Abrió la reja que se interponía en su camino y avanzó con paso lento, escuchando los gritos de terror entremezclados con las suplicas de sus prisioneros. No se molestó en girar la cabeza, sentía la sangre hervir, y un solo hombre era el responsable. Vio a dos mortífagos de pie frente a una de las celdas y supo que ya había llegado a su objetivo.

No había tenido el tiempo ni el ánimo de visitar a su escurridizo rehén. Habían pasados dos meses desde que el supuesto sanador había sido encerrado, quedando completamente bajo el yugo y la responsabilidad de sus dos más astutos sirvientes. Siempre había puesto su confianza en ellos, dado que eran capaces de sonsacar todo tipo de información utilizando los castigos más crueles. Pero había alguien peor que ellos, y es que cuando lord Voldemort bajaba a interrogar a un prisionero, eran pocas las posibilidades de que éste siguiera vivo después de haber soltado todo lo que sabía.

Sus mismos mortífagos temblaban nerviosos cuando sabían que sería su amo el encargado de visitar a uno de los presos encerrados en los calabozos. Por lo general el mago oscuro no se molestaba en hacer cosas tan rudimentarias, pero dado que el sanador no tenía intenciones de confesar, pues se requerían medidas drásticas.

Llegó hasta la celda, ignorando la mirada de terror que se reflejó en los ojos de sus mortífagos. Se centró en la oscura y desmadejada figura tirada en el frío suelo de piedra. Ignoró una vez más a sus vasallos, los cuales se desvivían dándole explicaciones estúpidas del porqué no habían logrado su cometido. Abrió la reja y se adelantó, cerrándola tras de sí. Sus sirvientes captaron el mensaje y salieron rápidamente del lugar, dejando solos a los dos hombres.

El sanador levantó la cabeza lentamente, fijándose en el recién llegado. Una chispa de miedo ensombreció sus facciones al darse cuenta de quién era el que se encontraba delante de él. El señor oscuro, al contrario, permaneció inexpresivo. Caminó tres pasos, aproximándose más a su pavorosa víctima y sacó su varita mágica del bolsillo de la túnica. Hizo una pirueta con ésta y de la nada apareció una pequeña silla de madera, la cual fue a reposar cerca de los pies del medimago, que encogió más las piernas evitando que una de las patas lo golpeara en el tobillo.

Voldemort desabrochó su oscura túnica y la dejó sobre el respaldo de la silla. El aterrado hombre observaba a su supuesto amo arremangarse la blanca camisa a la altura de los codos mientras permanecía con esa seriedad absoluta en su rostro. Lo vio sentarse con tranquilidad, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Su varita mágica seguía sujeta en su mano derecha, apuntando hacia el suelo. Tragó con dificultad al verla tan de cerca.

Después de unos segundos, el mago oscuro por fin le prestó atención al sanador, al cual miró con intensidad, pero sin perder esa exasperante calma. Había un silencio horriblemente tenso entre ambos, solo roto por la errática respiración del prisionero.

— ¿Sabes la razón del por qué es tan temida mi presencia en los interrogatorios?— le preguntó con frialdad.

No iba a responderle. Llevaba dos meses soportando torturas y humillaciones, y nadie había podido siquiera sacarle una mísera palabra, esta vez no sería la excepción. Miró hacia la pared que tenía a un lado e ignoró por completo a su interlocutor. Sabía que se estaba jugando todo, pero ya no importaba.

Voldemort se inclinó hacia adelante, apoyándose sobre sus piernas.

—Nunca bajo a interrogar a alimañas como tú. Pero cuando lo hago, cuando tienen la osadía de provocarme… pues digamos, que es cuando ya no me interesa en lo más mínimo lo que tengan que decir. Les he repetido a mis prisioneros, una y otra vez, que cuando no hablan, siempre habrá alguien más débil y cobarde que lo haga por ellos.

Esta vez el sanador si lo miró. Tratando de no mostrar el miedo que estaba experimentando. Los rojos y despiadados ojos del hombre que tenía delante le estaban diciendo que su sentencia ya había sido dictada, por eso él estaba ahí, para aclararle lo que ya sabía que ocurriría, que iba a morir en pocos minutos.

Voldemort detalló cada una de las expresiones del medimago, el cual había vuelto a desviar su mirada, rehuyendo el contacto visual.

— Sin embargo, te daré una oportunidad que generalmente no ofrezco. Dime dónde se esconde tu estúpido grupo, dime todo lo que quiero saber, y puede que sea benevolente contigo y te de una muerte rápida y sin dolor.

Nada. El señor oscuro se puso en pie después de varios minutos en los cuales el hombre ni había girado la cabeza. Levantó la varita y unas cadenas se ajustaron con fuerza de sus muslos, sus brazos y su cuello, dejando al hombre totalmente inmovilizado contra el suelo y la pared. Miró con pánico al mago delante de él, el cual ya parecía aburrido y arrepentido de haber malgastado todos esos pocos minutos en ese inútil interrogatorio. El señor oscuro tomó de nuevo su túnica y se la colocó por encima con toda la parsimonia que fue capaz de reunir.

El sanador veía la escena con el corazón bombeando a toda velocidad, lastimando su pecho en el proceso. Tragó con dificultad al ver que Voldemort movía su varita de nuevo, haciendo que un círculo de fuego los rodeara. Escuchó gritos de sorpresa salir de las paredes que estaban a su lado, y como el hombre que estaba en la celda al frente suyo se asomaba entre los barrotes, estupefacto ante esa repentina erupción de luz y calor. Se debatió totalmente asustado intentado salir de aquella sofocante llamarada que amenazaba con quemarle, pero las cadenas en su cuerpo no le permitieron el más mínimo movimiento.

— Disfruta tu miserable vida, entonces…

— ¿Qué piensa hacer?

