba por la puerta e intentaba treparse por su cama. Cosa que le estaba costando.
—El gato quiere subir.
—Súbelo. —respondió de espaldas a ella, acomodando el importante desorden que dejó en su placard.
—Non.
—¿Huh? ¿Por qué no?
—Solo yo puedo tocar esta cama. —Acarició el acolchado en una sugerente invitación— ¿Quieres venir?
Lena se dio la vuelta con una pausada lentitud. No tanto por la última parte de lo que dijo, sino por la primera.
—¿Disculpa? ¿Qué dijiste? —preguntó, pasando por alto tal indecorosa invitación.
—Eso. Solo yo puedo tocarla.
Su cara no expresaba nada, para variar. Pero sus palabras eran suficientes para hacerle entender lo que quería decir. Una pequeña gota de sudor empezó a recorrer su pecosa frente. Amélie definitivamente no fue la única que tocó esa cama, pero esa verdad moriría con ella. Porque si llegaba a confesarlo, justamente moriría antes de tiempo.
No podía creer que fuese tan posesiva. Todavía trataba de acostumbrarse, de procesarlo. Pero preguntarse a esta altura con quién se había metido no tenía sentido.
Continuó observándola, estupefacta. Widow le mantenía la mirada, firme.
Realmente… no lo tenía.
Bufó con resignación, agarró al gato y lo puso en su cama. Acarició su cabeza, sonriente.
—Veo que todavía eres muy pequeño para saltar tan alto. —dijo, ignorando por completo la disconforme mueca de su acompañante.
—¿Qué acabo de decir, petite?
—Que te llevarás bien con Roberto.
—Non, olvídalo.
—Lo harás.
—Pourquoi?
Se puso frente a ella y atrapó sus hombros —¡Porque ahora es parte de la familia!
Amélie negó con la cabeza —¿De qué merde de familia estás hablando?
—¡La nuestra!
—No —Derivó la vista al suelo con el entrecejo fruncido—… No me gusta esa palabra.
El pecho de Tracer se cerró por tal declaración.
Ya… Supongo que esto llevará tiempo.
—Como sea, déjalo ahí. Llegas a hacerle algo y no te lo perdonaré. —Le dio la espalda de nuevo y se dispuso a meter la ropa en el bolso.
Widowmaker posó la mirada en el gato, que se encontraba mordiendo el acolchado. Cayó de costado, juguetón, y con sus patas delanteras agarró parte de éste y con las traseras comenzó a patearlo reiteradas veces. Sus ojos se ampliaron al divisar tal incoherente y gracioso comportamiento.
—¿Qué le pasa? —cuestionó.
Tracer lo miró de reojo y rió —Está jugando.
Amélie le mantuvo la mirada al animal. Mirada que no tardó en estrecharse y volverse sombría al recordar su primer encuentro con él.
—Traté de matarlo.
Lena se detuvo en seco y volvió a virarse hacia ella con una playera en la mano—¿Por qué harías eso?
Widow clavó la atención en esa prenda. Algo en ella no cuadraba, cierto perfume no reconocido se desprendía de ésta. En un manotazo se la robó.
—¡Oi!
La llevó hasta su rostro y obviando a su ahora, paralizada acompañante, la olió. Su ceño no tardó en fruncirse de nuevo.
—No tiene tu olor.
—¿H-Huh?
Penetró una peligrosa mirada en ella —¿De quién es?
Tracer se estremeció de pies a cabeza —De Emily…
Apenas pronunció ese nombre a ambas las drenaron memorias que la verdad no deseaban recordar. Amélie bufó y la tiró sobre la cama con desprecio. Lena, en silencio y con cierta precaución, la sujetó y la devolvió al placard.
—¿Cómo está ella? —preguntó con los ojos clavados en el suelo y sin mover un solo músculo del cuerpo. Un vacío ahora los caracterizaba. Esa era la mirada, o mejor dicho, la «no mirada» de una mujer que momentáneamente se había desconectado de las escasas emociones que poseía.
Aquella cuestión tomó desprevenida a Lena. Era impensable que preguntara por su bienestar cuando ella misma ocasionó que terminara en el hospital al borde la muerte. Aunque claramente su voz sonó desinteresada al cuestionarlo; diría que casi forzada.
—… Se recuperó, por suerte.
—Ya veo.
Otro silencio que solo indicaba que la conversación no estaba tomando un buen camino.
—¿Te arrepientes? —Se animó a cuestionar, sin contemplarla.
Widow tardó en contestar —¿Quieres la verdad?
La heroína bajó la cabeza, pensante —No…
—Entonces no diré nada.
Eso dijo, por ende, sus labios no modularon palabra alguna. No obstante, sus pensamientos sí que respondieron esa maldita pregunta.
Por supuesto que no me arrepiento. De lo único que me arrepiento es de no haberla matado.
Pensó, y sus ojos no tardaron en oscurecerse. Odiaba haber fallado.
Tracer tomó de nuevo la playera y aferró con fuerza los dedos en la tela. No quería pensar en esa pasada situación, quería rescatar el lado positivo de ésta. Y ese era que Widowmaker, a pesar de estar siendo manipulada en ese momento, no pudo matarla porque internamente sabía que eso la dañaría. Realmente… quería rescatar aquello.
Cuando despertó y se encontró con la amarga sorpresa de que Amélie se había ido, Emily le preguntó qué había sucedido. Le contó toda la verdad; le dijo que seguía enamorada de la misma persona que le disparó; le pidió disculpas de rodillas, argumentando que no podía evitar lo que sentía y entendiendo que si ella no quería seguir a su lado lo aceptaría. Su amiga de la infancia, comprensiva en demasía, aceptó sus disculpas y le aseguró que seguiría de su parte.
No lograba comprender su amabilidad, era incoherente que la perdonara. Ella misma no creía que algo así podría ser perdonado. El sentimiento de culpabilidad que sentía para con ella era casi insoportable.
Largó un pesado suspiro y devolvió por segunda vez la playera al placard. Tenía que cambiar de tema. El tenso ambiente no era de su agrado. Pero antes de eso necesitaba saciar una duda.
—¿Por qué trataste de matar a Roberto?
Widowmaker espió de reojo al nombrado —Había otro gato con él; estaba muerto.
Los párpados de Lena descendieron. Esa escasa respuesta le hizo entender al instante porqué trató de asesinarlo. A esta altura comprendía a la perfección su mentalidad. Demasiado tiempo… Demasiadas experiencias juntas.
—Así que es huérfano… tal como yo —Widow la miró de golpe, mientras Tracer acariciaba su peluda pancita, generando que estirara las patas delanteras hacia adelante—. No te preocupes amiguito, te cuidaremos bien.
Sus pálidas manos se plegaron contra el acolchado —Lo cuidarás, mejor dicho.
—Sí… lo cuidaré.
Algo en esa conversación estaba revolviendo la mente de su némesis; sensación que no le gustaba para nada. Percibía su cabeza pesada, llena. Como si de pronto se hubiese drenado de una importante cantidad de energía y ésta hubiera decidido quedar almacenada solo allí, esperando por hacerla explotar. El cariñoso panorama que estaba presenciando no aportaba. Se levantó con brusquedad, sobresaltándolos a ambos, y salió de la habitación en búsqueda de aclararla.
—Date prisa.
Tracer la observó en silencio y con una seria expresión.
Unos minutos después Lena había terminado el bolso y hecho las llamadas necesarias para avisar a dónde se dirigía y con quién. Se ganó unos cuantos gritos de parte de Angela; pero no fueron los únicos, de fondo se escuchaban los de Pharah. En ese momento cortó la llamada. No tenía sentido explicarle a la rígida Fareeha lo acontecido, Mercy se encargaría de ello… cuando se calmara, claro está.
Salió de la habitación y se encontró con Widow de espaldas observando por la ventana algo que intuyó que mucha importancia no tenía. Simplemente estaba perdida en sus pensamientos, y tal imagen le generó una sensación de melancolía. Se achicó en el lugar, detallando esa oscura araña tatuada en su piel. Tenía que mutar con urgencia el pesado ambiente que generó minutos atrás.
—¡Ah, por fin vacaciones! ¡Hace mucho que no me tomo unas! —exclamó, acercándose—. Francia está solo a dos horas de aquí en tren, pero con un avión llegaremos en menos tiempo.
Widowmaker se giró hacia ella con lentitud. Algo en sus ojos se había apagado, hecho que la carcomió por dentro.
—¿Qué avión, petite? Ya no trabajo para Talon, no tengo más esos equipamientos —dijo con una cansada tonada, posando la mirada en el suelo—. Solo tengo mis armas y todo lo necesario para matar.
Matar…
Esa palabra quedó resonando en la mente de Lena, incomodándola.
No, ya no necesitas matar más.
Le sonrió de oreja a oreja, desconcertándola —Yo tengo una avioneta. Te dije que era aviadora, ¿recuerdas?
—Hm… —Puso un dedo en su mentón, sonriendo de soslayo— ¿Me sacarás a pasear?
Tracer amplió aquel radiante gesto —¡Oui!
Amélie rió en un murmullo ante tan mala pronunciación —Oh, chérie… —empezó a decir, acortando la distancia. Rodeó con sus largos brazos la parte baja de su cintura y la apegó a su cuerpo—. Cada día me sorprendes más.
Y a Lena cada día le sorprendía menos su bipolar personalidad. Estaba tan acostumbrada a ella que en su mente creía que sería extraño si no se mostrara así.
Algo tensa por su tacto, levantó el mentón con orgullo —¡Lo sé! ¡Soy una caja de sorpresas!
—Una deliciosa caja de sorpresas —musitó sobre su aliento, reforzando el agarre—. Una que deseo explorar…
Sus pecosas mejillas se tornaron rojizas —E-Eso tendrá que esperar. Tenemos que ir al cuartel de Winston.
Widowmaker sofocó un asombrado sonido y se alejó —¿A lo del simio? ¿Por qué?
—Porque él tiene mi avión. —dijo, consiguiendo que su némesis arrugara las comisuras de los labios— ¡Ja, ja! ¡Tranquila! Él sabe todo nuestro historial. Y cuando digo todo… es todo.
Esa explicación no la tranquilizó para nada. En especial porque sus instintos le decían que apenas lo viese querría matarlo. Si mal no recordaba, la última vez que vio al inteligente mono, éste la amenazó con matarla, por ende, tenía que corresponderle de igual forma.
—Ese maldito…
—¡Oi! —Clavó un dedo en su pecho— ¡Ni se te ocurra decirle así! ¡Es mi amigo!
—Uno que quiero eliminar.
Tracer le mantuvo la mirada, desafiante —Widow, te lo advierto. Le pones una mano encima y no te lo perdonaré.
—Ja —Puso la mano en su cadera, altanera—, cómo si me importara.
—Te importa, no mientas.
Dándole la razón a la pequeña, su corazón sin aviso alguno latió con tanta prisa que la congeló. Desvió los ojos y selló el habla. ¿Qué más podía decir? Ella tenía razón, no quería perderla y nada podía hacer contra esos molestos sentimientos que se infiltraban en su ya agotada mente.
Mejor dicho, ya no tenía ganas de luchar contra sí misma. Ya no tenía sentido.
—Mejor… te espero aquí. —atinó a decir, generando que Lena emanara una carcajada que no comprendió.
—Luv, no puedo estacionar un avión en medio de la calle —dijo, aún entre cortas risitas—. Deja de quejarte y vamos. Esto fue tu idea, báncatela.
Widow se refregó la sien, bufando, y le dio la espalda, para acto seguido agarrar su visor que yacía sobre la mesa de la computadora.
—Supongo que tienes un punto.
Se lo puso y automáticamente su mirada mutó por una inexpresiva; oscura, como si ese artefacto le recordara lo que solía ser no hace mucho… Una fría asesina. Extrañamente sentirse así la tranquilizó un poco. Tener esa coraza puesta la drenaba de una confianza que ahora parecía necesitar. Pero no podía engañarse; ella ya no trabajaba para nadie, no tenía ningún enemigo que eliminar. Nunca asesinó sin sentido, siempre tuvo un propósito, y ahí radicaba el problema; tal propósito ya no existía.
Cuál sería su propósito para existir ahora, su excusa. ¿Lena, quizás?
Tampoco existían las ganas de matar; nunca existieron, solo cumplía órdenes. Pero no podía negar que cada vez que eliminaba con una impresionante perfección a un objetivo se sentía placenteramente orgullosa por eso.
Apretó los puños con rudeza.
No quería pensar en el futuro, porque tal cosa solo le generaba una molesta incertidumbre que no podía tolerar. Era un hecho que no sería para nada fácil acostumbrarse a su nueva vida. En su interior seguían intactos los atroces conocimientos que de una tortuosa forma aprendió. Todo… seguía intacto, excepto su corazón, que ya no dolía al palpitar de más. Y al no percibir dolor ahora era capaz de entender lo que esas palpitaciones significaban, y tal significado la aterrorizaba.
Su vida que creyó rutinaria y tranquila a pesar de ser una asesina, ahora de tranquila no tenía nada.
La culpable de ello habló.
—Luv.
Se sobresaltó al escucharla, pero no fue capaz de darse la vuelta. Su rostro en ese momento mostraba sin pudor alguno todas sus inseguridades.
Unas amables manos comenzaron a rodear su cintura por detrás y la impulsaron hacia un pequeño cuerpo. Abrió los ojos de par en par y su mandíbula se debilitó, decayendo.
—Entiendo que todo es muy confuso aún. Tranquila, no estás sola.
Un lado de su calculadora mente anheló estarlo; de esa forma la heroína no podría notar lo que la carcomía por dentro. Sin embargo, la realidad era otra. Ella lo notaba a la perfección, notaba todos sus cambios. Siempre lo hizo.
Siempre… fue su debilidad.
—¿La oferta sigue en pie? —Oyó de fondo una burlona tonada.
Widow atrapó esas pecosas manos y las detalló casi con adoración —¿Te refieres a llevarte a mi casa y violarte? Sí, sigue en pie.
Al terminar de decir esas palabras un tedioso escalofrío la recorrió, cerrando su pecho en consecuencia, y advirtiéndole que lo que dijo fue absolutamente incorrecto. Violar… No tenía que decir eso.
Ese día resultó ser un día de primeras veces; porque por primera vez quería golpearse a sí misma hasta noquearse. Quizá de ese modo podría callar a su garganta, que no paraba de decir cosas que no tenía que pronunciar.
Lena, para su alivio o tal vez maldición, solo se dedicó a reforzar el aprecio y contestar:
—Bien.
Widowmaker arrugó el entrecejo, mordiéndose el borde del labio.
No es justo… No es justo que no te enojes. Si lo hicieras, todo sería más fácil.
Se dio la vuelta y la miró de frente. Tracer le sonreía con cierta desolación. Pero aún así, ahí estaba, sonriéndole como siempre. Pasando por alto su propio dolor y apoyándola.
Algo en su interior se destruyó al contemplarla.
De verdad… no puedo cambiar.
Sus cejas se arquearon, angustiadas, y en un arranque extendió las manos y atrapó aquellos pequeños hombros; la impulsó hacia ella. Lena se estrelló contra su tibio pecho, anonadada.
—¿Luv?
Widow rodeó con los brazos su delgado cuerpo. Se agachó un poco y reposó el mentón en su hombro, para luego ladear el rostro y esconderlo entre sus cortos cabellos.
Tan cálida…
—Widow…
Ascendió un poco la nariz, provocando que sus sedosos mechones la acariciaran, y se hundió más en ella; un aroma embriagador la atacó.
