(En el capitulo anterior...)

"Y en su mente, los ojos de ella le miraron con amor. Amor y dulzura en su rostro de angel, con sus brazos abiertos para recibirlo en un abrazo. Esa imagen desapareció ante sus ojos en un manchurron de sangre que golpeó su rostro, en ese preciso momento...

No...

NO...

¡NO!

BANKOTSU - ¡KAGOME! "

(Comienzo del capitulo 20.)

Se que le debo mi vida por haberte tomado en ese momento.

Corazón que paró

Su respiración se cortó.

Paralizando su cuerpo

La sangre en su rostro aterrado

Silencio.

El corazón del guerrero allí presente se paró por segundos, mirando con sus ojos bien abiertos el manchurron rojo volar a sus ojos y la sangre expandirse por el suelo. Estático su cuerpo estaba ante el impacto de la sangre en su rostro, todavía cálida. El momento dejó de tener sentido, fue como ver un gran rayo comerse la figura de su amada en ese momento.

Kagome...

Su corazón volvió a latir.

Con su brazo extendido, herido a causa de las dos lanzas de metal que se dirigían hacia esa dirección, protegía a Kagome del peligro. Agazapado, cubriéndola con todo su cuerpo y una mirada severa en sus ojos dorados. La sangre se disparó por todas partes a causa de su herida y ahora caía como una cascada en suelo, pero el dolor no le había causado efecto alguno. Takashi y Bankotsu le miraron por unos instantes, el demonio con una mirada sorprendida y el guerrero con aturdimiento. Kagome, que se había mantenido encogida y con los ojos cerrados, abrió los ojos y se encontró con la espalda cubierta de cabellos plateados protegiéndola.

KAGOME - I...Inuyasha... - susurró, incrédula.

Inuyasha se giró, con una pequeña sonrisa en el rostro. Sus ojos dorados brillaron, feliz y confiado de si mismo. Tenía a Tessaiga a su lado, ya transformada.

INUYASHA - Me alegra verte a salvo, Kagome. - dijo en voz alta, aliviado y con su sonrisa de antaño.

Kagome le sonrió abiertamente, levantándose los dos del suelo ahora manchado de sangre. Fue cuando Inuyasha giró su mirada, mirando con ojos fieros a las dos figuras a su frente. Kagome hizo lo mismo y su corazón aceleró el ritmo al ver a Bankotsu, que este al verla sin ninguna herida sonrió. A Bankotsu en ese momento no le importaba si Inuyasha la protegía, o si desprotegía sus espaldas para verla. Kagome estaba bien, y nada le hacía sentir mejor que esa misma razón.

INUYASHA - Ahora tú, infeliz. - dijo con tono amenazador, blandiendo a Tessaiga de un solo movimiento. - ¡Qué demonios haces con vida! - gritó, con ojos colericos mirando a Bankotsu. - Pero eso no importa, ¡Te destruiré junto a ese demonio de aspecto ridículo!

El viento cortante comenzó a manar de Tessaiga, envolviéndola en un hilillo de brisa a todo poder. Inuyasha fijó su objetivo, mirando a Bankotsu con la misma seriedad que le había mirado en su ultima batalla. En ese momento Bankotsu no sabía que hacer, no quería atacarlo pero tampoco iba a arriesgarse a morir nuevamente.

BANKOTSU - Espera, hanyou...

KAGOME - ¡NO! - tomó el brazo que sujetaba a Tessaiga, atrayendo la ahora confundida mirada del hanyou. - ¡Bankotsu no es el verdadero enemigo! ¡Detente si no quieres que...!

Una daga pasó cerca de su mejilla, tajando su piel.

¿? - Ow, que mal... No atravesé su cuello.

Todos los allí presentes se giraron hacia el origen de aquella voz, mirando a una mujer salir de entre la niebla, de cabellos rojizos y ropajes negros avanzar hacia ellos con paso tranquilo. Takashi sonrió, mirándola con cariño mientras bajaba su hacha al suelo.