Voldemort se dio media vuelta, ignorando las únicas palabras pronunciadas por su interlocutor y se dispuso a atravesar el círculo de fuego, el cual se abrió para dejarle paso. Una vez que se alejó, el círculo empezó a estrecharse, acercándose peligrosamente hacia el paralizado cuerpo de su víctima. Los alaridos se incrementaron a medida que el mago oscuro caminaba por los pasillos, ignorando las suplicas de los demás prisioneros. Escuchó un grito desgarrador que le sacó una breve y cruel sonrisa. Insonorizó todo el lugar con un movimiento perezoso de su varita y salió de la estancia con elegancia y soltura. Sus mortífagos se quedaron de piedra al percatarse de la presencia de su señor tan cerca de ellos.

— Manden una mensaje a Caroline, la quiero aquí a primera hora de la mañana— ordenó sin mirarlos, encaminándose a sus habitaciones. No bien dio diez pasos cuando una sombra a su derecha lo alertó.

— Mi señor.

Voldemort giró la cabeza con desgana. Uno de sus mortífagos había aparecido entre una de las columnas. Mirando a su amo con veneración, se postró ante él.

—No he recibido noticias tuyas en cinco semanas, Garren.

El evidente descontento en la voz de su amo hizo que el hombre temblara levemente. Vio como Voldemort se le aproximaba con paso lento y tortuoso, quizás disfrutando del efecto que hacía el sonido de sus pasos en su sirviente.

— ¿Acaso no has cumplido con lo que te pedí?

El mortífago alzó la cabeza y enfrentó a esos peligrosos orbes que lo observaban atentamente, esperado recibir una respuesta que lo disgustara. Negó con la cabeza de manera imperceptible mientras veía a su amo alzar una ceja de manera interrogante.

—Mi señor, por supuesto que he seguido sus órdenes, jamás he abandonado mi puesto. He mantenido la vigilancia sobre Snape durante estos meses, día tras días, a toda hora, tal cual como usted mismo me indicó.

— ¿Y qué has averiguado?

—Snape no ha hecho nada inusual durante todo este tiempo, mi señor. Ha asistido a Hogwarts al menos una vez por semana, pero sin inmiscuirse en ningún asunto interno del colegio. Ha controlado cada uno de los cuarteles a su cargo y se ha reunido con Caroline regularme durante un período de...

Voldemort frunció el entrecejo — ¿Con Caroline? ¿Por qué?

El hombre asintió- Sí, mi señor. Sin embargo no le puedo asegurar cuales fueron sus temas de conversación, dado que se me hacía imposible escucharlos.

El mago oscuro le lanzó una mirada de desprecio antes de darse la vuelta, dejando al mortífago arrodillado y confundido.

— Eres mi mejor espía, Garren; me sorprende que semejante banalidad te haya imposibilitado hacer correctamente tu trabajo.

—Amo, consideré que correr el riesgo de acercarme más pondría en peligro la misión que me encomendó...

—Tienes suerte...— lo interrumpió fríamente Voldemort—… De que no me interese en lo más mínimo lo que esos dos hablen... Solo quiero hechos importantes; por lo tanto, mantén los ojos sobre él y todo lo que haga. Y vendrás cada semana a traerme los informes de todo lo que hayas averiguado, Garren. No deseo volver a repetírtelo.

—Considérelo hecho, mi señor— aseguró el hombre mientras inclinaba la cabeza sumisamente.

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Sus largos dedos sujetaron el picaporte de la puerta y la abrió sin hacer el más mínimo ruido. El calor de la habitación lo recibió de inmediato, con el sonido del fuego crepitando en la chimenea. Cerró la puerta y avanzó, quitándose la túnica una vez más y desabrochando los botones del cuello de su camisa.

La oscuridad de la noche era tan absorbente, que el cristal de las ventanas parecía haber sido pintado de negro. No se escuchaba absolutamente nada aparte del fuego. Recorrió toda la habitación hasta que sus ojos se posaron en la inmensa cama que tenía delante. Una chica de cabello desordenado dormía plácidamente en ella, boca abajo y dándole la espalda al recién llegado.

Voldemort sonrió levemente, mostrando cierta malicia en el gesto mientras bordeaba la cama para poder ver su rostro. Pocas veces había visto esa expresión de tranquilidad en ella. Después de todas esas semanas a su lado, la joven bruja ya por fin había podido conciliar el sueño sin tener que estar él a su lado.

Habían sido varias las ocasiones en las cuales iban a visitar los cuarteles juntos, solo por petición de ella para no quedarse sola en la mansión. No podía negar que le causaba cierto placer esa clase de dependencia de ella hacia su persona.

Se sentó en la cama con suavidad y alargó su mano derecha, acariciando los mechones de su cabello con sutileza. Ella parecía estar demasiado dormida para reaccionar ante tal toque. El hombre la detalló con intensidad, a pesar de que habían pasados días juntos no podía dejar de sentirse fascinado.

Se inclinó hacia ella, aproximándose aún más, hasta quedar prácticamente acostado sobre el cuerpo de la chica. Notó como ella se movía incomoda, pero sin abrir los ojos. Colocó ambas manos sobre la cama, a la altura de sus hombros y se alzó un poco, sosteniendo su propio peso.

—Granger.

Su voz era un susurro ronco, apenas audible. Deseaba que ella se despertara, pero también encontraba divertido tocar su cuerpo mientras ella se encontraba dormida. Sujetó su cabello y lo separó un poco, dejando su cuello al descubierto. La tentación era demasiado para él, por lo que se acercó y lo besó con suavidad y delicadeza. Soltó su cabello y se dispuso a acariciar su espalda con las yemas de sus dedos, deleitándose con el tacto.

Notó como el cuerpo debajo de él se movía y su respiración cambiaba, pero no detuvo sus besos, los cuales evidentemente habían despertado a la bruja. Sintió sus vagos intentos de darse la vuelta y encararlo, pero no se lo permitió. Le gustaba esa sensación de poder sobre ella, aunque fuera algo inofensivo.