—Hueles bien…
La heroína se sonrojó sobre su pecho, y deslizó las manos por su esbelta espalda —¿Estás bien, cielo?
No… No lo estoy. No mientras sigas ignorando todo lo que te hice.
—Oui.
Mintió. Mintió por su bien, porque no podría tolerar sacar de nuevo esa pecadora conversación. Aquellos recuerdos en los que sin piedad alguna la hizo suya a la fuerza; la golpeó, lastimó y por poco asesinó.
—No eras tú misma.
Se sobresaltó sobre su cuerpo. Creer que la mosquita leía sus pensamientos a esta altura era factible.
—Yo misma te hice mucho daño. Yo también… perdí el control —continuó, desarmándola—. Pero eso ya es cosa del pasado. Tiene que serlo, sino no podremos avanzar.
Amélie se desprendió con lentitud, cabizbaja. Lena la observó, apacible.
—¿Vamos? —murmuró, levantando su mentón— ¿No pensarás arrepentirte ahora, no? Desarmaste todo mi placard, no puedes irte así como si nada.
Eso consiguió que su comisura se elevara un poco —Irme… Yo… ya no tengo escapatoria.
—¿Huh?
Ascendió sus dorados ojos y la miró con profundidad —No puedo escapar de ti.
Tracer le sonrió, complacida —¡Bien dicho!
-/-
Para suerte de Amélie, el salir a las tres de la madrugada y no encontrarse a nadie en la calle fue ideal, por obvias razones. Su ropa destacaba demasiado; Lena saltando cual cachorrito exaltado a su lado más, y para variar su paciencia para con la muchedumbre era nula.
—Dijiste que lo del simio quedaba cerca de tu hogar.
—¡Y lo está!
—Vamos veinte cuadras caminando, chérie. Tu concepto de cerca está bastante mal.
—¡Solo quedan dos!
Widow bufó y miró su bolso de soslayo —Pareces traer un buen equipamiento ahí…
—Solo lo necesario.
—Hm… Espero que no estés planeando quedarte más tiempo del debido. —Elevó su comisura con arrogancia.
—¡Me quedaré hasta que tú me digas que me vaya!
Comisura que decayó de golpe, transformándose en una disconforme mueca.
Estúpida fille… Acorralándome diciendo eso…
—¡Ah! —Lena señaló al frente— ¡Es ahí! Aunque supongo que eso ya lo sabes. —bromeó.
—Ja, claro que lo sé. Tú lo dijiste hace un tiempo —Se detuvieron frente a una antigua puerta, que en realidad era la fachada de otra mucho más reforzada—. Vine aquí tantas veces para matarlo que perdí la cuenta.
Por no decir que esta puerta la tiré abajo la última vez…
Tracer giró el rostro hacia ella mientras apretaba uno de los botones del portero —¡Pero nunca pudiste! ¡Winston es inmortal!
—Para mi desgracia…
Una grave voz resonó en el portero, dándole a entender a ambas que eran bienvenidas. Bueno, tal vez solo Lena era bienvenida.
Ante la afirmación de su amigo, la heroína sacó las llaves de su casa (porque por supuesto que tenía una copia) y la metió en la cerradura. Abrió la puerta y el otro muro camuflado que se encontraba detrás atinó a abrirse también lentamente.
Amélie seguía sin poder creer que sus pies estaban en ese lugar por decisión propia, y que estaba a punto de encontrarse de una "pacífica forma" con un ex agente de Overwatch. Todo era demasiado nuevo para ella.
Por puro instinto comenzó a acomodar el gancho en su manga, a pesar de que ya estaba inmerso en ésta y no había necesidad de acomodarlo. No tener el rifle quizá fue una mala decisión de su parte.
Entraron, y luego de recorrer unos largos pasillos y traspasar otras pocas puertas, una más inmensa que Widowmaker derrumbó la última vez casi sin esfuerzo alguno, se abrió. Una gran espalda y una inmensa computadora frente a ellas las recibió. Winston se giró y sus pupilas brillaron al encontrarse con las de su compañera.
—¡Lena! —Corrió hacia ella con sus cuatro patas, acto que provocó que Tracer extendiera los brazos de forma juguetona, y la atrapó entre sus gigantes manos. La abrazó con tanta fuerza que Amélie juró que la iba a partir en dos— ¡Ha pasado tiempo!
—¡Sí que pasó, cariño! —Refregó su peluda cabeza, mientras Winston la descendía, disfrutando de las gratas caricias—. Perdóname por no visitarte seguido, estuve…
—No me digas "ocupada" porque no te creeré —dijo, alzando una divertida ceja. Sus ojos notaron de fondo una alta figura que no le agradó—. Tu avión está listo… —susurró con un transparente disgusto.
Tracer sonrió de lado con un grado de resignación y se acercó a su oído —No seas tan duro con ella.
El simio arrugó el entrecejo —Me costará acostumbrarme.
—Al menos tú tienes la intención…
—¿Huh?
Lena suspiró —Los demás… creo que jamás la aceptarán. Y ella no quiere que la acepten.
—¿Y Angela?
—Se odian o algo así.
—Oh… —Miró de nuevo a su enemiga, recibiendo en recompensa un dedo medio elevado y una socarrona expresión. Él la fulminó con la visión—. Puedo entender porqué no la quieren aceptar —Regresó los ojos a su compañera—. Lena, ¿estás segura de esto? Irte con ella es…
—¡Perfecto!
Winston bufó y finalmente la bajó. Conocía a la perfección a Tracer. Convencerla no formaba parte del plan porque claramente no iba a funcionar.
—¿Volverás?
—¡Claro!
—¿Cuándo?
—Hm… —Puso un dedo en su mentón y se volteó hacia Widowmaker—. Cielo, ¿cuándo piensas dejarme en libertad?
La nombrada ascendió su comisura, traviesa —Nunca.
Lena retornó el rostro hacia Winston y dejó caer los hombros —No sé con exactitud cuándo, pero te avisaré. Y estaré pendiente de mi comunicador —Se tornó seria—. Si algo sucede… Si hay problemas me llamas, ¿entendido?
El simio asintió, no muy convencido.
—¿Y bien? ¿Dónde está Jackeline? —preguntó con una entusiasmada sonrisa.
Jackeline, su querida avioneta. Sí, era un hecho que a la heroína le encantaba ponerle un nombre a todo.
El inteligente mono suspiró y caminó unos pasos hacia atrás; apretó un botón de la computadora. Una inmensa puerta que se encontraba delante de ellas comenzó a abrirse, dejando al descubierto su avión y una muy bien escondida pista de aterrizaje para que pudiera despegarlo.
—Ten cuidado. Hace mucho que no piloteas.
—¡Ja! —exclamó, haciendo un ademán con la mano para que Amélie se acercara. Ésta última, indiferente, pasó al lado de Winston; en el camino le lanzó una asesina mirada que fue correspondida— ¡Cómo te atreves a decirme eso! ¡Nací piloteando!
—Aún así…
—¡No te preocupes grandulón! —gritó, subiendo hasta quedar en el asiento del piloto. Dejó su bolso en la parte trasera y contempló a Widowmaker con curiosidad, que se había quedado estática frente al avión. Parecía indecisa— ¿Luv?
La nombrada, despertando, puso un pie en la pequeña pero potente avioneta. Sin embargo, un gigantesco agarre en su hombro la detuvo. Giró el rostro, cautelosa, sabiendo con certeza de quién se trataba. Unos brillosos ojos dorados que por escasos momentos parecían tornarse rojizos, la observaron con profundidad.
—Te estaré vigilando, Widowmaker.
Ella arrugó la frente y quitó con asco su mano —Imbécile, métete en tus asuntos.
—Lena es mi asunto.
—Ja… —Sonrió con una clara maldad y en un rápido movimiento atrapó sus peludos cachetes con ambas manos—. Te equivocas, simio —Plegó los dedos y tironeó de su pelaje con ellos, generándole un inmediato dolor—. Lena es mía, por ende, solo es asunto mío.
Lo liberó con un visible desprecio, generando que se fuera hacia atrás. Winston quedó paralizado en el lugar mientras la observaba alejarse con ese gran aire de grandeza que tanto la caracterizaba.
Chocó los colmillos, iracundo —Esa maldita… Lena, realmente espero que puedas controlarla.
Su amiga lo saludó alegremente desde la cabina, ajena a ese escaso y peligroso intercambio de palabras. Widow por fin subió y se acomodó detrás de ella en el asiento del copiloto. Pasó la vista de un lado a otro, analizando el interior.
—Vaya… Es una avioneta de guerra —comentó, detallando los botones en el mando. Los conocía a la perfección—. Pensaba encontrarme solo con un juguete.
—Sí… —musitó Tracer, colocando las manos en el volante, mejor llamado "cuernos"—. Preferiría que no lo fuera, pero lamentablemente vivimos en medio de una guerra. Nunca se sabe cuando te pueden atacar.
—Hm… —Acomodó la espalda contra el asiento, observando por la ventanilla como Winston las miraba desde lo bajo con un preocupado gesto que solo acrecentaba su satisfacción.
—Parece que el simio te quiere mucho…
—¡Y yo lo quiero a él!
—Pathétique.
—¡Oi! ¡Ya deja de quejarte! —dijo, prendiendo todos los motores necesarios para despegar. El avión vibró— ¡Ah! ¡Necesito las coordenadas!
Amélie se asomó por encima de su hombro, curiosa.
—¿Qué parte de Francia es?
—Annecy.
Los castaños ojos de Lena se iluminaron —¡¿Annecy?! ¡¿En serio?! ¡Siempre quise ir ahí! —Volteó el rostro hacia ella, sonriente— ¡Escuché que es un verdadero paraíso!
—Lo es.
Tracer asintió una y otra vez, y regresó la atención al mando —Bien… Annecy… Francia, ¡Ya está! La computadora nos guiará —Examinó el mapa que la computadora, inmersa en el medio de los mandos, le mostraba—. No está muy lejos, así que no subiremos mucho.
Amélie se cruzó de brazos y analizó detenidamente como su pequeña acompañante se colocaba las gafas con una confiada y divertida sonrisa, y comenzaba a acelerar, generando que el potente ruido del avión incrementase. Al haber conseguido la velocidad justa, puso la mano en uno de los tiradores y empezó a llevarlo hacia adelante con lentitud; en otras palabras, a despegar.
Sus dorados ojos se abrieron con cierto asombro al advertir como el despegue era en demasía perfecto y preciso.
—Mh… pero qué sorpresa. No eres tan mala, el despegue ni se sintió. —comentó, ya más allá de la tierra.
—¿Verdad? —Viró unos escasos momentos el semblante hacia ella— ¡Volar es mi pasión!
—Oh, pensaba que yo lo era. —bromeó, apoyando el rostro en su palma.
—¡Tú eres la segunda! No, espera… ¡La tercera!
Widow arqueó una sarcástica ceja —¿La tercera? ¿Y quién tiene el honor de ser la segunda, si no soy yo?
—¡Mi chaqueta!
Rió por lo bajo —Esa chaqueta definitivamente es mi más ferviente enemiga.
—¡Pero cuando la tenías puesta te quedaba bien! —exclamó, impulsando el mando hacia abajo, por ende, elevando más la altura.
—¿Cuando la tenía puesta? Nunca me la puse.
Lena se estremeció.
Cierto… Ella no se la puso. Amélie lo hizo.
—Ah… E-Ese día que viniste por primera vez a mi casa y la puse en tus hombros, te quedaba bien. —mintió. Era una realidad aquel hecho, pero no se refería exactamente a eso cuando la recordó con su campera puesta.
Widow no contestó, solo atinó a perderse en la ventanilla y detallar la resplandeciente ciudad de King's Row desde lo alto. Tracer captó de reojo como no llevaba el cinturón puesto.
—Oi, ponte el cinturón.
Regresó la visión a ella —¿Y si no quiero? —susurró con una grave tonalidad, llevando la mano a sus cortos cabellos, que es lo único que podía vislumbrar de su persona, y enredando el dedo en ellos.
—¡Oh, vamos! ¡No te harás la niña ahora! Ése es mi papel.
—Parece que ahora también es el mío.
—Widow… En serio, póntelo. No es seguro.
—Se supone que contigo estoy segura, non?
—Sí, pero…
—Chérie, no exageres…
Se puso medianamente de pie y se agachó hacia ella, quedando su trasero en una erguida posición que para suerte de Lena no pudo ver, porque si lo vislumbraba su concentración se iría directamente al carajo, al igual que el avión. Widow rodeó con los brazos su cuello por detrás, sobresaltándola.
—¡O-Oi, estoy piloteando aquí!
—Eso veo.
—Entonces, ¡quítate!
—Non… —musitó con una burlona tonada, acercando el rostro hacia su mejilla; la rozó con sus perfectos y carnosos labios—. Además, me diste una idea.
—¿Qué idea? —Sus manos ya temblaban sobre el mando.
—No me gustó para nada ese tercer lugar… Debería castigarte por eso. Y el cinturón parece una buena idea para ello.
—¿E-El cinturón?
Apretó con más ímpetu los brazos en su cuello. Por poco y le quitaba el aire —Puedo ahorcarte con el.
La heroína delineó una nerviosa sonrisa —Ja… Ja, ja. Parece que tu humor sigue intacto, luv.
Widowmaker navegó los labios por su mejilla, hasta rozar su comisura —Eso parece ser… Y tú sigues reaccionando tan graciosa ante el. —finalizó, y antes de llegar a concretar ese anhelado beso, se detuvo en seco.
Lena la contempló de reojo, extrañada. Otra vez su némesis mostraba esa perturbada y dudosa mirada que no lograba comprender.
Ésta última suspiró y se tiró de espaldas hacia atrás, cayendo en el asiento —Pensándolo mejor, eso puede esperar. —Se puso el cinturón, aturdiéndola en demasía.
Tracer se achicó en el lugar.
Algo le sucede…
Un mudo pero no tan incómodo silencio las irrumpió. No había nada que decir, o quizás no sabían con exactitud qué decir. Todo era tan extraño. Widowmaker invitándola a su casa, Tracer llevándola a su destino… Todo parecía tan normal, como si fuesen una pareja desde hace años… Pero tratándose de ellas, eso de normal no tenía nada. Era completamente anormal. En todo caso sería mucho más normal si estuvieran apuntándose con sus respectivas armas.
De repente, un minúsculo y agudo sonido se escuchó en el fondo del avión. Lena pegó un saltito en el lugar con el corazón subiendo hasta su garganta, y Widow arqueó una desconfiada ceja.
—¿Y eso?
Tracer empezó a toser de un exagerado modo con tal de opacar ese sonido que iba en aumento.
—¿E-Eso? ¿A qué te refieres?
Amélie estrechó la visión, sigilosa, y giró de golpe el rostro hacia atrás. Detalló el bolso de Lena y sus pupilas no tardaron en ampliarse.
—No me digas que…
La heroína continuó tosiendo cada vez con más rudeza, tanto que su voz se desgarró hasta sonar rasposa. Todo sin sentido alguno; eso no impidió que su acompañante no notara lo que trató de ocultar desde que salieron de su casa.
Unas pequeñas orejitas negras se estaban asomando del bolso. Orejitas que provocaron que su némesis abriera los ojos de un peligroso modo.
—¿Trajiste al gato? —Su voz sonó dos octavas por debajo de su usual tonalidad. En otras palabras, estaba enojada.
