hola ke tal... jejje aki les dejo este cap este ya es un poko mas largo ke el anterior espero les guste

recuerden ke ni la historia ni los personajes me pertencen

cuidence...

Capitulo 21

«Si no vienes a mí, seré yo el que vaya a buscarte».

Rosalie no podía olvidar esas palabras. Todavía no había decidido cómo tomárselas, al igual que tampoco había decidido cómo tomarse lo sucedido entre Emmett y ella. Había habido algo más que pasión en aquella tarde mágica en el estanque, algo más que placer, por intenso que éste hubiera sido. Podía vérselas con la pasión y el placer,pero era el «algo más» lo que la mantenía despierta por las noches.

Si fuera en busca de Emmett, ¿en busca de qué estaría yendo? De un hombre al cual apenas conocía, de una relación que se anunciaba llena de altibajos, más de los que se veía capaz de resolver. Del riesgo. Estaba empezando a comprender demasiado bien cuál era el riesgo. Si aflojaba las riendas en ese momento, el amor la derribaría antes de que pudiera recuperar el control. Le resultaba difícil admitirlo, e imposible entenderlo.

Siempre había pensado que la gente se enamoraba porque quería, porque era eso lo que buscaban o a lo que estaban dispuestos, a enamorarse. Era cierto que en una ocasión ella también había estado dispuesta, abierta a albergar sentimientos tiernos y emociones intensas. En esos momentos, sin embargo, de nuevo en los límites del amor, ni se hallaba preparada para ello ni estaba experimentando nada parecido a la ternura. Emmett McCarty no se lo había pedido y, al no hacerlo, le estaba exigiendo muchísimo más.

Si fuera en su busca, ¿sería capaz de equilibrar sus responsabilidades y ambiciones con el deseo y la necesidad que Emmett desataba en ella? Cuando estaba en sus brazos se olvidaba del rancho y de la posición que ocupaba; y su esfuerzo diario para mantenerla.

Si se enamoraba de él, ¿podría lidiar con el desequilibrio de lo que sentían el uno por el otro y salir adelante cuando llegara el momento en que él decidiera seguir su propio camino? No dudaba de que ese momento llegaría. A excepción de Clay, ningún hombre le había sido leal.

La indecisión la atormentaba, como era de esperar en una mujer habituada a hacer las cosas a su manera y a seguir su propio camino.

Y mientras su vida personal estaba tan alborotada, la profesional no andaba mejor: había perdido quinientas cabezas. No cabía duda de que le habían estado robando ganado de forma sistemática.

Rosalie colgó el teléfono y se frotó las sienes con intención de aliviar el dolor de cabeza que le estaba martilleando el cráneo.

-¿Y bien? -James Carlson se hallaba sentado al otro lado del escritorio con el sombrero en el regazo.

-No pueden entregarnos el avión hasta finales de semana -frunció los labios sombríamente mientras levantaba la vista hacia él-. Ya no importa cuando sea.

A no ser que sean imbéciles, esos cuatreros ya se habrán llevado mis vacas muy lejos de aquí. Probablemente hayan cruzado el límite con Wyoming.

Él estudió el borde de su impecable Stetson.

-Quizá no, porque en ese caso estarían cometiendo un delito federal.

-Al menos es lo que yo haría -murmuró ella-. Quinientas cabezas de ganado de primera no pasan desapercibidas -se levantó y se retiró el pelo detrás de las orejas. «Quinientas cabezas». Esas palabras no hacían más que surgir en su mente: una señal de impotencia, de vulnerabilidad, de fracaso-. Bueno, el sheriff hace lo que puede, pero nos llevan ventaja, James. No hay nada que hacer -golpeó sus puños, el uno contra el otro, con frustración-. Odio sentirme impotente.

-Rose... -James hizo girar el borde del sombrero entre sus manos y se quedó observándolo un instante. En el silencio que siguió, Rosalie oyó el tic-tac del viejo reloj que reposaba en el escritorio de su abuelo-. No me voy a sentir bien si no te hablo de esto -dijo por fin, y la miró de nuevo-. No sería difícil esconder quinientas cabezas si las dispersas entre varios miles.

La mirada de Rosalie se endureció.