— ¿Amo?

Rió ligeramente en su oído, apretando su cintura — ¿Quién mas podría ser?

— ¿Qué… que ocurre?

Su voz, totalmente adormilada lo hizo detenerse — No te muevas.

Percibió como el cuerpo de la joven se relajaba ante sus caricias y volvía a apoyar la cabeza en la almohada. Sabía que estaba cansada, la noche anterior no había podido dormir, por lo que pasó todas las horas sentada frente a la chimenea, solo observando el crepitar de las llamas sin decir absolutamente nada.

—En la mañana tendré que viajar ¿vas a venir conmigo?— le preguntó en voz baja.

Hermione abrió perezosamente los ojos — No.

Rió por lo bajo — ¿Te piensas quedar sola?

—Podría… amo.

Su voz, soñolienta y susurrante le dio a entender que no estaba plenamente consciente de lo que decía. Se separó de su cuerpo y se acostó en la cama, justo a su lado, mirando el techo con fijeza. La respiración de Hermione rápidamente se acompasó, por lo que asumió que se había vuelto a dormir. Giró la cabeza para poder vislumbrar el rostro de la chica y la notó tan pálida como el día anterior. Quizás no debió haber matado a aquella mujer frente a ella, tendría que controlar su temperamento. Debía recordar constantemente que ella no era Bellatrix, jamás podría ser como ella. Su ex esposa era una aficionada a matar y causar dolor, llegando incluso a superarlo a él mismo. Esa chica sangre sucia, por el contrario, a pesar de todo, seguía manteniendo una especie de inocencia que lo desconcertaba.

Sintió como ella se removía en la cama, acercándose más él de manera involuntaria. Voldemort no se inmutó, de hecho dejó de observarla para centrar su atención a la ventana. Faltaban cinco horas para que empezara a amanecer, y por primera vez, viajaría sin ella. La mansión estaría totalmente sola, así lo había especificado. Aunque lo más probable es que ella no saliera de la habitación hasta su regreso.

Sonrió complacido cuando notó que Hermione lo abrazaba firmemente, aferrándose a él, como todas las noches pasadas. Estaba completamente dormida, lo cual lo satisfizo más. Sujetó su mano y entrelazó los dedos, algo que nunca había hecho, pero mientras ella estuviera en brazos de Morfeo, no importaba.

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Soltó un jadeó y se dio la vuelta. La espalda le dolía horrores por la pésima posición en la cual había despertado. Sujetó la almohada que tenía al lado y la abrazó mientras apoyaba la cabeza en ella. Seguía teniendo mucho sueño, y ni los insistentes rayos del sol lograban desperezarla. Abrió los ojos y fue cuando se percató que no había nadie a su lado. Se incorporó hasta quedar sentada en el colchón y giró la cabeza para detallar la habitación. Todo estaba tan silencioso que el estómago se le encogió.

Se puso en pie lentamente y fue en busca de ropa. Sujetó la sabana, se cubrió con ésta y salió de la cama, atravesando la habitación y acercándose a un armario. En las últimas semanas había pasado la noche en diferentes habitaciones, visitando cuartel tras cuartel. Su miedo se incrementó exponencialmente al verse rodeada de mortífagos por doquier. Pero dado que cruzaba los tenebrosos pasillos sujetando al señor oscuro por el brazo, absolutamente nadie se había atrevido a decirle nada o siquiera mirarla.

Normalmente pasaba gran parte del día encerrada en la habitación, quizás leyendo un libro u observando los entrenamientos de los mortífagos desde las grandes ventanas. Solo cuando Voldemort volvía, pasada ya la medianoche y se acostaba en la cama junto a ella, es que realmente podía conciliar el sueño. El mago oscuro insistía en que debía salir y tomar algo de aire fresco mientras se hallaran en el extranjero, pero ella prefería refugiarse en la seguridad de la habitación, por lo que el hombre no habló más del tema.

Estiró las sabanas de la cama y se sentó en ésta con las piernas cruzadas. No comprendía porque Voldemort se había ido sin avisarle; no es que lo estuviera exigiendo, por supuesto; pero era algo que parecía haberse vuelto costumbre al pasar de las semanas. Se acarició la barbilla con delicadeza, donde se había golpeado el día anterior accidentalmente. Una punzada de dolor la atravesó, por lo que alejó rápidamente los dedos y soltó un suspiro cansino.

Oyó como la puerta se abría y levantó la cabeza a toda velocidad. Casi sonríe de alivio al saber que Voldemort, efectivamente, no se había ido sin ella. Estuvo a punto de estirar las piernas y ponerse en pie cuando se percató que quien entraba no era el mago oscuro, sino a una mujer que conocía muy bien.

En otras circunstancias le hubiese dado un ataque de nervios, pero la bruja que atravesaba la puerta en esos precisos instantes jamás había mostrado una conducta ofensiva y amenazadora contra ella, por lo que se dio el lujo de bajar un poco la guardia.

Caroline, ataviada con un sencillo vestido tan negro como su cabello, se acercó lentamente hacia la estupefacta chica, la cual la observaba fijamente desde la cama prácticamente sin parpadear. La bruja llegó a su altura, quedando justo al frente y se acarició los labios con expresión exultante, mientras sus penetrantes ojos se entrecerraban al ver la postura que con la que la joven se sentaba.

Hermione no tenía ningunas ganas de hablar con aquella mujer, que, aunque nunca le había hecho daño, su presencia le causaba un mal presentimiento. Respiró profundamente antes de encararla.

— Buenos…. buenos días.

—Ahórrate eso, sangre sucia.