Tracer tembló en el sitio. Tenía que hacer reaccionar a sus manos con urgencia, que ahora parecían paralizadas. El avión no se iba a manejar solo.
—¡N-No podía dejarlo solo! ¡Y ninguno de mis amigos podían cuidarlo!
Widow hizo un corto movimiento de costado con el cuello, dándole a entender que su paciencia no se encontraba en su mejor momento.
—¿Y no tuviste la gran idea de preguntarme si estaba permitido llevarlo a mi casa, petite? —continuó, amenazante.
—P-Pensé que ibas a decir que no…
—En efecto, iba a decir que no.
—¡Ves!
Widowmaker regresó la vista a ella y dibujó una maligna sonrisa —Oh, chérie… No sabes cuántas ganas tengo de matarte a ti y a tu pequeño animalito.
—O-Oi…
—Lo haré. Te mataré, y luego lo mataré a él de una dolorosa forma.
—¿Tú y cuántos gatos más? —Se animó a bromear. Acto de lo que se arrepentiría en breve.
—¿Ah, sí? —Extendió el brazo y sujetó su cabello por detrás. Tironeó un poco de el— ¿Qué decías, petite?
Lena, con la cabeza inclinándose hacia atrás lentamente y conservando esa tensa sonrisa, soltó una carcajada.
—¡No es para tanto, luv! ¡Prometo cuidarlo y adiestrarlo!
—Lo mataré.
—¡No! ¡No lo mates, por favor! ¡Se comportará! ¿Verdad, Roberto? —Volteó como pudo el rostro y lo miró. El gatito maulló desde su lugar, al cual no tardó en volver a hundirse y llenar de pelos su ropa.
—Eres tan insolente… —susurró cerca de su oído, provocando que el nervioso sudor en su rostro acrecentase.
—No podía dejarlo solo… —repitió, apegando los hombros al cuello—. Ya ha estado solo mucho tiempo.
Amélie la observó unos críticos segundos, enmudecida. Decir que no podía luchar contra esa cara de cachorrito abandonado, era poco.
Bufó y soltó su cabello de golpe. En consecuencia, la cabeza de Lena rebotó de atrás hacia delante reiteradas veces.
—Imbécile.
—Lo siento…
Widowmaker no dijo ni una sola palabra más durante todo el viaje. Miraba por la ventanilla perdida en sus pensamientos, o al menos eso creía Lena. No obstante, intuía que su silencio no se trataba por el gato, sino que era parte de su extraño actuar que claramente no podía pasar desapercibido. Cada vez que trataba de besarla, Widow se arrepentía y volvía a su fría personalidad. ¿Razón? Eso quería saber con urgencia.
—Estamos llegando.
Sin respuesta. Hecho que solo provocó que la espiara de soslayo, entristecida.
—¡Ah! —Se sobresaltó de pronto— ¡Acabo de darme cuenta de algo!
Finalmente Amélie posó los ojos en ella con desinterés.
—¡¿Tienes pista de aterrizaje por casualidad?!
Suspiró —Non.
—¡¿Y dónde mierda aterrizaré?! ¡No puedo caer en el aeropuerto de Annecy como si nada!
—¿Éste es un hidroavión?
—Sí, puedo convertirlo en hidroavión.
—Entonces en el río lo harás.
Tracer infló los cachetes —Me lo hubieras dicho antes… —Se asomó por encima de su hombro y detalló el amplio río a través de la ventana—. Oi, Widow, no veo ninguna casa por aquí, excepto ese castillo. ¿Segura que es por acá? —Pasó la atención al mapa—. Me pregunto si serán las coordenadas correctas…
—Ahí es.
—¿Eh?
—El Château.
La heroína abrió los ojos de par en par —¡¿Qué?! ¡¿Vives en un puto castillo?! ¡¿Y yo en un departamento alquilado?! Quizás debí unirme a Talon…
Widowmaker se cruzó de brazos, indiferente —No es parte de Talon, es una herencia de mi familia.
—¿Tu… familia?
—Oui. No recuerdo muy bien el porqué… pero parece que estábamos bien posicionados.
Lena descendió el rostro, algo apenada.
No lo sabía… Ni siquiera la Amélie del pasado llegó a contarme eso. Aunque si lo pienso bien… Matrimonio arreglado; eso suena muy típico de las familias adineradas.
—Ya veo… —se limitó a contestar en un murmullo.
Supongo que Amélie no me lo dijo en ese tiempo porque le daba vergüenza. Es posible que le molestara que la gente la tildara de millonaria. De ahí su retraída personalidad… Vaya… Esto es toda una sorpresa.
Comenzó a descender, enmudecida. Widowmaker examinó su concentrado semblante con un grado de admiración.
Veo que de verdad ama pilotear… Nunca la vi tan centrada, siquiera cuando luchábamos.
Con lentitud el avión liberó las dos largas partes preparadas para el agua, que parecían gigantescos patines de esquís.
—¿Por aquí está bien? —inquirió, terminando de aterrizar. El agua salpicó las ventanas debido al impacto—. Estamos cerca de la entrada. Es decir… ¿Esa es la entrada, no? —Divisó una gran puerta de madera. Frente a esta se encontraba una medieval escultura que la dejó embelesada por unos segundos.
—Sí, aquí está bien. —respondió, mientras se incorporaba. Antes de que llegara a apagar el motor ya tenía la mano sobre la manija.
Tracer soltó el aire con lentitud y lo apagó —¡Hecho! ¿Qué te pareció el via…?
Amélie ya estaba saliendo por la puerta, dejándola con las palabras atragantadas. Bufó, y se reincorporó también. Agarró su bolso y se preparó para salir, no sin antes acariciar al gatito dentro de el.
Apenas puso un pie en la escalera del avión detalló como una pálida mano se aproximaba hacia ella. La observó, pestañeando, y elevó la visión, encontrándose con una seria expresión.
—Ven.
Quedó ensimismada en el rostro de su némesis, y más en su inesperada ayuda. Con timidez tomó su mano; Widow tironeó de ella y finalmente sus pies tocaron el gran patio del Château.
Los nervios volvían a ser bienvenidos. Se preguntó cuándo dejaría de sentirse así; todo era en demasía irreal, y no se cansaba de repetírselo.
Giró el rostro de un lado a otro, reforzando el agarre en la tira del bolso —Woah… Es tan grande.
Widowmaker se adelantó a sus pasos y se plantó frente a esa inmensa y antigua puerta. Lena admiró, curiosa, como se viraba con lentitud hacia ella y empezaba a dibujar una sensual sonrisa que atravesó a su pecho, cerrándolo en consecuencia.
—Entra a mi salón, le dijo la araña a la mosca... —pronunció de una sugerente manera y extendió el brazo hacia la entrada en una clara invitación, para acto seguido devolverlo a su cuerpo y enredarlo en su propia cintura, haciendo una educada reverencia.
Tracer quedó quieta en el lugar, pasmada. El agarre en la tira del bolso se aflojó debido a la impresión, amenazando con caer. Pero recordando que cierto minino se encontraba dentro, la reforzó.
Reaccionando, le sonrió —¡Oh, no, no! Preguntarme es en vano —Negó con su mano libre, siguiéndole el juego—. Porque quién sube tu escalera ventosa, jamás baja de nuevo.
Widow amplió la sonrisa, complacida, al darse cuenta de que conocía a la perfección el único cuento que adoraba. Comenzó a caminar hacia ella de un sugerente modo hasta quedar frente a sus pies. La contempló desde lo alto, sin borrar esa satisfecha mueca.
—Estoy segura que debes estar cansada, querida, de tanto revolotear... —prosiguió, deslizando la mano por su cintura y apegándola a su cuerpo— ¿Descansarías en mi pequeña cama?
Lena rió por lo bajo, tentada —Esa araña se parece mucho a ti.
—Oh, ¿te diste cuenta, petite? —bromeó— ¿Sabes cómo termina el cuento?
Asintió, radiante —La pequeña mosca, seducida por la araña, cae en su telaraña.
Amélie, regocijada en demasía, ascendió la mano por su piel hasta llegar a su cuello —Así es. Y esa mosca… eres tú.
—¡Pero! —Aproximó el semblante hacia el suyo, sorprendiéndola—. La araña de este cuento resultó ser mucho más amable, ¿no crees?
Widowmaker entreabrió los labios, asombrada, y sonrió. Pero esa sonrisa muy lejos estaba de ser alegre.
—No sabes lo que dices, chérie… —Se dio la vuelta e hizo un ademán con la mano —. Ven, mosquita.
Tracer la siguió con la vista, confundida por su radical cambio —¿Widow? —Acortó los pasos en unos alargados saltitos, hasta llegar a su lado.
Vislumbró como Amélie abría la puerta. Pero no fue lo único que se abrió; sus castaños ojos también atinaron a abrirse enormemente al detallar las grandes dimensiones de ese lugar.
—Oh, dios mío… —Levantó la cabeza y la giró de izquierda a derecha con la mandíbula desencajada—. Esto es… Está…
—Un poco abandonado, sí. —Le cedió el paso.
—Está… Está… ¡Está increíble! —exclamó, sobresaltándola— ¡Es hermoso!
Entusiasmada, dejó el bolso en el suelo, flexionó las rodillas y saltó. Comenzó a moverse de un lado a otro, recorriendo a la velocidad de la luz ese gran comedor.
—Oye…
—¡Dios mío! ¡No puedo creer que todo esto sea tuyo!
—Baja de ahí.
—¿Huh? —inquirió con una resplandeciente sonrisa, colgada del techo— ¡Pero mira esta lámpara! ¡Es tan antigua!
Widow bufó, refregándose la frente —Te dije que bajaras.
Lena, aún de cabeza, llevó la mano a su sien en un militar saludo —¡A la orden, madame! —Aterrizó frente a ella, todavía inmersa de una energía que según Widowmaker no parecía tener fin— ¡Lo siento! Es que esto es tan increíble… ¡Ah!
—¿Y ahora qué?
Tracer se agachó y abrió el bolso. El gato salió de allí de un salto, tropezándose en el camino, hecho que la hizo reír.
—¡Ve a recorrerlo, Roberto! —Impulsó hacia adelante sus diminutas caderas; el gatito se fue corriendo hacia la nada misma. Amélie arrugó el entrecejo, divisando como se perdía en su inmenso castillo.
—Llego a encontrar un solo excremento en mi casa y juro que los ahogaré a los dos en el río.
—¡Eso no pasará! —dijo Lena, comenzando a revolver el bolso— ¡Mira! ¡Traje su cajita, su mantita y también su peluche! —Le mostró todo desde su gacha posición, emocionada y con una infantil sonrisa.
La ceja derecha de Widow tiritó.
Linda…
Realmente volvió a agradecer infinitamente que su corazón estuviera curado. Latía tan deprisa gracias a la dulce imagen que estaba presenciando que pensó que iba a detenerse.
Refregándose el pecho con cierta incomodidad, no física sino emocional, retomó los pasos —¿Cuándo conseguiste todo eso?
—¡Ya lo tenía! Ah, ¡y el peluche es mío! —respondió, siguiéndola.
—Ya veo… Protectora de animales.
—¡Heh, eso mismo soy! —Se detuvo en seco— ¡Oh, cierto! —Viró los pasos y se desplazó hacia el patio con rapidez—. Dejaré la cajita aquí. Los gatos son muy limpios; sabrá dónde estará por el olor a las piedritas.
Widowmaker se detuvo también y arqueó la otra ceja, en esta ocasión, irónica —Supongo que sabes bien que yo no seré la que limpiará su caja. Bastante que lo dejé entrar.
Lena rió, mientras también dejaba cerca de la entrada su platito con comida y agua —¡Lo sé! Yo la limpiaré.
Su némesis suspiró y retomó los pasos. Estaba agotada, ella la agotaba. Todo lo que irradiaba y más lo que estaba conteniendo.
—Como sea, sígueme.
Tracer, cada vez más parecida a un sobreexcitado cachorro, se aproximó hacia ella y atrapó su brazo. Widow observó el agarre de reojo, y regresó la visión al frente, algo endurecida.
—Me harás caer, petite.
—¡Entonces nos caeremos juntas!
—¿Pero qué dices? Estás mal.
Solo consiguió que su ex contrincante riera otra vez. Risa que la encandilaba, por ende, se dedicó a no mirarla.
—¡Ah! —Lena se detuvo de nuevo.
Amélie estaba a punto de tocar fondo con su paciencia.
La contempló, irritada —Estás un poquito acelerada, chérie. Cálmate o me sacarás de quicio.
—¡Tenías razón! —La ignoró—. Aquí hay una pequeña araña —Se acercó a una esquina y puso el dedo para que se subiera, a lo cual la araña extrañamente accedió con facilidad— ¡Qué tal, Petunia!
Widow estrelló la mano contra su frente, cada vez más impaciente —¿Petunia? Tú y tus extraños nombres…
—¡Tiene cara de Petunia!
—Me cago en eso.
—¡Ouch! Creo que me mordió… —La dejó en su telaraña y se acarició el dedo.
—Hm… —Amélie se destapó la frente y contempló la mordida—. Te me adelantaste, Petunia. Bien hecho.
—Oi…
Widowmaker regresó la atención a ella —Deja de pararte en cada lugar —Atrapó su brazo—. Es molesto.
—¡Pero quiero recorrer todo!
—Mañana lo harás.
—Quiero ahora.
—Son las cinco de la mañana.
—¡No importa!
—Te mataré.
—¡Sabes que no puedes! —Alzó ambas manos hacia los costados, en un inocente pero falso gesto.
—No me tientes, chérie… Si sigues así, creo que esta vez podré.
Lena infló los cachetes y se colgó de su brazo otra vez —Qué mal carácter tienes…
—Tú lo aceptaste.
—Lamentablemente. —Se burló, sin recibir respuesta alguna.
Continuaron caminando. Tracer no dejaba de asombrarse por lo gigantesco y en extremo antiguo que era ese lugar. Antes de subir unas largas escaleras, notó de reojo unas paredes pintadas por la mitad. Tuvo que contener la risa por el azulado color que las adornaba.
—¿Estuviste… pintando?
Imaginarla haciendo eso era… justamente inimaginable.
Widow, que iba delante de ella, se estremeció. Un no bienvenido rubor decoró levemente sus mejillas.
—Creo que te falta una parte…
—No tuve tiempo, d' accord? Estaba muy ocupada tratando de matarte. —dijo, intolerante. Intolerancia que trataba de ocultar en su voz pero que poco lograba hacer.
Lena sonrió de lado, y apagó los párpados con tranquilidad —Me gusta el color. Si quieres puedo terminarlo por ti.
—Non, merci.
Empezaron a subir las escaleras. Tracer trataba de mantenerse callada, cosa que le estaba costando en demasía. El entusiasmo no paraba de recorrer sus venas; si no hablaba iba a explotar. Se detuvieron en el primer piso, y como si fuera una señal del destino para que hablara, notó como había unas cuantas botellas de vino tiradas en el pasillo. Botellas que contrarrestaban bastante con los elegantes y antiguos cuadros colgados en las paredes.
Las miró con curiosidad—Oi, ¿hiciste una fiesta y no me invitaste?
Amélie se dio media vuelta y la contempló con desdén —¿Disculpa?
—¿Qué hay con todas estas botellas? ¿Eres alcohólica o qué? —Se burló.
La acusada la fulminó tanto con la mirada que Lena dio unos pasos hacia atrás.
—No, solo me gusta beber.
