Nuevamente estoy en el hospital.
Bueno, estoy en una cama de hospital.
Intento incorporarme pero mi espalda duele como si me hubieran estirado en una de esas máquinas de tortura medieval. Al menos no me están inyectando ese líquido azul, eso ya es algo. La habitación es pequeña, casi asemeja a una enfermería de colegio.
—Eres una estúpida.
Miro a Sheryl que está sentada cerca de la cama donde yo estoy. Me mira como si intentara parecer furiosa para no mostrar lo preocupada que está realmente.
— ¿Qué pasó? —le pregunto.
Siento que he hecho mil veces la misma pregunta durante éste viaje.
— ¿Te atreves a preguntar qué fue lo que pasó? —Se levanta para darme un golpe en la cabeza que me provoca un mareo—. ¡Estúpida!
— ¡Eso duele! —Le digo y me llevo una mano a la cabeza—. ¡Dime lo que ocurrió!
— ¡Que Harrison atrapó a Flareon mientras tú estabas desmayada, pequeña idiota! —dice ella con voz aguda y vuelve a golpearme.
Duele pero ahora lo recuerdo.
Los brazos que me atraparon no eran los de la muerte, eran los de James. Estaba parcialmente inconsciente cuando él me dejó bajo el cuidado de Onyx. Se levantó y liberó de su Pokebola a un Tentacruel. Habría esperado que Tentacruel le perteneciera a Sheryl pero no fue así, ella luchó junto a un Blastoise. Tentacruel y Blastoise unieron sus técnicas y consiguieron golpear a Flareon una vez. Eso bastó para que Flareon retrocediera. Recuerdo haber visto su mirada angustiada, parecía un cachorro aterrado y caminaba hacia atrás. Tentacruel volvió a atacar aprovechando que Flareon estaba desprevenido y entonces, fue rodeado por una esfera de luz roja y quedó sellado en su Pokebola.
Mirándolo en retrospectiva, fue demasiado sencillo atraparlo. Incluso fue un tanto estúpido.
— ¿Dónde está James? —le pregunto a Sheryl cuando el recuerdo se esfuma de mi mente.
— ¿Dónde está James? —Me imita ella burlándose de mi confusión—. ¡Estúpida!
Y vuelve a golpearme.
Tuve que estar un día entero en esa habitación de hotel.
Sigo resfriada, adolorida y tengo un par de suturas en los golpes que se abrieron y comenzaron a sangrar. Me parece increíble que no haya necesitado ningún trasplante de piel. Al parecer, las quemaduras que me provocó Flareon no requirieron cirugía. Aún así, mi piel arde como si hubiera estado bronceándome durante horas.
Pero no todo es miel sobre hojuelas, no.
Estar tanto tiempo en ese torbellino de fuego me dejó muy dañado el sistema respiratorio. Creo que sólo puedo compararlo con ser asmática. Aunque creo que es mil veces peor. No he podido ver a Diamond, espero que esté bien.
Tuve que tomar el ascensor para llegar a nuestra suite pues subir por las escaleras seguramente me habría terminado de matar. Tengo que admitir que sigo aterrada luego de lo que pasó con Flareon.
Y confundida, si cabe.
Abro la puerta y lo primero que veo son los furiosos ojos de Flareon.
¡No, no de nuevo!
— ¡Perla!
Diamond salta a mis brazos. Tiene el torso cubierto con vendajes así como una de sus colas. Me da gusto tenerlo en mis brazos. Pero Flareon me sigue mirando con odio.
— ¿Cómo te sientes?
Ese es James. Se acerca a mí y me envuelve en un fuerte abrazo. Me encanta éste chico.
— ¡Basta, Flareon!
James le grita enfurecido y veo a Flareon relajarse poco a poco. Quiero ponerme al tanto de todo así que intento preguntar. Pero entonces la pantalla plana de la estancia se enciende de golpe y podemos ver al líder de la Elite. Una silueta humana de color negro frente a una intensa luz blanca.
Maldición, ¿ahora qué?