TAKASHI - Satoko-onee chan... - su voz estaba cargada de afecto.

La mujer avanzó hacia su hermano, sin importarle las miradas que le daban los otros tres que estaban alejados. Se posicionó a su lado y le dirigió una gran sonrisa, mostrando sus colmillos desnudos.

JAKOTSU - Con que ese es tu nombre, mujer. - Los cinco miraron como la figura de Jakotsu emergía de la niebla. Llevaba su fiel espada serpiente en una mano mientras corría.

"Uno mas... y lo peor de todo es que es el rarito..." Inuyasha puso sus ojos en blanco al ver como el "afeminado" le sonreía y guiñaba el ojo.

Bankotsu caminó hacia donde estaban Kagome e Inuyasha, posicionándose al lado de su miko. A Inuyasha casi se le salen los ojos de las cuencas (Como en el capitulo en el que Kouga le declara su amor a Kagome) al ver como ella se separaba de su cuerpo y abrazaba a Bankotsu con fuerza, siendo correspondida por este. Olfateó las lagrimas saladas que habían comenzado a derramar los ojos de la azabache. Escuchaba las palabras tranquilizadoras que Bankotsu le decía y como ella le contaba que temía por su vida, viendo con un tic en el ojo toda la escena desde su lado.

"Kagome... ¿Que demonios estas haciendo?"

¿No era él al que ella debería estar abrazando? ¿Diciéndole que temía por que se hiciera daño? ¿No era eso lo que siempre habría pasado entre ellos?

¿Por qué ahora a él? ¿Por que demonios a aquel infeliz?

*...*

JAKEN - ¡Amo bonito..! - escuchaba como gritaba el yokai rana a sus espaldas.

Sesshomaru caminaba tranquilamente en la orilla de aquel mar, con su mirada serena fija en aquella isla que se envolvía en neblinas. Había escuchado hablar a su padre sobre aquella isla, que purificaba y reforzaba toda clase de armas. Sus ojos dorados se fijaron que, en el puente que conectaba aquella isla con donde el estaba, se hallaba un lobo con mirada ansiosa y actitud impaciente. De seguro era aquel lobo, amigo de la compañera de su hermano. En su mente nació la pregunta del por qué se encontraba en territorio sagrado, por que bien sabía que cuando cruzabas aquella barrera no te hacías daño pero el problema sería cuando tocara el campo. Te haría pedazos.

"Jm... tonterías." y siguió su paseo por la orilla del mar.

El viento enfurecido revolvió sus cabellos, bailando alrededor del cuerpo del Daiyokai mientras este cerraba sus ojos. Aquella sensación era agradable, una de las cosas que apreciaba de sus viajes en aquellos lugares era que tenías vistas y aromas diferentes. El aroma del agua salada, hierba humedecida, el calor de la tierra y la sangre de Inuyasha...

Esperen, ¿La sangre de Inuyasha?

Olfateó el aire con curiosidad. Si, ese era el aroma de la sangre de su odioso hermano. ¿Que estaría haciendo en aquella isla? Tal vez por su sangre de mestizo estaría allí, y le permitiría entrar. Fijó sus ojos en la isla en la barrera que le rodeaba. Sus ojos se abrieron al ver esa barrera desaparecer por escasos momentos, dejándola en libertad en un abrir y cerrar de ojos. Sintió el aroma de la compañera humana de su hermano, un yokai, mas de cuarenta cadáveres y dos humanos mas con... ¿Otro Hanyou? También sintió otra presencia, que palpitaba mas que aquellos corazones en ese momento. Enarcó una ceja, no era humano ni yokai, ni siquiera Hanyou.

De pronto, esa presencia tuvo una conexión con él. Sesshomaru sin pensar caminó hacia el puente, adentrándose en el y encontrándose cara a cara con el lobo... si, el lobo aquel de nombre Kouga. Este al percatarse de su presencia no evitó mostrar la confusión en sus facciones, mirándole con esos ojos celestes con desconfianza. Sesshomaru se detuvo a una distancia razonable.