O mejor dicho, pasar el tiempo... De tan aburrida que estaba.
—Pero veo que no limpiar. —atinó a responder, agachándose y sujetando una de las botellas.
Widow sujetó el cuello de su chaqueta y la levantó de golpe tal como a un cachorro —No toques nada, ¿entendido? —dijo con una tajante tonalidad que la desconcertó.
—D-De acuerdo… —Dejó la botella en su lugar, sintiéndose cual infante castigado. Su acompañante la soltó y siguió caminando hasta quedar parada frente a una puerta.
—Esta será tu habitación. —La abrió y le cedió el paso. Lena entró y no tardó en iluminarse.
—¡Woah! —Se aproximó hacia la antigua cama que yacía ahí y cerró la palma en uno de los fierros de esta— ¡Si que es antigua! ¡Me encanta!
Widowmaker la miró de soslayo y caminó hasta el fondo del cuarto, donde había un ropero. Lo abrió, sacó una blanca bata y se la ofreció.
—Ponte esto.
Tracer la sujetó, sonriente —¡Que linda!
—Quizás te quede "un poco" grande, ya que es mía. —Delineó una juguetona sonrisa.
—¡Está bien, me adaptaré!
—Bien. —Se dio media vuelta y empezó a dirigirse hacia la puerta.
—¡Espera! —Atajó su brazo— ¿No quieres comer algo?
Widow giró el semblante hacia ella, distante —No.
—Ah… De acuerdo.
Siguió caminando y salió por la puerta. Lena, confundida, corrió hasta ella y atrapó su brazo de nuevo.
—¿A dónde vas?
—A mi habitación.
—¿No vas a dormir conmigo?
Amélie descendió el rostro sin expresión alguna —Me gusta dormir sola.
La heroína aflojó el agarre, decepcionada, y la soltó —Entiendo… Entonces, te veré mañana. Bueno, en unas horas... Ya es mañana. —Sonrió, nerviosa.
Su némesis le dedicó una última y fría mirada, y retomó los pasos, dejándola congelada en el lugar.
Tracer liberó un pesado suspiro y regresó los suyos a su nueva habitación. Cerró la puerta y se recargó sobre ella.
¿Qué mierda le pasa? ¿Me invita a su casa y ni siquiera vamos a dormir juntas?
Emanó otro fastidioso respingo, mientras comenzaba a quitarse el acelerador. Lo dejó sobre una esquina. Éste iluminaba tenuemente el cuarto que estaba decorado solo con lo necesario a pesar de su amplitud. La cama; el ropero, una mesa de luz, una silla en una esquina y unas rojizas paredes; todo con ese particular toque antiguo. Se sacó la ropa, solo quedando con sus blancos boxers, y se puso la bata que en efecto le iba demasiado larga; un embriagante y conocido aroma la invadió de inmediato. Llevo el cuello de esta hasta su nariz y se impregnó en ella.
Su aroma…
Sus cejas se arquearon, entristecidas. Se sentía extraña; mejor dicho, ya la extrañaba. No obstante, era una sensación rara. Sabía bien lo que era extrañarla porque había estado mucho tiempo alejada de ella, pero ahora estando tan cerca sentía que la extrañaba aún más.
Sin ganas alguna se tiró de espaldas sobre la cama y se tapó el rostro con el brazo.
Algo le sucede, confirmado. Está actuando muy extraño, y lamentablemente creo que sé porqué.
Apretó más el brazo contra sus ojos. En medio de la oscuridad divisó una anaranjada luz que no tardó en transformarse cual espejismo en la última e inexpresiva mueca que le dedicó su anfitriona.
Parece como si estuviera conteniéndose conmigo…
Se destapó y dejó entrever una afligida visión.
No… no puedo deprimirme así. Sabía que no sería fácil convivir con ella. Solo debo aflojarla…
Asintió solo para sí, determinada —Mañana hablaré con ella. Ahora no sirve de nada presionarla.
Giró el cuerpo, quedando de costado, y se obligó a cerrar los ojos.
De verdad… no tiene sentido presionarla. Ella debe estar mucho más confundida que yo.
Morfeo tardó bastante en pasarla a buscar, gracias a que Widowmaker aparecía una y otra vez en sus pensamientos.
-/-
Un inesperado crujido del colchón provocó que entreabriera sus dormidos párpados con lentitud.
—¿Mh? —musitó, refregándose un ojo. Giró el rostro hacia el costado y abrió los dos de golpe al detallar a la perfección misma frente a sus narices.
Mientras tragaba saliva con rudeza se encontró con unos penetrantes ojos dorados que la contemplaban de frente sin parpadear. Descendió un poco la mirada y divisó una oscura bata entreabierta, que le permitía detallar los costados de unos pálidos y simétricos pechos; en el medio de ellos había una tenue cicatriz que apenas se notaba. De cualquier forma, no le dio importancia a eso. Toda su atención estaba centrada en esa maldita bata que cubría solo lo justo y necesario de ese esbelto cuerpo, dejando al descubierto la mitad de su trasero; regalándole la visión de esas gloriosas curvas que solo eran protegidas por una diminuta tela en el medio de ellas.
Volvió a tragar saliva y en esta ocasión le resultó demasiado difícil. Su suelto y largo cabello recostado sobre su espalda y hombro no ayudaban a sosegarla; su rodilla flexionándose lentamente, revelando un poco más de su piel, menos. El panorama era en demasía tentador.
—¿W-Widow? —Por fin pudo modular.
La nombrada no contestó, solo se limitó a acomodarse mejor sobre su propio brazo, ya que estaba apoyada en el, y seguir mirándola de un modo que ya comenzaba a incomodarla.
Tracer dibujó una nerviosa sonrisa.
Bien, Lena, este es tu momento. Deja de mirarle el culo y actúa genial.
—Pensé que te gustaba dormir sola. —susurró a una corta distancia de su rostro.
Sus pálidos y carnosos labios se entreabrieron —Eso pensé yo también.
¡Buena salvada, Lena!
La heroína se puso de costado —Widow, ¿qué pasa? Te has estado comportando muy extraño.
No respondió.
—Sé que algo te molesta. Sabes que puedes confiar en mí, ¿no?
Amélie entrecerró los párpados —Nada me molesta.
—No me mientas. Estás actuando como si…—Desvió los ojos, ruborizándose—… Como si te estuvieras conteniendo conmigo.
Widow abrió los suyos de golpe, pero al toparse con los honestos y brillantes de la heroína los volvió a desviar. Le cegaban.
—Quizás… y solo quizás, tengas razón.
Lena le sonrió con amabilidad. Se acomodó de frente otra vez y extendió el brazo hacia ella —Ven…
Widowmaker detalló embelesada esa acción y fue incapaz de no acercarse, apoyar el rostro en su antebrazo y hundirse en la curva de su cuello. Lena lo flexionó y sujetó su cabeza por detrás.
—Tengo una vaga idea de porqué te estás comportando así. —Empezó a decir, acariciando su sedoso cabello.
—… ¿Y cuál es tu vaga idea? —preguntó con cierta expectación, perdiéndose en esas pequeñas pecas que adornaban su cuello. Comenzó a contarlas.
—Tú… ¿Todavía te sientes culpable, no? ¿Por eso me tratas así?
Widow alzó el rostro de golpe; sus pupilas se ampliaron tanto que Lena por poco y perdió de vista su dorado color. Sin embargo, estas no tardaron en volver a achicarse cuando evitó su castaña mirada, escondiéndose de nuevo en su cuello.
—Tal vez…
—¿Tienes miedo de lastimarme? —inquirió, ascendiendo la mano libre por su brazo; acariciándolo en el camino. Widow la sujetó y la aprisionó más contra su piel. Adoraba esa placentera sensación de calidez que la atacaba y contrarrestaba con su ya, no tan frío cuerpo— ¿Piensas que si te dejas llevar me harás daño otra vez?
Apagó los párpados, arrugando el entrecejo —Oui.
—Luv, ya no tienes esas malditas inyecciones encima que te hacían enloquecer.
—Ja —Sonrió con una obvia resignación—, yo estoy loca a mi manera, petite. No las necesito para perder la cordura.
—Widow…
—Pienso… que no merezco nada de esto —La interrumpió en un grave murmullo, bajando la visión—, y estar a tu lado solo lo reafirma y me causa dolor.
—¿Dolor? —repitió preocupada, incorporándose un poco con el codo— ¿Todavía sientes…?
—No es físico —Se apresuró a decir—, es… No lo sé, no puedo definirlo bien.
—¿Dónde te duele?
Widowmaker la observó unos segundos en silencio, como si estuviera meditando si mostrarle o no, y desplazó aquella mano que se encontraba en su brazo hasta el medio de sus pechos; justo donde una casi invisible cicatriz empezaba a asomarse.
—Aquí.
Lena detalló su pecho, percibiendo no solo aquella marca sino también un muy armonioso sonido que retumbaba en éste.
Ba-dum… Ba-dum… Ba-dum… Ba-dum…
Sonrió.
Su corazón… está latiendo normal. Qué alegría… y qué bonito suena.
—¿Y bien, doctora? —La sacó de sus pensamientos una burlona voz— ¿Cuál es mi diagnóstico?
Tracer elevó la vista hacia ella con una divertida sonrisa.
—No pasa nada. Eso solo es angustia, luv.
—¿An… gustia? —Deletreó, sintiéndose en absoluto expuesta. ¿Angustiada, ella?
Asintió, apacible —Cuando algo nos molesta o nos duele… eso se aloja aquí. —Acarició con las yemas su suave piel, estremeciéndola.
Amélie bajó la visión y detalló esa mano sobre su torso —No estoy angustiada. —dijo casi en un reproche.
No debía estarlo… Aunque sabía que era capaz de estarlo. ¿Pero por qué? ¿Cuál era la verdadera razón de su angustia? Tenía muchas, sí, ¿pero cuál la estaba carcomiendo más? Una parte de ella creía saberla, y la otra parte trataba de tapar esa verdad con todas sus fuerzas, como si estuviese hundiendo hasta el fondo un corcho en una de las tantas botellas de vino que bebía a diario. Si lo dejas destapado, se arruinará. Ese ejemplo lo adquirió para su vida; nunca dejar al descubierto su corazón. Pero ahora…
—Si no lo estás, entonces, ¿qué te pasa? —preguntó en un hilo de voz Lena.
Regresó los ojos a ella, sintiéndose indefensa. Incoherentemente indefensa por esa pequeña persona.
—Yo… —Atrapó aquella mano en su pecho y el corcho saltó hacia arriba, estrellándose directo en su cuadrada razón y destruyéndola—. No puedo cambiar.
Eso es… Además del terror de lastimarla, eso es lo que más me duele. Porque si no cambio, posiblemente algún día me dejarás.
¿Miedo al abandono? Aquello sí que era demasiado nuevo.
—Eso ya lo sé.
—Bien, eso… creo que me preocupa.
—Te preocupa dañarme, ¿verdad?
—¿Es eso? —cuestionó, aunque ya sabía la respuesta.
Asintió con tranquilidad —Y perderme. —Le sonrió, confianzuda.
Oh… claro que se dio cuenta. Maldita mosquita.
—… Es eso. —repitió, en esta ocasión no en una pregunta sino en una afirmación—. No creo poder lograrlo.
—Widow, ¿por qué te preocupa tanto? Te dije que me gustas tal cual eres.
Tardó unos instantes en contestar —Nunca me disgustó ni me gustó mi propia persona; siempre me fue indiferente. Pero ahora… no me gusta.
—¿Por qué? —musitó, elevando la palma por su torso y rozando su garganta, hecho que provocó que sus pálidos labios se entreabriesen, tentados.
—Porque… —Espió de reojo las dulces caricias que ahora le estaba regalando a su mejilla—… Soy inadecuada.
—Ya hablamos de esto…
—Como ves, petite, la charla no sirvió mucho. Tendrás que practicar más tu discurso.
Lena negó con la cabeza, socarrona —Eres más cabeza dura de lo que pensé.
—Mira quién lo dice. —Arqueó una picarona ceja.
—Yo ya nací así. —respondió con orgullo.
—Entonces es tu culpa. Tú me contagiaste lo molesta.
Tracer rió por lo bajo y pellizcó un poco su mejilla, generando que emitiese un sofocado quejido.
—Widow, ya deja de lamentarte. ¿Estoy aquí contigo, no?
Asintió débilmente.
—Eso significa que me gustas tal cual eres. No tienes que cambiar nada por mí.
Widowmaker descendió los párpados —Temo lastimarte… Podría enloquecer de nuevo.
—¿Por qué enloquecerías?
—¿Obviando que me lavaron el cerebro dos veces? —cuestionó con ironía.
—Umm… ¿Sí? —respondió, nerviosa.
Bufó y contestó:
—Celos, por ejemplo.
—¿H-Huh?
Amélie la miró con una desaprobada mueca —¿A esta altura no sabes a lo que te enfrentas, chérie? —musitó de una sugerente manera, elevando la mano y sujetando su mejilla—. Podría enloquecer por eso.
Sí, demasiado. Eso es algo que descubrí contigo.
Lena pestañeó, sorprendida. Claro que sabía a lo que se enfrentaba, lo que la sorprendió no fue esa revelación sino que la confesara.
—B-Bueno… —Derivó la mirada al techo, sonrojada—… Supongo que es normal ponerte celosa si ves a tu novia besando a otra persona. —Recordó el incidente con Emily y su frente no tardó en fruncirse.
Widow por su parte, perdió fuerza por tal declaración y su mandíbula se desencajó unos centímetros.
—¿Novia?
La heroína ladeó el rostro hacia ella, apacible —¿No lo eres?
—¿Lo soy?
—¿Quieres serlo?
—¿Tú quieres?
Ambas se contemplaron con una curiosa mirada, para acto seguido sonreír levemente.
—Sí, quiero.
—Ja… ¿Aunque sea una lunática?
—¡Sip! —Asintió una y otra vez— ¿Y tú? ¿Aunque yo sea una molestia?
Widowmaker rió en un murmullo y desplazó la mano hasta su pecho. Escondió las yemas en su entreabierta bata, sobresaltándola.
—Creo que no hace falta ni que lo diga; eres una molestia necesaria.
Lena, rogando porque su hermosa acompañante no notase los descabellados latidos de su corazón, volvió el rostro al frente.
—Cierto. Ahora que lo pienso… de alguna forma nos venimos tratando como una pareja desde hace tiempo.
—Hm… Una violenta pareja.
—Oi —Tironeó un poco su cabello—. Todos los noviazgos tienen altibajos; nosotras solo decoramos este con algunas armas.
Amélie rió otra vez sobre su cuello, generando que la heroína percibiese la ronca vibración de su voz.
—¿Así que novia, eh? —Arrugó los dedos en su piel, acurrucándose más contra ella—. Pero qué término más estúpido.
—Oi… Estoy aquí, ¿sabes?
Widow cerró los ojos con tranquilidad y aspiró el afrodisíaco aroma que emanaba —Pero contigo… no suena tan mal. —musitó.
Lena se estremeció de pies a cabeza y regresó la vista al frente, rígida. Su inesperada honestidad la estaba desarmando en más de un sentido.
—Y-Ya veo.
Widowmaker ascendió la visión, intrigada por su reacción. Sin embargo, aquella intriga se transformó en una penetrante mirada al detallar sus profundos, tímidos y brillantes ojos.
—Chérie… —Se incorporó y reposó la mitad de su cuerpo sobre ella; sujetó su mentón y la giró— ¿De verdad puedo dejar de contenerme? ¿De verdad puedo permanecer a tu lado?