Era como si le hubiesen dado una bofetada, el desprecio en la voz de la mujer la hizo enmudecer. Todavía trataba de procesar como demonios la bruja había entrado en esa habitación, que era lo que hacía allí y que quería con ella. Abandonó sus intentos de ser amable y pacífica, total, parecía que la bruja no venía con intenciones diplomáticas.

—Al principio me pareció que el mundo se había vuelto loco, sangre sucia. Hasta llegué a deducir que había visto mal la primera vez…

Hermione se quedó paralizada. Giró la cabeza y observó atentamente la habitación, buscando una posible arma para defenderse por si la mujer que tenía delante resultaba ser una Bellatrix más. Caroline dio un paso adelante, haciendo que Hermione se sobresaltara y volviera a centrarse en ella.

— ¿De qué está hablando usted?— preguntó con voz ronca.

La bruja se relamió los labios, aunque su expresión parecía ser la de una persona a punto de cometer un asesinato.

— ¿Qué haces ahí sentada?

La chica bajó los ojos a la cama y volvió a fijarse en la bruja sin comprender. Decidió no responder. La mujer sonrió con apatía; volvió a dar unos pasos hasta que pronto estuvo a la altura de Hermione, que se movió un poco cuando la mano de la mortífaga se estiró hacia ella.

— ¿Sabes cuantas mujeres han sido privilegiadas de recorrer esta cama?— preguntó mientras acariciaba ausentemente las sabanas

— No.

Caroline sonrió con desgana.

—Muchas, sangre sucia… demasiadas, me atrevería a decir. Incluso yo tuve el honor alguna vez. Pero ¿sabes algo? En esa lista nunca figuró una esclava… y menos una impura como tú.

Hermione se levantó de la cama, quedando de pie, lejos de la bruja, que la observaba con burla y perfidia.

—Mi amo no se encuentra, pero no tardará en volver, no creo que le agrade la idea de que usted esté aquí— le espetó sin mirarla.

No pudo vislumbrar la sardónica sonrisa que torció el rostro de la mortífaga.

— Se perfectamente lo que el amo quiere, y cuanto tiempo le llevará el regresar, sangre sucia. Al fin y al cabo, vengo de estar con él.

Hermione frunció los labios — ¿Dónde está?

Caroline rió ante la expresión insegura de la joven al frente suyo. Bordeó la cama con rapidez y se aproximó a ella, la cual intentó alejarse en vano, dado que la pared no le permitía dar un paso más.

— Eso no te incumbe, sangre sucia. Ahora, vamos a la situación que me trajo aquí en primer lugar. No tengo intenciones de hablar contigo del señor oscuro.

— ¿Entonces qué es lo que quiere?

La mujer alzó una ceja — Mucho cuidado de cómo te diriges a mí, sangre sucia.

—No pretendo faltarle el respeto.

—Por supuesto que no, impura. Ser la esclava del señor oscuro no te da ningún privilegio. Si me faltaras el respeto te castigaría de maneras inimaginables…

Hermione suspiró— Solo quiero saber qué es lo que quiere conmigo.

La mujer la miró de arriba abajo con asco antes de girarse, dándole la espalda — Debes venir conmigo.

Hermione casi se atraganta — ¿Disculpe?

—Como escuchaste, impura, hay algo que… hay que debes ver— terminó caminando hacia la puerta, importándole poco si su interlocutora obedecía.

— ¡No iré a ningún lado con usted!— contestó la joven con brusquedad, pensando en que la mortífaga se había vuelto loca al pedirle aquello. Caroline ladeó la cabeza ante el tono de la joven.

—Te puedo asegurar, sangre sucia, que yo soy la menos interesada en llevarte a donde pretendes ir. No tienes idea de todo lo que estoy arriesgando en este proceso. Pero no lo hago por ti, eso quiero que lo tengas claro.

— ¡No se acerque!— exclamó al ver como la mujer se daba la vuelta con rapidez y se le aproximaba, sujetándola del brazo con fuerza — ¡No me toque!

— ¡Cállate! ¡No pienso perder más el escaso tiempo que tenemos! — la mujer sacó la varita y se la clavó en el cuello mientras la obligaba a caminar a su par. Hermione se debatía intentando soltarse, pero la punta de la varita empezó a ponerse muy caliente, lo cual la hizo soltar un alarido de dolor.

— ¡Dije que te callaras!— le espetó jalándola con mayor fuerza, saliendo juntas por el desolado pasillo.

—Al amo no le va a gustar que usted esté haciendo esto— replicó Hermione empezando a perder los nervios. Sus piernas apenas podían responder debido a los temblores. El dolor en su cuello volvió a incrementarse.

—Él nunca se enterará, impura. Y tú nunca se lo dirás. ¡Ahora, muévete!

— Por favor, espere… ¿A dónde me lleva?

—Ya no eres tan valiente, ¿verdad?— siseó la mujer obligándola a salir hacia los terrenos. La sujetó por la muñeca con inusitada fuerza e hizo caso omiso a los ruegos de la chica. Una extraña sensación se apoderó del cuerpo de la menor, que abrió los ojos horrorizada, al saber que estaba abandonando la mansión sin el consentimiento de su amo.

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— ¡¿Dónde estamos?! ¿Qué es…?— chilló Hermione logrando zafarse del agarre. La mujer la soltó y se separó unos pasos de la histérica chica.

—Reconoces el lugar ¿cierto, sangre sucia?

Hermione miró a su alrededor —Esto es…

—Granger…

La chica se dio la vuelta con brusquedad. Su corazón palpitó con fuerza, llegándole a hacer daño. Sus pulmones parecían haberse olvidado de respirar mientras veía al hombre caminar hacia ella con una radiante sonrisa en su rostro. Simplemente no podía creerlo.

— Señor…— musitó con voz ahogada.

Snape rápidamente llegó a su altura y abrazó a la conmocionada chica. Hermione se acunó entre sus brazos sin poder contener el llanto. Caroline observaba toda la escena sin intervenir, viendo a la chica que hacía poco descansaba en los aposentes de su señor, aferrarse a la túnica de su anterior amo.