SESSHOMARU - ¿Que sucede ahí adentro? - preguntó con voz indiferente, ocultando la conexión con aquella presencia.

KOUGA - No lo sé, solamente se escucharon varias armas chocar entre si y algunos gritos. - dijo, mirando con sus ojos salvajes hacia la isla. - No puedo entrar, purificarían mi esencia.

SESSHOMARU - Mira eso. - Kouga le siguió la mirada, entre abriendo la boca al percatarse de aquel campo de energía desaparecía a segundos. Nunca se percató de aquello, menos en aquel estado de impaciencia de desesperación. Vio avanzar al Daiyokai con lentitud. - ¿No irás? - escuchó preguntarle.

El yokai lobo se limitó a asentir con la cabeza y a correr detrás de Sesshomaru, esperanzado de rescatar a Kagome y al fin ponerla a salvo.

*...*

BANKOTSU - Ahora, responde mujer. ¿Quien eres? ¿Por que nos has revivido?

Bankotsu, Inuyasha, Kagome y Jakotsu se encontraban frente a aquellos hermanos demonio. El hanyou y el guerrero mantenían a Kagome a sus espaldas, protegiéndola, mientras ellos blandían sus armas con valentía. Jakotsu no esperaba el momento para atacar, pero debía ser paciente. "El momento indicado será" canturreaba con malicia en su mente.

Aquella mujer de nombre Satoko les miraba con total aburrimiento, apoyando su peso en el hombro de su hermano Takashi. Bostezaba constantemente y solo se limitaba a mirarlos, no abría la boca para nada a excepción de eso.

TAKASHI - Satoko-onee chan, ¿Esas son las famosas creaciones de las que me has hablado? - le preguntó, mostrando sus ojos curiosos.

Satoko por fin sonrió.

SATOKO - Si... en especial a mi querido Bankotsu, hace mucho que no le veía su atractivo rostro. - se giró hacia donde estaba el guerrero y le guiñó un ojo, el en respuesta le dirigió una mueca de desagrado. Satoko solo se limitó a reír. - Si, debo admitir que hice un excelente trabajo.

TAKASHI - Bueno, para ser sincero me hubiera gustado que crearas a una bella dama para...

INUYASHA - ¡Ya basta! ¡Ya me tienen harto! - gritó, adelantándose tres pasos de donde se encontraba. El viento cortante nuevamente comenzó a emanar de Tessaiga, apuntando hacia las energías demoníacas que estaban a sus ojos. - ¡KAZE NO KIZU! - y el viento cortante salió disparado hacia los hermanos Takashi y Satoko.

Los cortes del ataque salieron disparados como un rayo, dirigidos a los rostros aburridos de los demonios. Arrasaron en suelo y una gran nube de polvo estalló en aquel lugar. Entrecerraron sus ojos para ver algún cadáver o algo que ver, inerte y sin vida en el suelo.

SATOKO - Nieh nieh, perrito.

Apareció en la espalda de Inuyasha, clavandole las garras en el centro de esta y Inuyasha no desaprovechó la oportunidad. La tomó por el brazo y la lanzó lejos de él, corriendo hacia ella al verla desprotegida. Takashi también apareció, pero al frente de Bankotsu atacándole de sorpresa. El moreno fue rápido y contraatacó con su alabarda, forcejeando contra la fuerza del yokai. No perdió ni un minuto, concentrándose en la batalla que inició con Takashi y asegurándose de que Kagome se encontraba a salvo. Esta alejó a unos pasos de ellos, sujetando con todas sus fuerzas aquella espada.

BANKOTSU - ¡Jakotsu, cuida de Kagome! - gritó mientras alejaba con toda fuerza al demonio.