Tracer, dejando atrás la ansiedad que la asaltó, le sonrió con dulzura —Claro, luv.
Amélie se acercó unos centímetros más, quedando a una corta distancia de sus labios.
—¿No pensarás abandonarme, non?
—¡Oh, vamos! ¡Aquí la insegura soy yo! —Le mostró los dientes en una gran sonrisa.
Sonrisa que no la sosegó —No me resulta extraño que lo seas. Te enamoraste de una psicópata, petite. Yo también estaría insegura en tu lugar. —respondió con una peligrosa tonada.
Lena la observó, pensativa —Sí, tú misma lo dijiste. Me enamoré de ti cuando ya eras una psicópata, Widow —Rodeó con un brazo su cuello por detrás y la aproximó más hacia ella— ¿Cuántas más pruebas necesitas?
Widowmaker siguió con la visión los contiguos y veloces movimientos de sus determinados ojos, que continuaban resplandeciendo con fervor. A pesar de la oscuridad, que solo era contrarrestada por el acelerador en una esquina de la habitación, podía notar a la perfección aquella preciosa luz que emanaba.
Se perdió en ella y delineó una incitante sonrisa —Cada día confirmo más que te falta un gran tornillo, petite. Solo a ti se te ocurre fijarte en alguien como yo.
—¿Solo a mí? Hm… —Afinó la vista, sospechosa, en signo de diferir—. No creo que eso sea cierto, luv. Eres hermosa… Demasiado para tu bien. Cualquiera caería rendido a tus pies.
El corazón de Amélie se sacudió a los golpes. Comenzó a dibujar una satisfecha sonrisa, mientras desplazaba las yemas por su pecosa mejilla, hasta dibujar la forma de sus labios.
—Y yo creo que tú eres muy distraída, chérie.
—¿Huh?
Elevó una seductora ceja —Tú eres la única preciosura aquí, mosquita. —Se inclinó hacia su rostro y rozó sus labios—. Eres tan hermosa que no puedo soportarlo… —Se mordió el borde del labio, divisando los suyos—. Realmente… quiero hacerlo contigo todo el tiempo. —susurró con una ronca y sugestiva tonalidad.
Lena se sonrojó hasta las orejas —¿Y… qué te lo impide?
Amélie derivó la mirada al costado, evitándola. La heroína suspiró.
—Widow… está bien, en serio. Enfrentaremos esto juntas. Si llegas a perder el control por algún extraño motivo, te haré entrar en razón.
—Ja… —La observó de reojo con una sarcástica mueca—. Tendrás que golpearme muy fuerte para lograr eso.
—¡No hay problema! ¡No sería la primera vez! —Enredó ambos brazos en su cuello, generando que su cuerpo se posara más sobre el suyo—. Tranquila, luv. Ambas somos extrañas y nos aceptamos y queremos a pesar de eso. Mientras estemos juntas podremos superar lo que sea.
—¿Aceptar…?
—Creo que no hay amor más grande que ese.
—Amour?
—Sí —Asintió, mutando su mirada por una firme—. Y ahora sí sé lo que es el amor, así que no me contradigas.
Widowmaker abrió los ojos de par en par y una no bienvenida punzada apuñaló a sus recuerdos. Difusos recuerdos en los que una mujer idéntica a ella le regalaba esas palabras a la heroína.
Se incorporó de golpe, aferrándose la cabeza con rudeza. Lena se alertó.
—¡Luv! —Atrapó sus hombros— ¡Lo siento! No quise decir…
—Ja… así que ahora lo sabes —Cerró los ojos y delineó una cansada sonrisa, abandonando su cabeza con lentitud—. Supongo que sí… Ya no eres una niña, Lena.
Tracer entreabrió los labios una y otra vez, suspendida —¿A-Amélie?
Widow volteó el semblante hacia ella, arrugando el entrecejo.
—¡Ah! Lo siento… Es solo que…
—Te recordé a ella, lo sé. —dijo con una lamentable tonada, a lo cual su acompañante se achicó en el lugar, arrepentida.
Su némesis bufó y se dejó caer de costado sobre la cama, como si ese poderoso pero no tan visible recuerdo la hubiera agotado.
—Luv… —La imitó con lentitud, pero no supo qué más decir. Widowmaker no se dignaba a mirarla. Sus ojos se encontraban perdidos en las rojizas sábanas.
—¿Sabes? —pronunció, tomándola desprevenida—. Esa mujer trata de abrirse paso a través de mis escasos recuerdos; trata de salir pero nunca puede, ni podrá. Pocas cosas conservo en mi memoria de ella. Y una de esas cosas... es lo que siente por ti.
El corazón de Lena se apresuró tanto que juró que iba a detenerse. Una mezcla de felicidad, tristeza y nostalgia la invadió en forma de un agridulce sentimiento.
—Ahora lo sé, ahora puedo verlo con claridad. Amélie también... te aprecia. —finalizó, cabizbaja.
—Luv… —Levantó su mentón con delicadeza—. Tú eres ella, y ella eres tú. Piénsalo como… ¡Una fusión! ¡Sí, eso!
Alzó una confundida ceja —¿Una fusión?
Tracer asintió, radiante —Sí, acepta lo que quedo de ella y acepta quien eres ahora. Yo... —Declinó un poco los párpados, vergonzosa—. Te amo así, Widow. Tal como eres en este presente.
—Lena... —Un tenue sonrojo pintó sus pálidas mejillas sin su permiso. Escucharla decir esas mágicas palabras no solo la complacía, también tranquilizaba a su paranoica mente. Le aseguraba que jamás se iría de su lado.
—Yo… aprendí lo que de verdad es el amor contigo; con tu yo de ahora —continuó, pasmándola—. No me preguntes la razón, porque hay varias y no sé con exactitud la más importante de todas… Pero pienso que fue por todo lo que nos ocurrió, todo lo que pasamos juntas; lo que despertaste en mí. Todo… fue demasiado fuerte.
Widowmaker tuvo que drenar a su garganta de saliva. Su discurso la estaba desarmando, en especial a sus reprimidos instintos.
—Y… ¿Qué desperté en ti?
Lena le sonrió y acarició su mejilla con ternura —Muchas cosas. Pero ahora... Amor, solo amor… Widow.
La nombrada entrecerró los ojos, en demasía regocijada —Por qué eres tan… —Apretó los párpados con fuerza, como si con esa acción pudiese retener lo que estaba por hacer.
Tracer la contempló al borde la preocupación —¿Cielo, qué sucede? ¿Estás bien? —Acarició su cabeza, percibiéndola tiritar —. Oi… No me asustes.
De pronto, Widow abrió los ojos de tal modo que provocó que se fuera hacia atrás. La miró casi de una amenazante manera. Esos ya no eran los ojos de la perfecta y calculadora asesina que conocía. Había un inmenso brillo en ellos; uno que resplandecía con un deseo que no parecía tener fin.
—¿W-Widow?
Con la respiración empezando a entrecortarse, en un rápido movimiento colocó la palma al costado de su cabeza, para acto seguido acomodarse sobre su cuerpo y apoyar la otra mano, acorralándola.
Lena la observó desde lo bajo, atónita —¿Luv?
—Ahora sí has cavado tu propia tumba, chérie —Aproximó el rostro—. Me dijiste que no me contuviera, y eso haré.
Tragó saliva, ansiosa —¿Q-Qué hay de esto? —Delineó con los dedos su pequeña cicatriz— ¿Duele?
—Para nada.
—¿Segu...?
Antes de que Tracer terminase de preguntar, atrapó sus labios y los presionó con fuerza; buscando su aliento, su ser. La besó con desesperación, pasando las manos por su rostro; su cabello, su cuello. Cualquier lugar le parecía ideal y demasiado perfecto.
Lena entreabrió la boca con falta de aire, solo para encontrarse con una avasallante lengua que la invadió sin pudor alguno, encontrándose con la suya. Se enredaron en un armonioso pero apasionado baile, inmersas de sofocadas y roncas exhalaciones.
La más pequeña se aferró a su espalda con fuerza, generando que la oscura bata de Amélie se resbalara por los hombros. Ésta última se despegó de sus labios con lentitud, dejando una clara muestra de su placer sostenida en ellos, y se sentó en su vientre. Jadeante y con el pecho elevándose con prisa, abrió su bata por completo y comenzó a quitársela. Lena la admiró desde su baja perspectiva, atajando sus caderas en el acto. Su desnudo cuerpo no tardó en hipnotizarla.
—Eres tan hermosa… —le dijo, acariciando su piel de arriba hacia abajo, a lo que consiguió que Widow delineara una arrogante sonrisa.
—¿Sabes, petite? —Se inclinó hacia ella y comenzó a sacarle su bata, revelando sus importantes atributos, que rebotaron frente a sus ojos. No se contuvo de examinarla con fervor, adornada de una lasciva sonrisa. Se apegó contra su cuerpo, generando que sus pechos se fusionasen—. Desde que aparecí en tu casa que estoy conteniéndome, así que no me hago responsable por lo que te haré.
Tracer le sonrió, burlona —Lo mismo digo, cielo.
—Entonces… —Regresó a sus labios, mientras iniciaba un tortuoso y lento camino con las palmas por sus hombros, rodeándolos, hasta bajar por ellos y toparse con sus pechos. Aprisionó uno con cautela, para luego rozar la yema contra su pezón, el cual se endureció ante tan preciso tacto; lo atajó con el dedo índice y pulgar, revolviéndola en el lugar en consecuencia—. Te haré mía… de la forma que más me gusta.
Enredó de nuevo la lengua con la suya, mientras sus dedos seguían haciendo milagros, estirando su pezón hacia sí, rodeándolo; frunciendo la palma contra esa voluptuosa piel que tanto la enloquecía.
—Ah… —Un pequeño gemido se le escapó a Lena cuando sintió como sus pálidos labios cambiaban de trayectoria y se sumían en su cuello; lamiéndolo, mordisqueándolo, volviendo a lamerlo. Repitiendo una y otra vez esa tortuosa pero placentera danza.
—Lena…
Siguió su camino, descendiendo por su cuello, besándolo en todo el recorrido hasta llegar a sus pechos. Con un tenue sonrojo acompañándola, enterró el rostro en medio de ellos y aspiró su aroma. Sus párpados se entrecerraron, hechizados.
—Hueles tan bien… —Acarició con la nariz una de aquellas importantes curvas mientras Lena, agitada, sujetaba su suelto cabello.
—Widow…
La respuesta a su llamado se la brindó una peligrosa lengua que comenzaba a asomarse entre sus labios. Su espalda se arqueó al sentirla sobre su pezón, envolviéndolo con el vértice de ésta, para acto seguido desplazar aquella suave piel hacia arriba, llevándoselo consigo.
—A-Ah… —Giró el rostro hacia el costado, apagando los ojos con fuerza. Widow la observó desde lo bajo.
—Qué tierna eres, chérie. Quiero comerte toda…
Lena regresó la mirada a ella, debilitada —Entonces… hazlo.
Sus dorados ojos brillaron, entusiasmados —Pero qué agradable respuesta.
Sonriente, volvió a su anhelo y cerró los labios en ese sensible lugar; succionó su pezón con hambruna reiteradas veces, oyendo de fondo sus entrecortados gemidos que solo aumentaban su excitación, hasta liberarlo con lentitud. El vientre de Tracer se revolvió, ansioso, mientras percibía como una osada mano comenzaba a descender por éste con unas claras intenciones de ir más allá.
Sus tibias yemas rozaron su ropa interior; la cual no se privó de empezar a frotar de arriba hacia abajo, haciendo un especial hincapié en un sensible lugar. Se estremeció, contemplándola desde lo alto con la respiración perdiéndose.
Widowmaker le sonrió sobre su pecho y desplazó la lengua por esas perfectas curvas hasta atrapar a su gemelo y repetir la acción. En esta ocasión con una pasión mayor, ya que su erecta sensibilidad recibió una pequeña pero placentera mordida. Percibió como aquellas audaces yemas se escondían en su prenda con cautela y su espalda se arqueó por segunda vez cuando un delicado dedo empezó a rodear con una calculadora lentitud su centro, generando que creciera.
—Mh… —emitió un ronco sonido sobre su pezón, pasando la lengua por él y acelerando la acción en su intimidad.
Intimidad a la cual no se reprimió de comenzar a descubrir en su totalidad. Descendió un poco más y presionó dos yemas sobre su entrada, tanteándola, entreabriéndola; desesperando a la dueña de ésta. Su piel no tardó en quedar remojada gracias lo húmeda que se encontraba.
—Ah… Lena, eres tan hermosa.
Se incorporó y volvió a sus labios casi con desesperación, mientras empezaba a sumir lentamente los dedos dentro de ella. Lena se aferró con fuerza de su espalda al percibir como aquellas largas extensiones se hundían hasta el fondo de su ser. Juró sentir en sus propias yemas las líneas de ese maldito tatuaje que sellaron en su piel, de tan fuerte que la estaba apresando.
—Lena… —Se inclinó hacia su cuello y ascendió por el con la lengua hasta morder el borde de su oreja. —Quiero escucharte…
Sabía a lo que se refería; a esos ahogados jadeos que reprimía pero que poco más iba a poder apaciguar. Culpa de esos perfectos dedos continuaban asaltándola de adelante hacia atrás cada vez más rápido. Si seguía así iba a terminar más pronto de lo que pensó.
Se abrazó más a su espalda —W-Widow…
La nombrada la observó, ensimismada —Je veux plus.
Tracer pestañeó, sin entender —¿Qué?
Widow le sonrió de una seductora forma que no pudo pasar desapercibida, y en un rápido movimiento volvió a incorporarse. Se fue hacia atrás y se sumió en medio de sus piernas; empezó a bajar su prenda. Se la quitó por los tobillos y la revoleó hacia el costado, manteniendo aquella confiable mueca que solo aumentaba sus nervios.
La heroína apegó los hombros al cuello, intimidada —Widow…
Amélie descendió la visión y atajó sus muslos; los elevó un poco. O al menos eso pensaba Lena; pensó que se iba a detener allí, pero no. Continuó ascendiéndolos hasta que su trasero se despegó del colchón y su espalda pasó a ser el único sostén. Pestañeó reiteradas veces, tragando saliva con ímpetu, al contemplar sus propias rodillas por poco y rozando contra su pecoso rostro.
—Mh… Pero que hermosa te ves así. —musitó frente a su desnuda intimidad, relamiéndose los labios—. Este panorama es tan tentador…
La heroína se admiró unos dubitativos segundos más, y atajó sus propias piernas por detrás, resignada y al mismo tiempo emocionada por lo que iba a suceder. No obstante, la vergüenza no la abandonaba.
—Tenías que ser tú… —dijo con una picarona sonrisa. Widowmaker se la correspondió, complacida.
—Claro que tenía que ser yo. Nadie más puede tocarte —Cruzó los brazos sobre sus muslos y apoyó el mentón en ellos, divertida—. D'accord?
Tracer cerró los ojos, conteniendo una risita —De acuerdo.
—J'aime quand. —Se recompuso y agachó el rostro, quedando a escasos centímetros de su pureza.
La risita de Lena quedó para siempre ahogada en su garganta al percibir como el aliento de su némesis acariciaba esa pudorosa parte. Su vientre se contrajo, en demasía nervioso y ansioso. Y antes de que pudiera arrepentirse, una voraz lengua se desplazó desde su entrada hasta aquel sensible punto, sobresaltándola.