Snape la sujetó por el rostro y la forzó a mirarlo —Granger… ¿Estás herida?

La bruja negó con la cabeza mientras intentaba limpiar los restos de lágrimas — Señor… pensaba… yo pensaba, mi amo nunca me dijo nada, yo le he preguntando por usted, pero él se disgustaba… me lo ha prohibido….lo siento tanto…

—Mírame… escucha, no tienes la culpa de nada. Si estás en esta situación es mi responsabilidad.

Hermione parecía encontrarse totalmente obtusa, temblaba incontrolablemente mientras observaba al hombre frente suyo con los ojos desorbitados — Señor… pensaba que había muerto, creí que lo había asesinado, por eso nunca más lo vi… yo.

—Granger, tranquila, respira…

—No puedo…— lloriqueó volviendo a hundirse en su túnica.

—Ven… siéntate conmigo.

Hermione sujetó su mano y se dejó guiar por el hombre hasta que lograron llegar hasta uno de los sillones de la casa. La chica cerró los ojos mientras bebía el vaso de agua que el mago le tendía.

— Snape… sabes que tenemos un tiempo límite— advirtió la mujer mirando por la ventana.

— Lo sé, todavía quedan unos minutos, Caroline— protestó el hombre en respuesta. Hermione los miró a ambos.

— ¿Qué ha pasado?— preguntó nerviosa.

Snape acarició sus manos intentado lograr que se calmara — Ha aprovechado que el señor oscuro salió de la mansión para traerte ante mí, Granger.

Hermione abrió los ojos — Pero… eso es una locura… si él se entera.

Snape se encogió de hombros — No importa… quería verte.

—Pensé… que había muerto, señor…

Snape sonrió plácidamente — No te preocupes, es bastante comprensible. Se me ha prohibido el ingreso a la mansión desde aquel día. Solo puedo hacer mi trabajo usual, sin tener contacto con el señor oscuro, y, honestamente, no deseo tenerlo de frente… porque veré tu rostro en sus ojos y esa será la peor tortura.

— ¿Por qué no puede entrar en la mansión?

—Supongo que no desea que tú y yo no nos volvamos a encontrar. Pero no importa eso, ahora estás aquí… No busco que me digas todo lo que te ha ocurrido allí adentro, ya me he enterado— la voz del hombre se quebró — lo lamento, Granger… quisiera que pudieras perdonarme por todo lo que te he hecho pasar.

Hermione tragó con dificultad — No es… su culpa, señor.

— ¡Lo es! No pude protegerte, así como no lo hago ahora…

—Pero... señor…— la chica volvió a temblar

—Por favor, no llores…

—Yo…

Snape se acercó para poder abrazarla de nuevo. El cuerpo de la chica se sacudía entre sus brazos, tiritando de puro nerviosismo.

— Daría cualquier cosa… quisiera… poderte llevar conmigo, huir, escapar de todo esto… y darte la libertad y la vida que mereces.

— ¡Deja de decir estupideces, Snape!— lo interrumpió Caroline con aspereza — Sabes perfectamente que ella debe volver, ese fue el trato. No arriesgaré mi vida por esa chica.

— ¡Ya lo sé!— gruño el mortífago con rudeza. Hermione se separó de su abrazo y los miró.

— Señor… usted puede…

— ¿Qué te ha pasado en la cara, Granger? ¿Él te ha golpeado?— le preguntó sujetándola por el cuello y mirando furioso su barbilla.

— ¡No! ¡Me he caído! ¡Fue un descuido!

Snape apretó la mandíbula mientras la soltaba. Sentía su sangre hervir de pura rabia y odio contenido. Sabía que la chica debía haber sufrido infinitas heridas, torturas y violaciones por parte de Voldemort y sus mortífagos. Estaba completamente seguro que ella sentía demasiada vergüenza como para confesarlo, no podía culparla. Si no fuera porque Caroline le había confiscado su varita mientras se producía ese encuentro, ya hubiese aturdido a la mortífaga, e importándole nada, se hubiese llevado a Hermione muy lejos con él. No podía vivir sabiendo que había condenado a esa joven a una vida infernal al lado de lord Voldemort.

—De acuerdo, Granger. Ven, sígueme, daremos un paseo.

—Snape— le advirtió nuevamente la mujer.

—No tienes que preocuparte de nada, Caroline— le respondió con frialdad mientras sujetaba a la bruja de la mano — No puedo escaparme, y lo sabes.

Hermione se dejó guiar y ambos salieron de la casa. No era un ambiente realmente agradable, pero ya se había acostumbrado a vivir ahí. Snape caminaba lentamente, pero sin cesar. Su rostro solo mostraba tristeza y odio combinados, no decía nada, y la chica lo imitó.

—Quiero que sepas, que algún día… lograré que seas libre, no importa todo lo que deba sacrificar.

Hermione lo miró nerviosa — Señor… no debe arriesgarse más por mí, no lo merezco, por favor… ¡escúcheme! No lo valgo… yo me encuentro bien con él… ¡Es la verdad! No me ha hecho daño…

Snape respiró profundamente. Todavía podía recordar las palabras de Caroline cuando le había contado de aquella vez que los mortífagos la habían violado. Sin embargo, Hermione se negaba a relatarle sobre eso, lo cual le daba a entender a la perfección que así como ocultaba aquel espantoso evento, también le estaría ocultando muchas cosas más. Sonrió lúgubremente.

—Soy un hombre adulto, curtido por la vida, Granger… sé perfectamente lo que quiero y debo hacer…

…..

Caroline miraba aburrida el absurdo paseo que su "compañero mortífago" y la chica sangre sucia daban por el tenebroso vecindario. No comprendía el capricho de Snape. Y mucho menos entendía la obsesión de su amo. Ambos luchando sin saberlo por esa impura. Aunque la chica ya parecía haber tomado su decisión.