Jakotsu, que se mantenía a su lado asintió. Se alejó de él quedando delante de Kagome, volteándose y mostrando una sonrisa.

JAKOTSU - Tranquila, terminarán dentro de poco.

Volvió a voltearse, sin ver la mirada aterrada y angustiada de la joven miko.

Inuyasha peleaba a muerte contra aquella mujer, mientras que Bankotsu luchaba contra ese yokai que arremetía con fuerza y velocidad. ¿Tranquila? ¡¿COMO DEMONIOS SE QUEDARÍA TRANQUILA?! ¡Los hombres mas importantes en su vida estaban luchando a muerte, y uno de ellos era humano y luchaba contra un Yokai! Su corazón estaba corriendo una carrera sin limites y sus ojos comenzaron a cristalizarse ante las consecuencias de aquello. Siguió mirando detrás de Jakotsu, aferrándose a la idea de que Inuyasha estaría ganando la batalla y ayudaría a Bankotsu. Tenia que, él no era uno de los malos.

Inuyasha luchaba con su espada, esta recibiendo los golpes de las cuchillas que aquella Yokai lanzaba. Parecía estar disfrutando la batalla, como si fuera algo rutinario de los demonios que exterminaba a lo largo de su viaje hacia Naraku. La yokai parecía gruñir en su expresión y sus ojos se entrecerraban mas y mas, haciendo mas constantes y rápidos los ataques de sus cuchillos. Su cabello rojo se movía con rapidez y parecía una rafaga de fuego en el aire, zigzagueando por doquier.

En cambio Bankotsu, este estaba que resoplaba debido a los esfuerzos de su cuerpo humano. Se defendía usando a Banryuu, haciéndola chocar contra el filo del hacha de aquel yokai. Su cuerpo parecía cansado y su jadeante respiración parecía llegar a los oídos de Kagome, haciéndola preocupar aun mas.

Fue cuando se escuchó un chasquido, todos giraron sus rostros deteniendo la batalla. Inuyasha había atravesado la frente de la yokai con una de sus garras, sacando por el otro extremo parte del cerebro de aquella y un torrente de sangre. Su cuerpo se convulsionó por unos instantes y giró su mirada hacia su hermano Takashi, que este le veía con ojos cristalinos y aterrorizados. El rojizo cabello de Satoko se quedó quieto de repente, cayendo al suelo de tierra. Inuyasha sacó sus garras dentro del cráneo de aquella mujer y se alejó, salpicando sangre en los rostros de todos los presentes. La yokai miró aterrada a su hermano, pero luego dio una mirada... tierna.

SATOKO - Nii-chan... - su susurro fue tan débil como su sonrisa. El viento resopló en ese momento. - Gracias, me he divertido. - cerró sus ojos, aun con su sonrisa.

TAKASHI - Onee-chan... - Sus ojos verdes se llenaron de lagrimas, sin la menor intención de ocultarlas. - ¡ONEE-CHAN!

El viento presente trajo consigo pétalos de los arboles de cerezo, volando a su alrededor. Satoko sintió su cuerpo desvanecer, flotando con aquellos pétalos en flor. Su cuerpo desapareció entre el viento cálido, dejando solo sus ropajes negros inertes en el suelo y un aroma a cenizas.

Silencio.

KAGOME - Miren... - susurró.

Todos volvieron a girarse, ahora posando la mirada en el yokai macho. Bankotsu y Inuyasha abrieron sus aun mas sus ojos al ver como un aura demoníaca demasiado fuerte cubría su cuerpo. Había bajado su mirada y apretado sus puños, soltando aquella hacha que llevaba consigo. Temblaba de cabeza hasta los pies y un gruñido se escuchaba provenir de su garganta.

TAKASHI - Satoko-chan siempre fue una gran hermana. - susurró, aun con su mirada en el suelo. - Nuestras madres eran diferentes, pero yo siempre la amé a pesar de que ella fue Hanyou... - ¿¡Hanyou!? Inuyasha se quedó helado. - Siempre tuvo una increíble fuerza, pero se sentía mal al saber que nuestro padre no le había dejado un arma...