—¡Ah!
Widow presionó el vértice de ésta en ese ya no tan pequeño centro, para luego danzarla sobre ella con un ritmo tan perfecto y armónico que pensó que a esta altura Amélie conocía todas sus debilidades. Sus dedos retomaron su labor en el mientras tanto, hundiéndose en su cavidad e impulsándose hacia ella, ahora con mucho más énfasis que antes.
—Ah… Eres tan deliciosa. —ronroneó sobre ella, cerrando los labios y absorbiendo con hambruna aquel palpitante punto.
Tracer llevó el cuello hacia atrás, exasperada y con el sudor comenzando a recorrerla. Widowmaker seguía drenándose de su ya visible néctar, emitiendo roncos jadeos en el acto. Desplazó los dedos hacia atrás con cautela hasta abandonar su pureza, solo para reemplazarlos con su entera boca, la cual reposó sobre la totalidad de su intimidad. Empezó a succionar reiteradas veces, haciendo un sonoro pero provocativo sonido; elevando en demasía el éxtasis que sentía.
Lena se cubrió los ojos con el brazo y lo presionó con fuerza, apretando las mandíbulas. Widow, jadeante, se despegó de ella, provocando que su placer quedara sostenido de sus labios.
—Ah… Lena. —Agitada, los entreabrió y asomó la lengua por ellos; la colocó sobre su entrada y ese fue el inicio del fin para la heroína.
Se estremeció de pies a cabeza. Sus piernas tiritaron cuando advirtió como el vértice de ésta comenzaba a hundirse en su interior hasta desaparecer no solo éste, sino toda su lengua. Empezó a degustarla a su antojo; impregnándola y alejándola una y otra vez. Sin embargo, esa acción no duró mucho. O quizá el placer era tan extremo que el tiempo lo percibía demasiado rápido. Lo único que sabía con certeza es que esa lengua ahora había emigrado y se dirigía a un lugar más peligroso y pudoroso.
Abrió sus castaños ojos de golpe —¡N-No! ¡Espera!
Widow rió por lo bajo sobre una sensible piel que separaba ambas cavidades —Te dije que no iba a contenerme, chérie —Plantó un pequeño beso en ella—. Relájate.
Apretó más el brazo contra su frente —N-No puedo relajarme si vas a… ¡Ah! —Un sonoro gemido de su parte reemplazó a sus palabras.
Amélie desplazó la lengua sobre ese pequeño orificio, sin su permiso. Su vientre comenzó a cosquillear de una insoportable forma que no creía poder tolerar por mucho más tiempo.
—¡W-Widow! —Atrapó su cabeza con ambas manos en un impulso, dejando en libertad sus propias piernas. Widowmaker no permitió que cayeran; sostuvo sus muslos justo a tiempo y aumentando su desconcierto, los elevó aún más.
Prosiguió su cometido, tanteando con la punta de la lengua aquel ya no pequeño orificio; entreabriéndolo con ella.
—Mh… —Ahogó un ronco gemido cuando ese prohibido templo le dio la bienvenida, permitiéndole acceder con lentitud.
Lena se aferró más a su cabello, desesperada —Ah… ¡Ah!
Su voz estaba perdiendo el control, y su némesis también. Entreabriendo más los labios, impulsó hasta el fondo de su ser su lengua, removiéndola por completo, y empezó a embestirla de adelante hacia atrás.
Tracer, agitada en demasía, descendió los párpados y divisó como Widowmaker la observaba con hambruna desde su posición, sin abandonar la acción. Pensó que parecía la mirada de un depredador a punto de atacar. No obstante, eso no fue lo único que divisó, o mejor dicho percibió. Su propio néctar se estaba resbalando hacia su vientre debido a la inadecuada posición en la que se encontraba. Sus pecosos cachetes se enrojecieron, pero no tuvo tiempo de sentir vergüenza. Esa voraz lengua no le permitía ni aquello.
Amélie, acelerando los movimientos en su interior, acomodó el pulgar sobre su centro y estiró aquella sensible piel hacia arriba con los dedos libres.
—¡Ah!
Era todo; su cuerpo pedía alivio a los gritos. Estaba a punto de desvanecerse. Su estómago se retorcía tanto buscando una salvación que por poco y tenía que aferrárselo. Apretó los ojos con fuerza, mientras sus piernas aumentaban los temblores. Widow lo notó y aceleró todavía más aquella danza, desquiciándola.
—Ah… ¡Ah! —Elevó el cuello hacia atrás reiteradas veces, aferrando su cabello hasta el punto de casi tironearlo— ¡Widow! —Sus piernas se estiraron, al igual que el empeine de los pies, en un intento de controlar lo que placenteramente comenzaba a recorrerla como eléctricos escalofríos.
Widowmaker salió de su guarida con rapidez y en un instantáneo segundo reemplazó su lengua con dos de sus dedos. Los hundió en ella y el cuerpo de la heroína se sobresaltó de golpe.
—¡Ah!
Su alarido hizo eco en aquella antigua mansión, al igual que su cuerpo sacudió todo el colchón por las impactantes sensaciones. Amélie, regocijada, percibió a la perfección como sus dedos eran apresados por la tensión en ese perfecto lugar.
El rostro de Lena cayó de costado, agitado. La tormenta había pasado, pero su cuerpo seguía con secuelas de aquello, sacudiéndose.
—Oh… chérie. —musitó con una grave tonalidad, relamiéndose los labios, que ahora se encontraban brillantes gracias a su placer—. Mírate… —Inclinó las piernas hacia ella y las abrió más. Tracer no podía moverse; dudaba poder recuperarse. Como pudo ladeó el semblante con fragilidad y se detalló—. Estas rebalsando… —Navegó los dedos por sus muslos, delineando con ellos su propio néctar que caía en picada en una delgada línea dispareja.
Lena, todavía agitada, trató de hablar:
—E-Eso es tu culpa…
—Hm, claro que sí. Y no podría estar más orgullosa de eso. —dijo, bajando sus piernas. Gateó entre ellas, agachando la cabeza en el acto, y empezó a lamer su placer sobre su abdomen, ascendiendo por su piel. La heroína se preguntaba si su sensualidad tendría un fin.
Estaba segura que no.
—Tan deliciosa… —Detuvo el recorrido en su cuello, en el cual se escondió y mordió. Lena sofocó un quejido.
Widowmaker sujetó su rostro y la besó con una pasión que no parecía querer apagarse.
—Estoy al límite… petite. —murmuró contra su aliento— ¿Crees poder atenderme?
Lena dibujó una agotada pero regocijada sonrisa —Es lo que más quiero hacer. —Su voz sonó rasposa.
—Oh, pero qué alegría… —Se incorporó un poco y quedó sentada en su vientre, sonriéndole de un modo que le daba a entender que tramaba algo.
Plan que no tardó en divisar cuando con cautela se dio la vuelta, dejando al descubierto su voluptuoso trasero. Las pupilas de Lena se ampliaron.
—Quiero que me atiendas así… —susurró, acomodando las caderas encima de su perplejo rostro. La heroína por puro instinto atajó su trasero con ambas manos, aún sin lograr parpadear.
—Es tan grande… —Se le escapó.
Widow la miró de soslayo —Quoi?
—¡N-Nada!
Elevó una provocativa comisura —¿Te gusta mi trasero, chérie?
Lena asintió con lentitud, hipnotizada por el —Lo amo.
Amélie fue incapaz de no soltar una ronca carcajada —Sonaste más comprometida que cuando me dices a mí que me amas.
—Es parte de ti —respondió, empezando a masajear en círculos esa tentadora piel—. Es lo mismo.
Widowmaker entrecerró los ojos —¿Y qué hay de esta parte? —Se fue un poco hacia atrás y colocó su intimidad más cerca de su pecoso rostro. Entreabrió sus pliegues con los dedos, mostrándole en su desnuda naturaleza su pureza, que ya se encontraba húmeda— ¿También la amas?
Tracer tragó saliva con un esfuerzo sobrehumano —Oh, sí. La amo tanto… Podría morir por ella.
Su aliento le acarició, sacudiéndola.
—Entonces… —Apoyó las palmas en su pecho, sosteniéndose—. Demuéstraselo.
Aquello sonó a una deliciosa orden. Orden que de inmediato cumplió.
—¡Mh!
Se sumió en su intimidad y entreabrió los labios sobre ella; labios que comenzaron a brindarle precisas caricias. Widow bajó el rostro, suspirando con pesadez. Las manos de la heroína se apresaron con más fuerza de esa voluptuosa piel, estremeciéndola, mientras su lengua entraba en acción, descubriéndola, bailando sobre ese puntual lugar tan sensible.
—Mh… —Sofocó un jadeo, plegando los dedos sobre uno de sus pechos al sentirla absorberla—. Eso es… así.
Tal afirmación solo la incentivó. Continuó succionando una y otra vez, para luego cubrir con su boca su intimidad en su totalidad, y succionarla tal como ella hizo.
—¡Ah! —gimió, arqueando la espalda. Las sacudidas estaban arrancando demasiado temprano en su cuerpo, amenazando con que ese ritual durara poco.
Lena, con la visión apagada, se despegó de ella, solo para comenzar a entreabrir su entrada con el vértice de la lengua. Widow se fue hacia adelante por tal placentera sensación. Declinando los párpados y ya sudorosa, se sostuvo con más fuerza, ahora de sus flexionadas rodillas, y las presionó con los dedos, dejando rojiza su piel.
—Tú eres la única deliciosa aquí. —Escuchó a Lena pero solo en un eco. Sus sentidos se estaban extinguiendo.
Sin embargo, sí que estaban bien despiertos para percibir como aquella lengua se hundía en su interior y comenzaba a embestirla sin piedad alguna.
—Mh… ¡Ah! —Jadeó con más ímpetu, empezando a menear las caderas.
Lena detalló, deleitada, como ese importante trasero se erguía y descendía hacia ella en acompasados, sensuales y lentos movimientos. Su entrepierna ardió en consecuencia, advirtiéndole que en cualquier momento estaría lista para una segunda ronda.
Guiada por tal perfecto panorama, perdió el control en su interior, impulsándose con más rapidez, rozando una suave pared que sabía bien que era su debilidad.
Widowmaker agachó la cabeza, frunciendo los labios —Ah… petite. —musitó, presionando los párpados. Pero no tardó en volver a abrirlos de par en par debido a una fuerte impresión que la asaltó.
Lena, además de estar devorándola a su gusto, se había atrevido a fruncir las palmas sobre su trasero y entreabrirlo. Un entusiasmado escalofrío la recorrió. Agitada, volteó el semblante hacia ella y la miró con la visión empañada.
—¿Qué vas a hacer, chérie? ¿Quieres matarme o qué?
Tracer le sonrió desde su lugar, traviesa —Eso mismo quiero hacer. —Atinó a responder, mientras liberaba una de sus manos solo para empezar a recorrer su húmeda entrada con el dedo medio en tortuosos círculos, hasta lentamente sumirlo en ella.
El pecho de Amélie se elevó y cayó de golpe al percibirla totalmente dentro de sí —P-Petite…
Con cautela comenzó a moverlo de adelante hacia atrás. Su humedad iba en aumento, y sus ganas también. Asomó otro no tan inocente dedo en su cavidad y con sigilo lo impregnó, provocando que Amélie gimiera con más fuerza.
Sin embargo, todo tenía un porqué. No era su intención perderse el néctar de su amada, por ende, no tardó en retirarse de ella. Widow soltó un corto respingo inmerso de fastidio.
—N-Ni se te ocurra parar, fille.
Lena soltó una risita —Jamás. —susurró, y desplazó aquellas ya húmedas yemas hacia arriba por su piel hasta aterrizar en un lugar en demasía llamativo. Uno que su némesis exploró en ella misma.
Las caderas de Widowmaker tiritaron y sus ojos se entreabrieron con cierta sorpresa. La espió de reojo, dibujando una incitante sonrisa.
—Parece que la mosquita quiere jugar… —murmuró, logrando que Tracer le devolviera la sonrisa, que la percibió delinearse entre sus pliegues, y comience a recorrer con los dedos esa nueva entrada, humedeciéndola.
La respiración se Amélie se estaba volviendo pesada; plácidamente pesada. La previa que le estaba brindando la pequeña la estaba desesperando en el mejor de los sentidos.
—Chérie… —Fue incapaz de no llamarla de una apagada forma.
La única respuesta que consiguió fue una presión empezando a invadirla con cuidado. Arqueó el trasero por tal invasiva sensación, consiguiendo que Tracer se hundiera más en ella.
—¡Ah! —jadeó con la voz áspera, rodeando con las palmas sus rodillas. Estaba a punto de caer.
La heroína inició un sugerente baile dentro de esa cavidad que ya se mostraba preparada para más.
Una segunda presión la atravesó, estremeciéndola. Aspiró el aire entre dientes, mientras colocaba una mano en su propio trasero y lo entreabría más para sentirla mejor. Las sensaciones solo atinaron a acrecentar. Sentía como si su pecho fuera atravesado también por esa punzante sensación de tan profunda que era.
Tracer seguía devorándola con hambruna y acelerando los movimientos en su interior, enloqueciéndola. Sus entrecortados jadeos cada vez más resonaban con más fuerza en esa habitación.
Se siente tan bien…
—Mh… ¡Ah!
Estaba a punto de terminar, pero no quería. No todavía. Deseaba disfrutarla más tiempo; todo el que pudiese.
De pronto alzó las caderas; provocando que Lena la abandonase en ambos lugares. Esta última la detalló desde lo bajo con la visión ensombrecida.
—¿Luv?
Widow, con un importante esfuerzo se dio la vuelta y se acomodó otra vez frente a su ya, brillante semblante. Atajó su cabello con cierta rudeza y le sonrió.
—Quiero ver tu cara haciéndome eso. —dictó.
Lena abrió los ojos, impresionada, pero no tardó en devolverlos a la normalidad.
—Entonces… —Rodeó sus muslos y sonrió—. Mírame.
Se impregnó de nuevo en ella, en esta ocasión con más ímpetu. Widow frunció los dedos en su cabello, entreabriendo los labios. Era incapaz de mantener su labio inferior adherido al superior. Estaba tan debilitada que no podía creer el siquiera mantenerse en esa erguida posición.
—Mh… —gimió al percibir esa experta lengua recorriendo su centro en círculos—. Eso es… Así… —deslizó hacia atrás la mano por su frente, llevándose su flequillo con ella.
Tracer navegó por su intimidad de arriba hacia abajo, hasta penetrarla con su lengua. Empezó a danzarla en un acompasado baile, cada vez más de prisa.
Amélie elevó el cuello hacia atrás, deleitada —Oh… Mon dieu. —dijo en un ronco escape de aire, comenzando a mover las caderas lentamente hacia ella.
La entrepierna de la heroína ardió al escuchar esa incitante expresión. Llevada por ella, emigró de su interior y desplazó toda la lengua por aquella húmeda y sensible intimidad, para acto seguido succionar con ímpetu su centro que cada vez más se mostraba erecto.
—¡Ah…! —jadeó, arrugando los dedos en su cabello y apagando los párpados con fuerza. Estaba a punto de sucumbir.
—Mh… —Lena sofocó un grave gemido en su interior. Podía sentirla; estaba cerca.
Widow, entre audibles y roncos jadeos, sujetó los barrotes de la cama en un intento de sostenerse, se fue hacia adelante y aceleró el baile en sus caderas. Miró hacia abajo, agitada, y la detalló.