Fueron muchos los mortífagos que le notificaron que su amo y la jovencita había pasado la noche juntos en las habitaciones de diversos cuarteles. Por supuesto, todos pensaban que la pobre muchacha estaba siendo ultrajada continuamente por el lord. Pero nada más lejos de la realidad. Ella misma había pasado unos meses a su lado, siendo su compañera sexual, para saber perfectamente que el amo no dormía con ninguna mujer, ni siquiera con Bellatrix. Era demasiado peligroso para él exponerse de esa manera ante cualquier persona, un acto tan humano como dormir, destruía su precisión y su seguridad, jamás se pondría en riesgo por algo como eso.

Y, sin embargo, ella… ella dormía con él. No importaba que fuera una sangre sucia sin poder. El jamás se vulneraba ante nadie, absolutamente nadie, por más insignificante que fuera. La forma en que los vio besarse aquel día, casi con ternura; ella sujetándolo por su traje mientras él se dedicaba a tocarla juguetonamente. Nunca había visto un espectáculo como aquel.

Escuchó pasos atrás suyo y se dio la vuelta con la varita preparada. Un mortífago que conocía muy bien emergía entre las sombras, al parecer oculto entre éstas. El hombre de mirada fría y cruel se detuvo frente a ella y la miró mientras negaba sutilmente con la cabeza.

—Garren…— musitó ella mirando a su alrededor, nerviosa por su aparecían más mortífagos.

—Estoy solo— le respondió él como leyendo sus pensamientos.

— ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cómo entraste?

El hombre no contestó de inmediato, sino que se puso a caminar en círculo por toda la habitación sin perder de vista la mujer.

—La pregunta es, Caroline: ¿Qué haces tú aquí?

La mortífaga se llevó una mano a la cara — ¿Lo has oído todo?

—Cada palabra— murmuró deteniéndose de pronto.

—Garren…

—Has cometido una estupidez y lo sabes… ¿Cómo te atreves a traicionar a nuestro señor? ¿Por Snape? ¿Por la niña impura?

—Se lo debía a Snape… y tú sabes perfectamente que las deudas entre nosotros deben ser saldadas, de la forma en que nuestro compañero decida.

— Yo sé eso.

— Pues es lo que se me ha pedido, debes de saber que muchos mortífagos le deben favores a Snape. Yo me incluyo en esa lista, Garren…

— ¿De qué sirve que lo hayas complacido en esta tontería cuando el lord te matará de inmediato al saber que sacaste a su esclava sin su consentimiento? El amo prohibió a Snape acercarse a la mansión precisamente para que este encuentro no se produjera nunca más.

— ¿Por qué, Garren?

El hombre se acarició la escasa barba con el dedo índice — Ella le pertenece, es todo lo que necesitas saber, Caroline.

— ¿Y qué piensas hacer?

El hombre enmudeció de pronto, gesto que solo duró unos instantes — Mis órdenes son matarlo.

—No puedes hacer eso

— Caroline… no intentes detenerme. Sabes que es lo mejor. Llevaremos a la sangre sucia a la mansión de nuevo, y asunto arreglado.

— El amo me matará en cuanto sepa lo que hice

—Él no sabrá sobre ti… mantendré tu nombre en secreto, Caroline… sabes que no puedo permitir que te hagan daño. Todo estará bien.

La mujer negó con la cabeza — No puedo dejarte… no puedo dejarte hacer eso, Garren. Yo tengo una deuda con Snape, la estoy saldando. Devolveré a la sangre sucia a la mansión ahora mismo, y ese era el plan… No imaginé que el amo te hubiese mandado a vigilarnos y matar a Snape ¿con que motivo?

—No te vigilo a ti, Caroline. Solo a él. El lord considera que Snape se ha vuelto un estorbo y hasta un posible traidor. Al fin es lo que ha resultado, y debo acabar con su vida.

— Por favor, Garren… reconsidera esto. Puedes irte y nadie sabrá lo que aquí sucedió.

El hombre endureció las facciones — No me dirás que te gusta Snape y por eso lo proteges. Yo siempre te he ofrecido todo, Caroline, y me has rechazado. No soy un traidor como él.

—Estás enloqueciendo. No lo protejo, solo quiero salir viva de este asunto, y tú puedes ayudarme.

Garren sonrió — ¿Pretendes que desobedezca a mi señor y me vaya sin hacer nada?

Caroline asintió —Hazlo por mí, solo esta vez. Simplemente… haz de cuenta que nunca viste esto, que nunca estuviste aquí, por favor…

Garren respiró profundamente una vez más —Estás jugando con fuego, Caroline. De acuerdo… haz lo que desees. Esto lo hago solo por ti, porque eres tú quien me lo pide. Pero quiero a esa chica fuera de aquí en menos de cinco minutos. Si no, actuaré de inmediato.

—Cinco minutos— repitió la mujer asintió con la cabeza — Gracias.

La bruja bordeó al mago y caminó hacia la salida. Deseaba estrangular al pocionista por ser tan descuidado e inepto. Estar siendo vigilando por tanto tiempo y ni dase cuenta era de idiota. Salió al descuidado jardín y se acercó al hombre.

— ¡Snape!

— ¡¿Qué?!— refunfuño el mago girándose.

— Se acabó tu tiempo. Es momento de que me la lleve.

— ¿Tan pronto?— preguntó Hermione

—Sí, sangre sucia. No pretenderás que ponga en riesgo todo el plan por ti.

— ¡No le hables así!— rugió Snape con fiereza.

—Tienes dos minutos— le espetó la mujer

Daba la impresión de que el hombre iba a replicar, pero la mano en su brazo lo hizo detenerse. Hermione se había abrazado a él con fuerza, siendo rápidamente correspondida.