Inuyasha y Kagome se sintieron mal al escuchar aquello, teniendo un poco de compasión sobre aquel yokai. Ya sabían esa historia, pero esto era al revés.

TAKASHI - Ella solo quería un arma, y descubrió a Colmillo Torbellino. - prosiguió. - Esa espada antigua que el gran Inu No Taisho, rival de mi padre, creó para su hijo mayor con uno de los colmillos de su madre. Quiso tomar a una sacerdotisa para romper el sello de la espada, y así fue... - levantó su vista, dejando ver ahora sus ojos, completamente rojos. - Ahora, por culpa de esa miko... - miro a Kagome. - ¡TODO ESTO HA SIDO TU CULPA!

SESSHOMARU - ¿Qué es lo que has dicho?

Sesshomaru apareció detrás de aquel yokai, con una mirada de completo asombro. Takashi no volvió a mirarlo, quedandose con su mirada repleta de ira fija en Kagome. Esta estaba contemplando la mirada roja del yokai a distancia, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda. Algo estaba mal, muy mal...

TAKASHI - ¡MATARÉ A ESA MUJER CUESTE LO QUE CUESTE!

y se lanzó contra ella.

Un latido de corazón.

Una lagrima solitaria.

Un hombre sacrificado.

Una guerra terminada.

Otro silencio.

Todos miraron atónitos aquel movimiento que Sesshomaru no había evitado por su asombro. Inuyasha miró con ojos bien abiertos aquella escena, Jakotsu se quedó sin aire y dejó caer su espada, Koga quien había recién llegado paró en seco en medio de aquel campo ante ello. Y Kagome... Kagome solamente calló. Una sombra cubrió el sol que caía sobre ella y la sujeto por los hombros.

KAGOME - Ban...Bankotsu...

El nombrado levantó su mirada, con sus ojos azules mirandola con ternura y un hilo de sangre caer por su boca. Le dio una sonrisa.

Bankotsu se había interpuesto entre ella y Takashi, recibiendo la garra de este en su espalda. Takashi hundió sus garras filosas en la espalda del guerrero, retorciéndolas en el interior pensando que aquel era el interior de la miko. Bankotsu se sostuvo entre el cuerpo de ella, sintiendo que no todo lo que había hecho era en vano. La sangre salio de aquel cuerpo y mancho las ropas de colegiala de Kagome.

BANKOTSU - Te dije... Te dije que te protegería con mi vida si fuese necesario. - dijo en un murmullo débil en el rostro de Kagome, sonriendole con dolor.

Las lagrimas aparecieron en el rostro de ella, comprendiendo todo lo que estaba pasando. Soltó a Colmillo Torbellino de sus manos y se arrodilló, con el cuerpo de su guerrero en brazos y una mirada perdida en sus ojos chocolates.

No volverás a correr peligro, te protegeré con mi vida si es necesario.

KAGOME - Tonto.. - dijo entre lagrimas, acariciando el rostro de Bankotsu. - ¿Por qué lo hiciste, por qué?

Bankotsu tosió, mirandola con esa sonrisa. Levantó debilmente su mano y le acarició el rostro.

BANKOTSU - Una promesa es una promesa...

Kagome le abrazó, llorando sin consuelo en el pecho de aquel guerrero.

Takashi les miraba con desprecio y en sus ojos rojos había lagrimas por la muerte de su hermana, preparó nuevamente sus garras y se abalanzó nuevamente hacia ellos.

Y el sonido de una cabeza rodar hizo eco entre aquel silencio. Sesshomaru terminó de espaldas, con su látigo venenoso volver a su dedo indice y el cuerpo inerte de Takashi en el suelo, haciéndose cenizas como su hermana.

SESSHOMARU - Encuentrate con tu hermana en el otro mundo, ser repugnante.