La heroína parecía tan concentrada en su acción… Sus ojos apagados por la lujuria; su piel brillante gracias a su néctar, sus mejillas tenuemente sonrojadas… Su vientre se oprimió, deseoso, por esa preciosa imagen.
—Oh… petite… —Liberó una mano de los barrotes y volvió a sujetar su cabello; tironeó de el y la sumió más en ella. Sus piernas temblaron por la grata sensación de sentirla tan apegada a esa delicada piel—. Mh…
Su aire huía por la nariz con fuerza, en consecuencia su pecho golpeaba hacia afuera con rudeza, impidiéndole retomar el natural acto de respirar con normalidad.
Tracer entreabrió los párpados cuando percibió sus crecientes temblores —Widow… —Aceleró más los movimientos en su centro, exasperándola.
—¡Ah! —Atajó de nuevo con ambas manos su cabello y se impulsó más rápido hacia ella. Su vientre se contrajo; ansioso. Sus mandíbulas se encontraron, desesperadas. Las presionó con fuerza, sofocando un alarido que anhelaba emanar.
Lena sujetó su trasero con ambas manos y la apegó lo más que pudo a su rostro. Amélie cerró los ojos y arqueó la espalda por las eléctricas sensaciones que comenzaban a subir desde la punta de los pies hasta terminar en su cabeza. Entreabrió los labios y emitió aquel áspero pero también sonoro jadeo que estaba reprimiendo, y empezó a tiritar. Su cuerpo, en demasía removido, se debilitó de golpe. Estampó las palmas contra la pared en un intento de no caer sobre ella y básicamente asfixiarla.
Tracer la detalló, ensimismada. Aquel pálido pecho subía y caía en picada, sacudido. Su aliento no parecía querer calmarse. Su boca abriéndose y cerrándose una y otra vez… Toda una visión.
—Widow… —musitó, acariciando sus muslos. Regresó los ojos a su interior, que continuaba derramando aquel preciado néctar. Tentada, se sumergió en ella de nuevo, sobresaltándola, y comenzó a lamer todo su contenido.
Amélie, deleitada, la contempló con el corazón pidiéndole piedad de tanto que atacaba a su pecho.
—Eso es… —murmuró con una placentera tonada, sujetando su cabello. La sumió más en ella—. Bébetelo todo, petite —Se relamió los labios, deseosa, analizando con detenimiento como pasaba la lengua completamente por su pureza y la despegaba con lentitud, para luego arquearla hacia atrás y devolverla a su boca. Sus pupilas se ampliaron al notar su propio néctar impregnado en aquella piel—. Mh… Sí, trágate hasta la última gota. Ese es mi aprecio por ti…
Lena sonrió con picardía y tragó.
—Eso es… Buena chica. —Acarició su cabeza, dibujando una cansada sonrisa. Tracer le sacó la lengua en respuesta, socarrona, demostrándole que ya nada quedaba de su placer en ella.
Esa imagen fue demasiado para su cordura.
—Ah… —Agotada, se movió hacia atrás y se desarmó sobre ella—. Realmente… vas a matarme.
—Esa es mi línea, luv. —dijo contra su oído, deslizando la palma por su sedoso cabello—. Creo que al final si vamos a terminar matándonos la una a la otra.
Widow sonrió sobre su pecho y con un notable esfuerzo se reincorporó, quedando sentada. Aún con el aliento recuperándose, sujetó su cintura y la levantó un poco, dejando la espalda de Lena apoyada contra los barrotes. Gateó entre sus piernas y rozó sus labios.
—¿Te gustó mi sabor? —murmuró de un sugerente modo, lamiendo su labio inferior.
—Eres deliciosa… —respondió con la voz sofocada debido a la excitación que iba en aumento.
—¿Me dejas probar?
Abrió sus castaños ojos, sorprendida, y antes de que pudiese contestar Widowmaker atrapó su nuca y la besó desaforadamente, quitándole el aire. Así de rápido como se unió, se desprendió; una visible mezcla de saliva y su propio néctar quedó sostenido, testarudo, entre sus labios.
—Mh… —Se mordió el suyo, no apartando su fogosa mirada de sus ojos —Sí, soy deliciosa… pero tú lo eres más, chérie. —Le dio un corto beso y volvió a sentarse sobre su abdomen.
Tracer, tratando de calmar a su corazón, le sonrió —Lamento no estar de acuerdo, cielo.
Amélie sonrió de lado y navegó las yemas hacia abajo por su abdomen; Lena tiritó.
—Veo que sigues con ganas —Se burló—. Eres tan insaciable…
La heroína volteó el rostro, avergonzada —Eso es tu culpa. Por ser tan…
Se detuvo en seco al detallar como Widow pasaba la atención a la sábana. Serena, la sostuvo con ambas manos y de un tirón rompió un pedazo de tela.
—¿Tan? —inquirió, juguetona, y le mostró en un zig zag la tela rota.
—Tan… ¿Qué haces?
—Hm… —Se inclinó hacia ella con una peligrosa sonrisa de fondo y sujetó sus manos. Las pupilas de Lena se expandieron al detallar como las estampaba encima de su cabeza y comenzaba atar sus muñecas en los barrotes con la tela—. Querrás decir, qué haremos.
—¿W-Widow?
Se sentó sobre su vientre, sin borrar esa sugerente pero amenazante sonrisa. Tracer levantó la cabeza y divisó sus muñecas. Bufó, resignada.
—Tenías que hacerlo…
—Oh, allez chérie. —susurró, deslizando las yemas por su garganta—. Te ves hermosa así. Tan… entregada a mí.
Tracer se sonrojó, intimidada.
—Además… —Atrapó su muslo y comenzó a llevarlo hacia adelante, flexionando su pierna—. A mí no me puedes engañar; sé bien que te gustan estos jueguitos. —finalizó, inclinando su propio cuerpo también hacia adelante y dejando a escasos centímetros su intimidad de la suya.
Lena juró sentir como una eléctrica energía emanaba de ese templo; una energía que funcionaba cual imán, ya que no pudo evitar mover las caderas hacia ella y apegarlas en una profunda unión.
Ambas jadearon por lo bajo, entrecerrando los párpados.
—¿Ves que te gusta? —dijo, burlona. Empezó a mecerse con lentitud, rozando sus intimidades que ya se encontraban en demasía sensibles.
La heroína, perdida en ella, observó casi en cámara lenta como su bien formado abdomen bailaba de adelante hacia atrás en una sugerente danza. Cerró los puños, inquieta.
—Ah… —Aferró el agarre en su muslo y llevó más hacia adelante su pierna. Lena miró de soslayo su rodilla, que ahora estaba impregnada en su propio hombro—. Pero qué elástica eres, petite… Me facilitas mucho las cosas.
Regresó la visión a ella, agitada —D-Deja de hablar, idiota.
—Hm… ¿Y esto? —Rozó sus labios—. Quién iba a decir que podrías ser tan impaciente. —Bromeó, acelerando las embestidas.
Tracer, ruborizada, captó por encima de su pálido hombro como su trasero se impulsaba una y otra vez hacia ella, haciendo una sugerente curva en el camino. Amélie apoyó las manos al costado de su pequeño cuerpo y mutó sus rectos movimientos por unos circulares.
Tortuosamente precisos y circulares.
—¡Ah! —Jadeó, tironeando las muñecas en un vago intento de liberarse.
—Mh… —Widow se mordió el borde del labio, percibiendo como su cuerpo se adelantaba a su mente y se revolvía, ansioso—. Míranos… —Se despegó unos cortos centímetros y Lena detalló como un transparente hilo de placer quedaba sostenido entre ellas—. Estamos conectadas…
Se sonrojó hasta las orejas, ahogando un grito. Su némesis no podía ser tan descarada. No era justo; su pequeño corazón no lo podía tolerar.
Widowmaker rió en un murmullo por su callado y atónito comportamiento, y se apegó otra vez de golpe. Tracer se estampó hacia atrás por la fuerza que utilizó.
Jadeando entre dientes, comenzó a impulsarse vorazmente de adelante hacia atrás, generando que la heroína emanara ásperos alaridos.
Widow se aferró con más rudeza de las sábanas y escondió el semblante en la curva de su cuello. Continuó meciéndose cada vez más rápidamente con la respiración fuera de sí. La cama crujía de los precipitados y potentes que eran sus movimientos. Crujía a tal grado que Lena empezó a preocuparse.
—¡E-Espera! —Tironeó de nuevo sus muñecas, sin éxito alguno— ¡L-La cama se romperá!
Amélie mordió la piel de su cuello, provocando que emitiera un fastidioso quejido, y apartó un poco el rostro para verla de frente.
—Estoy trabajando aquí, petite —dijo con cierta impaciencia y arqueando una disgustada ceja—. Mejor quédate calladita.
—¡P-Pero si sigues así…!
Unos hambrientos labios sellaron sus quejas. Widowmaker los entreabrió y enredó su lengua con desesperación. Emitiendo una fuerte exhalación, ladeó el semblante de costado para disfrutarla mejor y reforzó el agarre en su muslo. Colocó su pierna sobre su hombro y para la mala suerte de Lena, que estaba segura que la cama no iba a aguantar mucho más, se embistió con más fuerza y aumentó la velocidad.
—¡Ah! —gimió, apretando los puños. Su espalda se estampaba una y otra vez sobre los barrotes de la cama gracias a los ahora, para nada amables movimientos de su némesis. Era un hecho que esta última estaba perdiendo la sensatez.
—Ah… ah… ah… —jadeaba sobre su oído Amélie, en absoluto a punto de culminar, al igual que su compañera.
La heroína, al escucharla, sintió como una insana energía se apoderaba de ella. Chocando los dientes, tironeó con más fuerza las muñecas y por fin rompió esa maldita tela. Se aferró con ímpetu de su espalda, rasguñándola.
Una inesperada mano sujetó su cuello y lo apretó ligeramente. Abrió sus castaños ojos y la observó de reojo. Su aire se tornó pesado por ese intento de asfixia, que de asfixia no tenía nada. Widowmaker sabía lo que hacía; no estaba lastimándola. Tan solo estaba drenándola de una nueva sensación que estaba extinguiendo a todos sus sentidos.
—¡W-Widow!
—Lena… —Se impulsó más hacia su cuerpo y apegó lo más que podía sus intimidades, generando que ambas comenzaran a temblar estrepitosamente— ¡Ah!
Tracer apretó los párpados, tiritando, y deslizó hacia abajo las yemas por su espalda, marcándola. Amélie, temblando sobre ella, reforzó el agarre en su cuello, dejando rojiza su piel, y desaceleró la acción con lentitud, embistiéndose unas veces más. Eso no duró mucho; se desplomó sobre su pequeño cuerpo, agotada.
Tracer, agitada en demasía, se perdió en el techo de esa antigua habitación y rodeó con los brazos aquella sacudida espalda. Poco a poco su respiración se iba tranquilizando, permitiéndole advertir el ardor en su cuello, las dilataciones en su interior y su corazón latiendo como si hubiese corrido una maratón.
Soltó un aliviado suspiro, generando que Widowmaker riera sobre su piel. Ésta última con lentitud elevó el rostro; Lena bajó la mirada. Sus ojos se encontraron de una forma tan pacifica y tranquila, como si el desenfrenado encuentro anterior no hubiese existido.
No obstante, algo alteró ese pacífico ambiente. Widow deslizó los ojos hacia su cuello y notó las rojizas marcas en el. Su pecho se encogió, afligido.
Lo hice de nuevo…
—Petite… —Lo rozó con las yemas—. Perdóname. —Su cabeza decayó, entre avergonzada y arrepentida. Avergonzada porque no podía controlar a su maldita persona.
Tracer no tardó en preocuparse —Luv… —Atajó su rostro con ambas manos y lo ascendió—. No entiendo porqué te estás disculpando.
Sus dorados ojos saltaron, asombrados —¿Tan inocente eres, mosquita? Mira como te dejé… —Acarició su piel, arqueando las cejas de un angustioso modo—. Te lastimé de nuevo.
Lena pestañeó —¿Huh? ¡No me lastimaste! —Soltó una carcajada que no comprendió— ¿De qué estás hablando?
—Q-Quoi? Pero tu cuello está…
—Rojo, sí. —Asintió como si nada.
—Por eso digo que…
—Pero no dolió. Es más —Puso un dedo en su mentón—, estaba por completo segura que sabías lo que hacías.
—Pensé que lo sabía, pero al ver cómo quedo tu… piel, no estoy tan segura. —La examinó, divisando como esas marcas paulatinamente comenzaban a desaparecer.
Tracer rió de nuevo, desconcertándola —¡Te estoy diciendo que no dolió! Al contrario… —Derivó la vista de costado con un grado de picardía—… Me gustó.
El labio inferior de Widow se desprendió —¿Te gustó? Vraiment?
Asintió de nuevo, radiante. Amélie lentamente comenzó a transformar esa abatida mueca en una arrogante sonrisa.
—Lo sabía —Se inclinó hacia su rostro—. Sabía que tenías un lado masoquista, chérie.
Lena se llevó las manos a los cachetes, en señal de una falsa vergüenza —No lo digas así, chérie… —bromeó, a lo que Widowmaker rió.
—Eres tan especial… —Acomodó todo su cuerpo sobre ella y acarició su mejilla—. Por no decir que te falla mucho, petite.
—¡Mira quién lo dice!
—Hm… está bien, me gusta que te falle —Besó sus labios—. Te complementas bien con mi sádica persona.
Tracer asintió una y otra vez, infantilmente. Widow se quedó contemplándola casi hipnotizada. Era incapaz de borrar la tenue sonrisa que la adornaba.
Ah… Es posible que yo… por ella…
Volvió a sus labios como si fueran una necesidad y acrecentó esa perfecta unión. Lena enredó los brazos en su cuello, mientras su némesis pasaba las manos por su cintura.
Es posible que esté muriendo de amor por ella… Merde.
De repente, la cama crujió otra vez. La heroína se despegó de golpe y la miró con los ojos muy abiertos.
—¿Eso fue…? —inquirió, pasando la vista al colchón.
—Quoi?
—Creo que la cama está… ¡Agh! —No pudo terminar. Las patas se desarmaron en sus narices y ambas cayeron al suelo de un estúpido modo.
Para suerte de Widowmaker, su caía fue amortiguada por un suavecito cuerpo debajo de ella.
—¡Puta madre! —Se refregó el trasero, adolorida— ¡Te lo dije!
—Hm…
Widow se incorporó con su típica cara de póker y pasó la visión de un lado a otro, detallando el desastre.
—Merde.
Se levantó, dejándola tirada. Lena se sentó y bufó, agarrando su bata.
—Sí que debe ser antigua para desarmarse así.
Asintió, indiferente —Oui, tiene al menos unos treinta años.
Su mandíbula se desencajó —¡¿Treinta años?! ¡Cómo mierda aguantó tanto!
—Hm… —Rascó su mentón—. Nadie la usó, tal vez es por eso.
—¿Nadie?
—Nadie.
—¿Con quién vivías aquí? —No pudo evitar preguntar.
Los párpados de Widow descendieron con cierta desolación, hecho que notó.
—¡Ah! ¡No tienes que contestarme! —Negó con las manos, hiperactiva.
Amélie suspiró y agarró su bata del suelo; se la colocó —No lo recuerdo.
Lena alzó la cabeza de golpe.
—Y no me interesa recordarlo.
—… Entiendo.