— Por favor… no haga ninguna locura por mí.

El hombre apretó su agarre — De acuerdo.

Se separaron y él volvió a tomarla delicadamente por el rostro. Sus facciones mostraban angustia y dolor, cosa que Hermione percibió rápidamente. El mago se inclinó hacia ella y depositó un suave beso en su frente. Un gesto frágil y delicado, pero suficiente para que Hermione quisiera volver a llorar de pena.

—Amo…— susurró al despedirse del hombre que solo había intentado protegerla.

— Ve con cuidado… sé fuerte.

Asintió con la cabeza antes de alejarse del mago, el cual observaba a la chica siendo tomaba por la muñeca por parte de Caroline. La vio limpiarse las lágrimas no derramadas antes de desaparecer por completo.

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Casi cae de bruces cuando Caroline la dejó bruscamente en el jardín de la mansión, no llegando ni a distinguir cuando la mujer volvió a desaparecerse. Se levantó del suelo y sacudió los restos de tierra de sus rodillas. Miró hacia arriba y distinguió la imponente mansión justo al frente. Pero no le apetecía nada entrar, por lo que tomó el camino de la izquierda y comenzó a pasear lentamente, con parsimonia, intentando recordar el rostro de ex profesor, aquél que juraba no volver a ver más nunca.

Caminó sin rumbo fijo, solo observando como el césped se iba hundiendo ante sus pisadas. No se oía nada, solo el burbujeante sonido de una fuente más allá de donde ella se encontraba. Fue hasta esa dirección, buscando quizás algo de agua fría para refrescarse la cara. Sus ojos ardían debido a las lágrimas.

La encontró más rápido de lo que esperaba y se inclinó hacia ella, extendiendo la mano y manteniendo el escurridizo líquido en la palma de la mano. Se lo llevó al rostro y dejó que éste goteara por sus mejillas, eliminando el rastro salado. Observó toda la estructura con fascinación al darse cuenta que era algo sublime y hermoso, hecha con mármol y lo que parecía ser obsidiana.

Se inclinó sobre ésta para sentir las gotas de rocío mojar su cara y su camisa. Entremezclado con la fría ventisca que azotaba su cabello, la hacían sentir relajada. No supo cuanto tiempo estuvo ahí apoyada, pero su espalda empezaba a protestar, por lo que se enderezó, y fue justo en ese momento cuando notó como unos poderosos brazos la sujetaban desde atrás, jalándola y pegándola a un duro pecho. Su corazón dio un brinco, pero usó todo su autocontrol para no darse la vuelta.

Sintió unos labios muy cerca de su oído — ¿Qué estás haciendo aquí, mi pequeña?— esa voz seseante, fría y amenazadora la hicieron temblar— No he dado mi consentimiento para que salgas.

—Lo siento, amo… solo quería… tomar aire fresco.

Silencio. Hermione notaba su respiración en su oído y eso solo la puso más nerviosa

— Ya veo. De acuerdo, supongo que puedes salir; siempre y cuando no te necesite para algo más— susurró mientras la chica sentía como sus manos se introducían sin ningún recato por debajo de su camisa, acariciando cada porción de piel que estaba a su alcance.

—Te noto nerviosa. ¿Ocurrió algo?

— No, amo.

Sintió como el hombre la giraba de pronto, sujetándola del rostro — ¿Segura?

— Si, amo… solo me sorprendió que me encontrara aquí. Pensé que me castigaría por ello. Lo siento.

Voldemort soltó su agarre, momento que la bruja aprovechó para girarse de nuevo y observar la fuente, tratando de calmarse. El mago oscuro avanzó un paso y volvió a abrazarla por detrás.

— ¿Te gusta el jardín?

La chica asintió — Es muy hermoso.

—Es tuyo, Granger.

Hermione se dio la vuelta, mirándolo a los ojos totalmente impresionada.

— ¿Cómo?

—Podrás venir aquí tantas veces lo desees. Siempre y cuando, te repito, no necesite de ti— susurró aproximándose para darle un corto beso en los labios mientras su mano bajaba por su cuello lentamente hasta posarse en su vientre y su cintura.

—Mañana saldré temprano a un asunto que requiere mi atención. ¿Vas a querer venir conmigo?

— ¿Dónde será?

—Al norte de Irlanda.

Hermione lo sujetó de la chaqueta, haciendo las manos del hombre dejaran de tocarla — ¿Es necesaria su presencia? ¿No podría mandar a alguno de sus mortífagos?

Voldemort sonrió con suspicacia — ¿Por qué me preguntas eso?

—Porque… me gustaría… quedarme aquí, con usted— confesó avergonzada, notando como su cara enrojecía — Lo siento… lo siento, amo.

— ¿Quedarnos aquí?— El mago se irguió un poco sin despegar sus rojos de los de ella — Supongo que podría mandar a alguien. Tu propuesta suena…— entrecerró los ojos —… tentadora.

Hermione abrió los ojos al máximo — ¿Se quedará conmigo?

—Si eso te complace. Vamos adentro.

Lo sujetó del brazo y caminó a su lado. El lobby del salón estaba totalmente iluminado y avanzaron con tranquilidad. Notaba como el hombre la apretaba mas contra su cuerpo, cosa que provocaba que sus piernas se tambalearan de emoción.

— ¿Almorzaste?

—No, amo.

—Bien. Siéntate.

Hermione obedeció de inmediato. El mago se situó a su lado, muy próximo a ella. Como era típico, los elfos hicieron su aparecieron, al igual que una variedad de platos de comida. Tomó la copa que el hambre le tendía y empezaron a comer mientras hablaban de cosas triviales. Como siempre ocurría, durante esos momentos, Voldemort tendía a volverse muy serio, lo que le indicaba que después de haber culminado, era probable que le mencionara un tema de suma importancia, como un viaje, alguna reunión, que tendría que atacar algún pueblo o matar a un traidor; y esas eran razones más que suficientes como para que ella no lo acompañara en esa ocasión.