-¿Por qué no hablas claramente, James?

Él se levantó. A pesar de llevar ya más de seis meses en Utopía, seguía pareciendo más un hombre de negocios que un hombre de campo. Y Rosalie comprendió que el que le hablaba en esos momentos era el hombre de negocios.

-Rosalie, no puedes pasar por alto el hecho de que el alambre de la cerca oeste estaba cortado. Esos pastizales limitan directamente con las tierras de McCarty.

-Sé con qué limitan -dijo fríamente-. Igual que sé que necesito algo más que una alambrada cortada para acusar a alguien, especialmente a los McCarty, de robar ganado.

James abrió la boca para hablar, pero cuando se encontró con la mirada inflexible de Rosalie, la cerró de nuevo.

-De acuerdo.

La sencillez de su respuesta no hizo sino avivar el genio de Rosalie. Y sus dudas.

-Emmett me ha dicho que va a hacer un recuento minucioso. Si tiene cincuenta cabezas de más en sus tierras lo sabrá enseguida, no digamos quinientas.

-Ya lo sé.

Su tono, mucho más que las palabras que utilizó, le indicó a Rosalie por dónde iban los tiros. Ella se quedó mirándolo fijamente. Los ojos de James mostraban firmeza y comprensión.

-Maldita sea, no le hace falta robarme ganado

-Rosalie, si pierdes otras quinientas cabezas, tus beneficios quedarán reducidos a cero. Pierde esa cantidad, incluso la mitad de esa cantidad, y... quizá tengas que empezar a pensar en vender algunas de tus tierras. Hay más razones que el precio por cabeza para robar ganado.

Ella se dio media vuelta mientras cerraba los ojos con fuerza. Aquello ya se le había ocurrido, y se odiaba por haberlo pensado.

-Si quisiera comprar, me habría preguntado.

-Tal vez, pero tu respuesta habría sido no. Se rumorea que hace unos años quería empezar su propio rancho, establecerse por su cuenta. No lo hizo, pero eso no significa que esté satisfecho con arreglárselas con lo que le da su padre.

Ella no podía rebatir nada de lo que había dicho, pero tampoco creerlo.

-Deja las investigaciones al sheriff, James. No le quites su trabajo.

Él se quedó muy tieso, muy rígido, ante el tono cortante de su voz.

-De acuerdo. Supongo que será mejor que vuelva a lo mío.

Una ola de frustración y de culpabilidad invadió a Rosalie, que se dio la vuelta antes de que él alcanzara la puerta.

-James, lo siento. Ya sé que estás pensando en Utopía.

-Y en ti también.

-Te lo agradezco, en serio -recogió un guante de faena del escritorio y lo manoseó nerviosamente-. Tengo que llevar esto a mi manera, y necesito un poco más de tiempo para decidir qué está pasando.

-Muy bien -se puso el sombrero y bajó un poco el ala-. Sólo quiero que sepas que tienes mi apoyo si te hace falta.

-No lo olvidaré.

Cuando James se hubo ido, se detuvo en el centro del despacho. Dios, tenía tantas ganas de chillar, de levantar los brazos al cielo y decir a quienquiera que quisiera oírla que no podía hacer frente a la situación. En alguna parte tenía que haber alguien que pudiera hacerse cargo y ayudarla a ver las cosas con claridad hasta que todo hubiera vuelto a la normalidad. Pero no le estaba permitido perder los nervios ni abandonar sus responsabilidades, ni siquiera un minuto. El rancho era suyo, y también todo lo que conllevaba.

Rosalie agarró su sombrero y el otro guante. Había mucho trabajo por delante. Incluso en el caso de que le robaran hasta las cien últimas cabezas, habría un modo de volver a poner las cosas en orden. Las tierras eran suyas, y también había heredado de su abuelo iniciativa y determinación.

En cuanto abrió la puerta para salir afuera, vio que Karen McCarty detenía su coche delante de la casa. Sorprendida, Rosalie vaciló y luego salió a su encuentro en el porche.

-Hola, espero que no te importe que me haya pasado por aquí sin avisar.


y ahora? ke le dira Karen a Rose? kieren saber?

jeje yo creo ke ya saben como hacerle

cuidence

byee :)