Widowmaker la observó de reojo y sonrió —¿Para qué hacerlo cuando ya tengo todo lo que necesito aquí?
—¿H-Huh? —inquirió, colocándose la manga de la bata.
Extendió el brazo y le ofreció la mano —Una pequeña mosquita atrapada en mi telaraña.
Lena se quedó contemplándola unos largos segundos, perpleja y sonrojada. Sonrió con timidez y tomó su mano. Trató de levantarse, pero una molestia en forma calambre asaltó a su cuerpo. Sus rodillas flaquearon de un ridículo modo y terminó de culo en el suelo.
—¡Agh…! Mierda...
Widow sofocó una maligna risita —¿Qué sucede? ¿Tan duro te di que no te puedes ni levantar?
—¡Eso mismo pasó! —Infló los cachetes—. Solo… dame un segundo.
—Oh, chérie… —Aún riendo, se aproximó y se agachó para quedar a su altura—. Realmente eres un problema —Sostuvo su cintura y luego sus piernas, y la levantó entre sus brazos— ¿Tendré que cargarte como a un enfant?
Tracer se ruborizó y enredó los brazos en su cuello —¿Te molesta?
Amélie negó con la comisura elevaba —Me gusta tocarte, así que no es molesto para nada.
—Ja, me imaginé que dirías eso.
Su némesis sofocó otra risa y pasó la mirada a la esquina, justo donde estaba el acelerador.
—Oh... —Viró los pasos y se dirigió hacia el. Se agachó con cuidado para que Lena no cayera, que a todo esto la miraba intrigada, y lo agarró—. Ten. —Lo puso sobre ella, y retomó el camino hasta salir de la habitación.
Tracer examinó con curiosidad el acelerador y pasó la atención a ella —¿A dónde vamos?
—A mi cuarto.
—¿A-A tu cuarto?
Widow bajó la mirada y la observó —Mañana traerás tus cosas y las dejarás ahí.
—¿P-Por qué? —Su corazón latía deprisa gracias a la emoción. Hacía horas que no le daba descanso alguno.
—Porque a partir de hoy te quiero en mi habitación —Le sonrió, traviesa—. Así no podrás escapar de mí.
Lena imitó su sonrisa, pero un diminuto sonido la deshizo. Posó la visión al frente y divisó como un patoso gatito pasaba corriendo frente a ellas.
Amélie lo siguió con los ojos —Ese es…
—¡Roberto, a dónde vas! … ¿Está persiguiendo algo?
—Posiblemente a una rata.
Tracer se endureció y la miró —¿H-Hay ratas aquí?
Asintió con desinterés —¿Qué esperabas? Es un castillo casi abandonado.
—¡Cómo mierda llegaron hasta aquí si lo rodea el río!
—Quién sabe… Pero que hay, hay.
Widowmaker sintió como reforzaba el abrazo. Dibujó una burlona sonrisa por ello.
—¿No me digas que te dan miedo? ¿Dónde quedó tu incondicional amor por los animales?
—¡T-Todos tenemos alguna excepción en la vida!
—Hm… sí. Tú eres la mía.
Obviando su estupefacción, entró a su cuarto, que era un poco diferente al anterior. Estaba mucho mejor decorado; las paredes eran azules, tal como aquellas que vio sin terminar. Su cama tenía un elegante cobertor de color bordo y además de los típicos armarios antiguos, había un escritorio con una silla cerca de ellos.
Se acercó hacia la cama y la tiró en ella sin mucha delicadeza.
—¡Oi!
Se acomodó su largo cabello hacia atrás, y puso la rodilla sobre el colchón. Lena pestañeó cuando una pálida mano le quitó el acelerador y lo dejó justo al lado de la cama. Se acostó a su lado sin decir palabra alguna.
Tracer se puso de costado para verla, mientras seguía con la visión como su mano se acercaba y acariciaba sus cortos mechones. Se perdió en esos dorados ojos que con el paso de las horas se habían aflojado.
—Gracias por invitarme a tu casa. —susurró, sonriente.
—¿Oh? —Enredó el dedo en un desalineado mechón— ¿A qué viene eso, chérie?
—Nada… solo eso. Lo aprecio y me hace muy feliz estar aquí contigo.
Amélie ascendió las cejas con cierto asombro que no comprendió porqué la atacó. Sabía que era la causante de su felicidad, pero escucharla decirlo…
—A mí… —Bajó un poco el rostro, avergonzada. Sí, avergonzada—… A mí me alegra tenerte aquí de esclava.
Lena emitió una carcajada y se sentó para agarrar la sábana —Estoy a sus órdenes, madame. —Comenzó a cubrirlas pero se detuvo en seco cuando esa sedosa tela rozó aquel impresionante trasero.
Tentada, lo analizó —De verdad… Me pregunto si esto es fruto del baile o simplemente está en tu genética. —musitó tan bajito que Widow apenas la oyó.
Giró el rostro hacia ella, curiosa —Quoi?
Tracer la miró con una sonrisa de oreja a oreja —¡Que quiero dormir aquí! —Por poco y se zambulló contra su trasero, sobresaltándola.
Amélie la observó, pestañeando reiteradas veces. Lena por su parte, refregó la mejilla contra uno de esos pecaminosos cachetes.
—¡Es tan mullidito!
—Ja… estás tan mal. —Se puso boca abajo y apoyó el rostro con calma sobre sus brazos—. Duerme donde quieras, petite.
La nombrada levantó la cara de golpe —¿En serio puedo dormir en tu trasero?
Widow negó con la cabeza, burlona, y atajó aquellas delgadas piernas que ahora tenía a su costado. Se abrazó a ellas y recostó con tranquilidad el semblante sobre su piel.
—Es todo tuyo, ma chérie.
La heroína esbozó una reluciente sonrisa y apegó la cara contra el de nuevo —¡Es mucho mejor que una almohada!
—Si tú lo dices.
—¡Muchos me envidiarían por esto!
—Ja, deja que lo hagan. Solo te pertenece a ti.
Lena parpadeó sobre su piel, haciéndole unas leves cosquillas —¿E-En serio?
—Bien sûr. Al igual que tu lindo culito me pertenece a mí. Que a todo esto —Viró el rostro sobre su pierna para verla—, no azoté por piedad. Pero mañana no escaparás, mejor cuídalo…
Tracer gesticuló una tensa sonrisa —O-Oi…
Amélie se aferró más a sus piernas y cerró los ojos, apacible —Ahora cállate mosquita, quiero dormir.
Lena contempló cómo se acomodaba sobre ella. Le sonrió con dulzura y asintió sobre su trasero, creándole unos inevitables escalofríos.
—Buenas noches, Widow.
—Bonne nuit.
Aunque posiblemente no pueda dormir si sigues sobre mon cul…
-/-
Unos inquietantes y cortos sonidos provocaron que entreabriera los ojos con pesadez. Ladeó el semblante hacia el costado y se encontró con el de Lena.
Veo que desistió de dormir en mi trasero…
Afinó un poco más la visión al contemplar las muecas que hacía dentro de sus sueños. Unas desesperadas muecas. Se sentó y la detalló más de cerca.
Parece como si… quisiera despertar.
Guiada por ese pensamiento, sacudió su hombro. Sin respuesta.
—Hey… —Volvió a sacudirla esta vez con más fuerza, y Tracer sofocó un quejido. Una pequeña gota de sudor se estaba resbalando por su frente. Aquello la alertó— ¡Lena! —La tomó con ambas manos y la sacudió estrepitosamente— ¡Despierta!
La heroína abrió los ojos de golpe y Widow por poco y se asustó de lo amplias que se encontraban sus pupilas. Sin esperarlo, se impulsó hacia ella y se aferró con fuerza de su espalda, temblante.
—Lena… —La rodeó con los brazos, confundida— ¿Qué pasa?
—¿Q-Qué día es hoy?
—¿Huh?
—¡¿Qué día es?!
Se sobresaltó por su inesperado alarido —Sábado.
—¿Fecha?
—Veintiséis de Agosto.
Se acurrucó contra su pálido pecho con una aturdida mueca adornándola —¿H-Hora?
—Lena…
—¡Dime!
Volteó el rostro hacia el reloj que se encontraba colgado de la pared —08:45 de la mañana.
Tracer soltó un largo suspiro. Amélie atrapó sus hombros y la apartó un poco.
—¿Podrías decirme qué merde te sucede?
La cuestionada desvió la mirada, afligida, y volvió a enterrarse en su torso —Nada… Solo déjame estar así un rato. A veces me pasa esto.
—¿Esto?
Se refregó contra su pecho, mientras unas dolorosas lágrimas empezaban a recorrer sus mejillas.
—No saber dónde estoy… Sentir que ya no pertenezco a esta época. Sentirme… perdida. Esas cosas a veces molestan mi sueño.
Las pupilas de Widow se expandieron gradualmente hasta casi opacar su dorado color.
—¿Es por… el accidente que tuviste? —musitó, limpiando sus lágrimas con el pulgar— ¿O acaso lo ocasionó la última vez que te perdiste en el tiempo?
No respondió, tan solo atinó a esconder más el rostro. El pecho se Widow se encogió, arrepentido.
—Es mi culpa.
—No —Negó sobre su piel—. Ya te lo dije, a veces me pasa. Nada más.
—Lena… —Se abrazó con fuerza a su acurrucado ser—. Désolé.
—No es tu culpa.
Widowmaker hundió la nariz en su suave cabello. Podía sentir su dolor, su terror, atravesando su pecho como una bala.
Claro que lo es. Reforcé ese trauma que nunca pudiste olvidar.
La miró de reojo. Sabía que no podía cambiar el pasado, pero tal vez podía arreglar su presente.
—¿Necesitas algo, petite?
—Solo a ti. —murmuró, ascendiendo y descendiendo las palmas por su espalda.
Su renovado corazón palpitó, entusiasmado.
—Es muy probable que esto me pase más de una vez, ¿podrás tolerarlo? —agregó en un hilo de voz.
Amélie delineó una leve sonrisa y acarició su cabeza —Qué idiota eres, claro que sí. ¿Pero qué hay de ti? ¿Podrás tolerar todas las batallas que tendré dentro de mis sueños por todo lo que hice?
Lena entreabrió los ojos sobre su piel.
—Despertaré gritando; quizás hasta te confunda con Talon y trate de matarte —Bajó los párpados con cierta desesperanza—. Todo puede pasar.
—Está bien… Nos apoyaremos mutuamente, Widow —dijo, elevando la cabeza para contemplarla—. De eso se trata.
La nombrada la observó, perdida en esos honestos ojos que no mentían. Sonrió de lado, socarrona y atajó su cabeza por detrás, para luego impulsarla de nuevo hacia su pecho. Recostó con tranquilidad el mentón en su cabello.
—Tú y yo estamos claramente averiadas, petite. Somos todo un caso perdido.
—Ja, sí... lo somos.
—Pero... —La apretó más contra ella—… Es un alivio que seamos la herramienta que la otra necesita para enderezarse.
Tracer sonrió en su pecho y se abrazó más a su delgada espalda —Sí... Eres todo lo que necesito.
Se quedaron en silencio unos pacíficos minutos, disfrutando del mutuo cuidado. Cuidado que por suerte iba calmando poco a poco a la heroína.
—Lena.
—¿Mh?
—Puedes llamarme por mi nombre si quieres.
Abrió los ojos de golpe y la miró —¿De verdad?
Dudó antes de contestar —Si eres tú… está bien.
—¿Por qué… antes no querías que te llamara así?
Bufó —Porque me estabas comparando con ella.
—¡No! —Se alejó de golpe— ¡No es así!
Amélie la contempló con firmeza, poniendo a prueba su resistencia. Tracer reposó la mano en su mejilla y la acarició.
—Te amo a ti, Widow.
La nombrada cerró los ojos, evitándola —Recuerda que aunque me llames así, no soy ella.
—Lo sé. Solo es tu nombre.
Los abrió y asintió. Lena le sonrió.
—Aunque también me gusta decirte Widow.
Rodó sus dorados ojos —Decídete.
—Umm… —Llevó su comisura hacia el costado, en efecto indecisa— ¡Ya sé! ¡Te diré de las dos formas! —Le mostró los dientes, divertida. Widowmaker negó con el rostro, delineando una resignada sonrisa.
—Imbécile. —Atrapó sus hombros y se tumbó sobre la cama, llevándosela consigo. Tracer cayó de costado sin opacar ese radiante gesto. Al instante se acurrucó en su pecho.
—No me sueltes… —Se aferró a su espalda, declinando los párpados.
—No lo haré —Rodeó su cintura—. Duerme.
Su voz sonaba en un suave murmullo que la tranquilizaba.
—Gracias…
Se sumió más en su pecho y cerró los ojos dispuesta a volver con Morfeo. Sin embargo, unos leves golpecitos sobre su cadera provocaron que los abriese de nuevo. Salió de ese tibio lugar y se miró.
—Pff… —Tuvo que llevarse la palma a la boca para contener la risa— ¿Luv?
Widow la observó, indiferente —¿Sí?
Lena señaló las palmaditas que le estaba brindando —¿Qué estás haciendo?
—Te ayudo a dormir.
Y eso fue todo; su garganta desató la carcajada que tenía reprimida.
—¿Dándome palmaditas? Pff… ¡Ja, ja! ¿Eres mi madre o qué?
Amélie arrugó el ceño y aquel tierno gesto se transformó en un pellizco.
—¡Ouch!
—Fille desagradecida, solo trataba de ayudar.
Lena, aún riendo, se acurrucó de nuevo en su pecho —¡Lo siento! ¡Es que fue demasiado para mi corazón!
Widowmaker desvió la mirada, fastidiosa —Idiote.
—¡Oh, vamos! ¡Era una broma! ¡No pares!
—No pienso volver a hacerlo.
—¡Por favor! ¡Me gusta!
—Non.
—Por favooor.
Bufó, impaciente —¿Si lo hago te callarás?
Tracer asintió una y otra vez. Widow volvió a suspirar.
—Bien… —Colocó de nuevo la mano en su cadera y retomó las cortas palmaditas —. Ahora no quiero escucharte más, d'accord?
—¡Sip! —Cual niña pequeña rió sobre su pecho, generándole a su némesis un incoherente escalofrío.
Lena, sintiéndose protegida, detalló su pálida piel y la cicatriz que la adornaba. Sonriente, reposó los labios sobre ella en un corto y dulce beso, y volvió a acurrucarse con tranquilidad; ignorando el estremecimiento que atacó a la dueña de esa marca por tal cariñosa acción.
—Gracias, de verdad… Amélie.
La nombrada la contempló desde lo alto y sonrió, para luego apoyar el rostro en su cabeza.
No…, gracias a ti. Gracias por todo, petite.
¡Y llegamos al anteúltimo capítulo! El próximo va a ser el final, y luego para cerrar esta historia se viene un epílogo.
¡Muchas gracias por leer, gente linda!
Guest: ¡Muchas gracias por leer! Me alegra que estés ahogandote en felicidad jajaja Te leo en el próximo, besos!
nafa14: ¡Muchas gracias por leer! ¡Roberto está bien! Menos mal... Hasta yo temía por su pobre vida. ¡Que bueno que te siga gustando, y te leo en el próximo! Besos!
txukyahm: ¡Muchas gracias por leer! ¡Genial que te siga gustando! Y sí, con los últimos capítulos estamos bajando unos importantes cambios, tampoco mi idea era que toda la historia fuera un drama insoportable... Aunque creo que terminó siéndolo, mierda jajaja Te leo en el próximo, besos!