Voldemort extendió su mano derecha y la apoyó sobre la mesa con la palma hacia arriba, muy cerca de donde Hermione tenía la suya propia. Notó la insistente mirada del hombre, por lo que asumió que quería que ella lo sujetara. Así lo hizo, puso su mano sobre la de él y ponto ésta se cerró, apretándola entre sus dedos.

—Te debo algo, y considero que es el momento de cumplir con lo que te prometí hace semanas.

— ¿Qué es? R

—La restauración de tu magia

Hermione tuvo que soportar el impuso de ponerse en pie y empezar a gritar — ¿Es… es verdad? ¿Lo hará?

Voldemort sonrió levemente al ver la expresión de pura emoción en su delicado rostro — Lo haré.

— ¿Cuándo?

— Ahora mismo. Pero quedarás exhausta, así que lo mejor es subir a la habitación.

—De acuerdo— asintió notando como la adrenalina corría por su cuerpo. Voldemort se puso en pie y ella lo imitó.

—Te lo has ganado— comentó el mientras caminaba a su lado por los pasillos — Mas adelante te daré una varita.

Entraron a la habitación y Hermione notó como sus manos se enfriaban debido al nerviosismo. Vio a Voldemort quitarse la chaqueta de su traje y proseguir con su negra camisa. Su poderosa mano la agarró por el brazo y la atrajo hacia su cuerpo.

—Pero antes de que quedes agotada debido al hechizo, podemos usar esa energía que tienes para otras cosas más divertidas — le dijo relamiéndose los labios.

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Pocas veces usaba esa capucha, ya casi no tenía la necesidad de ocultar su rostro ante nadie. Pero ahora, ese pedazo de tela le proporcionaba la seguridad que necesitaba para enfrentar las futuras consecuencias de sus acciones. Caminó por el fangoso terreno hasta que rápidamente notó como atravesaba esa poderosa barrera mágica.

Notó como al menos cincuenta varitas lo apuntaban desde el techo de la casa y los alrededores, pero no se detuvo. Nadie lo atacaría todavía. La puerta se abrió no bien hubo llegado al umbral, permitiéndole el paso. Muchas personas estaban en el suelo, protegiéndose del frío, sentadas cerca de las diversas chimeneas.

Se preguntó por qué demonios no usaban un hechizo y asunto arreglado, nadie tendría que estar temblando por el helado clima.

—Hola, Ray— saludó cordialmente el pocionista.

El hombre se le acercó, envuelto en un abrigo sumamente pesado, pero al menos parecía garantizar algo de calidez.

— ¿Por qué estás aquí?— preguntó bruscamente.

—Vengo a hablar con Sayen, contigo no será.

Ray hizo un gesto de indiferencia y señaló una de las puertas.

— ¿Por qué no usan hechizos de calor en toda la casa? No es que me importe, pero esto es totalmente innecesario.

—Porque Voldemort vigila cada una de nuestras varitas. Si las usamos para hacer hechizos tan duraderos e intensos, el Ministerio nos detectará y nos encontrará. Así de peligrosa y difícil es nuestra situación.

— O sea que viven como repugnantes muggles.

Ray le lanzó una mirada irónica — No usaría la palabra "repugnantes", pero sí. La única forma es hacer le hechizo por una varita no registrada, o sea que no fue fabricada en nuestro país. Sayen, por ejemplo, puede hacerlo sin ser detectada.

— ¿Y porque no lo hace?

Ray puso mala cara — Simplemente no le apetece, es todo, así nos ha dicho. Igual que sus dos hermanos, no están dispuestos, así que no insistimos más.

Snape miró a su alrededor—No sabía que el señor oscuro controlaba todas las varitas.

—Pues, ya ves. Nos lo dijo un aliado del mismo Ministerio. La tuya también, Snape, la de todos sus mortífagos, todos los estudiantes de Hogwarts… Ahora, ve a hablar con ella de una vez. No tengo ánimos para verla.

Snape asintió quedamente. Empujó la puerta y accedió a una gran habitación de madera. Su vista se fue directo a dos hombres que estaban apoyados en una ventana, fumando algo que olía a los mil diablos. Ambos magos lo miraron con desinterés antes de volver a su tema de conversación. Los negros ojos del pocionista se clavaron en la pequeña mesa que tenía delante. Sentada frente a ésta se encontraba Sayen, leyendo una especie de periódico. La mujer había observado al recién llegado antes incluso que él se diera cuenta que ella estaba ahí.

Se hizo un incómodo silencio, en el cual el ex profesor se quitó la capucha, revelando su rostro a la poderosa bruja. Inclinó un poco la cabeza y se aproximó a ella.

—Sayen— saludó Snape de forma sombría.

La mujer sonrió pérfidamente, como si acabaran de contarle un chiste. Miró a su interlocutor con curiosidad antes de inclinarse y apoyar los brazos sobre la mesa.

—Sabía que el mortífago volvería de nuevo a mí.

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Pues como verán, actualizaré aproximadamente cada dos semanas a partir de ahora. La razón: tan simple como que se acerca el final, tres capítulos a calcular, y todo se vuelve más exigente, pulir detalles y otras cosas por ahí. Agradezco todos sus rr, mi mayor inspiración, mi beta, que ( sorry) jode, jode y sigue jodiendo, no me deja vivir; pero gracias a ella tengo los ánimos para escribir :3 a todos aquellos que siguen y le dan like a la página de facebook, ¡llegar a los 100 es verdaderamente genial! Esperando que ese número siga en aumento. Por lo demás, hasta aquí llegamos, espero como siempre sus rr, sus opiniones, sugerencias e ideas sobre lo que pasara con el futuro de Snape y Hermione. ¡Nos leemos luego!

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